LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, mayo, 2023, Volumen IV, Número 2 p 422.
La industria del software: algunas claves hermenéuticas
sobre el trabajo y la producción de subjetividad dentro de
la sociedad post-industrial
The software industry: some hermeneutical keys about work and the
production of subjectivity within the post-industrial society
Federico Caetano Grau
federicocaetanograu@gmail.com
https://orcid.org/0000-0001-9929-2311
FCS-UdelaR
Montevideo – Uruguay
Artículo recibido: 28 de abril de 2023. Aceptado para publicación: 05 de mayo de 2023.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
Resumen
En los escenarios volátiles del capitalismo flexible, los procesos de subjetivación dentro del
mundo del trabajo han estado sujetos a coordenadas de cambios vertiginosos. Cuando antes el
universo laboral componía anclajes identitarios estables, donde las trayectorias se circunscribían
a pocas instituciones y la experiencia podía ser organizada de forma estratégica y teleológica, a
través de un imaginario de carrera de movilidad ascendente, las arenas movedizas de la sociedad
post-industrial han instituido una disrupción de los escenarios. Tanto el multiempleo, como la
autogestión y la coexistencia de diversos vínculos laborales sincrónicos, se componen en los
vectores estructurantes de un nuevo paisaje subjetivo, inscripto dentro del perímetro semántico
del trabajo inmaterial, en el que la producción se moviliza hacia la resolución de problemas a
través de esquemas intersubjetivos y de cooperación abstracta. Definidos dentro de estas
categorías, los procesos de subjetivación de los trabajadores de software emergen desde estos
marcadores contingentes del trabajo, donde la fábrica se torna difusa y las organizaciones son
matrizadas a través de rede lábiles y cambiantes. Así las cosas, ¿Cuáles son los ejes de
problematicidad emergentes dentro del ámbito de la producción inmaterial? En relación al mundo
de la programación del software ¿Cómo impactan a nivel subjetivo estas nuevas modalidades
de trabajo inscriptas dentro de contextos volátiles y contingentes? El objetivo principal de este
artículo es proponer un marco analítico y hermenéutico sobre procesos de subjetivación dentro
del mundo del trabajo inmaterial, a través del análisis de 10 entrevistas en profundidad realizadas
a programadores de software.
Palabras clave: software, trabajo inmaterial, capitalismo cognitivo, sociedad-
postindustrial, subjetividad
Abstract
In the volatile scenarios of flexible capitalism, the processes of subjectivation within the world of
work have been subject to coordinates of vertiginous changes. When before the labor universe
composed stable identity anchors, where the trajectories were circumscribed to few institutions
and the experience could be organized strategically and teleologically, through a career imaginary
of upward mobility, the quicksands of post-industrial society they have instituted a disruption of
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the scenarios. Both multi-employment, self-management and the coexistence of various
synchronous labor ties are made up of the structuring vectors of a new subjective landscape,
inscribed within the semantic perimeter of immaterial work, in which production is mobilized
towards solving problems through intersubjective schemes and abstract cooperation. Defined
within these categories, the processes of subjectivation of software workers emerge from these
contingent markers of work, where the factory becomes diffuse and organizations are matrixed
through labile and changing networks. So, what are the emerging problematic axes within the
field of immaterial production? In relation to the world of software programming, how do these
new ways of working within volatile and contingent contexts impact on a subjective level? The
main objective of this article is to propose an analytical and hermeneutic framework on
subjectivation processes within the world of immaterial work, through the analysis of 10 in-depth
interviews conducted with software programmers.
Keywords: software, immaterial work, cognitive capitalism, post-industrial society,
subjectivity
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Como citar: Caetano Grau, F. (2023). La industria del software: algunas claves hermenéuticas
sobre el trabajo y la producción de subjetividad dentro de la sociedad post-industrial. LATAM
Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 4(2), 422–435.
https://doi.org/10.56712/latam.v4i2.621
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ISSN en línea: 2789-3855, mayo, 2023, Volumen IV, Número 2 p 424.
INTRODUCCIÓN
Fuertemente matrizada a través de un contexto de cambio, las coordenadas del “capitalismo
flexible” (Sennett, 2000) y de la “socioedad post-industrial” (Cohen, 2006), se han traducido en la
institucionalización de enclaves productivos contingentes y volátiles, estructurados a través de
un set de maquinarias dotadas de software con capacidades reprogramables y orientadas hacia
las mutaciones y turbulencias de los mercados. Y, desde este campo semántico donde la
producción es hiperespecializada y el consumo es dinámico, heterogéneo e impredecible, el
“trabajo inmaterial” (Lazzarato y Negri, 2001;2006) emerge como uno de los esquemas
distintivos del capitalismo contemporáneo, donde la versatilidad de los actores, su capacidad de
asumir riesgos y el quantum de conocimiento tecnológico disponible, componen un perímetro
estratégico en términos del desarrollo de los procesos productivos.
Así pues, por su fuerte omnipresencia y capacidad de penetrar a lo largo y lo ancho de diversas
fronteras culturales y lingüísticas, la industria de la programación y desarrollo del software se
constituye en uno de los sectores de mayor dinamismo, instituyendo una nueva gramática
asociada a los procesos de subjetivación y de gestión del trabajo. En efecto, inscripto dentro de
las coordenadas del trabajo inmaterial y organización en red, donde la fábrica se torna inestable
y difusa, el mundo del software conjuga un campo de problemáticas dinámico y polisémico, que
requiere la edificación de nuevas perspectivas y categorías analíticas desde el prisma de las
Ciencias Sociales. En este sentido, ¿Cuáles son los ejes de problematicidad emergentes dentro
del ámbito de la producción inmaterial? ¿Cuáles son las características asociadas al desarrollo
laboral dentro de contextos volátiles y contingentes? ¿Qué rol asume la autogestión de los
trabajadores en la organización del trabajo? ¿Cuáles son los efectos e impactos subjetivos de
las nuevas modalidades de trabajo inherentes al desarrollo de la industria del software?
Enmarcado desde una estrategia metodológica cualitativa, el objetivo principal del presente
estudio es identificar, de forma exploratoria, distintos vectores analíticos y hermenéuticos que
confluyan en la generación de ejes de problematicidad sobre los procesos de subjetivación
dentro del mundo del trabajo inmaterial, a través del análisis de 10 entrevistas en profundidad
realizadas a trabajadores de software durante el período 2016-2021.
Así las cosas, este artículo se organiza del siguiente modo: 1) En primer lugar, se desarrolla la
discusión teórica asociada a las transformaciones que tuvieron lugar en el mundo del trabajo
dentro de la sociedad post-industrial, donde se inscribe la industria del software, a través de la
presentación de tres subtítulos: i. “La fábrica difusa y flexible: el trabajo inmaterial dentro de las
coordenadas del post-fordismo y las matrices organizacionales en red”; ii. “La nueva semántica
del trabajo como resolución de problemas y sus impactos dentro del mundo de la gestión”; y iii.
“Los enclaves ansiógenos del trabajo volátil: la incertidumbre como marcador existencial
contemporáneo”. 2) Posteriormente, se describen las coordenadas metodológicas que signaron
el desarrollo del estudio. 3) Luego, dentro de la sección “Resultados”, se configura el marco
analítico y descripción de categorías hermenéuticas en función del registro de los hallazgos
emergentes de las entrevistas. 4) Por último, se profundizan algunas líneas de discusión que
ofician como conclusiones abiertas de este estudio.
La fábrica difusa y flexible: el trabajo inmaterial dentro de las coordenadas del post-fordismo y
las matrices organizacionales en red
El marco conceptual del presente estudio parte de una premisa principal: el desarrollo de las
tecnologías informacionales y comunicacionales ha redefinido el entramado vincular y las
cadenas productivas globales. En efecto, estas tecnologías han permeado profundamente en
todas las esferas de la vida cotidiana, generando una mutación de los circuitos de intercambio
simbólico y, por consiguiente, en la producción de subjetividad, configurando nuevos esquemas
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significación y de conectividad sociocultural (Castells, 1997). A su vez, el desarrollo tecnológico,
que tuvo una aceleración exponencial al inicio de la década de los 70 con la robotización y
automatización de los procesos productivos, cimentó la estructuración de un caldo de cultivo
propicio para la generación de una profunda transformación en la concepción de la producción
industrial y en la organización del trabajo (Acosta, 2015).
Frente al advenimiento de la tecnología como usina de innovación permanente, los espacios
fabriles fordistas, signados por anclajes temporo-espaciales y esquemas de trabajo
heterónomamente tipificados y rígidos, progresivamente entran en declive, cediendo ante
marcos más flexibles. Las líneas de montaje, estructuradas en rutinas estereotipadas, son
remplazadas por la producción en red, caracterizada por exhibir esquemas cambiantes,
desterritorializados y de cooperación abstracta. Y, dentro de esta nueva semántica productiva, la
dimensión del trabajo abstracto, intelectual y cognitivo, orientado a la gestión de símbolos,
información y de conocimiento, adquiere un fuerte protagonismo, reestructurando las categorías
clásicas del desarrollo industrial, centrado en rutinas mecánicas prefijadas y en la manipulación
de objetos materiales.
A través de esta nueva gramática productiva “post-fordista” o “post-operaria”, el topos fabril
como espacio de referencia existencial se tornó difuso. La expansión de las nuevas tecnologías
configuró una plataforma logística para la desterritorialización de los espacios industriales, que
comenzaron a descentralizarse y dinamizarse a través de redes productivas conectadas a lo
largo de ramificaciones que se expandieron por todo el globo. En este contexto, la fábrica se
tornó deslocalizada, indefinida e ilegible desde una semántica estructural y clásica,
incorporándose dentro de fenómenos magmáticos sujetos a una territorialidad volátil e incierta
(Lazzarato y Negri, 2001;2006) (Giordano y Montes Cató, 2012).
Dicho esto, Lazzarato y Negri en su búsqueda por construir una hermenéutica sobre los nuevos
movimientos del capitalismo contemporáneo, desarrollan el concepto de “trabajo inmaterial”
(2001; 2006) para referenciar la incorporación de la producción abstracta y simbólica como los
motores dinamizadores de los sistemas productivos. Desde esta perspectiva, dentro de un
“capitalismo cognitivo” o “informacional” (Castells, 1997), donde el valor del conocimiento y la
información se constituyen en los vectores de impulso económico, la inflexión semántica del
entramado productivo comienza demandar nuevas habilidades en el mundo laboral, instituyendo
un nuevo arquetipo de trabajador, más inmerso dentro de equipos de trabajo, donde las
“competencias blandas” y las habilidades vinculares, cognitivas y emocionales comienzan a
adquirir una dimensión central. En efecto, mientras que las lógicas de gestión en el modelo
industrial clásico estaban signadas en función de una fuerte preocupación hacia la descripción
y prescripción de tareas rutinarias y programadas “a priori” para integrar a una gran masa de
trabajadores genéricos y poco calificados, el trabajo inmaterial comienza a demandar perfiles
más autónomos e independientes del universo fabril y empresarial, donde el conocimiento, las
capacidades intersubjetivas y las habilidades cognitivas se constituyen en valores de referencia.
A su vez, producto de la robotización creciente y las posibilidades de reprogramación e
innovación metodológica a través del desarrollo de software, el advenimiento del trabajo
inmaterial implica un giro epistemológico en términos de la concepción del trabajo, que pasa de
ser significado en función del esfuerzo físico (propia de las plumas clásicas de Adam Smith y
Marx) hacia una concepción signada en términos de la resolución de problemas (Offe, 1992). A
través de la emergencia de esta nueva semántica productiva, los procesos laborales transitan
hacia esquemas de mayor reflexividad y de movilizaciones cognitivas y afectivas por parte de los
trabajadores, quienes tienen que desarrollar sus tareas sobre un escenario más volátil y
cambiante, signado por la incertidumbre y la proliferación de los riesgos y efectos no deseados.
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En este contexto, el trabajo inmaterial se vuelve colaborativo y entretejido a través de flujos
comunicacionales dinámicos y dialógicos, organizados en redes y desde conexiones fluidas y
cambiantes (Lazzarato, 1996). Como sostiene Acosta en referencia al trabajo inmaterial
“La consecuencia de esto es la conformación de una fuerza de trabajo más abstracta, intangible e
intelectual, de forma que la generación de riquezas depende en buena medida de la salud y de las
habilidades emocionales, cognitivas y comunicativas de los trabajadores. Habilidades que dotan a
la mercancía de un contenido intangible que constituye su valor. La mercancía se convierte en un
trato provisorio de comunicaciones, relaciones sociales, afectos e ideas que no puede ser medida
en términos de unidades-tiempo. Se pone un límite a las tradicionales formas de apropiación
capitalista basadas en el intercambio salarial de la fuerza de trabajo y la propiedad de los medios
de producción. Se trata, por tanto, de un trabajo en el que el componente afectivo, lo intersubjetivo,
las relaciones interpersonales, el compromiso y el trabajo de equipo ganan relevancia y son
definitorios” (Acosta, 2015)
En este sentido, si la producción bajo la impronta fordista estaba signada en función de un
trabajador pasivo, significado como depositario de instrucciones unidireccionales, impersonales
y como efector de tareas rígidas y repetitivas, el trabajo inmaterial inscripto dentro de los
modelos organizacionales en red está atravesado por un esquema más activo e intersubjetivo,
dotado de mayores contornos de autonomía, movilidad y agilidad (Lazzarato y Negri, 2001;2006)
(Giordano y Montes Cató, 2012). Así pues, la gramática del control se desliza desde una
concepción panóptica y heterónoma, digitada a través de un eje central y omnipresente de
vigilancia total, hacia metáforas e imágenes sinápticas, en las que los procesos de regulación de
la vida cotidiana están sujetos a esquemas multidireccionales organizados a través de múltiples
vínculos e intercepciones dinámicas (Molteni, 2019).
La nueva semántica del trabajo como resolución de problemas y sus impactos dentro del mundo
de la gestión
Con el telón de fondo de estas profundas transformaciones que generaron una inflexión en el
enramado organizacional que signa a las relaciones de trabajo, comienzan a emerger nuevas
formas de significación en el mundo laboral, cuyo correlato es la instalación de una progresiva
preocupación y reflexión en torno al tópico de la gestión de Recursos Humanos, tanto desde el
sector empresarial, como desde el ámbito académico:
“La gestión de RRHH es una construcción social de las empresas que se empieza a desarrollar en
las últimas décadas como un cambio de mirada del trabajo, específicamente desde el cambio del
paradigma del trabajo como esfuerzo al del trabajo como resolución de problemas. La centralidad
de los conocimientos, propiedad del nuevo paradigma, conlleva que este pasaje tenga como
principal característica la incorporación del trabajador al trabajo y, por medio de ello, la problemática
de la gestión de recursos humanos adquiere relevancia. Cuestiones tales como la selección,
reclutamiento, carrera, formación, evaluación, remuneración o retiro de los trabajadores tienen que
ser repensadas a la luz de las nuevas condiciones de trabajo” (Acosta, et al., 2013, p. 342).
La inflexión en la semiótica del trabajo, que pasó a ser significado como resolución de problemas
en contraposición a su comprensión en términos de esfuerzo físico, generó nuevas demandas
que se tradujeron en la construcción de un rol empresarial diferente, más orientado a la gestión
de la autonomía y del conocimiento de sus trabajadores en contextos flexibles e inciertos. En
este sentido, si bien conviven actualmente múltiples lógicas en el capitalismo contemporáneo, el
papel empresarial dentro del contexto del trabajo inmaterial adquirió cada vez más un rol de
gestor de redes y articulador de flujos decisionales multidireccionales, en contraposición a las
lógicas patronales, que configuraban un esquema relacional unidireccional, donde se las
directivas eran mecánicas y los procesos decisionales estaban sujetos estructuras piramidales
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(Boltanski y Chiapello, 2002; Sennett, 2000). Así pues, ante escenarios turbulentos y epilépticos,
donde la incertidumbre y la dimensión del vértigo de los cambios diluyen la estabilidad de las
estructuras (Bauman, 2003), las organizaciones se inscriben dentro de redes móviles y volátiles,
donde, más que dirigir sus acciones hacia esquemas mecánicos e instrumentales sobre
coordenadas prefiguradas, instituyen esquemas de aprendizaje reflexivos (Pucci, 2004),
orientados a la resolución de problemas contingentes y a la convivencia con zonas de riesgo
sistémico (Perrow, 2010)
Dentro de este contexto, las nuevas modalidades de gestión están centradas en el desarrollo y
potenciación de las “competencias blandas”, donde la dimensión afectiva (Zangaro, 2011;
Acosta, 2015) y las habilidades intersubjetivas juegan un rol central en los esquemas de trabajo.
En efecto, los cuadros directivos, más que “mandar” a sus trabajadores, coordinan, conectan y
supervisan los procesos que tienen lugar dentro de los equipos de trabajo, que operan como
grupalidades colaborativas donde la intersubjetividad es estructurada a través de redes
nucleadas bajo el eje de la resolución de problemas.
Los enclaves ansiógenos del trabajo volátil: la incertidumbre como marcador existencial
contemporáneo
Los procesos de subjetivación desde las coordenadas del trabajo volátil, han implicado la
producción de un marco de incertidumbre generalizado, donde la incapacidad de desarrollar
esquemas de planificación estratégica y el miedo al futuro son el anverso y el reverso de un
paisaje psicológico difuso, anclado en una dimensión existencial efímera (Lipovetsky, 2002) En
efecto, la flexibilización del capitalismo, que disolvió progresivamente muchas de las garantías
sociales y el “orden de estabilidad” (Sennett, 2000) del Estado de Bienestar posterior a la Segunda
Guerra Mundial, ha estado marcada por una impronta de desregulación global del mundo de
trabajo, cuyo correlato ha sido la flexibilización de los contratos, generando profundos núcleos
de vulnerabilidad y precariedad que se han traducido en la proliferación de una sensibilidad
ansiógena, donde el devenir disruptivo permeó como uno de los mojones existenciales. Desde
una mirada retrospectiva, cuando antes el trabajador encontraba en su mundo laboral un sendero
coherente, sistemático y estable donde canalizar sus aspiraciones identitarias, las coordenadas
volátiles del capitalismo contemporáneo, independientemente del sector productivo, denotan la
composición de un escenario contrario: el mapa de las trayectorias laborales en general es una
colección de fragmentos, muchas veces desconectados, donde los currículum están
atravesados por un zapping empresarial constante (Sennett, 2000).
Dentro de este marco, siguiendo a Sennett (2000), las estructuras burocráticas inherentes al
“orden de estabilidad” de la postguerra configuraron un vocabulario cognitivo donde lo real
emergía como un mundo predecible, que articulaba reglas de juego claras y marcos de referencia
valorativos en los que apuntalarse. En efecto, dentro de la sociedad industrial fordista, los
sistemas de pensamiento dentro del mundo de trabajo se organizaban desde una dimensión
lineal de carrera teleológica, que canalizaba y codificaba las condiciones de posibilidad de un
devenir existencial sujeto a un perímetro coherente y sistemático. Así pues, los individuos podían
planificar sus futuros posibles dentro de las coordenadas semánticas de lo instituido, donde las
acciones se inscribían en un orden imaginario de movilidad ascendente, sujeto a la estabilidad
de un ámbito normativo anclado en un espacio laboral específico.
De forma contraria, la flexibilización del capitalismo dentro de las sociedades post-industriales y
su correlato en términos de las matrices organizacionales volátiles y en red, implicó una
transformación de las trayectorias laborales, que pasaron a estar marcadas por los múltiples
movimientos lateralizados del multiempleo y por esquemas indeterminados, donde las
referencias de planificación mecánica e instrumental se disuelven. Cualquier referencia a un
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orden y progreso lineal moderno, fundamentado desde los carriles de la racionalidad científico
técnica, se diluyen frente a la proliferación de efectos colaterales no deseados, configurándose
un vocabulario que conjuga al riesgo como una categoría hermenéutica clave para el abordaje
heurístico de las contingencias del mundo contemporáneo (Giddens, Bauman, Luhmann y Beck,
1996). Así pues, dentro de estos paisajes poblados por tierras movedizas, se ha generado una
experiencia laboral indeterminada y sujeta a amplios contornos de incertidumbre, donde la
inmediatez como sensibilidad imperante ha corroído los anclajes del carácter (Sennett, 2000).
En sintonía con lo expuesto por Castoriadis, convivimos dentro de una crisis global de los
metarrelatos instituyentes de sentido colectivo (Castoriadis, 2007). Dentro de las arenas
contemporáneas, los organizadores del pensamiento modernos han sido desplazados en aras
de un “nuevo régimen” vertiginoso, matrizado por las mutaciones constantes de la “modernidad
líquida” (Bauman, 2003) y caracterizado, además, por un nuevo tipo antropológico, más inclinado
hacia la asunción de riesgos, a la experiencia cortoplacista y a conexiones efímeras dentro de
organizacionales lábiles (Sennett, 2000). Tanto el vaciamiento de sentido, como el
desfondamiento de los esquemas valorativos y sistemas de creencias que oficiaban como
refugios instituyentes de “seguridad ontológica” (Giddens, 1995), donde el trabajo emergía como
una referencia central, han acarreado un limo semántico donde el solipsismo, la angustia
existencial, la ansiedad y la superficialidad degradante conjugan el rostro oculto de la disrupción
de los escenarios y la aceleración frenética de los cambios.
MÉTODO
Para la realización del presente estudio, se realizaron entrevistas en profundidad a 10
trabajadores programadores de software “a medida” durante el período 2016-2021, en el
Uruguay. Se destaca que la totalidad de los programadores entrevistados tenían, en el momento
de la realización de las entrevistas, entre 30 y 40 años. Si bien todos mantenían diversos
regímenes contractuales y algunos dirigían sus consultorías a través de proyectos empresariales
propios, es importante subrayar que la totalidad de los entrevistados desarrollaban al momento
de realizarse la entrevista el multi-empleo y presentaban una basta trayectoria profesional en
distintas empresas, aspecto que se constituye en una dimensión que transversaliza a todo el
sector. Debido a la sensibilidad de los tópicos trabajados, en los que se tocaron situaciones
complejas desde una perspectiva empresarial, se acordó que las entrevistas fueran realizadas
bajo régimen de absoluta confidencialidad. La composición de la muestra fue realizada a través
del criterio de “saturación teórica” (Glaser y Strauss, 1967). Se adoptó una estrategia
metodológica cualitativa, abierta y flexible, inscripta dentro de la tradición hermenéutica-
interpretativa.
RESULTADOS
Uno de los principales ejes de problematicidad emergentes del registro de las entrevistas está
asociado a la flexibilización como vector estructurante del relacionamiento entre el mundo del
trabajo y el empresarial. Mientras que el trabajador clásico fijaba sus trayectorias y construía sus
perfiles profesionales en función de ejes estables, las industrias del software exigen la adopción
de un perfil laboral flexible, marcado fuertemente por un proceso de aprendizaje continuo “in
situ”, que muchas veces genera discontinuidades e intermitencias en relación a las trayectorias
laborales. Como afirma un trabajador entrevistado:
“Cuando empezaba la facultad, nunca imaginé que a los 27 años ya hubiera trabajado en 4
empresas y tuve que hacer proyectos que tenían poco que ver con lo que me estaba formando (…)
ahí hubo una ruptura importante y un desafío para el que me tuve que adaptar a muy corto plazo (…)
la transición de la facultad al trabajo fue un pasaje complicado al comienzo (…). La primera vez que
trabajé fue en un proyecto para programar un aplicativo que servía para que la gerencia de la
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empresa de celulosa tuviera un sistema de seguridad a distancia (…) Me tuve que especializar, pero
por, sobre todo, además de lo que tuve que estudiar mientras hacia la facultad, tuve que estudiar
cosas aparte para estar en línea con lo que me solicitaban los clientes “. (Entrevistado, 35 años, 10
años en el sector del desarrollo de software)
Así pues, durante la entrevista, este trabajador remarca que, si bien es programador, la
configuración de su perfil profesional ha estado sujeto a un proceso de aprendizaje y reinvención
constante, subrayando el carácter motorizante y dinámico de las demandas emergentes de sus
clientes, anclados dentro de la incertidumbre e innovación de los mercados. Dentro de este
marco, sostiene que el estado actual de la cuestión de su profesión dista mucho de las
coordenadas estructurantes de sus estudios universitarios.
“hasta ahora, en los proyectos que trabajé, siempre tuve que tomar en cuenta las demandas y
necesidades de los clientes, que son muy complejas y diversas (…) es muy difícil arrancar con un
paquete o un modelo y copiarlo y tener una experiencia exitosa en el trabajo (…) de todas formas,
hay que adaptarse, creo que eso es lo rico de este trabajo”. (Entrevistado, 35 años, 10 años en el
sector del desarrollo de software)
La totalidad de los entrevistados convergen en señalar que su perfil profesional, a medida que su
trayectoria laboral se fue desenvolviendo, adquirió contornos polivalentes con un amplio margen
de versatilidad, en el sentido de que, si bien son programadores, las vicisitudes de las demandas
emergentes en función de la relación con los clientes a través de los proyectos se constituyen en
usinas que complejizan la resolución de problemas. Dentro del sector, siempre se configuran
puntos de emergencia novedosos, que demandan el desarrollo de múltiples competencias. La
actualización permanente de conocimientos, con el telón de fondo de un contexto de innovación
constante, conjuga una sensibilidad laboral y una actividad profesional en construcción
permanente, sin ejes normativos rígidos ni anclajes estables constituidos “a priori” en función de
los cuales apuntalar el trabajo.
Asimismo, frente a las demandas cambiantes de los clientes, el programador tiene que
desarrollar competencias reflexivas e interactivas, a los efectos de desentrañar y construir
conjuntamente y de forma dialógica la demanda de trabajo. En efecto, el cliente no es un
elemento exógeno, sino que se constituye en un elemento endógeno y omnipresente, erigiéndose
en un “tercer actor” en el proceso laboral (Acosta et al., 2013) (Acosta, et al., 2014). La
composición de este escenario exige el desarrollo de habilidades intersubjetivas de negociación
y constituye una situación donde las competencias comunicativas se formulan como centrales
en las posibilidades de maximizar la performance productiva.
Así pues, el vocabulario semántico de la racionalidad industrial donde los medios y fines estaban
anclados, determinados y preestablecidos, no conjugan utilidades en el marco del trabajo
inmaterial, en el sentido de que el trabajador debe desarrollar marcos de adaptabilidad a entornos
turbulentos, ilegibles y contingentes, donde las demandas y problemáticas están sujetas a
actualizaciones y mutaciones constantes y muchas veces radicales. En este marco, en el trabajo
en la industria del software, se registran dificultades para la formulación de reglas claras y
nítidas, signadas por cuadros normativos que instituyan un régimen metodológico estable en
términos de la resolución de problemas. En síntesis, los problemas exigen la puesta en práctica
de un acervo de habilidades cognitivas originales, sin haber un régimen de patrones y rutinas
claras de acciones instrumentales que garanticen la certeza de alcanzar la performance
deseada. Como consecuencia, se configura una sensibilidad laboral donde el éxito no es
estructurado desde el paradigma de la eliminación del riesgo, sino que depende de la capacidad
de tolerar la incertidumbre e incorporarla como un factor endógeno e inherente a los procesos
productivos.
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De forma análoga, el desarrollo de esquemas adaptativos frente a la contingencia de los
escenarios muchas veces implica una reinvención radical en términos de los quehaceres
laborales, en función de una dimensión vertiginosa y epiléptica de los cambios tecnológicos, que
conjugan saltos cualitativos revolucionarios en lapsos cortos de tiempo. De esta forma, puede
haber una composición asimétrica entre el acervo de conocimientos disponibles con las nuevos
lenguajes de la tecnología que revolucionan los engranajes del trabajo, edificando un clivaje en
la capacidad de operar donde, más que el quantum de conocimiento académico sobre el asunto
-muchas veces tildado por los entrevistados como rígido y anacrónico-, la diferencia entre
trabajadores radica en la exposición frente a las nuevas herramientas, estableciéndose así un
fuerte corte generacional en la semántica de la programación:
“Es tanta la velocidad de los cambios que es muy difícil adaptarse al nuevo conocimiento. Fíjate lo
que está haciendo la inteligencia artificial (…) en unos años, van a desplazar nuestra capacidad de
programación. (…) Para quienes somos de la vieja escuela, y te hablo de vieja escuela yo que tengo
10 años de recibido, es muy difícil adaptarnos (…) los jóvenes vienen y son aviones, pero en realidad
van a tener el mismo problema. O sea, les va a costar reciclarse”. (Entrevistado, 37 años, 14 años
en el sector del desarrollo de software)
Por otro lado, tanto la exigencia de trabajo en equipo como la formulación de un escenario
signado por el multiempleo y el zapping empresarial, generan las condiciones de posibilidad para
que la autogestión del trabajo se constituya en un eje central. En efecto, de las entrevistas
realizadas se extrae que, en términos genéricos, los programadores sostienen que no es la
especificidad de la empresa la que se constituye en el eje estructurante de la vida cotidiana, sino
que su capacidad de trabajo y de supervivencia dentro del sector depende directamente de su
capacidad de autogobierno y disponibilidad de habilidades intersubjetivas en entornos inciertos
de conexiones múltiples. Como afirma otro trabajador entrevistado en relación a su trayectoria:
“En programación hay muchas oportunidades laborales. Si estoy acá hace un año, es porque me
dan la libertad de trabajar a mi gusto y hay un buen clima. Vos fíjate, tengo desafíos todo el tiempo,
siempre hay cosas nuevas y me administro los horarios de acuerdo al trabajo. O sea, cuando hay
un proyecto, aprieto el acelerador (…) Esto me permite, también, seguir con otros compromisos para
otros trabajos en los que estoy (…). No me reconocen por llegar temprano ni cumplir horas, me
reconocen por el trabajo bien hecho y el compromiso con la empresa y con lo que hay que hacer.”
(Entrevistado, 38 años, 11 años en el sector del desarrollo de software)
Así las cosas, las múltiples oportunidades laborales en el sector del software, generan un
escenario donde los trabajadores adquieren un contorno de mayor independencia, imponiendo
fuertes desafíos en términos de la retención del personal hacia las empresas, quienes se
encuentran empujadas a presentar ofertas adaptativas a estas coordenadas. En efecto, muchos
de los entrevistados convergieron en señalar que el trabajador no busca estabilidad, sino que su
polo de atracción hacia las empresas está signado por facilidades y desafíos que representen un
crecimiento profesional y que se traduzcan en el desarrollo de habilidades y aprendizajes. En
este marco, la autogestión se constituye en un valor central para maximizar la performance
empresarial, pero también se erige en un objetivo y necesidad del trabajador al que las empresas
deben satisfacer en términos de sus esquemas de gestión de personal, instrumentando sistemas
de formación y capacitación atractivos, además de horarios versátiles que puedan ser
adaptativos al multiempleo y a la autonomía.
Con lo antedicho como referencia, un trabajador con una experiencia mayor a 5 años que se
dedica a la programación y que sus principales tareas están asociadas a la supervisión, liderazgo,
negociación directa con los clientes y conformación de equipos de trabajo, afirma lo siguiente:
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“Sobre la retención de personal, es quizás lo más difícil en el mundo del software (...) hay mucho
trabajo y, los trabajadores, se mueven por proyectos y es muy difícil armar relaciones estables. Lo
que hacemos nosotros es, primero, promover un buen clima. Después, buscamos jóvenes y les
ofrecemos protagonismo, formación y desafíos. Además, si se enganchan en la empresa,
ofrecemos sistemas de premios además del salario normal” (Entrevistado, 30 años, 5 años en el
sector del desarrollo de software)
Por otro lado, frente a situaciones de lealtades múltiples producto del multiempleo y proyectos
cortoplacistas, los programadores operan desde un esquema fuertemente autónomo, donde los
sistemas de reciprocidades se rigen en función de alianzas signadas a través de proyectos
focales y puntuales, en contraposición a compromisos estables y anclados en una relación
laboral duradera. Así pues, los procesos de subjetivación muchas veces están estructurados
desde esquemas vinculares efímeros y superficiales, donde la sucesión de escenarios de
demandas y compromisos múltiples instituyen una experiencia subjetiva fragmentada y muchas
veces contradictoria. Como señala uno de los entrevistados
“Desde que empecé a trabajar, cambié de empresa unas 10 veces (…) Trabajo hace 7 años en el
sector (…) Además de las empresas, tengo mis proyectos particulares y, muchos clientes, los logré
a través de mi experiencia dentro de las empresas (…) Podría decir que les “robé” clientes, sí, pero
no pertenezco a ninguna de las empresas, ni le debo nada a nadie (…) También trabajo con clientes
que muchas veces compiten dentro de su sector o comparto trabajo con colegas programadores
que trabajaron parea empresas que competían con la mía (…) Es que, no te puedes confiar en nada,
ni tampoco confiar 100 por ciento en los clientes y las empresas” (Entrevistado, 35 años, 7 años
en el sector del desarrollo de software)
De esta forma, dentro de los sectores de la producción inmaterial, más que una gestión
heterónoma atravesada por sistemas de motivación extrínseca, existe un esquema generalizado
de autogestión del trabajo, donde los ensamblajes entre los programadores y las empresas se
rigen principalmente a través proyectos específicos, que se singularizan en función de la
emergencia de demandas cambiantes producto de las contingencias situacionales. Asimismo,
frente a esta nueva sensibilidad, marcada por una tendencia a un gobierno autónomo de los
procesos laborales y la naturalización del cambio de vínculo laboral, han emergido marcadores
heterogéneos en el tratamiento de las empresas a sus trabajadores: en aras de motivar, generar
compromiso y fidelizar a su personal, los regímenes contractuales, con sus estructuras salariales
y horarias, están sujetos a geometrías variables y a esquemas de negociación personalizados.
“El tema contractual es un silencio total. Todos trabajamos. Nos mostramos sonrientes y todo entre
nosotros. Pero, por más que hagamos lo mismo y compartamos unos meses de trabajo, nadie sabe
lo que cobra el compañero de al lado. (…) Es un tema tabú”. (Entrevistado, 40 años, 10 años en el
sector del desarrollo de software)
El mismo entrevistado, en referencia al sistema de prioridades asociadas a los regímenes
contractuales, formula:
“Ahora los trabajadores priorizamos un buen clima laboral. La flexibilidad horaria para trabajar en
otros lugares o, si nos quedamos, que sean contratos ricos, que nos permitan crecer y continuar
formándonos (…) En este mundo, no nos movemos por la utopía de “igual función, igual
remuneración” (…) lo queremos es que se nos valore por nuestro trabajo específico”. (Entrevistado,
40 años, 10 años en el sector del desarrollo de software)
En otro orden, muchas veces los entrevistados referencian una relación vincular ambivalente con
las categorías de flexibilidad y autogestión, en el sentido de que, si bien valoran positivamente la
posibilidad de configurar autonomía y la oportunidad de acumular de forma sincrónica diversas
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vinculaciones laborales de forma relativamente independiente, también señalan críticamente un
fuerte sentimiento de soledad anclado en la superficialidad de los vínculos producto de su
carácter efímero. En efecto, la configuración de vínculos cortoplacistas y múltiples entre diversos
mundos empresariales, implica la activación de procesos de subjetivación signados desde un
solipsismo operativo, donde las reglas de juego laborales son inestables y negociadas
constantemente. En este sentido, la incertidumbre emerge como contracara de la precariedad
contractual de los vínculos laborales, aspecto que conjuga un fuerte polo ansiógeno como
elemento inherente a la subjetivación dentro de la contingencia del zapping empresarial.
“Tengo que estar todo el tiempo estudiando y trabajando. Me gusta, pero no tengo tiempo para nada
(…) Cuando iba a la facultad, mi idea de futuro era diferente: veía que había muchas oportunidades.
Pero ahora, que estoy en la cancha, si no estás al mango te pasan por el costado (…) No tengo
tiempo ni para pareja, ni para tener hijos o pensar en una familia (…) Tampoco tengo motivación.
Nunca pienso en estas cosas, pero mi mundo social es el trabajo”. (Entrevistado, 30 años, 6 años
en el sector del desarrollo de software)
Asimismo, la competencia es tal que, más que una autonomía laboral que permita la
configuración de espacios personales diferenciados del mundo laboral, la autogestión del trabajo
progresivamente invade la esfera de la vida privada: para ser competitivo, muchos apuntan al
multiempleo con múltiples frentes y a esquemas hiperexigentes de formación continua, aspecto
que corroe la dimensión de existencial de la vida personal extra-trabajo.
DISCUSIÓN
Inscriptos dentro de modelos organizacionales en red y sujetos dentro de estructuras laborales
lábiles y difusas, los programadores de software signan sus coordenadas subjetivas a través de
la incertidumbre y el riesgo, que operan como vectores estructurantes de su perímetro
existencial. Así pues, para poder navegar estratégicamente en la contingencia del zapping laboral
del capitalismo flexible, configuran sus ejes de trabajo en función de dinámicas autogestoras,
que habilitan la coexistencia de diversos proyectos y lealtades de forma sincrónica, donde se
produce una nueva configuración productiva que signa los modelos relacionales entre el
trabajador, la empresa y los clientes.
Atravesados por la lógica del trabajo inmaterial, que se concibe a través del conocimiento
orientado hacia la resolución de problemas, en este universo laboral no existen recetas
mecánicas: las transformaciones constantes y la incertidumbre se infiltran de forma
omnipresente dentro del desarrollo productivo. Y no solo son las turbulencias asociadas a la
volatilidad de los mercados. En el transcurso del trabajo, el cliente se constituye en una figura
activa y omnipresente durante el desarrollo procesual del producto, demandando habilidades
intersubjetivas en los desarrolladores de software, quienes tienen que sostener el vínculo a través
de procesos interactivos de negociación constante y cooperar activamente en la construcción
de la demanda.
Por otro lado, desde este mundo laboral inscripto en las coordenadas de la sociedad post-
industrial, la posibilidad de configurar ensamblajes productivos desde enclaves organizacionales
en red concomitantemente con el advenimiento de lógicas autónomas en el desarrollo del
trabajo, ha desembocado en un proceso sinérgico de desanclaje identitario, cuyo correlato es la
disrupción de los esquemas estructurales que oficiaban como referencias existenciales. Los
escenarios fabriles actuales se tornan difusos e ilegibles desde una hermenéutica clásica,
instrumentando corredores vivenciales donde la dimensión de la carrera lineal atravesada por
lógicas ascendentes se diluye frente a una experiencia de movilidad laboral lateralizada y
atravesada por la lógica del multiempleo. En el seno de este nuevo mundo, los entornos
institucionales clásicos, representados en bastos edificios burocráticos atravesados por la
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racionalidad científico-técnica ya no canalizan las expectativas y lealtades, ni ofician como
refugios identitarios: en el nuevo orden de la flexibilidad y de la organización en red, los senderos
de las trayectorias de los trabajadores son discontinuos e intermitentes, sujetos a amplios
contornos de incertidumbre y a puntos de bifurcación constantes.
Con el telón de fondo de un sector dinámico y prolífico, donde existen muchas oportunidades y
pleno empleo, la búsqueda de desafíos y aprendizajes se constituye en un polo de atracción
dentro de los corredores existenciales de la autogestión del multiempleo sincrónico y rizomático.
No obstante, a través de este estudio exploratorio, se ha registrado la presencia de una
ambivalencia semántica en relación a la significación de este universo de trabajo: si bien los
trabajadores visualizan a la autonomía y a la autogestión como ingredientes aspiracionales que
pueblan su imaginario laboral, también manifiestan cierto grado de vacío existencial producto de
un posicionamiento donde se autoperciben como extranjeros perpetuos dentro de un universo
vivencial fragmentario y carente de sentido trascendental. En efecto, aunque la dimensión
excitante de la aventura del zapping empresarial es valorada y codiciada, también referencian la
presencia de una superficialidad de los vínculos, cuyo correlato es el solipsismo operativo.
De forma análoga, convivir con la incertidumbre del cambio constante dentro de contextos
inestables implica también la configuración de un polo ansiógeno. Para mantener la
independencia y sobrevivir de forma autónoma dentro de este universo hipercompetitivo,
muchos programadores progresivamente asumen esquemas hiperexigentes de formación
continua y abren diversos frentes laborales. De esta forma, muchos quedan entrampados dentro
de lógicas solipsistas, donde el riesgo psicosocial es la disrupción anímica producto de una
apatía y empobrecimiento de los círculos existenciales exteriores al trabajo.
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