ahorros personales o de préstamos informales con intereses altos. La falta de garantías, la
informalidad de sus negocios y la discriminación por parte del sistema financiero son algunos de los
elementos que hacen que esta exclusión ocurra (Aranibar, 2021).
Según Aguste (2023), sin el acceso a los recursos económicos, un emprendimiento tendrá más
dificultades para llegar a la etapa de madurez; esto es cuando logra un modelo de negocio rentable y
predecible, como cuando los ingresos igualan o superan los gastos. No hay un umbral exacto en años,
pero típicamente un emprendimiento madura a empresa tras 2-5 años de operación exitosa,
formalización legal y escalabilidad. Esto varía por industria y contexto, como en economías emergentes
donde la formalización puede tomar más tiempo.
Vasquez (2020), afirma que los emprendimientos liderados por mujeres abarcan variados perfiles,
sobre todo cinco: negocios comerciales, negocios familiares, negocios de servicios, negocios
especializados dirigidos a clientes grandes y negocios ambulantes y de calle.
Muchas mujeres emprendedoras, que lideran microempresas en mercados informales como ferias o
ventas ambulantes, carecen de títulos de propiedad registrados sobre viviendas, terrenos o bienes
duraderos. En Bolivia, por ejemplo, menos del 30% de las mujeres rurales posee documentación legal
de tierras, debido a desigualdades históricas en herencias y acceso a crédito. Los bancos exigen
colaterales tangibles para mitigar riesgos, dejando fuera a estas emprendedoras que dependen de
activos "muertos" como herramientas o mercancía no formalizable (IME, 2024).
Alta informalidad laboral
La palabra informalidad fue acuñada por primera vez por Keith Hart en el año 1973, al referirse a las
actividades indocumentadas desde una perspectiva de Estado; pero que posiblemente pertenecen a
otros sistemas institucionales. Desde entonces, y hasta la fecha, la informalidad ha sido mencionada
para describir diversos fenómenos, haciendo difícil establecer una clara y, menos, única
conceptualización. Por este motivo, los lectores pueden encontrar que Bolivia tiene tasas de
informalidad que van desde un 65% a un 85%, lo cual depende de la variable o variables que se
consideran para medirla (Wilde, 2024).
Una segunda aproximación corresponde a las características de la fuente de trabajo, ya sea en el sector
informal o formal, donde se asocia el empleo informal con aquel que se encuentra al margen, total o
parcial, de la aplicación de la norma; principalmente del acceso a protección social, seguro de salud y
sistema de pensiones para la vejez. Por último, el empleo en la economía informal considera ambas
aproximaciones al mismo tiempo, dado que, en algunos casos, son excluyentes; por ejemplo, los
consultores de línea trabajan en el sector formal, pero carecen de una serie de beneficios laborales
conferidos por ley (Hurtador, 2023).
En Bolivia operan empresas principalmente unipersonales o familiares, caracterizadas por un alto
grado de informalidad. Esta informalidad también predomina entre los trabajadores asalariados
dependientes. Tanto la abundancia de estas pequeñas unidades como la informalidad representan una
fase típica en el desarrollo económico del país. La mayoría de las naciones, especialmente las
europeas, atravesaron por etapas similares, donde sus estructuras empresariales, dominadas por
pymes inicialmente informales, se fueron formalizando progresivamente conforme avanzaban sus
economías y se consolidaron normas y leyes consensuadas (Wilde, 2024).
La informalidad laboral obstaculiza el emprendimiento femenino al restringir el acceso a
financiamiento formal, lo que impide la expansión de sus negocios. Las emprendedoras perciben la
formalización como una carga debido a los engorrosos trámites burocráticos, el pago de impuestos y
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, julio, 2026, Volumen VII, Número 4 p 583.