INTRODUCCIÓN
La autopsia psicológica forense ha sido utilizada como un procedimiento orientado a esclarecer la
manera de muerte en casos en los que existen dudas entre distintas hipótesis posibles. Según Ebert
(1987), esta técnica permite determinar la manera de la muerte en situaciones equívocas que requieren
ser distinguidas. Por su parte, Torres y Manzo (2003) citados en Velasco Díaz (2014) la definen como
un estudio psicobiográfico, fenomenológico y comprehensivo que ayudará a que los resultados
obtenidos que se plasman en informes finales cuenten con soporte metodológico y teórico.
“La autopsia psicológica pertenece al grupo de herramientas forenses en salud mental denominadas
evaluaciones psicológicas reconstructivas” (Ceballos-Espinoza, 2015), buscando comprender mejor
las circunstancias del fallecimiento. Este análisis tiene como objetivo articular literatura relevante
acerca de elementos relacionados con los límites de la autopsia psicológica (memoria, el duelo y la
estandarización metodológica) junto con la reflexión derivada de la práctica pericial en contextos
judiciales complejos.
DESARROLLO
Contexto Forense
“Mirada desde la definición etimológica de sus componentes, la expresión autopsia psicológica resulta
contradictoria. Según el diccionario, el término autopsia proviene de las raíces griegas auto o propio
de sí mismo y ópsis, que corresponde a vista. En su acepción más general, se refiere al examen de un
cadáver y sus cavidades para conocer el estado de los diferentes órganos y las causas de la muerte.
Por otro lado, el término psicológica es un adjetivo que define lo referente a la psiquis. Nos
preguntamos entonces, ¿qué tiene que ver un cadáver y el examen de sus órganos, con el examen de
la mente de un individuo, si por supuesto un cadáver ya no tiene mente?
La autopsia psicológica, como término, se originó a finales de los años cincuenta en California, cuando
el Centro de Investigación del Suicidio comenzó a estudiar muertes confusas, siendo Robert Litman
uno de los principales autores en establecer los elementos esenciales. Este procedimiento ha sido
definido como una forma de investigar retrospectivamente las características de personalidad y
condiciones de vida de una persona fallecida (Jiménez Rojas, 2001). Se diferencia de otras técnicas de
investigación criminal, como el Análisis de Muertes Equívocas (EDA o AME): la primera desarrolla un
análisis profundo realizado por profesionales de la salud mental (generalmente peritos) en contextos
forenses apoyados en teorías científicas, mientras que el AME suele basarse únicamente en la
evidencia recolectada por unidades policiales y se puede realizar transcurrido cualquier lapso de
tiempo después de la muerte que esté bajo estudio (Velasco Díaz, 2014).
El procedimiento de la autopsia psicológica consiste en recopilar información proveniente de distintas
fuentes, tales como entrevistas a familiares y allegados, revisión de archivos personales (físicos o
digitales) y análisis del contexto vital del fallecido, con el propósito de reconstruir su estado psíquico
previo al deceso. Acorde a una recopilación realizada por Ceballos-Espinoza (2015), en el ámbito
forense se ha empleado para: obtener perfiles de riesgo de suicidio, caracterizar poblaciones suicidas
(infantil, adolescente, adultos mayores), identificar factores de riesgo respecto a conducta suicida,
analizar rasgos de personalidad, estudiar eventos vitales adversos y factores psicosociales
desfavorables, determinar el estado psíquico de una persona fallecida y esclarecer las posibles causas
de su muerte.
Respecto al ámbito jurídico en el sistema procesal ecuatoriano, el Código Orgánico General de
Procesos (2015), en su artículo 221, establece que un perito es la persona “que, por razón de sus
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, julio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 3012.