Tendencias del intercambio comercial México y la República  
Popular China de frente a la rivalidad geoeconómica entre  
Washington y Beijing (2020-2025)  
Trade Trends Between Mexico and the People's Republic of China Amidst  
the Geoeconomic Rivalry Between Washington and Beijing (20202025)  
Juan Roberto Reyes Solís  
Universidad Anáhuac Querétaro  
Querétaro México  
Artículo recibido: 11 de marzo de 2026. Aceptado para publicación: 23 de julio de 2026.  
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.  
Resumen  
Hoy en día, el intercambio comercial entre México y la República Popular China es de gran valor  
estratégico. En este trabajo se expone que a pesar de la complementariedad que se ha producido  
entre ambas economías, se ha generado un amplio superávit en favor de los productores del país  
oriental. Derivado del creciente flujo de exportaciones hacia México y la posterior elaboración de  
manufacturas que se exportan a los Estados Unidos, esta relación contribuye también en el superávit  
comercial que México mantiene frente a la potencia norteamericana. Como consecuencia de lo  
anterior, y con el propósito de analizar los esfuerzos creados para contener la creciente presencia de  
China en la región de América del norte, la presente investigación examina la forma en la cual el  
comercio internacional se ha convertido en uno de los ejes de rivalidad geopolítica entre Washington  
y Beijing. En este marco, la aportación principal plantea que de frente a la revisión en curso del Tratado  
entre México, los Estados Unidos y Canadá (TMEC), podrían intensificarse las presiones de la Casa  
Blanca hacia México para limitar la participación económica de los productores chinos en la región.  
Palabras clave: México, República Popular China, EE. UU., comercio, geopolítica  
Abstract  
Up today, trade exchange between Mexico and the People's Republic of China holds great strategic  
value. This study highlights that, despite the complementarity that has developed between the two  
economies, a significant surplus has emerged in favor of Chinese producers. Driven by the growing  
flow of exports to Mexicoand the subsequent processing of goods for export to the United States—  
this relationship also contributes to the trade surplus Mexico maintains with the North American  
power. Consequently, and with the aim of analyzing efforts to curb China's expanding presence in  
North America, this research examines how international trade has become a focal point of  
geopolitical rivalry between Washington and Beijing. In this context, the study’s main argument posits  
that, amidst the ongoing review of the United States-Mexico-Canada Agreement (USMCA), the White  
House could intensify pressure on Mexico to limit the economic involvement of Chinese producers in  
the region.  
Keywords: Mexico, People's Republic of China, United States, trade, geopolitics  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, julio, 2026, Volumen VII, Número 4 p 482.  
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Cómo citar: Reyes Solís, J. R. (2026). Tendencias del intercambio comercial México y la República  
Popular China de frente a la rivalidad geoeconómica entre Washington y Beijing (2020-2025). LATAM  
Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 7 (4), 482494.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, julio, 2026, Volumen VII, Número 4 p 483.  
INTRODUCCIÓN  
El comercio internacional de nuestra época refleja la fuerte interdependencia entre productores y  
compradores en todo el mundo, destacando el flujo de bienes y servicios entre oferentes y  
demandantes de todas las regiones. Asimismo, la especialización productiva, el desarrollo de ventajas  
comparativas, competitivas y absolutas entre los productores marcan el ritmo y dirección del  
intercambio multilateral. El proceso no solo ha contribuido a satisfacer necesidades de mercado, sino  
también a que numerosos países dependan de otros -en gran medida- para complementar las  
expectativas económicas.  
En este tenor, y asumiendo que el comercio internacional contribuye a forjar la riqueza de las naciones,  
es al mismo tiempo una actividad que lleva a que algunos países generen ventajas sobre otros. Una de  
las consecuencias de esta circunstancia es que países que logran un desempeño sobresaliente debido  
a sus capacidades de producción conlleva al desplazamiento de los productores de otros países. A  
ello se suma una competencia y rivalidad económica para permanecer en los mercados o recurrir al  
apoyo de los gobiernos para salvaguardar a sus industrias.  
Lo anterior define también los patrones geopolíticos de todos los países, y en especial, de las grandes  
potencias, ya que propicia la defensa de mercados por todos los medios posibles. Esto explica el actual  
proteccionismo impulsado por el gobierno de los EE. UU incluso con sus propios socios comerciales.  
Además de amenazar con la imposición de aranceles, el gobierno del presidente Donald Trump ha  
hecho del comercio mundial un recurso de presión económica y definición geopolítica (Dussel, 2025).  
Como consecuencia de esto, en el escenario económico internacional prevalece la intención de  
afianzar las esferas de influencia en una abierta disputa por la hegemonía global.  
Es en estas circunstancias en las que se desarrolla la actual rivalidad entre los EE. UU. y la República  
Popular China. Con sistemas políticos y económicos tan divergentes y contrastantes, ambas naciones  
han experimentado en sus relaciones comerciales, una serie de desencuentros, en particular por el  
desempeño comercial del país asiático y sus resultados en el mercado de la potencia norteamericana.  
La nación oriental ha venido acumulando a lo largo de los años un abultado superávit que expone  
abiertamente las capacidades de competitividad de sus productores en el mercado estadounidense.  
Por un lado, el creciente desarrollo, innovación y ventajas comparativas de los productores asiáticos  
ha irrumpido con fuerza en la geografía del mercado de los EE. UU. en donde desde alimentos, materias  
primas, productos del sector tecnológico y más productos, han ganado presencia debido a los costos,  
formación, consolidación de cadenas productivas y de comercialización. Eso incluye también a las  
inversiones de origen chino en el territorio de los EE.UU. y la fuerza creciente que tiene la diáspora china  
en la demanda de productos provenientes de oriente lejano.  
Dadas las constantes confrontaciones en materia comercial, el gobierno norteamericano ha llevado a  
la implementación de aranceles y barreras no arancelarias que tienen como propósito disuadir a los  
productores del país asiático para participar en las actividades de comercialización en los EE. UU. Por  
ende, en diferentes ocasiones y sin mayor reserva, las políticas proteccionistas de comercio del  
gobierno de Washington han apuntado a recuperar y mejorar su posición de mercado y a afianzar su  
condición de potencia hegemónica. En uno de los aspectos de mayor intensidad, la disputa con Beijing  
ha oscilado entre aranceles y prohibición de relaciones comerciales con empresas del sector  
tecnológico, todo ello con el propósito de limitar la participación de China no solo en el espacio  
económico estadounidense, sino también en el marco geopolítico de América del norte.  
El impacto que esto tiene con México, aunado a la alta dependencia comercial que se mantiene con  
los EE. UU., se traduce en presiones indirectas para disminuir la dependencia de suministros  
provenientes de oriente lejano. Numerosas industrias mexicanas importan productos para elaborar  
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bienes que se exportan al mercado estadounidense, circunstancia a la que el gobierno mexicano ha  
reaccionado mediante la implementación de aranceles a importaciones provenientes de China.  
A esto se suman criterios como cumplir a plenitud con reglas de origen y promover la manufactura de  
productos con materia prima y recursos locales. En este contexto, la posición comercial de México se  
encuentra en entredicho al tener que ajustar sus patrones comerciales a modo de la orientación  
geopolítica que mantienen los EE UU.  
En este escenario es oportuno señalar que la relación comercial entre México y China ha tenido,  
igualmente, una tendencia de crecimiento sostenido. A lo largo de las últimas décadas, diferentes  
industrias mexicanas han requerido de bienes que se elaboran en esa nación para producir bienes que  
se necesitan en el mercado nacional y también en el exterior. De alguna forma, por el desarrollo de  
vínculos comerciales, además de costos, tecnología y características de producción -entre otras  
razones-, las capacidades de manufactura de las industrias de China han llevado a que cada vez más,  
las empresas en México demanden los productos que se disponen desde oriente lejano (Zermeño,  
2024).  
Este crecimiento se ha visto asociado también a la participación de compañías chinas que están  
integradas en las cadenas de suministro, lo cual predispone que en los servicios de logística haya una  
intervención en las operaciones de las empresas de ese país en las actividades de distribución. De esta  
manera, las empresas asiáticas participan como proveedoras de productos que en México son  
ensamblados o incluso transformados, no sólo para el mercado mexicano, sino que también se  
consideran para la exportación a los EE UU. Esta dinámica crea una interdependencia que está inserta  
en las ramificaciones del comercio mundial.  
Estas circunstancias han fomentado una tendencia de elevados montos de importación, y por ende, un  
fuerte déficit comercial. México ha convertido a China como uno de sus principales proveedores (Data  
México, 2024). Por un lado, esta realidad cubre necesidades económicas y por otro, se convierte en un  
factor incómodo en la relación con Washington. Además de ser un socio estratégico, China se vuelve  
un foco de tensiones en las relaciones con los EE.UU.  
Ante la revisión y renegociación del tratado con los EE. UU. y Canadá, todos los aspectos de carácter  
comercial adquieren un peso muy estratégico en las relaciones económicas internacionales de México.  
La situación, expone, la necesidad de preservar la posición comercial mexicana ante circunstancias de  
orden geopolítico y la competencia entre potencias. Para garantizar, será relevante que se encuentren  
alternativas adecuadas para evitar circunstancias adversas y que trastocan el contexto del comercio  
internacional en el que se desempeña México.  
DESARROLLO  
El comercio internacional es un proceso de dinámicas contrastantes. Por un lado, es un medio  
generador de riqueza y competitividad de naciones e industrias, y es al mismo tiempo una actividad de  
confrontación. En este sentido, se desarrolla una rivalidad por los mercados y los estados procuran -  
en diferentes formas- adquirir ventajas y posicionamiento frente a otros países. Como lo señalan  
Peterson y Wen (2021), el comercio se asocia al conflicto, en donde los costos de oportunidad se  
trasladan al terreno de la contienda, por ende, a la dependencia y la coerción.  
En este caso, los estados incentivan al comercio para ganar posiciones hegemónicas. En añadidura,  
las empresas y gobiernos están integrados en complejos ecosistemas formados por cadenas de  
producción, distribución y comercialización en donde es imperativo maximizar sus intereses y por lo  
tanto, crear las mejores condiciones para su desempeño.  
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Para explicar la rivalidad comercial que han venido manteniendo los EE UU y la República Popular China  
es necesario plantear algunas de las características que esta competencia tiene al interior del sistema  
internacional. John Mersheimer (2001), señala que las grandes potencias tienen un comportamiento  
determinado frente a otras, para ganar poder, sin importar las circunstancias y en donde el objetivo  
principal es la búsqueda de la hegemonía. Esta lógica describe el rol de los EE UU frente a su  
competidor asiático.  
En este caso, el comercio internacional se erige como instrumento para competir por el poder y en  
donde la posición que una potencia mantiene frente a otra u otras define el estatus de superioridad y  
sus alcances en el mercado. Por esta razón, la política comercial de los EE UU se establece como el  
medio ideal para contener el ascenso económico de la República Popular China (Zelicovich, 2022). En  
estas circunstancias, el objetivo estadounidense es limitar la posición del país oriental en las vertientes  
relacionadas con la producción, tecnologías y manufactura avanzadas, así como las cadenas de  
suministro y logística.  
A partir de lo anterior, se percibe que la rivalidad entre ambas potencias va más allá del terreno de los  
mercados o de las balanzas comerciales. El impacto de esta confrontación alcanza a terceros países  
como México. Mientras que el país latinoamericano se vislumbra como un actor dependiente en las  
cadenas de producción y suministro de dichas potencias, es al mismo tiempo el reflejo del  
proteccionismo estadounidense y la creciente y competitiva proveeduría de las empresas chinas. En  
los últimos años se ha percibido las pretensiones de Washington de dejar fuera de mercado a China.  
Así las cosas, México es el espacio hacia el que se proyectan, desde la Casa Blanca, políticas que  
alientan indirectamente un proteccionismo, así como restricciones que tienen alcances en el ámbito  
tecnológico y que conducen a la alternativa de reestructurar con mayor rigidez las cadenas de  
suministro en el territorio nacional.  
Para México se observa que mantiene en su relación con China una condición de interdependencia  
asimétrica, lo cual es notorio a través del alto volumen de importaciones. También se asocia la  
profunda integración en las cadenas de valor la interacción entre empresas de ambas partes, en donde  
la demanda de bienes procedentes de China es prácticamente vital.  
Raúl Allard Neuman (2004) destaca que las interacciones (políticas y económicas -entre los EEUU y  
China) se dan bajo ciertas formas de control y confrontación. La forma principal en la que se muestran  
estas tendencias es a través de la capacidad de influir o determinar las reglas que seguirán los estados  
en el sistema internacional. Por lo tanto y a través de este enfoque, el rol de México no se desliga del  
desempeño de Washington o de Beijing. La eventual adaptación de México a estas circunstancias  
contribuye a desequilibrar la balanza de procesos hacia una u otra potencia y que podrá influir también  
en las posibles posiciones de negociación en procesos como los próximos encuentros del Tratado  
entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC).  
Sin duda alguna, México se sujeta a una encrucijada. Por un lado, la profunda integración con la  
economía de los EE UU obliga al gobierno y a los productores a desarrollar estrategias de contención  
hacia los proveedores de China, así como a la relocalización geográfica de empresas para participar  
en las exportaciones hacia América del norte. Por otra parte, la creciente presencia de los productores  
chinos en las actividades de proveeduría, manufactura e importaciones es prácticamente ineludible.  
En suma, el rol de México es determinante, tanto en las dinámicas de interdependencia, como en  
aquellas de integración productiva.  
La posición de México no sólo enfrenta estas circunstancias, sino que el margen de maniobra, hasta  
diplomático, se encuentra acotado por las presiones que conlleva la lucha geopolítica entre los EE UU  
y la República Popular China. El enfoque de dependencia ante ambos centros de poder geopolítico se  
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explica por la relación económica con los EE UU y de China como proveedor de insumos vitales en la  
estructura productiva del país (Gachúz, 2022).  
Puede verse entonces que el comercio deja de ser una actividad de cooperación, complementación y  
cobertura de mercados y se asocia a las complejidades de la lucha hegemónica y la reconfiguración  
de las relaciones económicas internacionales. En síntesis, el desarrollo comercial internacional de  
México enfrentará en el corto y mediano plazos la presión de ambas potencias pues lo que buscan los  
EE.UU. es contener el ascenso de China, específicamente en sectores en donde son cruciales el  
contenido tecnológico y el valor agregado, y en donde a la vez, el mercado mexicano es un nodo muy  
desarrollado para las empresas de oriente lejano y de soporte para las de EE. UU.  
Presencia de China en la economía de México  
De acuerdo con datos de Banxico (2021 y 2026), el intercambio comercial de México ha experimentado  
en los últimos años un crecimiento sostenido. De registrar un volumen de operaciones que ascendió a  
417, 000 millones de dólares en 2020, pasó a 663, 407 millones de dólares en 2025, lo cual representa  
un incremento acumulado del 59.1%. Este desempeño no sólo refleja el potencial de inserción de  
México en los mercados globales sino también los logros como la reagrupación de las cadenas  
productivas en un escenario correspondiente a la pandemia y sus dinámicas. A ello se suma la  
capacidad de respuesta ante las políticas de perfil proteccionista del gobierno estadounidense y la  
adaptación de los productores mexicanos al ritmo del comercio internacional de este periodo.  
Sin embargo, a la par de las cuantiosas operaciones comerciales en el mercado estadounidense, la  
formación de cadenas de producción y comercialización de las empresas de China ha generado  
también un papel destacado en este mismo ámbito, especialmente en materia de importaciones. En  
este caso, la participación de proveedores chinos coloca al país oriental como el segundo socio  
comercial de México y en exportaciones como el tercer destino de las ventas internacionales de las  
empresas mexicanas.  
La interacción con ese país ha propiciado que los productores orientales sean un fuerte componente  
de la actual estructura económica de México. La necesidad de compras de productos como bienes  
intermedios y finales ha sido constante y ha llevado a la estructuración de cadenas de valor, en especial  
para producir manufacturas y eventualmente exportar hacia América del norte.  
En este contexto, la participación de China es determinante. La proporción de las compras c ha venido  
definiendo el posicionamiento comercial de esa nación, en donde la dependencia de bienes es, al  
momento, prácticamente insustituible. Mientras la estructura de exportaciones e importaciones marca  
una fuerte concentración en un país como los EE. UU., el resto de los socios comerciales tienen  
participaciones de proporción muy contrastante. Además de la relevancia que marcan las  
importaciones para las industrias del país, para producir bienes y después exportar, los patrones  
comerciales mantienen una fuerte orientación hacia el mercado estadounidense.  
En este sentido, la tabla 1 muestra las tendencias que se han derivado del intercambio de México con  
el exterior y en donde se constata el desempeño ante ambas naciones en un marco de creciente  
interdependencia:  
Tabla 1  
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Los cinco principales socios comerciales de México. Exportaciones e importaciones totales en 2025.  
Miles de millones de dólares  
País  
EE. UU.  
Canadá  
China  
Alemania  
Corea del sur  
Monto  
551, 975  
222, 168  
10, 214  
7,821  
Porcentaje  
83.04%  
3.33%  
País  
EE. UU.  
China  
Taiwán  
Alemania  
Japón  
Monto  
249, 796  
133,270  
46,587  
19, 578  
18,563  
Porcentaje  
44%  
19.8%  
6.93%  
3.63%  
3.62%  
1.53%  
1.17%  
0.99%  
4,662  
Fuente: Elaboración propia con datos de Banxico (2025). Sistema de Información Económica. CA6.  
Importaciones de mercancías por países.  
sultarCuadroAnalitico&idCuadro=CA6&locale=es y Monex (2025). Comercio exterior de México:  
Balance  
2025.  
Este esquema revela una estructura comercial altamente concentrada y al mismo tiempo  
interdependiente entre México y los EE. UU. y China. Además ello, México juega un rol como articulador  
del comercio entre ambas partes en donde las importaciones provenientes de oriente lejano se  
incorporan al esquema productivo mexicano y conlleva al desarrollo de exportaciones hacia el mercado  
estadounidense.  
El papel de los productores chinos en la economía mexicana ha tenido una presencia y participación  
ascendente a lo largo de los últimos años. Esta ha tenido tendencias que se registran en la estructura  
económica del país y como ya se ha mencionado, numerosas industrias en México han creado fuertes  
redes de proveeduría con el oriente lejano. En 2020, la nación oriental ya se ubicaba como el segundo  
socio comercial de México. En ese momento, el comercio exterior con aquella nación representaba el  
10.19% del intercambio total. En el ámbito de las importaciones, las compras representaron el 19.1%  
de las importaciones totales (Dussel, 2021).  
Cabe agregar que la República Popular China se ha mantenido como un fuerte proveedor global de  
bienes intermedios y también ha producido entre los productores mexicanos una alta dependencia en  
la proveeduría de manufacturas.  
Ahora bien, en la tabla 2 se muestra el desempeño comercial con China, en donde el ritmo sostenido  
de compras muestra al mismo tiempo el déficit que se mantiene con dicha nación.  
Tabla 2  
Intercambio comercial México-China 2020 a 2025. Miles de millones de dólares  
Año  
2020  
2021  
2022  
2023  
2024  
2025  
Exportaciones  
6775  
Importaciones  
69, 631  
Saldo  
-62, 856  
-89, 312  
-101,391  
-93,710  
-108,787  
-123, 053  
DATA  
5608  
9, 313  
7, 998  
5, 720  
94, 920  
110, 704  
101, 788  
114, 517  
10, 215  
personal  
133, 271  
Fuente:  
Elaboración  
con  
información  
de  
México  
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Del total de las importaciones registradas en 2025 desde China, México adquirió teléfonos (9.65%),  
automóviles y automotores para personas (8.31%), partes y accesorios de máquinas (5.18%), partes y  
accesorios de vehículos automotores (3.76%), circuitos electrónicos integrados (3.58%), partes de  
maquinaria (3.43%), máquinas y unidades de procesamiento de datos (3.12%), por mencionar los  
principales (Data México, 2026).  
Derivado de lo anterior, es oportuno destacar que este grupo de productos (autopartes, electrónicos y  
manufacturas) está integrado en la estructura de exportaciones que se destinan a los EE. UU.  
considerando que procesos de ensamble o fabricación se acoplan a la demanda de este tipo de bienes  
en ese mercado, a la vez que se aprovechan las facilidades que otorga el TMEC, la proximidad  
geográfica y las ventajas logísticas.  
Asimismo, es importante señalar que, en estas circunstancias, el rol de México es de complementación  
de los procesos productivos, considerando a la vez costos competitivos y el fomento de las cadenas  
productivas, de distribución y comercialización regional. Esta dinámica impulsa a su vez las  
exportaciones de productos que sobresalen en el sector externo (automóviles, autopartes, electrónicos  
y manufacturas) y que dependen a su vez de la proveeduría de productores chinos. En síntesis, China  
provee, México ensambla o manufactura y los EE. UU. consumen.  
La situación expuesta hace ver que la integración de procesos económicos entre los tres países  
equivale a una interdependencia comercial compleja, la cual cuando se traslada al escenario de la  
geopolítica refleja la intención de los gobiernos en los EE. UU., los cuales han venido recalcando la  
necesidad de disminuir la disponibilidad de productos con algún componente proveniente de China,  
por ende, eliminar progresivamente la proveeduría desde terceros países. Cuando estas circunstancias  
se trasladan al escenario de México en donde el nearshoring es una consecuencia directa de la  
rivalidad entre ambas potencias, se abren oportunidades para las inversiones, el uso de insumos  
locales y el fomento de nuevas industrias, así como tensiones derivadas de las presiones de  
Washington.  
En suma, la situación mostrada sobre China muestra la forma en la que México complementa y  
desarrolla una compleja relación de interdependencia triangular. El crecimiento de las importaciones  
provenientes de oriente lejano fortalece las capacidades de ensamble y producción en la economía  
mexicana, la cual a su vez refleja el incremento de las exportaciones a Norteamérica, en donde la  
ganancia es prácticamente para todos.  
La relación comercial con los EE UU.  
México cumple un papel de proveedor clave para el mercado estadounidense, disponiendo de una  
amplia plataforma de producción vinculada a las diferentes regiones de ese país. En este caso, los  
productores nacionales han consolidado a México como el principal socio comercial de la unión  
americana, desplazando a otros países relevantes como Canadá y China (segundo y tercer socios  
comerciales respectivamente) y generando a la vez una integración productiva, industrial y económica  
de alta relevancia. A ello se suma la inmediatez geográfica y el potencial de conectividad de la  
infraestructura de puertos, carreteras y ferrocarriles, lo cual ha sido fundamental.  
Asimismo, el impulso propiciado por el TMEC hace de este el instrumento articulador para el desarrollo  
del comercio a gran escala con los EE. UU. Cabe agregar que al momento actual, y como resultado de  
la demanda de mercado, así como las facilidades para el ensamblaje, la transformación y suministro,  
sectores como el automotriz, electrónico, manufacturas, lideran las exportaciones mexicanas hacia  
dicha nación.  
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Con base en estas dinámicas, las exportaciones mexicanas hacia los EE. UU. registraron en 2020 un  
monto de 323, 476 millones de dólares. Para 2025, las ventas internacionales llegaron a 534, 874  
millones de dólares, representando un crecimiento del 61.9% en dicho lapso. A partir de lo anterior, en  
esta tendencia se reafirma el vigoroso suministro de productos a ese país y constata, de paso, el  
potencial de producción y exportación de diferentes procesos de relocalización de industrias y  
proveedores. Esta tendencia puede verse en la tabla 3, donde es notorio el desempeño comercial entre  
ambos países y en donde también destaca un saldo muy favorable para México.  
Tabla 3  
Datos del comercio exterior entre México y los EE. UU. (2020 y 2025). Miles de millones de dólares  
Año  
2020  
2021  
2022  
2023  
2024  
2025  
Exportaciones  
323,476  
Importaciones  
212,512.8  
277,194  
Saldo para México  
110,964  
382,569  
452,015  
472,907  
505,523  
105,374  
124,998  
149,270  
171,491  
327,016  
323,637  
334,031  
337,960  
534,874  
196,913  
Fuente:  
Elaboración  
propia  
con  
datos  
del  
United  
States  
Census  
Bureau  
(2026).  
Ahora bien, en los principales productos exportados hacia los EE. UU. figuran vehículos y sus partes  
(34%), equipo mecánico y sus partes (20.5%), aparatos eléctricos y sus partes (17.1%) (Secretaría de  
Economía, 2025). Dichos sectores representan áreas de manufactura avanzada y se han integrado a  
las cadenas de valor que abastecen a ese mercado. Suman a estas circunstancias las facilidades de  
proveeduría proveniente de Oriente Lejano que han creado una interdependencia geoeconómica y de  
complementación que se hace muy compleja por las condiciones de dependencia estructural y  
productiva entre los tres países.  
Estos datos exhiben también que la integración productiva y el componente exportador hacen de  
América del norte una región económicamente competitiva y por lo tanto resalta una vez más el papel  
de México de frente a la participación que tiene con los EE. UU. en el fortalecimiento de las cadenas de  
valor, de producción, distribución y comercialización que reiteran el valor geopolítico de estas  
dinámicas.  
En estos términos, y con estos resultados, el rol trascendental de México, sumado a los intereses  
económicos y políticos de los EE. UU. garantizarán la continuidad de instrumentos como el TMEC para  
asegurar el abastecimiento de productos estratégicos para su economía y de lo cual los productores  
mexicanos también proseguirá como artífices de esta dinámica en los próximos años. Bajo estas  
condiciones, la relación económica entre México y los EE UU ha pasado de una estructura de  
intercambio tradicional y ha estado evolucionando hacia otra que externa las características de una  
integración productiva y regional de alto nivel de interdependencia. Distintos sectores en los EE UU  
dependen de las actividades de proveeduría de parte de numerosos productores mexicanos que  
participan en los rubros de ensamblaje, manufactura, así como producción especializada.  
Esta participación en la economía de los EE UU a través de las exportaciones no sólo denota los  
cambios experimentados en el crecimiento del intercambio con ese país, sino también la manera en la  
que la estructura productiva de México ha evolucionado en su inserción en los mercados  
internacionales a través de productos cada vez más sofisticados, lo cual deberá extenderse a la agenda  
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de modernización del país y de paso hacerla parte de la renegociación del acuerdo comercial de  
América del norte.  
No obstante, uno de los aspectos que deberán atenderse es el desarrollo de la relación comercial con  
China, que planteando para México un reto por el afianzamiento de sus productores en las cadenas de  
suministro deberá generarse el equilibrio adecuado para garantizar también la estabilidad frente a la  
rivalidad que los EE. UU. mantienen con el país oriental.  
La encrucijada  
Las tendencias del intercambio comercial entre China y México reflejan un déficit demasiado elevado.  
De acuerdo con los datos presentados, la relación de intercambio correspondiente a 2025 fue  
prácticamente de trece a uno, mientras que en los años previos (2020 a 2024) fue de al menos diez a  
uno. Asimismo, a pesar de los datos indicados, China se ha mantenido desde tiempo atrás como el  
segundo socio comercial en las importaciones de México, con una participación cercana al 20%. Debe  
resaltarse, igualmente, que industrias como la automotriz, manufacturera y electrónica han dependido  
de insumos provenientes de esa nación.  
Es pertinente mencionar que la política comercial hacia China ha venido experimentando algunas  
variantes. La interacción comercial se ha mantenido constante a la par de las complejidades desatadas  
por el periodo de pandemia (2020-2022) pero ha empezado a verse afectada por el emergente  
proteccionismo de los EE. UU. y sus secuelas, además de la rivalidad geopolítica que la potencia  
norteamericana ha venido desarrollando con China. Ante las circunstancias, los gobiernos de México  
han enfrentado presiones indirectas para limitar el intercambio comercial con el país oriental  
específicamente en los sectores mencionados, pues se consideran afectados en el mercado  
estadounidense.  
A partir de 2020, y con la implementación del TMEC, se han incorporado reglas más rígidas con relación  
a la entrada de productos a México como los provenientes del sector automotriz, así como mayores  
controles sobre las importaciones traídas desde el país oriental (Suárez, 2025). Derivado de las  
circunstancias, se han implementado mecanismos de revisión comercial con mayor énfasis hacia los  
productos de origen asiático, incluyendo medidas antidumping, así como revisiones aduaneras. Para  
el estado mexicano, dichas medidas han representado planteamientos relacionados con la protección  
a las industrias nacionales, no obstante que las acciones en la materia han representado también  
condiciones de presión indirecta de parte de los EE UU.  
Asociado a lo anterior y como consecuencia de la confrontación comercial entre los EE UU y China,  
entre 2022 y 2025 el asentamiento de industrias originarias de China en el territorio mexicano ha sido  
aprovechado para participar en procesos para ensamblar o fabricar productos para después exportar  
a los EE. UU. considerando las ventajas que el TMEC ofrece en este contexto (EFE, 2025). A pesar de  
lo favorecedor de esta circunstancia, debe exponerse que este proceso llevó a una revisión más fuerte  
sobre las exportaciones desde México hacia los EE UU en el sentido de que rubros de producción como  
los relacionados con semiconductores, automóviles eléctricos, telecomunicaciones y acero han sido  
objeto de seguimiento siempre y cuando se han asociado a la integración de componentes hechos en  
China.  
Durante 2024, el gobierno de México a través de la Secretaría de Economía, estableció aranceles de  
entre 5% y de ahí hasta el 50% a 544 fracciones arancelarias. Entre los productos afectados por dichos  
impuestos se encuentran acero, aluminio, productos textiles, calzado, material eléctrico y equipo de  
transporte (Holland and Knight, 2024). Esto se ha justificado a partir de proteger a las industrias del  
país, así como por competencia desleal en medio de la creciente dependencia de importaciones desde  
China.  
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ISSN en línea: 2789-3855, julio, 2026, Volumen VII, Número 4 p 491.  
CONCLUSIONES  
México es parte de una compleja interdependencia comercial triangular. La entrada de cuantiosas  
importaciones provenientes de China no solo ha contribuido a satisfacer necesidades de consumo en  
el mercado nacional, sino que el proceso ha entrado también al escenario de las disputas en materia  
geopolítica. Nunca antes, la tendencia en el crecimiento de las importaciones había sido objeto de  
grandes preocupaciones en el ámbito de considerar a un país como un fuerte rival y competidor para  
el principal socio comercial de México, en este caso, los EE UU.  
El crecimiento “natural” de importaciones desde China ha representado diferentes perfiles de  
preocupación en la integración de productos que se han venido integrando y acoplando a la estructura  
económica de México. Situaciones como los costos competitivos, las redes de producción y  
distribución, así como el establecimiento de industrias del país asiático en territorio mexicano reflejan  
la dependencia estructural a la cual están sujetos numerosas empresas.  
Los cambios en la política comercial establecidos por el estado mexicano desde 2020 no sólo han  
procurado desincentivar la participación de las industrias de ese país en el territorio nacional, sino que  
también ha sido objeto de garantizar una mayor integración comercial en América del norte con la  
inclusión de bienes mayormente originarios de México y sin la integración de componentes de otras  
partes del mundo.  
La rivalidad geopolítica y económica alcanza a México en un momento crucial, el cual, en la  
renegociación del TMEC estará presente el componente proteccionista para hacer frente a los  
productores del país asiático y fortalecer la estructura productiva entre México, los EE UU y Canadá a  
partir de la discriminación de productos asiáticos y el establecimiento de medidas con un mayor  
rigorismo comercial y aduanero.  
¿Hasta dónde podrán llegar estas expectativas, limitantes e incluso presiones indirectas? La  
renegociación del acuerdo comercial queda sujeta a las derivaciones que tenga la geopolítica y el nivel  
de confrontación en la rivalidad comercial entre los EE y China. Por lo pronto, las tendencias en el  
intercambio comercial entre México y la nación oriental mantendrán un ritmo de crecimiento, quizás  
no con el mismo vigor que se vio en años anteriores pero será el distintivo de una relación de  
intercambio que podría ser a menor velocidad, en sectores en los cuales la participación de los  
productores del país oriental sigan manteniendo espacios de participación, y en especial, en aquéllos  
rubros en los que continúen satisfaciendo requerimientos de mercado sin mayores complicaciones.  
Sin lugar a duda, el estado mexicano deberá encontrar la salida a una competencia que hace del país  
un territorio de disputa entre las más grandes potencias económicas del mundo actual.  
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ISSN en línea: 2789-3855, julio, 2026, Volumen VII, Número 4 p 492.  
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