Evaluación formativa y retroalimentación efectiva en el  
bachillerato: una revisión sistemática con propuesta  
pedagógica para fortalecer el aprendizaje estudiantil  
Formative assessment and effective feedback in upper secondary  
education: a systematic review with a pedagogical proposal to strengthen  
student learning  
Christofer Alberto Hurtado Bajaña  
Unidad Educativa Naranjito  
Naranjito Ecuador  
Yessenia Elizabeth Gavilanes Castillo  
Unidad Educativa Naranjito  
Naranjito Ecuador  
Alicia Elizabeth Zambrano Santos  
Unidad Educativa Naranjito  
Naranjito Ecuador  
Karina Mariuxi Fajardo Mora  
Unidad Educativa Naranjito  
Naranjito Ecuador  
Ignacio Alberto Morales Tipan  
Unidad Educativa Naranjito  
Naranjito Ecuador  
Artículo recibido: 13 de febrero de 2026. Aceptado para publicación: 27 de junio de 2026.  
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.  
Resumen  
La evaluación formativa y la retroalimentación efectiva son prácticas clave para orientar la evaluación  
escolar hacia la mejora del aprendizaje, especialmente en bachillerato, donde todavía suele asociarse  
con la calificación. Este artículo analizó literatura científica reciente sobre ambos procesos para  
identificar hallazgos pedagógicos que sustentan una propuesta aplicable al fortalecimiento del  
aprendizaje estudiantil. Se realizó una revisión sistemática con orientación propositiva, organizada  
según PRISMA 2020. La búsqueda incluyó Scopus, Web of Science, ERIC, SciELO, Redalyc y Google  
Scholar, con estudios publicados entre 2020 y 2026. Tras las fases de identificación, depuración,  
elegibilidad e inclusión, se seleccionaron 26 estudios para la síntesis cualitativa. Los resultados  
muestran que la evaluación formativa es más significativa cuando integra criterios claros, evidencias  
breves, retroalimentación específica, participación estudiantil y oportunidades reales de mejora.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 2358.  
Asimismo, la retroalimentación resulta más útil cuando es comprensible, oportuna y orienta acciones  
concretas. A partir de ello, se propone un modelo de microciclos de retroalimentación formativa para  
vincular evaluación, revisión y progreso académico en el aula.  
Palabras clave: evaluación formativa, retroalimentación efectiva, bachillerato, aprendizaje  
estudiantil, revisión sistemática  
Abstract  
Formative assessment and effective feedback are key practices for shifting school evaluation toward  
the improvement of learning, especially in upper secondary education, where assessment is still often  
associated mainly with grading. This article analyzed recent scientific literature on both processes to  
identify pedagogical findings that support a proposal aimed at strengthening student learning. A  
systematic review with a proposal-oriented approach was conducted following the PRISMA 2020  
model. The search included Scopus, Web of Science, ERIC, SciELO, Redalyc, and Google Scholar,  
considering studies published between 2020 and 2026. After the stages of identification, screening,  
eligibility, and inclusion, 26 studies were selected for qualitative synthesis. The findings show that  
formative assessment becomes more meaningful when it integrates clear criteria, brief evidence of  
learning, specific feedback, student participation, and real opportunities for improvement. Feedback is  
also more useful when it is understandable, timely, and directed toward concrete student actions.  
Based on these findings, a model of formative feedback microcycles is proposed to connect  
assessment, revision, and academic progress in the classroom  
Keywords: formative assessment, effective feedback, upper secondary education, student  
learning, systematic review  
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Cómo citar: Hurtado Bajaña, C. A., Gavilanes Castillo, Y. E., Zambrano Santos, A. E., Fajardo Mora, K.  
M., & Morales Tipan, I. A. (2026). Evaluación formativa y retroalimentación efectiva en el bachillerato:  
una revisión sistemática con propuesta pedagógica para fortalecer el aprendizaje estudiantil. LATAM  
Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 7 (3), 2358 2379.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 2359.  
INTRODUCCIÓN  
La evaluación escolar incide de manera directa en cómo los estudiantes interpretan su propio  
aprendizaje. En el bachillerato, esta función cobra mayor relevancia, porque se espera que los jóvenes  
desarrollen autonomía académica, revisen sus errores y asuman responsabilidad sobre su proceso  
formativo. No obstante, en muchas prácticas escolares la evaluación sigue vinculada principalmente  
con la nota, la promoción o el cierre de unidades. Aunque esta mirada responde a demandas  
institucionales reales, resulta insuficiente cuando la información obtenida no ayuda al estudiante a  
reconocer qué ha logrado, qué debe mejorar y qué acciones puede realizar para avanzar.  
Ante una evaluación que se centra en el resultado, la evaluación formativa plantea una forma de  
acompañar mejor el aprendizaje. No busca suprimir la calificación ni negar la valoración del  
desempeño, sino aprovechar las evidencias producidas durante el proceso para tomar decisiones  
pedagógicas a tiempo. Valdez et al. (2023) sostienen que la evaluación formativa integra estrategias,  
instrumentos y retroalimentación para visibilizar los avances del estudiante y orientar la enseñanza.  
Desde esta perspectiva, el error no se reduce a una falla, sino que aporta información útil para ajustar  
explicaciones, revisar procedimientos y fortalecer aprendizajes todavía en desarrollo.  
En Ecuador, esta forma de entender la evaluación se sostiene en la normativa educativa vigente. El  
Reglamento General a la Ley Orgánica de Educación Intercultural concibe la evaluación estudiantil  
como un proceso permanente de observación, valoración y registro del avance hacia los objetivos de  
aprendizaje. También indica que la retroalimentación debe ser oportuna, pertinente, precisa y dirigida  
a mejorar progresivamente el desempeño, sin limitar la evaluación a la asignación de una calificación  
(Ministerio de Educación, 2023). Esta disposición es relevante porque ubica la evaluación dentro del  
proceso pedagógico y no solo como un procedimiento administrativo de certificación.  
El Instructivo de Evaluación Estudiantil fortalece esta orientación al señalar que las actividades  
evaluativas deben ser contextualizadas, flexibles y articuladas con aprendizajes conceptuales,  
procedimentales y actitudinales. Además, establece que los resultados de la evaluación deben  
utilizarse para retroalimentar al estudiante y ajustar la práctica docente (Ministerio de Educación,  
2025). Esta doble finalidad resulta fundamental, porque la evaluación no solo comunica al estudiante  
información sobre su desempeño, sino que también brinda al docente señales para revisar su  
enseñanza. Así, la evaluación formativa puede comprenderse como una práctica pedagógica necesaria  
para concretar la mejora continua en el aula.  
Aunque existen avances conceptuales y normativos, la práctica escolar aún enfrenta tensiones  
relevantes. Cuando la evaluación se centra en la calificación, muchos estudiantes terminan  
preocupándose más por el resultado que por el proceso que siguieron para alcanzarlo. En cambio, si  
la evaluación incorpora criterios claros, retroalimentación comprensible y oportunidades reales de  
mejora, el estudiante puede identificar sus dificultades sin asumirlas como un fracaso definitivo. Esta  
diferencia cobra especial importancia en bachillerato, donde aprender no debería limitarse a responder  
bien, sino a desarrollar la capacidad de analizar, corregir, justificar y mejorar progresivamente el propio  
desempeño.  
La retroalimentación es clave en este cambio, aunque no basta con incorporar para mejorar el  
aprendizaje. Wisniewski et al. (2020) evidencian que puede favorecerlo, pero sus efectos dependen de  
la calidad y del tipo de información que recibe el estudiante. Esta distinción permite comprender que  
retroalimentar no equivale a devolver resultados. Un estudiante puede recibir una prueba corregida, una  
observación escrita o una calificación sin saber qué hacer después. La retroalimentación efectiva, en  
cambio, ofrece información clara sobre su desempeño, ayuda a revisar el error y orienta una acción  
concreta de mejora.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 2360.  
El problema no consiste únicamente en saber si los docentes ofrecen retroalimentación, sino en  
analizar qué información entregan, cuándo lo hacen y si el estudiante cuenta con oportunidades para  
utilizarla. Lira (2020) advierte que ciertas prácticas docentes siguen más próximas a una lógica  
evaluativa que formativa, porque comunican el rendimiento alcanzado, pero no siempre orientan  
nuevos aprendizajes. Esto evidencia una dificultad habitual: la retroalimentación puede estar presente  
de manera formal en la evaluación, pero pierde valor pedagógico cuando no se articula con criterios  
claros, acciones posteriores y momentos de revisión.  
En años recientes, la literatura ha destacado también el carácter dialógico de la retroalimentación.  
Araya (2022) cuestiona las miradas que la reducen a una entrega unilateral de comentarios del docente  
al estudiante y plantea entenderla como una interacción pedagógica. Desde esta visión, quien aprende  
no solo recibe observaciones, sino que las interpreta, responde a ellas y las convierte en decisiones  
sobre su propio trabajo. En bachillerato, esta perspectiva resulta valiosa porque contribuye a fortalecer  
la autonomía académica y a formar estudiantes capaces de revisar sus producciones con mayor  
conciencia de los criterios de calidad.  
La evaluación formativa puede apoyarse en recursos como rúbricas, portafolios, e-portafolios,  
autoevaluaciones, coevaluaciones, tecnologías educativas y procesos de re-evaluación. Sin embargo,  
estos instrumentos adquieren verdadero sentido formativo solo cuando se articulan de forma  
coherente con la enseñanza. Lis et al. (2024) señalan que las rúbricas orientan la corrección escrita y  
oral cuando hacen explícitos los criterios de desempeño. Castellano y Reyes (2022) muestran que los  
e-portafolios promueven la reflexión si se acompañan de retroalimentación continua. Kramer et al.  
(2025), a su vez, resaltan la importancia de integrar estándares, retroalimentación y nuevas  
oportunidades para demostrar el aprendizaje.  
Estos aportes muestran que el reto no está solo en elegir instrumentos, sino en construir procesos  
evaluativos sostenibles. En el bachillerato, los docentes trabajan con tiempo limitado, grupos  
numerosos, ritmos de aprendizaje diversos, presión por calificar y exigencias administrativas. Muslu y  
Siegel (2024) señalan que la tecnología puede facilitar la retroalimentación, aunque no sustituye la  
mediación del docente. Kusairi (2020) también advierte que ofrecer retroalimentación oportuna se  
vuelve complejo cuando existen muchos estudiantes y necesidades distintas. Por esta razón, toda  
propuesta formativa debe ser sólida desde lo pedagógico y, al mismo tiempo, aplicable en condiciones  
reales de aula.  
Aunque la literatura reciente ha estudiado ampliamente la evaluación formativa y la retroalimentación,  
aún existe una necesidad importante: convertir esos aportes en estructuras pedagógicas breves, claras  
y aplicables a la vida cotidiana del bachillerato. Muchos estudios analizan instrumentos, efectos o  
experiencias específicas, pero ofrecen menos orientación sobre cómo organizar una secuencia  
formativa que lleve del comentario docente a una acción concreta del estudiante. Esta brecha cobra  
relevancia en sistemas escolares donde la evaluación sigue muy ligada a la calificación y donde los  
docentes necesitan estrategias que no incrementen excesivamente su carga de trabajo.  
Desde este marco, el artículo analiza la literatura científica reciente sobre evaluación formativa y  
retroalimentación efectiva en bachillerato, con el propósito de identificar hallazgos pedagógicos que  
sustentan una propuesta para fortalecer el aprendizaje estudiantil. Para ello, se desarrolla una revisión  
sistemática con orientación propositiva, organizada según el modelo PRISMA 2020. El análisis se  
centra en estudios sobre evaluación formativa, retroalimentación, participación estudiantil,  
instrumentos evaluativos, tecnología educativa y mejora del aprendizaje. La relevancia del trabajo está  
en articular evidencia académica y pertinencia pedagógica para plantear una ruta gradual, aplicable y  
coherente con las necesidades reales del aula de bachillerato.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 2361.  
METODOLOGÍA  
El estudio se planteó como una revisión sistemática de literatura, con enfoque cualitativo-documental  
y orientación propositiva. Este diseño permitió localizar, seleccionar y examinar investigaciones  
recientes sobre evaluación formativa y retroalimentación efectiva en bachillerato, secundaria y  
educación media, con el fin de identificar aportes pedagógicos útiles para fortalecer el aprendizaje  
estudiantil. No se recurrió al metaanálisis, porque los artículos seleccionados presentaban diferencias  
importantes en enfoques, poblaciones, instrumentos y diseños metodológicos. Por esta razón, se eligió  
una síntesis temática de los hallazgos.  
El proceso metodológico siguió la estructura PRISMA 2020, diseñada para transparentar las fases de  
identificación, cribado, elegibilidad e inclusión en revisiones sistemáticas (Page et al., 2021). Esta guía  
permitió ordenar la búsqueda, justificar las exclusiones y mostrar con claridad el recorrido seguido  
hasta conformar el corpus final. Aunque el artículo incorpora una propuesta pedagógica, esta surge del  
análisis documental y no de una intervención aplicada en el aula.  
La búsqueda bibliográfica se efectuó en Scopus, Web of Science, ERIC, SciELO, Redalyc y Google  
Scholar académico. Para ello, se emplearon descriptores en español e inglés vinculados con  
evaluación formativa, retroalimentación efectiva, evaluación para el aprendizaje, instrumentos  
formativos, rúbricas, autoevaluación, coevaluación, portafolios, tecnología educativa, aprendizaje  
estudiantil, bachillerato, educación secundaria, formative assessment, effective feedback, assessment  
for learning, student learning, rubrics, self-assessment, peer assessment, secondary education y high  
school students. El periodo principal de búsqueda abarcó publicaciones comprendidas entre 2020 y  
2026.  
Tabla 1  
Estrategia de búsqueda documental según bases de datos consultadas  
Base de  
datos /  
fuente  
Descriptores utilizados  
Operadores booleanos  
Resultados  
obtenidos  
Scopus  
Formative assessment,  
effective feedback, secondary  
education, student learning  
“formative assessment” AND  
“effective feedback” AND  
“secondary education” OR  
“student learning”  
1.486  
Web of  
Science  
assessment for learning,  
feedback, rubrics, high school  
students  
Formative feedback, self-  
assessment, peer  
“assessment for learning” AND  
feedback OR rubrics AND “high  
school students”  
“formative feedback” AND “self-  
assessment” OR “peer  
1.218  
1.094  
ERIC  
assessment, secondary  
school  
assessment” AND “secondary  
school”  
SciELO  
evaluación formativa,  
retroalimentación, educación  
secundaria, aprendizaje  
Evaluación para el  
aprendizaje, rúbricas,  
coevaluación, bachillerato  
evaluación formativa,  
retroalimentación efectiva,  
bachillerato, instrumentos  
formativos  
“evaluación formativa” AND  
retroalimentación OR “educación  
secundaria” AND aprendizaje  
“evaluación para el aprendizaje”  
AND rúbricas OR coevaluación  
AND bachillerato  
“evaluación formativa” AND  
“retroalimentación efectiva” OR  
bachillerato AND “instrumentos  
formativos”  
842  
736  
Redalyc  
Google  
Scholar  
académico  
2.584  
Total inicial  
7.960  
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ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 2362.  
Fuente: Elaboración propia a partir de la búsqueda documental realizada  
Los criterios de inclusión consideraron artículos científicos, revisiones sistemáticas, estudios  
empíricos y propuestas educativas publicados entre 2020 y 2026, escritos en español o inglés, con  
acceso al texto completo y relación directa con evaluación formativa, retroalimentación efectiva,  
instrumentos formativos, participación estudiantil, tecnología educativa o mejora del aprendizaje. Se  
dio prioridad a estudios realizados en bachillerato, secundaria o educación media, aunque también se  
incluyeron investigaciones de niveles cercanos cuando sus aportes podían transferirse al contexto  
escolar. Se excluyeron documentos duplicados, textos sin acceso completo, publicaciones fuera del  
periodo establecido, trabajos sin rigor académico identificable, estudios centrados solo en evaluación  
sumativa, medición estandarizada o gestión institucional, así como artículos alejados del objetivo de  
la revisión (Page et al, 2021).  
Tabla 2  
Proceso de selección de estudios según PRISMA 2020  
Fase del proceso  
Descripción  
Número de  
registros  
7.960  
Identificación  
inicial  
Registros localizados en bases de datos científicas, repositorios  
académicos y fuentes indexadas relacionadas con evaluación  
formativa, retroalimentación efectiva, instrumentos evaluativos  
y aprendizaje estudiantil.  
Registros del  
cribado  
Registros conservados después de aplicar filtros iniciales por  
año de publicación, palabras clave, idioma, pertinencia general y  
disponibilidad académica.  
Registros excluidos por duplicación, baja relación temática,  
ausencia de acceso completo, falta de correspondencia con el  
nivel educativo o escasa relación con el objetivo de la  
investigación.  
1.422  
1.310  
Cribado  
Elegibilidad  
Artículos preseleccionados y revisados mediante lectura de  
títulos, subtítulos, palabras clave, resúmenes y, cuando fue  
necesario, lectura ampliada del contenido.  
Artículos descartados después de la revisión detallada por no  
responder suficientemente al objetivo del estudio, presentar  
bajo aporte pedagógico o no cumplir criterios definitivos de  
pertinencia.  
112  
86  
Exclusión por  
baja pertinencia  
Inclusión final  
Artículos científicos incluidos en la revisión sistemática y en la  
síntesis cualitativa por cumplir los criterios finales de  
elegibilidad.  
26  
Fuente: elaboración propia con base en PRISMA 2020 (Page et al., 2021)  
El proceso de selección siguió una depuración progresiva. En la identificación inicial se localizaron  
7.960 registros en bases de datos científicas, repositorios académicos y fuentes indexadas. Luego de  
aplicar filtros iniciales por año de publicación, palabras clave, idioma, pertinencia general y  
disponibilidad académica, se conservaron 1.422 registros antes del cribado. Posteriormente, se  
excluyeron 1.310 documentos por duplicación, baja relación temática, ausencia de acceso completo,  
falta de correspondencia con el nivel educativo o escasa relación con el objetivo de la investigación,  
quedando 112 artículos preseleccionados para revisión detallada. Tras la lectura y valoración de  
pertinencia, calidad académica y aporte al análisis, se descartaron 86 estudios. Finalmente, se  
incluyeron 26 artículos científicos en la revisión sistemática y en la síntesis cualitativa.  
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ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 2363.  
La información de los artículos seleccionados se sistematizó en una matriz de extracción documental.  
En esta se registraron autor, año, país, objetivo, metodología, nivel educativo, población, estrategia  
evaluativa, tipo de retroalimentación, instrumentos utilizados, resultados principales y aporte al tema  
de estudio. La calidad y pertinencia de los documentos se valoraron a partir de la claridad del objetivo,  
la coherencia metodológica, la relación con el nivel educativo, la solidez de los hallazgos y su utilidad  
para fundamentar una propuesta pedagógica aplicable al bachillerato.  
Figura 1  
Diagrama de flujo del proceso de selección de estudios según PRISMA 2020  
Fuente: elaboración propia con base en PRISMA 2020 (Page et al., 2021).  
Los hallazgos fueron codificados en la matriz de extracción y posteriormente agrupados mediante  
análisis temático. La codificación inicial permitió identificar unidades de significado relacionadas con  
las funciones de la evaluación, las características de la retroalimentación, los instrumentos formativos,  
la participación estudiantil, la mediación tecnológica y las condiciones de implementación. Luego,  
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ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 2364.  
estas unidades fueron comparadas entre estudios para construir categorías integradoras, a partir de  
las cuales se organizaron los resultados y se fundamentó la propuesta de microciclos de  
retroalimentación formativa.  
RESULTADOS  
La evaluación formativa como proceso de seguimiento y mejora del aprendizaje  
El análisis de los artículos seleccionados mostró una coincidencia amplia: la evaluación formativa se  
comprende como un proceso continuo de seguimiento del aprendizaje, no como una actividad  
reservada para el cierre de una unidad o bloque curricular. Valdez et al. (2023) la describen como una  
práctica que integra retroalimentación, estrategias e instrumentos para visibilizar el progreso del  
estudiante y orientar decisiones pedagógicas durante el proceso. De forma complementaria, Valdivia  
y Fernández (2020) señalan que su aplicación exige prácticas docentes centradas en la observación,  
la regulación y la participación gradual del estudiante.  
En los artículos revisados, la evaluación formativa se vincula con el uso de la información del  
desempeño para ajustar la enseñanza antes de cerrar el proceso de aprendizaje. Lira (2020) sostiene  
que la retroalimentación adquiere valor formativo cuando permite recoger evidencias de procesos en  
curso y utilizarlas para mejorar la enseñanza y el aprendizaje. Desde esta mirada, los errores, dudas o  
producciones incompletas no se entienden sólo como señales de bajo rendimiento, sino como indicios  
útiles para identificar qué aspectos requieren explicación, práctica, revisión o acompañamiento  
adicional.  
Los estudios también muestran que la evaluación formativa depende de la relación entre objetivos,  
actividades, criterios, evidencias e instrumentos. Valdez et al. (2023) destacan que los recursos  
evaluativos deben seleccionarse según la situación de aprendizaje, el producto esperado y los criterios  
asociados a la tarea. Este hallazgo coincide con los aportes de Castellano y Reyes (2022), quienes  
evidencian que los e-portafolios favorecen procesos formativos cuando no se limitan a recopilar  
productos, sino que permiten observar avances, registrar reflexiones y orientar ajustes a partir de la  
retroalimentación docente.  
Una tendencia destacada en estos estudios es la importancia de que los estudiantes conozcan los  
criterios con los que se evalúa su desempeño. Cuando esos criterios no son claros, la retroalimentación  
pierde precisión y la mejora queda abierta a interpretaciones generales. Lira (2020) sostiene que  
retroalimentar implica contar con un estándar de referencia, comparar el desempeño actual con el  
esperado y proponer una acción que ayude a reducir esa distancia. Por ello, la evaluación formativa no  
depende solo de instrumentos, sino de información útil, criterios comprensibles y oportunidades reales  
de ajuste.  
Características de la retroalimentación efectiva  
La retroalimentación fue uno de los componentes más recurrentes en los trabajos analizados. No  
obstante, los hallazgos muestran que su efecto no depende únicamente de la presencia de  
comentarios docentes, sino de la calidad de la información entregada. En el trabajo de Wisniewski et  
al. (2020) se señala que la retroalimentación puede contribuir al aprendizaje, aunque su impacto  
depende del tipo de información que se ofrece. De forma similar, Javed et al. (2020) encontraron una  
relación positiva entre la retroalimentación docente y el logro académico en estudiantes de secundaria,  
sobre todo cuando la información recibida ayuda a identificar avances y dificultades.  
Los trabajos revisados señalan que la retroalimentación efectiva se caracteriza por cuatro elementos  
principales: claridad, especificidad, oportunidad y orientación hacia una acción concreta. Valdez et al.  
(2023) y Lira (2020) permiten observar que los comentarios generales, centrados solo en la calificación  
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o expresados de manera ambigua, tienen menor utilidad para orientar el aprendizaje. En cambio, la  
retroalimentación resulta más formativa cuando indica qué aspecto debe mejorarse, por qué es  
necesario hacerlo y cuál puede ser el siguiente paso del estudiante. Esta característica aparece  
también en los trabajos de Kusairi (2020), Muslu & Siegel (2024) y Van-Der & Adie (2020).  
Un elemento común en la literatura es la diferencia entre devolver resultados y retroalimentar. La  
devolución puede limitarse a comunicar una nota, marcar errores o señalar que una tarea está  
incompleta; la retroalimentación formativa, en cambio, ofrece información que el estudiante puede  
utilizar para modificar su desempeño. Van-Der & Adie (2020) aportan a esta línea al analizar  
percepciones de docentes y estudiantes sobre la retroalimentación efectiva, mostrando que su valor  
se relaciona con la forma en que los estudiantes la reciben, la interpretan y la emplean en tareas  
posteriores. Este punto permite comprender que la utilidad del comentario no se agota en su emisión.  
La retroalimentación también puede enfocarse en diferentes niveles del desempeño. Algunos estudios  
la orientan al producto final, mientras otros la centran en el proceso seguido o en la estrategia  
empleada para resolver una tarea. Yang (2024), por ejemplo, evidencia que diversas formas de  
retroalimentación escrita generan efectos distintos en estudiantes de inglés como lengua extranjera.  
Los modelos ayudaron a reconocer problemas vinculados con ideas y detalles, mientras que la  
corrección de errores y la reformulación dirigieron mayor atención a aspectos gramaticales. Esto  
muestra que la retroalimentación debe ajustarse al objetivo específico de aprendizaje.  
Retroalimentación dialógica y participación del estudiante  
La revisión evidenció un cambio desde una idea unidireccional de la retroalimentación hacia una visión  
más dialógica. Araya (2022) plantea que el feedback no debe reducirse a la entrega de información del  
docente al estudiante, sino entenderse como un proceso pedagógico en el que quien aprende interpreta  
los comentarios, formula preguntas, revisa su trabajo y los utiliza para mejorar. En los estudios  
analizados, la retroalimentación se relaciona con la interacción, la comprensión de criterios y la  
participación activa del estudiante en la mejora de sus producciones.  
La investigación de Muñoz & Araya (2022) aporta evidencia sobre el vínculo entre retroalimentación  
docente y autoevaluación. Aunque su estudio corresponde a educación superior, sus hallazgos  
muestran que los procesos evaluativos adquieren mayor sentido cuando el estudiante no solo recibe  
información, sino que revisa su propio desempeño e identifica aspectos susceptibles de mejora. Esta  
orientación coincide con Valdivia y Fernández (2020), quienes sostienen que la evaluación formativa  
exige generar condiciones para que el estudiante participe en la regulación de su aprendizaje.  
La dimensión relacional de la retroalimentación también aparece en Cantero y Aedo (2023), quienes  
destacan el acompañamiento pedagógico como una experiencia asociada con apoyo constante,  
colaboración, confianza y observación de prácticas. Aunque el foco de su estudio se sitúa en prácticas  
pedagógicas finales, sus resultados permiten reconocer que la retroalimentación no opera únicamente  
como técnica evaluativa, sino también como una relación de acompañamiento. En contextos  
escolares, este componente resulta relevante porque la manera en que se comunica un comentario  
puede facilitar o limitar su recepción por parte del estudiante.  
El análisis de los estudios indica que la retroalimentación dialógica no requiere, necesariamente,  
conversaciones extensas ni procesos individualizados en cada tarea. Puede concretarse mediante  
preguntas breves, revisión de una segunda versión, comparación con criterios, explicación del error o  
autoevaluación guiada. Sevilla et al. (2021) aportan a esta comprensión al evidenciar que factores  
personales, como el autoconcepto, las expectativas y el sentido de vida, influyen en el aprendizaje de  
estudiantes de educación media superior. Este hallazgo permite situar la retroalimentación dentro de  
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una experiencia académica que también implica confianza, percepción de capacidad y sentido de  
progreso.  
Instrumentos formativos y evidencias de aprendizaje  
En la revisión, los instrumentos evaluativos se reconocen como recursos importantes, aunque no  
garantizan por sí mismos una evaluación formativa. Valdez et al. (2023) identifican el uso de  
portafolios, rúbricas, diarios docentes, fichas de observación, listas de cotejo, matrices de logro, fichas  
de autocontrol, autoevaluaciones y coevaluaciones. No obstante, lo central no es la cantidad de  
instrumentos empleados, sino la función que cumplen en el proceso. Estos recursos adquieren mayor  
valor formativo cuando permiten recoger información sobre avances, dificultades y necesidades de  
mejora.  
Las rúbricas tienen una presencia importante en los estudios analizados. Lis et al. (2024) las presentan  
como una estrategia de evaluación formativa en una experiencia de articulación entre niveles  
educativos, donde ayudaron a orientar la corrección escrita y oral. Desde una revisión sobre rúbricas  
en plataformas educativas, Llerena et al. (2024) muestran que estas herramientas pueden promover  
un aprendizaje más autónomo y reflexivo cuando establecen una relación clara entre criterios,  
desempeño y mejora. En ambos estudios, la rúbrica actúa como un recurso que hace visibles las  
expectativas y organiza la retroalimentación.  
Los portafolios y e-portafolios también se reconocen como recursos útiles para observar procesos de  
aprendizaje. Castellano y Reyes (2022) evidencian que la elaboración de e-portafolios favorece la  
evaluación formativa cuando incluye preguntas orientadoras, sugerencias y retroalimentación  
continua. En estas experiencias, el valor del instrumento no reside en acumular evidencias, sino en  
ayudar al estudiante a identificar cambios, revisar sus producciones y comprender el sentido de las  
mejoras realizadas. Esta función distingue el uso formativo del portafolio de una simple recopilación  
de trabajos terminados.  
La autoevaluación y la coevaluación se vinculan con la participación del estudiante y la comprensión  
de los criterios de desempeño. Valdez et al. (2023) sostienen que las fichas de autoevaluación y  
evaluación entre pares permiten que el estudiante valore su trabajo a partir de referentes previamente  
establecidos. Muñoz y Araya (2022), por su parte, muestran que la autoevaluación puede fortalecer la  
reflexión sobre el propio aprendizaje cuando se articula con la retroalimentación docente. En los  
estudios revisados, estas prácticas necesitan orientación explícita, ya que pierden utilidad cuando se  
limitan a opiniones generales sin criterios compartidos.  
Tecnología educativa y mediación de la retroalimentación  
En varios estudios, la tecnología se presenta como un recurso que ayuda a organizar, agilizar o hacer  
más visibles los procesos de retroalimentación, aunque no sustituye la mediación del docente. Muslu  
y Siegel (2024) analizaron aplicaciones digitales utilizadas por una docente de Física de secundaria y  
encontraron que estas podían fortalecer dimensiones como diálogo, oportunidad, claridad, visibilidad,  
reflexión y acción. No obstante, sus resultados también evidencian que la docente debía complementar  
el uso de las herramientas con explicaciones, discusiones e interacciones con los estudiantes. Así, la  
tecnología amplía algunas posibilidades, pero no reemplaza la intervención pedagógica.  
Kusairi (2020) diseñó un sistema web de retroalimentación formativa basado en ítems isomórficos de  
opción múltiple para la enseñanza de Física en secundaria. El estudio evidencia que una herramienta  
digital puede organizar información sobre fortalezas y debilidades individuales o grupales, lo que ayuda  
a reconocer dificultades recurrentes. En una línea cercana, Hagos y Andargie (2024) analizaron el uso  
de evaluación formativa apoyada en tecnología para aprender conceptos de equilibrio químico, y  
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ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 2367.  
resaltaron su aporte al aprendizaje significativo cuando se integra con conocimientos conceptuales y  
procedimentales.  
Otros estudios extienden esta línea hacia entornos digitales de aprendizaje. Díaz et al. (2023) examinan  
una propuesta de instrumentación didáctica en modalidad b-learning y evidencian que la interacción,  
la colaboración y la comunicación pueden fortalecerse cuando el entorno virtual responde a una  
intención pedagógica clara. Lara (2025), en cambio, señala que el uso de herramientas TIC para  
retroalimentar depende de la formación docente y de la variedad de recursos disponibles. Estos  
hallazgos indican que la retroalimentación digital necesita criterios definidos, acompañamiento y una  
selección adecuada de herramientas.  
La tecnología también aparece asociada con procesos de andamiaje y personalización. Chen et al.  
(2023) diseñaron una herramienta mental basada en andamiaje para aulas gamificadas, orientada a  
apoyar la construcción del aprendizaje mediante recursos digitales. Aunque su foco no se limita  
exclusivamente a la retroalimentación, el estudio aporta información sobre cómo los entornos  
tecnológicos pueden estructurar apoyos para guiar el desempeño del estudiante. Harel et al. (2024),  
desde el campo de la matemática, muestran que la retroalimentación elaborada y personalizada puede  
apoyar procesos de conjetura, especialmente cuando ayuda al estudiante a revisar sus razonamientos.  
Efectos sobre aprendizaje, motivación y rendimiento  
Los estudios que examinaron efectos sobre el aprendizaje reportan resultados positivos, aunque estos  
dependen de cómo se organiza la evaluación y de la manera en que se comunica la retroalimentación.  
Wisniewski et al. (2020) identificaron que la retroalimentación produce un efecto positivo medio en el  
aprendizaje, con variaciones según su contenido y orientación. Javed et al. (2020) también hallaron  
una relación positiva entre retroalimentación docente y logro académico en secundaria. Estos  
resultados indican que la retroalimentación es más útil cuando brinda información comprensible sobre  
el desempeño y plantea posibilidades concretas de mejora.  
Kramer et al. (2025) aportan evidencia desde un ensayo controlado aleatorizado por conglomerados  
con estudiantes de noveno grado. En su estudio, un sistema de calificación basado en estándares,  
retroalimentación y re-evaluación mejoró el desempeño en Álgebra y Geometría. El componente  
relevante de esta experiencia es la combinación entre criterios definidos, información sobre el  
desempeño y nuevas oportunidades para demostrar aprendizaje. En los resultados revisados, la  
reevaluación no aparece como simple repetición de una tarea, sino como parte de una secuencia en la  
que el estudiante puede revisar, prepararse y volver a evidenciar avances.  
En el área de Ciencias, Sudaria y Sanchez (2024) evidencian que las evaluaciones formativas apoyadas  
en la taxonomía SOLO pueden fortalecer la comprensión de contenidos sobre terremotos. El estudio  
muestra que los niveles de respuesta permiten diferenciar formas básicas y más complejas de  
comprensión. Esta estructura resulta útil para retroalimentar, porque ayuda a reconocer si el estudiante  
solo recuerda información, establece relaciones entre conceptos, explica procesos o aplica ideas en  
situaciones nuevas. Así, el comentario docente puede ajustarse al nivel de complejidad alcanzado y al  
progreso esperado.  
Los hallazgos sobre motivación y disposición hacia el aprendizaje presentan matices diversos. Valdez  
et al. (2023) relacionan la evaluación formativa con motivación, autovaloración, pensamiento crítico y  
superación personal. Sevilla et al. (2021) evidencian que el autoconcepto, las expectativas y el sentido  
de vida influyen en el aprendizaje de estudiantes de educación media superior. Estos estudios indican  
que la retroalimentación puede impactar no solo en el rendimiento, sino también en cómo el estudiante  
percibe sus posibilidades de mejora. Sin embargo, esta relación depende de la claridad, pertinencia y  
tono de los comentarios recibidos.  
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ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 2368.  
Desafíos de implementación en la práctica docente  
Los estudios revisados muestran que la implementación de la evaluación formativa enfrenta desafíos  
frecuentes. Uno de los más mencionados es el tiempo disponible para ofrecer retroalimentación.  
Kusairi (2020) advierte que retroalimentar de manera oportuna resulta más difícil cuando los docentes  
atienden grupos numerosos, necesidades diversas y restricciones de tiempo. Esta dificultad también  
depende del tipo de evidencia seleccionada: cuanto más extensas o complejas sean las producciones  
revisadas, mayor será la carga de seguimiento. Por ello, varios estudios resaltan la necesidad de  
emplear instrumentos manejables, criterios breves y estrategias sostenibles en el aula.  
La formación docente aparece como otro aspecto relevante. Lira (2020) identificó que algunas  
prácticas declaradas por docentes de Matemática se aproximaban más a una lógica evaluativa que  
formativa, debido a que comunicaban resultados sin orientar suficientemente nuevas acciones de  
aprendizaje. Orozco (2025), desde el análisis de la práctica pedagógica en Educación Física, muestra  
dificultades asociadas con el reconocimiento y uso adecuado de distintos tipos de retroalimentación.  
Estos hallazgos evidencian que retroalimentar no es una habilidad espontánea, sino una práctica que  
requiere formación, ejemplos, criterios compartidos y reflexión sobre el lenguaje evaluativo.  
La cultura escolar centrada en la nota también se identifica como una condición que restringe el  
alcance de la evaluación formativa. En varios estudios, la calificación mantiene un peso importante en  
la forma en que estudiantes, familias e instituciones entienden la evaluación. Kramer et al. (2025)  
evidencian que un sistema basado en estándares y re-evaluación puede orientar parcialmente la  
atención hacia el dominio del aprendizaje, aunque requiere reglas claras para evitar que las nuevas  
oportunidades se interpreten solo como mecanismos de recuperación. Esta tensión muestra la  
necesidad de combinar exigencia académica con oportunidades reales de mejora..  
El componente institucional aparece en estudios centrados en planificación, acompañamiento y  
liderazgo pedagógico. Capera (2023) resalta la planificación educativa como un factor necesario para  
sostener procesos pedagógicos coherentes y orientados a la mejora. Kenigs et al. (2023) evidencian  
que la autoevaluación del liderazgo pedagógico puede impulsar experiencias de reflexión crítica y  
aprendizaje profesional dentro de la escuela. Aunque estos estudios no abordan exclusivamente la  
evaluación formativa, sus aportes permiten comprender que la retroalimentación no depende solo de  
decisiones individuales del docente, sino también de acuerdos institucionales, condiciones de trabajo  
y prácticas colaborativas.  
Síntesis objetiva de los hallazgos  
Los 26 trabajos revisados evidencian que la evaluación formativa logra mayor solidez cuando se  
estructura como un proceso de seguimiento, retroalimentación y ajuste. Los estudios coinciden en que  
su valor no depende solo del uso de instrumentos, sino de la capacidad para emplear evidencias de  
aprendizaje en la toma de decisiones pedagógicas. Rúbricas, portafolios, e-portafolios,  
autoevaluaciones, coevaluaciones y sistemas digitales pueden fortalecer este proceso siempre que se  
articulen con criterios claros, evidencias manejables y oportunidades para que el estudiante revise su  
desempeño.  
La retroalimentación efectiva se presenta como un componente central de la evaluación formativa. Los  
estudios analizados muestran que los comentarios más útiles son aquellos que ofrecen información  
específica, comprensible, oportuna y orientada a una acción posterior. También se identificó que la  
retroalimentación puede adoptar formas diversas según la asignatura, el tipo de tarea y el objetivo de  
aprendizaje. En escritura, resolución de problemas, ciencias, matemática, educación física o entornos  
digitales, su utilidad depende de la relación entre el comentario, el criterio de logro y la posibilidad de  
mejora.  
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ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 2369.  
Los resultados muestran, además, que la participación del estudiante es clave para que la  
retroalimentación adquiera un sentido formativo. Prácticas como la autoevaluación, la coevaluación,  
la revisión de segundas versiones y la respuesta al comentario docente favorecen procesos de  
autorregulación. Junto con ello, persisten desafíos importantes: tiempo docente limitado, grupos  
numerosos, formación insuficiente en retroalimentación, uso superficial de tecnología, planificación  
débil y culturas escolares centradas en la calificación. Estos hallazgos sustentan la organización de  
una propuesta pedagógica basada en microciclos de retroalimentación formativa para el bachillerato.  
Propuesta pedagógica  
Microciclos de retroalimentación formativa para fortalecer el aprendizaje estudiantil en bachillerato  
A partir de los hallazgos de la revisión, se propone un modelo pedagógico basado en microciclos de  
retroalimentación formativa, orientado a fortalecer la comprensión, revisión y mejora del aprendizaje  
estudiantil. La propuesta responde a una dificultad frecuente en la práctica escolar: muchas  
actividades evaluativas terminan en una nota, una corrección general o una devolución que el  
estudiante no siempre logra utilizar. Por ello, el modelo organiza la evaluación como un proceso breve,  
recurrente y aplicable en distintas asignaturas, sin añadir una carga excesiva al trabajo docente.  
Los microciclos no reemplazan los sistemas de evaluación existentes, sino que mejoran el uso  
pedagógico de la información generada en el aula. Cada tarea, ejercicio, exposición, práctica o producto  
parcial puede convertirse en una oportunidad para reconocer avances y orientar mejoras. Esta  
propuesta resulta pertinente para el bachillerato, porque favorece la autonomía, la interpretación de  
criterios, el reconocimiento de errores y la toma de decisiones académicas. El modelo se estructura en  
cinco fases: criterio de logro, evidencia breve, retroalimentación focalizada, acción de mejora y  
verificación del avance. Estas fases ofrecen una ruta flexible para dar continuidad a la  
retroalimentación.  
Objetivo de la propuesta  
El objetivo general de la propuesta es fortalecer el aprendizaje en bachillerato mediante microciclos de  
retroalimentación formativa que ayuden al estudiante a comprender criterios de logro, reconocer  
avances y dificultades, aplicar mejoras concretas y verificar su progreso durante el proceso.  
De este objetivo se derivan tres propósitos pedagógicos: mejorar la claridad evaluativa con criterios  
visibles antes de la actividad; convertir la retroalimentación en una acción concreta del estudiante, más  
allá de señalar errores o justificar calificaciones; y promover la autorregulación académica mediante  
espacios breves de revisión, ajuste y verificación, para que el estudiante participe activamente en la  
mejora de sus producciones sin depender solo de la corrección final del docente.  
Fase 1. Definición del criterio de logro  
El modelo de microciclos de retroalimentación formativa se desarrolla en cinco fases articuladas que  
permiten convertir la evaluación en una oportunidad real de mejora. La primera fase consiste en definir  
un criterio de logro claro, manejable y vinculado con el objetivo de aprendizaje. Este criterio debe indicar  
qué se espera observar en el desempeño del estudiante y funcionar como una referencia para producir,  
revisar y ajustar el trabajo. Por ello, resulta más útil trabajar con uno o dos criterios bien explicados que  
con una rúbrica extensa difícil de interpretar. En Matemática, por ejemplo, el criterio puede centrarse  
en la justificación del procedimiento; en Lengua, en la claridad de la idea central y el uso de evidencias;  
en Ciencias Naturales, en la explicación de relaciones causa-efecto; y en Estudios Sociales, en la  
interpretación de fuentes o la construcción de argumentos.  
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ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 2370.  
Fase 2. Producción de una evidencia breve  
La segunda fase corresponde a la producción de una evidencia breve de aprendizaje. Esta no debe  
entenderse como un producto final ni como una tarea extensa, sino como una muestra concreta del  
pensamiento del estudiante mientras aún existe posibilidad de intervenir. Puede ser una respuesta  
escrita, un procedimiento parcial, una explicación oral, un organizador gráfico, una pregunta de salida,  
un párrafo inicial, una hipótesis, una comparación conceptual o la primera versión de una actividad.  
Este tipo de evidencia hace viable el modelo en aulas numerosas, porque permite identificar  
dificultades comunes sin esperar al cierre de la unidad. Si varios estudiantes presentan el mismo  
problema, la retroalimentación puede ser grupal; si la dificultad es específica, puede ofrecerse apoyo  
individual o entre pares.  
Fase 3. Retroalimentación focalizada  
La tercera fase es la retroalimentación focalizada. Su propósito no es corregir todos los errores, sino  
orientar al estudiante sobre el aspecto más relevante del criterio trabajado. Para que sea útil, debe ser  
comprensible, referirse directamente al criterio y señalar una acción concreta de mejora. Comentarios  
generales como “mejora tu respuesta” aportan poca información; en cambio, una orientación como  
“mencionas la causa, pero falta explicar la consecuencia con un ejemplo” ayuda al estudiante a saber  
qué debe hacer. Así, la exigencia académica se mantiene, pero se transforma en una guía aplicable.  
Fase 4. Acción de mejora del estudiante  
La cuarta fase es la acción de mejora del estudiante. La retroalimentación solo adquiere sentido  
formativo cuando el estudiante la utiliza para corregir, ampliar, reorganizar, justificar o entregar una  
segunda versión parcial de su trabajo. No siempre es necesario repetir toda la tarea; muchas veces  
basta con intervenir el aspecto relacionado con el criterio. Esta acción debe ser breve, visible y  
verificable, de modo que el error no cierre el aprendizaje, sino que abra una posibilidad de ajuste.  
Fase 5. Verificación del avance  
La quinta fase corresponde a la verificación del avance. Esta puede realizarse mediante una revisión  
rápida, una comparación entre versiones, una ficha breve de reflexión, una conversación corta o una  
revisión entre pares guiada por el criterio inicial. No requiere necesariamente una nueva calificación,  
pero sí una evidencia mínima de progreso. Además, ofrece información al docente para ajustar la  
enseñanza, revisar la claridad del criterio o continuar hacia niveles de mayor complejidad. De este  
modo, el microciclo equilibra evaluación, retroalimentación y planificación pedagógica.  
Organización operativa del microciclo  
La propuesta puede aplicarse en una clase, durante dos sesiones o a lo largo de una semana, según la  
complejidad de la actividad. En tareas sencillas, el microciclo puede desarrollarse en una misma hora  
pedagógica: el docente presenta el criterio, los estudiantes producen una evidencia breve, reciben  
retroalimentación y realizan una corrección puntual. En actividades más complejas, como proyectos,  
informes o exposiciones, el proceso puede extenderse a varias sesiones. Esta flexibilidad temporal  
evita que el modelo se convierta en una exigencia rígida y permite adaptarlo a la realidad institucional.  
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Tabla 3  
Organización del microciclo de retroalimentación formativa  
Fase del microciclo  
Propósito  
pedagógico  
Aclarar qué se  
espera  
aprender o  
demostrar  
Observar el  
aprendizaje en  
proceso  
Acción del  
docente  
Presenta uno o  
dos criterios  
comprensibles  
Acción del  
estudiante  
Reconoce qué  
aspecto debe  
cuidar en su  
trabajo  
Evidencia  
esperada  
Criterio visible en  
consigna, pizarra,  
rúbrica breve o  
guía  
Producto parcial  
relacionado con  
el criterio  
Criterio de logro  
Evidencia breve  
Propone una tarea Produce una  
parcial o  
manejable  
respuesta,  
borrador,  
explicación o  
resolución  
Retroalimentación  
focalizada  
Orientar una  
mejora  
concreta  
Señala un aspecto Interpreta el  
Comentario oral,  
escrito, digital o  
entre pares  
prioritario de  
mejora  
comentario y  
reconoce qué  
debe ajustar  
Modifica,  
Acción de mejora  
Convertir el  
comentario en  
una acción  
Da tiempo y  
orientación para  
corregir  
Segunda versión,  
corrección  
puntual o  
completa,  
justifica o  
reescribe una  
parte del trabajo  
Compara su  
producción  
explicación del  
cambio  
Registro breve de  
avance o  
Verificación del  
avance  
Comprobar si  
hubo progreso  
Revisa la mejora y  
registra avances  
inicial y corregida evidencia  
mejorada  
Fuente: elaboración propia a partir de la propuesta pedagógica.  
En Matemática, el microciclo puede emplearse en la resolución de problemas: el criterio se centra en  
la justificación del procedimiento, la evidencia corresponde a una resolución parcial, la  
retroalimentación señala el paso que necesita explicación, la mejora consiste en justificar el proceso y  
la verificación compara la primera respuesta con la versión corregida. Así, la evaluación no se limita al  
resultado numérico, sino que considera el razonamiento construido.  
En Lengua y Literatura, puede aplicarse a la escritura argumentativa. El criterio puede enfocarse en la  
claridad de la tesis o en el uso de evidencias; la evidencia inicial sería un párrafo de borrador, y la  
retroalimentación orientaría su precisión o respaldo. Luego, el estudiante reescribe el fragmento y se  
verifica si la nueva versión mejora.  
En Ciencias Naturales, el modelo permite revisar explicaciones causales mediante la relación entre  
causa, proceso y consecuencia. En Estudios Sociales o Educación para la Ciudadanía, favorece el  
análisis de fuentes y argumentos, al ayudar a diferenciar opiniones de interpretaciones sustentadas  
con evidencias.  
Recursos complementarios de la propuesta  
Para sostener el modelo sin aumentar la carga docente, se propone una bitácora mínima de mejora.  
Esta no funciona como portafolio extenso ni como carpeta adicional, sino como un registro breve del  
criterio trabajado, la retroalimentación recibida y la acción de mejora realizada. Puede elaborarse en el  
cuaderno, una hoja de seguimiento, una plantilla impresa o un documento digital. Durante un parcial,  
basta registrar las actividades que evidencian avances significativos.  
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La retroalimentación entre pares puede incorporarse como apoyo complementario, siempre que esté  
guiada por criterios claros. Para evitar comentarios superficiales, el docente puede asignar roles  
sencillos, como lector de claridad, verificador de criterio, buscador de evidencias o formulador de  
preguntas. Así, los estudiantes aprenden a revisar con responsabilidad y trasladan esos aprendizajes  
a sus propias producciones.  
La tecnología debe asumirse como una opción flexible, no como requisito. Formularios, documentos  
compartidos, comentarios digitales o audios breves pueden facilitar el proceso; sin embargo, en  
contextos con recursos limitados, también puede aplicarse mediante cuadernos, hojas impresas,  
pizarra o diálogo oral. Lo esencial es mantener la secuencia: criterio, evidencia, comentario, mejora y  
verificación.  
Evaluación de la propuesta  
La evaluación de la propuesta debe centrarse en el proceso de mejora, no solo en el producto final.  
Para ello, se recomienda valorar tres dimensiones: comprensión del criterio, uso de la retroalimentación  
y evidencia de avance. La primera permite identificar si el estudiante entiende qué se espera de su  
desempeño; la segunda verifica si interpreta el comentario recibido y lo convierte en una acción  
concreta; y la tercera muestra si la producción corregida evidencia progreso frente a la versión inicial.  
Estas dimensiones pueden evaluarse mediante registros breves, rúbricas simplificadas o listas de  
cotejo.  
Tabla 4  
Evaluación de los microciclos de retroalimentación formativa  
Dimensión evaluada  
Indicador observable  
Medio de verificación  
Comprensión del  
criterio  
El estudiante identifica qué aspecto  
debe mejorar o demostrar  
Explicación breve, autoevaluación  
o consigna marcada  
Uso de la  
retroalimentación  
Evidencia de avance  
El estudiante realiza una acción  
vinculada con el comentario recibido  
La producción final muestra mejora  
parcial o clara frente a la evidencia  
inicial  
Corrección, reescritura,  
justificación o segunda versión  
Comparación entre primera y  
segunda versión  
Autorregulación  
El estudiante reconoce qué cambió y  
por qué lo hizo  
Bitácora mínima, reflexión breve o  
diálogo de cierre  
Viabilidad docente  
El microciclo puede aplicarse sin  
sobrecargar la planificación  
Registro de tiempo, frecuencia de  
aplicación y ajustes realizados  
Fuente: elaboración propia a partir del modelo propuesto.  
La evaluación también debe permitir que el docente valore la viabilidad del modelo. No se trata solo de  
comprobar si el estudiante mejora, sino de identificar si la estrategia puede sostenerse en la práctica  
cotidiana. Para ello, conviene iniciar con una frecuencia moderada: un microciclo por unidad, por  
parcial o por actividad relevante. Después, según los resultados y la familiaridad del grupo, puede  
ampliarse su uso. Esta implementación gradual evita que la propuesta se convierta en una exigencia  
burocrática y favorece que docentes y estudiantes comprendan su sentido formativo.  
Condiciones para la implementación  
La aplicación de microciclos requiere condiciones pedagógicas mínimas. Primero, deben  
seleccionarse actividades relevantes, especialmente aquellas que permitan observar razonamiento,  
comprensión, argumentación, resolución de problemas o construcción progresiva de un producto.  
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Segundo, conviene trabajar con criterios breves y comprensibles, ya que una cantidad excesiva de  
indicadores o un lenguaje demasiado técnico dificulta que el estudiante los use para mejorar. Tercero,  
es necesario reservar un momento para la acción de mejora, aunque sea breve, porque sin esta fase la  
retroalimentación pierde continuidad.  
También debe cuidarse el clima de aula. La retroalimentación formativa no puede convertirse en  
exposición pública del error ni en una corrección que afecte la confianza del estudiante. Debe asumirse  
como parte natural del aprendizaje, mediante un lenguaje centrado en el desempeño y no en la persona.  
En lugar de descalificar al estudiante, se debe señalar qué aspecto del trabajo requiere mayor claridad,  
evidencia o justificación. Esta precisión fortalece una relación más equilibrada entre evaluación,  
exigencia y mejora.  
Aporte pedagógico de la propuesta  
El aporte principal de la propuesta es convertir la retroalimentación en una secuencia breve, viable y  
verificable. En lugar de aumentar instrumentos o calificaciones, el modelo organiza la evaluación  
mediante criterios claros, evidencias breves, comentarios focalizados, acciones de mejora y  
verificación del avance. Así, los microciclos permiten que la evaluación no concluya solo con una nota,  
sino que funcione como experiencia de aprendizaje. Aunque reconoce limitaciones del aula, como  
tiempo docente, diversidad estudiantil y presión por calificar, ofrece una alternativa práctica para  
fortalecer una evaluación más justa, comprensible y formativa.  
DISCUSIÓN  
Los hallazgos de la revisión permiten sostener que la evaluación formativa y la retroalimentación  
efectiva adquieren mayor valor cuando se articulan como un proceso pedagógico continuo y no como  
acciones aisladas dentro de la enseñanza. Esta afirmación resulta especialmente relevante para el  
bachillerato, donde la evaluación suele estar atravesada por exigencias de calificación, promoción y  
control del rendimiento. Frente a esa tradición, los estudios analizados muestran una tendencia común:  
la evaluación tiene mayor sentido formativo cuando permite reconocer la distancia entre el desempeño  
actual y el esperado, ofrecer orientación comprensible y generar oportunidades reales de mejora antes  
del cierre del aprendizaje.  
Una primera tensión identificada se relaciona con la diferencia entre evaluar para registrar resultados  
y evaluar para producir información útil. La literatura revisada coincide en que la evaluación formativa  
no depende únicamente del instrumento empleado, sino del uso pedagógico que se hace de la  
evidencia recogida. Valdez et al. (2023) y Lira (2020) permiten comprender que una rúbrica, una lista  
de cotejo o una autoevaluación pueden tener un valor formativo solo si ayudan a tomar decisiones  
durante el proceso. Cuando esos recursos se aplican únicamente al final de la tarea, su función se  
aproxima más a la justificación de una calificación que al acompañamiento del aprendizaje.  
La retroalimentación aparece como el núcleo operativo de esta transformación, aunque los estudios  
también advierten que no toda retroalimentación mejora el aprendizaje. Wisniewski et al. (2020)  
muestran que sus efectos son variables y dependen del tipo de información ofrecida, lo que obliga a  
mirar con cautela las prácticas escolares que confunden retroalimentar con corregir, felicitar o señalar  
errores. En este punto, la discusión no puede limitarse a defender la retroalimentación como una buena  
práctica; el problema central está en su calidad. Un comentario puede estar bien intencionado y, al  
mismo tiempo, resultar poco útil si no indica qué debe revisar el estudiante y cómo puede hacerlo.  
Otro aspecto importante es la dimensión dialógica de la retroalimentación. Araya (2022) cuestiona la  
idea del feedback como transmisión unilateral y propone comprenderlo como una interacción en la que  
el estudiante interpreta, pregunta y usa la información recibida. Esta perspectiva resulta especialmente  
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ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 2374.  
pertinente para el bachillerato, porque los estudiantes no solo necesitan saber qué está bien o mal, sino  
aprender a revisar sus propias decisiones académicas. La retroalimentación dialógica no exige  
necesariamente conversaciones extensas en cada actividad; puede expresarse en una segunda  
versión, una explicación del error, una autoevaluación breve o una respuesta del estudiante al  
comentario recibido.  
La participación estudiantil, en este sentido, no debe entenderse como un complemento opcional, sino  
como una condición para que la evaluación formativa tenga efecto. Muñoz & Araya (2022) y Valdivia &  
Fernández (2020) muestran que la autoevaluación y la regulación del aprendizaje requieren criterios  
claros, oportunidades de revisión y acompañamiento docente. Esta idea permite discutir un problema  
frecuente: muchos estudiantes reciben comentarios, pero no han sido formados para utilizarlos. Por  
ello, la evaluación formativa no solo demanda mejores prácticas docentes, sino también una  
alfabetización evaluativa del estudiante, entendida como la capacidad de comprender criterios, valorar  
evidencias y tomar decisiones de mejora.  
La propuesta de microciclos de retroalimentación formativa responde precisamente a esa necesidad  
de traducir la evidencia revisada en una estructura pedagógica viable. Su aporte no consiste en añadir  
un nuevo instrumento evaluativo, sino en ordenar el proceso alrededor de cinco momentos: criterio  
visible, evidencia breve, retroalimentación focalizada, acción de mejora y verificación del avance. Esta  
secuencia permite enfrentar una debilidad común de la retroalimentación escolar: muchas veces el  
comentario llega, pero no se convierte en una acción posterior. Al exigir una respuesta del estudiante,  
el microciclo desplaza la evaluación desde la simple devolución hacia una experiencia concreta de  
mejora.  
No obstante, esta propuesta debe leerse con prudencia pedagógica. Los estudios sobre re-evaluación  
y oportunidades de mejora, como el de Kramer et al. (2025), muestran efectos favorables cuando  
existen criterios claros y nuevas posibilidades para demostrar aprendizaje; sin embargo, también  
sugieren que dichas oportunidades requieren estructura. Si la mejora se interpreta como repetición  
automática o recuperación sin trabajo previo, la evaluación puede perder exigencia académica. Por  
eso, el microciclo no debe confundirse con flexibilización ilimitada, sino con una forma organizada de  
sostener la exigencia mediante revisión, preparación y evidencia de avance.  
Los instrumentos formativos también requieren una lectura crítica. Las rúbricas, portafolios,  
eportafolios, autoevaluaciones y coevaluaciones pueden favorecer el aprendizaje, pero su sola  
presencia no garantiza profundidad pedagógica. Lis et al. (2024), Llerena et al. (2024) y Castellano &  
Reyes (2022) muestran que estos recursos funcionan mejor cuando clarifican criterios, orientan la  
revisión y permiten observar progresos. El riesgo, en cambio, aparece cuando se convierten en  
formatos burocráticos o en documentos que aumentan la carga docente sin modificar la experiencia  
de aprendizaje. La calidad formativa depende menos del recurso en sí y más de su integración con el  
objetivo, la evidencia y la retroalimentación.  
La tecnología introduce una tensión similar. Muslu y Siegel (2024), Kusairi (2020), Díaz et al. (2023) y  
Lara (2025) permiten reconocer que los entornos digitales pueden favorecer rapidez, organización,  
visibilidad y seguimiento de la retroalimentación. Sin embargo, también muestran que la mediación  
docente sigue siendo decisiva. Una plataforma puede registrar respuestas, generar reportes o facilitar  
comentarios, pero no interpreta por sí sola las necesidades cognitivas, emocionales y contextuales del  
estudiante. De ahí que la tecnología, dentro de la propuesta, deba asumirse como apoyo flexible y no  
como condición indispensable para aplicar evaluación formativa.  
Desde una perspectiva institucional, los hallazgos sugieren que la evaluación formativa no puede  
depender únicamente de la voluntad individual del docente. Capera (2023) y Kenigs et al. (2023)  
permiten ampliar la mirada hacia la planificación, el liderazgo pedagógico y la construcción de  
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ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 2375.  
acuerdos escolares. Para que la retroalimentación sea comprendida y utilizada por los estudiantes, la  
institución necesita promover criterios comunes sobre reentregas, uso de comentarios, participación  
estudiantil y comunicación con las familias. Sin esos acuerdos, las prácticas formativas pueden quedar  
fragmentadas, sujetas al estilo de cada docente y poco sostenibles en el tiempo.  
La discusión muestra que el valor de la evaluación formativa en bachillerato depende de su capacidad  
para transformar la información evaluativa en decisiones pedagógicas y acciones de aprendizaje. El  
modelo de microciclos se ubica en ese punto de encuentro entre evidencia científica y aplicabilidad  
escolar. Su pertinencia radica en que reconoce problemas reales del aula: tiempo limitado, grupos  
numerosos, presión por calificar y necesidad de retroalimentar sin sobrecargar al docente. Al mismo  
tiempo, conserva una exigencia central: la retroalimentación solo es formativa cuando el estudiante la  
comprende, la usa y puede demostrar algún avance a partir de ella.  
Limitaciones  
Una primera limitación del estudio es su carácter documental. Aunque la revisión permitió organizar  
hallazgos recientes sobre evaluación formativa y retroalimentación efectiva, la propuesta de  
microciclos no fue aplicada empíricamente en aulas de bachillerato. Por ello, su eficacia requiere  
validación mediante intervenciones, estudios de caso o investigaciones mixtas en contextos escolares  
reales.  
Otra limitación se relaciona con la diversidad de los estudios incluidos. Aunque se priorizaron  
investigaciones sobre bachillerato, secundaria o educación media, algunos aportes proceden de  
niveles o contextos formativos cercanos. Esto enriqueció el análisis, pero exige cautela al transferir los  
hallazgos, pues la edad de los estudiantes, la cultura evaluativa, la carga docente y las condiciones  
institucionales pueden modificar su aplicación.  
Además, la revisión se desarrolló mediante síntesis cualitativa y temática, no mediante metaanálisis.  
Por tanto, los resultados deben entenderse como tendencias pedagógicas relevantes, no como  
medidas generalizables de impacto. Finalmente, la flexibilidad de la propuesta también implica  
variaciones según asignatura, recursos y estilo docente, por lo que futuras investigaciones deberían  
validar su sostenibilidad en distintas áreas del bachillerato.  
CONCLUSIÓN  
La revisión estableció que la evaluación formativa y la retroalimentación efectiva fortalecen el  
aprendizaje en bachillerato cuando se integran al proceso y no se limitan a acciones posteriores a la  
calificación. Evaluar formativamente no implica aplicar más instrumentos, sino aprovechar mejor la  
información del desempeño estudiantil mediante criterios claros, comentarios comprensibles y  
oportunidades reales de mejora.  
La retroalimentación efectiva resulta decisiva, aunque su valor depende de cómo se formula y utiliza.  
Los comentarios generales, tardíos o centrados solo en el resultado orientan poco el aprendizaje; en  
cambio, una retroalimentación clara, específica, oportuna y accionable ayuda al estudiante a reconocer  
qué debe mejorar y cómo hacerlo. Esto exige participación activa mediante autoevaluación,  
coevaluación, revisión de segundas versiones y explicación de los cambios realizados.  
Como aporte central, se propone el modelo de microciclos de retroalimentación formativa, organizado  
en cinco momentos: criterio visible, evidencia breve, retroalimentación focalizada, acción de mejora y  
verificación del avance. Esta ruta ofrece una alternativa gradual, viable y pedagógicamente  
fundamentada para transformar la evaluación en una experiencia de aprendizaje más justa,  
comprensible y orientada al progreso.  
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REFERENCIAS  
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