Del total de las importaciones registradas en 2025 desde China, México adquirió teléfonos (9.65%),
automóviles y automotores para personas (8.31%), partes y accesorios de máquinas (5.18%), partes y
accesorios de vehículos automotores (3.76%), circuitos electrónicos integrados (3.58%), partes de
maquinaria (3.43%), máquinas y unidades de procesamiento de datos (3.12%), por mencionar los
principales (Data México, 2026).
Derivado de lo anterior, es oportuno destacar que este grupo de productos (autopartes, electrónicos y
manufacturas) está integrado en la estructura de exportaciones que se destinan a los EE. UU.
considerando que procesos de ensamble o fabricación se acoplan a la demanda de este tipo de bienes
en ese mercado, a la vez que se aprovechan las facilidades que otorga el TMEC, la proximidad
geográfica y las ventajas logísticas.
Asimismo, es importante señalar que, en estas circunstancias, el rol de México es de complementación
de los procesos productivos, considerando a la vez costos competitivos y el fomento de las cadenas
productivas, de distribución y comercialización regional. Esta dinámica impulsa a su vez las
exportaciones de productos que sobresalen en el sector externo (automóviles, autopartes, electrónicos
y manufacturas) y que dependen a su vez de la proveeduría de productores chinos. En síntesis, China
provee, México ensambla o manufactura y los EE. UU. consumen.
La situación expuesta hace ver que la integración de procesos económicos entre los tres países
equivale a una interdependencia comercial compleja, la cual cuando se traslada al escenario de la
geopolítica refleja la intención de los gobiernos en los EE. UU., los cuales han venido recalcando la
necesidad de disminuir la disponibilidad de productos con algún componente proveniente de China,
por ende, eliminar progresivamente la proveeduría desde terceros países. Cuando estas circunstancias
se trasladan al escenario de México en donde el nearshoring es una consecuencia directa de la
rivalidad entre ambas potencias, se abren oportunidades para las inversiones, el uso de insumos
locales y el fomento de nuevas industrias, así como tensiones derivadas de las presiones de
Washington.
En suma, la situación mostrada sobre China muestra la forma en la que México complementa y
desarrolla una compleja relación de interdependencia triangular. El crecimiento de las importaciones
provenientes de oriente lejano fortalece las capacidades de ensamble y producción en la economía
mexicana, la cual a su vez refleja el incremento de las exportaciones a Norteamérica, en donde la
ganancia es prácticamente para todos.
La relación comercial con los EE UU.
México cumple un papel de proveedor clave para el mercado estadounidense, disponiendo de una
amplia plataforma de producción vinculada a las diferentes regiones de ese país. En este caso, los
productores nacionales han consolidado a México como el principal socio comercial de la unión
americana, desplazando a otros países relevantes como Canadá y China (segundo y tercer socios
comerciales respectivamente) y generando a la vez una integración productiva, industrial y económica
de alta relevancia. A ello se suma la inmediatez geográfica y el potencial de conectividad de la
infraestructura de puertos, carreteras y ferrocarriles, lo cual ha sido fundamental.
Asimismo, el impulso propiciado por el TMEC hace de este el instrumento articulador para el desarrollo
del comercio a gran escala con los EE. UU. Cabe agregar que al momento actual, y como resultado de
la demanda de mercado, así como las facilidades para el ensamblaje, la transformación y suministro,
sectores como el automotriz, electrónico, manufacturas, lideran las exportaciones mexicanas hacia
dicha nación.
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, julio, 2026, Volumen VII, Número 4 p 489.