De los pequeños partidos ni hablar, funcionan en torno y por sus caudillos, como lo dice Duverger
(1992), su vida depende de sus dirigentes; al momento en que éstos caen de la gracia de los partidos
del grupo hegemónico, las oligarquías que son el partido mismo, fenece; Un caso muy singular, casi de
tiranía, es el del Partido Verde Ecologista de México, donde el padre biológico, le pasa el mando al hijo,
la dirigencia se hereda, como en los mejores tiempos de la Monarquía; pero no hay de que asustarse,
también en el resto de los partidos políticos la sangre juega un papel importante en los relevos, en fin,
todo queda en familia; pero no es exclusivo de los partidos, así como en el mundo de los negocios el
padre le transfiere al hijo sus bienes, también los intelectuales ceden su lugar a sus descendientes, en
vida o después de la muerte; el capital político, económico e intelectual es acumulativo de generación,
en generación. En MORENA, el secretario de organización es hijo del fundador del partido y la
presidenta es hija de uno de los cuadros más cercanos de Andrés Manuel López Obrador, ex presidente
de México y fundador de MORENA.
No hay que olvidar, sin embargo, que los autócratas de por vida siempre tienden a transformarse en
hereditarios; y que, como ocurría en Roma durante el Imperio, el autócrata, que nominalmente recibía
su mandato del pueblo, en rigor era instituido por las clases dirigentes, o mejor, por aquella fracción de
las clases dirigentes que contaba con los medios más eficaces para imponerse a las de más, o bien
por el grupo de altos funcionarios que reunían en sus manos los hilos que mueven la maquinaria del
Estado (Mosca, 1992; 307)
Marx y Engels, en un primer momento identificaban a la alta burocracia como parte de una clase
mantenedora del Estado, lo que fue inconcebible para Poulantzas (1979, 438), aduciendo que “la unidad
política de la categoría burocrática, no puede, pues, ser referida a la clase-mantenedora del Estado” y
que “tampoco puede ser referida a la clase o fracción hegemónica que detenta, en último análisis, el
poder del Estado”, y él mismo se contesta diciendo que como la burocracia no es un poder autónomo,
por lo tanto no puede tener poder político propio, ya que no tiene poder de clase propio, sino un poder
de la clase o fracción hegemónicas. Si esto lo traslapamos a lo que denominamos nuevas burocracias
mexicanas (las de los partidos y los organismos electorales), podemos observar cómo hacia adentro
de los partidos políticos existe un poder similar o si no queremos emplear el concepto de poder, una
fuerza dominadora en los aparatos de los partidos y organismos electorales que, en la suma con otros
aparatos, producen el poder hegemónico del Estado.
Para los elitistas, los individuos pobres e ignorantes que componen los estratos marginados, como son
muchos, irremediablemente tienen una influencia en los procesos electorales y algunos de los
candidatos en su afán por conquistar el triunfo electoral hacen cualquier cosa para lograrlo, imitan sus
costumbres, dicen lo que los electores quieren escuchar, hacen de la política algo ruin e inmoral
(campaña presidencial del 2000 en México). Mosca (1992) entendía en su tiempo a la “tendencia
democrática” como aquella renovación de las clases dirigentes, que para reconformarse y mantenerse
se nutría de los individuos más sagaces surgidos de los estratos bajos; la clase política mexicana,
heredera de un tesoro, cuya veta se encontraba anclada en una ideología en constante deterioro,
también en su tiempo recurrió a lo más sobresaliente de los estratos marginados para propiciar el
fortalecimiento de élites, de repente, en su agonía, y para revivir, tuvo que cambiar las tradicionales
formas de selección de candidatos populares por candidatos empresarios, los que ven el mercado de
la política e invierten en ella para el acrecentamiento de su imagen y la de sus empresas, y que además
con su conciencia de clase aseguran la tutela del interés privado en el marco general del interés
público.
La subordinación de lo local ante lo nacional
Cuando planteamos la necesidad de revestir el poder estatal, estamos pensando en la posibilidad de
que la entidad federativa sea capaz de transformarse, de adquirir una fisonomía diferente a la asumida
por los años de servidumbre de partido único o hegemónico. Que el Gobernador en turno abandone
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, julio, 2026, Volumen VII, Número 4 p 891.