INTRODUCCIÓN
Gracias a los distintos programas alimentarios implementados en Argentina a lo largo de los
años, los comedores comunitarios y escolares se han convertido en la principal oportunidad para
que niños y niñas en situación de vulnerabilidad puedan recibir una alimentación nutritiva y
adecuada a su edad. En general, el servicio que brindan los comedores consiste en dos comidas
diarias, una de las cuales es el almuerzo, el cual supone un aporte importante de energía y
nutrientes esenciales, lo que ayuda a los niños a crecer y desarrollarse correctamente (FAGRAN,
2013). Por ello, los responsables de diseñar y preparar los almuerzos deben tener especial
conocimiento sobre los nutrientes que tienen impacto tanto en el crecimiento y desarrollo del
niño como en su salud. Entre estos nutrientes se incluyen las proteínas, hidratos de carbono,
grasas, vitaminas A y D, minerales como el hierro, calcio, zinc, entre otros (ISEPC, 2021; Moyano
y col., 2020). Sin embargo, las preparaciones servidas en comedores comunitarios suelen estar
desbalanceadas desde el punto de vista nutricional, no solo por la falta de orientación de
especialistas en nutrición sino también por la escasez de recursos materiales para elaborar las
preparaciones, lo que muchas veces implica el uso de ingredientes de alto contenido calórico y
poco valor nutricional (Frei-Herrmann Katrina, 2020; Navarro y col., 2020; Pellettieri Lucila, 2021).
Como es sabido, cada nutriente tiene un rol definido en cuanto al funcionamiento del organismo
humano, y, en el caso de los niños, es importante destacar el rol de los ácidos grasos esenciales
y del hierro, debido a que son componentes implicados directamente en el correcto desarrollo
cerebral y cognitivo (Chen y col., 2013; Vargas, 2016).
Diversos estudios se han realizado enfocándose en la calidad nutricional de los menús servidos
en comedores asistenciales, en los cuales se observó, en general, un aporte calórico adecuado y
una distribución inapropiada de nutrientes, tanto por exceso como por déficit. Ejemplo de ello es
el estudio realizado por Lluch Armel y col., (2020) quienes encontraron un exceso de lípidos en
detrimento de los hidratos de carbono, insuficiente aporte de calcio y aportes de Vitamina A y
cantidades de hierro por encima de lo recomendado, al realizar la valoración nutricional de menús
servidos en comedores colectivos de la Comunidad Valenciana. De modo similar, Navarro y col.,
(2020) informaron excesos significativos respecto al hierro, las grasas saturadas y los
carbohidratos totales, y deficiencias significativas respecto al aporte de proteínas, grasa total y
grasas poliinsaturadas al evaluar el valor nutricional de los almuerzos servidos a infantes
beneficiarios de programas de alimentación complementaria en zonas urbano-marginales de San
José, Costa Rica. Por su parte, Monárrez Espino y col., (2010) informaron una proporción
adecuada de proteínas al analizar la adecuación de la dieta servida a escolares de albergues
indigenistas de Tarahumaras, México, aunque se trató en todos los casos de dietas relativamente
hipercalóricas con exceso de lípidos. A nivel nacional, Cordero y col., (2021) observaron un aporte
energético insuficiente en la asistencia alimentaria brindada a la población escolar de Rio Chico,
Tucumán, con un exceso de proteínas y grasas totales y saturadas, aunque el hierro presentó
valores acordes con las recomendaciones. Herrera & Navarro Drazich, (2020), Moyano & Perovic,
(2018) y Centurión, (2017) informaron desbalances similares al realizar estudios de la calidad
nutricional de la dieta provista en comedores escolares de una localidad de San Juan, Córdoba y
Entre Ríos, respectivamente. En el primer caso, se informó una distribución inadecuada de
micronutrientes, aunque los resultados variaron de escuela en escuela respecto de las
cantidades de sodio y hierro; en el segundo predominó el exceso de grasas saturadas y el aporte
de hierro estuvo por debajo de las recomendaciones, mientras que, en el tercero, la cantidad de
macronutrientes en comparación con la cantidad que debería estar presente según los
requerimientos de los niños en edad escolar resultó deficiente para hidratos de carbono y
adecuada para proteínas y grasas. En contraste con estos desbalances, Carrera y col., (2019)
evaluaron la alimentación en niños asistentes a un comedor escolar de una localidad de Santa
Fe, e informaron una distribución calórica de hidratos de carbono, proteínas y lípidos totales
acorde a las recomendaciones, al igual que el aporte de hierro de las porciones servidas.