abundancia de recursos puede conducir a la superficialidad. En esa línea, Gutiérrez-Martín et al. (2022)
defienden un modelo que integre competencias técnicas y mediáticas, de modo que al dominio
instrumental se acompañe de criterio analítico.
El cuarto eje, que no puede eludirse, es el de la desinformación. Los comunicadores mostraron su
preocupación por el riesgo de que circulan informaciones no contrastadas a través de las redes. Según
González y Cardona-Restrepo (2023), las plataformas han menoscabado la función mediadora de los
medios de comunicación, complicando la posibilidad de que la opinión pública se forme en la era de la
posverdad. A partir de analizar la producción científica en lengua española sobre el tema, Passalacqua
Herrera et al. (2025) corroboran el establecimiento de una agenda de investigación focalizada en la
verificación. La evidencia de Barahona demuestra que los medios locales siguen sin protocolos
sistemáticos de verificación contrapuestos, vacío que podría ser llenado por la formación
metodológica.
Las diversas dimensiones se encuentran a su vez en una denuncia de fondo. La incorporación de las
TIC ha evolucionado cómo se accede, se interactúa y se imparte la información en los medios
barahoneros, pero su aprovechamiento es todavía escaso, dado el escaso entrenamiento en el proceso
de investigación. Algunas veces, mientras haya esta brecha desde el punto de vista de los que
investigan, no se aprovecharán al máximo las posibilidades transformadoras de la tecnología.
CONCLUSIONES
La investigación reveló que la mayoría de la población de comunicadores sociales en Barahona está
conformada por jóvenes que enfrentan limitaciones por la falta de experiencia en su desarrollo
profesional; si bien reconocen la importancia de las TIC, el aprovechamiento de las mismas en el
ejercicio profesional resulta restringido, lo que confirma una desconexión entre la formación
académica recibida y las exigencias del mercado laboral (objetivos 1 y 4).
En lo que respecta al entorno laboral, la mayoría está ocupada en los puestos tradicionales de
redacción y edición, lo que dificulta su adaptación al entorno digital y su participación en la producción
multiformato. Este hallazgo está relacionado con el objetivo 2 y pone de relieve una estructura
conservadora, poco permeable a las dinámicas comunicacionales actuales descritas por Barrios Rubio
y Zambrano Ayala (2015), Marta-Lazo et al. (2020).
En el objetivo 3, la poca formación en métodos de investigación es una deficiencia crítica que afecta la
calidad del contenido y la capacidad de los comunicadores para producir piezas verificadas y
contextualizadas. Esa limitación queda ilustrada por la dependencia de técnicas tradicionales que
aparece documentada en las Tablas 4 y 5.
Respecto al objetivo 4, los datos señalan que la oferta formativa local no se alinea del todo con las
exigencias actuales para la adquisición de competencias digitales e investigativas robustas. Para dar
respuesta a esta situación es necesario realizar una revisión curricular que incorpore las tecnologías
de la información y comunicación (TIC) y las metodologías de investigación científica desde una
perspectiva práctica.
Hay que añadir que el fomento de una cultura de aprendizaje continuo tendría beneficios para el
desempeño profesional y la modernización en los medios locales, ya que permitiría a los
comunicadores adaptarse a los nuevos auge tecnológicos y comunicacionales.
En el conjunto de limitaciones que presenta el estudio, podemos encontrar la incidencia de la situación
de emergencia sanitaria provocada por la COVID-19 y la contribución parcial de algunas fuentes de
información. Montaña Blasco et al. (2020) ya habían dado cuenta de cómo la pandemia impactó -y
alteró- las prácticas de consumo y de producción mediática; en esta línea, algunas de estas
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, julio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 2839.