La neocentralización del poder político en México: una  
democratización difícil  
The neo-centralization of political power in Mexico: a difficult  
democratization  
Nolberto Acosta Varela  
Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ)  
México  
Artículo recibido: 16 de marzo de 2026. Aceptado para publicación: 30 de julio de 2026.  
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.  
Resumen  
En el presente ensayo se analiza el proceso que ha seguido el poder político en México, su paso a  
través de las formas, las hegemonías y alianzas en diferentes momentos desde finales del siglo XX y  
lo que va del actual milenio. Para ello me apoyé en fuentes bibliográficas, hemerográficas, algunas  
cifras de los organismos electorales y partidos políticos. Se pretende evidenciar la centralización del  
poder político en el sistema político mexicano durante el viejo régimen que dominó por seis décadas  
a través de un partido hegemónico (PRI), así como la conformación de una nueva hegemonía (PRI-  
PAN-PRD) a partir de las reformas político-electorales de finales del Siglo XX, la conformación de  
órganos electorales autónomos y la perdida de la mayoría del PRI en la cámara de diputados en 1997.  
La llegada de la Cuarta Trasformación (4T) en 2018 con el Movimiento de Regeneración Nacional  
(MORENA) y sus aliados Partido del Trabajo (PT) y Partido de Encuentro Social (PES) más la suma del  
Partido Verde Ecologista de México (PVEM) configuró una nueva hegemonía bajo el liderazgo de  
Andrés Manuel López Obrador como presidente de la nación que recuperó el control del  
presidencialismo. El objetivo de este ensayo es analizar las hegemonías que se han conformado  
entorno al poder político en México, su relación con el sistema presidencialista y el contubernio con  
los partidos políticos dominantes en el Congreso Nacional. Asimismo, su reproducción en los  
gobiernos locales.  
Palabras clave: partidos políticos, órganos electorales, política, burocracia  
Abstract  
This essay analyzes the evolution of political power in Mexico, tracing its forms, hegemonies, and  
alliances at different times from the late 20th century to the present millennium. To this end, I relied  
on bibliographic and newspaper sources, as well as data from electoral bodies and political parties.  
This study aims to highlight the centralization of political power in the Mexican political system during  
the old regime, which dominated for six decades through a hegemonic party (PRI), as well as the  
formation of a new hegemony (PRI-PAN-PRD) following the political and electoral reforms of the late  
20th century, the establishment of autonomous electoral bodies, and the PRI's loss of its majority in  
the Chamber of Deputies in 1997. The arrival of the Fourth Transformation (4T) in 2018, with the  
National Regeneration Movement (MORENA) and its allies, the Labor Party (PT) and the Social  
Encounter Party (PES), plus the addition of the Green Ecological Party of Mexico (PVEM), established  
a new hegemony under the leadership of Andrés Manuel López Obrador as president, who regained  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, julio, 2026, Volumen VII, Número 4 p 885.  
control of the presidency. The objective of this essay is to analyze the hegemonies that have formed  
around political power in Mexico, their relationship with the presidential system, and their collusion  
with the dominant political parties in the National Congress. It also examines their reproduction in local  
governments.  
Keywords: political parties, electoral institutions, politics, bureaucracy  
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Cómo citar: Acosta Varela, N. (2026). La neocentralización del poder político en México: una  
democratización difícil. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 7 (4),  
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INTRODUCCIÓN  
México estuvo marcado durante casi todo el siglo XX por un sistema de partido hegemónico, después  
de fuertes convulsiones como el movimiento estudiantil de 1968 que terminó encarcelando y  
desapareciendo a muchos jóvenes universitarios y maestros que luchaban por una transformación del  
régimen autoritario; la posterior “guerra sucia” en la cual estaban involucrados estudiantes,  
campesinos, profesores, obreros, mujeres y otros luchadores sociales en una estrategia de guerrillas  
urbanas y rurales contra el sistema opresor; así, como la candidatura única de José López Portillo en  
1976, evidenció la necesidad de dar apertura electoralmente por la vía institucional a nuevas fuerzas  
de derecha (Partido Demócrata Mexicano) o de izquierda socialista (Partido Socialista de los  
Trabajadores, Partido Socialista Unificado de México y Partido de los Trabajadores).  
Entre 1976 y 1977 se creó la Reforma Política dirigida por Jesús Reyes Heroles, misma que introdujo  
la representación proporcional para dar entrada a cien diputados por esta vía en la Cámara de  
Diputados Federal, así como la entrada a diputados en los congresos locales y en los ayuntamientos  
para regidores. Esta fue una reforma que significó un pacto para dar cabida a fuerzas políticas en la  
esfera nacional y local para de esta manera institucionalizar y centralizar el control político, así como  
lo había hecho Plutarco Elias Calles con la creación del Partido Nacional Revolucionario en 1929  
(Garrido, 1995) y apaciguar los cientos de partidos y cacicazgos de su momento que impedían construir  
un proyecto político nacional.  
Con los nuevos partidos se fortaleció la participación política y la pluralidad, a pesar de la prevalencia  
de un partido hegemónico (Partido Revolucionario Institucional), en 1983 se compitió sobre todo con  
el viejo partido de derecha (Partido Acción Nacional) en la disputa de ayuntamientos en el norte del  
país. En 1988 con una coalición de viejos partidos aliados del régimen (Partido Popular Socialista y  
Partido Auténtico de la Revolución Mexicana) y nuevos partidos entrados con la Reforma Política  
(Partido Socialista de los Trabajadores y Partido de los Trabajadores), llevaron a Cuauhtémoc Cárdenas  
a disputar la presidencia al partido de estado. En 1994 se crean nuevas reglas electorales y surge el  
Instituto Federal Electoral, un órgano electoral nacional autónomo y su réplica en las entidades  
federativas.  
En 1994 hasta el 2014, momento que marcó un cambio en la configuración institucional del quehacer  
político, se consolida una nueva hegemonía de partidos y a la vez, se centraliza el poder en torno a esta  
supremacía de partidos que definen la ruta política a seguir. En estas dos décadas, también, se  
observan varios momentos de quiebre en los procesos electorales de índole nacional y finalmente, el  
agotamiento del órgano electoral regulador marcado por el Instituto Federal Electoral (IFE) y dar paso  
al Instituto Nacional de Electores (INE).  
La dirección de la institución electoral nacional pasó de ser un instrumento del poder político estatal  
en el viejo régimen, a un órgano ciudadanizado, para convertirse en un instrumento constituido por  
cuotas de representación de los tres partidos políticos más importantes entre 1994 y 2018 en el ámbito  
federal. A nivel regional, los organismos electorales dependen en buena medida de los gobernadores  
y gobernadoras en turno.  
En 1997 el PRI pierde la mayoría en la Cámara de Diputados y con ello se inaugura una nueva etapa  
marcada por la negociación. En 2000 el viejo partido hegemónico pierde el Poder Ejecutivo Federal,  
entra a gobernar el Partido Acción Nacional, con Vicente Fox como presidente, mismo que atora la  
democratización e impone a su sucesor Felipe Calderón mediante una elección dudosa. Para el 2012  
regresa el PRI, pero ya con un sistema de partidos hegemónico que detentaban el poder (PRI-PAN-PRD)  
lo que lleva a Andrés Manuel López Obrador a iniciar el proceso para conformar un partido político  
opuesto al modelo neoliberal, creando en 2014 el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA)  
que en cuatro años logró obtener una importante votación que se consolidó con la Presidencia de la  
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República en 2018, así como una significativa representación en ambas cámaras del Congreso  
Nacional, así como cientos de cargos públicos en las entidades federativas.  
Desde 2018 a la fecha, el partido MORENA ha ganado 23 de 32 gubernaturas, cientos de ayuntamientos,  
la mayoría de los congresos locales y la mayoría en cámara de diputados. Pero, ha creado una figura  
centralizadora (Delegados o super delegados) que se hacen cargo de las funciones federales en las  
entidades, así como para el ejercicio de la administración pública federal y para el control político del  
electorado. Se ha suprimido la vida orgánica del partido, desaparecieron los comités municipales del  
mismo y se controla todo a través de decisiones centralizadas. Una forma de controlar la designación  
centralizada de candidaturas se creó la figura de la “encuesta” como un instrumento electorero que  
permite tener las decisiones de designar a los candidatos del partido. También se está planteando el  
denominado Plan C, que no es otra cosa, que crear en el electorado la idea de voto parejo para los  
candidatos de MORENA y dominar el Congreso Nacional, regresando a esa vieja estructura de partido  
hegemónico.  
El proceso transitorio hacia un sistema político democrático inició de forma incipiente en la década de  
los sesenta con la incorporación de los diputados de partido, pasó por la reforma política de 1977  
donde se amplió, experimentó una mayor competencia en los municipios a raíz de la reforma municipal  
de 1983. La competición electoral abarcó buena parte de la nación con la ruptura dentro del Partido  
Revolucionario Institucional (PRI) en 1987, mismo que había sido considerado como hegemónico, la  
elección de 1988 que se le podía ganar a este partido, situación que trajo la formación de una nueva  
corriente política-electoral que se transformaría a la postre en Partido de la Revolución Democrática  
(PRD). Además, la oposición tradicional, el Partido Acción Nacional (PAN) que venía ganando terreno  
en las regiones, sobre todo del norte, se consolidó como una verdadera alternativa política-electoral.  
Como resultado de ese avatar de los partidos políticos logró consolidarse un sistema que contempla  
la coparticipación de tres fuerzas partidistas importantes.  
En torno al proceso democrático del país se ha construido un nuevo entramado institucional  
dependiente de un sistema hegemónico de partidos (PRI-PAN-PRD) y de un sistema electoral,  
constituido por órganos y tribunales electorales. A su vez, la transformación de la vida política nacional  
atraviesa por una élite y una burocracia conformada en cada uno de los institutos u órganos, misma  
que se encarga de tomar las decisiones que afectan el conjunto de la realidad política nacional. Esta  
élite partidista obedece cada vez en mayor medida a grandes grupos económicos, tanto nacionales  
como transnacionales. Al ver el currículum de los diputados y senadores, se evidencia la relación que  
una buena parte que éstos tiene con cámaras empresariales, grupos económicos y medios de  
comunicación.  
En lo que concierne a los órganos electorales, éstos han pasado por una serie de reformas que datan  
de 1946. Sin embargo, fue en los primeros años de la década de los noventa del siglo pasado cuando  
realmente adquieren importancia, ya que entre 1990 y 1996, el sistema electoral logra constituir una  
institución con nuevas reglas que se afinan durante este lapso a través del Código Federal de  
Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE) en remplazo de la Comisión Federal Electoral,  
misma que funcionaba bajo el control del gobierno a través de la Secretaría de Gobernación. Asimismo:  
Se creó la primera burocracia electoral  
Se dio una nueva composición de consejeros con ciudadanos que no pertenecían a partidos  
políticos  
Los consejeros fueron nombrados por la Cámara de Diputados  
Los representantes de partido mantienen la voz, pero no el voto en el seno del Consejo General  
El gobierno deja de tener representación en el Consejo General.  
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Los anteriores son los puntos más significativos en la conformación de un órgano que pasó del control  
del gobierno, al control de los partidos políticos hegemónicos. El año de 1997 el PRI, pierde la mayoría  
de la cámara baja, situación que da paso a una nueva realidad en la distribución del poder político del  
país.  
DESARROLLO  
Los partidos políticos y los órganos electorales: entre la oligarquía y la burocracia  
La ley determina como se constituye el gobierno, cuáles son los procedimientos para ello, quién puede  
ser parte en el mismo, cuándo se debe constituir, dónde será su espacio y cuáles sus límites; pero  
también explica el porqué de las representaciones políticas; de acuerdo con Bobbio (1990), la  
Constitución es la que en definitiva da la pauta para definir formalmente sí un gobierno es de tipo  
oligárquico centralizado o desconcentrado democrático, las reglas con que participan los partidos  
políticos en elecciones municipales, son replicadas de las que utilizan para elecciones de tipo federal.  
Es obvio que los procesos estatales tienen dinámicas y puestos elegibles que obedecen a una  
naturaleza un tanto sui generis, las representaciones populares en el ámbito municipal, está marcado  
por las entidades donde eligen representantes diferentes a los municipales.  
Como lo planteó Michels hace un siglo en la “ley férrea de la oligarquía” sobre la formación de la  
oligarquía dentro de las múltiples formas de democracia como un fenómeno orgánico y por lo tanto  
una tendencia a la que se sujeta toda organización, incluso socialista, hasta aquella libertaria. Las  
democracias actuales son inexplicables sin la participación directa o indirecta, de uno o varios grupos,  
electos o designados que asumen el control del quehacer político, son las élites o clase política, que  
dependen de los partidos políticos como los operadores de un grupo élite de la economía y la política,  
que toma las decisiones nacionales. La evidencia más nítida del fortalecimiento oligárquico se  
presenta con las nuevas burocracias y tecnocracias de los partidos políticos y de los organismos  
electorales.  
La inevitabilidad de la oligarquía en los sistemas democráticos hace necesaria la distinción de las  
oligarquías, en función de la distribución del poder en muchas o pocas identidades políticas, con  
subsistemas electorales y con una pobre presencia de sociedad civil.  
Por lo general, nos referimos a las burocracias cuando está de por medio el aparato del sector público,  
el que hace posible que las instituciones funcionen, es decir, los trabajadores que están al servicio del  
estado; siempre su mención adquiere un sentido negativo, de poca productividad y de ser demasiadas  
costosas; las burocracias se detectan en los gobiernos federal, estatal y municipal. Max Weber  
desarrolló una serie de postulados en relación a la dominación burocrática, la cual se alcanza a través  
de varias funciones específicas y que identifica tanto para los sectores públicos como privados (Weber,  
1997;716). En el caso mexicano donde encuentra mayor eco la propuesta weberiana, sería, en los  
organismos electorales y en menor grado en los partidos políticos. La burocracia, revestida de lo que  
tanto aspiramos, es decir un servicio civil de carrera para los empleados, con una institucionalización  
donde los empleados tengan una duración en sus puestos superior al de la propia administración de  
funcionarios electos cada tres o seis años.  
Los partidos políticos, aunque, cuentan con estructuras de organización diseminadas en prácticamente  
todo el territorio nacional con características propias de una burocracia, se puede decir que  
teóricamente si cumplen con algunas de las condiciones de este tipo de estructura, pero existen  
condiciones sui géneris que permiten ubicarlos como organismos burocráticos, incluso  
constitucionalmente, pero con un mayor grado de circulación. Se está tratando de formalizar una  
estructura burocrática más sofisticada para los partidos políticos a través de incentivos económicos,  
la ley electoral ofrece recursos financieros adicionales a los partidos que incentiven a sus recursos  
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humanos para que se capaciten mediante cursos, diplomados licenciaturas, postgrados, etc., y en  
actividades de fomento a la investigación, la difusión, divulgación y otras actividades encaminadas a  
impulsar el fortalecimiento de las estructuras partidarias. Fred Riggs en (Lapalombara y otros;1970,  
21), “sugiere que un sistema de partidos en proceso de desarrollo, puede requerir beneficios especiales  
para los que ocupan los cargos públicos y que en las primeras etapas del crecimiento de un sistema  
de este tipo, una burocracia basada en el mérito puede agigantar su poder a expensas del desarrollo  
político institucional”, el caso aplica perfectamente en México, pero además con el prestigio y  
beneficios con que se cuenta en las estructuras de los propios partidos, las posiciones dentro de la  
administración pública no se envidian.  
Hoy por hoy, la burocratización de lo político-electoral es la mejor muestra de la conformación de  
nuevos grupos en torno al poder; así se advierte en los partidos políticos; en el caso del PRD,  
considerado como el origen de MORENA se decía lo siguiente: “los líderes corporativos del PRD  
sustentan la situación de privilegio (beneficios económicos, influencia política y status) que ocupan  
dentro de su partido, en el -masometro- (recordemos que así llaman ellos a sus huestes) con el que  
presionan y negocian en asambleas y reuniones de cúpula” (Sanchez, 1999; 112); las estructuras de  
base con que cuenta el Partido de la Revolución Democrática están en ciernes según, Sánchez  
(1999,115) y se debe en parte a que entraron tarde en la conformación de su estructura organizacional,  
apenas en 1997, pero lo que sí está claramente definido es su Consejo Político Nacional, que da línea  
al resto de la estructura y sólo por encima de éste, el “circulo interior”, pequeño grupo de –eminencias  
grises- que son el poder tras el trono (Sanchez, 1999; 130).  
En donde haya dinero de por medio, habrá grupos de individuos dispuestos a organizarse  
institucionalmente en torno a un aparato; la burocracia es la columna vertebral de los nuevos partidos  
políticos mexicanos y de los organismos electorales; un partido político como el PAN, que hasta final  
de los noventa era considerado como un instituto político de cuadros, de acuerdo a la tipología de  
Duverger (1992), ahora su objetivo es ser un partido de ciudadanos, que no se organice  
corporativamente; sin embargo los nuevos tiempos y la enorme presencia de conglomerados  
acostumbrados a una forma de organización masiva, han arrastrado al propio partido a un paso de ser  
partido de masas. Por el lado de sus estructuras de organización, éstas funcionan en forma piramidal,  
de arriba, hacia abajo, y con lineamientos bastante verticales. Sin embargo, varios de los procesos  
electorales en su fase de primarias han sido remolcados contra corriente hacia elecciones directas,  
donde participan todos los militantes.  
Es común ver como los mismos nombres recorren todas las posiciones de poder dentro del partido,  
algunos, los de la élite, se alternan entre diputaciones, senado y direcciones nacionales del partido,  
pero siempre están en una posición de poder. En el caso particular del PRI, su estructura de  
organización partidista fue considerada como un trampolín para poder saltar de ahí, a una  
responsabilidad de la alta burocracia de gobierno o a una representación de elección popular. En  
muchos de los casos las responsabilidades de partido eran meritorias o de sacrificio.  
Cada órgano de dirección cuenta con una sub-estructura impresionante que incluye una representación  
de los miembros dirigentes del partido, según sea el caso de gobernadores, legisladores federales y/o  
estatales, presidentes municipales, regidores y síndicos; presidentes de los comités nacional, estatal,  
municipal, distrital y seccional; delegados de organismos especializados (agrario, obrero, sector  
popular, de jóvenes, de mujeres, movimiento territorial, fundación Colosio, de capacitación y desarrollo  
político, de organizaciones, movimientos y corrientes internas y otras. Una estructura como la anterior  
requiere no sólo de una burocracia de magnitudes impresionantes para su funcionamiento, sino de un  
refinado grupo oligárquico que sepa conducir adecuadamente las tareas del partido, según el momento  
histórico que le corresponda vivir.  
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De los pequeños partidos ni hablar, funcionan en torno y por sus caudillos, como lo dice Duverger  
(1992), su vida depende de sus dirigentes; al momento en que éstos caen de la gracia de los partidos  
del grupo hegemónico, las oligarquías que son el partido mismo, fenece; Un caso muy singular, casi de  
tiranía, es el del Partido Verde Ecologista de México, donde el padre biológico, le pasa el mando al hijo,  
la dirigencia se hereda, como en los mejores tiempos de la Monarquía; pero no hay de que asustarse,  
también en el resto de los partidos políticos la sangre juega un papel importante en los relevos, en fin,  
todo queda en familia; pero no es exclusivo de los partidos, así como en el mundo de los negocios el  
padre le transfiere al hijo sus bienes, también los intelectuales ceden su lugar a sus descendientes, en  
vida o después de la muerte; el capital político, económico e intelectual es acumulativo de generación,  
en generación. En MORENA, el secretario de organización es hijo del fundador del partido y la  
presidenta es hija de uno de los cuadros más cercanos de Andrés Manuel López Obrador, ex presidente  
de México y fundador de MORENA.  
No hay que olvidar, sin embargo, que los autócratas de por vida siempre tienden a transformarse en  
hereditarios; y que, como ocurría en Roma durante el Imperio, el autócrata, que nominalmente recibía  
su mandato del pueblo, en rigor era instituido por las clases dirigentes, o mejor, por aquella fracción de  
las clases dirigentes que contaba con los medios más eficaces para imponerse a las de más, o bien  
por el grupo de altos funcionarios que reunían en sus manos los hilos que mueven la maquinaria del  
Estado (Mosca, 1992; 307)  
Marx y Engels, en un primer momento identificaban a la alta burocracia como parte de una clase  
mantenedora del Estado, lo que fue inconcebible para Poulantzas (1979, 438), aduciendo que “la unidad  
política de la categoría burocrática, no puede, pues, ser referida a la clase-mantenedora del Estado” y  
que “tampoco puede ser referida a la clase o fracción hegemónica que detenta, en último análisis, el  
poder del Estado”, y él mismo se contesta diciendo que como la burocracia no es un poder autónomo,  
por lo tanto no puede tener poder político propio, ya que no tiene poder de clase propio, sino un poder  
de la clase o fracción hegemónicas. Si esto lo traslapamos a lo que denominamos nuevas burocracias  
mexicanas (las de los partidos y los organismos electorales), podemos observar cómo hacia adentro  
de los partidos políticos existe un poder similar o si no queremos emplear el concepto de poder, una  
fuerza dominadora en los aparatos de los partidos y organismos electorales que, en la suma con otros  
aparatos, producen el poder hegemónico del Estado.  
Para los elitistas, los individuos pobres e ignorantes que componen los estratos marginados, como son  
muchos, irremediablemente tienen una influencia en los procesos electorales y algunos de los  
candidatos en su afán por conquistar el triunfo electoral hacen cualquier cosa para lograrlo, imitan sus  
costumbres, dicen lo que los electores quieren escuchar, hacen de la política algo ruin e inmoral  
(campaña presidencial del 2000 en México). Mosca (1992) entendía en su tiempo a la “tendencia  
democrática” como aquella renovación de las clases dirigentes, que para reconformarse y mantenerse  
se nutría de los individuos más sagaces surgidos de los estratos bajos; la clase política mexicana,  
heredera de un tesoro, cuya veta se encontraba anclada en una ideología en constante deterioro,  
también en su tiempo recurrió a lo más sobresaliente de los estratos marginados para propiciar el  
fortalecimiento de élites, de repente, en su agonía, y para revivir, tuvo que cambiar las tradicionales  
formas de selección de candidatos populares por candidatos empresarios, los que ven el mercado de  
la política e invierten en ella para el acrecentamiento de su imagen y la de sus empresas, y que además  
con su conciencia de clase aseguran la tutela del interés privado en el marco general del interés  
público.  
La subordinación de lo local ante lo nacional  
Cuando planteamos la necesidad de revestir el poder estatal, estamos pensando en la posibilidad de  
que la entidad federativa sea capaz de transformarse, de adquirir una fisonomía diferente a la asumida  
por los años de servidumbre de partido único o hegemónico. Que el Gobernador en turno abandone  
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una de sus tareas prioritarias, consistente en hacer elegir a la mayor cantidad de alcaldes y diputados  
en su entidad, que su influencia no esté determinada por la cantidad de triunfos que logró para su  
partido, sino la cantidad y calidad de obra pública. El artículo 116 de la Constitución Política de los  
Estados Unidos Mexicanos les indica a las entidades cuáles son sus límites en materia política, jurídica,  
económica. Les dice cómo y con qué se deben cubrir los poderes; desde el centro se “sugiere” el  
número de diputados con que deben contar las legislaturas, como debe cubrirse el poder ejecutivo y  
hasta quienes son los individuos más idóneos para ocupar las vacantes del “poder judicial” con  
acordeón o sin acordeón.  
El paternalismo jurídico que establece la constitución federal sobre las locales le permite mantener una  
disciplina y una lógica en cuanto al tipo de nación unitaria que se pretende, más allá de preservar a los  
poderes locales su independencia contra los caciques regionales y los feudos políticos, les reserva a  
los oligopolios políticos nacionales su control sobre la entidad, incluyendo el mercado electoral que los  
partidos políticos se disputan en este espacio territorial. Nadie puede caminar en sentido distinto al  
“centro”, las líneas están trazadas y los caminos pavimentados para tal travesía, transición como neo-  
centralización.  
El artículo 116 específica con detalle la obligación de instituir organismos electorales que se encarguen  
de la organización de los procesos electorales y de resolver las controversias que se presenten,  
estableciendo un sistema de medios de impugnación para que prive la legalidad. La Ley ordena a las  
legislaturas aprobar una partida del presupuesto público, para que, de acuerdo con sus  
disponibilidades, financien a los partidos políticos en su “sostenimiento y cuenten durante los procesos  
electorales con apoyos para sus actividades tendientes a la obtención del sufragio universal”. En el  
inciso d) deja establecido que las “autoridades electorales de carácter administrativo pueden convenir  
con el Instituto Nacional Electoral se haga cargo de la organización de los procesos electorales locales”  
La arena de lucha electoral se alterna en las regiones, pero básicamente es la misma que a nivel  
nacional, los contendientes suelen ser los mismos actores nacionales, los partidos políticos locales  
suelen ser contendientes con múltiples desventajas, siendo las principales, la situación económica y  
escasa capacidad para cubrir la totalidad de la entidad lo que los pone en enorme desventaja y, por  
ende, en incapacidad de lograr triunfos relevantes.  
La adecuación de las leyes locales a los cambios generados en la constitución general se ve como  
parte de la modernización; la entidad que modifique su ley en sentido diferente, es retrograda; la  
“tolerancia”, el respeto a lo otro, son valores de la democracia solamente si encajan dentro de lo  
aceptado por el poder central. En este sentido los partidos políticos locales no encajan, evitando con  
ello el surgimiento de poliarquías locales y consecuentemente de una democratización a fondo del  
sistema político mexicano.  
Lo deseable sería que en las entidades federativas iniciará una reforma a favor de una nueva  
conformación de sub-sistemas de partidos locales, dando mayor prioridad a la conformación de  
genuinos partidos políticos locales, destrabando los candados y abriendo las puertas al verdadero  
federalismo.  
¿Cómo lograr un equilibrio entre partidos locales y nacionales?, muy fácil, retirando recursos públicos  
a los partidos que ya los reciben a través de la Federación y orientándolos hacia nuevas alternativas  
que puedan competir por el poder en las regiones; enviando enmiendas para modificar la constitución  
federal y los organismos electorales; y por último reformando las propias leyes estatales con estricto  
apego a necesidades locales. En las 32 entidades federativas, no existe un sólo caso en que un partido  
político local tenga las riendas de algún poder; por el contrario, entre más se democratiza él “Estado  
mexicano”, la presencia de los partidos políticos locales se debilita más.  
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Los movimientos políticos que surgieron en los setenta, mismos que a la postre se convirtieron en  
importantes agrupamientos de masas, asociaciones políticas; y en los ochenta, en partidos políticos  
locales; para la década de los noventa fueron absorbidos casi en su totalidad por partidos políticos  
nacionales o se fusionaron con otros partidos políticos y asociaciones locales en aras de lo nacional.  
La fundición de lo local en pro de lo nacional evidencia la poca presencia que tienen los partidos  
políticos locales en su región  
México es un país de sistema dominante donde todas sus partes están ordenadas en función al centro;  
las leyes, las instituciones, los instrumentos y los individuos están revestidos para cumplir el mismo  
objetivo; lo local en todas sus dimensiones se funde con lo nacional; su reconocimiento como parte  
del todo, sólo es bien visto, si embona adecuadamente en el rompecabezas que describa la imagen del  
mismo paisaje. Por lo tanto, el partido político local, sólo puede producir un poder que funcione  
adecuadamente en el revestimiento de las estructuras locales, poniendo en práctica, el modelo general  
emanado del sistema.  
En todas las entidades del país, está puesta una alfombra para que los partidos políticos nacionales  
caminen sobre ella sin tropezarse; la totalidad de los organismos electorales de los estados les exige  
presentar una copia certificada de su registro como partido nacional donde sea el INE, quien la expida  
y la presentación de estatutos, programa y declaración de principios; así se trate de un partido político,  
que recurrentemente obtenga un número de votos por debajo del mínimo requerido por el organismo  
local, como su registro es nacional, sólo se pierde el registro ante el organismo paterno y no ante el  
materno. En cambio, para los partidos locales se da la aplicación rigurosa de la ley: o, se obtiene el  
mínimo que oscila alrededor del 2% y 3% de la votación dependiendo de la entidad, o se pierde  
automáticamente el registro del partido; también se pierde el registro por mala conducta, según el  
criterio del organismo local.  
En este sentido, un partido político nacional necesita dar fe de su registro para poder participar en  
contiendas locales, en cambio el camino para constituir un partido local, es, verdaderamente sinuoso;  
deben comprobar su presencia con un mínimo de dos años en la entidad; realizar asambleas en la  
mitad de los distritos o municipios de la entidad ante un representante del organismo electoral o  
notario público que de constancia del número de asistentes a la reunión, donde deberá quedar  
conformada la estructura de organización municipal o distrital para llegar al acto principal (congreso  
estatal); con la representación exigida por la autoridad electoral local, se conformará el comité estatal  
del partido que pretenda conseguir el registro local. Además, hay que refrendar la organización del  
partido en la mayoría de las localidades de la entidad.  
Al igual que un partido político nacional, el partido local debe contar con un mínimo de afiliados en la  
entidad. A diferencia de un partido político nacional que llega con un papel en la mano a recoger  
recursos locales para contender en un proceso electoral que en ocasiones le es totalmente ajeno o que  
se vale de disidentes de otros partidos para refrendar su efímera presencia en la entidad, el partido  
local tiene la obligación de dar constancia de su estructura real en la mitad de los municipios o de los  
distritos de la entidad; pero si todo sale a la perfección y el aspirante a partido local logra saltar los  
obstáculos, tendrá la dura prueba de competir con menos recursos económicos que los partidos  
nacionales, ya que al no contar con registro definitivo, el riesgo es mayor y la prueba de fuego para  
restarle recursos a los partidos nacionales tendrán que venir solamente después que supere la primer  
competición.  
En el pasado remoto, a fines de la revolución, los partidos regionales o locales “fueron concebidos  
exclusivamente para la lucha electoral”, era el instrumento de los caudillos para organizar la contienda,  
su existencia dependía exclusivamente del personaje. En el presente, la mayoría de los partidos  
burocráticos son instituciones que sobreviven o mueren independientemente de sus dirigentes, pero  
mientras son conducidos por éstos, adquieren el sello particular que les impriman; y el partido como  
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en los viejos tiempos sigue siendo un instrumento electoral, al margen de que cuente con una  
burocracia permanente. El partido político, sea local o nacional, en las circunstancias actuales es un  
premio; una recompensa que enriquece a un puñado de individuos y mantiene con buen nivel de vida a  
los miembros de la burocracia que se crea, para que dirijan a ésta.  
Muy a pesar del bombardeo propagandístico del Instituto Nacional Electoral a favor de las ventajas de  
contar con credencial para votar y de hacer uso de ella en los diferentes procesos electorales; y muy a  
pesar de un inquilino en Palacio Nacional con un origen partidario diferente al que dominó casi todo el  
siglo XX; y muy a pesar de grupos de intelectuales que “piensan” que el fin de la democracia, ya llegó;  
y muy a pesar de muchas otras presunciones, los caminos de la democracia, del federalismo y de la  
transición tienen que arraigarse en las regiones para alcanzar la consolidación de un estado  
verdaderamente maduro en su vida política.  
No hay que olvidar, sin embargo, que los autócratas de por vida siempre tienden a transformarse en  
hereditarios; y que, como ocurría en Roma durante el Imperio, el autócrata, que nominalmente recibía  
su mandato del pueblo, en rigor era instituido por las clases dirigentes, o mejor, por aquella fracción de  
las clases dirigentes que contaba con los medios más eficaces para imponerse a las de más, o bien  
por el grupo de altos funcionarios que reunían en sus manos los hilos que mueven la maquinaria del  
Estado.  
Tránsito del Instituto Federal Electoral (IFE) al Instituto Nacional de Elecciones (INE)  
A principios de la década de los noventa, se comenzó el proceso de construcción de un nuevo marco  
político electoral, soportado en un diseño institucional con más autonomía y una conformación de  
gobierno que evolucionó hasta conformarse en un instituto integrado por consejeros ciudadanos en  
1996. El año siguiente, 1997, el PRI pierde la mayoría en el Congreso Federal y, a partir de esa fecha se  
hace necesaria una relación política más parlamentaria, lo que lleva a la conformación de una nueva  
mayoría para la toma de decisiones que impactaran en el quehacer político.  
El órgano electoral (IFE) se encargó de llevar los procesos electorales nacionales y en 2000, con la  
llegada de Vicente Fox del PAN y apoyado por el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) los  
institutos electorales de las entidades federativas, sobre todo, las gobernadas por el PRI, quedaron a  
merced del gobernador en turno. Lo anterior, relacionado con la polémica surgida en 2006 y 2012 donde  
hubo acusaciones de fraude electoral y un manejo discrecional del instituto electoral, inició, la  
configuración de un nuevo órgano electoral, En 2014, se da un proceso de negociación en ambas  
cámaras del Poder Legislativo, llegando al consenso de conformar el nuevo órgano político electoral  
con la incorporación de nuevas funciones, entre las que destaca el control y la atracción de las  
funciones y conformación de los institutos estatales. Para seleccionar a los integrantes del Instituto  
Nacional Electoral (INE), se conformó el Comité Técnico de Evaluación, integrado por José Lozano  
Díez, Tonatiuh Guillén López, Enrique Cárdenas Sánchez, Soledad Loaeza Tovar, Jorge Moreno Collado,  
Alejandro González Alcocer y Ricardo Becerra Laguna. Estos integrantes del comité forman parte de la  
Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados, la Comisión Nacional de Derechos  
Humanos (CNDH) o el Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos (Ifai). Tanto  
los comités directivos de la CNDH, como del Ifai, son nombrados en la cámara alta.  
La transformación de IFE a INE pasó por una ardua negociación en el Congreso de la Unión para la  
conformación del gobierno de este, si bien es cierto, que se abrió una convocatoria “ciudadana” para  
la conformación del comité que dirigiría al INE, finalmente, los consejeros electos tenían el apoyo de  
las tres principales fuerzas políticas (PRI-PAN-PRD) y en la proporción de presencia parlamentaria, fue  
la representación que se logró para la conformación del órgano de gobierno electoral. Los  
coordinadores parlamentarios de los partidos políticos en ambas cámaras han estado allí por lo menos  
en las dos últimas décadas, pasando de un cargo a otro. Los partidos políticos pequeños no forman  
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parte del proceso de negociación y conformación del comité que dirige al INE, a lo sumo, cumplen la  
función de apoyar las propuestas los grandes partidos políticos con los cuales tienen afinidades o  
llegan a un acuerdo de conveniencia. La conformación del INE, con las nuevas atribuciones que le  
asignaron de tener la mira y la última palabra en la conformación de los institutos electorales locales,  
así, como la atracción de los procesos en los casos que así lo requieran, no podía romper la oligarquía  
armada en torno a la tríada partidista que le daba vida a una nueva hegemonía del sistema de partidos  
y del sistema electoral (PRI-PAN-PRD). Con la ruptura al interior del PRD se conforma el Movimiento de  
Regeneración Nacional (MORENA) encabezada por su líder y fundador Andrés Manuel López Obrador,  
quien fuera gobernante de la Ciudad de México y excandidato en 2006 y 2012 todavía por el PRD.  
MORENA se conforma como un partido político decidido a ganar la Presidencia de la República y, desde  
un principio decide caminar al margen de la hegemonía constituida recientemente. Andrés Manuel  
López Obrador abandona el PRD y se lleva una parte importante de sus líderes históricos para  
conformar el Partido de Regeneración Nacional (MORENA) que logra su registro en 2014 (Martínez,  
2014)  
Asimismo, se incorporan al marco constitucional y electoral, las candidaturas independientes. Este  
mecanismo de participación y conformación de representaciones políticas en los diferentes niveles y  
órganos de gobierno que pretendía se abonara a la democratización del sistema de partidos y más  
adelante, al sistema electoral. En el proceso electoral mexicano de 2015, el gobierno estatal de una de  
las entidades más ricas económicamente Nuevo León- triunfó un candidato independiente; de los  
300 distritos uninominales federales un candidato de uno de ellos se alzó con el triunfo en Sinaloa; uno  
más lo hizo en un distrito local del Estado de Jalisco. Puestos en la balanza, no representan un  
porcentaje significativo, pero, considerando que fue la primera elección con esta modalidad, lo que  
albergó grandes esperanzas de que a través de procesos electorales locales y nacionales se  
conformen grupos parlamentarios y gobiernos ejecutivos al margen de la oligarquía que representan  
los partidos políticos.  
Las candidaturas independientes para la elección de 2018 mostraron su debilidad e incapacidad de  
sortear los requisitos impuestos por los mandamases en los órganos de representación en las  
cámaras, vale decir, representantes de los partidos políticos, mismos que buscan perpetuar el poder  
político. Empero, quien corrió con más suerte fue MORENA, ya que en 2018 ganó la Presidencia de la  
República con AMLO, así como la mayoría en las cámaras de diputados y senadores, varias  
gubernaturas, congresos locales y cientos de ayuntamientos. A partir de ese momento se ha venido  
dando un cambio de régimen denominado Cuarta Transformación (4T), sustituyendo ideológicamente  
a la ideología de la Revolución Mexicana que tuvo fuerte presencia durante seis décadas en el siglo XX.  
A través de la 4T se han realizado una serie de reformas al modelo neoliberal que venía funcionando  
desde los ochenta del siglo pasado, pero también se han realizado reformas que consolidan la  
hegemonía de partido de Estado. Algunos indicadores que fortalecen la neo-centralización con los  
gobiernos de MORENA son los siguientes:  
Creación de la Guardia Nacional  
Desaparición de Organismos Autónomos  
Alejamiento de movimientos sociales  
Registro y distribución de apoyos en programas sociales  
Fracaso de las candidaturas independientes  
Centralización de la administración pública y control de los sistemas policiacos locales  
Fortalecimiento de partidos políticos nacionales  
Disminución del Ramo 23  
Las reformas constitucionales de la 4T según Mayer-Sierra (2022) atraviesa 18 cambios radicales que  
cambian el régimen. 1) Extinción de dominio; 2) Prisión preventiva oficiosa; 3) Guardia Nacional; 4)  
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Prohibición de partida secreta en el Presupuesto; 5) Prohibición de condonación de impuestos; 6)  
Ampliación d ellos periodos ordinarios del Congreso; 7) Remuneración de servidores públicos; 8)  
Derecho a la salud preventiva; 9) Reforma educativa; 10) Reforma en materia de movilidad y seguridad  
vial; 11) Paridad de género; 12) Reforma en materia de nacionalidad; 14) Reforma en materia de  
juventud; 15) Acotamiento del fuero presidencial; 16) Revocación de mandato; 17) Consulta popular y  
18) Reforma al Poder Judicial.  
Actualmente el discurso se centra en la reforma electoral, misma que está planteando la eliminación  
de la representación proporcional, lo que dejaría al partido MORENA como una fuerza hegemónica muy  
similar a la que tenía el PRI en el viejo régimen antes de la Reforma Política de 1976-1977. El sistema  
político actual atraviesa por un conjunto de premisas que pueden ser consideradas como neo  
centralizadoras del poder político.  
Crisis de representación: los representantes electos para diferentes cargos políticos obedecen a  
intereses de partido y no de los electores  
Un partido político dominante o hegemónico: se convierte en aparato “ideológico” para ganar  
elecciones (Althusseriano)  
Mayoría calificada: convierte a las minorías en testimoniales, elimina a los/as “otros/as/”  
Contubernio entre poderes: en términos políticos, se ve como una forma negativa donde la división de  
poderes se diluye  
Autoritarismo institucional: ata el funcionamiento del conjunto de organismos a decisiones verticales  
a los partidos políticos que dieron origen al actual Movimiento de Regeneración Nacional.  
El proceso de democratización fue frenado por el Expresidente Vicente Fox en su gobierno el sexenio  
2000-2006 culminando con la presunción de fraude electoral el 2006 para atajar la llegada de la  
izquierda. El Partido Acción Nacional gobernó doce años y regresa el PRI neoliberal que impulsa  
reformas radicales de desmantelamiento del Estado, apoyado por la hegemonía de partidos  
conformada por el PRI-PAN-PRD a través del frente denominado Plan México, durante el proceso  
postrevolucionario no se eliminó la centralización del poder político, si bien es cierto que se atenuó el  
poder presidencial, el protagonismo de los partidos hegemónicos se mantuvo. Con la llegada de  
MORENA se pone en marcha el proyecto político-ideológico denominado la 4T, mismo que recupera el  
poder presidencial y fortalece la centralización del poder político.  
CONCLUSIÓN  
A partir de 1997 el PRI pierde la mayoría en el Congreso, concretamente en la Cámara de Diputados y  
da paso a una nueva hegemonía negociada por tres partidos políticos (PRI-PAN-PRD) misma que  
funcionó hasta el 2018 en que pierden la mayoría y se conforma una nueva hegemonía encabezada  
por MORENA como partido dominante y apoyada por el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde  
Ecologista de México (PVEM) ambos, partidos minoritarios que en una analogía pareciera que reviven  
al Partido Popular Socialista (PPS) y Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM) aliados del  
viejo régimen y comparsas del PRI el durante décadas el siglo pasado.  
Hacia el interior de cada partido político, se han producido los mecanismos que permiten que una  
casta privilegiada de “líderes” que se distribuyen y heredan a sus familias el control de estos aparatos  
políticos. Así como lo plantea Rodríguez (2015) los legisladores en lugar de representar a la ciudadanía  
representan los intereses de su partido, sus familias, grupos económicos y financieros. Asimismo, el  
contubernio institucional entre poderes políticos continúa, la muestra se puede observar a partir de las  
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iniciativas de Ley y reformas constitucionales aprobadas. La disciplina de los representantes populares  
sigue comprometida con la “ley de hierro de la oligarquía política”  
Tampoco se democratiza el sistema político en su conjunto, no se desconcentran los poderes  
nacionales y locales, sino que a partir del 2018 se regresa al fortalecimiento de la figura presidencial,  
las funciones administrativas se retrotraen y en el caso de MORENA como partido mayoritario,  
desaparecen los comités municipales, se eligen los consejeros electorales usando las viejas formas  
del PRI que controlaba todo el escenario político nacional y las decisiones se toman en el centro del  
país. Las dirigencias del partido son herederos de la nueva familia cuatroterina. En el resto de los  
partidos políticos las cosas no son diferentes, los liderazgos obedecen a grupos de relaciones  
familiares en las entidades y a una élite que se perpetúa a nivel nacional.  
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Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales  
Instituto Federal Electoral  
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Partido Convergencia  
Partido Encuentro Social  
Partido Movimiento Ciudadano  
Partido del Trabajo  
Partido de la Revolución Democrática  
Partido Popular Socialista  
Partido Revolucionario Institucional  
Partido Verde Ecologista de México  
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