LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2023, Volumen IV, Número 2 p 2024.

DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v4i2.734
Adolescentes: promiscuidad y relaciones sexuales una

mirada desde la psicología clínica
Adolescents: promiscuity and sexual relations a view from clinical

psychology

Vanessa Lilibeth Ortiz Pantoja
ortizvanelil@gmail.com

https://orcid.org/0009-0000-6252-0739
GAD Municipal Cantón Montúfar

Carchi – Ecuador

Mirian Isabel Verdezoto García
miverdezoto@uce.edu.ec

https://orcid.org/0000-0001-8963-1746
Universidad Central del Ecuador

Quito – Ecuador

Juan Enrique Villacís Jácome
jvillacisj@ups.edu.ec

https://orcid.org/0000-0001-9510-1573
Universidad Politécnica Salesiana

Quito – Ecuador

Jessica Lizbeth Baquero Adriano
jbaquero@ups.edu.ec

https://orcid.org/0000-0001-7874-2512
Universidad Politécnica Salesiana

Quito – Ecuador

Artículo recibido: 07 de junio 2023. Aceptado para publicación: 13 de junio de 2023.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.



Resumen
El presente estudio pretende comprender las motivaciones y experiencias que tienen los
adolescentes para actuar de manera promiscua y/o tener relaciones sexuales desprotegidas,
identificando estos comportamientos, así como los factores socioculturales que estarían
influyendo para la permanencia de este fenómeno. El diseño del estudio es cualitativo, en base a
una muestra homogénea de diez adolescentes hombres y mujeres de etapa tardía, a quienes se
les aplicó entrevistas semiestructuradas. Para el análisis de los resultados se categorizó en:
conducta sexual, factores socioculturales y reflexiones personales de los participantes. Los
resultados muestran que el aprendizaje social y posterior actuar sexual de los adolescentes,
dependen del deseo por agradar, el nivel de intimidad, confianza, admiración que perciben de los
diversos modelos con los que interactúan; así, el agente socializador más relevante es la pareja
sentimental, seguida por los padres y la institución educativa, dos factores que aún hoy otorgan
una educación sexual precaria. Percibiendo el tabú permanente que aún rodea a la sociedad
quiteña sobre temas de sexualidad, permitiendo mantener a los adolescentes en una condición
de vulnerabilidad y desconocimiento, se concluye que la importancia de la educación sexual
radica en la integralidad de la sexualidad humana, teniendo en cuenta que no únicamente se
limita a lo físico y reproductivo, y que el aprendizaje humano comienza desde su nacimiento.


LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2023, Volumen IV, Número 2 p 2025.

Palabras clave: adolescencia, aprendizaje social, conducta sexual, conducta sexual de
riesgo, sexualidad


Abstract
This study aims to understand the motivations and experiences that adolescents have to act
promiscuously and / or have unprotected sex, identifying these behaviors, as well as the
sociocultural factors that would be influencing the permanence of this phenomenon. The design
of the study is qualitative, based on a homogeneous sample of ten late-stage male and female
adolescents, to whom semi-structured interviews were applied. For the analysis of the results
was categorized into: sexual behavior, sociocultural factors and personal reflections of the
participants. The results show that the social learning and subsequent sexual action of
adolescents, depend on the desire to please, the level of intimacy, trust, admiration they perceive
from the various models with which they interact; Thus, the most relevant socializing agent is the
sentimental partner, followed by the parents and the educational institution, two factors that still
today grant a precarious sexual education. Perceiving the permanent taboo that still surrounds
Quito society on issues of sexuality, allowing adolescents to be kept in a condition of vulnerability
and ignorance, it is concluded that the importance of sex education lies in the integrality of human
sexuality, taking into account that it is not only limited to the physical and reproductive, and that
human learning begins at birth.

Keywords: adolescence, social learning, sexual behavior, risky sexual behavior, sexuality











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Como citar: Ortiz Pantoja, V. L., Verdezoto García, M. I., Villacís Jácome, J. E., & Baquero
Adriano, J. L. (2023). Adolescentes: promiscuidad y relaciones sexuales una mirada desde la
psicología clínica. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 4(2),
2024–2038. https://doi.org/10.56712/latam.v4i2.734


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ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2023, Volumen IV, Número 2 p 2026.

INTRODUCCIÓN

La conducta sexual humana es un fenómeno diverso. Ocurre en diferentes lugares físicos y
contextos sociales, incluye una amplia variedad de actividades específicas y diferentes personas
la perciben de modos diversos. Un individuo participa en actividad sexual con base en un
conjunto complejo de motivaciones y organiza esa actividad con base en numerosos factores e
influencias externos. Así, es poco probable que las herramientas y conceptos de ninguna
disciplina científica única sean suficientes para responder todas o incluso la mayoría de las
preguntas que se podrían hacer sobre la conducta sexual… Gran parte de la investigación
científica previa acerca de la sexualidad ha sido realizada por biólogos y psicólogos y, por tanto,
se ha enfocado en la conducta sexual puramente como un fenómeno “al nivel individual”. La
conducta sexual humana está determinada tan sólo parcialmente por factores que se originan
dentro del individuo. Además, la socialización de una persona dentro de una cultura particular,
su interacción con parejas sexuales y las restricciones impuestas sobre él o ella se vuelven
extremadamente importantes para determinar sus actividades sexuales (Laumann et al., 1994,
Citado en Shibley & DeLamater, 2006, p. 2)

Para describir el comportamiento sexual, se tiene que:

(…) el comportamiento sexual se constituye en una práctica por el hecho de ser construido y
compartido socialmente, lo que remite a la elaboración de las imágenes, sentidos y significados
atribuidos al ejercicio de la sexualidad, cuestiones que van más allá del conocimiento de los
diferentes mecanismos de protección y de la etapa de desarrollo en la que se encuentran los
jóvenes (Bahamón et al., 2014, pp. 334, 335)

De la misma manera, cabe resaltar que estas prácticas no siempre tendrán resultados
apetecibles y es que también pueden traer consigo consecuencias evitadas por los integrantes
de determinada sociedad. “En los jóvenes, por ejemplo, un alto porcentaje de relaciones sexuales
y comportamientos de riesgo puede desencadenar problemas para la salud reproductiva, como
altas tasas de fecundidad adolescente, aborto provocado y enfermedades de transmisión
sexual” (Ospina & Manrique, 2007; Santín et al., 2003, Citados en Bahamón et al., 2014, p. 334).
La Planned Parenthood League of Massachusetts (s.f.) destaca que más allá de lo que
comúnmente se piensa sobre sexualidad, en realidad es una parte inherente, saludable y natural
de cada ser humano a lo largo de toda la vida, y es que, la sexualidad va más allá de la conducta
sexual, incluye también el género, los cuerpos con sus características anatómicas y funcionales,
también los valores, actitudes, sentimientos, el amor y la gente que nos rodea.

Así, “Hablar de sexualidad humana es hablar de la esencia misma del ser humano” (Maurice
Merleau Ponty, 1975, Citado en Velázquez, s.f., p. 2)

También la Organización Mundial de la Salud explica que la sexualidad es:

Un aspecto central del ser humano, presente a lo largo de su vida. Abarca al sexo, las identidades
y los papeles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual.
Se vivencia y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes,
valores, conductas, prácticas, papeles y relaciones interpersonales (Velázquez, s.f.).

Por otro lado, la conducta sexual corresponde a la manera de expresar el erotismo, de tal manera
que puede demostrarse con besos, caricias, roces, sexo oral, vaginal, anal, sexo vía telefónica,
envío de mensajes de texto o imágenes con contenido sexual, así como sexo virtual. Cabe
recalcar que la conducta sexual no necesariamente está ligada a la orientación sexual, puesto
que parte de la conducta sexual es la experimentación que los sujetos pueden realizar y que
muchas de las veces, permite identificar la propia orientación sexual. “Esto se refleja en las
discrepancias entre atracción sexual, conductas y autoidentificación que muestran diversos


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estudios y refleja que la identidad sexual es un proceso interno y no una reacción a la conducta
sexual” (F. Corona & Funes, 2015, p. 75)

Asimismo, ha sido posible evidenciar:

(…) diferencias entre las formas de experimentar la sexualidad en hombres y mujeres, lo cual se
relaciona con las prácticas, comportamientos y significados atribuidos a lo femenino y a lo
masculino. Por ejemplo, se asocia la feminidad con la naturaleza, el cuerpo de la mujer, la
afectividad y la pasividad, mientras la masculinidad se relaciona comúnmente con la
racionalidad, la objetividad y la actividad. Así, se evidencia mayor permisividad en el ejercicio de
su sexualidad para los hombres, en tanto las mujeres la expresan en un contexto más restringido
(Miras, 2001; Mathiesen, Mora & Castro, 1998; Hasbun, 2003; Faur, 2003, Citados en Bahamón et
al., 2014, p. 339).

Es así como, entre mayor adhesión exista a los roles de género, más predecible se vuelve su
conducta sexual, es decir, los hombres tienen una mayor tendencia a exponerse al riesgo,
mientras que las mujeres son más precavidas (Trujillo et al., 2007; Chávez & Álvarez, 2012; Sterk,
Klein & Elifson, 2003; Uribe et al., 2012, Citados en Bahamón et al., 2014).

La conducta sexual es reconocida como un medio para el disfrute, goce, conexión, afecto y amor,
característicos de los seres humanos, pero además es el resultado de una interacción biológica,
psicológica, socioeconómica, cultural, ética e incluso espiritual, es así como, cuando una persona
“practica un comportamiento sexual responsable se caracteriza por vivir la sexualidad con
autonomía, madurez, honestidad respeto, consentimiento, protección, búsqueda de placer y
bienestar” (Velázquez, s.f., p. 8)

Sin embargo, como menciona Bahamón (2014) “la relación sexual, una de las tantas fuentes de
placer que media la expresión emocional en una relación con el “otro”, se ha convertido en un
núcleo de amenaza” (p. 329), esto con relación a que los adolescentes realizan conductas
sexuales voluntarias o involuntarias que exponen su salud como la de las personas con quienes
se relacionan.

Determinar cuáles son las conductas sexuales de riesgo varía de autor en autor, en este caso
Figueroa & Figueroa (2017), exponen que el inicio de las relaciones sexuales sucede cada vez en
edades más tempranas de forma promiscua y débilmente premeditada, las relaciones sexuales
suceden bajo la influencia del alcohol y otras drogas, hay actividad sexual promiscua debido al
frecuente cambio de pareja sexual y existe un mal uso de métodos anticonceptivos o
directamente la ausencia de los mismos, de modo que, "las CSR suponen un grave problema de
salud, al estar relacionadas con los embarazos no deseados e infecciones de transmisión sexual"
(Isorna et al., 2015, p. 2)

De esta manera, llevar a cabo ciertas conductas puede significar consecuencias de distinto nivel
de gravedad, por lo que, entendiendo las secuelas más graves, hay una mayor atención hacia la
promiscuidad y las relaciones con o sin penetración omitiendo el uso, principalmente, de
preservativo.

La promiscuidad constituye la conducta de tener cambios frecuentes de parejas o múltiples
parejas en tiempo simultáneo (Rosabal et al., 2015), por lo que representa una de las conductas
más peligrosas, aumentando el riesgo de contraer ITS, "el varón de riesgo o promiscuo que
mantiene relaciones sexuales sin protección, tiene una probabilidad más alta de desarrollar una
infección de transmisión sexual (ITS) y, por tanto, una contaminación en su plasma seminal"
(Cordero & García, 2015, p. 380).


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El término promiscuidad, está relacionado a describir la actividad sexual con múltiples parejas o
grupos sexuales, entendida como opuesta a la monogamia y la abstinencia (Pérez & Merino,
2009). “La promiscuidad se da cuando alguien mantiene relaciones sexuales con más de dos
personas en un periodo inferior a 6 meses, se ha convertido en un fenómeno que no se tolera de
igual forma en todas las culturas” (Pimiento et al., 2020, p. 85). Usualmente, se la relaciona con
falta de madurez y compromiso, pero también se relaciona con el abuso sexual en la infancia,
generando que la persona perciba a la actividad sexual como forma de expresar afecto o por
autoconvencimiento de que es lo único valioso que puede ofrecer. Durante la adolescencia
sucede el desarrollo y despertar sexual de los individuos y durante la etapa tardía, los cambios
físicos se han completado, además son más frecuentes las relaciones de pareja o como también
se ha visto se presentan conductas de promiscuidad. En esta etapa, los adolescentes pueden
contemplar las consecuencias a las que se enfrentan, sin embargo, aún no las comprenden en
su totalidad, de manera que realizan conductas sexuales de riesgo como tener varias parejas
sexuales en un mismo periodo, tener actividad sexual sin protección, usar sustancias
psicotrópicas, entre otras (Forcier, 2021).

De acuerdo con Rosabal et al. (2015) existen varios elementos que se convierten en causas para
que los adolescentes realicen y mantengan conductas sexuales de riesgo, así describe:

En su desarrollo contribuyen diferentes características propias de la edad, entre las que se
destacan la "sensación de invulnerabilidad" o mortalidad negada, la necesidad y alto grado de
experimentación emergente, la susceptibilidad a influencia y presión de los coetáneos con
necesidad de conformidad intragrupal, la identificación con ideas opuestas a los padres y
necesidad de transgresión en el proceso de autonomía y reafirmación de la identidad, el déficit
para postergar, planificar y considerar consecuencias futuras (corteza prefrontal en desarrollo)
y otros como la influencia de la testosterona en hombres, la asincronía de desarrollo tanto en
mujeres (pubertad precoz y riesgos en sexualidad), como en hombres (retraso puberal y
conductas para validación de pares) (Rosabal et al., 2015, pp. 219, 220).

Así también el autor explica, que los riesgos tienden a minimizarse con relación al contexto, de
manera que, sus decisiones estarán mayormente comprometidas si su imagen ante los otros
está en juego, cuando las conductas han llegado a habituarse, por las creencias de tener el
control, cuando las consecuencias impliquen ganancias personales o cuando su actitud tiende
al extremo de pensar que los riesgos son inevitables (Rosabal et al., 2015).

Por otra parte, autores como García, Fernández y Rico (2005, Citado en Bahamón et al., 2014)
explican que la influencia del sexo y el rol de género tienen también gran implicancia, siendo que
las mujeres vinculan la actividad sexual con el erotismo afectuoso, es decir, que el elemento
primordial es el romanticismo, por otro lado, los varones se enfocan en su autonomía y propia
satisfacción.

De tal manera, la consecución de conductas sexuales de riesgo, puede presentarse por una
variedad de factores, que como Bandura propone, la personalidad y las conductas que se realizan
son el producto de una interacción entre el individuo y los factores que se presentan en su
contexto, por ello a continuación se presentan aquellos factores considerados los principales en
influenciar las conductas sexuales de riesgo de los adolescentes. La promiscuidad se la ha
considerado una práctica muy antigua, pero en la actualidad se ha convertido en tema
controversial para muchas personas que aún no comprenden en su totalidad las consecuencias
de esta. El cambio constante de pareja es una conducta que de a poco nos va afectando, porque
estos lazos amorosos no son duraderos, estos encuentros esporádicos son propensos para
contraer infecciones de transmisión sexual (ITS) y el VIH- SIDA (Pimiento et al., 2020, p. 88).


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MÉTODO

Para la ejecución de una investigación tipo cualitativo es de gran relevancia establecer
previamente aquellos preconceptos, creencias, presupuestos de la investigadora o investigador,
entendiendo que pueden influir de alguna manera, asimismo, se requiere determinar la
concepción teórica desde la que se desarrolla el estudio, así como el sistema espacio-temporal
y social, de esta manera y al tener postuladas las propias actitudes, repertorios conductuales,
conjeturas, intereses, entre otros relacionados con la investigación, para conseguir una
interpretación limpia.

Debemos dejar de lado todo aquello que no surja de la descripción protocolar. De otra manera,
no veremos más de lo que ya sabemos y no haremos más que confirmarnos en nuestras viejas
ideas y aun en nuestros propios prejuicios, tal como lo afirmó Martínez (2014, Citado en Fuster,
2019, p. 212). El enfoque para la investigación fue cualitativo, ya que se procuró ahondar en las
experiencias de cada participante y su construcción subjetiva hacia las conductas sexuales de
riesgo. La investigación responde a un diseño descriptivo direccionado a las experiencias
relevantes en la vida de los participantes y a aquellos sucesos que pudieron ser decisivos en su
proceso de socialización con relación a la promiscuidad y las relaciones sexuales desprotegidas,
permitiendo detallar las características destacadas para el análisis. La población para el estudio
estuvo constituida por 10 adolescentes, 5 hombres y 5 mujeres entre los 15 a 19 años, residentes
en la ciudad de Quito, que cumplían con los criterios establecidos, siendo que no existe una
manera precisa para determinar el número de sujetos, el criterio que permite establecer la
cantidad de casos es la saturación de datos. El tipo de muestra es no probabilístico, ya que esta
no se basa en una selección estadística de probabilidad, sino que se orienta a las características
de la investigación (Hernández et al., 2014).

Para el enfoque cualitativo, al no interesar tanto la posibilidad de generalizar los resultados, las
muestras no probabilísticas o dirigidas son de gran valor, pues logran obtener los casos
(personas, objetos, contextos, situaciones) que interesan al investigador y que llegan a ofrecer
una riqueza para la recolección y el análisis de los datos (Hernández et al., 2014, p. 190).

Las características de la muestra son homogéneas para el posterior análisis de las prácticas
sexuales en una población determinada. Para la selección de los participantes se utilizó la
técnica de la bola de nieve, puesto que tiene gran utilidad al momento de indagar en temas que
podrían resultar sensibles, así “se identifican los casos de interés a partir de alguien que conozca
a alguien que puede resultar un buen candidato para participar” (Martínez Salgado, 2012, p. 616),
de tal modo, se seleccionó a un contacto clave que cumplía con los criterios requeridos para la
investigación, seguidamente el individuo reconoció a otros posibles participantes hasta
completar la población necesaria de adolescentes que cumplían con los criterios de inclusión y
exclusión.

Con relación a la diferencia del sexo de los participantes, no se pretendió realizar una
comparación, sino que se procuró la descripción del fenómeno, puesto que, según datos de
anteriores investigaciones, se conoce que son los hombres quienes tienen una mayor tendencia
a practicar conductas sexuales de riesgo en comparación a las mujeres. Es así como con este
proceder se intentó obtener una información más profunda que apoye a responder a los objetivos
planteados desde la particularidad de los sujetos.

RESULTADOS

Para tener un orden previo al levantamiento de los datos, en el plan previo al levantamiento de
datos, se constituyeron dos categorías de análisis distribuidas en subcategorías desde las que
se pudiera analizar el comportamiento sexual de los adolescentes. No obstante, posterior al


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proceso de saturación se establecieron las siguientes: (1) Conducta sexual en la adolescencia
tardía, (2) Factores que influyen en la consecución de conductas sexuales de riesgo y (3)
Reflexiones personales. Para la obtención de los datos, se llevaron a cabo 10 entrevistas
semiestructuradas con su respectiva guía de preguntas, anteriormente validada según el modelo
propuesto por Escobar-Pérez & Cuervo-Martínez (2008). Posteriormente, se analizaron los datos
a través de la herramienta digital Atlas Ti. El gráfico 1 muestra el número de repeticiones de los
componentes principales presentes en las entrevistas realizadas, siendo parte fundamental para
la constitución de las categorías. Es así como, el componente de conducta sexual es el que se
presenta con mayor frecuencia, por otra parte, el componente confianza tiene una menor
puntuación, que, si bien estuvo presente de manera implícita dentro del discurso, no se la nombró
de manera primordial. Si bien esta es una aproximación cuantitativa de las relaciones
semánticas, que permiten el rastreo de unidades referentes a las categorías de análisis, se
procurará detallar cualitativamente los resultados obtenidos en los próximos párrafos.

Gráfico 1

Análisis de frecuencia de codificación


La tabla 1 muestra la co-ocurrencia de temas con la categoría Conducta sexual en la
adolescencia tardía, es decir, la frecuencia con la que aparecían según el número de citas. Se
observa que la categoría conducta sexual tiene una relación importante con el factor pareja y
principalmente con la afectividad, esto lo podemos comprobar con los relatos antes presentados;
según la teoría del Aprendizaje Social, el componente emocional es crucial al momento de
generar o recibir influencia como producto de la interacción con otros, es así como las
emociones están jugando un papel fundamental al momento de tomar decisiones sobre la
sexualidad para estos adolescentes.


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Tabla 1

Co-ocurrencias Conductas Sexuales de Riesgo en la adolescencia tardía

CO-OCURRENCIAS NÚMERO DE CITAS
Confianza
3 185
Anticonceptivos 11 245
Cogniciones 21 255
Consecuencias de las Conductas Sexuales de
Riesgo

22 273

Pareja 43 231
Afectividad 58 264


En la tabla 2 se visualiza la cantidad de veces que los involucrados han participado implícita y/o
explícitamente en la formación sexual de los adolescentes. Por ello, es necesario tomar en
cuenta que dentro de las co-ocurrencias se presenta la cantidad de veces en que ha estado
presente tanto una educación sexual adecuada que ha llevado a prácticas sexuales seguras,
como una educación precaria que ha facilitado la consecución de prácticas sexuales de riesgo,
es decir, la influencia global que generan. Es así como, los datos reflejan que es la pareja quien
tiene una mayor influencia sobre el actuar sexual de los adolescentes, esto por el fuerte factor
afectivo que se ha venido evidenciando, así como también la necesidad de agradar y mantener
una apariencia ‘aceptable’, posteriormente, es el grupo de amigos el lugar en donde los
adolescentes pueden hablar libremente, sin embargo, no significa que los temas aquí abarcados
sean formativos, puesto que como los adolescentes comentaron, muchas de las veces las
conversaciones se enfocan en el relato de experiencias, burlas, entre otras. La institución
educativa, también tiene primordial importancia, ya que es el espacio en el que con mayor
cantidad se intenta instruir sobre sexualidad, es por esto que la educación sexual proveniente de
las instituciones debería ser de la mejor calidad logrando llenar incluso los vacíos provenientes
de un hogar en el que esta comunicación sea limitada o nula. Por otra parte, los adolescentes
afirman que la limitación para hablar de estos temas en casa está vinculada a la actitud de sus
padres, la ausencia de vínculos significativos y, por ende, la presencia de vergüenza y
desconfianza, teniendo que, aunque reciben una guía en menor cantidad por parte de hermanos
y familia extendida, esta suele ser de mejor calidad.

Tabla 2

Co-ocurrencias de los factores que influyen en la consecución de conductas sexuales de riesgo

CO OCURRENCIAS NÚMERO DE CITAS
Autoaprendizaje
4 113

Familia: extendida 5 105
Familia: hermanos 6 105

Familia: padres 10 141
Grupo de pares 10 122

Institución educativa 12 127
Pareja 24 157


DISCUSIÓN

A partir de las narraciones fue posible visibilizar los diversos riesgos a los que se exponen y las
consecuencias a las que se han hecho acreedores, siendo que van más allá de sustos por


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posibles embarazos no planificados o transmisión de infecciones, a las que cabe resaltar, luego
de la plática, algunos despertaron interés y predisposición incluso para evaluarse, mientras que
otros no lo tomaron con mucha importancia, puesto que las ven como situaciones lejanas y
ajenas, llegando a incluso evitar pensar en el tema. Se encontró que la única población
adolescente que lleva un control de su salud sexual y reproductiva, son aquellas mujeres que
están en estado de gestación.

Por otra parte, las vivencias en torno a la actividad sexual de estos adolescentes, no sólo se
limitan a los riesgos a los que se exponen, sino también a los sucesos en los que en repetidas
ocasiones han sido víctimas de violencia psicológica y sexual. Estos hechos resultan
verdaderamente preocupantes por la naturalización que existe y es que no sólo las mujeres sino
también un par de participantes varones han sido violentados debido a la falta de conocimiento
sobre sus propios derechos. Sobre las experiencias de promiscuidad, relaciones sexuales
desprotegidas y otras, las situaciones a las que tuvieron que enfrentarse generaron emociones
desagradables como angustia, preocupación, síntomas de ansiedad, afectación a nivel
emocional, presentándose también culpa, arrepentimiento, vergüenza, así como perjuicio a
terceros. Además, en varios casos, principalmente en quienes han mantenido relaciones de
pareja sanas y comprometidas, las consecuencias que han tenido que afrontar, ha llevado de
manera más sencilla a un cambio de actitud, búsqueda de nuevos métodos anticonceptivos,
incluso predisposición por parte de los varones a buscar métodos enfocados en su cuerpo para
evitar dañar a sus parejas. De igual forma, es posible reconocer que la frecuencia de las
conductas sexuales de riesgo reduce a medida que los adolescentes crecen, aprenden de sus
consecuencias, del afecto que tienen por sí mismos y por quienes les rodean, de las enseñanzas
que reciben de sus personas de confianza, de su propia instrucción por medio de búsquedas de
internet, así como también avanzan en sus estudios académicos y se presenta un cambio en su
forma de pensar y por ende en su actuar. Por parte de las adolescentes que actualmente están
embarazadas o ya son madres, no se observa un cambio fundamental en su manera de pensar,
en torno a los demás participantes, este hecho puede explicarse debido a las características de
su contexto en el que por ejemplo, a pesar de ya haber sucedido un embarazo no planificado, los
padres continúan sin involucrarse en la educación sexual de su hija, o refieren que a pesar de
todo su hija debe continuar con su plan de vida, de manera que, los abuelos absorben la
responsabilidad de la crianza, minimizando las conductas de riesgo y sus secuelas.

La principal influencia para los adolescentes al momento de tener conductas sexuales de riesgo
es su pareja afectiva, así como la importancia de mantener una apariencia ante esta, de manera
que gran parte de los adolescentes ceden a arriesgarse, a confiar y hasta acceden a prácticas
que les pueden generar dolor tanto físico como emocional, esto debido también a la presencia
de una inadecuada autoeficacia e inseguridad. La institución educativa continúa siendo una de
las principales fuentes de información sobre sexualidad, sin embargo, la educación sexual
recibida es abismalmente deficiente, siendo que, los adolescentes que consiguen aprender algo
más, están en una situación de favoritismo, puesto que sólo aquellos que se convierten en
amigos de sus docentes consiguen ser partícipes de estos beneficios.

De esta manera se concluye que la presente investigación permitió comprender de manera más
profunda las motivaciones y experiencias sobre la práctica de promiscuidad y relaciones
sexuales desprotegidas, con relación a los factores socioculturales que están presenten en el
contexto de los adolescentes de etapa tardía, de manera que ahora con este conocimiento se
puedan proponer posibles soluciones acordes a las necesidades plasmadas.


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