advertencias provengan de quien ayudó a redactar el instrumento —y de que no hayan sido recogidas
en su arquitectura normativa— revela con precisión el problema que este artículo analiza: no la falta de
voluntad individual de quienes diseñaron el sistema, sino la lógica estructural que lo gobierna con
independencia de las intenciones de sus constructores.
Este mecanismo opera con independencia de si existe o no una inscripción formal ante la UNESCO. El
Estado mexicano lo demuestra con claridad: aunque la medicina tradicional mazateca no figura en
ninguna lista de patrimonio cultural inmaterial de la UNESCO, la Secretaría de Turismo ha construido
durante años un dispositivo de patrimonialización turística que convierte las veladas, el legado de
María Sabina y los rituales con hongos en atractivos culturales para visitantes nacionales e
internacionales (Nájera-Espinosa, 2020). El resultado práctico es el mismo que produciría la inscripción
formal: el saber es separado de su contexto, simplificado para el consumo externo y puesto en
circulación como mercancía. La caja que Gnecco (2014) describe —el patrimonio como objeto
gestionable separado de los procesos políticos y relacionales que lo producen— se construye con
herramientas turísticas igual que con herramientas jurídicas internacionales.
Para comprender la escala completa en que opera este mecanismo, es útil el concepto de
biocolonialidad del poder que Cajigas-Rotundo (2007) desarrolló en diálogo con la ecología política y
la colonialidad del poder de Quijano. La biocolonialidad del poder designa el sistema histórico de
dominación que articula las relaciones coloniales con las formas de control sobre los recursos
biológicos y genéticos de las periferias del sistema-mundo, operando simultáneamente en tres escalas:
la escala macro o geopolítica —la división global del trabajo epistémico que convierte al Sur Global en
proveedor de materia prima cognitiva y biológica mientras el Norte Global produce valor añadido,
conocimiento patentable y riqueza comercializable—; la escala meso o biopolítica —las regulaciones
estatales e internacionales que gobiernan qué sustancias son legales, quién puede acceder a ellas y
bajo qué condiciones, como la Ley de Sustancias Controladas o el artículo 3(b) de la Convención
UNESCO—; y la escala micro o corpopolítica —la violencia que opera sobre el cuerpo específico de la
sabedora mazateca, cuya práctica es alterada por la presión del turismo, cuyo conocimiento es extraído
por el etnobotánico, cuyo tiempo y energía son subvalorados por el mercado—. Este marco de tres
escalas es analíticamente superior al que el DPA provee solo porque nombra la continuidad estructural
entre el nivel macro de la apropiación corporativa (COMPASS Pathways, el mercado de 6,850 millones
de dólares), el nivel meso de la regulación patrimonial y farmacéutica (PCI-UNESCO, FDA, Convención
sobre Sustancias Psicotrópicas de 1971), y el nivel micro de la despossesión cotidiana de la chijoan
que recibe 150 dólares mientras el facilitador occidental cobra 10,500. La biopiratería, vista desde la
biocolonialidad del poder, no es un episodio de mala práctica corporativa: es el funcionamiento
ordinario de un sistema que produce esa distribución como su resultado normal.
A este fenómeno es útil añadir el concepto de biopiratería anticipatoria: la apropiación que ocurre antes
de que haya inscripción formal, precisamente porque la posibilidad de esa inscripción ya existe. Las
sabedoras mazatecas que deciden qué aspectos de su práctica pueden mostrarse al turista y cuáles
deben quedar ocultos están respondiendo a la presión de un sistema que no las ha capturado todavía
pero que podría hacerlo en cualquier momento. Esa respuesta altera la práctica, aunque la inscripción
formal no haya ocurrido. El régimen patrimonialista no necesita inscribir para producir efectos: le basta
con existir como posibilidad.
Toledo y Barrera-Bassols (2008) llaman memoria biocultural al sistema integrado de saberes,
prácticas, lenguas, territorios y relaciones que los pueblos indígenas han construido durante milenios.
Su característica definitoria es que no puede descomponerse en partes sin dejar de ser lo que es: el
conocimiento del hongo sagrado mazateco no existe separado del territorio donde crece, de la lengua
en que se transmite, de las relaciones de reciprocidad con la planta, de la cosmología que le da eficacia.
Cuando el DPA exige documentar ese conocimiento en los términos de sus categorías —expresión oral,
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 1903.