Virus pedagógicos: una taxonomía teórica de actitudes  
negativas y su propagación psicosocial en el aula  
Pedagogical viruses: a theoretical taxonomy of negative attitudes and their  
psychosocial spread in the classroom  
José María López Valdez  
Escuela Normal Lic. J. Guadalupe Mainero  
Matamoros México  
Emilia García Pineda  
Supervisora de la zona Norte de Tam  
Matamoros México  
Gabriel Guzmán Velázquez  
Escuela Normal Lic. J. Guadalupe Mainero  
Matamoros México  
Artículo recibido: 11 de febrero de 2026. Aceptado para publicación: 25 de junio de 2026.  
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.  
Resumen  
El presente artículo analiza las posturas y actitudes negativas que emergen en el aula escolar,  
conceptualizadas bajo el término de "virus pedagógicos". El objetivo principal es examinar cómo estas  
percepciones limitantes se propagan entre los discentes a través de la interacción social y el  
aprendizaje por imitación, deteriorando el clima áulico y el proceso de enseñanza-aprendizaje.  
Mediante una investigación cualitativa de diseño documental y alcance descriptivo-analítico, se  
integraron y reinterpretaron los postulados de la teoría sociocultural de Vygotsky, el aprendizaje social  
de Bandura y la memética de Dawkins. Los resultados establecen una taxonomía teórica que clasifica  
estos fenómenos en dos ejes principales: virus psicológicos (indefensión aprendida, mentalidad fija y  
erosión de la autoeficacia) y virus cognitivo-sociales (conformismo colectivo y holgazanería social).  
Se concluye que el bajo rendimiento y la apatía escolar trascienden el déficit cognitivo individual,  
constituyendo un fenómeno de contagio psicosocial. Por ende, se revaloriza el rol del docente como  
un gestor comunitario indispensable para la prevención y desarticulación de estas patologías  
académicas.  
Palabras clave: virus pedagógicos, interacción social, contagio psicosocial, clima áulico,  
aprendizaje por imitación  
Abstract  
This article analyzes the negative postures and attitudes that emerge in the classroom, conceptualized  
under the term "pedagogical viruses." The main objective is to examine how these limiting perceptions  
spread among students through social interaction and observational learning, deteriorating the  
classroom climate and the teaching-learning process. Through qualitative research with a descriptive-  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 2033.  
analytical documentary design, the postulates of Vygotsky's sociocultural theory, Bandura's social  
learning, and Dawkins' memetics were integrated and reinterpreted. The results establish a theoretical  
taxonomy that classifies these phenomena into two main axes: psychological viruses (learned  
helplessness, fixed mindset, and erosion of self-efficacy) and cognitive-social viruses (collective  
conformity and social loafing). It is concluded that low academic performance and school apathy  
transcend individual cognitive deficits, constituting a psychosocial contagion phenomenon. Therefore,  
the role of the teacher is revalued as an essential community manager for the prevention and  
dismantling of these academic pathologies.  
Keywords: pedagogical viruses, social interaction, psychosocial contagion, classroom climate,  
observational learning  
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Cómo citar: López Valdez, J. M., García Pineda, E., & Guzmán Velázquez, G. (2026). Virus  
pedagógicos: una taxonomía teórica de actitudes negativas y su propagación psicosocial en el aula.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 7 (3), 2033 2044.  
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ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 2034.  
INTRODUCCIÓN  
El proceso de enseñanza-aprendizaje posee una gran complejidad y no es meramente cognitivo, pues  
sobre él inciden multitud de factores pertenecientes a diferentes áreas, como los psicológicos,  
emocionales o sociales. El aula es un contexto en el que hay predisposición a la interacción, pues su  
sistema organizativo docente-discente así lo estructura. La percepción del entorno áulico como un  
espacio social ha sido concebida y desarrollada por psicólogos como Vygotsky, afirmando que la  
construcción de conocimiento está ligada a la socialización del mismo, surgiendo en primera instancia  
de lo comunitario para posteriormente interiorizarlo. Bajo esta premisa de la interacción social  
sucedida dentro del principal contexto de aprendizaje escolar, el aula, se desprenden elementos que  
pueden potenciar o limitar la educación. Las actitudes que tome un estudiante ante la escuela no se  
limitan al individualismo, en un entorno social como el aula las posturas expuestas por un discente son  
imitadas por sus compañeros y condicionan en gran medida el proceso de enseñanza-aprendizaje.  
Las posturas y actitudes negativas que emergen en el aula dan lugar a lo que en este artículo se  
denomina virus dentro del aula, aquellas ideas negativas dentro del grupo y contexto escolar  
propagadas a través de la interacción social que, al influir en comportamientos académicos, afectan el  
clima de aprendizaje y representan un retroceso para la educación. La relevancia de dichos virus es  
atribuida a sus diversas consecuencias, entre las que destacan el bajo rendimiento, estrés académico,  
abandono escolar y ambientes de aprendizaje negativos. La comprensión de estos fenómenos  
educativos puede darse bajo múltiples enfoques, ya sea con la psicología educativa, la sociología de  
la educación, la pedagogía o la teoría sociocultural. Por lo tanto, el presente artículo tiene como objetivo  
analizar los virus psicológicos y cognitivo-sociales presentes en el aula, así como su influencia en el  
proceso educativo.  
METODOLOGÍA  
El presente trabajo está circunscrito dentro de un paradigma de investigación cualitativa, llevando a  
cabo un diseño documental y de alcance descriptivo-analítico. Al entender el salón de clases como un  
contexto complejo en el que se relacionan factores psicológicos y socioculturales, la metodología  
empleada ignora la cuantificación de variables para enfocarse meramente en la comprensión profunda,  
la interpretación y la articulación de marcos teóricos preexistentes. El objetivo metodológico principal  
ha sido concretar, dar seguimiento, agrupar y reinterpretar fenómenos tanto conductuales como  
cognitivos ampliamente estudiados, para designarlos a través de la nueva categoría analítica de "virus  
pedagógicos".  
Para lograr lo anterior, la investigación realizada constó de dos fases fundamentales: la fase heurística  
(búsqueda y recopilación de fuentes) y la fase hermenéutica (análisis, interpretación y síntesis teórica).  
Durante la fase heurística, se realizó una revisión bibliográfica exhaustiva y selectiva de literatura  
científica en las áreas de la psicología educativa, la psicología social, la sociología de la educación y la  
pedagogía crítica. No hubo discriminación en el origen de las fuentes, puesto que los virus pedagógicos  
son universales, en cuanto a que no toman en cuenta al modelo educativo, si hay un aula hay riesgo de  
virus pedagógicos, no importa la ubicación geográfica; por ende, bibliografía en lengua inglesa fue  
también incluida en esta etapa heurística. Se priorizaron las obras y teóricos que detallan las dinámicas  
de grupo, la influencia social y los procesos cognitivos alterados por el entorno, rescatando postulados  
clásicos de autores como Lev Vygotsky, Albert Bandura, Richard Dawkins, Solomon Asch y Martin  
Seligman. La recolección de datos teóricos se enfocó en identificar los mecanismos de contagio  
cultural, la imitación de conductas y las distorsiones cognitivas que emergen en espacios compartidos  
como lo son las aulas de clase.  
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Posteriormente, en la fase hermenéutica, se aplicó la técnica de análisis de contenido cualitativo para  
procesar la información recabada. Se estableció un puente conceptual entre la biología, la memética  
de Dawkins y los fenómenos del aula. En este las teorías psicológicas y sociales (como la indefensión  
aprendida, el conformismo colectivo o la holgazanería social) dejaron de percibirse como fenómenos  
aislados que no repercuten en las secuencias didácticas desarrolladas dentro del salón de clases, para  
ser categorizados sistémicamente como "virus". Esta categorización se organizó en ejes temáticos  
(psicológicos y cognitivo-sociales) según su origen y su vía de transmisión entre los discentes.  
Con dicho rigor metodológico se contrastan múltiples posturas conceptuales bajo el eje transversal  
del aprendizaje por imitación y la interacción social, siendo posible explicar cómo las actitudes y  
percepciones negativas mutan, se propagan y logran institucionalizarse dentro de la cultura áulica,  
afectando de manera directa el proceso de enseñanza-aprendizaje.  
DESARROLLO  
Dentro de las ciencias sociales, diversos autores han hecho énfasis en que las ideas, creencias y  
actitudes pueden esparcirse dentro de círculos de convivencia humana. Similar a la propagación de un  
virus biológico, ciertos aspectos culturales se transmiten entre individuos a través de la comunicación,  
observación e imitación. La comparación anterior se ha presentado con el propósito de comprender la  
manera en que ciertas ideas pueden replicarse extensivamente dentro de una misma comunidad,  
alterando el comportamiento colectivo. En la educación, el análisis de dicho fenómeno de imitación,  
representa el entendimiento de que los factores con incidencia en el proceso educativo no se limitan  
al ámbito individual, sino que determinan las pautas de aprendizaje para el grupo en general.  
La analogía del virus actitudinal guarda estrecha relación con la concepción de “meme” que tiene  
Dawkins (1976) al plantearlo como la transmisión de aspectos culturales que pretende la dispersión  
de los mismos siguiendo un proceso de imitación (p. 212). Dawkins señala que, al apropiarnos de un  
“meme” se nos convierte en transmisores de este “de la misma forma que un virus puede parasitar el  
mecanismo genético de una célula anfitriona” (p. 213). Según este planteamiento, las características  
culturales como ideas, valores o comportamientos pueden difundirse de manera similar a la  
preservación de los genes en los procesos biológicos. Dicha transmisión ocurre mediante la imitación  
y comunicación, aspectos inherentes a cualquier etapa del proceso educativo.  
La teoría del aprendizaje social percibe al entorno como un incitador de la apropiación de conocimiento,  
para lo cual destaca el aprendizaje por imitación. Bandura y Walters (1974) afirman que:  
La imitación juega un papel importante en la adquisición de la conducta desviada de la adaptada. Al  
observar la conducta de los demás y las consecuencias de sus respuestas, el observador puede  
aprender respuestas nuevas o variar las características de las jerarquías de respuestas previas, sin  
ejecutar por sí mismos ninguna respuesta manifiesta ni recibir ningún refuerzo directo. (p. 44)  
Es así que los “memes” culturales se expanden al ser imitados por multitud de individuos y son  
adoptados por grupos sociales. Dentro del ámbito educativo, comprender la existencia del aprendizaje  
por imitación resulta necesario para identificar los virus dentro del aula, los cuales afectan al  
desempeño académico y que están presentes tanto en los discentes como docentes. Cuando las  
dinámicas de transmisión cultural llegan al contexto escolar, algunas percepciones sobre la educación  
pueden circular entre el alumnado y pasar de casos particulares a lo general. Comentarios  
aparentemente simples como que una asignatura es muy difícil, el horario es muy largo o que el  
esfuerzo académico no tiene sentido, son capaces de moldear el comportamiento de los alumnos  
respecto al estudio. En cuanto a los docentes, estos también propagan ideologías y costumbres, como  
la ausencia de planeación, carencia de evaluación formativa o rechazo a nuevos planes y programas  
de estudio.  
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El enfoque sociocultural del aprendizaje, implica el reconocimiento de la imitación como parte del  
proceso educativo, Vygotsky (1978) sostiene que el desarrollo cognitivo se produce a través de la  
propia interacción social. Las funciones psicológicas superiores surgen inicialmente en el plano social  
y posteriormente son interiorizadas. Lo anterior significa que gran parte de las actitudes, creencias y  
percepciones educativas son creadas dentro del mismo contexto escolar, lugar donde es posible la  
interacción entre pares. Por tanto, el aula emerge como un espacio que trasciende el traspaso de solo  
conocimientos, llegando hasta las interpretaciones colectivas de la valorización del aprendizaje. Es  
entonces que las ideas negativas se expanden dentro del salón de clases y se convierten en un contagio  
cognitivo que deteriora el clima áulico.  
Virus Psicológicos en el Aula  
Siguiendo la premisa del aprendizaje por imitación, en una escala individual, las primeras estructuras  
afectadas tras la apropiación de percepciones, dada la interacción entre discentes, son las de carácter  
psicológico. La externalización por parte de un alumno en cuanto a una noción de incapacidad o  
frustración cognitiva, actúa tal cual lo hace un agente patógeno, en el entendido que tras difundirse  
ocasiona estragos que comprometen la efectividad del proceso de aprendizaje en el grupo.  
La percepción de los alumnos como receptores de conocimiento susceptibles a cualquier estímulo es  
ampliamente conocido. Montessori (1986) cataloga que los niños y niñas, especialmente en edades  
tempranas, cuentan con mentes absorbentes asimilando el conocimiento de su entorno de manera  
natural y sin esfuerzo consciente. Es precisamente esta característica, la ausencia de conciencia, la  
que vuelve al correcto actuar pedagógico del docente imprescindible. La población estudiantil no  
entiende la magnitud del impacto que tienen sus palabras en primera instancia para sí mismo, pero  
también para sus similares.  
La Indefensión Aprendida  
Maier y Seligman (1976), constituye la idea de la indefensión aprendida como la situación en la que un  
sujeto, tras ser expuesto a casos negativos, forma la percepción de que su actuar es irrelevante para  
los resultados. Esta concepción puede fácilmente ser trasladada al aula, en un evento recurrente dentro  
de dicho contexto, un alumno que fracasa repetidamente en una tarea de matemáticas desarrolla la  
creencia de que no importa cuánto lo intente nunca obtendrá el resultado correcto. La frustración le  
impide usar correctamente sus procesos cognitivos para completar correctamente el procedimiento.  
La gravedad del caso no cesa, como lo explicó Dawkins (1976), esta idea pasa a ser parte de la  
identidad cultural de la comunidad, en este caso el grupo de alumnos, y comienza a esparcirse.  
Eventualmente y dada la intervención o no del docente, el grupo podría asumir que la actividad es  
imposible y, en consecuencia, dejar de esforzarse.  
La Mentalidad Fija  
La mentalidad fija es caracterizada por la generalización de que las cualidades personales, como son  
la inteligencia o ciertos talentos, son de naturaleza estática e inalterables desde el nacimiento (Dweck,  
2014). Es bajo este razonamiento que el lenguaje áulico puede alterar la cultura educativa del salón de  
clases, comentarios como "él es el inteligente, nosotros no" propaga el virus de que el esfuerzo no rinde  
frutos si no se nace con el talento. Demostrando que en una etapa donde el sujeto es sumamente  
receptivo, hasta un comentario puede moldear su comportamiento escolar.  
La Erosión de la Autoeficacia Académica  
La autoeficacia es el conjunto de juicios que se realizan acerca de las capacidades particulares de cada  
individuo para organizar y llevar a cabo las acciones requeridas con la intención de alcanzar  
determinados niveles de desempeño (Bandura, 1997). La autoeficacia en un entorno académico es  
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algo que siempre está presente, pero es difícil de reconocer, puesto que carece de referentes visuales  
para nuestros ojos. Sin embargo, dada la incidencia que tiene sobre los procesos áulicos es digno de  
análisis. Un ambiente donde predomina la burla por parte del maestro o del resto de alumnos ante el  
error genera barreras psicológicas. El alumno preferirá no participar para evitar exponerse, esta  
conducta de evitación se replicará en el salón de clases; impidiendo así la intervención y participación  
del alumnado, complicando el proceso de enseñanza-aprendizaje.  
Virus Cognitivo-Sociales  
Contrario a los efectos de los virus psicológicos que afectan las estructuras internas del yo, los virus  
cognitivo-sociales yacen en la interacción sistémica del grupo. En este sentido, el conocimiento se  
deforma más allá de las percepciones propias, es mediado por la presión social, las normas implícitas  
y la búsqueda de un sentido de pertenencia al colectivo.  
El diferir entre el actuar individual del alumno y las tendencias del resto del grupo le da la oportunidad  
a los virus cognitivo-sociales de consolidarse. El deseo de pertenencia al grupo o la influencia de la  
mayoría "contamina" el razonamiento lógico y la participación académica.  
Conformismo Colectivo  
El conformismo cognitivo hace acto de presencia a un individuo alterando su propio juicio para estar  
en sintonía con la opinión popular, sin importar la veracidad de esta. A través de este proceso se  
demuestra cómo la necesidad de pertenencia y el miedo al aislamiento social llegan a ser capaces de  
invalidar la percepción sensorial directa del sujeto, provocando un conflicto entre la realidad física y la  
presión social (Asch, 1952). En el aula, la realidad académica es dependiente de la aceptación social.  
Si varios alumnos expresan que una lección es "aburrida" y la idea se propaga lo suficiente, el individuo  
silencia su propio juicio para no ser excluido. De igual manera la valorización de la información o  
conceptos está sujeta al rechazo o aceptación. La apropiación de lo popular puede llegar a ser positivo,  
si los elementos se perciben como “útiles” o “interesantes” la secuencia didáctica se vuelve más eficaz,  
pero dada la inconsistencia y volatilidad de este fenómeno social no es algo con lo que el docente  
pueda potenciar sus planos didácticos.  
La Holgazanería Social  
La holgazanería social es la reducción del esfuerzo individual cuando las personas trabajan en una  
modalidad colaborativa para una tarea, en comparación a cuando el trabajo es de forma independiente.  
Este fenómeno surge principalmente porque, en un grupo, la responsabilidad del resultado final se  
distribuye entre todos los miembros, lo que disminuye la presión por el desempeño personal (Latané  
et al., 1979). Este es un virus cuya transmisión es rápida; en trabajos por proyectos o actividades  
colaborativas es la principal barrera que se enfrenta y por la cual dichas modalidades están tan  
estigmatizadas. Al diluirse la noción de responsabilidad personal, dada las pequeñas aportaciones de  
los diferentes miembros del equipo, se aparenta el avance inclusive cuando alguno no haga nada; esta  
pasividad se dispersa, uno no trabaja y a simple vista no hay consecuencias, por lo que los demás  
reducen su ritmo de trabajo por un sentido de injusticia percibida. Una manifestación clara en el aula  
es cuando, dentro de un equipo de trabajo, la pasividad del alumno, percibido como líder informal por  
el resto, "infecta" el desempeño de los demás, quienes adoptan una postura de "mínimo esfuerzo",  
comprometiendo la calidad del proceso y, eventualmente, el producto final.  
Problemas psicológicos en el aula  
Desde una perspectiva teórica, los problemas psicológicos en el aula pueden entenderse como  
alteraciones emocionales, conductuales o cognitivas que dificultan la adaptación del estudiante al  
entorno escolar. Estas dificultades no siempre corresponden a trastornos clínicos diagnosticados, sino  
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que en muchos casos se presentan como señales de malestar que, si no se atienden a tiempo, pueden  
agravarse. La teoría sociocultural de Lev Vygotsky permite comprender que el aprendizaje está  
profundamente influido por el contexto social, lo que significa que un ambiente escolar negativo puede  
afectar el desarrollo emocional del estudiante. A su vez, la teoría ecológica de Urie Bronfenbrenner  
explica que factores como la familia, la escuela y el entorno social interactúan constantemente,  
influyendo en la conducta y el bienestar psicológico. Complementariamente, la teoría del aprendizaje  
social de Albert Bandura señala que muchas conductas se adquieren mediante la observación, lo que  
resulta clave para entender fenómenos como la agresividad o el acoso escolar.  
Dentro del aula, uno de los problemas más frecuentes es la ansiedad escolar, la cual se manifiesta  
como una preocupación intensa ante situaciones académicas o sociales, como los exámenes, la  
participación en clase o el miedo a equivocarse. Los estudiantes que experimentan ansiedad suelen  
tener dificultades para concentrarse, pueden bloquearse durante evaluaciones y, en algunos casos,  
presentar síntomas físicos como dolor de cabeza o malestar estomacal. Este problema se relaciona  
estrechamente con la presión académica, la cual, cuando es excesiva, puede generar estrés crónico y  
afectar la motivación hacia el aprendizaje. De manera similar, la depresión en el contexto escolar no  
siempre es evidente, ya que en niños y adolescentes suele expresarse a través de irritabilidad,  
desinterés, aislamiento o bajo rendimiento, lo que puede llevar a interpretaciones erróneas por parte  
de los docentes si no se cuenta con la formación adecuada.  
Otro aspecto relevante son los problemas de conducta, los cuales incluyen dificultades para controlar  
impulsos, seguir normas o manejar la frustración. Estas conductas pueden manifestarse como  
agresividad, desobediencia o conflictos constantes con compañeros y profesores. En muchos casos,  
estas respuestas no son simplemente actos de indisciplina, sino expresiones de un malestar  
emocional más profundo. En este sentido, el acoso escolar o bullying representa uno de los factores  
de mayor impacto en la salud mental de los estudiantes. La violencia repetida, ya sea física, verbal o  
social, puede generar ansiedad, depresión, aislamiento y bajo rendimiento académico. Datos de la  
UNESCO indican que una proporción significativa de estudiantes ha experimentado este tipo de  
situaciones, lo que evidencia la magnitud del problema a nivel global.  
Asimismo, la baja autoestima constituye un factor clave en el desarrollo de dificultades psicológicas,  
ya que influye directamente en la forma en que el estudiante percibe sus capacidades. Un  
autoconcepto negativo puede provocar miedo al error, evitación de retos académicos y dependencia  
constante de la aprobación externa. Este tipo de percepciones se ve fuertemente influenciado por el  
entorno escolar, especialmente por la relación con docentes y compañeros, así como por el clima  
general del aula.  
Los problemas psicológicos en el aula no surgen de manera aislada, sino que responden a múltiples  
factores. La presión académica excesiva, un clima escolar negativo, la presencia de violencia o  
discriminación y las condiciones familiares adversas, como conflictos en el hogar o falta de apoyo  
emocional, contribuyen significativamente a su aparición. La escuela, en muchos casos, se convierte  
en el espacio donde estos problemas se hacen visibles, ya sea a través de cambios en el  
comportamiento, el rendimiento académico o la interacción social del estudiante.  
En el contexto escolar, existen diversas señales que pueden alertar sobre la presencia de malestar  
psicológico, como el descenso repentino en el rendimiento, el aislamiento social, la irritabilidad  
constante, las ausencias frecuentes o la falta de interés en actividades que antes resultaban atractivas.  
La detección temprana de estas señales es fundamental, ya que permite intervenir antes de que las  
dificultades se intensifiquen. Tanto la Organización Mundial de la Salud como la UNESCO destacan la  
importancia de identificar estos indicadores como parte de 4 una estrategia preventiva en salud  
mental.  
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Las consecuencias de estos problemas no se limitan al ámbito emocional, sino que impactan  
directamente en el proceso educativo. Las dificultades psicológicas afectan funciones cognitivas  
esenciales como la atención, la memoria y la concentración, lo que se traduce en bajo rendimiento  
académico. Además, pueden generar ausentismo escolar, dificultades en la convivencia y, en casos  
más graves, abandono escolar. Existe una relación bidireccional entre el aprendizaje y la salud mental,  
ya que el malestar emocional afecta el desempeño académico, y las experiencias escolares negativas,  
a su vez, refuerzan ese malestar.  
Frente a esta situación, resulta fundamental que las instituciones educativas implementen estrategias  
de prevención e intervención. La creación de un clima escolar positivo, basado en el respeto, la  
inclusión y la seguridad emocional, es uno de los principales factores protectores. Asimismo, la  
educación socioemocional permite que los estudiantes desarrollen habilidades como la empatía, la  
autorregulación y la resolución de conflictos. La capacitación docente también juega un papel clave,  
ya que los profesores son quienes tienen mayor contacto con los estudiantes y pueden identificar  
señales de alerta de manera temprana. Finalmente, la colaboración entre escuela, familia y  
profesionales de la salud es esencial para abordar de manera integral los problemas psicológicos.  
El “virus pedagógico” de la desinformación digital en los procesos educativos  
Uno de los subtemas menos comunes, pero más importantes dentro del estudio de los virus  
pedagógicos es la manera en que la desinformación digital funciona como un “virus educativo” capaz  
de alterar la construcción del conocimiento, el pensamiento crítico y la percepción de la realidad dentro  
de las aulas. Actualmente, diversos investigadores y organismos internacionales han comenzado a  
utilizar metáforas epidemiológicas para explicar cómo ciertas ideas falsas, teorías sin evidencia  
científica o contenidos manipulados se propagan rápidamente entre estudiantes y docentes mediante  
redes sociales, plataformas digitales y entornos virtuales de aprendizaje. Este fenómeno no solo afecta  
la calidad de la educación, sino también la capacidad de los alumnos para distinguir entre información  
científica y contenido engañoso. La UNESCO señala que la desinformación educativa se ha convertido  
en un problema global debido a que los estudiantes están expuestos diariamente a grandes cantidades  
de información manipulada, lo que provoca confusión cognitiva, pérdida de confianza en la ciencia y  
debilitamiento de la alfabetización mediática. Asimismo, investigaciones recientes indican que las  
emociones, los algoritmos digitales y las cámaras de eco facilitan la expansión de este “virus  
pedagógico”, ya que los individuos tienden a consumir y compartir información que confirma sus  
creencias previas, incluso cuando dicha información carece de fundamentos académicos.  
Desde una perspectiva científica y pedagógica, este virus educativo se relaciona directamente con la  
disminución del pensamiento crítico y la sobrecarga informativa que experimentan los estudiantes en  
la era digital. Estudios contemporáneos sobre alfabetización mediática demuestran que muchos  
alumnos presentan dificultades para verificar fuentes académicas, identificar noticias falsas o  
reconocer sesgos ideológicos en contenidos virales. Esto genera un entorno educativo vulnerable  
donde los conocimientos erróneos pueden reproducirse de forma similar a una infección social.  
Algunos especialistas incluso utilizan el concepto de “zombies educativos” para describir aquellas  
ideas pedagógicas falsas que continúan circulando dentro de las escuelas a pesar de haber sido  
desacreditadas científicamente, como ciertos mitos sobre estilos de aprendizaje o métodos  
milagrosos de enseñanza. De igual manera, investigaciones sobre difusión de información en redes  
sociales evidencian que la propagación de contenidos falsos no ocurre de forma accidental, sino que  
está influenciada por factores psicológicos, emocionales y tecnológicos que incrementan su alcance  
y permanencia. En consecuencia, la educación contemporánea enfrenta el desafío urgente de  
fortalecer competencias de análisis crítico, verificación de información y alfabetización digital para  
evitar que la desinformación siga actuando como un virus capaz de debilitar los procesos de  
enseñanza-aprendizaje y la formación de ciudadanos críticos y reflexivos.  
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RESULTADOS  
Dado el análisis hermenéutico de la literatura seleccionada, el principal hallazgo de esta investigación  
es la consolidación del "virus pedagógico" como concepto del ámbito educativo. Se ha determinado  
que este fenómeno trasciende la mera metáfora coloquial para posicionarse como un mecanismo  
psicosocial observable a través de sus consecuencias para la dinámica grupal. El análisis documental  
confirma que las actitudes negativas y las distorsiones cognitivas dentro del aula operan bajo las  
mismas lógicas de replicación y supervivencia que la memética propuesta por Dawkins y el aprendizaje  
por imitación de Bandura, utilizando la interacción social innata del entorno escolar como su principal  
medio de transmisión.  
Como resultado de la categorización, se estableció una taxonomía de los virus pedagógicos dividida  
en dos principales, las cuales coexisten y se retroalimentan en el espacio áulico: los virus psicológicos  
y los virus cognitivo-sociales. En primer lugar, los virus psicológicos (manifestados a través de la  
indefensión aprendida, la mentalidad fija y la erosión de la autoeficacia) actúan como patógenos que  
afectan las estructuras internas del alumno. Aunque sus repercusiones recaen en el aprendizaje  
individual, el análisis de la literatura sociocultural demuestra que su origen es de naturaleza externa y  
colectiva. Las expectativas negativas, las burlas ante el error y las percepciones estáticas de la  
inteligencia circulan libremente en el salón de clases, siendo inconscientemente absorbidas por los  
discentes, resultando en un bloqueo cognitivo generalizado y un rechazo a la participación académica.  
En segundo lugar, la investigación desveló el mecanismo de acción de los virus cognitivo-sociales, los  
cuales no atacan la autopercepción, sino que deforman la estructura social del aprendizaje.  
Fenómenos como el conformismo colectivo y la holgazanería social demostraron ser altamente  
contagiosos debido a que explotan una necesidad humana básica: el sentido de pertenencia. Los  
resultados del análisis teórico indican que, ante la presión de la mayoría, los discentes prefieren  
silenciar su propio razonamiento lógico o disminuir su esfuerzo intelectual antes que enfrentar el  
aislamiento social. De este modo, la mediocridad académica o el rechazo a las actividades propuestas  
por el docente logran institucionalizarse como la norma aceptada por el grupo.  
Finalmente, el contraste de estas teorías revela que la consecuencia directa de la propagación no  
controlada de estos virus pedagógicos es la degradación del clima áulico. Lejos de funcionar como la  
zona de desarrollo próximo teorizada por Vygotsky (donde la interacción social potencia la  
construcción del conocimiento), el aula infectada se transforma en un entorno que castiga el esfuerzo,  
diluye la responsabilidad individual y obstaculiza la eficacia de cualquier secuencia didáctica,  
convirtiendo el proceso de enseñanza-aprendizaje en una simulación de cumplimiento.  
DISCUSIÓN  
La categorización de los virus pedagógicos propuesta en este estudio invita a una profunda  
reestructuración sobre cómo se concibe la gestión áulica y el rol del docente. Los resultados obtenidos  
sugieren que el fracaso escolar y la apatía no pueden seguir siendo analizados exclusivamente desde  
una óptica de déficit cognitivo individual. Al comprobarse que fenómenos como la indefensión  
aprendida o la holgazanería social operan bajo dinámicas de contagio memético, se evidencia que el  
principal campo de batalla pedagógico no es la mente aislada del estudiante, sino el tejido social que  
lo rodea y el cual es susceptible a “contaminarse”.  
Bajo los paradigmas educativos contemporáneos que sitúan a la comunidad, la interacción y los  
procesos dialógicos en el centro del aprendizaje, la existencia de estos virus representa una amenaza  
sistémica. Si el entorno comunitario del aula es el principal motor de la construcción del conocimiento,  
un tejido social "infectado" por el conformismo o la burla neutraliza cualquier esfuerzo didáctico, por  
más innovador que este sea. En este sentido, los hallazgos de esta investigación redefinen la  
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conceptualización de la responsabilidad docente: el maestro ya no solo es un facilitador del  
conocimiento, sino que debe asumir un rol preventivo y de intervención psicosocial, actuando como un  
mediador del clima emocional y cognitivo capaz de identificar "brotes" actitudinales antes de que se  
integren a la cultura del aula.  
Cabe reconocer, como limitación del presente estudio, que su naturaleza estrictamente documental  
restringe la observación empírica de la velocidad de propagación de estos virus en contextos  
demográficos específicos. Sin embargo, esta limitante abre un área de oportunidad invaluable para  
futuras líneas de investigación. Resulta imperativo trasladar este marco conceptual a la investigación  
de campo, mediante estudios etnográficos e investigaciones de corte acción-participativa en escuelas  
de educación básica, que permitan medir empíricamente cómo las variables contextuales (como el  
nivel socioeconómico o las dinámicas familiares) aceleran o frenan el contagio de los virus  
pedagógicos establecidos en el presente artículo.  
CONCLUSIÓN  
La presente investigación permite concluir que el éxito del proceso de enseñanza-aprendizaje no está  
sujeto exclusivamente a la calidad de los contenidos o de la pericia técnica del docente, sino de la salud  
e integridad del tejido social donde dichos procesos ocurren, el aula de clases. La conceptualización  
de los virus pedagógicos bajo la analogía biológica y memética ofrece una lente necesaria para  
comprender que las conductas de apatía, desinterés e incapacidad no son condiciones estáticas ni  
meramente individuales, sino patógenos culturales que trascienden el espacio personal, se replican y  
fortalecen con la interacción social.  
Se ha demostrado que el aula, más allá de ser un contexto estéril, es un ecosistema altamente sensible  
a los contagios cognitivos y psicológicos. La identificación de virus psicológicos, como la indefensión  
aprendida y la mentalidad fija, así como de virus cognitivo-sociales, representados por el conformismo  
y la holgazanería social, pone de manifiesto que el aprendizaje es un proceso vulnerable. El discente,  
en su búsqueda de pertenencia y sentido, absorbe e imita las posturas del colectivo, lo que puede  
derivar en una institucionalización de la mediocridad o el rechazo académico si el docente no interviene  
en tiempo y forma.  
En última instancia, este estudio posiciona la gestión del clima áulico como una competencia docente  
de primer orden. Combatir los virus pedagógicos requiere trasladarse hacia una práctica educativa que  
ponga la seguridad emocional, la validación del error como motor de aprendizaje y la desarticulación  
de las jerarquías sociales que castigan el esfuerzo intelectual en la cima de sus prioridades. Solo a  
través de un docente que actúe con conciencia de estos mecanismos de contagio, será posible  
transformar el aula en un entorno resiliente, donde la interacción comunitaria, tal como lo planteó  
Vygotsky, sea un catalizador de desarrollo y no un factor de retroceso educativo.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 2042.  
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