Entre los muros del templo de San Andrés Cuexcontitlán: un  
legado artístico y espiritual  
Within the walls of the temple of San Andrés Cuexcontitlán: an artistic and  
spiritual legacy  
Christopher Guadarrama Beltrán  
https://orcid.org/0009-0008-5455-999X  
Universidad Autónoma del Estado de México  
Toluca México  
Artículo recibido: 19 de febrero de 2026. Aceptado para publicación: 03 de julio de 2026.  
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.  
Resumen  
El presente estudio tiene el objetivo general de analizar y reflexionar la parroquia de San Andrés  
Apóstol, ubicada en la comunidad de Cuexcontitlán al norte de Toluca. La investigación se conectará  
a través de dos corrientes arquitectónicas: el barroco estípite y el neoclásico. Propuesta desde la  
historia del arte para poder describir el edificio que actualmente configura la comunidad. Teniendo  
como objetivo un enfoque desde el contexto histórico, el señalamiento de sus componentes  
constructivos, sus propuestas estilísticas y espaciales. También, se presentará una visión en la  
portada con el objetivo de mostrar los valores y formas que favorecieron a los constructores.  
Finalmente, se espera que este artículo pueda ayudar a la valoración y conservación del patrimonio  
histórico, el cual es elemento clave para la identidad cultural de México.  
Palabras clave: arquitectura, barroco, religión, neoclásico, patrimonio  
Abstract  
Abstract: This study aims to analyze and reflect upon the Parish of Saint Andrew the Apostle, located  
in the community of Cuexcontitlán, north of Toluca. The research will connect two architectural styles:  
the Baroque (or estípite) and Neoclassical. An approach rooted in art history will be used to describe  
the building that currently defines the community. The study will focus on the historical context,  
highlighting the church's structural components, stylistic features, and spatial characteristics. The  
facade will also be examined to showcase the values and forms that influenced the builders. Finally, it  
is hoped that this article will contribute to the appreciation and preservation of historical heritage, a  
key element of Mexico's cultural identity.  
Keywords: architecture, baroque, religion, neoclassical, heritage  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, julio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 2724.  
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Cómo citar: Guadarrama Beltrán, C. (2026). Entre los muros del templo de San Andrés Cuexcontitlán:  
un legado artístico y espiritual. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 7  
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ISSN en línea: 2789-3855, julio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 2725.  
INTRODUCCIÓN  
La historia de las ciudades se sustenta, efectivamente, en los vestigios y huellas preservadas del  
pasado, que actúan como fuentes primarias fundamentales para la reconstrucción social, histórica y  
artística. Aunque los historiadores suelen preferir las fuentes documentales como el medio principal  
para construir y explicar el conocimiento histórico, también existen importantes vestigios en las calles  
que transitamos a diario. Estos edificios, que otorgan un perfil único y una personalidad distintiva a  
nuestras ciudades y poblaciones, forman parte de nuestra vida cotidiana. Sin embargo, esa cercanía a  
menudo nos lleva a ignorarlos. En ocasiones, son los propios habitantes quienes subestiman el  
patrimonio arquitectónico de ciertos pueblos o comunidades indígenas, considerándolos de menor  
valor que el de otras localidades mexicanas. Por el contrario, basta con hacer una pausa en nuestro  
recorrido diario por el centro de la comunidad para poder apreciar estos significativos elementos, los  
cuales han otorgado una fisonomía propia, identificable tanto para los habitantes locales como para  
los críticos que la recorrieron en el pasado. Hoy en día, el acceso a los monumentos es más accesible,  
lo que ha generado un conocimiento más amplio y directo de ellos. Además, la documentación  
histórica y estilística se enriquece constantemente. Por esta razón, la crítica, en consonancia con las  
tendencias de la época, muestra un interés particular por la razón de ser de los espacios  
arquitectónicos.  
El conocimiento histórico nos indica cuándo fueron construidos los monumentos, mientras que la  
estilística revela cómo se construyeron y cuáles fueron los gustos de sus constructores. Sin embargo,  
sólo al conocer el motivo de su configuración espacial se completa la comprensión. Precisamente, el  
propósito de las observaciones expuestas en esta sección del artículo es analizar por qué los creadores  
de los monumentos novohispanos les otorgaron dicha disposición. Cabe señalar que la bibliografía es  
casi inexistente y la escasez de referencias sobre el sentido histórico y arquitectónico del objeto de  
estudio sugiere que este aspecto no despertó interés ni en su época ni en estudios posteriores. La  
escasa investigación en esta área aumenta el riesgo de incurrir en interpretaciones erróneas o en el  
establecimiento de distinciones infundadas.  
San Andrés Cuexcontitlán es una comunidad de gran significado histórico perteneciente al municipio  
de Toluca. Alberga una estructura religiosa de inmenso valor patrimonial: la parroquia de San Andrés  
Apóstol, que data del siglo XVII. En dicha centuria, los templos parroquiales se consolidaron como el  
modelo predominante de la arquitectura eclesiástica del virreinato. Con su planta en cruz latina, cúpula  
en el crucero, muros rectilíneos y una destacada fachada, este modelo sintetiza las lecciones  
espaciales previas. Considerada una estructura que lograba conjugar armoniosamente el simbolismo,  
la funcionalidad litúrgica y la expresión plástica, la planta de cruz latina no necesito reinventarse: basto  
con una y otra vez a lo largo de los siglos que duró la Nueva España.  
La parroquia de San Andrés no es solo un edificio antiguo: es uno de los testimonios más elocuentes  
del patrimonio arquitectónico en el periodo virreinal. En sus muros y bóvedas se lee la fe profunda que  
ha sostenido a las comunidades indígenas a lo largo del tiempo, pero también la huella de un encuentro  
cultural que nunca fue sencillo: el sincretismo que surgió entre dos mundos se hace visible en cada  
detalle de su diseño y ornamentación. Sin embargo, reconstruir su historia no será una tarea sencilla,  
pues plantea una serie de problemáticas que exigen una mirada rigurosa desde la historia del arte. Uno  
de los desafíos radica en describir cómo se vincula esta edificación con las corrientes arquitectónicas  
de su tiempo. El estudio de la parroquia presenta, además, el problema de la falta de fuentes  
documentales y la necesidad de poder interpretar los elementos arquitectónicos dentro de un contexto  
cultural y artístico más amplio.  
Finalmente, el artículo buscará situar dicha construcción dentro de una narrativa más amplia; en este  
sentido, el estudio de la parroquia no solo describe su arquitectura, sino también, contextualiza su  
significado en la historia del arte y la relevancia que esta puede tener en la vida de la comunidad. Esto  
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lleva a reflexionar sobre considerar, cómo el arte y la arquitectura forman parte de la memoria colectiva,  
de la resistencia y de la adaptación cultural y religiosa.  
METODOLOGÍA  
Enfoque de investigación  
El artículo adopta el modelo cualitativo con el fin de poder interpretar el valor histórico, estético y  
devocional de la parroquia de San Andrés, tomando como apoyo el análisis de las características  
arquitectónicas, ornamentales y espaciales. A través de esta interpretación, se busca dilucidar la  
trascendencia cultural que tiene este inmueble, conservando la memoria colectiva de la comunidad. El  
trabajo de investigación tendrá un carácter analítico, interpretativo y descriptivo, puesto que, permitirá  
detallar las características formales de la iglesia; y, por otro lado, se analizará los estilos  
arquitectónicos y posteriormente se hará la interpretación del significativo patrimonial y religioso.  
Para la parte del desarrollo, el estudio emplea el método histórico, con el objetivo de poder  
contextualizar su origen y las transformaciones que ha tenido la parroquia y su consolidación territorial  
novohispana de los siglos XVII y XVII. Asimismo, se hará el uso del método histórico-artístico, que  
permitirá estudiar las estructuras, formas y los elementos estilísticos que presenta la edificación, en  
particular aquellas decoraciones asociadas al modelo barroco estípite y neoclásico. De esta misma  
manera, se usará el método iconográfico e iconológico, con el fin de poder interpretar los símbolos, las  
esculturas y los demás componentes que presenta la fachada y parte del interior de la parroquia.  
La investigación tendrá el apoyo de diversas técnicas en la recopilación de información. En el primer  
apartado, se hará una investigación de fuentes documentales, en donde, principalmente se indaga en  
libros, artículos, documentos históricos y fuentes especializadas en arquitectura novohispana,  
tomando de base autores como George Kubler, Manuel Toussaint y Francis D. K. Ching. En segundo  
plano, se hará una observación clara mediante la vista al inmueble para poder identificar las  
características arquitectónicas, su distribución espacial, la ornamentación, los materiales empleados  
y el estado actual que presenta la iglesia. El registro fotográfico será también una herramienta  
fundamental para documentar y catalogar los elementos que dan vida a la parroquia: la fachada, el  
atrio, la torre campanario y la cúpula, sin dejar a un lado los detalles decorativos que enriquecen el  
conjunto como las columnas y los nichos.  
Por su parte, la investigación se centra en el análisis arquitectónico de la parroquia de San Andrés  
durante los siglos XVII y XVIII, periodos que no solo comprenden su origen, sino también, las primeras  
intervenciones que moldearon poco a poco lo que hoy podemos contemplar. Ante la inexistencia de  
fuentes documentales directas sobre la iglesia, la investigación se basa en el trabajo de campo, la  
observación crítica y el análisis iconográfico con base al registro fotográfico y en la indagación de  
fuentes especializadas, con el propósito de proponer una lectura razonada desde la disciplina de la  
historia del arte.  
Templo de San Andrés Apóstol  
La arquitectura religiosa del México novohispano tiene la particularidad de fundir las tradiciones  
constructivas europeas con la realidad local, algo que se hace muy visible tanto en los materiales  
empleados como en la manera en que fueron pensados y organizados los espacios. En este sentido,  
la parroquia es mucho más que un templo: es el testimonio vivo del encuentro entre dos mundos, donde  
el arte y la cultura se entrelazan para formar algo genuinamente propio. Más allá de ser un simple  
edificio, dicha construcción es testimonio de la conformación de identidades comunitarias, al unir el  
simbolismo local con elementos decorativos propios del barroco novohispano.  
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Resulta sorprendente observar cómo el diseño urbano de la Nueva España adoptó una identidad propia  
pocos años después de la Conquista. Lo que realmente lo distingue es su organización arquitectónica  
centrada en los espacios: todo gira en torno a grandes áreas abiertas. Las ciudades se construyeron  
articulando plazas con catedrales, palacios y parroquias, mientras que los conventos y sus atrios  
contribuyeron a definir dicha estructura.  
Cuando se habla de evangelización en el México Antiguo, es necesario hablar de arquitectura  
monástica, pues ésta constituía uno de los medios más eficaces y expeditos para alcanzar dos  
objetivos: primero, ganar terreno físico sobre el pueblo conquistado; y segundo, transformar la  
mentalidad de la población sometida. De este modo, los grandes conventos del siglo XVI se  
convirtieron en la última huella de la Edad Media (Toussaint, 1990: 39).  
El siglo XVI fue un punto de encuentro en el que ambas culturas se asombraron mutuamente. Es claro  
que, en la Nueva España era fundamental reconocer la relevancia de la ornamentación, pues fue en ese  
ámbito donde se manifestó la creatividad de indígenas, mestizos y criollos. Para el indígena, la  
arquitectura europea representa una novedad por sus muros y bóvedas capaces de encerrar vastos  
espacios interiores; para el europeo, en cambio, fue revelador el concepto del espacio abierto  
arquitecturado, donde lo no cubierto adquiere una función específica. De esta interacción surgieron los  
conjuntos conventuales, que en ocasiones conservan la disposición prehispánica de los centros  
ceremoniales. La imponente presencia del templo y el convento se alzaba frente a un atrio cercado,  
evocando la relación entre los basamentos piramidales y las plazas del México antiguo. Además, los  
ejes norte-sur y oriente-poniente convergen en el centro del atrio, donde se colocaba una cruz, y  
quedaban señalados por los accesos al espacio abierto (Guerrero, 1962: 20).  
El acceso al atrio, al que algunos documentos llaman compás o patio procesional, puede ser triple. La  
entrada principal estaba al poniente, en eje con la puerta de la iglesia, mientras que las otras dos  
estaban orientadas de norte a sur. Por lo general, esta intersección fue diseñada para la cruz atrial, y  
en cada esquina del patio procesional se colocaba una capilla pose conectadas entre sí por andadores  
delimitados por árboles y muros pequeños (Estrada, 1982: 625).  
La parroquia de San Andrés Apóstol, hunde sus raíces en el siglo XVII, durante este periodo la iglesia  
podría ser considerada más que un edificio: es el corazón de la vida social y espiritual. Aunque el origen  
se remonta en dicha centuria, el edificio fue objeto de varias intervenciones, especialmente en el siglo  
XVIII, en donde, probablemente la fachada se transformó, la nave se amplió, o se incorporaron nuevos  
detalles decorativos. Todo esto como un reflejo de profundos cambios sociales y religiosos que hacían  
referencia a los gustos e inquietudes de aquella época (ver Figura 1).  
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Figura 1  
Reconstrucción de la fachada de la Parroquia de San Andrés Apóstol (12-06-1947)  
Durante este siglo, el impulso constructivo de los monasterios comenzó a ceder ante el clero secular.  
La población tendía a concentrarse en las ciudades de mayor importancia, ya fuera por su papel como  
capitales provinciales en la parte civil, sedes episcopales en lo religioso o centros de industria y  
comercio en lo económico. Además, estas múltiples funciones consolidaron núcleos urbanos que, en  
el siglo siguiente, se convertirían en capitales de intendencia y, a partir del siglo XIX, en capitales de los  
estados.  
En el siglo XVII, los principios de claridad espacial y la rigidez en las plantas arquitectónicas se  
mantuvieron gracias a una intención compositiva y una necesidad didáctica, cuya eficacia ya se había  
demostrado en el siglo XVI. Así, en el siglo siguiente, destacan dos tipos de edificaciones religiosas de  
particular relevancia. Por un lado, los conventos de monjas diseñados para responder a ciertas  
dinámicas de la clausura y la vida contemplativa. Por otro, las parroquias levantadas para albergar la  
vida pastoral y la participación activa diseñada del propio clero secular. 1  
Además de su valor arquitectónico, la parroquia de San Andrés Cuexcontitlán adquirió un papel  
estratégico como edificación de paso. Su ubicación la convirtió en un punto de referencia para viajeros  
y comerciantes que se dirigían hacia Temoaya o San Cristóbal Huichotitlán. El templo servía como un  
espacio de descanso y oración, lo que fortaleció su importancia no solo como un centro religioso, sino  
también como parte fundamental de la infraestructura social de la región (ver Figura 2).  
1 “El templo debía estar abierto al público, permitiendo así que la comunidad participara en todas las ceremonias religiosas  
celebradas en su interior. Sin embargo, la vida en clausura de las monjas requería que el templo se diseñara de manera que  
pudieran utilizarlo sin ser perturbadas en su vida de recogimiento espiritual. La solución arquitectónica fue ingeniosa: se  
construyó un templo de una sola nave, lo cual permitía ahorrar espacio, y se orientó su eje principal en paralelo a la calle.  
De este modo, se garantizaba una buena iluminación natural y se facilitaba el acceso de los fieles, sin interferir con la  
tranquilidad del convento”. Manuel Toussaint, Arte colonial en México. Imprenta Universitaria, 1948, p. 193.  
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Figura 2  
Toluca y sus pueblos en 1767, Crónica “El curato de Toluca”, elaborado por José Antonio Álzate  
Fuente: Atlas eclesiástico del Arzobispado de México.  
No obstante, como se mencionó anteriormente, una parte del valor patrimonial del templo radica en su  
fachada y en gran parte de su interior. Aquella funciona como una entrada física al templo y, además,  
como un umbral simbólico que introduce al visitante en un espacio sagrado.  
La parroquia se encuentra resguardada por una extensa barda de trazo curvo, cuyo año de construcción  
es, hasta el momento, desconocido. Las bardas del atrio son un elemento clave en la organización del  
espacio sagrado en México. Además, de cumplir una función limítrofe, destacan por su valor simbólico,  
pues su propósito es hacer perceptible la sacralidad del espacio en lugar de protegerlo. Sus almenas,  
desplazadas de los altos muros, recuerdan más a una empalizada rítmica que a un elemento defensivo.  
Estas bardas delimitan el espacio con claridad sin crear una sensación de encierro, razón por la cual  
no requieren gran altura para cumplir su función organizadora y definitoria.2 En la actualidad, la entrada  
al atrio se encuentra flanqueado por un arco y columnas de estilo estípite; el diseño es simétrico e  
incorpora nichos que albergan figuras religiosas, recursos recurrentes en las portadas novohispanas.  
La iglesia de San Andrés respeta el trazado tradicional de los templos católicos, es decir, tiene una  
posición de oriente a poniente, mirando hacia Jerusalén.  
En la arquitectura conventual del siglo XVI,  
se respetaba la orientación litúrgica (oriente-poniente). Siguiendo las normas que se remontaban a la  
época de Constantino IV, según las cuales la fachada principal debía mirar al oriente. No obstante, la  
puerta poniente no era la única entrada a la iglesia, puesto que en la mayoría de los casos había un  
acceso en la parte norte del atrio y uno en el sur que conectaba con el claustro (Estrada, 1982: 626).  
2 “En términos generales, el muro representa la contraparte del pavimento o la terraza, y con solo estos dos elementos es  
posible establecer un sistema arquitectónico.” MARTIENSSEN, R. D. La idea del espacio en la Arquitectura griega. Buenos  
Aires: Ediciones Nueva Visión, 1958, p. 19  
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De norte a sur, encontramos una capilla adosada, considerada un emblema de la comunidad, puesto  
que fue la primera parroquia construida en esta localidad, en 1545.  
En los primeros años del siglo XVI, la capilla representaba un estilo arquitectónico puramente  
renacentista. En Hispanoamérica, el arte renacentista se desarrolló de manera tardía, aunque con  
claras influencias hispánicas. Esta etapa arquitectónica, dentro del contexto del mundo hispánico,  
suele denominarse "plateresca" (Sebastián, 1985: 46). Dicho estilo se caracterizaba por la sobriedad,  
y la sencillez, con una marcada vocación hacia la funcionalidad expresada en elementos decorativos  
modestos, con arcos de medio punto y techumbre de madera, rasgos propios de las primeras  
construcciones religiosas de aquel siglo.  
Ya en el siglo XVIII, la capilla fue objeto de significativas intervenciones, entre las que destacan la  
incorporación de elementos barrocos o neoclásicos, corrientes estéticas dominantes del periodo. Lo  
que distinguía a estos modelos constructivos era su exuberante ornamentación: el uso de columnas  
invertidas y relieves con motivos vegetales o religiosos que buscaban generar un impacto emocional  
en el espectador.  
La capilla de nuestra señora Santa Rosa de Lima, no solo es considerada como un espacio religioso,  
sino también, simboliza el camino histórico y cultural de la comunidad. Su transformación a lo largo  
del tiempo revela tanto los cambios artísticos como las necesidades de una población que creció en  
torno a su fe y sus tradiciones (ver Figura 3).  
Figura 3  
Portada de la Capilla de Santa Rosa de Lima-San Andrés Cuexcontitlán  
Fuente: Fotografía tomada por el autor (2025).  
Actualmente, la parroquia tiene una geometría casi simétrica en planta, su fachada se organiza dos  
cuerpos y un remate, en los que destaca el cuerpo central. Dicho remate este coronado por un frontón  
mixtilíneo, que introduce curvas y contracurvas, elementos propios del barroco, aunque estos se  
manifiestan de manera más moderada que en las grandes construcciones urbanas. La fachada está  
organizada a partir de un eje en posición vertical que asciende desde el vano de acceso, pasa por la  
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ventana coral y culmina en el remate. Las portadas de las iglesias novohispanas suelen organizarse  
según el orden clásico, lo que refleja una fusión cultural única.  
El primer cuerpo alberga el vano de acceso principal, resuelto mediante un arco de medio punto con  
moldura de arquivolta3, flanqueado por un par de columnas de orden dórico, las cuales transmiten  
estabilidad y solidez, al simbolizar la entrada al espacio sagrado. El acceso este, asimismo flanqueado  
por cuatro columnas estípites4, elevadas sobre pedestales en forma de atlantes. Aunque los habitantes  
de la localidad interpretan este tipo de decoración como una representación de los evangelistas, sin  
embargo, no existe evidencia suficiente que respalde dicha afirmación. Entre las columnas, se abren  
dos nichos que resguardan con devoción las figuras de dos santos: San Andrés, ubicada en la parte  
inferior derecha y Santa Clara de Asís en la parte inferior derecha.  
Las cuatro columnas sostienen una pequeña cornisa que sirve de base al siguiente cuerpo, donde dos  
pares de columnas de menor tamaño se elevan sobre sus pedestales con una presencia más contenida  
pero igualmente solemne. Entre cada par, los nichos acogen dos figuras que parecen custodiar el  
acceso a la parroquia: San Cristóbal en la parte superior izquierda y San Pablo en la parte superior  
derecha 5. En el centro, flanqueada por ambas columnas, una ventana coral corona el conjunto y deja  
entrar la luz natural hacia el coro, como si el edificio mismo respirara hacia adentro. Y es precisamente  
la luz, uno de los elementos más elocuentes de este edificio. La disposición de los espacios no es  
casual, todo parece haber sido pensado para conducir al feligrés, casi sin que se dé cuenta, hacia una  
experiencia que va más allá de lo visual. La luz entra, recorre el interior y señala el camino hacia el altar,  
creando una atmósfera que invita al silencio, al recogimiento y, en última instancia, al encuentro con lo  
sagrado.  
Los capiteles de las pilastras se unen a un entablamento que sirven de base al remate o tímpano de  
forma sinuosa y curvilínea que le da tanto carácter al conjunto. Y junto ahí, en lo más alto del arco  
principal, aparece el último nicho, colocado en el centro, como no podría ser de otra manera, y en él se  
alberga la figura de Jesús Nazareno. Este nicho queda enmarcado por un arco de medio punto y  
flanqueado por dos pilastras dóricas, que le dan firmeza y presencia a toda esa sección de la fachada.  
Para cerrar el conjunto, una cruz de piedra se eleva por encima del remate, como poniendo fin a toda  
la composición arquitectónica (ver Figura 4).  
3 Arco de directriz semicircular. También llamado arco romano. Arquivolta, moldura o banda decorada en la cara de un arco  
que sigue la curvatura del intradós. Ambas utilizadas en el estilo barroco. Ching, F. D. K. (2012). Diccionario visual de  
arquitectura. Editorial Gustavo Gili, p. 23-25.  
4 Hacia la segunda mitad del siglo XVIII, la arquitectura novohispana se llenó de estípites. Esta peculiar pilastra se convirtió  
en uno de los sellos distintivos del barroco mexicano al que hoy llamamos churriguerescos. De la Maza, F. Unos bellos  
estípites mexicanos. En Conciencia y autenticidad históricas: Escritos en homenaje a Edmundo O'Gorman. Universidad  
Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, Facultad de Filosofía y Letras, 2018, p. 197198.  
5 Los santos mencionados en los nichos son referencias a los pueblos vecinos de San Andrés Cuexcontitlán.  
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Figura 4  
Portada de la iglesia de San Andrés Cuexcontitlán  
Fuente: Fotografía del autor (2025).  
En el extremo oriente se levanta la torre campanario, cuyo cuerpo se articula en dos secciones que  
ascienden hasta emparejarse con el remate de la fachada. En la primera de ellas se abren dos nichos,  
cada uno coronado por un arco de medio punto y flanqueado por un par de pilastras de orden dórico,  
que le confieren al conjunto una presencia sobria y bien proporcionada.  
En la parte inferior de la torre, justo al centro, se localiza el acceso al antiguo almacén de agua bendita  
de la parroquia, la entrada está enmarcada por un par de columnas dóricas, que sostienen una pequeña  
cornisa de poca proyección, pero que logra imprimirle carácter y distinción a ese sector de la torre. Por  
encima de esa cornisa, descansa el primer nicho, el cual alberga la figura de San Agustín, coronado a  
su vez por un pequeño remate, en perfecta sintonía con el lenguaje arquitectónico que predomina en  
el resto de la fachada.  
Más arriba, hacia el centro y en la parte posterior de la torre, aparece el segundo nicho, en el que  
representa a Jesús plasmado en la cruz, imagen que le imprime a toda la torre un profundo sentido  
devocional. Sobre este se construyó un pequeño tambor cuadrangular subdividido en dos cuerpos. El  
primer cuerpo del tambor cuenta con cuatro vanos abiertos, que permiten alojar las campanas.  
Asimismo, se encuentran dos columnas salomónicas en cada esquina. En la parte posterior del tambor,  
sostenido por una pequeña cornisa, se encuentra el último cuerpo del campanario, también con cuatros  
vanos abiertos y columnas salomónicas. Dicho cuerpo presenta una cornisa de escasa proyección que  
concluye en forma de pirámide, coronada por una cruz de piedra. La torre sigue el diseño de muchas  
iglesias rurales novohispanas, donde está no solo cumplía una función litúrgica, sino también social, al  
marcar el tiempo y convocar a los fieles a misa (ver Figura 5).  
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Figura 5  
Proyección arquitectónica, fachada sur  
Fuente: Arq. Esquivel (2025).  
La ornamentación de la iglesia destaca por los materiales empleados, lo que evidencia una  
combinación de los recursos de la región y las tradiciones constructivas europeas. Al utilizar la piedra  
local, el adobe y la madera, las construcciones se adaptaban a las condiciones climáticas y  
económicas de la región. Traer los materiales de fuera para la construcción de los monumentos era  
sumamente costoso; por ello, se recurrió a la reutilización de materiales ya empleados durante la época  
prehispánica.  
La piedra labrada resalta por sus detalles ornamentales de la fachada de la iglesia de San Andrés,  
precisamente en sus columnas, las cornisas y los nichos. Materiales como la piedra caliza y el basalto,  
extraídos de canteras cercanas, eran apreciados por su durabilidad y por lo fáciles que resultan de  
manejar para lograr los acabados necesarios. Para los constructores de la época, los materiales que  
descubrieron en la Nueva España fueron un gran punto de inflexión. Tanto, que tuvieron que explorar  
nuevas técnicas y poder leer el terreno para sacarles el mayor provecho. Hubo dos piedras principales  
que fungieron como los materiales principales para la arquitectura del siglo XVI: el tezontle, el cual era  
una piedra volcánica muy permeable y el tecali, considerada como el mármol mexicano. Para las  
personas de aquellos años, el tezontle era representado como un don para los constructores. Por su  
parte, el tecali, se convirtió en uno de los materiales predilectos para los detalles más finos en las  
construcciones (Kubler, 1992:168-169).  
Otro material destacado en la portada de la iglesia es el estuco, utilizado en los acabados blancos. Este  
recubrimiento, elaborado con cal, arena y agua, no solo mejoraba la estética de los muros, sino que  
también protegía las superficies frente a la intemperie. La cal, obtenida a partir de la calcinación de  
piedra caliza, era un recurso abundante y fácil de trabajar en la Nueva España. El adobe también  
formaba parte de las técnicas constructivas, especialmente en los muros que requerían menos  
ornamentación.  
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La parroquia cuenta con una nave longitudinal con ábside y crucero. La planta sigue el diseño clásico  
en forma de cruz latina, con sus brazos recortados; recorrerla es una gran experiencia, tiene una  
distancia de 35m, el cual comienza en el acceso principal hasta llegar al presbiterio, y detrás de este,  
se añaden otros 3m más hacia el fondo. El ancho de la nave tiene una medida de 9 m y con una anchura  
de 15m en la parte del crucero (ver Figura 6). En esta se levanta una cúpula, posiblemente del siglo  
XVIII por su proporción y forma octagonal con nervadura decorativa. Este tipo de cupulas era  
característico del estilo barroco o neoclásico, Esta permite la iluminación natural del interior y  
representa un detalle ornamental importante para la parroquia.  
El techo de la nave tiene una cubierta abovedada de crucería simple. Este tipo de cubiertas es un  
elemento estructural diseñado principalmente para soportar el peso y distribuir las cargas hacia los  
soportes laterales. Es pertinente cuestionarse hasta qué punto el tratamiento de la composición  
espacial en México puede considerarse verdaderamente original y cuáles serían sus antecedentes más  
inmediatos, dado que ningún estilo surge de manera espontánea. George Kubler ya planteó esta  
interrogante, aunque encontrar una respuesta definitiva resulta complejo. No obstante, queda claro que  
"el estilo mexicano de las iglesias de una sola nave avanza más allá de sus influencias peninsulares,  
logrando una mayor unificación y clarificación, no solo en la planta, sino también en la organización de  
las masas y el volumen" (Kubler, 1948: 238-239).  
Figura 6  
Planta arquitectónica  
Fuente: Arq. Esquivel (2025).  
Según la clasificación del maestro en bellas artes David Charles Wright (1995), la fachada estudiada  
corresponde a la modalidad del “barroco estípite". Esta tipología arquitectónica se caracteriza por el  
uso predominante de columnas troncopiramidales invertidas, como elementos de soporte en retablos  
y portadas. Estas pueden presentarse en forma de pilares independientes o pilastras adosadas a los  
muros. A diferencia de los estípites-Hermes renacentistas, carecen de rasgos antropomórficos como  
torso, brazos o cabeza, aunque en ocasiones presentan proporciones similares a las humanas. En  
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muchos casos, las columnas estípites representan una concepción geométrico-arquitectónica del  
cuerpo humano y suelen componerse, de abajo hacia arriba, muestran elementos cúbicos y un capitel,  
generalmente de orden corintio, separados entre sí por diversas molduras. Estos soportes suelen estar  
decorados con una amplia variedad de motivos, ya sean fitomorfos, antropomorfos y geométricos. Sin  
embargo, algunos ejemplos presentan diseños más libres, aunque mantienen como elemento distintivo  
la pirámide invertida o una alusión a esta forma, la cual es esencial para ser considerados auténticos  
estípites.  
En la misma composición también destaca una ventana coral y un remate de forma mixtilínea,  
característica de la arquitectura novohispana del último cuarto del siglo XVIII. Este tipo de diseño da  
prioridad a las pilastras, aunque sin seguir estrictamente las proporciones y correcciones propias de  
los cánones académicos. A pesar de ello, se observa una inclinación hacia la sobriedad, la simetría y  
el empleo de elementos inspirados en tratados arquitectónicos. No obstante, esta modalidad conserva  
la imaginación y el dinamismo distintivos del Barroco, integrando estos valores en sus composiciones.  
Al interior de la parroquia nos podemos encontrar principalmente con la bóveda y los muros, las cuales  
se encuentran decorados en tonos claros (blancos y cremas) con detalles dorados, lo cual genera una  
atmósfera de luminosidad y solemnidad. Asimismo, en el fondo se encuentra un altar mayor,  
caracterizado por columnas estriadas, frontones, molduras doradas y pequeños nichos que alojan  
imágenes religiosas. En los laterales se observan altares secundarios y esculturas, principalmente de  
advocaciones marianas, santos y del propio San Andrés (ver Figura 7).  
Figura 7  
Espacio interior de la parroquia de San Andrés Apóstol  
Fuente: Fotografía tomada por el autor (2025)  
Si bien, la falta de fuentes documentales para la realización de este estudio, es muy importante aclarar  
que este análisis busca enfatizar el significado de esta construcción en la vida de la comunidad. La  
parroquia de San Andrés Apóstol trasciende lo arquitectónico; es la esencia de su identidad y tradición  
para sus habitantes. La herencia artística de los conjuntos conventuales de los siglos XVI y XVII tuvo  
un impacto profundo y un arraigo significativo en el gusto de la sociedad. Su concepción de la visión  
estética y el espacio perdurará a lo largo del tiempo, no solo resistiendo la influencia europea, sino  
también asimilando y transformándola de acuerdo con sus propias necesidades e intereses.  
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Esta profunda raíz cultural se ha mantenido viva, reflejando su vínculo con la fiesta patronal celebrada  
cada 29 de noviembre. Así, el análisis de esta parroquia trasciende lo arquitectónico, para reflejar su  
vital importancia en la cohesión cultural y espiritual de San Andrés Cuexcontitlán.  
CONCLUSIONES  
El estudio de la parroquia de San Andrés Apóstol, permite demostrar el valor del sincretismo cultural,  
artístico y religioso desarrollado en el periodo virreinal. La estructura, los materiales y la decoración  
dejan clara la interacción entre las tradiciones europeas y los conocimientos locales, y dan lugar a una  
estética propia que distingue a las edificaciones novohispanas.  
Para la historia del arte, esta parroquia debe entenderse no sólo como un objeto arquitectónico, sino  
también, como un tipo de documento que refleja los cambios sociales y culturales en su entorno. La  
presencia de estos elementos del estilo barroco estípite, y con rasgos neoclásicos, así como su  
reinterpretación de los recursos materiales, las necesidades litúrgicas y las prácticas religiosas de la  
comunidad.  
Este templo es el corazón de los habitantes de Cuexcontitlán, el punto donde se cruzan las vidas  
espirituales, sociales y culturales del poblado. Su permanencia a lo largo de los siglos y su participación  
en las festividades patronales consolidan su papel como espacio de memoria local. Por eso, estudiar  
esta iglesia no solo ayuda a la documentación del patrimonio artístico, histórico y arquitectónico, sino  
que también invita a la protección y valoración como el pilar de la identidad del pueblo.  
Así, la parroquia de San Andrés Apóstol trasciende lo local y se erige como un legado artístico y  
espiritual. Su estudio evidencia que el patrimonio novohispano sigue vivo, no solo como fuente de  
conocimiento histórico, sino, como identidad cultural y reflexión sobre los procesos de apropiación y  
transformación en el arte religioso.  
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