Lenguaje en transformación: influencia del entorno digital en  
los procesos comunicativos y neurocognitivos  
Language in transformation: influence of the digital environment on  
communicative and neurocognitive processes  
Darinka Grbic Grbic  
Universidad Nacional de Costa Rica  
San José Costa Rica  
Artículo recibido: 03 de febrero de 2026. Aceptado para publicación: 19 de junio de 2026.  
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.  
Resumen  
En la actualidad, el uso de pantallas digitales se ha integrado de manera significativa en la vida  
cotidiana, impactando de forma directa los procesos de desarrollo humano, particularmente el  
lenguaje y la comunicación. Desde edades tempranas, niños, adolescentes y adultos se encuentran  
expuestos a entornos digitales que modifican las dinámicas de interacción social, los estilos  
comunicativos y los procesos cognitivos asociados al lenguaje. El presente artículo desarrolla un  
análisis integrador desde la neuropsicología, la logopedia y la neuropedagogía, abordando las  
implicaciones del uso de pantallas en el desarrollo del lenguaje, la atención, la cognición social y las  
funciones ejecutivas. Se analizan tanto los riesgos asociados a la sobreexposición digital, como las  
oportunidades que ofrece la tecnología cuando se utiliza de forma consciente, mediada y  
pedagógicamente orientada. Desde una perspectiva de complejidad, se propone la necesidad de  
integrar ciencia, educación, familia y tecnología para promover un desarrollo comunicativo saludable,  
destacando la importancia de la interacción humana significativa como eje central del lenguaje.  
Palabras clave: desarrollo infantil, digitales, lenguaje, logopedia, pantallas, neuroeducación,  
neuropsicología  
Abstract  
Digital screen use has become an integral part of daily life, directly impacting human development,  
particularly language and communication processes. From early ages, children, adolescents, and  
adults are exposed to digital environments that modify social interaction dynamics, communicative  
styles, and cognitive processes related to language. This article presents an integrative analysis from  
neuropsychology, speech and language pathology, and neuropedagogy, addressing the implications  
of screen use on language development, attention, social cognition, and executive functions. Both the  
risks associated with excessive digital exposure and the opportunities offered by technology when  
used in a conscious and pedagogically guided manner are analyzed. From a complexity perspective,  
the need to integrate science, education, family, and technology is emphasized to promote healthy  
communicative development, highlighting meaningful human interaction as the core of language.  
Keywords: child development, digital screens, language, neuroeducation, neuropsychology,  
speech therapy  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 1620.  
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Cómo citar: Grbic Grbic, D. (2026). Lenguaje en transformación: influencia del entorno digital en los  
procesos comunicativos y neurocognitivos. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 1621.  
INTRODUCCIÓN  
En los últimos tiempos, el avance relacionado con la tecnología ha modificado de manera significativa  
nuestra manera de comunicarnos, transformado la interacción humana y provocando nuevos  
escenarios mediados por dispositivos digitales.  
El uso de pantallas, como celulares, tabletas, televisores y computadoras, ha incrementado  
notablemente en todas las etapas de desarrollo humano, y así también en la población infantil, lo cual  
nos invita a reflexionar sobre su impacto en el desarrollo en general, específicamente en el del lenguaje  
y de los procesos cognitivos.  
Estudios han evidenciado que el lenguaje no se adquiere únicamente a partir de la exposición pasiva a  
estímulos, sino que se construye a través de la interacción social significativa, la reciprocidad  
comunicativa y la experiencia compartida (Kuhl, 2010). Para la estimulación temprana y el aprendizaje  
del lenguaje, es importante encontrarse en un ambiente diverso y rico en interacciones, juego, empatía,  
ternura, motivación, innovación, creatividad, etc. En este sentido, cuando la interacción humana se ve  
desplazada por entornos digitales, podrían desarrollarse diversas alteraciones en los procesos de  
adquisición del lenguaje, particularmente en etapas tempranas del desarrollo.  
El concepto del lenguaje es un recurso o un sistema que hace posible la comunicación de las ideas y  
sentimientos. En el caso de los seres humanos es una herramienta desarrollada y mucho más  
avanzada que en otras especies. Por sus raíces fisiológicas y psíquicas, está vinculado a las  
habilidades de escuchar, hablar, leer y escribir.  
Sin embargo, con solo tres, cuatro, cinco años de edad los niños nos impresionan. Y eso porque en  
estas edades manejan la forma (sintaxis, morfología y fonología), el contenido (la semántica) y el uso  
(la pragmática) del lenguaje. El lenguaje es tan natural que sin importar el lugar y la cultura donde se  
nazca, las personas hablan para comunicarse, siempre y cuando no tengan un problema neurológico  
de fondo que se lo impida.  
El punto está en que el ser humano es esencialmente un ser relacional, no puede sobrevivir sólo, y en  
este sentido el lenguaje es el canal fundamental de interacción con sus congéneres y la base para el  
aprendizaje.  
Desde la logopedia y la neuropsicología, el lenguaje se entiende como una función compleja que  
involucra múltiples redes neuronales, incluyendo regiones frontales y temporales, así como sistemas  
relacionados con la atención, la memoria y las funciones ejecutivas. Por ello, los cambios en las  
dinámicas de interacción pueden incidir directamente en su desarrollo.  
A partir de lo anterior, este artículo propone una aproximación integradora, desde una perspectiva  
educativa y clínica, que permita analizar el impacto del uso de pantallas desde enfoques  
neurocientíficos, pedagógicos y sociales, promoviendo una mirada crítica, pero también constructiva,  
sobre el papel de la tecnología en la actualidad.  
DESARROLLO  
A Valentina la trajeron a mi consulta hace unos pocos meses. Una niña de 5 años, cursando la  
preparatoria en la escuela pública.  
De su gran timidez no era nada difícil percatarse. Pero del resto de los detalles no pude saber hasta  
que no inicié el proceso de la entrevista y las evaluaciones con sus padres y su hermano. Durante la  
primera hora la niña no se despegó de su muñeca que traía en brazos. Se sentó en el “rincón educativo”  
encima de la alfombra y miró con curiosidad la canasta llena de juguetes. Me levanté y caminé  
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lentamente hacia ella, acaricié su pelo castaño, le guiñé un ojo colocándola todavía más cerca la  
canasta. Despacio volví a la parte del consultorio donde estaban los padres contestando las últimas  
preguntas. Al terminar los invité a sentarse en la sala de espera, mientras yo me quedaba con Vale.  
Resulta que sufría Mutismo Selectivo. Una afección por la cual un niño puede hablar, pero deja de  
hacerlo súbitamente y es incapaz de hacerlo en ciertos contextos o ambientes. Ocurre a menudo en la  
escuela o en contextos sociales donde las causas se desconocen. La mayoría de los expertos cree que  
los niños con esta afección heredan una tendencia a ser ansiosos e inhibidos o con cierta forma de  
miedo (fobia) extrema. Según la evaluación rigurosa y todos los estudios realizados, se detectó que  
Vale presentaba una adicción a las pantallas; además, de la presencia de mutismo, presentó  
dificultades articulatorias y un vocabulario limitado para su edad cronológica.  
Caminando hacia la alfombra donde estaba sentada, me acordé de lo que hizo Sullivan por Hellen  
Keller. Como jugando, entró en contacto con el agua en una amplia variedad de formas y contextos,  
marcándole cada vez la palabra agua en la palma de la mano. El darse cuenta del significado de esto,  
fue el inicio de una revolucion en la vida de Helen. Cada descubrimiento de Anne Sullivan y Helen  
Keller juntas fue extraordinariamente creativo, y ayudó a cambiar no solo la vida de Helen, sino a un  
gran numero de personas en situacion similar.  
Al sentarme en la alfombra, tomé un par de legos y comencé a construir un “edificio” un poco abstracto.  
Así, hablando conmigo misma y los juguetes, de pronto actué “indecisa” para escoger la siguiente  
pieza. En una mano tenía la de color rojo y en la otra una azul. Mire a Vale, quien hasta el momento  
analizaba cada paso mío, y le dije: “La verdad, no estoy segura si después de todo utilizar el rojo o el  
azul.....” Con las sonrisas marcadas, nuestras miradas se encontraron, y Vale tranquilamente, segura  
de sí misma por primera vez, viendo a un adulto indeciso, me ofreció la solución diciendo: “Azul.... me  
gustan los techos azules”.  
Una niña que nunca había hablado fuera de su hogar y con personas que no son sus padres, dijo no  
solo una palabra, sino una frase completa, una frase donde tomó una gran decisión. En este preciso  
momento supe que juntas venceremos el mutismo.  
Y así poco a poco navegamos con diversos juegos para construir una terapia más integral y efectiva.  
Juegos como: juego estructurado, juego abierto, juego simbólico, juego sensorial, juego social, juego  
activo, nos brindaron muy buenos resultados.  
Juego estructurado: enseña reglas, normas, orden y disciplina, desarrolla la lógica, fomenta las  
habilidades sociales, proporciona rutina y estabilidad, etc.  
Juego abierto: provoca la imaginación y la creatividad, la autonomía, la resolución de problemas,  
desarrollo emocional y cognitivo.  
Juego simbólico: potencia la creatividad y la imaginación, habilidades sociales y habilidades  
comunicativas, mejora el desarrollo emocional y fomenta el pensamiento crítico y analítico.  
Juego sensorial: estimula el desarrollo cognitivo, mejora la regulación emocional, fomenta el  
desarrollo del lenguaje, motricidad.  
Juego social: desarrolla las habilidades sociales, mejora las capacidades comunicativas, la empatía y  
la comprensión emocional, la resolución de problemas y conflictos.  
Juego activo: fomenta la salud física, mejora el desarrollo de las habilidades motrices, favorece el  
desarrollo cognitivo, aumenta el bienestar emocional y social  
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El cerebro humano ha evolucionado para ser educado y para educar. Los aprendizajes y enseñanzas,  
la transmision cultural y la educacion son naturales. El cerebro es la maravilla que hace posibles los  
diversos tipos de aprendizajes, desde la habituacion y sensibilizacion hasta los procesos cognitivos  
mas superiores, pasando por el condicionamiento clasico, el aprendizaje operante, la imitacion, el  
lenguaje.  
Y tambien el cerebro es la estructura natural que pone limites a los aprendizajes, determinando lo que  
se puede aprender, en que momentos y con que velocidad. Explicar y comprender todos los procesos  
cerebrales que estan a la base de nuestras memorias, emociones y sentimientos, podria transformar  
las estrategias pedagogicas, y generar programas adecuados a las caracteristicas y las necesidades  
de cada persona.  
Así que el juego, además de ser una gran herramienta de estimulación en el desarrollo integral, es  
esencial para la salud física y la salud mental. Mantiene a los niñas activos, aprendientes, curiosos,  
comprometidos y felices. Jugar es una de las mediaciones neuropedagógicas más potentes para la  
estimulación temprana y el desarrollo integral de los niños.  
Bases neuropsicológicas del lenguaje en entornos digitales  
La comunicación es la actividad consciente de intercambiar información entre diferentes participantes  
con el fin de transmitir o recibir significados. En un sentido general, la comunicación, es la unión y el  
contacto con otros seres humanos. Los pasos básicos son la formación de una intención  
comunicativa, composición del mensaje, la codificación, la transmisión de la señal, la recepción de la  
señal, la codificación y la interpretación del mensaje recibido. Si en alguno de estos elementos básicos  
de la comunicación sucede algún error específico, probablemente la dificultad comunicativa será  
notoria. Dentro de las Patologías comunicativas del Lenguaje podemos distinguir entre las que afectan  
al lenguaje expresivo o comprensivo, escrito, lector, o el mímico. Mencionemos solo algunos: Dislalia,  
TDL (Trastorno de Desarrollo del Lenguaje), Afonía, Disfonía, Disartria, Afasia, Disfemia, Disgrafía,  
Agrafia, Dislexia, Disgrafía, Mutismo, Ecolalia, y muchos más.  
El ser humano para un desarrollo sano necesita vínculos afectivos, la comunicación, las palabras,  
socializar, en otras palabras, necesita de las personas. De lo contrario podría presentar dificultades  
complejas durante los primeros años de desarrollo y a lo largo de su caminar por la vida.  
No olvidemos que la comunicación es tan antigua como las primeras civilizaciones, que mientras más  
se complejizaban más crecía su necesidad de desarrollarse. Con la diferenciación de roles, la división  
del trabajo, establecimientos de jerarquías y distintas necesidades existenciales, en la búsqueda de  
beneficios comunes, el nivel de organización creció y se hizo indispensable la evolución del lenguaje.  
Los sistemas de comunicación utilizados por los seres humanos han variado mucho a través de los  
siglos. Cada época con sus fortalezas y sus debilidades.  
En inicio de los tiempos comunicación primitiva utilizaba una mueca, una sonrisa, grito, sonido no  
articulado, arte rupestre, para expresar sus sentimientos o estados de ánimo. Por ejemplo, los egipcios  
fueron primeros que plasmaban sobre piedra y pared, unas figuras llamadas jeroglíficos, las  
actividades que realizaban para evitar citar que se les olvidará. Los Romanos en su caso utilizaban a  
personas para que llevaran una noticia de un lugar a otro, mientras que los Indios Americanos con  
fogatas para identificar donde se encontraban o para comunicarse con otra aldea.  
Cada espécimen tiene su método de comunicación, pero es la especie humana la que ha logrado  
desarrollar los métodos más efectivos que cualquier otra especie. El recorrido ha sido largo: Pinturas  
Rupestes, Señales de Humo, Paloma Mensajera, Heliografo, Imprenta Moderna, Lenguaje de señas,  
Sistema de Braille, Señal de Radio Transatlántica, Teléfono, Primera emisión televisiva, ARPANET, los  
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Ordenadores y el de hoy Redes Sociales (Twitter, Whatsapp, Facebook, Instagram, YouTube...). Y estas  
son solo algunas de las maravillas de la comunicación.  
El lenguaje es una función neurocognitiva bastante compleja que depende de la integración de  
múltiples sistemas cerebrales. Las áreas del lenguaje son regiones del cerebro especializadas en la  
comprensión, expresión y procesamiento del lenguaje. En la mayoría de las personas, se ubican  
principalmente en el hemisferio izquierdo y trabajan como una red funcional del lenguaje distribuida.  
Así que las regiones temporales y frontales, Corteza auditiva primaria (procesamiento de sonidos), Giro  
angular (comprensión de lectura y escritura), Giro supramarginal (integración sensorial y fonológica),  
Corteza motora (control de músculos del habla), Corteza prefrontal (planificación del discurso), entre  
otras, trabajan en equipo, en conjunto con sistemas como la memoria de trabajo, atención y muy  
importante, con regulación emocional.  
En entornos digitales, el procesamiento de la información tiende a ser más rápido, fragmentado y  
altamente estimulado, lo que puede generar cambios en la forma en que el cerebro procesa el lenguaje.  
La sobreestimulación visual y auditiva puede interferir con la capacidad de atención sostenida,  
necesaria para la comprensión y producción lingüística.  
Sabemos que el cerebro infantil es extremadamente plástico; se adapta a lo que experimenta. Y eso  
no siempre resulta deseable.  
En los últimos años, la exposición excesiva a pantallas se ha vinculado con alteraciones en funciones  
ejecutivas fundamentales, tales como la autorregulación, la flexibilidad cognitiva y la planificación.  
Asimismo, se han observado cambios en la atención y la concentración, así como la presencia de  
impulsividad y ansiedad, además de un impacto en el desarrollo emocional y en las habilidades  
comunicativas.  
Estas habilidades resultan esenciales para la organización del pensamiento, la construcción del  
discurso y el uso funcional del lenguaje en diversos contextos comunicativos reales. Por lo tanto, su  
alteración puede incidir directamente en la calidad de la interacción social y en la calidad comunicativa.  
En esta misma línea, la evidencia empírica señala que “los episodios de uso de dispositivos móviles se  
correlacionan con una menor frecuencia de turnos conversacionales, los cuales son fundamentales  
para el desarrollo del lenguaje y las habilidades comunicativas tempranas(Michael C. Frank et al.,  
2020), lo que pone de manifiesto una disminución en las oportunidades de intercambio verbal  
significativo, indispensables para el desarrollo lingüístico en las primeras etapas de la vida.  
Sé ha observado que los efectos del uso de pantallas no son homogéneos a lo largo del desarrollo,  
sino que tienden a ser más pronunciados en los primeros años de vida. En particular, las asociaciones  
negativas entre el tiempo de exposición y las habilidades lingüísticas resultan más consistentes en  
niños pequeños, lo que evidencia una mayor vulnerabilidad neurocognitiva en estas etapas críticas del  
desarrollo (Sheri Madigan et al., 2020).  
Desarrollo del lenguaje en la infancia y exposición a pantallas  
La primera infancia constituye una etapa crítica para el desarrollo del lenguaje. Durante este período,  
el cerebro presenta una alta plasticidad, lo que permite la adquisición de diversas habilidades y así  
mismo, habilidades lingüísticas a partir de la interacción con el entorno.  
El cerebro humano ha evolucionado de manera extraordinaria. El aprendizaje, la enseñanza, la  
transmisión cultural y la educación forman parte de procesos naturales. El cerebro es la maravilla que  
hace posibles los diversos tipos de aprendizaje, desde la habituación y la sensibilización hasta los  
procesos cognitivos superiores, pasando por el condicionamiento clásico, el aprendizaje operante, la  
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imitación y el lenguaje. Asimismo, el cerebro es la estructura que también establece límites al  
aprendizaje, determinando qué se puede aprender, en qué momentos y con qué velocidad. Explicar y  
comprender todos los procesos cerebrales que estan a la base de nuestras memorias, emociones y  
sentimientos, podria transformar las estrategias pedagogicas, y generar mediaciones adecuadas a las  
caracteristicas y las necesidades de cada persona. Por ello, es fundamental realizar la estimulación de  
diversas formas y así generar un aprendizaje innovador respetando la diversidad.  
Diversos estudios han demostrado que la exposición excesiva a pantallas en edades tempranas se  
asocia con dificultades en la adquisición y el desarrollo del lenguaje, provocando así retrasos en el  
lenguaje expresivo y comprensivo. Esto se debe, en gran medida, a la reducción de las interacciones  
cara a cara, las cuales son fundamentales para el desarrollo de habilidades pragmáticas, como el turno  
conversacional, la intención comunicativa y la comprensión emocional. De esta manera muchos niños  
son privados de la estimulación temprana.  
Los niños que presentan retrasos en la comprensión y la expresión tienen mayor riesgo de obtener  
malos resultados que los niños cuyas habilidades de comprensión se encuentran dentro del rango  
normal (Marchman y Fernald, 2013). Además, corren el riesgo de obtener un “falso positivo” en alguno  
de los trastornos del neurodesarrollo, el cual posteriormente, con una adecuada estimulación y  
regulación en el uso de las pantallas, puede desaparecer por completo.  
Diversas investigaciones recientes han confirmado que la exposición excesiva a pantallas en la primera  
infancia se asocia con alteraciones en múltiples áreas del desarrollo, incluyendo el lenguaje, la  
cognición y la regulación socioemocional. En este sentido, se advierte que “el uso excesivo de medios  
digitales puede desplazar actividades fundamentales como el juego, la interacción social y el lenguaje  
recíproco, elementos clave en el desarrollo neurocognitivo temprano” (American Academy of  
Pediatrics, 2016).  
Asimismo, estudios contemporáneos han evidenciado que la exposición a pantallas no solo reduce el  
tiempo de interacción social, sino que impacta directamente la calidad del lenguaje adquirido. Se ha  
encontrado que mayores niveles de uso de pantallas se asocian con menores niveles de conversación  
cara a cara y con puntuaciones más bajas en habilidades lingüísticas en la infancia temprana (Frontiers  
in Psychology, 2026).  
El lenguaje no se desarrolla únicamente escuchando, sino participando activamente en intercambios  
comunicativos significativos, donde el niño recibe retroalimentación, interpreta gestos y construye  
significado en contextos reales. El cerebro necesita experiencias reales para aprender a comunicarse,  
regularse, adaptarse, etc.  
En este contexto, resulta fundamental comprender de manera integrada cómo el uso de pantallas  
impacta diversas dimensiones del desarrollo del lenguaje y la cognición. A continuación, se presenta  
una síntesis que permite visualizar estos efectos desde una perspectiva neuropsicopedagógica:  
Tabla 1  
Relación entre el uso de pantallas y el desarrollo neuropsicológico infantil: implicaciones para el lenguaje,  
la cognición, la interacción social y el aprendizaje  
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Dimensión  
Uso excesivo de  
pantallas (no mediado)  
Retraso en adquisición  
de vocabulario, menor  
producción verbal  
Dificultad en  
Uso adecuado de  
pantallas (mediado)  
Estimulación guiada del  
vocabulario  
Recomendaciones  
neuropsicopedagogicas  
Promover diálogo  
Lenguaje  
expresivo  
constante durante el uso  
Lenguaje  
Mejora si hay  
Hacer preguntas, explicar  
comprensivo  
comprensión de  
instrucciones y  
acompañamiento adulto contenidos  
narrativa  
Pragmática del Baja reciprocidad  
Mejora en interacción si  
se comparte la  
experiencia  
Puede mejorar con  
contenidos  
Favorecer interacción cara  
a cara  
lenguaje  
comunicativa, escaso  
turno conversacional  
Disminución de  
Atención  
Regular tiempos y pausas  
activas  
atención sostenida,  
distractibilidad  
estructurados  
Funciones  
ejecutivas  
Déficits en  
planificación, inhibición  
y autorregulación  
Estimulación parcial si  
hay mediación  
Integrar actividades fuera  
de pantalla  
Interacción  
social  
Reducción de contacto  
visual y juego simbólico  
Se mantiene si no  
sustituye interacción  
real  
Priorizar juego social y  
familiar  
Desarrollo  
emocional  
Baja tolerancia a la  
frustración,  
dependencia digital  
Regulación emocional si Enseñar autorregulación  
hay acompañamiento emocional  
Aprendizaje  
Aprendizaje pasivo, baja Aprendizaje significativo Uso activo, reflexivo y  
transferencia a la  
realidad  
con mediación  
contextualizado  
Fuente: elaboración propia.  
Pantallas, atención y funciones ejecutivas  
En el año 2020, la Asociación Americana de Pediatría (AAP) publicó un artículo en el cual se reafirma  
la recomendación de no exponer a los niños menores de 2 años a dispositivos de pantalla. Según el  
artículo, no se ha encontrado evidencia que respalde la efectividad de programas educativos dirigidos  
a niños en esta franja de edad, y se sugiere limitar el uso de pantallas a un máximo de 1 o 2 horas al  
día en etapas posteriores (AAP, 2020).  
La misma Asociación Americana de Pediatría (AAP) advierte que la sobreestimulación que provocan  
los vídeos rápidos y brillantes puede dificultar el desarrollo de la atención sostenida, clave para el  
aprendizaje del lenguaje y el rendimiento escolar.  
La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) sugiere que los niños menores de  
tres años no excedan los treinta minutos diarios de tiempo frente a una pantalla, y que los niños  
mayores limiten su exposición a un máximo de dos horas. Esta recomendación engloba cualquier  
dispositivo electrónico, ya sea televisión, ordenador, consola, tableta o teléfono móvil (AEPap, 2016).  
El uso prolongado de dispositivos digitales puede afectar las funciones ejecutivas, particularmente la  
atención sostenida, la inhibición conductual y la memoria de trabajo. Estos procesos son  
fundamentales para el aprendizaje y la comunicación.  
La exposición constante a estímulos rápidos y cambiantes puede generar una preferencia por la  
inmediatez, dificultando la capacidad de concentración en tareas que requieren esfuerzo cognitivo  
prolongado, como la lectura o la conversación estructurada.  
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ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 1627.  
Desde una perspectiva neuropsicológica, el desarrollo del lenguaje depende en gran medida de la  
interacción activa con el entorno. Sin embargo, los entornos digitales pueden dificultar la  
generalización del aprendizaje lingüístico, ya que los niños pequeños presentan limitaciones para  
transferir lo aprendido en contextos digitales a situaciones reales, especialmente antes de los 3 a 4  
años de edad (Barr, 2010; revisado en estudios recientes sobre aprendizaje digital).  
Se ha observado que el uso excesivo de pantallas en general, puede disminuir la atención y  
concentración, tolerancia a la frustración y así afectar la autorregulación emocional. Eso impacta  
directamente en la calidad de desarrollo de lenguaje, de la comunicación interpersonal, escucha activa,  
el contacto visual, interpretación de señales no verbales, resiliencia, paciencia, socialización y  
resolución de conflictos en contextos reales, creatividad e innovación. También se asocia con  
alteraciones en la higiene del sueño, aumento de la irritabilidad y menor capacidad para enfrentar  
situaciones que requieren esfuerzo o espera.  
En conjunto, estos factores evidencian la importancia de promover un uso equilibrado y consciente de  
la tecnología, favoreciendo espacios de interacción humana, actividades lúdicas y experiencias que  
fortalezcan el desarrollo integral.  
Nos educamos dentro y fuera de diferentes comunidades de aprendizaje, experimentado y no  
experimentado, interactuando y no interactuando, mirando, sintiendo, conversando, observando,  
compartiendo, intercambiando, donde nuestros organismos tienen la oportunidad de existir y dentro  
de esta existencia transformadora, de liberarse también.  
Como lo dijo Hugo Assman en su libro Placer y Ternura en la Educacion Hacia Una Sociedad  
Aprendiente: “La comunidad aprendiente se logra mediante la construcción de espacios vivenciales,  
con libertad e independencia”.  
Lenguaje, interacción social y cognición social  
El lenguaje está estrechamente vinculado con la cognición social, es decir, la capacidad de comprender  
las intenciones, emociones y pensamientos de los demás. Esta habilidad se desarrolla principalmente  
a través de la interacción social directa.  
Cuando las interacciones humanas son reemplazadas por interacciones digitales, se reduce la  
exposición a señales no verbales como gestos, expresiones faciales y tono de voz, lo que puede afectar  
el desarrollo de la pragmática del lenguaje.  
Asimismo, se ha identificado que algunos niños con alta exposición a pantallas presentan dificultades  
en la reciprocidad comunicativa, contacto visual y habilidades conversacionales, aspectos que pueden  
ser confundidos con trastornos del neurodesarrollo si no se realiza una evaluación adecuada.  
Dada la similitud de algunas manifestaciones clínicas, resulta necesario establecer criterios  
diferenciales claros entre retrasos del lenguaje asociados al uso de pantallas y trastornos del  
neurodesarrollo. En este sentido, se presenta la siguiente tabla comparativa:  
Tabla 2  
Comparación entre retrasos del lenguaje y trastornos del neurodesarrollo  
Indicador  
Retraso por uso excesivo de pantallas Trastorno del neurodesarrollo (ej.  
TEA, TDL)  
Contacto visual  
Puede estar disminuido, pero mejora  
con intervención  
Alterado de forma persistente  
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ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 1628.  
Lenguaje  
Retraso, pero con potencial de  
recuperación rápida  
Alteraciones estructurales del  
lenguaje  
Interacción social  
Juego simbólico  
Respuesta a  
Mejora al reducir pantallas  
Limitado por falta de estimulación  
Alta mejoría en corto tiempo  
Dificultades persistentes  
Déficit cualitativo  
Progreso más gradual  
intervención  
Causa principal  
Privación de interacción  
Base Neurobiológica  
Fuente: elaboración propia.  
Uso consciente de la tecnología: oportunidades y desafíos  
A pesar de los riesgos asociados, la tecnología también ofrece oportunidades significativas en el  
ámbito educativo y terapéutico. Aplicaciones interactivas, programas de estimulación del lenguaje y  
herramientas digitales pueden ser utilizadas como apoyo en procesos de intervención logopédica. En  
la consulta diaria, observamos que, en poco tiempo, la disminución del uso de pantallas en edades  
tempranas nos brinda resultados positivos, demostrando una mejora significativa en la comunicación  
y en el desarrollo del lenguaje, especialmente cuando su uso es supervisado y mediado.  
En el marco de la ecología mediática familiar, el rol del adulto adquiere un valor determinante en la  
construcción del aprendizaje significativo. Tal como señala Rachel Barr (2019a), la mediación activa  
del cuidador permite transformar la experiencia digital en una oportunidad de desarrollo. En esta  
misma línea, se reconoce que el impacto de los medios no radica únicamente en su presencia, sino en  
las condiciones de uso, ya que su influencia depende del contexto, la interacción y la intencionalidad  
educativa (Rachel Barr, 2019b).  
La evidencia más reciente sugiere que la sobreexposición a pantallas se asocia con retrasos en el  
lenguaje expresivo, particularmente cuando el uso no está mediado por la interacción adulta.  
Investigaciones recientes han demostrado que el uso excesivo de pantallas se relaciona con  
puntuaciones más bajas en lenguaje expresivo en niños pequeños, incluso cuando se controlan otras  
variables como el sueño (Malik et al., 2025).  
Además, estudios actuales han identificado que la exposición temprana y prolongada a pantallas  
puede incrementar el riesgo de retrasos en el habla y el lenguaje, especialmente cuando sustituye  
experiencias fundamentales como el juego simbólico y la interacción social directa (Logix Journals,  
2025).  
De igual forma, investigaciones internacionales han señalado que los niños con mayor exposición a  
pantallas presentan menores niveles de desarrollo lingüístico, mientras que la interacción compartida  
con adultos, incluyendo lectura y uso guiado de pantalla, se asocia con mejores resultados en el  
lenguaje (estudios multicéntricos, 2025).  
Sin embargo, su uso debe ser mediado, estructurado y orientado por adultos, evitando la  
sobreexposición y promoviendo siempre la interacción humana como eje central del aprendizaje.  
Desde la neuropedagogía, se plantea la necesidad de integrar la tecnología de manera consciente,  
regulada, para poder favorecer diversas experiencias de aprendizaje significativas, contextualizadas y  
multisensoriales.  
Cultura del diálogo y libertad en la era digital: un desafío transformador para la educación  
contemporánea  
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ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 1629.  
En un mundo marcado por la hiperconectividad y la inmediatez, donde todo se encuentra y consigue a  
una distancia de un “click”, educar en el diálogo y la libertad implica formar sujetos analíticos y críticos,  
conscientes y capaces de construir sentido en medio de la complejidad digital.  
Y ahora muchos sumergidos en el ámbito de las redes computacionales nos estamos dando cuenta  
de una realidad que nos encadena y sin darnos cuenta aprisiona.  
Como dijo Zygmunt Bauman en Las redes y la soledad: “Lo que las redes sociales pueden crear es un  
sustituto. La diferencia entre la comunidad y la red es que tú perteneces a la comunidad, pero la red te  
pertenece a ti. Puedes añadir amigos y puedes borrarlos, controlas a la gente con la que te relacionas.  
La gente se siente un poco mejor porque la soledad es la gran amenaza en estos tiempos de  
individualización. Pero en las redes es tan fácil añadir amigos o borrarlos que no necesitas habilidades  
sociales”. (p. 12)  
¿Será que esta “nueva normalidad” afecte nuestra capacidad de comunicarnos, específicamente de  
dialogar? Sin duda alguna, la educación enfrenta una transformación revolucionaria donde nace la  
oportunidad de cultivar una cultura y el arte de diálogo por y para las “sociedades líquidas” cuidando  
nuestras libertades.  
“Fomentar una cultura del diálogo para reconstruir el tejido de la sociedad. Aprender a respetar al  
extranjero, el emigrante, personas a las que vale la pena escuchar. La guerra se vence solo si damos a  
nuestros hijos una cultura capaz de crear estrategias para la vida, para la inclusión".  
(Zygmunt Bauman, discurso de agradecimiento del premio Príncipe de Asturias de Comunicación y  
Humanidades).  
Nuestro consumismo diario, crónico e incasable, una búsqueda continua de satisfacción, y de competir  
unos con otros podríamos causar un profundo daño a todos los seres vivos, y así, a la misma Tierra,  
nuestro único hogar, haciéndola prisionera de su propio espacio.  
“Hoy gritan las aguas, los bosques, los animales, es toda la Tierra la que grita. Dentro de la opción por  
los pobres y contra la pobreza debe ser incluida la Tierra y todos los ecosistemas. La Tierra es el gran  
pobre que debe ser liberado junto a sus hijos.”  
Leonardo Boff. Ecología: Grito de la Tierra, grito de los pobres.  
Entender y fomentar la cultura del diálogo en el sistema escolar es dar la oportunidad de proteger  
nuestras libertades dentro de un proceso. El proceso que procura acrecentar tanto en la prevención  
como en la recuperación de una crisis, un conflicto personal (interno y/o externo), social, educativo,  
manejar las expectativas, ser solidario, comprender, concientizar, prepararse, convivir, hasta abordar  
asuntos ambientales.  
Aquí nos acercamos a Vasil Sujomlinski (1918-1970), el gran pedagogo soviético del siglo XX y su  
“escuela de la alegría”. Después de haber finalizado los estudios participó en la Segunda Guerra  
Mundial donde sufrió heridas emocionales y físicas. Al recuperarse y al no poder regresar a los campos  
de las batallas decidió cultivar y luchar por uno de sus grandes amores: los niños y la pedagogía. Ese  
regreso lo inspiró y le abrió la oportunidad a reinventar una práctica educativa bastante romántica y  
naturalista, de desarrollo de la individualidad dentro del grupo, pero que, al mismo tiempo podía  
parecerse a un tipo de caos esporádico. Es decir, cuando toda escuela pretendía entregar la materia  
preparada de una forma memorística para el aprendizaje, Sujomlinski planteaba e introducía un  
elemento disruptivo, un problema sin respuesta y sin pasos con ciertas dificultades, dudas sobre los  
saberes, diálogos con sus pares, encuentros y descubrimientos de las libertades por si mismos. Pronto  
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se dieron cuenta que lo difícil provocaba autoorganización, autopoiesis y se convertía en motivación e  
innovación.  
“Libres son quienes crean, no quienes copian, y libres son quienes piensan, no quienes obedecen.  
Enseñar es enseñar a dudar”.  
Galeano, E. (2011). Los hijos de los días. Siglo XXI Editores.  
El gran filósofo, político, jurista, escritor y orador romano Marco Tulio Cicerón decía que la educación  
es el principio en el que descansa la libertad y el engrandecimiento de las sociedades. Encontrarnos  
con la libertad interna, cultivada como aprendientes dentro de los núcleos familiares y/o del sistema  
educativo, para exteriorizarla, ampliarla y aplicarla nos ocasionará la continuidad cultural y social.  
Una educación para y por la “libertad interna y externa” practica las virtudes y el diálogo, la inclusión,  
las diferencias, la tolerancia, el pensamiento, la verdad, la justicia, el autodominio, la sensibilidad  
comunicativa, la integridad, la esperanza, la conciencia, la felicidad y el desarrollo; fomentado las  
generaciones libres y autónomas, pro activas, con un pensamiento crítico y analítico, adaptable a  
circunstancias cambiantes, capaces de transitar por la vida comprendiendo y resolviendo conflictos.  
“Preparar para la vida» –esa perenne e invariable tarea de toda educación- debe significar ante todo el  
cultivo de la capacidad de vivir cotidianamente en paz con la incertidumbre y la ambigüedad, con una  
diversidad de puntos de vista y con la inexistencia de autoridades infalibles y fiables; debe significar la  
instilación de la tolerancia con la diferencia y la voluntad de respetar el derecho a ser diferente; debe  
significar el fortalecimiento de las facultades críticas y autocríticas y el valor necesario para sumir la  
responsabilidad por las elecciones que se hacen y sus consecuencias; debe significar la formación de  
la capacidad para «cambiar los marcos» y para resistir la tentación de huir de la libertad, con la  
ansiedad de la indecisión que acarrea junto con las alegrías de lo nuevo y lo inexplorado”.  
Bauman, Zygmunt, (2001) “Community: Seeking Safety in an Insecure World”, Cambridge, UK, Polity  
Press. Bauman, Zygmunt (2001); pág. 158 - 159.  
El sistema educativo donde todos son aprendientes, protagonistas de la obra, desarrollará una cultura  
de diálogo, autopoietica y autoorganizadora, acercándose cada vez más a la transformación,  
abrazando la otredad.  
En la “pedagogía del oprimido” Paulo Freire postula modelos de cambio, de acción, de ruptura y de  
transformación, de solidaridad, de independencia, de búsqueda, auténticamente humanista integrando  
el individuo interno y externo como aprendientes que tejen y se enriquecen en conjunto, en la medida  
en que olviden y dominen los miedos a la libertad y al pensamiento. Por lo tanto, un educador debe  
mostrar la apertura hacia la transformación educativa creando ese espacio que inspira, provoca,  
innova, motiva, sensibiliza, emociona y por encima de todo libera.  
En uno de sus libros “Cartas” a quien pretende enseñar (1994), invita al educador a formar una  
generación caracterizada por valentía, humildad, confianza, convivencia con todo lo “diferente”,  
reconociendo diferentes puntos de vista, involucrándose en las curiosidades de sus aprenidentes,  
demostrando su gran tolerancia con nosotros mismos como con los demás.  
“La educación que se impone a quienes verdaderamente se comprometen con la liberación no puede  
basarse en una comprensión de los hombres como seres “vacíos” a quienes el mundo “llena” con  
contenidos; no puede basarse en una conciencia especializada, mecánicamente dividida, sino en los  
hombres como “cuerpos conscientes” y en la conciencia como conciencia intencionada al mundo.“  
Paulo Freire. Pedagogía del Oprimido (pág. 70).  
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Nuestro aprendizaje depende mucho de nuestra interacción con la genética, ambiente y sociedad. Nos  
educamos dentro y fuera de diferentes comunidades de aprendizaje, experimentado y no  
experimentado, interactuando y no interactuando, mirando, sintiendo, conversando, observando,  
resolviendo, compartiendo, intercambiando, donde nuestros organismos tienen la oportunidad de  
existir y dentro de esta existencia transformadora, de liberarse también. En otras palabras, vivir la  
libertad interna transformadora.  
Un niño que tiene la oportunidad constante de interactuar, resolver, imitar, jugar con juguetes y/o  
objetos concretos, tiene la oportunidad de desarrollar gran cantidad de habilidades. Los juegos que  
estimulan el desarrollo integral, son herramientas poderosas que pueden potenciar sus habilidades de  
lenguaje, cognitivas, sociales, emocionales y motoras.  
Juegos como el juego estructurado, juego abierto, juego simbólico, juego sensorial, juego social o juego  
activo; aporta beneficios y experiencias únicos, enriqueciendo el desarrollo del niño de diversas  
maneras.  
La importancia de una buena estimulación, y en este caso la estimulación del lenguaje en las edades  
tempranas es algo que generalmente no se discute, tampoco se pueden negar los beneficios que  
reporta a la salud del niño pequeño la lactancia materna, pues son bien conocidas sus ventajas para la  
salud del bebé.  
Como lo dijo Hugo Assman en su libro Placer Y Ternura En La Educacion Hacia Una Sociedad  
Aprendiente: “La comunidad aprendiente se logra mediante la construcción de espacios vivenciales,  
con libertad e independencia”.  
Caso clínico real: impacto de la exposición excesiva a pantallas  
Marco, un niño de dos años y once meses, asistió por primera vez a mi consulta acompañado de ambos  
padres preocupados por sus dificultades comunicativas (tanto expresivas como comprensivas),  
problemas conductuales y emocionales, con altos niveles de frustración ante cualquier evento donde  
no conseguía o no se resolvía la situación de inmediato.  
Durante la primera cita, recolectamos los datos de la historia clinica, observación indirecta e iniciamos  
el proceso de la evaluación. Desde el primer momento, el niño presentaba altos niveles de ansiedad,  
frustración alta, con una capacidad de atención muy limitada, ya que no lograba mantenerse en ninguna  
actividad por más de 30 segundos y tampoco resolvía problemas en los juegos brindados. Asimismo,  
se observó que los juguetes no le llamaban mucha atención, no sabía jugar de manera funcional,  
creativa y evidenciaba una muy marcada dependencia hacia las pantallas.  
Constantemente presentaba una intensa búsqueda del teléfono celular en el bolso de su madre o en  
los bolsillos del padre. En los momentos cuando no lo conseguía, gritaba, se tiraba al piso, lloraba y  
hasta en una ocasión empujó la silla donde estaba sentada su madre. En consultas posteriores, el niño  
continuó mostrando mismas actitudes. Esa intensa necesidad de acceder a dispositivos electrónicos,  
incluyendo la computadora ubicada en el escritorio del consultorio, lo tenía completamente fuera de  
control. Estaba claro, que la interacción humana se desplazó por entornos digitales y provocó  
alteraciones en los procesos de adquisición del lenguaje.  
Uno de los primeros pasos de intervención consistió en reducir progresivamente, hasta eliminar por  
completo, el uso de cualquier dispositivo electrónico, proponiendo paralelamente un plan estructurado  
de juego.  
Nos enfocamos en las recomendaciones puntuales desarrolladas en conjunto con ambos padres,  
quienes se comprometieron a aplicar diariamente los ejercicios recomendados. Se abordaron diversas  
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áreas de forma específica, como: estimulación del habla y los sonidos, juegos para desarrollar la  
comunicación y la interacción, juegos de exploración y motricidad, desarrollo de la imaginación y la  
creatividad, así como refuerzo positivo y seguridad emocional.  
Estimulación del habla y sonidos: Cantar canciones infantiles en español e inglés. Juego del eco: Decir  
palabras, sílabas o sonidos y animar al niño a repetirlas como un eco. Juego de burbujas: Soplar  
burbujas y decir palabras como “arriba”, “grande”, “pequeña”, mientras las explota. Repetición de  
sílabas y vocales, usando los ritmos: (Ej. “la la la”, “ta ta ta”, “pa pa pa”). Aplicar el ejercicio  
esporádicamente jugando. Imitación de gestos y sonidos: Hacer muecas (feliz, triste, sorprendido) y  
sonidos asociados a emociones. Sonidos con objetos: Golpear suavemente diferentes objetos y decir  
“¡pam, pam!”, “¡toc, toc!” para asociar sonidos con palabras. Adivinanza (descriptiva y de escucha).  
Jugar con teléfonos de juguete: Simular conversaciones para incentivar la producción de palabras.  
Jugar con animales, medios de transporte, frutas, verduras, dinosaurios. Leer libros infantiles (empaste  
duro, con texturas, ventas…).  
Juegos para desarrollar la comunicación y la interacción: Insistir en que nos mire cuando le hablamos.  
Jugar con títeres para fomentar el diálogo y la imaginación. Hacer pequeños mandados en casa:  
“Vamos a traer sus zapatos”, “Bote ese papel en el basurero”, “Lleve el carro a su……”. Pedirle que  
identifique y entregue objetos: “Pásame el oso”, “Dame la pelota”. Usar flashcards para trabajar  
vocabulario de diferentes categorías (animales, medios de transporte, alimentos, etc.). Cuentos y  
canciones: lectura diaria con láminas grandes, repetir sílabas y rimas, usar gestos y mostrar objetos  
reales. Juegos de imitación: gestos faciales, sonidos y acciones sencillas (“palmaditas”, “adiós con la  
mano”). Implementar actividades de clasificación por categorías semánticas (por ejemplo, animales  
acuáticos, animales de la granja, alimentos, medios de transporte, entre otros), con el objetivo de  
fortalecer la organización léxica, la categorización conceptual y el acceso al vocabulario de manera  
estructurada y significativa.  
Juegos de exploración y motricidad: Jugar con plastilina para mejorar la motricidad fina. Construir con  
legos o bloques. Ordenar vasitos de colores y diferentes tamaños. Clasificar objetos por forma, color  
o tamaño. Explorar con rompecabezas adecuados para su edad. Implementar actividades orientadas  
al fortalecimiento de la motricidad fina, tales como recorte, ensartado, trazado, plasticina, uso de pinza  
y manipulación de objetos pequeños, con el fin de mejorar la coordinación óculo-manual, la precisión  
y el control de los movimientos necesarios para tareas escolares y de la vida diaria.  
Desarrollo de la imaginación y creatividad: Leer cuentos de empaste duro, señalando y nombrando  
objetos en las imágenes. Jugar con carritos (hacer que anden por la pista, se estacionen, reparar la  
llanta, hacer sonidos). Jugar con algunos personajes como peluches, muñecas/os (darle de comer,  
cantarles, acobijarles).  
Refuerzo positivo y seguridad emocional: Fomentar la autoestima con frases como: “¡Muy bien!”,  
“¡Excelente!”, “¡Qué campeón!”. Celebrar sus logros con sonrisas, aplausos y entusiasmo. Trabajar  
juntos en recoger juguetes y ordenar el espacio.  
Después de un trabajo de dedicación por parte de la familia y del proceso llevado en las terapias  
semanales, el niño comenzó a mostrar importantes avances en diferentes áreas de su desarrollo. Inició  
el proceso de lenguaje oral y evidenció grandes mejorías en la atención, la concentración, la regulación  
emocional, la cognición y la interacción general. Incluso despertó interés por ciertas categorías  
semánticas específicas, como los animales, los medios de transporte, legos, entre otros. Ahora lo veía  
llegar a sus terapias con un libro y con un juguete. Nos olvidamos por completo de la existencia de las  
pantallas.  
CONCLUSIONES  
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El uso de pantallas digitales representa uno de los fenómenos más influyentes en el desarrollo en  
general y especialmente en el del lenguaje y la comunicación. Si bien la tecnología ofrece múltiples  
beneficios, su uso excesivo y no mediado puede generar alteraciones en procesos fundamentales  
como la adquisición del lenguaje, la atención y la interacción social.  
El desarrollo del lenguaje no puede comprenderse de manera aislada del contexto emocional y del  
contexto social. La interacción humana significativa sigue siendo fundamental para el desarrollo  
comunicativo, especialmente en la infancia.  
Por lo tanto desde una perspectiva interdisciplinaria, es sumamente importante tomar en cuenta que  
profesionales de la salud, educación y familias trabajen de manera conjunta para promover un uso  
equilibrado de la tecnología, favoreciendo entornos sanos y de estimulación adecuada.  
Finalmente, se destaca la necesidad de continuar investigando esta temática desde diversos enfoques  
integradores, que permitan comprender de la mejor forma posible la complejidad del fenómeno y  
diseñar diversas estrategias de prevención e intervención efectivas, éticas y humanizadas.  
Hablando un poco de todo, de la neurología, neurologopedia, neurociencia, neuropedagogía nos  
encontramos con una amplia lista de dificultades como: pérdida del lenguaje expresivo o/y  
comprensivo, pérdida de de la voz, pérdida de lectura o/y escritura, pérdida de la memoria, pérdida de  
la identidad, pérdida de la audición, perdida de la visión, entre otras.  
Y así debido al uso excesivo de las pantallas; ¿Estaremos perdiendo nuestra capacidad de diálogo?  
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