Los murmullos en Pedro Páramo, de Juan Rulfo  
The murmurs in Pedro Páramo by Juan Rulfo  
Edith González Estrada  
Universidad Autónoma del Estado de México  
México  
Artículo recibido: 17 de febrero de 2026. Aceptado para publicación: 01 de julio de 2026.  
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.  
Resumen  
Los murmullos en Pedro Páramo, de Juan Rulfo, se configuran a partir de los distintos planos y niveles  
de la instancia narrativa, que se entrecruzan, se cortan para dialogar con otros niveles, dando pie a la  
configuración del dialogismo de manera compleja y heterogénea en los diferentes niveles e instancias  
de la construcción artística y poética. A través de ese dialogismo, se responde en el espacio artístico,  
¿quién fue Pedro Páramo?, ¿quién fue la madre?, ¿quién fue Comala?, Se da pauta para hacer una  
nueva versión de los hechos con todo lo que ello implica, su heterogeneidad y complejidad por su  
posición y perspectiva de cada personaje. Con esto, se movilizan ciertos momentos históricos de la  
vida de México, lo que se creyó y lo que ahora, desde el mundo de los muertos, se vuelve a re-  
configurar. Por lo cual, el objetivo de este trabajo es demostrar cómo ese dialogismo se configura de  
maneras muy complejas y heterogéneas. Nadie tiene la última palabra, todas las voces ahí  
representadas se configuran y re-configuran de manera simultánea y en un proceso continuo, porque  
ese diálogo se construye desde el presente histórico de cada personaje. Así, cada personaje es un  
narrador pequeño de su propia versión de los hechos y, su posición en el tiempo, es anterior a su  
posición actual del recuerdo como personaje narrador y, a su vez, el narrador-autor, quien cuenta ese  
recuerdo desde su propio presente histórico se ve rebasado por la posición y presente histórico del  
autor, “Así, el presente logra su legitimidad en el pasado, y éste su reconocimiento en el presente”  
(Sánchez, 2002).  
Palabras clave: dialogismo, heterogeneidad, instancias narrativas, mundo de los muertos,  
configuración  
Abstract  
The murmurs in Juan Rulfo’s *Pedro Páramo* take shape through the various planes and levels of the  
narrative instance; these intersect and cut across one another to engage in dialogue with other levels,  
giving rise to a complex, heterogeneous form of dialogism across the different strata and instances of  
the work’s artistic and poetic construction. Through this dialogism, the artistic space addresses  
questions such as: Who was Pedro Páramo? Who was the mother? What was Comala? It paves the  
way for a new version of eventsalong with all the implications thereofreflecting the heterogeneity  
and complexity inherent in each character's position and perspective. This process mobilizes specific  
historical moments in Mexico’s life—what was once believed versus what is now being reconfigured  
from the realm of the dead. Consequently, the aim of this study is to demonstrate how this dialogism  
is structured in highly complex and heterogeneous ways. No single voice has the final word; all the  
voices represented there are simultaneously configured and reconfigured in a continuous process, as  
the dialogue is constructed from each character's own historical present. Thus, every character acts  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, julio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 2572.  
as a narrator of their own version of events; their position in time predates their current stance as a  
remembering narrator. In turn, the narrator-authorwho recounts that memory from their own  
historical presentis transcended by the position and historical present of the author: "Thus, the  
present gains legitimacy in the past, and the past gains recognition in the present" (Sánchez, 2002).  
Keywords: dialogism, heterogeneity, narrative instances, world of the dead, configuration  
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Cómo citar: González Estrada, E. (2026). Los murmullos en Pedro Páramo, de Juan Rulfo. LATAM  
Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 7 (3), 2572 2585.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, julio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 2573.  
INTRODUCCIÓN  
Las instancias narrativas que configuran la novela son: la representación del acontecimiento, la  
expresión de la palabra de los personajes, las voces de los narradores, la presencia de voces desde  
otros planos, como el cielo de donde proviene la voz de la madre de Juan Preciado, y la configuración  
de la novela en escenas contenidas en ciclos que dialogan entre sí y marcan rupturas con el  
acontecimiento para dar pauta a los otros acontecimientos histórico-político-cultural con que dialoga  
la obra como parte de la configuración poética del autor-implicado quien crea la voz narrativa para  
contar múltiples visiones de mundo, desde muchos lenguajes, estilos y voces. Desde todos esos  
niveles y planos, se configuran los murmullos en Pedro Páramo, que son las voces que construyen la  
identidad de cada uno de los personajes, de manera muy compleja y heterogénea porque cada uno sale  
a decir, aparentemente desde la tumba, lo que ellos dicen de sí mismos, lo que se dijo de ellos y lo que  
ellos dijeron de los otros, construyéndose ese dialogismo desde lo que Bajtín dice sobre la triple  
orientación de la palabra: Yo- para- mí, yo- para- el otro y el otro-para mí, a esto sumarle, que de acuerdo  
con dicho autor, en toda palabra dicha con sentido, el emisor se dirige al objeto de la representación  
del discurso y a la palabra ajena, así se configuran y re-configuran todos a la vez, porque todos se  
escuchan de manera simultánea mientras se cuenta el deambular de Preciado en Comala y la historia  
de Pedro Páramo.  
En este sentido, de manera sintetizada y simple, dado lo complejo y extenso del análisis, se explica  
cómo funciona ese dialogismo que configura los murmullos en Pedro Páramo, a partir del ciclo uno  
hasta el siete de la historia de Preciado y Páramo nada más. Y, a partir de un modelo de aproximación  
a la obra literaria, el PASA [Proceso de Aproximaciones Sucesivas Acumulativas], propuesto por Solé  
(2003), como una manera de acercamiento a la novela y en el entendido de que ésta es un sujeto que  
habla por medio de todas sus instancias narrativas no un objeto lingüístico al que hay que encontrar  
un tema o aplicarle una teoría por fuera de la obra.  
En este sentido, la relevancia del estudio de Pedro Páramo, en el siglo XXI, es de suma importancia  
porque es un referente en la literatura latinoamericana de fines del siglo XX, publicada en 1955. Es un  
precedente de lo que después se perfiló como Boom latinoamericano y se definieron características  
más específicas de la nueva novela histórica del mismo siglo. Representa un parteaguas en la narrativa  
latinoamericana y a nivel internacional. Es una obra maestra que rompe con los cánones de novela que  
tradicionalmente se venía escribiendo. La obra propone repensar e imaginar la identidad del mexicano  
después de varios acontecimientos históricos ocurridos en México, como: la dictadura de Porfirio Díaz,  
la Revolución Mexicana de 1910 y la Guerra Cristera de 1927-1929, cuyos procesos y movimientos  
endógenos y exógenos delinearon el nuevo Estado Mexicano moderno, que sentó las bases de lo que  
actualmente sigue vivo en lo político, económico y religioso. Contexto que no podríamos entender sin  
mirar atrás [memoria colectiva], para comprender que dichos movimientos históricos configurados por  
la literatura, se vuelven complejos, heterogéneos y transculturados si los observamos con un  
caleidoscopio que es el lenguaje artístico por medio de las instancias narrativas que nos llevan a mirar  
y escuchar ese mundo complejo y con esto, nuestro mundo, no como algo cerrado y acabado, sino a  
comprender todas las versiones de los personajes como portadores de múltiples puntos de vista que  
se modifican en su propio proceso evolutivo en su devenir del recuerdo, memoria y diálogo consigo  
mismo, con el otro y ellos [los personajes] para los otros. Lo cual lleva a cuestionar todo discurso  
monolítico o cerrado, construido alrededor de lo que fueron dichos acontecimientos y, que  
construyeron narrativas igualmente cerradas en una época determinada cuando no estaba permitido  
hablar de ciertos temas, o simplemente, no tuvo el eco suficiente para entender nuevas propuestas  
teórico-metodológicas para una aproximación a Pedro Páramo.  
La novela de Juan Rulfo, así como Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, en Colombia, es  
un exponente literario mexicano, que propone nuevas maneras de narrar, de pensar e imaginar no un  
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Macondo, sino un pueblo llamado Comala, que puede estar en cualquier parte del mundo, en un lugar  
de la Mancha, con nombres cambiados y seguir siendo los Páramo, quienes pactan y hacen acuerdos  
a puerta cerrada con los más pudientes del pueblo para extraer lo más valioso, la tierra, y pasar por  
encima de las leyes, sin que nadie pueda evitarlo. El problema de la posesión de la tierra, es un tema  
ampliamente tocado en la novela de la revolución visto desde otra óptica, desde otro tiempo, etc., pero  
el tema de la tierra en Pedro Páramo, cambia, aquí se muestra esa continuación de los sueños que se  
tuvieron en la revolución mexicana, por eso se cuentan las consecuencias de la revolución mexicana,  
el tema adquiere otro matiz, otro significado, Rulfo deja muchos “hilos colgantes” para que el lector  
concretice dichos vacíos y tome un papel activo. No obstante, la obra no puede decir lo que no tiene,  
de ahí la importancia del método de análisis, y analizar paso a paso, las instancias narrativas para  
podernos aproximar de manera sucesiva y acumulativa, de modo que quien habla y expresa, es la  
novela-sujeto, y no es una interpretación por fuera de la misma, así como tampoco, se pretende analizar  
un tema específico. En la novela en análisis se puede entender, a quienes benefició principalmente la  
Revolución Mexicana y para qué se hizo la Guerra Cristera.  
Por estas razones, la novela se vuelve profundamente compleja, heterogénea, y transculturada porque  
permite cuestionarnos todo, a partir de irnos aproximando nivel por nivel, para entender lo que el autor  
implicado, los narradores, y los personajes, nos quieren decir, cuál es su intención y desde qué espacio  
tiempo nos habla y con qué época dialoga. Sin estos elementos es como si la obra fuera un mero texto  
lingüístico en donde el lector interpreta desde sus propios intereses y no lo que la obra trata de  
explicarnos a través de sus diferentes instancias narrativas en las que está configurado el lenguaje  
artístico.  
En este tenor, el primer nivel corresponde a la representación del acontecimiento en donde los  
personajes actúan, viven, se desplazan, etc., en este caso, lo que observamos es que tanto el  
acontecimiento de Juan Preciado como de Pedro Páramo, están en el recuerdo, desde la tumba, es  
decir, el acontecimiento no lo hay como tal, no está en devenir porque los personajes están  
configurados en el mundo de los muertos, en donde hay otra lógica, para el caso dice Volek, los muertos  
siguen viviendo y escuchando. Añadiríamos a esto, desde la propia obra, según se cuenta, los  
personajes, habitan el espacio y tiempo, aunque sea un no tiempo, en donde ellos siguen fantaseando  
y creyendo que cometieron el acto que los hizo andar deambulando como almas en pena. Y desde ese  
cronotopo, ellos siguen configurando y re-configurándose a sí mismos, al otro, y siguen escuchando  
qué dijeron los otros de ellos, dando una nueva versión de sí mismos y de los hechos. Con lo cual, todos  
se transforman por las múltiples versiones que ahí se cuentan de todos, y esa imagen como de piedra  
de Pedro Páramo, de Susana San Juan, de Dolores Preciado, de Eduviges, etc., se desmorona en el  
discurso. Dicho lo anterior, nos enfocamos, someramente, en la palabra de los personajes, de los  
narradores y del autor-implicado por cuanto responsable de la composición poética de la novela.  
En el caso de Juan Preciado, la novela abre con una respuesta a un interlocutor que no conocemos  
sino hasta más allá de la mitad de la novela, “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre,  
un tal Pedro Páramo.” Con lo cual deja claro por qué dice que fue a Comala –si fue o no fue, no es lo  
importante, sino para qué lo cuenta al otro-. El personaje llega con los recuerdos de su madre Dolores  
Preciado, con la voz de la madre viva, quien le habló de la Comala viva, “Hay allí, pasando el puerto de  
Los Colimotes, la vista muy hermosa de una llanura verde, algo amarilla por el maíz maduro. Desde ese  
lugar se ve Comala, blanqueando la tierra, iluminándola durante la noche” (Rulfo, 2004, p. 18).  
El recuerdo de la madre viva lo confronta con el ahora, que dice que vio, y es lo opuesto porque todo  
está triste y abandonado. Dicho diálogo entre el antes y el ahora implica una confrontación en su  
memoria y en su aquí y ahora, que no entiende por qué está así. Con cada uno de los personajes que  
dice haberse encontrado en su camino a Comala, cada uno le refiere desde sus intenciones una imagen  
de Pedro Páramo. Es así que Abundio, el arriero, le dice.  
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¿Ve aquella vejiga de puercos? Pues detrasito de ella está la Media Luna. Ahora voltié para allá. ¿Ve la  
ceja de aquel cerro? Véala. Y ahora voltié para este otro rumbo. ¿Ve la otra ceja que casi no se ve de lo  
lejos que está? Bueno, pues eso es la Media Luna de punta a cabo. Como quien dice, toda la tierra que  
se puede abarcar con la mirada. Y es de él todo ese terrenal. El caso es que nuestras madres nos  
malparieron en un petate aunque éramos hijos de Pedro Páramo. Y lo más chistoso es que él nos llevó  
a bautizar. Con usted debe haber pasado lo mismo, ¿no? (Rulfo, 2004, p. 20).  
El arriero le explica, según refiere, la paradoja de ser hijos de un hombre rico en terrenos, y que sus hijos  
nacieran en un petate, a pesar de haber sido registrados de manera oficial por las leyes. No hay  
correspondencia entre lo oficial y la vida cotidiana, el haber sido bautizados por él, no fue impedimento  
para que hiciera lo que hizo. En pocas palabras, la ley no lo comprometió a nada. Hizo lo que quiso.  
Así, Abundio presenta a su padre como el cacique que posee muchas tierras, y como el hombre a quien  
no le importan los demás. Ese es su conflicto personal y colectivo con el gran Otro. Sin embargo,  
también esa imagen que configura del otro/Pedro Páramo, es la respuesta que dialoga con la escena  
final de la novela, en donde escuchamos que Abundio mató al cacique. Pero ese ya es otro nivel, en  
donde oímos que una escena del inicio de la novela dialoga con la última de la misma. Esa es la  
intención del autor implicado, el dialogismo entre escenas con una intención clara.  
En este sentido, regresando a Abundio, él no le dice a Juan Preciado que él mató al padre, no la  
sabemos por él mismo, sino por el narrador de la historia de Pedro Páramo. He ahí el dialogismo entre  
voz del personaje Abundio con la voz del narrador de la historia de Pedro Páramo. Lo que unos no dicen  
de sí mismos, nos enteramos por los otros [voces ajenas].  
Eduviges es el siguiente personaje con quien choca Juan Preciado, quien lo pone al tanto de su relación  
con su madre, Dolores Preciado, su relación con Pedro Páramo, los favores que le hizo a aquella en la  
noche de su boda, y le da a entender que su padre no los abandonó, sino que su madre tomó la decisión  
de irse de Comala para ver a su hermana.  
‘Y tu madre se fue: -Hasta luego don Pedro. -¡Adiós!, Doloritas. Se fue de la Media Luna para siempre.  
Yo le pregunté muchos meses después a Pedro Páramo por ella. Quería más a su hermana que a mí.  
Allá debe estar a gusto. Además ya me tenía enfadado. No pienso inquirir por ella, si es eso lo que te  
preocupa. ¿Pero de qué vivirán? –Que Dios los asista’ (Rulfo, 2004, p. 31).  
Esta es la versión de los hechos del porqué la madre de Preciado se fue, con la cual Eduviges, la dueña  
de una fonda, quiere desmentir la versión de la madre. A su palabra dicha, le responde Dolores Preciado  
desde el cielo-, “…El abandono en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro.” Estas palabras no son del  
recuerdo que lleva Preciado, sino la voz de la madre que responde de manera directa desde otro plano  
[desde el cielo] para debatir la versión de la otra. Con lo cual comprobamos que entre muertos huelen  
lo que unos dicen de los otros. Recordemos El ruido y la furia de Faulkner, en donde Ana, la hermana  
de Benji, le dice a Delsy, su nana desde el mundo de los muertos que no es necesario que hable u  
oiga, aquel puede oler lo que se dice de él. Y en este caso, en el mundo de los muertos de Pedro Páramo,  
escuchamos que en el recorrido que hace el hijo en busca de su padre, le salen a su encuentro varios  
personajes que formaron parte del mundo del cacique, lo cual, ahora se entiende por qué.  
Eduviges, al igual que Abundio, dice lo que le conviene decir, es así que no le explica el por qué lo llevó  
al “último cuarto” de su otrora fonda, ella sabe que ahí pasó algo, pero no lo dice a Preciado, nos  
enteramos por la voz narrativa de la historia de Pedro Páramo, quien a su vez, configura los recuerdos  
de Fulgor Sedano, y desde su memoria, ahora recuerda, desde el mundo de los muertos, el día que le  
pidió a Eduviges que le prestara uno de sus cuartos para ahorcar a Toribio Aldrete,  
Se acordaba. Fue lo primero que le dijo el Aldrete, después que se habían estado emborrachando  
juntos, dizque que para celebrar el acta:  
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-Con ese papel nos vamos a limpiar usted y yo, don Fulgor, porque no va a servir para otra cosa. Y eso  
usted lo sabe. En fin, por lo que a usted respecta, ya cumplió con lo que le mandaron, y a mí me quitó  
de apuraciones; porque me tenía usted preocupado, lo que sea de cada quien. Ahora ya sé de qué se  
trata y me da risa. Dizque «usufruto». Vergüenza debía darle a su patrón ser tan ignorante. Se acordaba.  
Estaban en la fonda de Eduviges. Y hasta él le había preguntado: -Oye, Viges, ¿me puedes prestar el  
cuarto del rincón? (Rulfo, 2004, p. 44).  
Estas palabras configuradas por el narrador, son los recuerdos de Fulgor Sedano, quien desde una  
distancia temporal que no es clara, configura lo que el administrador de la Media Luna, estaría  
recordando. Sin embargo, estas escenas no son casualidad, sino están dispuestas, justamente  
después de la escena en que Eduviges antes de desaparecer como guía de Preciado, le pregunta, “-  
¿Has oído alguna vez el quejido de un muerto? me preguntó a mí. No, doña Eduviges. –Más te vale.”  
Las escenas que escuchamos en un nivel, detonan las del nivel de la narración de la voz testigo-cronista  
que configura la vida de Pedro Páramo. De ahí la importancia de entender por qué esas escenas y no  
otras están dispuestas así, una después de la otra. Desde luego, el autor implicado, es el artífice de  
dicha configuración de cada escena, las rupturas que ocurren en el hilo de la narración de Preciado y  
de Pedro Páramo tienen un objetivo, un sentido, una intención, un para qué.  
Asimismo, escuchamos que Eduviges desaparece, y quien va a su encuentro es Damiana Cisneros,  
quien le informa que en ese cuarto murió Toribio Aldrete. Es así como Preciado se da cuenta de las  
intenciones de cada uno, a partir de su encuentro con el siguiente personaje. Como un proceso, va  
entendiendo quién es su padre, en ese proceso de ida a Comala, y como narrador de su deambular y  
de regreso, ya entendió a qué iba a dicho lugar, “Y me quedé. A eso venía.”, cuando Abundio lo invita a  
ir a su casa o a quedarse en Comala.  
Según se cuenta, su siguiente encuentro es con Filoteo Aréchiga y un par de mujeres por quienes  
Preciado se entera que aquel le buscaba mujeres a Pedro Páramo, lo cual, lo acerca a su próximo  
desplome en la casa de los hermanos incestuosos, en donde se da cuenta de que él está muerto,  
ՙRuega a Dios por nosotros. ՚ Eso oí que me decían. Entonces se me heló el alma. Por eso es que  
ustedes me encontraron muerto.” Es la respuesta que da Preciado a Dorotea, una vez que acepta que  
fue el miedo aparentemente-, lo que lo mató y no la falta de aire. Esa contestación tiene que ver más  
con todo el proceso de escuchar quién es su padre, quién es él, y quienes son los otros. Con la distancia  
temporal del antes [su aparente devenir] en el recuerdo, su ahora en la tumba, pero este estar en la  
tumba no es un estado pasivo en tanto escucha a los otros, se re-figura con todo lo que escucha de  
Susana San Juan como narradora y de todo lo que dicen los demás alrededor de su tumba. Sin  
embargo, es importante tomar en cuenta, que Juan Preciado como narrador de su historia, no es  
únicamente aquel quien toma en cuenta a Dorotea como su interlocutora, ese es uno. El otro narrador  
pegado al autor-implicado, es aquel quien toma en cuenta a un auditorio distinto quien sea capaz de  
entender para qué nos cuenta su deambular por Comala. Una es su narración autoconsciente dirigida  
a Dorotea y otra, es la dirigida con detalles, con pensamientos internos, con las dos maneras de narrar,  
por el inicio o por el final a un auditorio.  
En este mismo nivel de la palabra de los personajes, en que Dorotea, su interlocutora callada, le  
responde, “-Mejor no hubieras salido de tu tierra. ¿Qué viniste hacer aquí? Ya te lo dije en un principio.  
Vine a buscar a Pedro Páramo, que según parece fui mi padre. Me trajo la ilusión” (Rulfo, 2004, p. 66).  
Hay una ruptura en la narración, el autor implicado marca un antes y un después para señalar un tiempo  
diferente, puesto que la pareja de esposos-hermanos con cuyo encuentro se da cuenta de su muerte.  
Ellos marcan el tiempo de la cristería, de ahí el deambular de almas en pena que “no encontraran el  
descanso.”  
Preciado-personaje y Dorotea callan para escuchar lo que dice la voz de Susana San Juan, cuya voz es  
movilizada o detonada por su conversación. Su voz se perfila como narradora, de modo que la  
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conversación entre Preciado-Dorotea desde la tumba, según se cuenta, detonan la de otras tumbas,  
quienes responden dando su nueva versión desde el mundo de los muertos, tal como los personajes  
de Antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters aunque más complejo-, en donde aquellos, desde  
el mundo de los muertos, desmienten el epitafio que se colocó sobre sus tumbas, haciendo  
aclaraciones sobre lo que no se dijo de ellos, sino más bien, lo que se hizo creer, ya por el poder  
económico, político, religioso, etc., de ese entonces, es decir, como parte de momentos históricos que  
no permitieron en aquel espacio-tiempo, decir la verdad de los hechos. En donde los muertos nunca  
tuvieron voz en el mundo de los vivos, y en el de los muertos, sus voces, sus murmullos salen a decir  
su versión, su verdad.  
En este tenor, Susana San Juan, como narradora, cuenta su conflicto personal y colectivo, puesto que  
ya escuchó lo que Juan Preciado contó a Dorotea de los hermanos incestuosos y su abandono  
supuesto del obispo al no darles el perdón. Ese tema del abandono, a Susana San Juan le moviliza  
también su conflicto con la Iglesia. Escuchemos.  
Nadie vino a verla. Así estuvo mejor. La muerte no se reparte como si fuera un bien. Nadie anda en  
busca de tristezas. Tocaron la aldaba. Tú saliste. Ve tú te dije-. Yo veo borrosa la cara de la gente.  
Y haz que se vayan. ¿Qué vienen por el dinero de las misas gregorianas? Ella no dejó ningún dinero.  
Díselos, Justina. ¿Qué no saldrá del purgatorio si no le rezan esas misas? ¿Quiénes son ellos para hacer  
la justicia, Justina? ¿Dices que estoy loca? está bien. Y tus sillas se quedaron vacías hasta que fuimos  
a enterrarla con aquellos hombres alquilados, sudando por un peso ajeno, extraños a cualquier pena  
[…] (Rulfo, 2004, p. 82).  
Las palabras de Susana San Juan confrontan el papel maniqueo de la Iglesia para dar el perdón de los  
pecados a la gente, y muestra que la Iglesia no era justa, sino era un poder institucionalizado que dejó  
en el olvido a los pobres. Dorotea responde a las palabras de aquella y le dice a Preciado, “[…] Claro que  
nadie se paró en su casa por el puro miedo de agarrar la tisis. ¿Se acordará de eso la indina? De eso  
hablaba. –Cuando vuelvas a oírla me avisas, me gustaría saber lo que dice.” (Rulfo, 2004, p. 83). Con  
lo cual, volvemos a corroborar que en el mundo de los muertos, todos se escuchan y se enteran de  
todo. Y salen a decir sus conflictos y sus culpas.  
Ahora bien, pongamos atención a lo que se cuenta de la historia de Pedro Páramo recordemos que  
ambas narraciones corren simultáneas-. Hagamos una pausa para explicar cómo está configurada y  
cómo dialoga con las escenas o ciclos de la de Juan Preciado. Como ya lo señaló Perus (2012, p. 167)  
en “Juan Rulfo: el arte de narrar”, quien cuenta la vida de Pedro Páramo es un “narrador en tercera  
persona, cuyas formas de narrar parecieran correr paralelas a las de Juan Preciado, sin que sus voces  
y sus puntos de vista se confronten jamás”, -con lo cual no estamos de acuerdo por lo expuesto arriba-  
. En algunos casos, dice, el narrador anónimo, narra lo que Pedro niño y adolescente haría, con una  
distancia temporal de tercera persona, dando un toque objetivo a la historia, sin embargo no es todo el  
tiempo porque a veces su voz parece esfumarse cuando escuchamos los diálogos directos de los  
personajes. Sea como fuere, en nuestro análisis mostramos las maneras y formas de ser de ese  
dialogismo en la narración de la vida de Pedro Páramo, sus complicaciones en el propio nivel, y cómo  
todo dialoga con el todo porque todos se están escuchando, de ahí la configuración y re-configuración  
de las versiones que se contaron o se hicieron creer y, se confrontan con lo que ahora se dice.  
Efectivamente, como dice Perus, al inicio de la historia de Pedro Páramo, escuchamos una voz en  
tercera persona, quien parece darle objetividad a la historia por la distancia temporal de los hechos y  
así abre,  
El agua que goteaba de las tejas hacía un agujero en la arena del patio. Sonaba: plas plas y luego otra  
vez plas, en mitad de una hoja de laurel que daba vueltas y rebotes metida en la hendidura de los  
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ladrillos. Ya se había ido la tormenta […] -¿Qué tanto haces en el excusado, muchacho? Nada, mamá.  
Si sigues allí va a salir una culebra y te va a morder. Sí, mamá (Rulfo, 2004, pp. 24-25).  
El narrador nos sitúa en el contexto de la narración en donde acaba de llover, de pasar una tormenta,  
la cual, se entiende como la muerte del abuelo que causó estragos económicos, la Iglesia que cobró  
los diezmos, o a qué tormenta se refiere que los dejó “sin un centavo”. Nuevamente, la Iglesia aparece  
como el gran Otro con quien varios o muchos, tuvieron conflicto. O bien, ¿las leyes de reforma de  
Juárez? La respuesta del niño Pedro desde el baño es “nada mamá”, quien se encuentra escondido  
protegiéndose de la tormenta. Mismo hecho que adelanta las acciones de la manera de ser del mismo  
personaje de adulto, de esconderse ante los conflictos.  
El inicio de la historia de Pedro Páramo se entrelaza o dialoga con el fin de la misma porque termina  
con el inicio de la guerra cristera. Los gobiernos de la posrevolución han tocado a dicha institución, y  
es entonces cuando Rentería como representante de la Iglesia se va a la sierra a esconderse de los  
rebeldes/revolucionarios, o bien, va a pelear al lado de ellos o contra ellos, no es claro. La Iglesia que  
estaba escrita con mayúscula al inicio, ahora se desmorona y está escrita con minúscula. Tratemos de  
explicar la historia de Pedro Páramo por el inicio, tomando como referente este punto cronotópico  
desde el cual, el narrador-autor implicado, focaliza la historia y nos invita a dialogar con todos los  
hechos o procesos que tuvieron que ocurrir para entender el presente histórico de Preciado-Dorotea en  
su tumba, desde el cual están recordando y escuchando todo.  
En este sentido, continuando con la memoria del narrador-testigo, escuchamos hasta el séptimo de  
once ciclos, cómo Pedro Páramo, como heredero de su familia, logró resolver sus deudas y cómo  
solucionó ese problema que se conecta con la promesa supuesta, que Preciado le hace a su madre, “El  
olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro. –Así lo haré madre.”  
En el ciclo uno, se habla de una tormenta que acaba de pasar, y está asociada con la muerte del abuelo,  
con la escasez económica en que la Iglesia los dejó por el diezmo, y entendemos los gastos que  
pagaron con el entierro del abuelo. La madre y la abuela piden fiado a doña Inés Villa, a quien  
escuchamos por primera vez en el ciclo once. En el ciclo dos, Pedro-adolescente se queja del trabajo y  
su abuela lo regaña porque no está trabajando. En el ciclo tres, muere su padre y su hijo. Son varias  
escenas las que abarca dicho ciclo [5, 6, 7, 8, 9], y las que abarcan la muerte de Miguel Páramo, por lo  
cual, su figura nos lleva a entender que representa algo importante, y son las acciones del hijo del  
cacique, “quien salió igualito a su padre”. Y lo que conlleva o viene después de su muerte, es el destape  
de todas sus acciones aparentemente ocultas, pero que todos ya sabían. Es decir, sus cómplices y  
testigos salen a hablar, porque ahora “ya no le puedo causar ningún perjuicio”, –dice Dorotea. El ciclo  
seis habla sobre su pacto con Dorotea y, en el siete, escuchamos las diferentes versiones que cuentan  
quién era el hijo del cacique.  
Pedro Páramo se acercó, arrodillándose a su lado:  
-Yo sé que usted lo odiaba, padre. Y con razón. El asesinato de su hermano, que según rumores fue  
cometido por mi hijo; el caso de su sobrina Ana, violada por él según el juicio de usted; las ofensas y  
falta de respeto que le tuvo en ocasiones son motivos que cualquiera puede admitir. Pero olvídese  
ahora, padre. Considérelo y perdónelo como quizá Dios lo haya perdonado.  
Puso sobre el reclinatorio un puño de monedas de oro y se levantó:  
-Reciba eso como una limosna para su iglesia (Rulfo, 2004, p. 37).  
El padre del difunto Miguel Páramo, toma en cuenta la palabra ajena de todo lo que se ha dicho en  
torno a su hijo, y no descarta que lo haya cometido, sin embargo, minimiza todo y acostumbrado a  
arreglar todo con dinero, le entrega unas monedas de oro para que eche al olvido todas esas “ofensas”,  
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creyendo que incluso Dios ya lo perdonó, pues está acostumbrado a que la Iglesia y sus servicios estén  
del lado de los ricos. Pedro Páramo sabe el modo de accionar de la Iglesia, quien justo con la muerte  
de su hijo, se empieza a desmoronar.  
Esa noche del entierro, de Miguel Páramo, el padre Rentería le pregunta a su sobrina Ana sobre la  
supuesta violación que sufrió por parte de Miguel Páramo,  
- ¿Entonces qué hiciste para alejarlo?  
-No hice nada.  
Los dos guardaron silencio por un rato. Se oía el aire tibio entre las hojas del arrayán.  
-Me dijo que precisamente a eso venía: a pedirme disculpas y a que yo lo perdonara. Sin moverme de  
la cama le avisé: «la ventana está abierta.» Y él entró. Llegó abrazándome, como si ésa fuera la forma  
de disculparse por lo que había hecho. Y yo le sonreí […]  
» Creí que me iba a matar. Eso fue lo que creí tío. Y hasta de dejé de pensar para morirme antes de que  
él me matara. Pero seguramente no se atrevió a hacerlo.  
» Lo supe cuando abrí los ojos y vi la luz de la mañana que entraba por la ventana abierta. Antes de esa  
hora, sentí que había dejado de existir (Rulfo, 2004, p. 38).  
En estas palabras, que al inicio son las del narrador quien hace la voz de Ana y de Rentería, vemos las  
comillas dobles, “Creí que me iba a matar […] Antes de esa hora, sentí que había dejado de existir”, nos  
percatamos que es la voz de Ana, pero desde el mundo de los muertos, como si ella le respondiera al  
narrador principal lo que sintió en ese momento. Tal como ocurre con Pedro Páramo desde su tumba  
cuando el narrador configura las palabras de la madre de Pedro-niño, “-¿Qué tanto haces en el  
excusado, muchacho? Nada, mamá. Si sigues allí va a salir una culebra y te va a morder. –Sí, mamá.”  
Estas son las palabras del narrador haciendo las voces de la madre e hijo. Pero posterior a estas voces,  
escuchamos lo siguiente, «Pensaba en ti, Susana. En las lomas verdes. Cuando volábamos papalotes  
en la época del aire. Oíamos allá abajo el rumor viviente del pueblo mientras estábamos encima de él,  
arriba de la loma, en tanto se nos iba el hilo de cáñamo arrastrado por el viento» (Rulfo, 2004, p. 25).  
Esta voz es de Pedro adulto quien contesta al narrador a partir de lo que escucha desde su tumba.  
Responde, ya con la palabra dicha o no dicha, desde el pensamiento interno, etc., lo cual deja entender,  
que hay otro dialogismo, entre la voz del narrador principal de la historia de Pedro Páramo y la voz de  
Pedro Páramo y Ana, desde lo que les moviliza en sus tumbas.  
Sigamos pues, con las escenas en donde escuchamos las múltiples versiones de la muerte de Miguel  
Páramo. Ana rompe con la imagen de la sobrina violada porque en realidad escuchamos que ella  
accedió y permitió la entrada de aquel en su cuarto. Asimismo, dicha imagen se desmorona cuando  
ella, desde su tumba, y desde una distancia temporal distinta, más actual, actualiza los hechos y deja  
en qué pensar, si fue violada o fue lo que Rentería le hizo creer al cacique. ¿Para qué? y ¿por qué?  
Otra versión de quién fue Miguel Páramo, la configuran los caporales de la Media Luna, cuando se dice  
que se sientan a platicar la noche de su entierro.  
Al rato llegaron más chismes de Contla. Los trajo la última carreta.  
-Dicen que por allá anda el ánima. Lo han visto tocando la ventana de fulanita. Igualito a él. De  
chaparreras y todo. - ¿Y usted cree que don Pedro, con el genio que se carga, iba a permitir que su hijo  
siga traficando viejas? Ya me lo imagino si lo supiera: «Bueno le diría-. Tú ya estás muerto. Estáte  
quieto en tu sepultura. Déjanos el negocio a nosotros.» Y de verlo por ahí, casi me las apuesto que lo  
mandaría de nuevo al camposanto (Rulfo, 2004, p. 40).  
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Aquí escuchamos la voz del narrador de la historia de Pedro Páramo, quien responde a la versión de  
Eduviges, contada por Juan Preciado en diálogo con Dorotea. Y el narrador, le llama “chismes” a lo que  
contó Eduviges, puesto que ella misma dice, “Ve tú a saber si fue ilusión mía. Lo cierto es que algo me  
obligó a ver quién era. Y era él, Miguel Páramo.” En este sentido, el narrador de la historia de Páramo  
llama chismes a lo que le contó a Preciado y esos chismes, los esparcieron las carretas. Las palabras  
que escuchamos en la cita son de Isaías, quien le platica a otros caporales lo que se sabe de Miguel  
Páramo, que “traficaba viejas” y lo que su padre le habría dicho si lo hubiese sabido, “Estáte quieto en  
tu sepultura. Déjanos el negocio a nosotros.” Aquí se provoca una polémica abierta desde las  
intenciones del caporal, entre lo que sería la palabra del padre y del hijo, la cual se hace para burlarse  
de ambos, y dentro de esa burla hay una denuncia clara de lo que hacía el hijo y seguramente el padre  
por lo demostrado con Dolores Preciado y Susana San Juan.  
Hagamos una pausa para analizar las palabras del caporal Isaís, el “tráfico de viejas”, se refiere al  
tráfico de tierras. En la escena 12, del ciclo cuatro, el narrador expresa las palabras de Fulgor Sedano  
como si él fuera aquel,  
De no haber sido porque estaba tan encariñado con la Media Luna, ni lo hubiera venido a ver. Se habría  
largado sin avisarle. Pero le tenía aprecio a aquella tierra; a esas lomas pelonas tan trabajadas y que  
todavía seguían aguantando el surco, dando cada vez más de sí…La querida Media Luna… Y sus  
agregados: «Vente para acá, tierrita de Enmedio.» La veía venir. Como que aquí estaba ya. Lo que  
significa una mujer después de todo. «¡Vaya que sí!», dijo. Y chicoteó sus piernas al trasponer la puerta  
grande de la hacienda (Rulfo, 2004, p. 47).  
Escena que moviliza un problema grave que ocurrió durante la colonia y posiblemente hasta la  
revolución, “el tráfico de tierras” en Cocula, Jalisco, en los años 1609-1618, cuando se otorgó un  
considerable número de mercedes reales de tierra a un grupo de prestanombres, quienes las obtenían  
con la intención de traspasarlas directamente a terceros, contraviniendo sus condiciones de  
otorgamiento (Fernández, 2001, p.1).  
Generalmente se otorgaban para que el receptor utilizara las tierras para estancia de ganado mayor  
[algún tipo de ganado, como caballar], o menor [ovino, porcino, equino incluso mulas], para cultivo de  
maíz u otro grano, según la tierra, y en un plazo de un año, por ejemplo, y al finalizar su uso debían  
dejarla nuevamente en las condiciones de cómo se había recibido, en pasto seco. Entonces, por dinero,  
tanto los que solicitaban las mercedes, utilizaban este procedimiento para otros, eran intermediarios,  
y por ello recibían un pago de dinero a los que hacían el favor. Muchas veces esas tierras eran para  
estancias o para lo que fuere, era para favorecer a señores que ya tenían latifundios y grandes  
extensiones de tierra, de tal manera que esto era una manera de adjudicarse tierras de manera irregular  
con la venía y de manera descarada ante la ley, quedando de todo esto, huella en las mercedes que se  
otorgaban de manera escrita, y en donde firmaban las mismas autoridades. Esto se sabe que ocurrió  
con más frecuencia “durante los últimos días del virrey Velasco el Mozo, durante el lapso subsecuente  
que no hubo virrey y durante el periodo de virrey de Guadalcázar.”  
El poder de Pedro Páramo era grande, como él mismo lo reconoce, en la escena 32, ciclo diez, “-Dices  
bien Gerardo. Déjalos aquí. Los quemaré. Con papeles o sin ellos, ¿quién me puede discutir la propiedad  
de lo que tengo?” (Rulfo, 2004, p. 103). Esto ante las palabras que antes dijo aquél, “-Agradezco su  
confianza, don Pedro. La agradezco sinceramente. Aunque hago la salvedad de que me será imposible.  
Ciertas irregularidades…Digamos…Testimonios que nadie sino usted debe conocer. Puede prestarse a  
malos manejos en caso de llegar a caer en otras manos. Lo más seguro es que estén con usted” (Rulfo,  
2004, p.103).  
Gerardo Trujillo sabe lo que significa tener en sus manos los documentos de las propiedades de su  
amo, puesto que podrían servir para prestanombres a otros y para cometer los mismos delitos que  
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hizo con los demás. En la escena 19, ciclo seis, oímos cuáles son los ranchos aledaños a la Media  
Luna, “-Hay que aventar el ganado de En medio más allá de lo que fue Estagua, y el de Estagua córranlo  
para los cerros de Vilmayo” (Rulfo, 2004, p. 68). ¿De qué formas se valió el cacique para agrandar sus  
propiedades?, como lo escuchamos, a través del robo, del tráfico de tierras, de artimañas, de trampas,  
de asesinatos, del despojo, de la mentira, etc., para ir amasando sus propiedades de manera ilegal en  
forma de estancias de ganado o ranchos en dónde mantener toros o caballos, para ordenar que los  
otros hicieran labores para el cultivo de maíz y después guardarlo en las trojes de la Media Luna.  
Es importante rescatar las palabras que escuchamos de Sedano, “-Hay que aventar el ganado de  
Enmedio más allá de lo que fue Estagua, y el de Estagua córranlo para los cerros de Vilmayo”, habla de  
una huella geográfica, demográfica, poblacional que tiene que ver con la memoria colectiva e individual  
que es imborrable a pesar de los varios ciclos o generaciones en que se nombran los lugares habitados  
por los primeros pobladores indígenas, y aunque ya no haya indígenas, los límites de predios que eran  
fundamentales para la escrituración de las tierras, y señalar los asentamientos humanos pasados;  
aunque ahora fueran “pueblos fantasma” de gente desaparecida, era necesario tenerlo presente para  
establecer colindancias al momento del reconocimiento de las propiedades o tierras. Los indios de  
Apango de los que se habla en la escena 26, ciclo ocho, justamente representan a los asentamientos  
o grupos de indígenas que fueron desaparecidos durante el siglo XVII (Goyas, 2013, p.40), a través de  
distintos factores: el estado de guerra continuo después de los cincuenta años posteriores a la  
conquista [debieron ser más de 160], las mercedes de tierra, la hacienda, enfermedades y bajas tasas  
de natalidad, el trabajo intenso a causa del tributo a la corona española como Contla.  
Las tierras, pasaban de manos en manos sin perder su referencia original para dar fe de su existencia  
y colindancias, de ahí la importancia de lo que solicitaba Toribio Aldrete, que respetaran su predio a  
partir de los lienzos de piedra y el no respetarse, iba de por medio la vida, de ahí que lo hayan matado  
porque Pedro Páramo no respetaba escrituras, colindancias, y tenía a la estructura religiosa de su lado  
quien fortalecía su voluntad como mandato divino “-Y sin embargo, padre, dicen que las tierras de  
Comala son buenas. Es lástima que estén en manos de un solo hombre. ¿Es Pedro Páramo aún el  
dueño, no? Así es la voluntad de Dios. ¿No lo crees tú así, padre?” (Rulfo, 2004, p. 77).  
Regresemos a la muerte de Miguel Páramo, la cual moviliza en el padre Rentería, su sentimiento de  
culpa por reconocer “El temor de ofender a quienes me sostienen. Porque ésta es la verdad; ellos me  
dan mi mantenimiento. De los pobres no consigo nada; las oraciones no llenan el estómago. Así ha  
sido hasta ahora. Y éstas son las consecuencias” (Rulfo, 2004, p.41). Se da cuenta de que siempre ha  
estado del lado de los que tienen el poder y con esto corroboramos su manera de actuar con Susana  
San Juan, con Eduviges, quien se suicidó y murió sin el perdón por falta de pago de las misas  
gregorianas.  
Asimismo, la vieja Dorotea, es quien logra “convertir en lodo y miseria”, “hasta irse diluyendo como en  
agua espesa” a Rentería cuando se confiesa, “era yo la que le conseguía muchachas al difunto  
Miguelito Páramo.” Con lo cual, se hace una ruptura en la narración porque se cierra el ciclo de Miguel  
Páramo, Pedro Páramo, todos los Páramo, y con ellos, los pilares de la estructura que sostuvo por  
mucho tiempo a ese mundo en donde, “Con papeles o sin ellos, ¿quién me puede discutir la propiedad  
de lo que tengo? Indudablemente nadie, don Pedro. Nadie. Con su permiso. Ve con Dios, Gerardo. -  
¿Qué dijo usted? –Digo que Dios te acompañe” (Rulfo, 2004, p. 103).  
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Tabla 1  
Ciclos de la vida de Preciado-Páramo  
Ciclos de la vida de Pedro Páramo  
El ciclo 7 marca la confesión de Dorotea, un antes y un después.  
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10  
11  
ANTES DE LA MUERTE DE MP  
DESPUÉS DE LA MUERTE DE MP [la revolución,  
gobiernos de la Revolución Mexicana, Guerra Cristera]  
Regreso de Susana San Juan  
Pedro Páramo  
Pago del diezmo  
Pacto con la Iglesia y el hacendado  
Deudas heredadas  
Casamiento con Dolores Preciado.  
Toribio Aldrete es ahorcado por defender su tierra  
La ley la hace Pedro Páramo  
Despojo de tierras por medio del “usufructo”  
Miguel Páramo  
Tráfico de mujeres  
Asesinato del hermano de Rentería y de otro hombre  
Violación a Anita.  
Fuente: elaboración propia.  
Este esquema es producto del análisis del acontecimiento de las historias de Preciado y Páramo, la  
palabra de los personajes y de los narradores. En el entendido de que ambas historias corren paralelas.  
En el ciclo siete, en las dos tramas coincide que la palabra de Dorotea marca una ruptura tanto en la  
narración, la escritura, y en los acontecimientos porque ella corrige a Preciado, “¿A qué veniste a  
Comala?”, “así no te moriste”, y en Pedro Páramo, escuchamos su confesión de ella con Rentería, lo  
cual provoca el desmoronamiento de un ciclo de ciclos. El porfirismo, el poder de la Iglesia con  
mayúscula a quien la familia Páramo le daba diezmo; “el tráfico de viejas” a que se dedicaba Miguel  
Páramo y Pedro Páramo, que en realidad significan las tierras de las que despojaban a las mujeres con  
el ejemplo claro de Dolores Preciado, y como se escucha, también de Susana San Juan. Pedro Páramo  
se apodera de La Andrómeda, la mina de Bartólomé San Juan. La manera en que el niño Páramo se  
hace de los ranchos, haciendas, mina, ganado, etc., queda entredicho. Por un lado, Comala sufre los  
efectos de su accionar, así como de los “cómplices” de su mundo, y por otra parte, Comala, sufren los  
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efectos de la revolución mexicana, de ahí el “abandono” y estado de desolación en que el pueblo queda  
en donde no hay nada ni nadie. Asimismo, sufre los efectos de la guerra cristera como un movimiento  
que se trastoca de forma indirecta en ambas narraciones Preciado-Páramo. Diría Rulfo en la  
contraportada de Rescoldo (2011), la guerra cristera surge de los conflictos que sufrieron “los coras,  
huicholes y tepehuanes de la región [Durango], cuyos agravios ancestrales no provienen de la nueva  
ley de cultos religiosos”.  
A esto añadir lo que Perus (1995) dice en “El dialogismo y la poética histórica en la perspectiva de la  
heterogeneidad cultural y la transculturación narrativa en América Latina, la heterogeneidad se  
construye con la diversidad de rostros y vidas de un sujeto-nación […] Esta diversidad obedece a los  
cambios históricos endógenos y exógenos de carácter político, económico, comercial y cultural dictado  
por sistemas culturales distintos al país que sufren dichos movimientos interrumpida y discontinua”.  
CONCLUSIÓN  
Los murmullos en Pedro Páramo, de Juan Rulfo, se configuran desde distintos planos, niveles, escenas  
integradas en once ciclos, en los cuales está construida la narración Preciado-Páramo, sin embargo,  
para este análisis, únicamente se trató de explicar hasta el ciclo siete, dado el espacio y extensión de  
la misma. Los murmullos son las conversaciones que corren paralelas en los distintos planos y niveles  
de la instancia narrativa, siendo la de Preciado-Dorotea, la que detona el recuerdo de la madre Dolores  
Preciado, así como su palabra desde el cielo. Moviliza la voz de Susana San Juan, desde su tumba. Así  
mismo, Preciado-Dorotea, detonan la narración de Pedro Páramo por una voz que aparentemente  
conoce al cacique. Esta voz es la que moviliza la voz interna-externa, recuerdo o ilusión de Pedro  
Páramo, Anita, etc., desde su tumba, pero también el diálogo entre Preciado-Dorotea da pie a la voz  
desde dichas tumbas.  
En este mundo de los muertos, porque todos están muertos, incluso el que narra, construyen su versión  
de los hechos desde una distancia temporal en que pueden abarcar lo vivido y así se dan “tiempo para  
enterarse de todo”, con lo cual, vuelven a re-configurar los hechos de lo que se dijo de ellos, ellos de  
los otros, y los otros para ellos. Esa imagen que quedó hecha de piedra cuando vivos, por medio de lo  
que se contó de cada uno, se desmorona por medio de la misma palabra, por medio de los murmullos  
que escuchamos de todos desde las múltiples escenas y ciclos y sus relaciones dialógicas complejas,  
heterogéneas y transculturadas entre ellos.  
Dichos ciclos marcados con rupturas temporales-espaciales, señalan un antes y un después de los  
conflictos históricos que ahí se movilizan por medio de los personajes y sus conflictos personales y  
colectivos con el otro o gran Otro como la Iglesia, el cacique, la revolución mexicana vista desde los  
efectos que produjo en Comala como lugar simbólico de lo que ocurrió en México de 1910-1920, pero  
también alude a los efectos que aquella dejó, el nacimiento de la familia revolucionaria, quien hizo las  
leyes a su manera para crear las instituciones que justificaran sus nuevas maneras de accionar en lo  
político, económico y cultural. Es decir, creó las instituciones que dieron rostro al México moderno, que  
hasta cierto límite permitió el desmoronamiento de la hacienda como elemento propio del mundo  
feudal, pero siguió operando con distintas leyes y formas para justificar el no reparto de tierras. De  
dicha familia surgieron las nuevas instituciones que hicieron con letra de piedra la versión de los  
hechos de la revolución mexicana, y los murmullos, es una manera de confrontar desde distintas  
aristas, ángulos y versiones, hasta hacerlas lodo y polvo a aquellas imágenes que un día fueron leyenda  
en la memoria colectiva de un pueblo llamado Comala, pero que puede ser cualquier otro en cualquier  
parte del mundo.  
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