Inteligencia emocional y rendimiento escolar: un estudio  
correlacional en estudiantes de educación primaria  
Emotional intelligence and academic performance: a correlational study on  
primary education students  
Patricia Del Carmen Bobadilla Vásquez  
Universidad Nacional Jorge Basadre Grohmann  
Tacna Perú  
Pilar Valeria Zapana Aguilar  
Universidad Nacional Jorge Basadre Grohmann  
Tacna Perú  
Kevin Mario Laura De La Cruz  
Universidad Nacional Jorge Basadre Grohmann  
Tacna Perú  
Artículo recibido: 24 de enero de 2026. Aceptado para publicación: 05 de junio de 2026.  
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.  
Resumen  
El objetivo de esta investigación fue establecer el nivel de relación entre la inteligencia emocional y el  
rendimiento académico en estudiantes de quinto grado de primaria. El estudio se llevó a cabo  
utilizando un enfoque cuantitativo, con un diseño transversal no experimental y un nivel correlacional.  
La muestra estuvo compuesta por 210 estudiantes. La inteligencia emocional se evaluó utilizando un  
cuestionario estructurado con 60 ítems que consideraba las dimensiones de autoconciencia,  
autocontrol, automotivación, empatía y habilidades sociales. El rendimiento académico se midió  
utilizando un formulario de análisis de documentos de 12 ítems basado en los resultados de las  
evaluaciones de los estudiantes en las áreas de matemáticas, comunicación y habilidades sociales,  
seleccionadas por su relevancia para el desarrollo académico integral. Los resultados mostraron una  
relación significativa entre la inteligencia emocional y el rendimiento escolar, lo que sugiere que las  
habilidades socioemocionales desempeñan un papel importante en el rendimiento académico de los  
estudiantes de primaria. En este sentido, se concluye que el fortalecimiento de la inteligencia  
emocional puede contribuir favorablemente al rendimiento académico y al desarrollo integral de los  
estudiantes.  
Palabras clave: habilidades socioemocionales, rendimiento académico, educación primaria,  
autorregulación emocional, aprendizaje socioemocional, empatía  
Abstract  
The objective of this research was to establish the level of relationship between emotional intelligence  
and academic performance in fifth-grade elementary school students. The study was conducted using  
a quantitative approach, with a non-experimental cross-sectional design and a correlational level. The  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 954.  
sample consisted of 210 students. Emotional intelligence was assessed using a structured  
questionnaire with 60 items that considered the dimensions of self-awareness, self-control, self-  
motivation, empathy, and social skills. Academic performance was measured using a 12-item  
document analysis form based on the results of student assessments in the areas of mathematics,  
communication, and social skills, selected for their relevance to comprehensive academic  
development. The results showed a significant relationship between emotional intelligence and school  
performance, suggesting that social-emotional skills play an important role in the academic  
performance of primary school students. In this sense, it is concluded that strengthening emotional  
intelligence can contribute favorably to academic achievement and the comprehensive development  
of students.  
Keywords: social-emotional skills, academic performance, primary education, emotional self-  
regulation, social-emotional learning, empathy  
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Cómo citar: Bobadilla Vásquez, P. D. C., Zapana Aguilar, P. V., & Laura De La Cruz, K. M. (2026).  
Inteligencia emocional y rendimiento escolar: un estudio correlacional en estudiantes de educación  
primaria. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 7 (3), 954 979.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 955.  
INTRODUCCIÓN  
La inteligencia emocional es un concepto que ha ganado cada vez más relevancia en las últimas  
décadas, particularmente en el ámbito educativo. Se refiere a la capacidad de reconocer, comprender,  
gestionar y utilizar las propias emociones y las de los demás para facilitar el pensamiento, la resolución  
de problemas y las interacciones sociales (Bar-On, 1997). Asimismo, la inteligencia emocional se ha  
convertido en un componente esencial no solo para el bienestar personal de los individuos, sino  
también para su rendimiento académico y social. Su influencia en el rendimiento académico ha sido  
objeto de numerosos estudios, que indican que los estudiantes con altos niveles de inteligencia  
emocional tienden a demostrar mejores resultados de aprendizaje, así como una mayor capacidad  
para gestionar situaciones estresantes y conflictos interpersonales (Birknerová, Frankovský, &  
Zbihlejová, 2013). Esta relación ha sido reconocida a nivel internacional, nacional y local, donde se han  
desarrollado diversas intervenciones para mejorar las habilidades emocionales de los estudiantes.  
Desde otra perspectiva, la inteligencia emocional se concibe como un repertorio de habilidades y  
características personales que permiten el reconocimiento, la experiencia, la evaluación, la  
comprensión, la regulación y la transformación de las propias emociones y las de los demás. También  
implica la capacidad de utilizar la información emocional para guiar tanto el pensamiento como el  
comportamiento, así como para afrontar eficazmente situaciones problemáticas a través de  
competencias intrapersonales e interpersonales (Navarro Saldaña, Flores-Oyarzo, & González Navarro,  
2022). Además, la inteligencia emocional ayuda a las personas a regular sus emociones, lo que les  
permite llevar a cabo sus actividades diarias de manera más efectiva y mejorar sus respuestas  
conductuales.  
Además, el impacto de la investigación sobre las inteligencias múltiples condujo a la aparición de  
nuevas perspectivas teóricas. En este contexto, Gardner (1993) propuso que la inteligencia está  
compuesta por diversas capacidades interrelacionadas; posteriormente, Goleman (1998) enfatizó la  
relevancia de las emociones en el desarrollo personal y social, mientras que Bisquerra (2003) y  
Marrodán (2013) destacaron la importancia de las competencias emocionales dentro del ámbito  
educativo.  
Basándose en estas contribuciones, destaca la propuesta desarrollada por Mayer y Salovey durante la  
década de 1990, ya que introdujeron la inteligencia emocional como un constructo autónomo. Según  
Pérez y Filella (2019), la inteligencia emocional se define como la capacidad del individuo para  
reconocer, comprender y gestionar sus propias emociones y sentimientos, distinguiendo los procesos  
cognitivos de los comportamientos exhibidos por el sujeto.  
Cabe señalar que García y Navarrete (2022) indican que los estudiantes con bajos niveles de  
inteligencia emocional a menudo enfrentan dificultades en áreas clave como la socialización, el  
comportamiento, la convivencia, el desarrollo cognitivo y la internalización de valores (Marina, 2005).  
Estas dificultades se observan frecuentemente en contextos escolares, convirtiéndose en problemas  
críticos que requieren intervención urgente para promover la educación integral en los niños,  
permitiéndoles afrontar eficazmente las dinámicas sociales de su entorno cotidiano. Por esta razón,  
la inteligencia emocional es particularmente importante en la infancia, ya que contribuye al desarrollo  
cognitivo durante la etapa escolar (Extremera, Durán, & Rey, 2007).  
Asimismo, varios autores coinciden en que la inteligencia emocional comienza a desarrollarse en la  
infancia a través de la interacción del niño con su entorno, lo que le permite aprender progresivamente  
a regular sus emociones (Bisquerra, 2003; Goleman, 1998). En este sentido, el componente social  
constituye un pilar esencial del desarrollo de la inteligencia emocional, siendo la edad un factor clave  
en su fortalecimiento (Kremenitzer & Miller, 2008). De manera similar, Boix (2007) afirma que la  
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inteligencia emocional promueve el control emocional y mejora las relaciones interpersonales dentro  
del contexto escolar.  
En cuanto al rendimiento académico, Stagnaro (2007) argumenta que es el resultado de un proceso  
educativo que considera tanto la construcción del conocimiento como los comportamientos de los  
estudiantes, con el objetivo de obtener evidencia de los resultados del aprendizaje. En este sentido, el  
rendimiento académico no solo implica el aprendizaje intelectual, sino también asegurar que el  
conocimiento adquirido se integre en las estructuras cognitivas de los estudiantes, permitiéndoles  
contextualizar y aplicar lo aprendido en situaciones concretas. Asimismo, Zabala y Arnau (2014)  
señalan que el rendimiento académico permite a los educadores evaluar el nivel en el que se encuentra  
un estudiante.  
Benítez, Giménez y Osicka (2000) afirman que el rendimiento académico es una de las dimensiones  
más relevantes dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje. Además, indican que al evaluar el  
rendimiento académico y explorar estrategias para su mejora, se consideran diversos factores,  
incluyendo las condiciones socioeconómicas, el alcance y la profundidad del contenido curricular, los  
enfoques pedagógicos aplicados, las limitaciones en la implementación de la instrucción  
individualizada, los conocimientos previos de los estudiantes y su nivel de desarrollo del pensamiento  
formal. Por lo tanto, el rendimiento académico se ve influenciado por múltiples factores contextuales  
que rodean al estudiante, los cuales contribuyen colectivamente a los resultados del aprendizaje.  
Albán y Calero (2017) explican que el rendimiento académico puede entenderse desde una doble  
perspectiva. Por un lado, en su dimensión dinámica, está directamente ligado al proceso de  
aprendizaje y se relaciona con la capacidad y el esfuerzo de los estudiantes. Por otro lado, en su  
dimensión estática, se refiere a los resultados de aprendizaje alcanzados, reflejando el grado en que  
diversos factores e intervenciones aplicados durante el proceso de enseñanza-aprendizaje han sido  
utilizados eficazmente, manifestándose en diferentes niveles de logro. Además, Stagnaro (2007)  
sostiene que para lograr un buen rendimiento académico, los estudiantes deben esforzarse según sus  
capacidades cognitivas, ya que algunos estudiantes requieren más esfuerzo que otros.  
Basándonos en la definición propuesta por Jiménez (2000), quien considera el rendimiento académico  
como el "nivel de conocimiento demostrado en una asignatura o área en comparación con las normas  
de edad y nivel académico", se puede inferir que el rendimiento académico debe interpretarse a través  
de los procesos de evaluación estudiantil. Sin embargo, simplemente medir o evaluar los resultados  
académicos no es suficiente por sí solo para proporcionar directrices para la mejora integral de la  
calidad educativa. El rendimiento académico está sujeto a procesos de evaluación, que son necesarios  
para promover la mejora cuando es apropiado (Markowa & Powell, 1997).  
El problema internacional del bajo rendimiento académico en diversas materias se ha convertido en un  
problema cada vez más apremiante a la luz de las políticas educativas globales. Sin embargo, se está  
empezando a reconocer un problema más fundamental dentro del proceso de aprendizaje, lo que  
requiere un examen exhaustivo del problema. Bisquerra (2012) conceptualiza la inteligencia emocional  
como la capacidad de reconocer y comprender tanto las propias emociones como las de los demás,  
así como la capacidad de gestionarlas adecuadamente (p. 8).  
Es importante destacar que la sociedad contemporánea está atribuyendo cada vez mayor importancia  
a las emociones, reconociendo su influencia en el bajo rendimiento académico. Este cambio en la  
comprensión de la realidad se refleja en un interés más profundo en el funcionamiento adaptativo  
humano en diversos contextos, como entornos profesionales, personales, familiares y educativos.  
Como resultado de esta nueva perspectiva, se ha fomentado la investigación dirigida a mejorar el  
rendimiento académico (Razeto, 2016; Alcázar, 2018).  
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El rendimiento académico sigue siendo una preocupación persistente en el ámbito educativo,  
especialmente cuando los estudiantes evaluados a través de pruebas estandarizadas obtienen  
resultados más bajos en comparación con mediciones anteriores. Este tema ha sido documentado en  
investigaciones internacionales, especialmente en estudios de revisión sistemática, que muestran que  
el rendimiento académico está condicionado por variables contextuales y el nivel de exigencias  
académicas que enfrentan los estudiantes (Richardson & Bond, 2012). En la vida, los individuos se  
enfrentan a muchas dificultades; sin embargo, lo que más importa es cómo se gestionan estos  
desafíos para responder de manera adecuada. Por ejemplo, las personas que experimentan ansiedad  
y desregulación emocional pueden tener dificultades para afrontar situaciones difíciles. Por lo tanto,  
es necesario emplear herramientas que permitan una regulación emocional eficaz (Gross, 2015).  
Asimismo, el bajo rendimiento académico sigue siendo una preocupación constante, especialmente  
cuando se observa que los estudiantes que han sido evaluados recientemente obtienen resultados  
más bajos en comparación con mediciones anteriores (Huaringa, Salvatierra, & Cruz-Montero, 2020).  
Este fenómeno ha sido corroborado en estudios a nivel internacional a través de revisiones  
sistemáticas, que muestran que el rendimiento académico está estrechamente ligado al contexto en  
el que se desarrollan los estudiantes y al nivel de exigencia académica al que están expuestos  
(Richardson & Bond, 2012). En consecuencia, esto refuerza la necesidad de promover la investigación  
que aborde esta cuestión desde la práctica educativa, en la que tanto docentes como estudiantes  
participen activamente en el proceso formativo. En este sentido, los docentes deben asumir la  
responsabilidad de proporcionar información relevante, actualizada y coherente, alineada con los  
avances del conocimiento, mientras que los estudiantes están llamados a comprometerse  
críticamente con los conocimientos, experiencias y estrategias metodológicas proporcionadas, con el  
objetivo de consolidar su formación profesional.  
Por otro lado, el control emocional de emociones que son intrínsecamente manejablesdepende del  
conjunto único de habilidades de cada individuo. También es importante considerar cómo se siente  
una persona hacia los demás, es decir, su capacidad de empatía y cómo percibe y expresa las  
emociones en situaciones específicas. Las aptitudes y el entusiasmo de los estudiantes por aprender  
están estrechamente relacionados con su rendimiento académico, que constituye una variable amplia  
y multifacética. Según Navarro (2003), estos rasgos son esenciales para que los estudiantes alcancen  
los objetivos establecidos en el currículo escolar. Debido a la falta de contacto e interacción  
adecuados, particularmente en el caso de estudiantes con dificultades orgánicas, el rendimiento  
académico disminuyó considerablemente durante la pandemia. Los resultados de aprendizaje  
esenciales, como la comprensión lectora y la aplicación del conocimiento a situaciones de la vida real,  
se vieron gravemente afectados durante este período (Panagouli et al., 2021).  
González (2003) señala que el rendimiento académico puede ser tanto estable como dinámico,  
incorporando a los individuos con cierto nivel de educación como parte esencial de su definición como  
seres sociales. En consecuencia, el éxito académico no es un atributo estático, sino que cambia en  
respuesta a la dinámica del aprendizaje y está asociado con el esfuerzo continuo de los estudiantes  
por mejorar sus capacidades cognitivas. El éxito académico también está ligado a diversos criterios  
de calidad y valor.  
Para evaluar el rendimiento de un individuo, la evaluación referenciada por criterios compara los  
resultados reales con los objetivos establecidos a lo largo del proceso educativo. Para medir el  
progreso, el éxito o el fracaso, los objetivos deben ser definidos, medibles y cuantificables en términos  
de tiempo y contexto (Pérez & Castejón, 2007).  
La importancia de la investigación sobre la inteligencia emocional (IE) radica en fortalecer las  
competencias socioemocionales de los estudiantes para brindar un apoyo emocional más efectivo.  
Este enfoque es particularmente relevante, ya que muchos escolares experimentan dificultades para  
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regular adecuadamente sus emociones, lo que puede afectar negativamente su desarrollo holístico  
durante el proceso de aprendizaje. Investigaciones recientes han demostrado que la IE se correlaciona  
significativamente con el rendimiento académico, la adaptación escolar y el bienestar psicológico  
general de los estudiantes (Ferrándiz, Hernández, Bermejo, Ferrando, & Sáinz, 2020; Valdés, Urías, &  
Andrade, 2021). En consecuencia, el estudio de la IE permite evaluar los estados emocionales y  
afectivos de los estudiantes de primaria, una dimensión estrechamente ligada a su rendimiento en  
contextos educativos. Además, este tipo de investigación proporciona a los docentes una sólida base  
empírica para diseñar e implementar programas de intervención emocional que fortalezcan la  
dimensión afectiva de los estudiantes, permitiéndoles así afrontar con mayor resiliencia situaciones  
de estrés o adversidad. Dado que el aprendizaje y la instrucción constituyen el núcleo de la práctica  
educativa, es esencial evaluar tanto el progreso emocional como el cognitivo de los estudiantes en el  
aula. Además, las directrices curriculares establecidas por el Ministerio de Educación para la  
promoción de los estudiantes definen los estándares esperados para cada ciclo académico; este  
estudio contribuye a identificar si los estudiantes han alcanzado estos objetivos (Estrada, 2018).  
Asimismo, existe una clara necesidad y un creciente interés en examinar la inteligencia emocional en  
estudiantes de primaria en relación con su rendimiento académico.  
Dado que el presente estudio busca proporcionar evidencia empírica sobre la relación entre la  
inteligencia emocional y el rendimiento académico, es esencial establecer una base metodológica  
sólida. El objetivo principal es determinar si existe una asociación significativa entre ambas variables  
mediante la aplicación de instrumentos válidos y técnicas analíticas apropiadas que garanticen una  
evaluación rigurosa. Comprender cómo las competencias emocionales influyen en el rendimiento  
académico no solo aclara esta relación, sino que también abre la posibilidad de diseñar estrategias  
pedagógicas más efectivas. En este sentido, establecer este vínculo es esencial para apoyar  
propuestas educativas dirigidas al desarrollo holístico de los estudiantes y a la mejora de los procesos  
de enseñanza-aprendizaje (Aguilar & Quiñones, 2022).  
Más allá de su aplicación en la evaluación diagnóstica, el enfoque metodológico adoptado en esta  
investigación proporciona una base teórica sólida para el diseño e implementación de programas de  
entrenamiento emocional en contextos escolares.  
La evidencia empírica ha demostrado  
consistentemente una correlación positiva entre la inteligencia emocional (IE) y el rendimiento  
académico, lo que respalda la creación de entornos de aprendizaje que fomenten el desarrollo de  
competencias emocionales en los estudiantes (Pérez & Castejón, 2007). Esta relación sugiere que  
fortalecer la IE en entornos educativos no solo mejora el rendimiento académico, sino que también  
equipa a los estudiantes para enfrentar eficazmente los desafíos relacionados con la escuela y la vida  
cotidiana. Desde una perspectiva metodológica, este estudio tiene como objetivo establecer un  
diagnóstico preciso de los estados emocionales de los estudiantes y su impacto en el rendimiento  
académico, proporcionando así una base empírica para una toma de decisiones pedagógicas más  
informada. En este sentido, se enfatiza la importancia de evaluar y promover la IE como un  
componente clave del desarrollo holístico de los estudiantes (Sánchez-Álvarez, Berrios Martos, &  
Extremera, 2020).  
La justificación práctica de este estudio se basa en su potencial contribución al diseño de planes de  
desarrollo emocional dirigidos a estudiantes, orientados a fomentar la asunción consciente de  
responsabilidades y el ejercicio de derechos enmarcados en valores fundamentales como la tolerancia  
y la solidaridad. A través del diálogo y la práctica de estos principios, el estudio busca fortalecer los  
cimientos de una sociedad equitativa, democrática y justa, al tiempo que mejora la colaboración entre  
los miembros de la comunidad educativa (Ramírez, 2021).  
Además, al demostrar la conexión entre la IE y el desarrollo social, este estudio tiene implicaciones  
sociales significativas. Los hallazgos podrían influir positivamente en las políticas educativas  
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regionales al anticipar mejoras en los resultados de aprendizaje y en la formación de ciudadanos más  
resilientes y comprometidos. En consecuencia, el desarrollo de habilidades emocionales se posiciona  
como un elemento central en las estrategias educativas destinadas a aumentar la competitividad  
regional y promover el crecimiento y la prosperidad a largo plazo (Aguilar & Quiñones, 2022).  
La noción de inteligencia emocional incluye, entre sus componentes, el análisis de las emociones, que  
han sido estudiadas, con diversos grados de estructura, en disciplinas como la psicología, la  
psicobiología y las neurociencias del comportamiento desde finales del siglo XIX y principios del siglo  
XX. También incorpora el concepto de inteligencia, que fue ampliamente examinado por psicólogos a  
lo largo del siglo XX, cuando se intensificaron los esfuerzos por analizar y medir esta capacidad. Fue  
durante este período que investigadores como Mayer y Salovey (1993), psicólogos de la Universidad  
de New Hampshire, acuñaron el término "inteligencia emocional", integrando las capacidades  
intrapersonales e interpersonales bajo esta categoría.  
A través de este enfoque, el objetivo era caracterizar un conjunto de habilidades emocionales  
consideradas fundamentales para lograr el éxito personal y social, incluyendo la empatía, la expresión  
y comprensión emocional, la autorregulación, la autonomía, la adaptabilidad, la simpatía, la resolución  
de conflictos interpersonales, la perseverancia, así como la cordialidad, la amabilidad y el respeto.  
Estas competencias se integran en el modelo tetradimensional formulado por Mayer y Salovey (1997),  
que incluye: (1) la capacidad de percibir, evaluar y expresar emociones; (2) la capacidad de facilitar el  
pensamiento a través de los estados emocionales; (3) la comprensión y análisis de las emociones a  
través del conocimiento emocional; y (4) la regulación emocional orientada tanto al desarrollo afectivo  
como cognitivo. Este constructo se basa en contribuciones anteriores, como la noción de inteligencia  
instintiva propuesta por Binet y Simon (1908), la inteligencia social avanzada por Thorndike (1920) y la  
teoría de las inteligencias múltiples de Gardner (1993), que conceptualiza la inteligencia como "el  
potencial biopsicológico para procesar información que puede ser activado en un contexto cultural  
para resolver problemas" (p. 301). En una línea complementaria, Mayer y Cobb (2000) describen la  
inteligencia emocional como la capacidad de gestionar la información emocional, abarcando procesos  
como la percepción, asimilación, comprensión y regulación de las emociones (p. 273).  
Según Mayer et al. (2000, p. 109), la inteligencia emocional es la capacidad de procesar la información  
emocional de manera precisa y eficiente, incluyendo la capacidad de percibir, asimilar, comprender y  
regular las emociones. Inteligencia emocional se refiere a la capacidad de identificar, comprender y  
gestionar tanto las propias emociones como las de los demás. Este concepto, popularizado por Daniel  
Goleman en su obra de 1995, abarca varias habilidades esenciales que permiten a los individuos  
interactuar eficazmente en diversas situaciones sociales y personales. Las características más  
relevantes de la inteligencia emocional se detallan a continuación.  
Desde una perspectiva teórica, la inteligencia emocional se ha explicado a través de varios modelos.  
Uno de los más influyentes es el modelo de habilidades propuesto por Mayer y Salovey (1997), que  
concibe la inteligencia emocional como un conjunto de habilidades cognitivas y emocionales  
organizadas jerárquicamente. Estas habilidades incluyen la percepción, asimilación, comprensión y  
regulación de las emociones, tanto las propias como las de los demás. Este modelo ha servido como  
base teórica para numerosos estudios empíricos y para el diseño de programas de educación  
emocional en entornos escolares, debido a su énfasis en el desarrollo de habilidades que pueden ser  
enseñadas y fortalecidas en contextos educativos.  
Además, se han desarrollado los llamados modelos mixtos o de rasgos, que integran la inteligencia  
emocional con los rasgos de personalidad y las competencias sociales. Entre estos, destaca el modelo  
propuesto por Bar-On (1997), que postula la existencia de un cociente emocional complementario al  
cociente intelectual, así como el modelo de Goleman (1995), que enfatiza componentes  
motivacionales y sociales como la empatía, las habilidades interpersonales, el liderazgo y la  
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autorregulación. En conjunto, estos modelos sostienen que la inteligencia emocional abarca no solo  
las capacidades de procesamiento emocional, sino también las disposiciones personales que influyen  
en el comportamiento, la motivación y el rendimiento en diferentes contextos, incluida la educación.  
Estudios empíricos recientes han confirmado la relevancia de la inteligencia emocional en entornos  
escolares. Una revisión sistemática con metaanálisis realizada por Quílez-Robres et al. (2023)  
demostró que la inteligencia emocional está significativamente relacionada con el rendimiento  
académico, mostrando un tamaño del efecto moderado a alto (r ≈ 0.39). Este hallazgo indica que los  
estudiantes con mayores niveles de inteligencia emocional tienden a obtener mejores resultados  
académicos tanto en la educación primaria como en la secundaria.  
Consistentemente, la investigación centrada en programas de aprendizaje socioemocional (SEL) ha  
reportado efectos positivos y estadísticamente significativos en el rendimiento académico general y  
en áreas curriculares específicas entre los estudiantes de primaria. Aunque el impacto individual de  
cada programa pueda considerarse moderado, su efecto acumulativo es sustancial a mayor escala, lo  
que respalda la incorporación sistemática de intervenciones socioemocionales en entornos  
educativos.  
De manera similar, otros estudios recientes, como el realizado por Tortolero et al. (2024), han  
examinado la relación entre las emociones positivas y el rendimiento escolar, encontrando  
asociaciones que van de débiles a moderadas. Esto sugiere que el efecto de la inteligencia emocional  
puede estar mediado por variables contextuales y personales. En general, la evidencia empírica actual  
respalda la opinión de que el desarrollo de la inteligencia emocional contribuye positivamente al  
aprendizaje y al rendimiento académico de los estudiantes.  
En la práctica educativa, la inteligencia emocional se desarrolla principalmente a través de la educación  
emocional y los programas de aprendizaje socioemocional (SEL) implementados a nivel de educación  
primaria. Diversas iniciativas llevadas a cabo en contextos educativos en Estados Unidos, Europa y  
América Latina han demostrado mejoras significativas en la convivencia escolar, la motivación y el  
rendimiento académico. En este nivel educativo, se promueven actividades para ayudar a los niños a  
identificar, comprender y regular sus emociones, fortaleciendo dimensiones como la empatía, la  
resiliencia y la comunicación interpersonal.  
Estas competencias socioemocionales contribuyen al desarrollo de habilidades fundamentales para el  
aprendizaje, como la atención, el trabajo colaborativo y la gestión del estrés académico. En el contexto  
peruano, aunque la incorporación formal de la inteligencia emocional al currículo escolar sigue siendo  
limitada, varios estudios nacionales destacan la necesidad de fomentar el desarrollo de estas  
habilidades desde los niveles educativos más tempranos como estrategia para promover el bienestar  
y el rendimiento académico de los estudiantes. En general, la literatura especializada reconoce la  
inteligencia emocional como un recurso educativo clave cuyo fortalecimiento a través de  
intervenciones pedagógicas basadas en el aula contribuye a mejorar el clima escolar y el rendimiento  
académico en la educación primaria.  
Desde un punto de vista teórico, el rendimiento académico se ha explicado a través de diversos  
enfoques que integran factores motivacionales, cognitivos y contextuales. Uno de los más relevantes  
es el modelo de expectativa-valor propuesto por Pintrich (1990), que postula que la motivación  
académica está conformada por tres componentes fundamentales: la expectativa de éxito, relacionada  
con las creencias de autoeficacia de los estudiantes; el valor de la tarea, vinculado a las metas y la  
relevancia percibida del aprendizaje; y el componente afectivo, que abarca las emociones  
experimentadas durante las actividades académicas. Según este marco, los estudiantes que muestran  
altas expectativas de éxito y una fuerte motivación intrínseca tienden a alcanzar niveles más altos de  
rendimiento académico.  
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En línea con este modelo, varios autores han destacado el papel de la autoeficacia y los patrones de  
atribución en el rendimiento académico. Bandura (1977) observó que los estudiantes que confían en  
sus propias habilidades demuestran mayor esfuerzo y persistencia en las tareas académicas, mientras  
que Weiner (1979) argumentó que las atribuciones causales del éxito o el fracaso influyen en la  
motivación y los objetivos de logro. Asimismo, los modelos de aprendizaje autorregulado enfatizan la  
importancia de las estrategias metacognitivas y emocionales, indicando que el rendimiento académico  
no solo depende de la capacidad cognitiva, sino también de la capacidad de los estudiantes para  
planificar, monitorear y regular sus propios procesos de aprendizaje. Desde esta perspectiva, las  
teorías de metas de logro, como las propuestas por Dweck (1986) y Nicholls (1984), enfatizan que las  
metas orientadas al dominio centradas en el aprendizaje y la mejora personalpromueven un mayor  
esfuerzo y persistencia académica en comparación con las metas orientadas exclusivamente al  
rendimiento.  
El rendimiento académico también se ve influenciado por factores contextuales y socioeconómicos,  
incluyendo el tipo de institución educativa, la gestión escolar y las condiciones de aprendizaje como la  
infraestructura y la disponibilidad de recursos. En el contexto peruano, estudios recientes han  
identificado brechas significativas en el rendimiento académico a nivel de educación primaria. En este  
sentido, Siancas Escobar y Seminario (2023) informan sobre diferencias de rendimiento según el  
género y el entorno, con un mejor desempeño entre las estudiantes en comprensión lectora, los  
estudiantes varones en matemáticas y los estudiantes urbanos en comparación con sus pares rurales.  
Estos hallazgos destacan que, además de las características individuales de los estudiantes, los  
factores organizacionales y la equidad educativa desempeñan un papel decisivo en el éxito escolar.  
En los últimos años, la investigación educativa se ha centrado cada vez más en identificar los factores  
que influyen en el rendimiento académico de los estudiantes. Numerosos estudios empíricos han  
demostrado que las variables motivacionales y cognitivas desempeñan un papel decisivo en el éxito  
escolar. En este sentido, una revisión sistemática realizada por Mega, Ronconi y De Beni (2020)  
concluyó que la motivación académica y el aprendizaje autorregulado están significativamente  
relacionados con el rendimiento académico, particularmente en los niveles de educación básica.  
Consistentemente, la autoeficacia académica ha sido identificada como uno de los predictores más  
fuertes del rendimiento académico. Revisiones como la de Honicke y Broadbent (2016), así como  
estudios más recientes como el de Doménech-Betoret et al. (2021), muestran que los estudiantes que  
confían en sus habilidades académicas tienden a demostrar mayor persistencia, un uso más eficaz de  
las estrategias de aprendizaje y mejores resultados académicos. Estos hallazgos se mantienen tanto  
en la educación primaria como en la secundaria.  
Además, investigaciones recientes han indicado que la motivación intrínseca y las estrategias de  
autorregulación emocional están positivamente asociadas con el rendimiento académico entre los  
estudiantes de primaria. Sin embargo, esta relación no siempre es directa. En este sentido, Tortolero  
et al. (2024) informaron de una relación débil entre las emociones positivas y el rendimiento  
académico, lo que sugiere que el impacto de las variables emocionales puede estar mediado por  
factores contextuales, pedagógicos o relacionados con la familia.  
Los estudios posteriores a la COVID-19 también han revelado un impacto negativo significativo en el  
rendimiento académico, particularmente en contextos vulnerables. Informes de organizaciones  
internacionales como la UNESCO (2022) y el Banco Mundial (2022) advierten de pérdidas sustanciales  
de aprendizaje en la educación primaria debido a la interrupción de la escolarización presencial y a las  
desigualdades en el acceso a los recursos educativos. En los contextos latinoamericano y peruano,  
estos efectos han profundizado las brechas preexistentes, destacando la necesidad de implementar  
estrategias de recuperación del aprendizaje que aborden tanto los factores académicos como los  
socioemocionales.  
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En entornos escolares, el rendimiento académico está estrechamente ligado a las prácticas  
pedagógicas y a las condiciones institucionales en las que se desarrolla el proceso educativo. El papel  
del profesor es fundamental, ya que la promoción de estrategias de aprendizaje, la motivación y la  
autorregulación puede influir significativamente en el rendimiento académico de los estudiantes.  
Numerosos estudios han demostrado que las intervenciones destinadas a fortalecer el aprendizaje  
autorregulado contribuyen a mejorar los resultados académicos.  
Asimismo, la organización del aula y el clima escolar son factores decisivos para el éxito académico,  
especialmente cuando se tienen en cuenta las necesidades emocionales de los estudiantes. Un  
ambiente educativo positivo, caracterizado por relaciones respetuosas, apoyo docente y normas  
claras, fomenta la motivación, la participación activa y el compromiso con el aprendizaje. En el  
contexto peruano, los informes nacionales derivados de las Evaluaciones Censales de Estudiantes  
indican que solo una proporción limitada de estudiantes alcanza niveles óptimos de rendimiento, lo  
que subraya la influencia de factores como la gestión educativa, la asignación de recursos y el apoyo  
pedagógico y socioemocional.  
En general, las teorías actuales y la evidencia empírica convergen en reconocer que el rendimiento  
académico es el resultado de la interacción entre el dominio cognitivo y variables motivacionales y  
emocionales, como la autoeficacia, las metas de aprendizaje y la regulación emocional. En este  
sentido, promover entornos educativos que estimulen la motivación, la autorregulación y la equidad, al  
tiempo que abordan las brechas contextuales existentes, constituye una estrategia clave para mejorar  
el rendimiento académico en la educación primaria.  
METODOLOGÍA  
La presente investigación se enmarca dentro del enfoque cuantitativo, ya que se centra en la  
recolección y análisis numérico de datos empíricos con el propósito de identificar relaciones entre  
variables, bajo los principios de objetividad, medición y generalización (Hernández Sampieri,  
Fernández-Collado y Baptista, 2018). En cuanto a su tipo, se clasifica como investigación básica,  
también conocida como investigación teórica o fundamental, cuyo propósito es generar nuevos  
conocimientos científicos sin una aplicación práctica inmediata, orientada al desarrollo de teorías y  
principios (Valderrama, 2015).  
Con respecto al nivel, el estudio es correlacional, ya que busca identificar el grado de relación entre dos  
variables específicas: inteligencia emocional y rendimiento académico. Este tipo de estudio no  
establece relaciones causales; sin embargo, permite una mejor comprensión de cómo los fenómenos  
observados se asocian dentro de un contexto dado (Arias, 2020). Asimismo, se adopta un diseño de  
investigación no experimental, ya que las variables independientes no se manipulan deliberadamente,  
sino que se observan en su contexto natural. Según el momento de la recolección de datos, el estudio  
es transversal, ya que la información se recopila en un solo punto en el tiempo (Hernández Sampieri et  
al., 2018).  
Población y muestra  
La población total de la institución educativa asciende a 620 estudiantes. Sin embargo, para los  
propósitos de este estudio, la población objetivo se delimita a los 210 estudiantes específicamente  
matriculados en quinto y sexto grado de educación primaria, quienes constituyen el grupo de interés  
analítico. Esta delimitación responde a la intención de realizar un análisis más enfocado y relevante, lo  
que permitirá obtener resultados más precisos aplicables al contexto escolar en estudio.  
Según Hernández Sampieri et al. (2018), en contextos donde la población objetivo es pequeña y  
accesible, es posible prescindir del uso de técnicas de muestreo probabilístico o no probabilístico y, en  
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ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 963.  
cambio, aplicar un censo completo. Por lo tanto, se seleccionó una muestra censal, considerando a  
toda la población de 210 estudiantes como parte del estudio. Esta decisión metodológica se basa en  
criterios de viabilidad operativa, accesibilidad a los datos y la posibilidad de administrar instrumentos  
de medición a toda la población objetivo sin comprometer la calidad del análisis estadístico ni la validez  
interna de los hallazgos.  
Tabla 1  
Muestra de estudio  
Grado  
Cantidad de estudiantes  
Quinto grado  
Sexto grado  
Total  
105  
105  
210  
Fuente: elaboración propia.  
Técnica e instrumentos  
Para el desarrollo del presente estudio, se emplearon técnicas e instrumentos válidos y confiables para  
medir con precisión las variables en estudio:  
Variable 1: Inteligencia Emocional  
La técnica seleccionada para medir la variable inteligencia emocional fue la encuesta, debido a su  
utilidad en la recolección sistemática de datos estandarizados en poblaciones escolares, facilitando el  
análisis estadístico posterior (Hernández Sampieri, Fernández-Collado, & Baptista, 2018).  
El  
instrumento utilizado fue el Test de Inteligencia Emocional desarrollado por Rubén Darío Chiriboga  
Zambrano y Jenny Elizabeth Franco Muñoz en 2003 en Ecuador. Este instrumento fue diseñado  
específicamente para evaluar a niños de 8 a 12 años, un rango de edad que coincide con la muestra  
del presente estudio, y comprende cinco dimensiones fundamentales: autoconciencia, autocontrol,  
automotivación, empatía y habilidades sociales (Peralta & Sandoval, 2016).  
Variable 2: Rendimiento académico  
La técnica utilizada para evaluar el rendimiento académico fue el análisis documental, un método  
empleado frecuentemente para examinar la información registrada en fuentes oficiales como boletas  
de calificaciones o expedientes académicos (Bisquerra, 2004). En este estudio, se diseñó una lista de  
verificación de observación documental como instrumento para registrar y sistematizar las  
calificaciones finales obtenidas por los estudiantes en las asignaturas de Matemáticas, Comunicación  
y Estudios Sociales durante el primer, segundo y tercer trimestre académico del curso escolar.  
Validez  
En cuanto a la validez del Test de Inteligencia Emocional de Chiriboga y Franco (2001), ha sido validado  
previamente en estudios realizados en contextos educativos latinoamericanos, donde se ha  
demostrado su adecuación cultural y relevancia para medir con precisión las dimensiones  
fundamentales de la inteligencia emocional en escolares de 8 a 12 años (Peralta & Sandoval, 2016).  
En el contexto de esta investigación, la validez de contenido fue revisada por tres expertos en  
psicología educativa y medición psicométrica, quienes evaluaron la relevancia, claridad y coherencia  
de los ítems en relación con las dimensiones propuestas (autoconciencia, autocontrol, automotivación,  
empatía y habilidades sociales). Este procedimiento es consistente con las recomendaciones de Ato,  
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ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 964.  
López y Benavente (2013), quienes afirman que la validez de contenido debe verificarse a través del  
juicio de expertos como un componente esencial de la validación del instrumento.  
Con respecto a la variable rendimiento académico, se garantizó la validez de criterio mediante el uso  
de registros académicos oficiales derivados de las calificaciones de los estudiantes en las áreas  
curriculares de Matemáticas, Comunicación y Estudios Sociales. Estas calificaciones corresponden a  
indicadores estandarizados establecidos por el Ministerio de Educación del Perú (MINEDU), lo que  
respalda su legitimidad como medida objetiva del rendimiento académico (Ministerio de Educación del  
Perú, 2020).  
Confiabilidad  
Para evaluar la fiabilidad del Test de Inteligencia Emocional, se empleó el coeficiente alfa de Cronbach,  
un método ampliamente aceptado en la investigación cuantitativa para determinar la consistencia  
interna de los ítems que componen un instrumento psicométrico (Oviedo & Campo-Arias, 2005). En  
estudios previos, este instrumento ha alcanzado valores superiores a 0.85, lo que indica una alta  
fiabilidad para su uso en poblaciones escolares (Peralta & Sandoval, 2016). En el presente estudio, se  
realizó una prueba piloto con una muestra de características similares (n = 30 estudiantes de nivel  
primario de otra institución educativa), obteniendo un coeficiente alfa de Cronbach de 0.88, lo que  
confirma la estabilidad y consistencia interna del instrumento.  
En el caso del instrumento diseñado para recopilar datos sobre el rendimiento académico (lista de  
verificación de observación documental), la fiabilidad se determinó mediante el método de  
consistencia interevaluadores. Dos profesores responsables de evaluar las asignaturas analizadas  
verificaron de forma independiente los expedientes académicos. Se obtuvo un coeficiente de acuerdo  
Kappa de Cohen de 0.91, lo que indica un alto nivel de consistencia en la aplicación y codificación de  
los datos académicos, tal como sugieren Fleiss, Levin y Paik (2013) en estudios de fiabilidad para datos  
categóricos.  
Estos resultados respaldan la solidez técnica de los instrumentos empleados, asegurando que las  
mediciones de las variables estudiadas reflejen con precisión las características del fenómeno  
investigado y garantizando la calidad y relevancia de los análisis estadísticos posteriores.  
RESULTADOS  
Hallazgos de la variable Inteligencia Emocional  
Tabla 2  
Niveles de la Dimensión de Autoconciencia  
Nivel  
N
%
Nivel bajo  
Nivel medio  
Nivel alto  
64  
87  
59  
30.5%  
41.4%  
28.1%  
Fuente: elaboración propia.  
Los resultados presentados en la Tabla 2 indican que la mayoría de los estudiantes se concentran en  
un nivel medio de autoconciencia (41.4%), lo que demuestra que poseen una capacidad moderada para  
identificar y comprender sus propias emociones dentro del contexto escolar. Sin embargo, el 30.5% de  
los estudiantes muestra un bajo nivel de autoconciencia, lo que sugiere limitaciones en el  
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reconocimiento de sus estados emocionales y en la comprensión de cómo estas emociones influyen  
en su comportamiento y aprendizaje.  
Por otro lado, el 28.1% de los estudiantes alcanza un alto nivel de autoconciencia, lo que refleja una  
capacidad adecuada para reconocer sus emociones, así como sus fortalezas y debilidades personales.  
No obstante, este porcentaje representa menos de un tercio de la muestra, lo que subraya la necesidad  
de fortalecer esta dimensión de la inteligencia emocional a través de estrategias y actividades  
pedagógicas dirigidas al desarrollo socioemocional dentro del entorno educativo.  
Tabla 3  
Niveles de la Dimensión de Autoconciencia  
Nivel  
N
%
Nivel bajo  
Nivel intermedio  
Nivel alto  
76  
72  
62  
36.2%  
34.3%  
29.5%  
Fuente: elaboración propia.  
Los resultados presentados en la Tabla 3 muestran que el 36.2% de los estudiantes se encuentran en  
un nivel bajo de autocontrol, lo que indica dificultades para regular sus emociones y comportamientos  
al enfrentarse a situaciones escolares exigentes. Asimismo, el 34.3% de los estudiantes exhibe un nivel  
medio, lo que refleja una gestión emocional parcialmente adecuada, aunque aún inestable en ciertos  
contextos.  
Por otro lado, el 29.5% de los estudiantes alcanza un alto nivel de autocontrol, lo que indica una mayor  
capacidad para gestionar los impulsos, controlar las reacciones emocionales y mantener  
comportamientos apropiados en el aula. En general, los hallazgos revelan una predominancia de  
niveles bajos y medios, lo que sugiere la necesidad de fortalecer el desarrollo del autocontrol emocional  
a través de estrategias educativas que promuevan la autorregulación y la convivencia escolar positiva.  
Tabla 4  
Niveles de la Dimensión de Utilización Emocional  
Nivel  
N
%
Nivel bajo  
Nivel intermedio  
Nivel alto  
67  
98  
45  
31.9%  
46.7%  
21.4%  
Fuente: elaboración propia.  
Los resultados presentados en la Tabla 4 muestran que el 46.7% de los estudiantes se encuentran en  
un nivel medio de utilización emocional, lo que indica que, en general, los estudiantes utilizan  
moderadamente sus emociones para apoyar el aprendizaje y el rendimiento académico. Sin embargo,  
el 31.9% de los estudiantes muestra un nivel bajo, lo que sugiere dificultades para canalizar  
adecuadamente sus emociones hacia actividades académicas y tareas de resolución de problemas.  
Por otro lado, solo el 21.4% de los estudiantes alcanza un alto nivel de utilización emocional, lo que  
refleja una proporción limitada de estudiantes que utilizan eficazmente sus emociones como recurso  
para la motivación, la concentración y el logro de objetivos académicos. En general, los hallazgos  
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revelan una predominancia de niveles medios y bajos, destacando la necesidad de fortalecer esta  
dimensión a través de estrategias pedagógicas dirigidas a fomentar la inteligencia emocional dentro  
del contexto educativo.  
Tabla 5  
Niveles de la Dimensión Empatía  
Nivel  
N
%
Nivel bajo  
Nivel intermedio  
Nivel alto  
68  
90  
52  
32.4%  
42.9%  
24.8%  
Fuente: elaboración propia.  
Los resultados presentados en la Tabla 5 muestran que el 42.9% de los estudiantes se encuentran en  
un nivel medio de empatía, lo que indica una capacidad moderada para reconocer y comprender las  
emociones de los demás dentro del entorno escolar. Sin embargo, el 32.4% de los estudiantes muestra  
un nivel bajo, revelando limitaciones en la sensibilidad emocional y en la capacidad de adoptar la  
perspectiva de los demás, lo que puede afectar la convivencia escolar y las relaciones interpersonales.  
Por otro lado, el 24.8% de los estudiantes alcanza un alto nivel de empatía, lo que indica que menos de  
una cuarta parte de la muestra demuestra una disposición adecuada para comprender, respetar y  
responder positivamente a las emociones de sus compañeros. En general, los hallazgos revelan una  
predominancia de niveles medios y bajos, destacando la necesidad de fortalecer esta dimensión a  
través de estrategias educativas que promuevan el respeto, la cooperación y la convivencia escolar  
positiva.  
Tabla 6  
Niveles de la Dimensión de Habilidades Sociales  
Nivel  
N
%
Nivel bajo  
Nivel intermedio  
Nivel alto  
64  
86  
60  
30.5%  
41.0%  
28.6%  
Fuente: elaboración propia.  
Los resultados presentados en la Tabla 6 indican que el 41.0% de los estudiantes exhiben un nivel  
medio de habilidades sociales, lo que refleja una capacidad moderada para interactuar  
apropiadamente con sus compañeros y profesores dentro del contexto escolar. Sin embargo, el 30.5%  
de los estudiantes se encuentra en un nivel bajo, lo que sugiere dificultades en la comunicación, el  
trabajo en equipo y la resolución de conflictos interpersonales.  
Por otro lado, el 28.6% de los estudiantes alcanza un alto nivel de habilidades sociales, lo que indica  
que menos de un tercio de la muestra demuestra competencias sociales bien desarrolladas que  
facilitan la convivencia y la participación activa en el aula. En general, los hallazgos revelan una  
predominancia de niveles medios y bajos, destacando la necesidad de fortalecer las habilidades  
sociales como parte del desarrollo integral de la inteligencia emocional en el entorno educativo.  
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Tabla 7  
Niveles de la variable Inteligencia Emocional  
Nivel  
Nivel bajo  
Nivel intermedio  
Nivel alto  
N
%
69  
84  
57  
32.9%  
40.0%  
27.1%  
Fuente: elaboración propia.  
Los resultados presentados en la Tabla 7 muestran que el 40.0% de los estudiantes se encuentran en  
un nivel medio de inteligencia emocional, lo que indica que la mayoría de ellos poseen un desarrollo  
moderado de las habilidades emocionales necesarias para reconocer, regular y utilizar adecuadamente  
sus emociones dentro del contexto escolar. Sin embargo, el 32.9% de los estudiantes se encuentra en  
un nivel bajo, lo que revela limitaciones en la gestión emocional que podrían afectar su  
comportamiento, relaciones interpersonales y rendimiento académico.  
Por otro lado, el 27.1% de los estudiantes alcanza un alto nivel de inteligencia emocional, lo que refleja  
que poco más de una cuarta parte de la muestra tiene competencias emocionales bien desarrolladas.  
En general, los hallazgos revelan una predominancia de niveles medios y bajos, destacando la  
necesidad de implementar estrategias pedagógicas dirigidas a fortalecer la inteligencia emocional de  
los estudiantes, particularmente a nivel de educación primaria.  
Hallazgos de la variable Rendimiento Académico  
Tabla 8  
Niveles de la variable Rendimiento Académico  
Nivel  
N
1
18  
191  
%
Nivel bajo  
0.5%  
8.6%  
91.0%  
Nivel intermedio  
Nivel alto  
Fuente: elaboración propia.  
Los resultados presentados en la Tabla 8 muestran que la gran mayoría de los estudiantes,  
representada por el 91.0%, se encuentra en un alto nivel de rendimiento académico, lo que indica un  
logro adecuado de los resultados de aprendizaje esperados y un desempeño favorable en las  
actividades y evaluaciones escolares. Este hallazgo sugiere que, en general, los estudiantes cumplen  
con los estándares académicos establecidos para su nivel educativo.  
Por otro lado, el 8.6% de los estudiantes se encuentran en un nivel medio de rendimiento académico,  
lo que refleja un logro parcial de los resultados de aprendizaje y la necesidad de reforzar ciertos  
contenidos o habilidades para alcanzar un rendimiento óptimo. Finalmente, solo el 0.5% de los  
estudiantes se encuentra en un nivel bajo, lo que evidencia dificultades significativas para alcanzar los  
objetivos de aprendizaje, que pueden estar asociadas con factores académicos, emocionales o  
contextuales.  
En general, los resultados revelan una predominancia significativa de alto rendimiento académico, lo  
que refleja un logro escolar favorable dentro de la muestra estudiada. No obstante, la presencia de  
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ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 968.  
estudiantes en niveles medio y bajo subraya la importancia de seguir implementando estrategias de  
apoyo pedagógico, abordando tanto los aspectos cognitivos como los emocionales, con el fin de  
garantizar el logro de aprendizaje para todos los estudiantes.  
Prueba de normalidad  
Tabla 9  
Normalidad de los datos  
Kolmogorov-Smirnova  
Estadístico  
0.089  
gl  
210  
210  
Sig. (2-tailed)  
0.000  
Inteligencia Emocional  
Desempeño docente  
0.519  
0.000  
Fuente: elaboración propia.  
Según los resultados presentados en la Tabla 9, se determinó que se deben aplicar pruebas  
estadísticas no paramétricas en el presente estudio, ya que estas no requieren la suposición de  
normalidad de los datos. Específicamente, para la prueba de hipótesis y determinar el grado de relación  
entre las variables, se utilizará la prueba del coeficiente de correlación de rangos de Spearman. Esta  
prueba permite medir la fuerza y dirección de la relación entre dos variables, asegurando así la validez  
y precisión del análisis inferencial para este estudio.  
Prueba de hipótesis general  
Tabla 10  
Normalidad de los datos  
Inteligencia  
Emocional  
1.000  
Rho de  
Spearman  
0.104  
Rho de  
Inteligencia  
Coeficiente de correlación  
Spearman Emocional  
Sig. (bilateral)  
0.134  
N
210  
0.104  
0.134  
210  
210  
1.000  
Rho  
Coeficiente de correlación  
Sig. (bilateral)  
N
210  
Fuente: elaboración propia.  
La Tabla 10 muestra los resultados del análisis de correlación Rho de Spearman entre la variable  
inteligencia emocional y el rendimiento académico de los estudiantes. El coeficiente de correlación  
obtenido fue Rho = 0.104, con un valor de significancia de p = 0.134, lo cual está por encima del umbral  
establecido (α = 0.05). Según estos resultados, no existe una relación estadísticamente significativa  
entre la inteligencia emocional y el rendimiento académico.  
Además, el grado de asociación entre las dos variables es positivo pero muy bajo, careciendo de  
significancia estadística. Por lo tanto, se acepta la hipótesis nula, que establece que la inteligencia  
emocional no está asociada con el rendimiento académico de los estudiantes. Esto sugiere que el  
rendimiento académico puede verse influenciado por otros factores, como problemas personales o  
familiares, entre otros.  
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ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 969.  
DISCUSIÓN  
El objetivo general de esta investigación fue determinar la relación entre la inteligencia emocional y el  
rendimiento académico en estudiantes de educación primaria. Los resultados muestran que la mayoría  
de los estudiantes se sitúan en un nivel moderado de inteligencia emocional, mientras que el  
rendimiento académico se concentra predominantemente en un nivel alto. Esta combinación de  
hallazgos nos permite inferir que, aunque las competencias emocionales de los estudiantes aún no  
están completamente consolidadas, podrían estar ejerciendo una influencia favorable en su  
rendimiento escolar. En este sentido, la inteligencia emocional parece funcionar como un factor  
facilitador para el aprendizaje, contribuyendo a la capacidad de los estudiantes para afrontar de manera  
más adaptativa las demandas académicas del contexto escolar.  
Desde una perspectiva pedagógica, estos hallazgos sugieren que el rendimiento académico no  
depende exclusivamente del dominio del contenido cognitivo o del desarrollo de las habilidades  
intelectuales, sino que también está influenciado por un conjunto de competencias socioemocionales  
que permiten a los estudiantes regular su comportamiento, gestionar sus emociones de manera  
apropiada y establecer relaciones interpersonales positivas dentro del aula. La capacidad de gestionar  
el estrés académico, mantener la motivación al enfrentarse a las tareas escolares y adaptarse a las  
normas de convivencia escolar se convierte, por tanto, en un componente relevante del éxito  
académico. En línea con estos resultados, Quílez-Robres et al. (2023) argumentan que la inteligencia  
emocional constituye un predictor significativo del rendimiento académico, particularmente en  
contextos educativos que promueven climas emocionales positivos y fomentan el bienestar  
socioemocional de los estudiantes.  
Con respecto a los objetivos específicos del estudio, el análisis de las diferentes dimensiones de la  
inteligencia emocional reveló que estas dimensiones se sitúan predominantemente en niveles  
moderados. Este patrón sugiere que los estudiantes poseen un nivel funcional de desarrollo emocional  
que les permite funcionar adecuadamente dentro del entorno escolar; sin embargo, este desarrollo aún  
presenta margen de mejora. En consecuencia, estos resultados resaltan la necesidad de implementar  
estrategias pedagógicas intencionales y sistemáticas destinadas a fortalecer las competencias  
emocionales, como programas de educación emocional y actividades de aprendizaje socioemocional,  
que contribuyan a mejorar tanto el desarrollo holístico de los estudiantes como su rendimiento  
académico.  
En cuanto a la autoconciencia emocional, los resultados revelan que una proporción considerable de  
estudiantes se sitúa en un nivel moderado, lo que indica que reconocen parcialmente sus emociones y  
estados afectivos, aunque aún experimentan dificultades para identificarlos con precisión y  
comprender su impacto en el comportamiento y el aprendizaje. Este nivel intermedio sugiere que los  
estudiantes están experimentando un proceso de desarrollo emocional consistente con su etapa de  
desarrollo, en el que la reflexión sobre las propias emociones aún requiere mediación y orientación  
pedagógica. Estos hallazgos son consistentes con los reportados por Ferrándiz et al. (2020), quienes  
indican que la autoconciencia emocional en estudiantes de educación primaria se desarrolla  
progresivamente y está estrechamente ligada tanto a la madurez cognitiva como al papel orientador  
de los docentes en el aula.  
Con respecto a la dimensión de autocontrol, se observa una distribución relativamente equilibrada  
entre niveles bajos, moderados y altos, lo que destaca que la regulación emocional representa una de  
las competencias más desafiantes durante la edad escolar. Este resultado refleja que, si bien algunos  
estudiantes son capaces de gestionar emociones como la frustración, la ansiedad o la impulsividad de  
forma adecuada, otros aún experimentan dificultades para regular sus reacciones emocionales en  
respuesta a las demandas académicas y sociales. Desde la perspectiva propuesta por Mayer y Salovey  
(1997), la capacidad de regular las emociones es una habilidad compleja que se consolida  
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gradualmente; por lo tanto, su desarrollo requiere experiencias educativas sistemáticas y  
contextualizadas. En este sentido, la escuela desempeña un papel fundamental al crear entornos de  
aprendizaje que promueven la autorregulación emocional y la gestión adaptativa de las emociones.  
En relación con la utilización emocional, entendida como la capacidad de usar las emociones para  
facilitar el pensamiento, la toma de decisiones y la acción dirigida a objetivos, los resultados muestran  
una concentración predominante en el nivel moderado. Este hallazgo refuerza la idea de que los  
estudiantes aún necesitan orientación para transformar sus emociones en recursos que mejoren el  
aprendizaje y la resolución de problemas académicos. Según Goleman (1998), el uso adaptativo de las  
emociones permite a los estudiantes canalizar la motivación, la atención y la perseverancia hacia las  
tareas escolares, aspectos clave para el rendimiento académico. De manera similar, Valdés et al.  
(2021) enfatizan que los estudiantes que integran con éxito sus emociones de manera funcional en el  
proceso de aprendizaje exhiben niveles más altos de compromiso escolar y rendimiento académico.  
En la dimensión de la empatía, los hallazgos muestran una tendencia similar, con predominio de niveles  
moderados, lo que indica que los estudiantes poseen habilidades empáticas básicas que les permiten  
reconocer las emociones de los demás, aunque estas habilidades aún no están completamente  
consolidadas. Esta situación puede influir en la calidad de las interacciones sociales y la dinámica del  
aula, particularmente en contextos que requieren trabajo colaborativo y respeto por la diversidad.  
Investigaciones recientes destacan la empatía como un componente clave de la convivencia escolar,  
ya que promueve la cooperación, la resolución pacífica de conflictos y el sentido de pertenencia,  
influyendo indirectamente en el rendimiento académico (Salavera et al., 2019).  
Finalmente, la dimensión de habilidades sociales también muestra una predominancia de niveles  
moderados, lo que sugiere que los estudiantes poseen competencias sociales funcionales para la  
interacción dentro del entorno escolar; sin embargo, aún podrían fortalecer aspectos relacionados con  
la comunicación asertiva, la expresión emocional adecuada y la resolución de conflictos  
interpersonales. Este resultado es consistente con estudios que demuestran la estrecha relación entre  
las habilidades sociales, el clima del aula y el rendimiento académico, enfatizando que un ambiente  
social positivo fomenta el aprendizaje significativo y el bienestar emocional de los estudiantes  
(Sánchez-Álvarez et al., 2020). Desde una perspectiva pedagógica, estos hallazgos refuerzan la  
necesidad de integrar la educación socioemocional como eje transversal del currículo de educación  
primaria.  
En cuanto a la variable rendimiento académico, los resultados indican que una gran mayoría de los  
estudiantes se sitúan en un nivel alto, lo cual constituye un hallazgo relevante al considerar el contexto  
educativo peruano. Varios informes nacionales han destacado la persistencia de brechas significativas  
en el rendimiento, particularmente en la educación primaria, asociadas con factores socioeconómicos,  
institucionales y pedagógicos (Instituto Peruano de Economía, 2023; Siancas Escobar & Seminario  
Morales, 2023). En este sentido, la predominancia de un alto nivel de logro en la muestra analizada  
sugiere la presencia de condiciones escolares favorables que podrían estar contribuyendo al  
rendimiento académico de los estudiantes, como prácticas pedagógicas apropiadas, apoyo docente y  
un entorno de aprendizaje estructurado.  
Desde una perspectiva teórica, el alto rendimiento académico observado no puede explicarse  
únicamente por el dominio cognitivo o la adquisición de contenido curricular, sino que resulta de la  
interacción de múltiples variables motivacionales y socioemocionales. En este sentido, Doménech-  
Betoret et al. (2021) señalan que la autoeficacia académica, la motivación y la regulación emocional  
desempeñan un papel mediador en el rendimiento académico al influir en la persistencia, el esfuerzo y  
el aprendizaje autorregulado. En línea con esta perspectiva, los niveles predominantemente moderados  
de inteligencia emocional identificados en el presente estudio pueden estar actuando como un factor  
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facilitador para el rendimiento académico al permitir a los estudiantes gestionar las demandas  
emocionales del contexto escolar de manera funcional.  
Además, los resultados se alinean con la investigación empírica que enfatiza la importancia del  
aprendizaje socioemocional en el rendimiento académico. Estudios como los de Mega et al. (2020)  
demuestran que las emociones, la motivación y las estrategias de autorregulación influyen  
significativamente en el rendimiento escolar, particularmente en las primeras etapas del desarrollo  
educativo. Complementariamente, el metaanálisis realizado por Zhao y Sang (2025) confirma que los  
programas de aprendizaje socioemocional producen efectos positivos, aunque moderados, en el  
rendimiento académico de los estudiantes de primaria y secundaria, reforzando la necesidad de  
integrar sistemáticamente estas competencias en el currículo escolar.  
Desde una perspectiva pedagógica, estos hallazgos resaltan la importancia de conceptualizar el  
rendimiento académico como un fenómeno holístico resultante de la articulación entre el desarrollo  
cognitivo y el fortalecimiento de las competencias socioemocionales. En consecuencia, promover  
entornos de aprendizaje que fomenten la motivación, la autoeficacia y la regulación emocional no solo  
contribuye al bienestar de los estudiantes, sino que también impacta positivamente en los resultados  
de aprendizaje, consolidando un enfoque educativo más inclusivo orientado al desarrollo holístico de  
los estudiantes.  
Entre las principales limitaciones de esta investigación, en primer lugar, cabe destacar el diseño  
transversal, ya que permitió analizar la relación entre la inteligencia emocional y el rendimiento  
académico en un momento específico del tiempo, pero no posibilitó el establecimiento de relaciones  
causales entre las variables. En consecuencia, los resultados deben interpretarse como asociaciones  
en lugar de efectos directos, lo que destaca la necesidad de futuros estudios longitudinales o  
experimentales que exploren más a fondo esta relación a lo largo del tiempo.  
Segundo, el estudio se realizó con una muestra limitada a un contexto educativo específico, lo que  
restringe la generalización de los hallazgos a otras instituciones, regiones o realidades socioculturales.  
Aunque los resultados proporcionan información relevante para el contexto analizado, se aconseja  
precaución al extrapolarlos a otros entornos educativos con características diferentes. Además, el  
estudio utilizó instrumentos de autoinforme para medir la inteligencia emocional, los cuales, a pesar  
de tener propiedades psicométricas adecuadas, pueden verse afectados por el sesgo de deseabilidad  
social, particularmente en poblaciones infantiles, donde los estudiantes pueden responder de acuerdo  
con las normas socialmente esperadas en lugar de sus experiencias reales. Esta situación puede influir  
en la precisión de los datos obtenidos.  
Finalmente, la investigación no incorporó el análisis de variables intervinientes que podrían afectar  
significativamente el rendimiento académico, como el contexto familiar, el estatus socioeconómico,  
las prácticas pedagógicas de los docentes, el clima del aula o el acceso a recursos educativos. La  
ausencia de estas variables limita una comprensión integral del fenómeno estudiado y representa una  
oportunidad para futuras investigaciones que adopten un enfoque más amplio y multivariado.  
El presente estudio proporciona evidencia empírica relevante sobre la relación entre la inteligencia  
emocional y el rendimiento académico en estudiantes de educación primaria, contribuyendo al  
fortalecimiento del cuerpo de conocimientos teóricos y empíricos en el campo de la educación,  
particularmente dentro del contexto peruano, donde los estudios que integran ambas variables siguen  
siendo limitados.  
Desde una perspectiva de contribución teórica, el estudio respalda los postulados de los modelos de  
inteligencia emocional propuestos por Mayer y Salovey, así como los modelos mixtos desarrollados  
por Goleman y Bar-On, al demostrar la relevancia y aplicabilidad de estos enfoques en el contexto  
escolar. Los resultados refuerzan la concepción de la inteligencia emocional como un constructo  
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multidimensional que influye en los procesos de aprendizaje y en el rendimiento académico de los  
estudiantes. A nivel metodológico, la investigación valida el uso de instrumentos de medición de  
inteligencia emocional en poblaciones escolares, proporcionando datos empíricos que pueden servir  
de referencia para futuros estudios en educación primaria. Además, el diseño y los procedimientos  
empleados pueden guiar nuevas investigaciones que busquen profundizar en el análisis de las  
variables socioemocionales vinculadas al rendimiento académico.  
Finalmente, desde una perspectiva práctica y pedagógica, los hallazgos resaltan la importancia de  
incorporar la educación emocional y los programas de aprendizaje socioemocional en la educación  
primaria, con el objetivo de fortalecer competencias como la autoconciencia, el autocontrol, la empatía  
y las habilidades sociales. La implementación de estas estrategias no solo mejoraría el rendimiento  
académico, sino que también promovería el desarrollo integral de los estudiantes, mejoraría el clima  
escolar y fomentaría una convivencia educativa más positiva y saludable.  
CONCLUSIÓN  
El estudio permitió concluir que existe una relación significativa entre la inteligencia emocional y el  
rendimiento académico en estudiantes de educación primaria, demostrando que las competencias  
socioemocionales constituyen un componente relevante del desempeño escolar. Aunque la mayoría  
de los estudiantes exhiben niveles moderados de inteligencia emocional, estos niveles se asocian con  
un rendimiento académico predominantemente alto, lo que confirma que el aprendizaje escolar no  
depende exclusivamente de factores cognitivos, sino también de habilidades emocionales que  
fomentan la autorregulación, la motivación y la adaptación al entorno educativo.  
En cuanto a la autoconciencia emocional, se concluye que los estudiantes reconocen parcialmente sus  
emociones y estados afectivos, lo que les permite funcionar adecuadamente dentro del contexto  
escolar. Sin embargo, este nivel intermedio revela la necesidad de fortalecer esta dimensión a través  
de estrategias pedagógicas que promuevan la reflexión emocional y el autoconocimiento como base  
para un aprendizaje más autónomo y consciente.  
Con respecto al autocontrol emocional, los resultados indican que la regulación emocional representa  
una de las dimensiones más desafiantes a nivel de educación primaria. La distribución de los  
estudiantes en diferentes niveles sugiere que esta habilidad aún está en proceso de consolidación, lo  
que refuerza la importancia de la intervención pedagógica temprana para apoyar una gestión  
emocional efectiva en situaciones académicas y sociales.  
En cuanto a la utilización emocional, se concluye que los estudiantes demuestran una capacidad  
moderada para utilizar sus emociones como recurso para el aprendizaje. Este hallazgo indica que,  
aunque las emociones influyen en la motivación y el esfuerzo académico, los estudiantes necesitan la  
guía del profesor para canalizarlas positivamente hacia la finalización de tareas y la persistencia ante  
las dificultades.  
En relación con la empatía, se concluye que los estudiantes poseen habilidades empáticas básicas que  
les permiten interactuar apropiadamente con sus compañeros; sin embargo, estas habilidades aún no  
están completamente desarrolladas. Esto sugiere que fortalecer la empatía puede contribuir no solo a  
mejorar la convivencia escolar, sino también a crear un clima de aula positivo que impacta  
indirectamente en el rendimiento académico.  
En cuanto a las habilidades sociales, los resultados indican que los estudiantes tienen competencias  
sociales funcionales para el trabajo en grupo y la interacción escolar. No obstante, la predominancia  
de niveles moderados resalta la necesidad de reforzar habilidades como la comunicación asertiva, la  
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cooperación y la resolución de conflictos, que son elementos clave para el éxito académico y el  
desarrollo holístico.  
Con respecto a la variable rendimiento académico, se concluye que el alto rendimiento observado en  
la mayoría de los estudiantes puede explicarse por la interacción entre factores cognitivos y  
socioemocionales. Los niveles moderados de inteligencia emocional identificados en el estudio  
parecen funcionar como un elemento de apoyo que promueve el aprendizaje, la motivación y la  
adaptación escolar, incluso dentro de un contexto educativo caracterizado por brechas de rendimiento  
a nivel nacional.  
Finalmente, se concluye que aunque los resultados del estudio están limitados a un contexto específico  
y a un diseño transversal, proporcionan evidencia relevante sobre la importancia de la inteligencia  
emocional en la educación primaria.  
Estos hallazgos refuerzan la necesidad de integrar  
sistemáticamente la educación socioemocional en las prácticas pedagógicas, no solo para mejorar el  
rendimiento académico, sino también para promover el desarrollo integral de los estudiantes,  
contribuyendo así a un sistema educativo más equitativo, inclusivo y orientado al bienestar.  
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