neurofisiología, la antropología y psicología entre otras, propone dos tipos de agresividad en el ser
humano: La agresividad benigna y la agresividad maligna, la primera como una agresividad defensiva
frente a las amenazas vitales, y la agresividad maligna por su parte ya implica la crueldad y la
destructividad, (párr. 3).
Por otra parte, aparatos como los dispositivos celulares donde hay juegos de violencia, están
posibilitando su normalización, así entonces a los niños, no sólo les gusta la violencia, sino que lo
asumen como normal o divertido, “si no es violento, es aburrido”. Dejando ver también que los actos
de agresividad se presentan cuando los niños tienen mucho tiempo libre. Desde esta mirada, es preciso
considerar la teoría del aprendizaje social, donde los niños pueden aprender comportamientos
agresivos a través de la observación y la imitación de modelos agresivos (Bandura, 1925). Por lo regular
también es aprendida del medio, el niño, repite ciertos patrones comportamentales, por el
modelamiento en el que está, más no por la conciencia de que se genera violencia.
Para algunos directivos, la agresividad no denota violencia porque no tiene el componente de la
intencionalidad. La violencia está más asociada a comportamientos de personas más maduras, a
sabiendas de que se genera daño, aseguran además que la agresividad infantil tiene que ver con un
comportamiento muy específico por parte de los niños, en la manera cómo intentan resolver
situaciones y una serie de conflictos que a ellos no les gustan, por tanto, una situación con la cual los
niños no están de acuerdo o les molesta, tienden a reaccionar. Se requiere entender que, en un primer
momento del desarrollo evolutivo, el niño quiere ser el centro de todo, por lo tanto, un ataque a ese
egocentrismo, o cualquier situación que considere como embestida a eso, él va a reaccionar. Piaget
(1954), afirma que los niños pequeños tienen dificultades para entender el punto de vista de los demás,
lo que puede llevar a comportamientos agresivos.
Papalia y Olds, citados por Fernández et al., (2013), establecen que la agresividad se subdivide en
agresividad con violencia, haciendo referencia a la conducta ejercida con el fin de generar algún tipo
de daño en las demás personas y la agresividad instrumental que se ejerce con otra finalidad diferente
a la de herir a los demás. Los infantes muestran el segundo tipo de agresividad, pues están aún
conociendo el funcionamiento de reglas y normas, pero es tarea de docentes y padres evitar que en un
futuro realicen actos violentos.
Para los docentes estas conductas se constituyen en actos que lesionan y que las observan en sus
estudiantes desde muy temprana edad (5 a 8 años), lo afirman en términos de “sacar esa rabia, esa
fuerza”. Los docentes destacan la intención del niño al reaccionar, por ejemplo, lanzar directamente el
puño, sin embargo, afirman también que se agreden sin un motivo, sin causa, sin que haya algo que lo
justifique. En esta disertación no se escucha voces que vinculen la conducta agresiva de los niños con
sus procesos internos o que se reflexione sobre ello, por ejemplo, sobre las motivaciones, razones o
procesos que movilizan esta conducta. Se afirma que el niño agrede sin que haya una causa que lo
justifique, en apariencia tal vez no la hay, pero no se pregunta o averigua por qué.
La agresividad gestual se evidencia en las expresiones que los niños realizan con los ojos, los
movimientos del rostro, sacando la lengua o haciendo caras; los docentes expresan que para los niños
cualquier acto como estos es agresividad, se comprende por tanto que son gestos que tienen que ver
con el contexto cultural en señal de burla, intimidación o provocación.
Al caracterizar la conducta agresiva de los niños, los docentes describen la evidencia exterior, el acto
propiamente dicho, dejando de lado los procesos internos que le dan sentido a esa conducta, se
describe lo emocional, pero desde lo observable.
La culpa aparece con frecuencia en los relatos y manifestaciones de los niños, ya sea sentida por ellos
o por ese otro que ha causado una agresión. En este sentido, los niños justifican que los maltraten
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, julio, 2026, Volumen VII, Número 4 p 720.