Esta interpretación permite superar las limitaciones de los modelos centrados exclusivamente en
variables biomédicas, al reconocer que la fragilidad es el resultado de una interacción compleja entre
factores biológicos, psicológicos, sociales y éticos. Mientras los modelos clínicos describen con
precisión las manifestaciones del fenómeno, la vulnerabilidad bioética ofrece una explicación más
amplia sobre sus causas profundas y su significado humano. En consecuencia, la fragilidad puede
entenderse como la expresión observable de una vulnerabilidad que afecta simultáneamente la
capacidad de autodeterminación, el reconocimiento de la dignidad y el acceso a relaciones de cuidado
significativas. Esta comprensión proporciona una base teórica sólida para el desarrollo de modelos
preventivos centrados en la persona, orientados no solo a preservar la funcionalidad física, sino
también a fortalecer las condiciones humanas que hacen posible una vida plena y digna.
Integración con el modelo de las 5P
La propuesta de comprender la fragilidad humana a partir de la vulnerabilidad bioética encuentra una
vía de aplicación práctica en el modelo de las 5P, un enfoque contemporáneo orientado a transformar
los sistemas de atención sanitaria mediante una visión más integral, preventiva y centrada en la
persona. Este modelo, conformado por las dimensiones de Personas, Prevención, Participación,
Predicción y Personalización, ha adquirido relevancia en el contexto de la medicina contemporánea al
promover una atención que trasciende el abordaje reactivo de la enfermedad y favorece la anticipación
de riesgos, la toma de decisiones compartida y el reconocimiento de las características particulares
de cada individuo (Flores, Glusman, Brogaard, Price y Hood, 2013). Sin embargo, su potencial
transformador se amplía significativamente cuando la vulnerabilidad bioética se incorpora como un
eje transversal capaz de orientar éticamente cada una de sus dimensiones.
En primer lugar, el componente Personas adquiere una profundidad particular desde la perspectiva de
la vulnerabilidad bioética. La persona deja de ser considerada únicamente como portadora de riesgos,
diagnósticos o características biológicas para ser reconocida como un sujeto moral singular, dotado
de dignidad, historia, valores y proyectos de vida. Esta comprensión se encuentra en consonancia con
la propuesta filosófica de Paul Ricoeur, quien destacó que la identidad humana se construye mediante
la articulación entre autonomía y reconocimiento mutuo (Ricoeur, 2006). Asimismo, la filósofa
estadounidense Martha C. Nussbaum, reconocida por su enfoque de las capacidades humanas y la
justicia social, sostiene que el bienestar debe evaluarse en función de las oportunidades reales que
poseen las personas para desarrollar una vida que consideren valiosa (Nussbaum, 2012). Desde esta
perspectiva, la atención sanitaria no puede limitarse a la corrección de déficits funcionales, sino que
debe orientarse al fortalecimiento de las capacidades que permiten a cada individuo desplegar
plenamente su existencia.
La segunda dimensión, Prevención, también adquiere un significado más amplio cuando se analiza
desde la vulnerabilidad bioética. Tradicionalmente, las estrategias preventivas se han centrado en la
identificación de factores de riesgo biológicos y en la reducción de la probabilidad de enfermedad. No
obstante, si la fragilidad es entendida como la expresión de un deterioro progresivo de dimensiones
ontológicas, relacionales y sociales, la prevención debe orientarse igualmente a proteger los recursos
humanos que sostienen la autonomía, la participación y el bienestar. En este sentido, prevenir no
implica únicamente evitar el deterioro físico, sino también fortalecer redes de apoyo, reducir
condiciones de exclusión y promover entornos que favorezcan el ejercicio de la dignidad humana (De
la Torre Díaz, 2017). La prevención adquiere así una dimensión ética orientada a anticipar situaciones
de vulnerabilidad antes de que estas se traduzcan en estados de fragilidad avanzada.
La tercera dimensión, Participación, se relaciona estrechamente con el concepto de autonomía
relacional desarrollado en el ámbito de la bioética contemporánea. La participación reconoce que las
personas no son receptoras pasivas de intervenciones sanitarias, sino actores fundamentales en la
toma de decisiones que afectan sus vidas. Desde esta perspectiva, el ejercicio de la autonomía
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, julio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 2950.