Reflexiones sobre los límites en la autopsia psicológica en la  
práctica forense: memoria, duelo y producción de sentido  
An analysis of the limitations of psychological autopsy in forensic practice:  
memory, grief, and the construction of meaning  
Romel Vladimir Aguirre Aguirre  
Universidad Central del Ecuador  
Quito Ecuador  
Naidy Stephanía Carrasco Gavilánez  
Universidad Central del Ecuador  
Quito Ecuador  
Artículo recibido: 24 de febrero de 2026. Aceptado para publicación: 08 de julio de 2026.  
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.  
Resumen  
La autopsia psicológica forense actúa como una herramienta orientada a esclarecer la manera de  
muerte en casos dudosos. Este artículo analiza sus límites como evaluación reconstructiva,  
considerando tres factores: la memoria, el duelo y la falta de estandarización metodológica. Se  
reflexiona sobre cómo el carácter retrospectivo, la dependencia de testimonios indirectos, y la  
influencia de procesos cognitivos y emocionales afectan la reconstrucción del estado mental de la  
persona que ha fallecido. Asimismo, se revisa la tensión entre la rigurosidad metodológica y la  
naturaleza interpretativa del procedimiento, destacando que la producción de sentido implica el  
construir una narrativa coherente, más no el acceder a una verdad objetiva. A partir del análisis  
realizado, se concluye que el valor de la autopsia psicológica radica en su aporte explicativo para la  
estructuración del caso.  
Palabras clave: autopsia psicológica, psicología forense, suicidio, estandarización  
metodológica, evaluación retrospectiva  
Abstract  
The forensic psychological autopsy serves as a reconstructive evaluation tool aimed at clarifying the  
manner of death in equivocal cases. This article analyzes its limitations by examining three critical  
factors: memory, grief, and the lack of methodological standardization. It explores how its  
retrospective nature, reliance on indirect informants, and the influence of cognitive and emotional  
processes impact the reconstruction of the decedent's mental state. Furthermore, it addresses the  
tension between methodological rigor and the interpretive nature of the procedure, highlighting that  
the production of meaning implies constructing a coherent narrative rather than accessing objective  
truth. Based on this analysis, the study concludes that the value of the psychological autopsy lies in  
its explanatory contribution to structuring case data.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, julio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 3010.  
Keywords:  
psychological  
autopsy,  
forensic  
psychology,  
suicide,  
methodological  
standardization, retrospective evaluation  
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Cómo citar: Aguirre Aguirre, R. V., & Carrasco Gavilánez, N. S. (2026). Reflexiones sobre los límites en  
la autopsia psicológica en la práctica forense: memoria, duelo y producción de sentido. LATAM  
Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 7 (3), 3010 3019.  
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ISSN en línea: 2789-3855, julio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 3011.  
INTRODUCCIÓN  
La autopsia psicológica forense ha sido utilizada como un procedimiento orientado a esclarecer la  
manera de muerte en casos en los que existen dudas entre distintas hipótesis posibles. Según Ebert  
(1987), esta técnica permite determinar la manera de la muerte en situaciones equívocas que requieren  
ser distinguidas. Por su parte, Torres y Manzo (2003) citados en Velasco Díaz (2014) la definen como  
un estudio psicobiográfico, fenomenológico y comprehensivo que ayudará a que los resultados  
obtenidos que se plasman en informes finales cuenten con soporte metodológico y teórico.  
“La autopsia psicológica pertenece al grupo de herramientas forenses en salud mental denominadas  
evaluaciones psicológicas reconstructivas” (Ceballos-Espinoza, 2015), buscando comprender mejor  
las circunstancias del fallecimiento. Este análisis tiene como objetivo articular literatura relevante  
acerca de elementos relacionados con los límites de la autopsia psicológica (memoria, el duelo y la  
estandarización metodológica) junto con la reflexión derivada de la práctica pericial en contextos  
judiciales complejos.  
DESARROLLO  
Contexto Forense  
“Mirada desde la definición etimológica de sus componentes, la expresión autopsia psicológica resulta  
contradictoria. Según el diccionario, el término autopsia proviene de las raíces griegas auto o propio  
de sí mismo y ópsis, que corresponde a vista. En su acepción más general, se refiere al examen de un  
cadáver y sus cavidades para conocer el estado de los diferentes órganos y las causas de la muerte.  
Por otro lado, el término psicológica es un adjetivo que define lo referente a la psiquis. Nos  
preguntamos entonces, ¿qué tiene que ver un cadáver y el examen de sus órganos, con el examen de  
la mente de un individuo, si por supuesto un cadáver ya no tiene mente?  
La autopsia psicológica, como término, se originó a finales de los años cincuenta en California, cuando  
el Centro de Investigación del Suicidio comenzó a estudiar muertes confusas, siendo Robert Litman  
uno de los principales autores en establecer los elementos esenciales. Este procedimiento ha sido  
definido como una forma de investigar retrospectivamente las características de personalidad y  
condiciones de vida de una persona fallecida (Jiménez Rojas, 2001). Se diferencia de otras técnicas de  
investigación criminal, como el Análisis de Muertes Equívocas (EDA o AME): la primera desarrolla un  
análisis profundo realizado por profesionales de la salud mental (generalmente peritos) en contextos  
forenses apoyados en teorías científicas, mientras que el AME suele basarse únicamente en la  
evidencia recolectada por unidades policiales y se puede realizar transcurrido cualquier lapso de  
tiempo después de la muerte que esté bajo estudio (Velasco Díaz, 2014).  
El procedimiento de la autopsia psicológica consiste en recopilar información proveniente de distintas  
fuentes, tales como entrevistas a familiares y allegados, revisión de archivos personales (físicos o  
digitales) y análisis del contexto vital del fallecido, con el propósito de reconstruir su estado psíquico  
previo al deceso. Acorde a una recopilación realizada por Ceballos-Espinoza (2015), en el ámbito  
forense se ha empleado para: obtener perfiles de riesgo de suicidio, caracterizar poblaciones suicidas  
(infantil, adolescente, adultos mayores), identificar factores de riesgo respecto a conducta suicida,  
analizar rasgos de personalidad, estudiar eventos vitales adversos y factores psicosociales  
desfavorables, determinar el estado psíquico de una persona fallecida y esclarecer las posibles causas  
de su muerte.  
Respecto al ámbito jurídico en el sistema procesal ecuatoriano, el Código Orgánico General de  
Procesos (2015), en su artículo 221, establece que un perito es la persona “que, por razón de sus  
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conocimientos científicos, técnicos, artísticos, prácticos o profesionales está en condiciones de  
informar a la o al juzgador sobre algún hecho o circunstancia relacionado con la materia de la  
controversia”. Mientras que, en el artículo 158 se menciona que la prueba tiene por finalidad “llevar a  
la o al juzgador al convencimiento de los hechos y circunstancias controvertidos”. Es precisamente  
bajo esta exigencia donde la autopsia psicológica se torna en un dispositivo de apoyo, cuya operación  
debe ser llevada a cabo por una persona experta y que permite, mediante su informe y sustentación de  
este, actuar como una prueba que aporte información sobre el estado mental de quien falleció y las  
circunstancias que rodearon esa muerte.  
Tabla 1  
Principales áreas de utilización de la autopsia psicológica en la investigación del suicidio  
Área de utilización  
Obtención de perfiles de  
riesgo  
Aplicación específica  
Identificación de características y  
patrones asociados al riesgo suicida.  
Referencias  
Núñez de Arco y Huici  
(2005); Phillips et al.  
(2002).  
Caracterización de la  
población suicida infantil  
y adolescente  
Estudio de las particularidades  
Freuchen et al. (2012);  
Kwon et al. (2014); Shafii  
et al. (1985); Zalsman et al.  
(2014).  
sociodemográficas, psicológicas y  
contextuales de niños y adolescentes  
que fallecen por suicidio.  
Caracterización de la  
población de ancianos  
suicidas  
Análisis de los factores y características  
presentes en personas adultas mayores  
que fallecen por suicidio.  
Nadaf et al. (2014);  
Torresani et al. (2014).  
Diferenciación de la  
población suicida según  
el método de muerte  
Factores de riesgo  
vinculados a la conducta  
suicida  
Comparación de características de las  
personas suicidas en función del método Jia (2014).  
empleado.  
Identificación de factores asociados al  
suicidio, especialmente la presencia de  
trastornos mentales.  
Berman et al. (2014); Sun y  
Berman et al. (2014); Sun y  
Jia (2014).  
Rasgos de personalidad  
Estudio de características de  
personalidad relacionadas con la  
conducta suicida.  
Draper, Kõlves, De Leo y  
Snowdon (2014).  
Eventos vitales adversos  
Análisis de acontecimientos negativos o  
estresantes que pudieron influir en la  
conducta suicida.  
De La Grandmaison et al.  
(2014); Foster (2011);  
García et al. (2008).  
Factores psicosociales  
desfavorables  
Evaluación de condiciones familiares,  
sociales, económicas y relacionales  
asociadas al suicidio.  
Hawton et al. (2004);  
Pompili et al. (2014);  
Schneider et al. (2011).  
Ceballos-Espinoza (2015).  
Determinación del estado Reconstrucción retrospectiva del estado  
psíquico y posibles  
causas de muerte  
mental de la persona y apoyo en la  
determinación de las circunstancias del  
fallecimiento.  
Utilidad terapéutica y  
comunitaria  
Obtención de información que puede  
contribuir al proceso terapéutico de  
familiares, allegados y de la comunidad  
en general.  
Jiménez (2001).  
Fuente: Elaboración propia, con base en Ceballos-Espinoza (2015).  
Contexto histórico  
Finalizando la década de los sesenta, en el continente europeo, se presentaron los primeros estudios  
en casos de suicidio, basados en “autopsia psicológica”, cuyo objetivo era determinar la condición de  
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accidentalidad o de convicción de la persona en el evento suicida. Desde entonces, en Europa,  
Norteamérica, Australia, Nueva Zelanda, Israel, Taiwan e India han adoptado esta herramienta como  
parte de sus procesos criminalísticos. Diez años más tarde, Shneidman, crea tres categorías para el  
estudio de muertes dudosas incluyendo a las personas cercanas del occiso, con el fin de poder aplicar  
la técnica en toda la población. Este método, solo fue modificado hasta 1999 por la psiquiatra cubana  
Teresita García, elaborando el Modelo de Autopsia Psicológica Integrado MAPI (Cañon-Buitrago et al.,  
2016).  
De acuerdo con Gómez & Saénz (2000) “se ve una clara aplicación de la autopsia psicológica en  
procesos judiciales en países como España, Estados Unidos, Argentina y México, Cuba. Aunque sus  
inicios datan de la década de los sesenta no fue hasta finales de la década de 1980 y principios de los  
años 90 que se comenzó la práctica sistemática de la autopsia psicológica en Cuba, liderada por los  
estudios realizados en el Instituto de Medicina Legal de Ciudad de La Habana” (Vidal et al., 2005) a  
pesar de contar con diferentes modelos de protocolo para su realización, su utilidad y eficacia han  
sido frecuentemente cuestionadas sobre todo por su “flexibilidad metodológica y laxitud  
epistemológica que constituyen un verdadero talón de Aquiles y que la pone en serio riesgo de  
validación como herramienta científica” (Torres Vicent., 2007)  
“A partir de su amplia difusión en los países del norte, y más recientemente en Latinoamérica, adviene  
como una técnica a veces infalible o quizás desmesuradamente prometedora para orientar decesos  
indeterminados, equívocos o para la investigación de suicidios.” (Torres Vicent., 2007).  
Tabla 2  
Implementación del Modelo de Autopsia Psicológica Integrado (MAPI) en Iberoamérica  
País  
Chile  
Año de  
implementación  
1997  
Descripción de la utilización del MAPI  
Ámbito de  
aplicación  
Suicidio  
El Instituto de Medicina Legal de Santiago de  
Chile dio cobertura a su empleo para el estudio  
de las muertes por suicidio.  
Argentina  
1997  
Fue introducido por la Licenciada Liliana  
Angelina de Licitra, de Córdoba, desde el área  
de la Psicología Jurídica.  
Psicología  
jurídica /  
autopsia  
psicológica  
Honduras 1998  
La Dirección de Medicina Legal de Honduras,  
en coordinación con el Ministerio Público, lo  
utiliza en casos de muertes equívocas, así  
como en investigaciones de suicidios y  
homicidios.  
Muertes  
equívocas,  
suicidio y  
homicidio  
Cuba  
1998  
2001  
En el marco del Primer Congreso de la  
Asociación Iberoamericana de Psicología  
Jurídica se desarrolló el I Taller sobre Autopsia académico  
Psicológica, donde se compartieron  
experiencias de Cuba, México, Chile y  
Honduras.  
El MAPI fue introducido con adaptaciones  
realizadas por un grupo de trabajo dirigido por  
el Dr. Iván Jiménez Rojas, psiquiatra y  
psicoanalista del Instituto Nacional de  
Medicina Legal y Ciencias Forenses de  
Bogotá. En 2003 el modelo fue ampliado.  
Formación e  
intercambio  
Colombia  
Investigación  
forense (suicidio  
y otros)  
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México  
2002  
Fue considerado el método más objetivo y  
confiable para la realización de la autopsia  
psicológica.  
Autopsia  
psicológica  
forense  
Fuente: García Pérez (2007).  
Limitaciones de la Autopsia Psicológica  
En contextos jurídicos, los operadores judiciales y académicos cuestionan constantemente los  
fundamentos científicos que soportan la viabilidad de la evaluación psicológica reconstructiva; frente  
a lo cual debe tomarse en cuenta que su utilidad depende de la rigurosidad metodológica con la que  
sea aplicada. Sin embargo, existen diversos factores que pueden debilitar la precisión de la autopsia  
psicológica y consecuentemente su fiabilidad.  
No contar con la víctima constituye el factor de mayor complicación para realizar una valoración  
forense psicológica, dado que la evaluación se realiza de manera indirecta (Ceballos-Espinoza, 2015).  
La edad, la tonalidad afectiva, la reacción de duelo de los familiares y allegados, y el impacto emocional  
generado por la muerte pueden influir en los resultados.  
Memoria y tiempo  
Existe literatura que señala que entre los dos y tres meses posteriores al fallecimiento es un intervalo  
recomendado para equilibrar dos factores críticos que afectan la información obtenida de quienes  
participan en las entrevistas: la distorsión emocional y la calidad del recuerdo (Guija et al., 2012).  
Mientras que otros autores, respecto a casos de suicidio, sostienen que las entrevistas deberían  
realizarse entre dos y seis meses después del acontecimiento (Cañón-Buitrago et al., 2016) con el fin  
de evitar que las diferentes manifestaciones del duelo puedan interferir en la mayor objetividad del  
recuerdo.  
El tiempo degrada la memoria, debilita la capacidad de retención de un evento específico. Las huellas  
de los recuerdos se desvanecen progresivamente, y los recuerdos nuevos pueden interferir con los  
antiguos. Cada vez que se recuerda un suceso, la huella de la memoria se reconstruye y se altera por  
factores como la temporalidad, el nuevo contexto, sugerencias de terceros o un mayor entendimiento  
de lo ocurrido (Querejeta, 1999). La evocación de recuerdos se encuentra influenciada también por la  
tonalidad afectiva del momento (Velasco Díaz, 2014), lo cual introduce un componente subjetivo en la  
reconstrucción de los hechos.  
Duelo  
Acorde con Yávar & Atisha (2018), Jorge L. Tizón define el proceso de duelo como: “el conjunto de  
emociones, representaciones mentales y conductas vinculadas con la pérdida afectiva, la frustración  
o el dolor”. Y, además, clarifica que es un proceso, porque hace hincapié en que se trata de un complejo  
diacrónico, no solo de emociones, sino también de cambios de cogniciones, de comportamientos y de  
relaciones.  
El duelo implica cambios sustanciales, pudiendo afectar significativamente la forma en que los  
allegados recuerdan a quien falleció. Estos procesos emocionales pueden influir en la narrativa  
construida sobre la persona difunta, generando idealización o reinterpretación de los hechos. En este  
sentido, el testimonio también refleja aspectos emocionales en elaboración, lo cual introduce un  
componente interpretativo en la reconstrucción retrospectiva.  
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Estandarización metodológica  
La literatura describe un estado de persistente laxitud epistemológica en la práctica de la autopsia  
psicológica (Figari, 2015): a pesar de su valor, la falta de un protocolo consensuado globalmente  
genera una variabilidad que debilita la fiabilidad y validez de la autopsia psicológica como prueba en  
contextos judiciales (Johal et al., 2024).  
Para mitigar la subjetividad, la comunidad científica ha desarrollado diversos modelos estructurados,  
como el Modelo MAPI, que es uno de los más rigurosos y difundidos, el cual se compone de una  
entrevista estructurada de sesenta dimensiones con respuestas cerradas para minimizar sesgos y  
permitir que las conclusiones sean verificables por terceras personas (Cañón-Buitrago et al., 2016).  
Otro modelo más actual es el PASIC (Autopsia Psicológica Estructurada en Casos Individuales), la cual  
corresponde a una adaptación contemporánea que busca flexibilizar la rigidez del MAPI,  
personalizando la entrevista según el entorno sociocultural y el mecanismo de muerte (Posa et al.,  
2021).  
REFLEXIÓN  
En la práctica forense, producir sentido implica armar un “todo” sin tener varias de las piezas más  
significativas. La autopsia psicológica construye un relato coherente a partir de información, por  
naturaleza, fragmentada, imprecisa e incompleta. No persigue ni puede alcanzar una verdad objetiva  
absoluta. Al no existir un consenso metodológico global o regional, los peritos o analistas se enfrentan  
a un sesgo: distintas miradas epistemológicas construirán versiones diferentes sobre una misma  
muerte.  
Si bien diferentes enfoques pueden conducir a reconstrucciones heterogéneas de un mismo caso,  
resulta importante reflexionar que, en escenarios estandarizados, con criterios comunes de análisis, el  
proceso interpretativo se vería orientado, principalmente, a completar categorías, lo que podría generar  
explicaciones razonables, pero no necesariamente representativas de la complejidad de los eventos,  
afectando el sentido subjetivo de cada una de las muertes.  
Un elemento crítico es el tiempo transcurrido entre el hecho y la evaluación o entrevistas para la  
autopsia psicológica. Cuando ha transcurrido un periodo de tiempo significativo luego de ocurrido el  
suceso, el psiquismo de los evaluados, como es natural, habrá cambiado, por el desarrollo y la  
maduración propios del ciclo vital humano y esto implica cambios en la forma de pensar y razonar y,  
por tanto, también en los procesos afectivos, modificando la forma en que recuerdan y relatan los  
acontecimientos.  
El principal límite de la autopsia psicológica es de origen: el sujeto evaluado está ausente. Las  
evaluaciones post mortem no permiten acceder directamente al estado mental de quien murió, en su  
lugar, lo psicológico se construye a partir de información indirecta y mediada por terceros. El  
procedimiento implica necesariamente un ejercicio riguroso de interpretación mediante el cual se  
organiza la información disponible y de calidad para construir una narrativa coherente sobre la muerte,  
naciendo una tensión fundamental e ineludible entre la coherencia del relato generado y la exactitud  
fáctica.  
CONCLUSIONES  
La autopsia psicológica o evaluación psicológica retrospectiva constituye una herramienta útil en tanto  
permite aproximarse al estado mental de la persona fallecida bajo una muerte de etiología incierta,  
aportando elementos relevantes para la comprensión del caso. No obstante, la ausencia del sujeto, la  
dependencia de testimonios indirectos, el paso del tiempo, la influencia del duelo y la falta de  
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estandarización metodológica limitan su aplicación y validez científica; en consecuencia, su valor no  
radica en la determinación absoluta de una verdad.  
La autopsia psicológica es inherentemente interpretativa y no es solo una técnica o instrumento: no  
debe entenderse únicamente como “procedimiento técnico” para la obtención de una prueba judicial,  
sino configurarse como un apoyo proveniente de una práctica de interpretación estructurada.  
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