INTRODUCCIÓN
La educación inclusiva representa uno de los compromisos más exigentes que los sistemas educativos
contemporáneos han asumido frente a la diversidad humana. Desde la Declaración de Salamanca
(UNESCO, 1994) hasta la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (ONU,
2006) y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ONU, 2015), la meta de garantizar una educación de
calidad para todos, sin distinción de condición, origen o capacidad, ha adquirido progresivamente
fuerza normativa, ética y política a escala global. Sin embargo, la distancia entre la formulación de
estas metas y su traducción efectiva en las prácticas cotidianas de las instituciones educativas sigue
constituyendo uno de los problemas más persistentes y complejos de la agenda educativa en América
Latina.
En Colombia, este proceso ha seguido una trayectoria que inicia con la Constitución Política de 1991,
la cual estableció los fundamentos del Estado Social de Derecho y reconoció la educación como
derecho fundamental; la Ley 115 de 1994 organizó el sistema educativo bajo principios de equidad y
diversidad; el Decreto 1421 de 2017 formalizó el marco normativo específico para la atención educativa
de la población con discapacidad en el marco de la educación inclusiva y la ley 2216 de 2022 promueve
la educación inclusiva y el desarrollo integral de niñas, niños, adolescentes y jóvenes con
trastornos específicos de aprendizaje. Este conjunto normativo representa un avance sustantivo. No
obstante, su implementación efectiva ha sido desigual, fragmentada y, en muchos casos, reducida a
una lógica de cobertura estadística que desdibuja la profundidad conceptual que la inclusión exige
(Ruiz, 2019; Pita, 2020; Echeverri, 2020).
Una de las explicaciones más recurrentes en la literatura especializada apunta a un fenómeno que
trasciende los recursos materiales o las estructuras administrativas: la comprensión que los actores
educativos construyen sobre la política pública de educación inclusiva determina, en gran medida, el
alcance y la calidad de su implementación (Grindle, 2000; Soto, 2008; Ruiz, 2019). Los directivos
docentes, los docentes de apoyo y los orientadores escolares ocupan posiciones estratégicas en este
proceso. Son simultáneamente receptores de la política, intérpretes de sus mandatos y agentes
responsables de traducirla en condiciones pedagógicas, organizativas y culturales. Su comprensión de
la norma no es un asunto meramente técnico: es un acto hermenéutico cargado de representaciones
sociales, trayectorias formativas, creencias sobre la diferencia y concepciones sobre el rol de la
escuela (Gadamer, 1977; Moscovici, 1979; Ocampo, 2015).
La investigación internacional y latinoamericana ha documentado con creciente rigor las tensiones que
emergen en este proceso. Estudios realizados en España (Miranda et al., 2018; Turienzo y Manso,
2020), Chile (López et al., 2018; Sotomayor et al., 2020; Inostroza y Pavez, 2023), México (Mendoza,
2018; Echevarría et al., 2022), Costa Rica (Miranda & Rosalba, 2018; Ruiz et al., 2021) y Colombia (Reyes
et al., 2020; Peñas y Cárdenas, 2020; Pita, 2020) coinciden en señalar que la apropiación real de las
políticas de inclusión por parte de los equipos directivos y de apoyo es heterogénea, frecuentemente
superficial y marcada por concepciones restrictivas que asocian la inclusión casi exclusivamente con
la discapacidad, excluyendo otras formas de diversidad que la política contempla. Esta reducción
conceptual no solo limita el alcance de las prácticas inclusivas, sino que reproduce lógicas de exclusión
al interior del propio sistema que debería combatirlas.
En Colombia, a pesar del marco normativo progresista vigente, la investigación sobre la comprensión
que los actores directivos tienen de la política de educación inclusiva es aún incipiente, fragmentada y
concentrada geográficamente. Los estudios disponibles revelan que la formación específica de
directivos para la gestión de la inclusión es insuficiente, que la articulación entre los niveles de política
y las prácticas institucionales es débil, y que persisten representaciones sociales que obstaculizan una
apropiación crítica y transformadora de la norma (Ruiz, 2019; Reyes et al., 2020; Ramírez, 2020). Este
panorama justifica la necesidad de una revisión sistemática que organice, analice y sintetice la
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 1851.