completamente, se considera que inducen un aumento brusco de la actividad metabólica y de la
respuesta adrenérgica sistémica. Entre los factores precipitantes más frecuentes destacan las
infecciones y la interrupción abrupta del tratamiento antitiroideo, por lo que la identificación y el
tratamiento oportuno de la causa desencadenante constituyen elementos fundamentales en el manejo
de la crisis. Sin embargo, en aproximadamente el 25 % al 43 % de los casos no es posible identificar un
desencadenante claro.
Los factores precipitantes descritos en la literatura incluyen múltiples situaciones clínicas, quirúrgicas
y farmacológicas. Entre las causas más comunes se encuentran las infecciones, especialmente las
pulmonares y genitourinarias, incluyendo infecciones virales recientes como COVID-19. También se
han asociado enfermedades agudas graves como cetoacidosis diabética, estado hiperosmolar no
cetósico, hipoglucemia, insuficiencia cardíaca, infarto agudo de miocardio, embolismo pulmonar,
accidente cerebrovascular e isquemia mesentérica.
Los procedimientos quirúrgicos constituyen otro grupo importante de desencadenantes,
particularmente la cirugía tiroidea en pacientes con hipertiroidismo no adecuadamente controlado,
aunque también se han reportado casos posteriores a cirugías no tiroideas, traumatismos,
quemaduras y lesiones cerebrales traumáticas. Asimismo, el estrés físico intenso y el estrés emocional
pueden contribuir a precipitar la crisis.
La exposición excesiva al yodo representa otro mecanismo importante, especialmente después del uso
reciente de medios de contraste yodados o, en raras ocasiones, tras terapia con yodo radiactivo.
Diversos medicamentos se han relacionado con el desarrollo de tormenta tiroidea, entre ellos
amiodarona, anestésicos, salicilatos, digitálicos, haloperidol, fenitoína, hormonas tiroideas exógenas y
fármacos simpaticomiméticos.
En el contexto obstétrico, el trabajo de parto, la preeclampsia, la hiperemesis gravídica y las
enfermedades asociadas a elevación de gonadotropina coriónica humana como la mola hidatiforme y
la coriocarcinoma también han sido identificados como factores precipitantes (Crespo-Morfin et al.,
2024; Pokhrel et al., 2025).
Manifestaciones clínicas
En la tormenta tiroidea predominan manifestaciones sistémicas severas acompañadas de
hiperactividad adrenérgica. El cuadro clínico suele ser multisistémico y de rápida progresión, por lo que
el reconocimiento temprano resulta fundamental debido a su elevada morbimortalidad.
La fiebre constituye uno de los hallazgos clínicos más característicos y clásicos, considerada
tradicionalmente un signo esencial para el diagnóstico. Habitualmente se acompaña de diaforesis
profusa. Sin embargo, la intensidad de la fiebre no siempre refleja la gravedad del cuadro, ya que
procesos infecciosos concomitantes, incluso leves, también pueden contribuir a la respuesta febril.
La afectación cardiovascular es una de las principales manifestaciones y causas de complicaciones
graves. Los pacientes presentan taquicardia intensa, generalmente superior a 140 latidos por minuto,
que puede progresar a fibrilación auricular u otras arritmias. El incremento sostenido del gasto cardíaco
y de las demandas metabólicas puede desencadenar insuficiencia cardíaca, edema pulmonar,
exacerbación de enfermedad coronaria, hipotensión y colapso cardiovascular, llegando incluso al paro
cardíaco en los casos más graves.
Las manifestaciones neurológicas reflejan el impacto de la hiperactividad metabólica y simpática
sobre el sistema nervioso central. Los síntomas pueden variar desde ansiedad, irritabilidad y labilidad
emocional hasta agitación intensa, delirio, manía y psicosis. En etapas avanzadas puede desarrollarse
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 1198.