DOI: https://doi.org/
10.56712/latam.v7i4.6423

El impacto del consumo de drogas en la salud mental de
adolescentes de 12 a 17 años

The impact of drug use on the mental health of adolescents aged 12 to 17

Kimberly Sarahi Arredondo Beltrán

Karredondo655@gmail.com

https://orcid.org/0009-0008-3902-3273

Universidad Autónoma de Sinaloa

Culiacán, Sinaloa – México

Adilene Ortiz León

ortizleonadilene@gmail.com

https://orcid.org/0009-0006-4973-6432

Universidad Autónoma de Sinaloa

Culiacán, Sinaloa – México

Alexa Marilin Martínez Angulo

Angulomarilin0@gmail.com

https://orcid.org/0009-0006-1731-7436

Universidad Autónoma de Sinaloa

Culiacán, Sinaloa – México

Alondra Cazárez Ayón

Ynaffit2311@gmail.com

https://orcid.org/0009-0001-1161-779X

Universidad Autónoma de Sinaloa

Culiacán, Sinaloa – México

Luz Flérida Félix

luzflerida@gmail.com

https://orcid.org/0000-0001-8317-7255

Universidad Autónoma de Sinaloa

Culiacán, Sinaloa – México

Artículo recibido: 03 de abril de 2026. Aceptado para publicación: 03 de septiembre de 2026.

Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.

Resumen

El consumo de drogas en adolescentes se ha convertido en una problemática que afecta la salud
mental
y
el
bienestar
integral
de
los
jóvenes,
generando
consecuencias
emocionales,
familiares,
escolares y sociales. Esta situación motivó la realización de una investigación cualitativa de alcance
descriptivo
mediante
la
aplicación
presencial
de
un
cuestionario
de
25
preguntas
abiertas
a
10
adolescentes
de
12
a
17
años
que
asisten
al
Centro
Comunitario
de
Salud
Mental
y
Adicciones
(CECOSAMA) en Culiacán, Sinaloa, durante el período comprendido entre marzo y mayo de 2026, con
el propósito de identificar el impacto del consumo de drogas en la salud mental de esta población.
Los resultados indican que los principales factores asociados al consumo son la influencia de los
amigos,
la
curiosidad,
los
conflictos
familiares,
la
falta
de
supervisión
parental
y
la
búsqueda
de
aceptación
social.
Asimismo,
los
participantes
señalaron
consecuencias
físicas
como
mareos,
cansancio
y
problemas
respiratorios,
además
de
afectaciones
emocionales
relacionadas
con
ansiedad, estrés, depresión, cambios de humor y dificultades para controlar las emociones. También
se identificaron repercusiones en el rendimiento académico, las relaciones familiares y la convivencia

LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2026, Volumen VII, Número 4 p 2683.

social. Finalmente, los adolescentes reconocieron la importancia del apoyo familiar, la orientación
profesional y las actividades preventivas como elementos fundamentales para disminuir el consumo
de sustancias y promover el bienestar emocional.

Palabras clave:
consumo de drogas, salud mental, adolescentes

Abstract

Adolescent drug use has become an issue affecting the mental health and overall well
-
being of young
people, leading to emotional, familial, academic, and social consequences. This situation prompted a
descriptive qualitative study involving the in
-
person a
dministration of a 25
-
question open
-
ended survey
to 10 adolescents (aged 12 to 17) attending the Community Center for Mental Health and Addictions
(CECOSAMA) in Culiacán, Sinaloa, between March and May 2026, with the aim of identifying the impact
of drug u
se on this population's mental health. The results indicate that the primary factors associated
with drug use are peer influence, curiosity, family conflict, a lack of parental supervision, and the desire
for social acceptance. Participants also reported p
hysical consequences such as dizziness, fatigue,
and
respiratory
problems
as
well
as
emotional
issues
including
anxiety,
stress,
depression,
mood
swings, and difficulty regulating emotions. Impacts on academic performance, family relationships,
and social
interactions were also identified. Finally, the adolescents acknowledged the importance of
family support, professional guidance, and preventive activities as fundamental elements for reducing
substance use and promoting emotional well
-
being.

Keywords:
drug use, mental health, adolescents

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Cómo citar: Arredondo Beltrán, K. S., Ortiz León, A., Martínez Angulo, A. M., Cazárez Ayón, A., & Félix,
L. F. (2026). El impacto del consumo de drogas en la salud mental de adolescentes de 12 a 17 años.
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 7 (4), 2683 – 2699.
https://doi.org/10.56712/latam.v7i4.6423

LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2026, Volumen VII, Número 4 p 2684.

INTRODUCCIÓN

El consumo de drogas durante la adolescencia constituye una de las problemáticas más complejas y
preocupantes en el ámbito de la salud pública en México, particularmente en estados del noroeste
como
Sinaloa.
Esta
etapa
del
desarrollo
se
caracteriza
por
ser
un
período
de
transición
biológica,
psicológica
y
social,
en
el
que
los
jóvenes
experimentan
cambios
hormonales,
emocionales
y
cognitivos que influyen en su comportamiento y toma de decisiones. Debido a estas transformaciones,
los adolescentes son especialmente vulnerables a conductas de riesgo, entre las cuales se incluye el
consumo de sustancias como marihuana, alcohol, inhalantes o metanfetaminas, que pueden tener
repercusiones inmediatas y a largo plazo en su salud física y mental.

El
Centro
Comunitario
de
Salud
Mental
y
Adicciones
(CECOSAMA)
de
Culiacán,
es
una
institución
pública
de
carácter
federal
que
forma
parte
de
la
red
estatal
de
atención
a
la
salud
mental
y
las
adicciones en Sinaloa, atiende gratuitamente a personas de distintos sectores sociales, principalmente
de zonas vulnerables de Culiacán. Es un referente en el estado, atendiendo a personas de diferentes
edades, con énfasis en adolescentes entre 12 y 17 años, quienes son canalizados principalmente por
escuelas,
familias
o
instituciones
públicas.
La
institución
trabaja
bajo
un
enfoque
comunitario,
preventivo
y
humano,
buscando
mejorar
la
salud
mental
y
el
bienestar
emocional
de
la
población
sinaloense. En los últimos años, instituciones como ésta, han registrado un incremento significativo
en la atención de adolescentes de 12 a 17 años, quienes presentan tanto consumo experimental como
habitual de drogas, así como diversas afectaciones asociadas. Estas incluyen problemas emocionales,
como ansiedad, depresión e irritabilidad; dificultades cognitivas, como alteraciones en la atención y el
rendimiento escolar; y conflictos sociales, incluyendo tensiones familiares, aislamiento o conductas
antisociales. La magnitud del problema evidencia la necesidad de comprenderlo desde una perspectiva
integral,
considerando
no
solo
el
consumo
en
sí,
sino
también
los
factores
sociales,
familiares
y
personales que favorecen su inicio y uso regular o habitual de las sustancias.

Asimismo,
es
conveniente
analizar
cómo
los
adolescentes
y
sus
familias
perciben
el
consumo
de
drogas,
ya
que
estas
percepciones
influyen
en
la
disposición
a
buscar
ayuda
profesional
y
en
la
efectividad de las intervenciones. La manera en que los jóvenes interpretan los riesgos asociados al
consumo y cómo los padres o tutores perciben la gravedad de la situación puede determinar si se
recurre a estrategias de prevención, apoyo familiar o atención especializada. Este enfoque permite
identificar oportunidades para fortalecer redes de apoyo y promover entornos que reduzcan los riesgos
asociados al consumo.

El propósito central de esta investigación es analizar el impacto del consumo de drogas en la salud
mental
de
adolescentes
de
12
a
17
años
que
acuden
al
Centro
Comunitario
de
Salud
Mental
y
Adicciones (CECOSAMA) a recibir atención psicológica o psiquiátrica por motivos relacionados con el
consumo de sustancias psicoactivas como marihuana, alcohol, metanfetaminas y otras drogas de uso
común en la región; identificando los factores que influyen en su inicio, así como la percepción que
tienen ellos y sus familias respecto de esta problemática. Además, se busca destacar el papel del
Trabajo
Social
en
la
prevención,
atención
e
intervención
temprana,
enfatizando
la
importancia
de
promover estilos de vida saludables, la educación en habilidades socioemocionales y la construcción
de entornos protectores que favorezcan el bienestar integral de las y los adolescentes.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT, 2017), la
edad promedio de inicio en el consumo de drogas en México es de 13 años y los estados del noroeste,
como Sinaloa, presentan prevalencias más elevadas de consumo en adolescentes, esto demuestra la
necesidad
urgente
de
fortalecer
los
programas
de
prevención
y
atención
dirigidos
a
este
grupo
poblacional.

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ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2026, Volumen VII, Número 4 p 2685.

Citando un estudio realizado en hogares ubicados en zonas urbanas de la República Mexicana con una
muestra
probabilística,
estratificada
y
por
conglomerados
en
varias
etapas
de
muestreo,
donde
la
última unidad de selección fue un individuo en la vivienda, describe el consumo de drogas y los factores
de riesgo en adolescentes de 12 a 17 años. El riesgo de usar drogas se asoció con ser hombre, no
estudiar, considerar fácil conseguir drogas, no ver mal el uso de drogas por parte de los amigos, que
éstos las usaran, usarlas por parte de la familia y estar deprimido. Concluye que el entorno que rodea
a jóvenes de 12 a 17 años indica que el consumo de drogas está cada vez más presente. Los índices
de
consumo
se
han
incrementado,
especialmente
en
la
región
norte
del
país
y
en
las
grandes
metrópolis. Medina-Mora et al. (2003)

Otra investigación similar es la de Muñoz-Rivas y Graña (2001) quienes analizan la influencia y el peso
diferencial
de
determinadas
variables
familiares
en
el
consumo
de
drogas
por
parte
de
los
adolescentes.
Se
utilizó
una
muestra
de
adolescentes
de
ambos
sexos
(54.4%
hombres
y
45.6%
mujeres) de la Comunidad Autónoma de Madrid. Los resultados mostraron que las diversas sustancias
de consumo estudiadas se agrupaban en tres factores denominados: legales, médicas e ilegales. A su
vez, se realizaron varios análisis de regresión por pasos con cada uno de los tres factores y se confirmó
que los principales factores de riesgo familiares para explicar el consumo de drogas legales eran la
ausencia de normas familiares sobre el uso de drogas, los conflictos entre los padres y el adolescente
y
el
consumo
de
alcohol
por
parte
del
padre.
En
sentido
opuesto,
los
factores
de
protección
más
importantes eran acostarse a una hora fija por la noche y tener una buena relación de vínculo con los
padres. También se analizaron los factores de riesgo y de protección para explicar el consumo de
drogas ilegales y médicas. Se considera la importancia de estos datos a la hora de diseñar un programa
de prevención familiar para el consumo de drogas.

Cabe
mencionar
que
la
investigación
denominada
Bienestar
Subjetivo
y
Consumo
de
Drogas
en
Adolescentes Veracruzanos realizada con un diseño metodológico no experimental, transversal y ex
post facto donde se comparan las condiciones de vida y la percepción del bienestar subjetivo en dos
grupos de estudiantes de bachillerato: usuarios de drogas (consumo de alguna sustancia psicoactiva
al menos una vez en la vida) y no usuarios (abstemios). Se aplicó un cuestionario a 394 estudiantes
del estado de Veracruz, México, con edades entre los 14 y los 17 años. Se encontró que el 10.7 %
reconoció haber usado alguna droga y obtener calificaciones promedio significativamente más bajas
en las dimensiones de bienestar subjetivo: menor felicidad y satisfacción ante la vida, menor bienestar
educativo, económico y emocional, baja satisfacción con los dominios de vida y menor satisfacción
con los bienes y servicios públicos, según Cortés et al. (2024).

Referenciando el estudio que nos ocupa, señalamos como objetivo general:

Objetivos específicos

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Pregunta general

Preguntas específicas

METODOLOGÍA

Esta investigación se desarrolló bajo un enfoque cualitativo, ya que tuvo como propósito comprender
las percepciones, experiencias y opiniones de los adolescentes respecto del consumo de drogas y su
impacto en la salud mental. Este enfoque permitió explorar de manera profunda las vivencias de los
participantes,
considerando
aspectos
emocionales,
familiares
y
sociales
relacionados
con
esta
problemática. Asimismo, posibilitó identificar cómo los adolescentes interpretan las consecuencias
del consumo de sustancias y cuál es su percepción sobre el apoyo y la intervención del Trabajo Social
en este contexto. La información obtenida mediante preguntas abiertas permitió conocer la realidad
de
los
participantes
desde
su
propia
perspectiva,
favoreciendo
una
comprensión
más
amplia
del
fenómeno estudiado.

El estudio es descriptivo, debido a que buscó identificar y describir las características del fenómeno
del consumo de drogas y su impacto en la salud mental de adolescentes entre 12 a 17 años que asisten
al Centro Comunitario de Salud Mental y Adicciones (CECOSAMA). Con esta indagación se obtuvo
información sobre los factores de riesgo presentes en el entorno de los participantes, así como las
consecuencias
emocionales,
sociales
y
familiares
asociadas
al
consumo
de
sustancias.
La
investigación
se
enfocó
en
recopilar
información
que
permitiera
comprender
la
percepción
de
los
adolescentes sobre esta problemática y sus efectos en su bienestar emocional y social. Asimismo,
corresponde a un estudio transversal, ya que la información fue recopilada en un único período de
tiempo.

Se
empleó
el
método
descriptivo-analítico,
el
cual
permitió
recopilar,
organizar
e
interpretar
la
información obtenida mediante los instrumentos de investigación. El componente descriptivo facilitó
la identificación de las principales características relacionadas con el consumo de drogas y la salud
mental de los adolescentes, mientras que el componente analítico permitió examinar las respuestas
de los participantes para comprender la influencia de factores familiares, sociales y emocionales en
dicha
problemática.
Esto
favoreció
una
comprensión
más
amplia
del
fenómeno
estudiado
y
de
la
percepción que tienen los adolescentes sobre el papel del Trabajo Social en la atención y prevención
del consumo de sustancias.

La técnica utilizada fue la encuesta y el instrumento empleado para la recolección de información fue
un cuestionario de preguntas abiertas dirigido a adolescentes de 12 a 17 años. El cuestionario estuvo
integrado
por
25
preguntas
relacionadas
con
la
salud
mental,
los
factores
de
riesgo
asociados
al
consumo de drogas, las experiencias personales, el entorno familiar y social, así como la percepción
sobre
la
intervención
del
Trabajo
Social.
La
aplicación
se
realizó
de
manera
presencial
en
las

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ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2026, Volumen VII, Número 4 p 2687.

instalaciones del Centro Comunitario de Salud Mental y Adicciones (CECOSAMA), permitiendo obtener
información
detallada
sobre
las
opiniones
y
experiencias
de
los
participantes
respecto
de
la
problemática
estudiada.
La
información
recopilada
contribuyó
a
comprender
la
realidad
de
los
adolescentes y la manera en que perciben el impacto del consumo de drogas en su salud mental.

La población estuvo conformada por adolescentes de 12 a 17 años que asisten al Centro Comunitario
de Salud Mental y Adicciones (CECOSAMA) durante el período comprendido entre marzo y mayo de
2026.
La
muestra
fue
seleccionada
mediante
un
muestreo
no
probabilístico
de
tipo
intencional,
considerando la participación voluntaria de quienes cumplían con las características establecidas para
la
investigación.
La
muestra
estuvo
integrada
por
10
adolescentes.
Los
criterios
de
selección
incluyeron
pertenecer
a
la
población
objetivo,
encontrarse
dentro
del
rango
de
edad
establecido
y
aceptar participar voluntariamente en el estudio. La unidad de análisis estuvo constituida por cada uno
de
los
adolescentes
participantes,
considerando
sus
percepciones,
experiencias
y
opiniones
relacionadas con el consumo de drogas y su impacto en la salud mental.

El instrumento fue revisado para verificar la claridad, coherencia y comprensión de las preguntas, con
la finalidad de garantizar
que los participantes pudieran responder
adecuadamente y proporcionar
información relevante para el estudio. Este proceso permitió mejorar la calidad del instrumento antes
de su aplicación real.

Durante
el
desarrollo
de
la
investigación
se
respetaron
los
principios
éticos
fundamentales
relacionados con la confidencialidad, el anonimato y la participación voluntaria de los involucrados. Se
contó con la autorización de la institución para llevar a cabo el estudio y se informó a los participantes
sobre los objetivos de la investigación, el uso académico de la información y su derecho a retirarse en
cualquier
momento
si
así
lo
deseaban.
Asimismo,
se
protegió
la
identidad
de
los
participantes
mediante el manejo responsable de los datos obtenidos, garantizando que la información recopilada
fuera utilizada exclusivamente con fines académicos y de investigación.

El trabajo de campo se llevó a cabo durante el período comprendido entre marzo y mayo de 2026 en
las instalaciones del Centro Comunitario de Salud Mental y Adicciones (CECOSAMA). Durante esta
etapa
se
aplicaron
de
manera
presencial
los
cuestionarios
a
los
10
adolescentes
participantes,
siguiendo los criterios éticos y metodológicos establecidos para la investigación. La recopilación de
información permitió conocer las experiencias, opiniones y percepciones de los adolescentes respecto
al consumo de drogas, los factores de riesgo presentes en su entorno familiar, social y emocional, así
como las afectaciones que esta problemática puede generar en la salud mental. Los datos obtenidos
constituyeron la base para el análisis e interpretación de los resultados de la investigación.

DESARROLLO

Conceptos clave

El consumo de sustancias psicoactivas forma parte de una trayectoria histórica compleja en México,
cuya comprensión es indispensable para analizar cómo este fenómeno llega a afectar a adolescentes
en
la
actualidad.
Desde
los
primeros
registros
del
período
prehispánico,
los
pueblos
originarios
emplearon plantas como el peyote, los hongos psilocibios y el ololiuhqui como medios de conexión
espiritual,
herramientas
terapéuticas
o
elementos
rituales
profundamente
integrados
a
su
cosmovisión. Estos usos, lejos de asociarse con problemáticas sociales, se encontraban regulados
mediante normas comunitarias y religiosas que evitaban su consumo indiscriminado (Benítez, 2010).

La
problemática
contemporánea
relacionada
con
el
consumo
de
drogas,
especialmente
entre
adolescentes, surge mucho más adelante. Durante la primera mitad del siglo XX, México atravesó un
proceso de transformación marcado por la urbanización acelerada, el crecimiento demográfico y la

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migración interna. Estas dinámicas modificaron las estructuras familiares tradicionales, así como los
patrones de convivencia de los jóvenes, quienes empezaron a tener mayor autonomía en contextos
urbanos donde la vigilancia social era menor. De manera paralela, el desarrollo del narcotráfico en la
frontera
norte
y
la
intensificación
de
rutas
internacionales
posicionan
a
México
como
país
de
producción, tránsito y eventualmente, consumidor, lo cual incrementó la disponibilidad de sustancias
ilícitas (Astorga, 2005).

Para finales del siglo XX, el país comenzó a consolidar sistemas formales de registro epidemiológico.
La primera Encuesta Nacional de Adicciones (ENA) de 1988 marcó un hito, al aportar evidencia sobre
patrones de inicio, sustancias de mayor uso y condiciones familiares asociadas. Entre sus hallazgos,
destacaba que el consumo en adolescentes no ocurría aislado, sino vinculado a la convivencia con
pares consumidores, la exposición en el entorno escolar, la presencia de violencia doméstica y en
algunos casos, la existencia de un padre o hermano consumidor (Coria-Soto, 1990).

La
pandemia
por
COVID-19
representó
un
nuevo
punto
crítico.
Las
restricciones
de
movilidad,
el
aislamiento social y la ansiedad generada por la crisis sanitaria incrementan el malestar psicológico
en la población juvenil. Diversos informes nacionales reportaron que el consumo de sustancias entre
jóvenes de 15 a 24 años aumentó significativamente, especialmente en drogas como marihuana y
metanfetaminas (El Economista, 2022).

Valenzuela
Mujica
(2013)
añade
que
la
familia,
la
escuela
y
la
comunidad
desempeñan
un
papel
fundamental como factores protectores que guían al adolescente, previenen conductas de riesgo y
fomentar su bienestar integral.

Erikson (1968), en su teoría del desarrollo psicosocial, plantea que la adolescencia se centra en la
búsqueda
de
la
identidad
versus
confusión
de
roles,
siendo
este
conflicto
fundamental
para
la
formación de la personalidad adulta.

Calvo
(2015)
define
a
la
droga
como
aquella
sustancia
que,
una
vez
introducida
en
el
organismo,
produce
efectos
inmediatos
que
afectan
al
funcionamiento
cotidiano.
Estas
sustancias
crean
dependencia y adicción si se consumen de forma continuada y provocan desajustes en el sujeto, en el
desempeño e interacción en cualquiera de sus áreas de participación como: actividades de la vida
diaria, familiar, educación, ocupacional, productividad y ocio.

Yaria (2005) señala que las drogas son cualquier sustancia química que provoca cambios en el estado
emocional, el funcionamiento del organismo y/o el comportamiento de una persona. Esta definición
incluye muchas sustancias que podrían no considerarse drogas en un análisis superficial.

La Real Academia Española (RAE, 2024), considera droga a toda sustancia natural o sintética que,
introducida en el organismo, produce efectos sobre el sistema nervioso central, como estimulantes,
depresores o alucinógenos.

Escohotado (1998) sostiene que las drogas son aquellas sustancias que el individuo utiliza para alterar
su estado de conciencia, ya sea buscando placer, conocimiento o alivio del sufrimiento.

La relación entre el consumo de drogas y la salud mental en adolescentes es un fenómeno complejo
que involucra factores biológicos, psicológicos y sociales. La Comisión Nacional contra las Adicciones
(CONADIC,
2020)
señala
que
muchos
adolescentes
comienzan
a
consumir
drogas
no
solo
por
curiosidad,
sino
como
una
forma
de
manejar
emociones
intensas,
aliviar
el
estrés
o
escapar
de
situaciones conflictivas en sus entornos familiares o escolares.

Desde un enfoque psicosocial, UNICEF (2021) destaca que los adolescentes que crecen en entornos
familiares donde existe violencia, negligencia, falta de apoyo emocional o comunicación deficiente,

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presentan un mayor riesgo de experimentar estrés crónico, ansiedad y baja autoestima. En estos casos,
las drogas pueden convertirse en un mecanismo de afrontamiento frente a la adversidad emocional.
Sin embargo, este patrón genera un ciclo negativo en el cual el consumo deteriora aún más la salud
mental, lo que a su vez incrementa la dependencia emocional y fisiológica a las sustancias.

La Secretaría de Salud (2017) identifica que la presión social y la necesidad de aceptación son factores
importantes en el inicio del consumo. Durante la adolescencia, la pertenencia al grupo adquiere un
valor fundamental y el temor al rechazo genera estrés y ansiedad. Muchos jóvenes consumen drogas
para
evitar
ser
excluidos
o
para
sentirse
“parte
del
grupo”,
pero
este
comportamiento
suele
estar
acompañado de un deterioro emocional posterior. La incapacidad para manejar la presión de pares
puede desencadenar síntomas de ansiedad social y afectar la autoimagen y la seguridad personal.

Los padres suelen creer que los jóvenes cuentan con información suficiente sobre los riesgos de las
drogas, pero los adolescentes manifiestan desconocimiento sobre las consecuencias específicas y
solicitan mayor orientación y acompañamiento (Revista Horizonte, 2021).

El
Trabajo
Social
es
una
disciplina
y
una
profesión
dedicada
a
comprender
y
transformar
las
condiciones
sociales
que
afectan
la
vida
de
las
personas,
especialmente
aquellas
en
situación
de
vulnerabilidad. Según Ezequiel Ander-Egg (2003), el Trabajo Social consiste en un conjunto de acciones
metodológicas
orientadas
a
ayudar
a
individuos,
grupos
y
comunidades
a
enfrentar
y
resolver
problemas sociales, fortaleciendo sus capacidades y recursos.

Mendoza
Rangel
(2018)
describe
el
Trabajo
Social
como
un
proceso
sistemático
que
integra
conocimiento, planeación y ejecución para analizar necesidades sociales y generar estrategias que
contribuyan al desarrollo humano y comunitario, además, recalca que la disciplina combina teoría y
práctica para impulsar transformaciones sostenibles en la vida de las personas.

RESULTADOS

Figura 1

Percepción de los adolescentes sobre el consumo de sustancias

Fuente:
elaboración propia.

Los
participantes
coincidieron
en
que
el
consumo
de
sustancias
es
una
práctica
frecuente
entre
adolescentes y jóvenes. La mayoría señaló que el consumo suele presentarse en fiestas, reuniones

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sociales o grupos de amigos, donde existe una percepción de normalización impulsada por las redes
sociales y la presión social.

Figura 2

El consumo de sustancias

Fuente:
elaboración propia.

Algunos
participantes
mencionaron
que
muchas
personas
consumen
sustancias
para
sentirse
aceptadas por un grupo o para encajar socialmente. Asimismo, se identificó que varios adolescentes
relacionan el consumo con la diversión, aunque reconocen los riesgos
y consecuencias que puede
generar.

Figura 3

Factores de riesgo asociados al consumo de sustancias

Fuente:
elaboración propia.

Los resultados muestran que los principales factores de riesgo identificados por los participantes son
la influencia de los amigos, los conflictos familiares, la falta de supervisión parental, la curiosidad y la
búsqueda de aceptación social.

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ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2026, Volumen VII, Número 4 p 2691.

Varios adolescentes señalaron que la presión ejercida por amistades o conocidos puede influir en la
decisión
de
consumir
sustancias.
Asimismo,
algunos
participantes
relacionaron
el
consumo
con
situaciones
de
estrés,
ansiedad,
tristeza
o
problemas
familiares.
Un
participante
manifestó
que
la
observación
constante
del
consumo
dentro
de
su
entorno
familiar
despertó
su
curiosidad
y
posteriormente favoreció el inicio de su consumo.

Figura 4

Impacto del consumo de sustancias en la salud física

Fuente:
elaboración propia.

Respecto
de
las
consecuencias
físicas,
los
participantes
mencionaron
efectos
como
mareos,
cansancio, dolor de cabeza, problemas respiratorios, vómitos y afectaciones pulmonares. También
señalaron que el consumo frecuente puede ocasionar deterioro de la salud general.

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ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2026, Volumen VII, Número 4 p 2692.

Figura 5

Impacto del consumo de sustancias en la salud mental

Fuente:
elaboración propia.

En relación con la salud mental, los adolescentes identificaron consecuencias como ansiedad, estrés,
depresión, cambios de humor, alteraciones emocionales, dificultades para controlar las emociones y
problemas
de
conducta.
Algunos
participantes
consideraron
que
el
consumo
puede
aumentar
sentimientos de tristeza, desánimo y falta de motivación.

Por
otra
parte,
algunos
adolescentes
que
han
consumido
sustancias
señalaron
experimentar
una
sensación temporal de relajación o alivio emocional; sin embargo, reconocieron que posteriormente
pueden presentarse sentimientos de ansiedad, dependencia o necesidad de continuar consumiendo.

Figura 6

Influencia familiar

Fuente:
elaboración propia.

LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2026, Volumen VII, Número 4 p 2693.

Los resultados reflejan que la familia desempeña un papel fundamental en la prevención del consumo
de
sustancias.
La
mayoría
de
los
participantes
consideró
que
la
comunicación,
la
confianza,
la
supervisión y el acompañamiento familiar pueden reducir la probabilidad de consumo. Asimismo, se
identificó que la falta de atención o supervisión por parte de los padres puede facilitar el consumo. Los
adolescentes también señalaron que las redes sociales influyen en la percepción del consumo, ya que
frecuentemente presentan estas conductas como algo normal o atractivo para los jóvenes.

Figura 7

Consecuencias en el ámbito escolar y social

Fuente:
elaboración propia.

Los participantes señalaron que el consumo de sustancias puede afectar el rendimiento académico,
disminuir
la
concentración,
provocar
bajas
calificaciones
y
generar
conflictos
dentro
del
entorno
escolar. De igual manera, mencionaron consecuencias en las relaciones familiares y sociales, tales
como
discusiones,
pérdida
de
confianza,
aislamiento,
cambios
de
amistades
y
dificultades
para
convivir con otras personas.

Figura 8

Estrategias de prevención y apoyo

LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2026, Volumen VII, Número 4 p 2694.

Fuente:
elaboración propia.

Respecto
de
las
acciones
preventivas,
los
adolescentes
propusieron
la
realización
de
pláticas
informativas,
talleres,
actividades
deportivas,
programas
de
apoyo
psicológico
y
espacios
de
orientación para jóvenes. También destacaron la importancia de fortalecer la comunicación familiar,
brindar
apoyo
emocional
y
fomentar
la
confianza
entre
padres
e
hijos.
En
cuanto
al
papel
de
los
profesionales,
los
participantes
señalaron
que
trabajadores
sociales,
psicólogos
y
docentes
deben
ofrecer
orientación,
escucha
activa,
acompañamiento
y
apoyo
sin
emitir
juicios
hacia
quienes
enfrentan esta problemática.

DISCUSIÓN

La Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT, 2017) reporta prevalencias
elevadas de consumo en adolescentes en Sinaloa, a casi una década de este informe, el consumo
sigue
en
aumento,
ello
nos
impulsa
a
enfocarnos
en
estas
temáticas
para
realizar
propuestas
e
intervenciones que contribuyan a la reducción de esos índices desalentadores.

De la misma manera, la indagación de Medina-Mora et al. (2003) concluye que el entorno que rodea a
jóvenes de 12 a 17 años indica que el consumo de drogas está cada vez más presente y que los índices
de
consumo
se
han
incrementado,
especialmente
en
la
región
norte
del
país
y
en
las
grandes
metrópolis. Fenómeno que se confirma con los resultados obtenidos en la muestra analizada que nos
ocupa.

El estudio de (Muñoz-Rivas y Graña, 2001) muestra que los principales factores de riesgo familiares
para explicar el consumo de drogas legales son la ausencia de normas familiares sobre el uso de
drogas, los conflictos entre los padres y el adolescente y el consumo de alcohol por parte del padre.
En comparación con lo encontrado en el estudio que nos ocupa, cabe reafirmar que la falta de atención
y supervisión de los padres, conflictos familiares y la propia curiosidad sigue favoreciendo el consumo
de sustancias.

En un estudio relativamente reciente de Cortés et al. (2024) se evidencia como quienes consumen
drogas bajan calificaciones escolares, son menos felices y tienen menor satisfacción en la vida. Los
hallazgos
propios
señalan
que
además
de
disminuir
los
resultados
en
las
calificaciones,
hay
afectaciones en el rendimiento académico, disminuyen la concentración y generan conflictos en el
entorno escolar.

Los
resultados
obtenidos
permiten
identificar
que
el
consumo
de
sustancias
es
percibido
por
los
adolescentes como una problemática frecuente y normal dentro de su contexto social. Los factores
que influyen en su consumo están relacionados principalmente con la presión de grupo, la curiosidad,
los conflictos familiares, la falta de supervisión y ciertas dificultades emocionales.

Asimismo,
se
encontró
que
los
adolescentes
reconocen
diversas
consecuencias
negativas
del
consumo tanto en la salud física como en la salud mental, destacando la ansiedad, la depresión, los
cambios de conducta, los problemas escolares y familiares. Finalmente, los participantes consideran
que el apoyo familiar, la orientación profesional y las actividades preventivas constituyen elementos
fundamentales
para
reducir
el
consumo
de
sustancias
y
promover
el
bienestar
emocional
de
los
adolescentes.

Por las características propias del estudio los hallazgos no se pueden generalizar, pero muestran una
parte importante de lo que padecen los adolescentes en el rango de edad investigado, resaltando la
problemática social que requiere urgente atención para contribuir a que estas personas se mantengan
en la sobriedad y construyan un futuro prometedor para ellos y su entorno.

LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2026, Volumen VII, Número 4 p 2695.

Se recomienda innovar en el diseño de programas de prevención y atención familiar y social

Otorgarle
el
seguimiento
correspondiente
sobre
el
consumo
de
sustancias,
frecuencia
de
su
uso,
recaídas y casos de éxito

Intensificar las campañas de prevención y atención

Brindar apoyo institucional integral a las familias

Creación de nuevos espacios de atención dada la saturación por la demanda en los mismos

El
gobierno
debe
fijarse
el
objetivo
de
reorientar
las
actividades
de
los
jóvenes
y
mantenerlos
interesados, ocupados y motivados en actividades que bajen los índices de adicciones a las sustancias
y mejoren la calidad de vida de los jóvenes y su entorno.

CONCLUSIÓN

El análisis del estudio permitió comprender la complejidad del consumo de drogas en adolescentes y
su impacto directo en la salud mental. Se constató que el período de 12 a 17 años representa una etapa
altamente vulnerable, en la que los jóvenes enfrentan cambios físicos, emocionales y sociales que
influyen en su toma de decisiones y en la forma en que responden a su entorno. Durante esta etapa,
los
adolescentes
pueden
recurrir
al
consumo
de
sustancias
como
una
forma
de
escape,
experimentación o pertenencia social, sin dimensionar los riesgos que esto implica para su desarrollo
integral.

La evidencia revisada demuestra que el consumo de drogas afecta significativamente el bienestar
emocional y psicológico, generando dificultades en el control de impulsos, alteraciones del estado de
ánimo, ansiedad, depresión, irritabilidad, problemas escolares, conflictos familiares y en casos más
severos,
conductas
de
riesgo.
Estos
efectos
no
solo
se
presentan
en
adolescentes
con
consumo
frecuente, sino también en quienes han tenido un uso experimental o situacional, lo que confirma la
estrecha relación entre las sustancias psicoactivas y la vulnerabilidad mental durante esta etapa del
desarrollo.

Asimismo,
el
estudio
permitió
reconocer
la
importancia
de
los
factores
sociales,
familiares
y
personales en el inicio del consumo. Las dinámicas familiares conflictivas, la falta de comunicación, la
violencia
intrafamiliar,
la
negligencia
emocional
y
la
supervisión
limitada
se
identifican
como
elementos que incrementan el riesgo. Del mismo modo, la presión del grupo de pares, el deseo de
aceptación,
la
curiosidad
y
la
disponibilidad
de
sustancias
en
el
entorno
influyen
de
manera
determinante en la decisión de consumir. Estos factores influyen en los adolescentes para adoptar
conductas de riesgo sin una percepción adecuada de sus consecuencias.

Por otro lado, se evidenció que la percepción que tienen los adolescentes y sus familias respecto del
consumo es un componente esencial en la forma en que enfrentan esta problemática. Muchas familias
reconocen
el
impacto
negativo
de
las
drogas,
pero
carecen
de
herramientas
para
intervenir
o
acompañar
adecuadamente
a
sus
hijos.
La
falta
de
información,
el
miedo
al
estigma,
el
desconocimiento
de
los
servicios
disponibles
y
las
tensiones
familiares
dificultan
la
búsqueda
de
apoyo profesional oportuno. Esto reafirma la necesidad de fortalecer los procesos de sensibilización,
orientación y educación comunitaria.

En este contexto, el papel del Trabajo Social adquiere una relevancia fundamental. A través de sus
métodos de intervención, la disciplina contribuye a identificar factores de riesgo y protección, fortalecer
redes familiares y comunitarias, promover estilos de vida saludables y acompañar a los adolescentes
en la toma de decisiones informadas. El trabajador social actúa como un mediador entre la institución,

LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2026, Volumen VII, Número 4 p 2696.

la
familia
y
el
adolescente,
brindando
apoyo
integral
y
fomentando
entornos
que
favorezcan
el
bienestar
emocional
y
la
prevención
del
consumo.
Su
intervención
permite
visibilizar
las
causas
estructurales y sociales que rodean el consumo, promoviendo estrategias que trascienden el ámbito
individual y que buscan un impacto comunitario positivo.

La revisión documental y el análisis conceptual reafirman que el consumo de drogas en adolescentes
no es solo un fenómeno individual, sino un problema social multifactorial que requiere una atención
interdisciplinaria, con la participación de profesionales de la salud, educadores, familias y comunidad.
Instituciones
como
CECOSAMA
desempeñan
un
papel
clave
al
ofrecer
atención
psicológica,
psiquiátrica y social, sin embargo, es indispensable fortalecer sus recursos humanos, materiales y
preventivos para atender la creciente demanda.

Abordar esta problemática de manera integral y sostenible es fundamental para garantizar el bienestar
emocional de los jóvenes, reducir la incidencia del consumo y promover entornos más saludables,
seguros y protectores para el desarrollo de las nuevas generaciones.

LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2026, Volumen VII, Número 4 p 2697.

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