autorizaron el uso de sus respuestas de forma anónima. Entre las limitaciones metodológicas se
reconoce la naturaleza no probabilística del muestreo, lo que puede restringir la generalización de los
resultados.
DESARROLLO
La competitividad empresarial es un concepto multidimensional que integra factores internos y
externos capaces de generar ventajas sostenibles frente a los competidores (Porter, 1990; Barney,
1991). Su análisis resulta clave para comprender la sostenibilidad de las pymes del sector energético,
especialmente en economías emergentes como México.
De acuerdo con Porter (1990), la competitividad depende de factores como la innovación, la estrategia
y las condiciones de la demanda. En el mismo sentido, Leyva et al. (2018) sostienen que la
competitividad de las empresas se encuentra determinada por elementos internos y externos. Silva et
al. (2022) afirman que la competitividad está relacionada con el desempeño a largo plazo de la nueva
empresa en comparación con sus competidores, lo que convierte a este constructo en un concepto
dinámico que evoluciona conforme se modifican los recursos internos y externos de las
organizaciones (Navarro et al. 2018).
En cuanto a su medición Rubio y Aragón (2006), proponen que los principales indicadores de
competitividad son: tecnología, innovación, mercadotecnia, recursos humanos, gestión, finanzas,
cultura y calidad. De forma complementaria Martínez et al. (2009), identifican como los factores de
mayor influencia los relacionados con el ambiente, tecnología, calidad, innovación, compromiso,
gestión, internacionalización con acceso a nuevos y diversos mercados y la óptima fusión del
financiamiento propio y con acreedores.
La literatura reciente enfatiza la relevancia de la tecnología como motor de competitividad. Desfrancois
et al. (2022), evidencian que las pymes necesitan incrementar su nivel tecnológico para fortalecer sus
capacidades y competir en mercados globalizados. En la misma línea Silva et al. (2022) sostienen que
las tecnologías asociadas a la industria 4.0 permiten mejorar la eficiencia de los procesos productivos,
la calidad de los servicios y la capacidad innovadora de las empresas.
Por otro lado, el entorno empresarial constituye un determinante relevante. Ni (2019), plantea que este
se compone de los entornos legal y de mercado. Yuan y Yang (2021) amplían esta perspectiva al
señalar que el entorno de mercado incluye factores políticos, riesgos de inversión y el grado de apertura
económica. Asimismo, Peng et al. (2022) destacan que el entorno del mercado desempeña un impacto
positivo en la competitividad de las empresas emergentes.
Respecto a los recursos, en la actual sociedad del conocimiento, el capital intelectual (CI) es
considerado como la principal fuente de ventaja competitiva, (Drucker, 1995). Benites et al. (2020)
encontraron una relación positiva entre el capital humano y la competitividad lo que coincide con los
resultados de Ferrer et al. (2018), quienes destacan que los recursos y las capacidades, junto con las
estrategias empresariales definen mejor una ventaja competitiva por cada tipo de empresa.
En este mismo sentido la gestión financiera representa un componente esencial para el uso eficiente
de los recursos organizacionales. Castellanos et al. (2022) señalan que la gestión financiera permite
administrar correctamente los recursos de una empresa, mientras que Egoavil (2020) enfatiza una
gestión financiera eficiente es condición necesaria para mantener la competitividad en el mercado.
A partir de la literatura revisada, se identifican tres dimensiones críticas: tecnología, mercado y
recursos como determinantes del nivel de competitividad en las empresas de energía renovable. La
tecnología actúa como impulsor de innovación; el mercado define la capacidad de adaptación; y los
recursos, en particular el capital humano y financiero, sostienen la ventaja competitiva en el tiempo.
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 1463.