La esquizofrenia como problemática de salud mental en el  
hospital psiquiátrico de Sinaloa  
Schizophrenia as a mental health problem in the Sinaloa psychiatric  
hospital  
Luis Felipe Vega Velázquez  
https://orcid.org/0009-0003-9158-651X  
Universidad Autónoma de Sinaloa  
Culiacán Sinaloa México  
Diana Guadalupe Obeso Zuñiga  
https://orcid.org/0009-0003-1518-392X  
Universidad Autónoma de Sinaloa  
Culiacán Sinaloa México  
Alba Rosa Soto Rojo  
Universidad Autónoma de Sinaloa  
Culiacán Sinaloa México  
Rosa Iris Avilez Núñez  
Universidad Autónoma de Sinaloa  
Culiacán Sinaloa México  
Luz Flérida Félix  
Universidad Autónoma de Sinaloa  
Culiacán Sinaloa México  
Artículo recibido: 17 de marzo de 2026. Aceptado para publicación: 31 de julio de 2026.  
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.  
Resumen  
La esquizofrenia representa un importante desafío de salud pública debido a la presencia de factores  
como la violencia, la desigualdad social, la pobreza y el estigma hacia las enfermedades mentales. El  
Hospital Psiquiátrico de Sinaloa “Dr. Alfonso Millán Maldonado” es la principal institución encargada  
de brindar atención especializada a personas con este padecimiento. Se Investigaron las causas que  
provocan el desarrollo de la esquizofrenia, así como la influencia del entorno familiar y social en la  
evolución de un paciente con este malestar y las funciones que realiza el trabajador social en la  
atención integral de personas con dicha afección. La presente investigación se desarrolló bajo un  
enfoque cualitativo con alcance descriptivo empleando el método fenomenológico con la técnica de  
entrevista semiestructurada a una muestra conformada por dos pacientes diagnosticados con  
esquizofrenia, así como por un doctor psiquiatra y dos trabajadores sociales. La investigación destaca  
que el entorno familiar y social influye significativamente en la evolución de los pacientes. Un  
ambiente caracterizado por el apoyo, la comprensión y la estabilidad favorece la adherencia al  
tratamiento y reduce el riesgo de recaídas. Por el contrario, la discriminación, los conflictos familiares  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, julio, 2026, Volumen VII, Número 4 p 1064.  
y la falta de información pueden dificultar la recuperación y la reintegración social. El trabajador social  
orienta a las familias, fortalece redes de apoyo, gestiona recursos y promueve la inclusión social de  
los pacientes. La esquizofrenia debe abordarse desde una perspectiva integral que considere tanto  
los aspectos clínicos como los factores familiares, sociales y comunitarios para mejorar la calidad de  
vida de quienes la padecen.  
Palabras clave: esquizofrenia, trabajador social, entorno familiar y social  
Abstract  
Schizophrenia presents a significant public health challenge due to the presence of factors such as  
violence, social inequality, poverty, and the stigma surrounding mental illness. The Sinaloa Psychiatric  
Hospital “Dr. Alfonso Millán Maldonado” is the main institution responsible for providing specialized  
care to individuals with this condition. This study investigated the causes of schizophrenia, the  
influence of the family and social environment on the progression of a patient with this disorder, and  
the role of social workers in the comprehensive care of individuals with this condition. This research  
was conducted using  
a
qualitative approach with  
a
descriptive scope, employing the  
phenomenological method with semi-structured interviews. The sample consisted of two patients  
diagnosed with schizophrenia, a psychiatrist, and two social workers. The research highlights that the  
family and social environment significantly influences the patients' progress. An environment  
characterized by support, understanding, and stability promotes adherence to treatment and reduces  
the risk of relapse. Conversely, discrimination, family conflicts, and a lack of information can hinder  
recovery and social reintegration. Social workers guide families, strengthen support networks, manage  
resources, and promote the social inclusion of patients. Schizophrenia must be addressed from a  
comprehensive perspective that considers both clinical aspects and family, social, and community  
factors to improve the quality of life of those who suffer from it.  
Keywords: schizophrenia, social worker, family and social environment  
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Cómo citar: Vega Velázquez, L. F., Obeso Zuñiga, D. G., Soto Rojo, A. R., Avilez Núñez, R. I., & Félix, L.  
F. (2026). La esquizofrenia como problemática de salud mental en el hospital psiquiátrico de Sinaloa.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 7 (4), 1064 1083.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, julio, 2026, Volumen VII, Número 4 p 1065.  
INTRODUCCIÓN  
Contexto y Justificación  
La esquizofrenia es un trastorno que, más allá de los conceptos clínicos, toca profundamente la vida  
de las personas que la padecen y de quienes las rodean. No es solo un diagnóstico, sino una  
experiencia humana marcada por la confusión, el miedo, la esperanza y muchas veces, la  
incomprensión social. Cuando alguien escucha voces que los demás no oyen o percibe la realidad de  
una manera distinta, su mundo cambia por completo, así como la dinámica familiar, las relaciones  
sociales y en general, su vida cotidiana. La esquizofrenia transforma la manera en que una persona  
piensa, siente y actúa, afectando no solo su salud mental, sino su capacidad para estudiar, trabajar,  
relacionarse y construir un proyecto de vida. Por eso, este trastorno no puede verse únicamente desde  
la teoría o las estadísticas; detrás de cada caso hay una historia, una familia, una lucha diaria.  
En México, y particularmente en Sinaloa, la realidad de la salud mental suele verse atravesada por  
prejuicios, desconocimiento y barreras sociales que dificultan que las personas reciban la atención que  
necesitan. La esquizofrenia continúa rodeada de mitos, de temores y de ideas erróneas que generan  
miedo, rechazo y sobre todo, silencio. Muchas familias no saben cómo actuar ante los primeros  
síntomas; algunos pacientes no entienden lo que les ocurre y otros tantos evitan buscar ayuda por  
miedo al estigma. En un contexto como el de Culiacán, donde el estrés, la violencia, la desigualdad y la  
falta de oportunidades inciden directamente en el bienestar emocional, este trastorno adquiere un  
carácter aún más complejo. Las personas que viven con esquizofrenia deben enfrentar no solo los  
síntomas de su enfermedad, sino un entorno que a menudo no comprende, no acompaña y no ofrece  
suficientes alternativas para su cuidado y rehabilitación.  
En medio de esta realidad, el Hospital Psiquiátrico de Sinaloa “Dr. Alfonso Millán Maldonado” se ha  
convertido en un lugar de referencia para muchas familias, en la primera puerta a la que acuden cuando  
la enfermedad se manifiesta. Desde su creación en los años noventa, esta institución ha atendido a  
miles de personas que necesitan apoyo psiquiátrico, psicológico y social. A pesar de sus limitaciones  
como la falta de recursos, la saturación de servicios y la creciente demandael hospital representa  
un espacio donde se intenta comprender, contener y acompañar a quienes viven con esquizofrenia.  
Los pasillos, consultorios y áreas de hospitalización de este espacio guardan historias de lucha,  
recaídas, avances, temores y esperanzas  
Sin embargo, el desafío no se queda solo dentro de sus paredes. Cuando un paciente sale del hospital  
o termina una consulta, regresa a un entorno familiar y social que, para bien o para mal, influirá  
profundamente en su evolución. La familia se convierte en un actor clave; en ella recae gran parte del  
cuidado, del acompañamiento diario, de la administración de medicamentos y del manejo de crisis.  
Pero las familias, como cualquier otra, sienten cansancio, miedo e incertidumbre; muchas veces no  
cuentan con la orientación necesaria para comprender la enfermedad y terminan sobrecargadas  
emocionalmente. En Sinaloa, no pocas veces las familias se enfrentan al estigma social, a los  
comentarios discriminatorios o a la falta de apoyo comunitario, lo que incrementa el aislamiento y  
dificulta el proceso de recuperación.  
El entorno social, por su parte, puede convertirse en un espacio protector o en un factor de riesgo. Las  
miradas, los prejuicios y los estereotipos hacia las personas con esquizofrenia continúan siendo parte  
de la vida cotidiana. Todavía es común que se les considere “peligrosos”, “incapaces” o “locos”, ideas  
que no solo son erróneas, sino profundamente dañinas. Estas percepciones limitan el acceso de los  
pacientes a oportunidades laborales, educativas y sociales, afectando directamente su autoestima y  
su deseo de reintegrarse a la comunidad. La falta de programas de apoyo, espacios recreativos, talleres  
de rehabilitación y redes comunitarias también son factores que complican la recuperación. La  
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esquizofrenia no se vive únicamente en la mente del paciente; se vive en su casa, en su colonia, en su  
ciudad, en todas las interacciones que tiene o deja de tener.  
En este escenario, el trabajador social juega un papel profundamente humano. Su labor va más allá de  
la gestión de trámites o la elaboración de expedientes; es un acompañamiento que busca comprender  
las historias, los miedos y las necesidades reales de los pacientes y de sus familias. El trabajador social  
entra a hogares donde hay cansancio, incertidumbre, silencios prolongados, discusiones, frustraciones  
y, también, mucho amor. Acompaña procesos de duelo, de aprendizaje, de adaptación, y ayuda a que  
las familias entiendan que la enfermedad no define a la persona, que la recuperación es posible y que  
no están solos. Además, articula redes de apoyo, gestiona recursos y crea puentes entre el hospital, la  
comunidad y otras instituciones que pueden contribuir al bienestar del paciente.  
Su intervención se vuelve esencial en un sistema donde los recursos pueden ser escasos y las  
necesidades, enormes. En el Hospital Psiquiátrico de Sinaloa, el trabajador social observa de cerca la  
realidad que enfrentan los pacientes una vez que salen del consultorio o son dados de alta: hogares en  
conflicto, falta de medicamentos, pobreza, discriminación, ausencias de redes de apoyo, violencia  
intrafamiliar o simplemente incertidumbre ante el futuro. Cada caso es distinto, cada familia vive la  
enfermedad de forma diferente y el trabajador social intenta, con las herramientas que tiene, brindar  
orientación, apoyo y acompañamiento para que el paciente no vuelva a tener un ciclo de recaídas y  
hospitalizaciones que pueden evitarse con un entorno más estable.  
Por todo lo anterior, esta investigación nace de la necesidad de comprender más profundamente cómo  
se vive la esquizofrenia en un entorno como el de Culiacán, cuáles son sus causas, cómo afecta la  
dinámica familiar y social, y cuál es el papel del trabajador social en su atención integral. No se trata  
solamente de un análisis teórico, sino del deseo de entender la dimensión humana detrás del trastorno:  
las emociones, los miedos, las fortalezas y las esperanzas de las personas involucradas.  
La esquizofrenia es un trastorno mental severo y crónico que afecta profundamente el pensamiento,  
las emociones, el comportamiento y la percepción de la realidad. Representa uno de los mayores retos  
para la salud pública debido a su complejidad clínica, su impacto en la funcionalidad de las personas  
y las repercusiones sociales que genera. En el contexto sinaloense, y particularmente en la ciudad de  
Culiacán, la esquizofrenia constituye una problemática que requiere especial atención por parte de los  
servicios de salud mental, las familias y la comunidad en general. El Hospital Psiquiátrico de Sinaloa,  
ubicado en Culiacán, se ha consolidado como una de las principales instituciones encargadas de  
brindar atención especializada a personas que padecen este trastorno, así como de ofrecer  
acompañamiento terapéutico, psicológico y social. La presente investigación se justifica en la  
necesidad de analizar, desde una perspectiva integral, las causas que provocan la esquizofrenia, la  
influencia del entorno familiar y social en la evolución del paciente, y el papel fundamental del  
trabajador social en la atención integral dentro de dicho hospital.  
Comprender las causas que provocan la esquizofrenia es un punto de partida esencial para abordar la  
enfermedad de manera científica y humanizada. Las investigaciones coinciden en que este trastorno  
tiene un origen multifactorial en el que intervienen variables genéticas, neurobiológicas, ambientales y  
psicosociales. Sin embargo, en regiones como  
Culiacán, donde existen condiciones sociales y económicas particulares como la desigualdad, la  
violencia, la pobreza y el limitado acceso a servicios de salud mental especializados, estos factores  
pueden exacerbar la vulnerabilidad de ciertos grupos de población. Analizar las causas desde un  
enfoque contextualizado permitirá identificar no solo los componentes clínicos, sino también las  
circunstancias sociales que influyen en la aparición y el desarrollo de la esquizofrenia. Este  
conocimiento resulta esencial para fortalecer las políticas de salud mental, promover la prevención  
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temprana y mejorar las estrategias de diagnóstico y tratamiento dentro del Hospital Psiquiátrico de  
Sinaloa.  
Otro aspecto fundamental es la influencia que la esquizofrenia ejerce en el entorno familiar y social del  
paciente. En la mayoría de los casos, las familias se convierten en el principal soporte emocional,  
económico y afectivo del individuo, pero también enfrentan un alto grado de estrés y sobrecarga. En  
Culiacán, muchas familias que conviven con personas diagnosticadas con esquizofrenia desconocen  
las características del trastorno y carecen de orientación profesional, lo que genera dinámicas  
familiares tensas y dificulta el proceso de recuperación. Además, persisten prejuicios sociales que  
asocian erróneamente la esquizofrenia con la violencia o la “locura”, lo cual contribuye a la exclusión y  
al aislamiento de los pacientes. Esta falta de comprensión social repercute negativamente en la  
adherencia al tratamiento, la estabilidad emocional y la reintegración comunitaria del paciente. Por ello,  
resulta indispensable investigar cómo influyen las actitudes familiares y las condiciones sociales del  
entorno culichi en la evolución de las personas que padecen esquizofrenia, para así diseñar  
intervenciones más efectivas y culturalmente pertinentes.  
En este marco, el papel del trabajador social dentro del Hospital Psiquiátrico de Sinaloa es de suma  
importancia, ya que este profesional constituye un vínculo esencial entre el paciente, su familia, la  
institución y la comunidad. El trabajador social no solo interviene en la gestión de recursos y en la  
atención de las necesidades socioeconómicas del paciente, sino que también desempeña funciones  
educativas, preventivas y de acompañamiento psicosocial. Su labor incluye orientar a las familias sobre  
el manejo de la enfermedad, fortalecer las redes de apoyo comunitario, fomentar la inclusión social y  
promover la sensibilización en torno a los trastornos mentales. En el contexto hospitalario de Culiacán,  
donde los servicios de salud mental suelen estar saturados y los recursos son limitados, el trabajador  
social cumple una función estratégica para garantizar una atención integral e interdisciplinaria. A  
través de su intervención, se favorece la continuidad del tratamiento, la reintegración del paciente a su  
entorno familiar y la coordinación con instituciones externas que puedan brindar apoyo adicional.  
Asimismo, la investigación adquiere relevancia porque contribuye a visibilizar la necesidad de  
fortalecer los servicios de salud mental en el estado de Sinaloa. El Hospital Psiquiátrico de Sinaloa  
atiende a una población diversa, proveniente tanto de zonas urbanas de Culiacán como de  
comunidades rurales y marginadas, donde el acceso a la atención psiquiátrica y psicológica es  
limitado.  
Esta realidad demanda un enfoque más humano, inclusivo y participativo, en el que el trabajador social  
desempeña un papel clave en la detección de problemáticas sociales, la prevención de recaídas y la  
creación de redes de apoyo sostenibles. Al mismo tiempo, la investigación busca resaltar la  
importancia de la formación y actualización profesional en el área del trabajo social, con el fin de  
responder de manera más eficaz a las necesidades cambiantes de las personas con esquizofrenia y  
sus familias.  
La presente investigación se justifica, por tanto, en la urgencia de profundizar en la comprensión  
integral de la esquizofrenia desde una perspectiva local y contextualizada. Estudiar sus causas, su  
impacto en el entorno familiar y social, y el rol del trabajador social en el Hospital Psiquiátrico de  
Sinaloa permitirá generar conocimiento útil para la mejora de las políticas públicas en salud mental, la  
sensibilización de la comunidad y la optimización de las prácticas profesionales. Además, permitirá  
visibilizar la importancia de abordar la esquizofrenia no solo como una condición médica, sino como  
un fenómeno social que requiere la participación activa de diversos actores, entre ellos, las familias,  
las instituciones y los profesionales del trabajo social.  
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METODOLOGÍA  
La presente investigación se desarrolló bajo un enfoque cualitativo que permitió obtener información  
detallada a partir de las experiencias, opiniones y percepciones de los participantes, favoreciendo una  
comprensión más profunda de la problemática estudiada debido a que busca comprender las causas  
de la esquizofrenia, la influencia del entorno familiar y social en la evolución de los pacientes, así como  
las funciones que desempeña el trabajador social en la atención integral dentro del Hospital  
Psiquiátrico de Sinaloa.  
Este trabajo tiene alcance descriptivo en un diseño de investigación no experimental donde no hubo  
manipulación de variables y cuyos participantes contribuyeron a un estudio básico, formando parte de  
la muestra dos pacientes diagnosticados con esquizofrenia, un doctor psiquiatra y dos trabajadores  
sociales que participaron en las entrevistas realizadas dentro del hospital psiquiátrico de Sinaloa.  
Como criterio de selección se consideró ser pacientes diagnosticados con la mencionada enfermedad  
y que recibían atención en el mencionado lugar. Asimismo, se eligió un doctor psiquiatra y trabajadores  
sociales que laboraban directamente con pacientes con el padecimiento en cuestión y que aceptaron  
participar en la indagación.  
Se aplicó la entrevista semiestructurada, apoyándose con la guía de preguntas, cuaderno de notas y  
grabadora de audio para garantizar la precisión y fidelidad de la información recabada. Además, se  
formularon preguntas complementarias cuando fue necesario profundizar en determinados aspectos  
o aclarar información relevante. Cabe mencionar que se contó con la autorización y el consentimiento  
de los participantes bajo principios éticos fundamentales orientados a proteger la dignidad, integridad  
y derechos de los mismos, especialmente considerando que la población bajo estudio se conforma por  
personas con trastornos mentales. Se estipula el consentimiento informado como un requisito  
indispensable para la participación. Antes de la aplicación de entrevistas, se explicó a los participantes  
la finalidad de la investigación, garantizando su derecho a aceptar o no, sin repercusiones.  
Se realizó el análisis de contenido de la información recabada.  
DESARROLLO  
En los estudios previos citaremos a Lederbogen et al. (2011) con la investigación titulada Urban living  
and Urban Upbringing Affect Neural Social Stress Processing Humans. La vida en la ciudad y la crianza  
urbana afectan el procesamiento neuronal del estrés social en los seres humanos. Cuyo objetivo fue  
analizar cómo la vida urbana influye en el procesamiento cerebral del estrés social. La metodología  
implementada de estudio experimental con neuroimagen funcional a una población de adultos sanos,  
comparando personas criadas en zonas rurales vs. Urbanas. Los instrumentos utilizados, Resonancia  
magnética funcional (FMRI) durante tareas de estrés social. Resultados obtenidos, mayor activación  
de la amígdala y corteza cingulada en personas que viven o crecieron en ciudades grandes, asociadas  
a mayor vulnerabilidad al estrés.  
López-Murillo et al. (2026) exploran los procesos de intervención del Trabajo Social en la salud mental  
de usuarios y usuarias. Trabajaron con método cualitativo, exploratorio, descriptivo, no probabilístico,  
muestreo intencional y bola de nieve, entrevistas por formulario Google a profesionales en Trabajo  
social con años de experiencia con el fin de presenciar los cambios, en diversas instituciones:  
Secretaría de Salud [SSA], el Instituto Mexicano del Seguro Social [IMSS]. Como resultados destacan  
la importancia y necesidad de capacitación y actualización del quehacer de Trabajo Social en la salud  
mental de los pacientes.  
Urzúa-Álvarez et al. (2022). Realizan Estudio de neuroimagen estructural en esquizofrenia para  
examinar cambios estructurales cerebrales asociados a esta enfermedad. La metodología empleada  
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es Meta-análisis y estudios de resonancia magnética estructural a pacientes con diagnóstico de  
esquizofrenia comparados con controles sociales. Utilizaron resonancia magnética estructural (MRI)  
y análisis volumétrico cerebral. Reportan como resultado reducción en hipocampo, corteza prefrontal  
y lóbulos temporales; aplicación ventricular; alteraciones en conectividad.  
Problema de Investigación  
La esquizofrenia es uno de los trastornos mentales más complejos, enigmáticos y estigmatizados en  
la historia de la humanidad. Desde el punto de vista clínico, se trata de una alteración psicótica crónica  
que afecta la manera en que una persona interpreta la realidad, altera sus pensamientos, emociones y  
comportamientos, y afecta gravemente su capacidad para desenvolverse en la vida cotidiana. Las  
personas que padecen esquizofrenia suelen experimentar alucinaciones, delirios, lenguaje  
desorganizado, alteraciones cognitivas y una disminución significativa en sus habilidades sociales y  
laborales. Este trastorno, que generalmente se manifiesta en la adolescencia o en la adultez temprana,  
implica no solo un reto médico, sino también un profundo desafío social, cultural y familiar.  
En el contexto mexicano, los problemas de salud mental han adquirido una relevancia creciente en las  
últimas décadas, especialmente debido al aumento de diagnósticos, la visibilización de los trastornos  
y la presión que enfrentan los sistemas públicos de atención psiquiátrica. Sin embargo, pese a los  
avances, persisten deficiencias estructurales en la atención, la cobertura y la educación en torno a las  
enfermedades mentales. Dentro de este panorama, el estado de Sinaloa y particularmente su capital,  
Culiacán, se destacan por presentar una alta demanda de servicios de salud mental, siendo el Hospital  
Psiquiátrico de Sinaloa la institución más importante y especializada en la atención de pacientes con  
esquizofrenia y otros trastornos graves del estado.  
El problema de la esquizofrenia en Culiacán se presenta como una situación de salud pública y social  
que trasciende el ámbito médico. La mayoría de las personas diagnosticadas con este trastorno  
enfrentan una doble lucha: por un lado, la batalla interna contra los síntomas y limitaciones que la  
enfermedad produce; y por otro, la lucha social contra la discriminación, el estigma y la exclusión. En  
muchos casos, el desconocimiento generalizado de la población acerca de lo que implica la  
esquizofrenia lleva a que los pacientes sean tratados con miedo o rechazo. Este estigma no solo  
deteriora su bienestar psicológico, sino que también obstaculiza su rehabilitación, su adherencia al  
tratamiento y su reintegración social.  
La atención a la esquizofrenia en el Hospital Psiquiátrico de Sinaloa refleja las limitaciones  
estructurales de los servicios de salud mental en la región. Si bien el hospital se ha consolidado como  
una institución de referencia estatal y regional, enfrenta múltiples desafíos: insuficiencia de recursos  
económicos, falta de personal especializado, escasa infraestructura y una creciente demanda de  
atención que supera la capacidad instalada. A ello se suma la falta de programas de seguimiento  
comunitario, la escasa articulación entre los servicios hospitalarios y las redes familiares, y la limitada  
participación social en la promoción de la salud mental. Todo esto genera un escenario complejo que  
afecta directamente la calidad de la atención que reciben los pacientes con esquizofrenia.  
Desde una perspectiva social, la esquizofrenia representa un problema multidimensional. En Culiacán,  
las condiciones socioeconómicas y culturales influyen de manera significativa en la aparición y el curso  
de la enfermedad. La pobreza, la marginación, el desempleo, la violencia y la desigualdad social son  
factores que pueden aumentar el estrés psicosocial y, por tanto, actuar como desencadenantes o  
agravantes de los trastornos mentales. A su vez, las familias que conviven con un miembro  
diagnosticado con esquizofrenia suelen experimentar sobrecarga emocional, conflictos  
intrafamiliares, desgaste físico y psicológico, así como dificultades económicas derivadas de la  
atención constante que requiere el paciente.  
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ISSN en línea: 2789-3855, julio, 2026, Volumen VII, Número 4 p 1070.  
El entorno familiar cumple un papel central en la evolución del paciente con esquizofrenia. La literatura  
especializada ha demostrado que las actitudes familiares como la crítica excesiva, la falta de  
comprensión o el rechazo pueden incrementar el riesgo de recaídas y hospitalizaciones. En Culiacán,  
muchas familias carecen de acceso a programas psicoeducativos o terapias familiares que les  
permitan comprender la enfermedad y acompañar adecuadamente a su familiar enfermo. Esto genera  
un círculo vicioso donde el paciente recae con frecuencia, la familia se desgasta y la institución  
hospitalaria se ve saturada, lo que perpetúa el problema de manera estructural.  
El estigma social también constituye un factor de gran peso. En la sociedad sinaloense y  
particularmente en Culiacán, aún prevalece una visión estereotipada del paciente psiquiátrico. A  
menudo, se les percibe como personas peligrosas, incapaces o impredecibles, lo que fomenta la  
exclusión laboral y la marginación comunitaria. Estas percepciones erróneas afectan no solo al  
individuo, sino también a su familia, que muchas veces prefiere ocultar el diagnóstico por miedo a ser  
señalada o discriminada. Este estigma impide que las personas con esquizofrenia busquen ayuda  
tempranamente y limita la efectividad de las intervenciones médicas y sociales.  
El Hospital Psiquiátrico de Sinaloa, como institución de atención especializada, enfrenta el desafío de  
atender un número creciente de pacientes que no solo requieren tratamiento farmacológico, sino  
también acompañamiento psicosocial y programas de reintegración social. Sin embargo, el modelo de  
atención predominante en México, centrado en la hospitalización, no siempre resulta suficiente para  
abordar las necesidades integrales de los pacientes. Muchos de ellos, tras ser dados de alta, carecen  
de seguimiento y de apoyo familiar estructurado, lo que los lleva a recaer y regresar al hospital en un  
ciclo continuo. Este fenómeno pone en evidencia la necesidad de fortalecer los programas de  
intervención comunitaria y de coordinación entre las distintas áreas del sistema de salud.  
En este contexto, la labor del trabajo social dentro del hospital es esencial. El trabajador social cumple  
funciones de enlace entre el paciente, la familia y la institución, y tiene la capacidad de analizar las  
problemáticas sociales que agravan la enfermedad. Su intervención va más allá de la gestión  
administrativa; implica el acompañamiento humano, la orientación familiar, la sensibilización  
comunitaria y la articulación de redes de apoyo. No obstante, los profesionales del trabajo social  
también enfrentan limitaciones, ya que deben atender un alto volumen de casos con pocos recursos y  
con un sistema de salud mental que aún prioriza lo médico sobre lo social.  
La falta de políticas públicas sólidas y sostenibles en materia de salud mental es otro componente del  
problema. En Culiacán, aunque existen esfuerzos institucionales por parte de la Secretaría de Salud y  
el Hospital Psiquiátrico de Sinaloa, las estrategias de prevención, rehabilitación y sensibilización son  
insuficientes para cubrir las necesidades de la población. La mayoría de los programas se concentran  
en la atención clínica, dejando de lado la dimensión social del problema. Esta falta de integralidad  
impide abordar las causas estructurales de la enfermedad y perpetúa las condiciones de exclusión y  
desigualdad.  
El contexto urbano de Culiacán presenta condiciones particulares que inciden en la salud mental de  
sus habitantes. Es una ciudad con un alto índice de violencia, consumo de drogas, desigualdad social  
y estrés cotidiano, factores que, combinados, pueden actuar como detonantes de trastornos mentales.  
Además, las condiciones de pobreza en ciertos sectores limitan el acceso a la atención médica  
especializada, obligando a muchas familias a depender únicamente de los servicios públicos  
saturados del Hospital Psiquiátrico de Sinaloa. Esta situación genera una concentración de pacientes  
y un desgaste institucional que impide ofrecer una atención personalizada y sostenida a cada caso.  
La esquizofrenia, en este contexto, no puede entenderse únicamente como una enfermedad biológica,  
sino como un fenómeno que refleja las fallas estructurales del sistema social. El trabajo social, en su  
enfoque teórico y práctico, considera que la salud mental está estrechamente ligada a las condiciones  
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de vida, al acceso a oportunidades y al tejido comunitario. Por ello, comprender la esquizofrenia en  
Culiacán implica analizar las desigualdades sociales, los factores culturales y las redes familiares que  
inciden en el bienestar o el deterioro del paciente. Este enfoque integral permite visualizar que la  
intervención no debe limitarse al hospital, sino extenderse a la comunidad, la familia y las instituciones  
educativas y laborales.  
Por otra parte, el Hospital Psiquiátrico de Sinaloa enfrenta la necesidad de actualizar su modelo de  
atención, orientándose hacia un enfoque más humanista e interdisciplinario. Esto implica fortalecer la  
participación de psicólogos, psiquiatras, enfermeros y trabajadores sociales, y fomentar una visión  
centrada en la recuperación y la inclusión social del paciente. Los modelos de atención comunitaria y  
de salud mental con base en derechos humanos ofrecen alternativas viables para transformar la  
atención psiquiátrica tradicional en una más participativa y respetuosa de la dignidad de las personas  
con esquizofrenia.  
Desde el punto de vista del trabajo social, el problema radica también en la falta de sensibilización y  
capacitación de la sociedad. En Culiacán, aún existe un desconocimiento profundo sobre qué es la  
esquizofrenia, cómo se manifiesta y cómo se debe tratar a las personas que la padecen. El trabajador  
social tiene la responsabilidad de fomentar la educación comunitaria, promover el respeto hacia los  
pacientes y colaborar en la creación de políticas públicas que garanticen la atención integral. El reto  
consiste en lograr que la esquizofrenia sea vista no como un estigma, sino como una condición de  
salud que requiere comprensión, apoyo y acompañamiento.  
Finalmente, la descripción del problema de la esquizofrenia en Culiacán revela una situación compleja  
en la que convergen factores biológicos, psicológicos y sociales. Las limitaciones institucionales, el  
estigma social, la falta de recursos y la sobrecarga familiar constituyen barreras significativas para la  
recuperación de los pacientes. El Hospital Psiquiátrico de Sinaloa, como principal institución de  
atención mental en la región, juega un papel fundamental, pero requiere apoyo estructural y políticas  
que fortalezcan su capacidad de respuesta. Comprender esta realidad desde el enfoque del trabajo  
social es fundamental para desarrollar estrategias de intervención más efectivas, que integren la  
dimensión humana, social y comunitaria en el tratamiento de la esquizofrenia.  
La selección de estas tres preguntas obedece al interés que suscita comprender la esquizofrenia desde  
una perspectiva amplia y multidimensional. En primer lugar, resulta pertinente indagar en las causas  
que pueden originar este trastorno, dado que su complejidad implica la interacción de diversos factores  
biológicos, psicológicos y sociales. Asimismo, el análisis de la influencia que ejerce la esquizofrenia  
en el entorno familiar y social permite reconocer la relevancia del apoyo y las dinámicas relacionadas  
en la evolución del paciente. Finalmente, examinar el papel del trabajador social en la atención integral  
dentro de los servicios de salud mental contribuye a destacar la importancia de una intervención  
profesional que articule recursos, brinde acompañamiento y favorezca la inclusión social.  
Objetivos  
Identificar las causas que provocan el desarrollo de la esquizofrenia.  
Indagar cómo influye el entorno familiar y social en la evolución de un paciente con  
esquizofrenia  
Analizar las funciones que realiza el trabajador social en la atención integral de personas con  
esquizofrenia dentro de los servicios de salud mental.  
Preguntas de Investigación  
¿Cuáles son las causas que provocan la esquizofrenia?  
¿Cómo influye el entorno familiar y social en la evolución de un paciente con esquizofrenia?  
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¿Cuál es el papel del trabajador social en la atención integral de personas con esquizofrenia  
dentro de los servicios de salud mental?  
Para el National Institute of Mental Health, la esquizofrenia es “un trastorno mental grave que altera la  
forma en que una persona piensa, siente y se comporta, produciendo con frecuencia una pérdida del  
contacto con la realidad” (National Institute of Mental Health, 2024). Esta definición resalta dos  
componentes esenciales: la severidad del trastorno y la ruptura con la realidad. La pérdida del contacto  
con la realidad constituye uno de los núcleos conceptuales más característicos de la esquizofrenia,  
estrechamente ligado a la presencia de alucinaciones y delirios. De manera complementaria, Myers  
describe la esquizofrenia como “un trastorno marcado por pensamientos desorganizados,  
percepciones distorsionadas, emociones inapropiadas y comportamientos erráticos, donde el  
individuo pierde contacto con la realidad” (Myers, 2014). Esta definición enfatiza la interacción entre  
los síntomas psicóticos y la desorganización conductual, ambos elementos centrales en la  
manifestación clínica del trastorno. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud conceptualiza la  
esquizofrenia como “un trastorno mental severo caracterizado por distorsiones en el pensamiento, en  
las percepciones, en las emociones, en el lenguaje, en la conciencia del sí mismo y en el  
comportamiento” (World Health Organization, 2023). Con ello, amplía el espectro de procesos  
afectados y evidencia que la esquizofrenia no se limita a alteraciones perceptuales o cognitivas, sino  
que constituye una condición que compromete de forma integral la vida psíquica, emocional y social  
del individuo.  
En el estado de Sinaloa, la atención a la esquizofrenia ha seguido una evolución similar a la del resto  
del país. La mayoría de los casos se concentran en la ciudad de Culiacán, donde se ubican las  
principales instituciones especializadas en salud mental. El Hospital Psiquiátrico de Sinaloa ha sido  
por décadas el principal centro encargado de atender a personas con esquizofrenia y otros trastornos  
mentales graves. De acuerdo con registros de la Secretaría de Salud estatal, entre 2016 y 2018 se  
reportaron más de 700 casos de esquizofrenia en Sinaloa, de los cuales Culiacán concentró la mayoría.  
La población más afectada por este trastorno se encuentra entre los 20 y 40 años de edad, lo que  
implica un reto social y económico, ya que muchas de estas personas están en una etapa productiva  
de la vida. En los últimos años, el gobierno estatal ha invertido en infraestructura y programas para  
mejorar la atención psiquiátrica. Se inauguró la ampliación del Hospital Psiquiátrico de Sinaloa y se  
creó la Unidad de Paidopsiquiatría, especializada en la atención de niños y adolescentes con trastornos  
mentales. Estas acciones reflejan el reconocimiento de la salud mental como una prioridad dentro del  
sistema de salud del estado. A pesar de los avances, en Culiacán y en el resto de Sinaloa persisten  
desafíos importantes. El principal problema sigue siendo el estigma social que enfrentan las personas  
con esquizofrenia. Muchas veces son víctimas de discriminación, exclusión laboral y falta de apoyo  
familiar. Además, el número de psiquiatras y psicólogos especializados sigue siendo bajo en  
comparación con la demanda existente. También existe una carencia de programas de rehabilitación  
social que ayuden a los pacientes a reintegrarse plenamente a su comunidad.  
Actualmente, en Culiacán se han impulsado campañas de sensibilización sobre la importancia de la  
salud mental. Instituciones educativas, hospitales y organizaciones civiles han comenzado a participar  
en actividades que buscan promover la empatía y el conocimiento sobre los trastornos mentales, con  
el objetivo de construir una sociedad más comprensiva y menos estigmatizadora. Los antecedentes  
de la esquizofrenia en esta región muestran que, aunque el camino ha sido largo y difícil, el progreso  
hacia una atención más humana y científica continúa.  
(Hany y Rizvi, 2024) señalan que la esquizofrenia no obedece a un único gen, sino que es un trastorno  
poligénico y multifactorial. Schmitt et al. (2023) proponen que los factores genéticos actúan  
principalmente modulando la vulnerabilidad del neurodesarrollo. Es decir, la predisposición genética  
por sí sola no es suficiente para desencadenar la esquizofrenia, pero establece una base sobre la cual  
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agentes ambientales pueden influir de manera más significativa. Esta interacción se conoce como  
modelo de vulnerabilidad-estrés, donde la genética otorga una predisposición y los acontecimientos  
ambientales funcionan como desencadenantes. Schmitt et al. (2023) plantean que las alteraciones  
estructurales y de conectividad son resultado de la interacción entre factores genéticos y ambientales  
tempranos. Un enfoque más sólido fue desarrollado por Bateson et al. (1956) con la teoría del doble  
vínculo. Estos autores plantearon que una comunicación familiar caracterizada por mensajes  
contradictorios y emocionalmente confusos por ejemplo, recibir expresiones afectivas verbales  
acompañadas de rechazo no verbalpuede generar en el individuo dificultades para interpretar la  
realidad, desarrollar pensamiento lógico y regular sus emociones. Según Bateson et al. (1956), cuando  
esta dinámica ocurre de forma crónica en la infancia, puede contribuir a la aparición de patrones  
cognitivos desorganizados que, en combinación con otras vulnerabilidades, incrementan el riesgo de  
psicosis.  
Posteriormente, los estudios sobre el clima emocional familiar ofrecieron un aporte decisivo. Brown  
(1959) introdujo el concepto de expresión emocional alta (EEA), refiriéndose a hogares donde  
predominan la crítica excesiva, la hostilidad y la sobreimplicación emocional hacia el paciente. A través  
de investigaciones longitudinales, Brown (1959) demostró que las personas con esquizofrenia que  
regresan a hogares con alta EEA presentan tasas significativamente más altas de recaídas que  
aquellas que viven en entornos familiares con niveles bajos de crítica y hostilidad. Este hallazgo se ha  
mantenido en múltiples estudios posteriores, convirtiéndose en una de las evidencias más robustas de  
la influencia del entorno familiar en el curso del trastorno.  
La psicología cognitiva también ha aportado explicaciones relevantes. Según Bentall (2003), la forma  
en que los familiares interpretan y responden a los síntomas del paciente influye directamente en su  
bienestar emocional.  
Desde una perspectiva más integradora, el modelo de vulnerabilidad-estrés de Zubin y Spring (1977)  
señala que la esquizofrenia surge cuando una predisposición biológica interactúa con factores  
estresantes del entorno, entre ellos la dinámica familiar.  
Uno de los factores sociales más estudiados es el lugar de residencia. (Faris y Dunham, 1939), en uno  
de los análisis sociológicos clásicos, demostraron que la esquizofrenia aparecía con mayor frecuencia  
en barrios urbanos deteriorados caracterizados por pobreza, desorganización social, aislamiento y  
movilidad residencial elevada. Según estos autores, los entornos urbanos socialmente  
desestructurados incrementan el estrés, reducen las redes de apoyo y debilitan la cohesión  
comunitaria, lo que puede contribuir a la vulnerabilidad psicosocial. Los hallazgos de Faris y Dunham  
establecieron una de las primeras conexiones directas entre el contexto social y la incidencia del  
trastorno.  
Con el tiempo, la investigación confirmó estos resultados y los amplió. Estudios más recientes indican  
que vivir en áreas urbanas densamente pobladas aumenta el riesgo de desarrollar esquizofrenia. Varios  
autores explican este fenómeno a través de la teoría del estrés urbano. Según Lederbogen et al. (2011),  
la vida en ciudades grandes incrementa la exposición a estímulos sociales estresantes, reduce la  
sensación de control y aumenta la activación de áreas cerebrales relacionadas con el estrés social.  
Estos procesos pueden actuar como desencadenantes en personas con vulnerabilidad genética,  
favoreciendo la aparición de síntomas psicóticos.  
Según (Norman y Malla, 1993), las personas con esquizofrenia que cuentan con redes de apoyo sólidas  
familia, amigos o comunidadmuestran mejor evolución clínica, menor riesgo de recaídas y mayor  
adherencia al tratamiento. Por el contrario, el aislamiento social y la falta de apoyo pueden incrementar  
la angustia emocional, intensificar los síntomas y dificultar la recuperación.  
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La discriminación y la exclusión social también influyen en la vulnerabilidad a la esquizofrenia.  
Investigaciones recientes han señalado que las minorías étnicas o inmigrantes que experimentan  
discriminación sistemática presentan un mayor riesgo de desarrollar psicosis. (Selten y Cantor-Graae,  
2005) explican que la experiencia prolongada de exclusión social, prejuicio y estrés por minoría  
incrementa la hipervigilancia, la ansiedad social y la reactividad emocional, factores que pueden  
contribuir a la aparición de síntomas paranoides y al riesgo de psicosis. Este fenómeno se ha  
observado especialmente en inmigrantes de primera y segunda generación que enfrentan desventajas  
sociales prolongadas.  
El nivel socioeconómico también es un factor clave en la influencia del entorno social. Según Häfner  
(2003), los contextos marcados por pobreza, inestabilidad laboral y acceso limitado a recursos  
sanitarios incrementan el riesgo de desarrollar esquizofrenia o agravar sus síntomas.  
El trabajador social cumple una función esencial en la orientación y psicoeducación a las familias,  
quienes son actores fundamentales en la recuperación del paciente. La psicoeducación reduce la  
emoción expresada, mejora la comunicación familiar y disminuye significativamente las recaídas  
(McFarlane, 2016).  
RESULTADOS  
Aunque no se debe generalizar por las características propias de este estudio ya que no es  
representativo de la población, sí es importante enfatizar la coincidencia de ambos pacientes  
entrevistados sobre lo que desencadenó el padecimiento.  
El paciente 1 expresó  
Atravesé diversas situaciones emocionalmente difíciles antes de la aparición de los primeros síntomas,  
entre ellas conflictos familiares, preocupaciones constantes y períodos de estrés que afectaron  
significativamente mi bienestar emocional.  
El estrés, los problemas familiares y algunas experiencias difíciles vividas en mi contexto social pudieron  
haber influido negativamente en mi salud mental y favorecer la manifestación de los síntomas.  
La paciente 2 entrevistada relató  
Antes de presentar los primeros síntomas atravesé por una etapa difícil relacionada con problemas de  
pareja y preocupaciones económicas, las cuales afectaron considerablemente mi estado emocional.  
Considero que el estrés constante que viví en ese momento pudo haber influido en empeorar mi salud  
mental. Me sentía agotada emocionalmente y con muchas responsabilidades que no sabía cómo  
enfrentar.  
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Figura 1  
Causas de la esquizofrenia  
Fuente: elaboración propia.  
Los entrevistados coinciden en que las causas de la esquizofrenia son genéticas, hereditarias,  
biológicas, psicológicas y sociales. Se enfatiza sobre factores detonantes como eventos adversos,  
preocupaciones económicas, traumas, estrés prolongado, ansiedad constante, acoso y ambientes  
laborales hostiles.  
Figura 2  
Síntomas de la esquizofrenia  
Fuente: elaboración propia.  
Respecto de los síntomas de la esquizofrenia manifiestan temor, inseguridad, conductas agresivas,  
ideación suicida, desconfianza excesiva, depresión, aislamiento social, ideas delirantes, alucinaciones  
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visuales y auditivas, risas sin un estímulo externo aparente, ambivalencia afectiva, soliloquio,  
percepción distorsionada de la realidad, afecto aplanado y tienen creencias distorsionadas.  
Figura 3  
Influencia familiar positiva en la evolución de los pacientes  
Fuente. Elaboración propia  
Al hablar de influencia familiar positiva se menciona que el entorno adecuado favorece la evolución del  
paciente en tratamiento logrando mejores resultados, la familia se debe concientizar sobre la  
permanencia de la atención, este entorno cercano es el que detecta las señales de alerta, percibe  
cambios y problemas asociados al trastorno, brinda apoyo emocional en momentos difíciles, así como  
comprensión, fortalece los vínculos afectivos, acompaña y es parte fundamental en la recuperación.  
Figura 4  
Influencia familiar negativa en la evolución de los pacientes  
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Fuente: elaboración propia.  
Cabe destacar que la influencia familiar también puede ser negativa, la cual se caracteriza por violencia  
y conflictos que favorecen la aparición de la esquizofrenia, la desarmonía y el estrés agravan los  
síntomas del padecimiento, se les dificulta aceptar y atender al enfermo; las relaciones interpersonales  
inestables perjudican.  
Figura 5  
Influencia del entorno social  
Fuente: elaboración propia.  
La influencia del entorno social se caracteriza por relaciones inestables que agudizan los síntomas,  
favorecen las recaídas, viven la discriminación, así como el rechazo desde el diagnóstico, manifiestan  
los prejuicios sobre los trastornos mentales, quienes tienen empleo pasan por dificultades para  
conservarlo, presentan inadecuado desempeño laboral y aislamiento. El paciente teme ser juzgado por  
la sociedad.  
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Figura 6  
El papel del trabajador social en la atención integral de personas con esquizofrenia dentro de los servicios  
de salud mental  
Fuente: elaboración propia.  
Trabajo social orienta y acompaña a través de la psicoeducación, recomienda terapia familiar,  
promueve compartir la información con el entorno más cercano al paciente, así como el apego al  
tratamiento médico concientizando sobre los riesgos asociados al abandono del mismo, aborda el  
tema “Regreso a casa” para reintegrar al enfermo, fomenta la autonomía del paciente, sugiere evitar la  
sobreprotección, facilita el acceso a los servicios institucionales, favorece la inclusión social, busca  
reducir los prejuicios, otorga recomendaciones de convivencia y hace un reconocimiento temprano de  
los síntomas.  
El Médico Psiquiatra entrevistado enfatizó  
La esquizofrenia debe entenderse desde un modelo biopsicosocial, en el cual interactúan factores  
biológicos, psicológicos y sociales. Aunque el componente genético tiene un papel predominante, los  
factores sociales pueden actuar como desencadenantes de la enfermedad o favorecer recaídas y  
agudizaciones de los síntomas en pacientes previamente diagnosticados. Por ello, consideró  
fundamental abordar el trastorno desde una perspectiva integral que contemple todos los elementos  
involucrados en la salud mental del individuo.  
DISCUSIÓN  
A pesar del paso del tiempo, los humanos no son conscientes y orientados sobre el comportamiento  
que deben mantener al atender y convivir con un paciente esquizofrénico, tienen actitudes como las  
mencionadas en la teoría del doble vínculo Bateson et al. (1956) donde el familiar dice una cosa pero  
realiza otra totalmente contraria y eso no favorece a individuos con este padecimiento. Es decir,  
pueden mencionarte que te apoyan, te comprenden, pero en el hecho no lo realizan. Esta investigación  
revela como la discriminación, exclusión, falta de atención e incluso la propia ignorancia y el  
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desconocimiento lleva a las personas a tener esas actitudes negativas con quienes sufren la  
enfermedad.  
Los hallazgos de Brown (1959) sobre la influencia del entorno familiar en el curso del trastorno  
mencionado, siguen vigentes, comparando lo encontrado en el estudio y la teoría mencionada por este  
autor. Así mismo, el modelo de vulnerabilidad-estrés de Zubin y Spring (1977) aquí se reafirma porque  
los pacientes expresan como su estado vulnerable se agravó con la presencia del estrés familiar y  
social. Es conveniente mencionar que a pesar del paso de los años se lidian con situaciones similares.  
Las limitaciones de este estudio son evidentes, no se puede generalizar lo encontrado dada la pequeña  
muestra estudiada, además el abordaje cualitativo bajo la subjetividad de los individuos entrevistados,  
toma lo que expresan tal y como ellos lo viven y perciben.  
Como futuras líneas de investigación se sugiere buscar información sobre los programas de  
reintegración social, la difusión de los cuidados y detonantes, así como la importancia del equilibrio  
emocional y la salud mental, para conservar y mejorar la calidad de vida del paciente y de la sociedad  
en general. También es conveniente indagar el grado de concientización de la población sobre la  
esquizofrenia para atenderse a tiempo, evitar el rechazo, eliminar los prejuicios y favorecer la inclusión.  
Como áreas de oportunidad es importante socializar los detonantes de la esquizofrenia para que las  
personas se apropien de un estilo de vida equilibrado e integren la inteligencia emocional en la vida  
cotidiana, realizando ejercicios de autosanación para sobrellevar las dinámicas estresantes que son  
parte de la vida diaria en sociedad.  
CONCLUSIÓN  
La presente investigación permitió realizar un análisis exhaustivo de la esquizofrenia desde una  
perspectiva integral, reconociéndola como un trastorno complejo cuya comprensión exige la  
articulación de enfoques biológicos, psicológicos y sociales. Los hallazgos obtenidos evidencian que  
este padecimiento no puede ser interpretado como el resultado de un único factor, sino como la  
manifestación de múltiples elementos que interactúan entre sí y configuran su origen, evolución y  
pronóstico. Dicho enfoque multidimensional resulta indispensable para superar explicaciones  
reduccionistas y para consolidar estrategias de intervención basadas en el conocimiento científico, la  
atención humanizada y el respeto a los derechos de las personas afectadas.  
En primer término, el estudio de los factores etiológicos permitió constatar que la esquizofrenia  
presenta una base neurobiológica relevante, sustentada en predisposiciones genéticas, alteraciones  
en el funcionamiento cerebral y desequilibrios neuroquímicos. No obstante, estos elementos no  
determinan por sí mismos la aparición del trastorno, sino que se ven modulados por experiencias de  
vida, condiciones ambientales y eventos estresantes que pueden actuar como desencadenantes en  
sujetos vulnerables. El modelo de vulnerabilidad-estrés, ampliamente reconocido en la literatura  
especializada, se mostró pertinente para explicar esta interacción, al proponer que la predisposición  
biológica se materializa clínicamente cuando el individuo enfrenta situaciones de sobrecarga  
emocional, dificultades sociales o contextos adversos. Esta perspectiva permitió comprender que la  
etiología de la esquizofrenia integra tanto variables internas como externas y que su abordaje requiere  
considerar la complejidad del desarrollo humano y las múltiples dimensiones que lo conforman.  
En relación con el entorno familiar y social, la investigación evidenció su papel determinante en la  
evolución del paciente. Se observó que la calidad del ambiente familiar, la comunicación entre sus  
integrantes, la estabilidad emocional del hogar y la disponibilidad de redes de apoyo influyen  
significativamente en el curso clínico del trastorno. Entornos caracterizados por crítica excesiva,  
hostilidad o sobre implicación emocional incrementan de manera considerable la probabilidad de  
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recaídas, complican el tratamiento y dificultan la adaptación del paciente. Por el contrario, los hogares  
que ofrecen comprensión, acompañamiento, información y límites saludables contribuyen a disminuir  
el estrés emocional, fortalecen la adherencia terapéutica y favorecen una evolución más estable. Estos  
hallazgos confirman que la familia constituye un factor protector fundamental cuando cuenta con  
orientación profesional adecuada y recursos suficientes para afrontar las exigencias del cuidado.  
Por otra parte, se constató que el contexto social en el que vive el paciente también incide en su calidad  
de vida y en la efectividad del tratamiento. Aspectos como la pobreza, el desempleo, la violencia, la  
marginación, el consumo de sustancias y el estigma asociado a los trastornos mentales son factores  
que pueden agravar los síntomas y limitar las oportunidades de integración social. En particular, el  
estigma continúa siendo uno de los principales obstáculos para la atención de la esquizofrenia, pues  
genera discriminación, aislamiento y exclusión en los distintos ámbitos de la vida cotidiana. Este  
fenómeno subraya la necesidad de promover políticas públicas orientadas a la sensibilización social,  
al fortalecimiento de la educación comunitaria y a la construcción de entornos incluyentes que  
favorezcan el respeto, la empatía y la comprensión hacia las personas con trastornos mentales.  
En este marco, el análisis del rol del trabajador social permitió reconocer la relevancia de su  
intervención dentro del Hospital Psiquiátrico de Sinaloa. Su labor constituye un componente esencial  
para garantizar la atención integral del paciente, trascendiendo el ámbito clínico y abarcando las  
dimensiones familiares, comunitarias y sociales. El trabajador social actúa como mediador entre el  
paciente, la institución y la familia; identifica necesidades socioeconómicas; gestiona apoyos; facilita  
el acceso a programas y servicios; fortalece redes de apoyo que contribuyen a la estabilidad y bienestar  
del individuo. Asimismo, desarrolla procesos de psicoeducación dirigidos a las familias, orientándolas  
en el manejo del trastorno, en la comprensión de los síntomas y en la importancia del acompañamiento  
adecuado, lo cual incide directamente en la disminución de recaídas y en una mejor calidad de vida  
para el paciente. De igual manera, su labor en la promoción de la inclusión social, la defensa de  
derechos y la reducción del estigma resulta fundamental para favorecer la reintegración del paciente  
en distintos ámbitos de la vida. Las acciones del trabajador social no solo fortalecen la autonomía del  
usuario, sino que también contribuyen a transformar los entornos comunitarios, sensibilizando a la  
sociedad sobre la importancia de la salud mental y promoviendo una cultura de respeto y dignidad  
hacia quienes padecen esquizofrenia.  
Finalmente, se concluye que la atención de la esquizofrenia exige un enfoque interdisciplinario que  
considere la complejidad del trastorno y las múltiples dimensiones implicadas en su tratamiento. La  
participación coordinada de profesionales de la salud, trabajadores sociales, familias, instituciones y  
comunidades resulta indispensable para garantizar una atención eficiente y humanizada. Esta  
investigación reafirma la necesidad de continuar fortaleciendo los servicios de salud mental, ampliar  
la cobertura institucional, promover políticas públicas integrales y fomentar la sensibilización social  
como elementos clave para mejorar la calidad de vida de las personas que viven con esquizofrenia.  
Solo mediante una visión integral y humanista será posible avanzar hacia modelos de atención más  
efectivos, inclusivos y orientados al pleno reconocimiento de los derechos y la dignidad de los  
pacientes.  
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