INTRODUCCIÓN
La floricultura constituye una de las actividades agrícolas de mayor relevancia económica dentro del
sector hortícola mundial debido a su capacidad de generación de empleo, valor agregado y
dinamización de economías rurales. Esta actividad comprende la producción de flores de corte,
follajes, plantas ornamentales y especies de jardín destinadas principalmente al consumo decorativo
y ceremonial. A diferencia de otros cultivos agrícolas tradicionales, la floricultura se caracteriza por
requerir elevados niveles de inversión, mano de obra intensiva y manejo técnico especializado,
elementos que le permiten alcanzar altos niveles de productividad por unidad de superficie. De acuerdo
con Xia et al. (2006), el mercado mundial de flores superó valores superiores a los 75 mil millones de
dólares, concentrándose principalmente en países como Países Bajos, Estados Unidos, Japón, China
e India, los cuales dominan la producción y comercialización internacional gracias al uso de
tecnologías avanzadas y sistemas de producción intensiva.
La floricultura ha experimentado importantes transformaciones derivadas de la apertura de mercados
internacionales, los cambios en las preferencias de consumo y la creciente competitividad entre países
productores. La necesidad de obtener flores de alta calidad durante todo el año y a menores costos ha
impulsado el traslado de parte de la producción hacia regiones con ventajas climáticas y disponibilidad
de mano de obra más accesible, particularmente en países del hemisferio sur (Xia et al., 2006). El
mercado internacional de flores se caracteriza por una alta sensibilidad frente a factores económicos,
logísticos y geopolíticos, debido a la dependencia de cadenas globales de suministro, fertilizantes y
transporte internacional.
Durante los últimos años, la pandemia por COVID-19 y el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania
provocaron alteraciones en los sistemas agroalimentarios mundiales. Las restricciones sanitarias, el
cierre de fronteras y las interrupciones logísticas afectaron la producción y comercialización de
productos agrícolas, particularmente aquellos considerados bienes no esenciales, como las flores
ornamentales. Dev y Sengupta (2020) señalan que la pandemia ocasionó importantes pérdidas
económicas para el sector florícola debido a la disminución de exportaciones, reducción de eventos
sociales y escasez de mano de obra agrícola. La guerra entre Rusia y Ucrania agravó la situación
económica mundial al generar incrementos considerables en los precios internacionales de
fertilizantes, combustibles y agroquímicos, debido a que ambos países son importantes exportadores
de materias primas agrícolas y energéticas (Giordano y Michalczewsky, 2022).
La inflación de los insumos agrícolas generada por estos acontecimientos afectó directamente la
rentabilidad de los productores agrícolas, especialmente de aquellos sistemas intensivos en el uso de
fertilizantes y plaguicidas, como la floricultura. El aumento de precios en productos como urea,
fertilizantes fosfatados, herbicidas y fungicidas incrementó considerablemente los costos de
producción, obligando a los agricultores a replantear estrategias de manejo, reducir superficies
cultivadas o trasladar parte de dichos costos al consumidor final. De acuerdo con el Centro de Estudios
para el Desarrollo Rural Sustentable y la Soberanía Alimentaria (CEDRSSA, 2023), el incremento en los
precios de insumos agrícolas provocó aumentos superiores al 25 % en los costos de producción de
flores ornamentales en México. La Asociación Mexicana de Exportadores de Flores (AMFLORE, 2022)
reportó que el incremento de los fertilizantes derivado del conflicto en Ucrania elevó hasta en 50 %
algunos costos de producción dentro del sector florícola mexicano.
En México, la floricultura representa una actividad agrícola estratégica tanto por su aportación
económica como por la generación de empleo rural. La producción de flores ornamentales genera
aproximadamente 188 mil empleos permanentes, 50 mil empleos eventuales y más de un millón de
empleos indirectos anualmente (SADER, 2023). El Estado de México concentra alrededor del 90 % de
la producción nacional de flores de corte, destacando municipios como Villa Guerrero, Tenancingo,
Coatepec Harinas, Valle de Bravo y Texcoco (SAGARPA, 2018). Estas regiones cuentan con
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 1591.