INTRODUCCIÓN
La adaptación escolar es una fase importante que atraviesa el infante durante su proceso
educativo; en este periodo, el niño se encuentra inmerso en un panorama que antes no había
experimentado, que transcurre en un progresivo desapego del núcleo familiar y la intermitencia
entre la escuela y la familia. La adaptación escolar se acompaña de un conjunto de conductas
que la hacen que se torne dificultosa y que necesite una intervención oportuna. Según Atehortua
(2010), una de las principales razones que la hacen difícil, es la separación del niño de sus
progenitores, lo que genera problemas en su comportamiento que inciden en sus aprendizajes, e
incluso, causando repercusiones en la salud y en el desarrollo de su personalidad.
En Ecuador, el Ministerio de Educación (MinEduc, 2016) señala que: “una de las características
más sobresalientes que dificulta la adaptación de los niños y niñas es el apego a sus padres, o a
su hogar, de ahí que, el entorno escolar tiene la promesa de transmitirle afecto, tranquilidad y
seguridad (…)” (p.2). Por tanto, al integrar al niño a la escuela su vida cambia paulatinamente, su
día a día consiste en la interacción y adquisición de nuevas experiencias que implican adecuarse
a nuevos horarios y a no disfrutar todo el tiempo de la compañía de sus padres; es decir, pasa de
un ambiente en el que se siente seguro a otro escenario donde hay alguien que le es totalmente
incierto, ocasionándole incertidumbre, miedo e inseguridad, pero al que deberá adaptarse para
aprender a convivir (Hidalgo et al., 2008).
Aprender a vivir en la educación temprana es el tiempo donde el niño potencia sus destrezas y
capacidades que facilitan la captación de aprendizajes particulares que preparan al niño
biológica y psicológicamente para su vida futura. Podría decirse que la educación temprana es
un proceso clave en la vida de toda persona, he ahí la importancia del papel que cumple la
sociedad en la intervención de la formación de una niñez feliz, estimulada y desarrollada en todas
sus habilidades y capacidades (Pinzón Porres, 2016).
Considerando que la educación temprana implica la adaptación escolar y que durante este
proceso suceden acontecimientos influyentes para el desarrollo del niño, es primordial analizar
las dificultades y los cambios de actitud del niño al enfrentarse a este nuevo contexto y poner en
practicar alternativas pedagógicas que logren evitar un proceso de adaptación frustrante para el
infante. En este sentido Zamora (2017) sostiene que, “el educador tiene la responsabilidad de
manejar apropiadamente lo que el niño manifiesta con su comportamiento” (p. 41). Para este
autor la función del educador es fundamental para conseguir que el ambiente en el aula de clases
se propicie acogedor y en confianza, de ello depende el éxito de una adecuada adaptación escolar
y por ende la asimilación significativa de los aprendizajes en los niños.
La compañía solidaria del educador ante las emociones que manifiesta el niño constituye un
factor relevante para lograr la adaptación escolar. Moncada y Quishpe (2013) coinciden que la
labor del docente además de ser formador de conocimientos y capacidades también es ser
amigable y afectuoso, procurando siempre transmitir seguridad y refugio al niño. La familia
también desempeña otro papel importante durante el proceso de adaptación escolar, de acuerdo
con Casanova (2019) “los padres y educadores son los encargaos de velar por la adaptación
rápida y acogedora para el niño, tratando siempre de que el infante logre la aceptación del
ambiente escolar cuanto antes” (p.29). Otro factor que incide en la adaptación escolar del niño
es el ambiente, es decir que éste debe ser apropiado y cuente con de las condiciones físicas del
espacio. Si el ambiente y el lugar se ajustan a las condiciones suficientes para generar confianza
en el niño, éste se sentirá motivado por explorar el lugar, y si, por el contrario, el ambiente y el
lugar no transmiten esa hospitalidad, la intervención de los padres y del educador son pieza clave
para ayudarlos a convencer que sí lo es, tal como lo menciona Pinto Archundia (2016) “los padres
son los más indicados a transmitirles tranquilidad y seguridad para que el niño asimile su nuevo
entorno, concienciándolos que la figura del docente es positiva” (p.36).
A criterio de Vergara y Vélez (2015), “la enseñanza de la adaptación escolar ha perpetuado en lo
tradicional” (p.21). La función del educador se limita a comunicar saberes, al tiempo que el