Vale la pena comenzar el análisis con un breve recordatorio de las posiciones que tenía Jung
sobre la génesis y el sentido del concepto del arquetipo. En la teoría del psicólogo suizo, los
arquetipos constituyen la base de la psique que emerge del yo o ego primario en el curso del
desarrollo de la personalidad humana. Luego, condicionan la búsqueda del pleno desarrollo
personal en el proceso de individuación. Jung los caracterizó como: facultas praeformandi
(capacidades pre-formadas), "contenidos indeterminados", [algo] "capaz de duplicidad",
“inconsciente pero activo", "vacío y puramente formal", "lleno de contenido", "presente en todos
los niveles de la psique" (Jung, 1939/2002).
Al mismo tiempo, Jung pensó que la influencia de los arquetipos tuviera un significado funcional
y, por lo tanto, los trató como mecanismos generales que influyen en el comportamiento.
Ejemplos de estas estructuras arquetípicas son: anima y animus, ego, persona y sombra. Estos
son los arquetipos básicos que subyacen en la psique primordial. A su vez, los arquetipos del
Niño, la Madre y el Viejo Sabio conforman el segundo grupo, relacionado con la transmisión y
asimilación del simbolismo cultural y religioso. Al preguntar por el carácter científico de ambos
grupos de arquetipos, hay que tener en cuenta su heterogeneidad. Es relativamente más fácil
justificar la realidad empírica y el carácter científico de los arquetipos del primer grupo que del
segundo. Hay pocas dudas de que anima y animus son arquetipos con un largo linaje evolutivo
(biológico) y patrones evidentes en el proceso de transmisión cultural. Mucho más tarde, cuando
comenzó la investigación empírica sobre el género psicológico y los patrones de género en la
cultura, quedó claro que anima y animus eran biológica, psicológica y culturalmente reales. Hoy
ya no es necesario debatir las diferencias sexuales genéticamente determinadas, así como sus
diferencias moldeadas por patrones culturales, porque son asuntos obvios.
Mucho más difícil es explicar la realidad evolutiva de arquetipos como la sombra, el ego y la
persona, para determinar si cumplen los criterios científicos o no.
Jung no elaboró una teoría de los arquetipos completa ni una lista acabada de los mismos. Sin
embargo, varias de sus declaraciones muestran que pensó en los arquetipos como en una
estructura entendida holísticamente, transmitida a través de los procesos de herencia biológica
y transmisión cultural. Una de las alumnas más famosas de Jung, Marie-Louise von Franz,
presentó una justificación amplia para la tesis, según la cual los arquetipos forman un campo
"matemáticamente ordenado" (Franz, 1994, pp. 81-84). Esta importante declaración enfatiza que
la colección de los arquetipos constituye un sistema que representa las estructuras profundas y
evolutivamente determinadas de la psique primordial. Pero, ¿qué evidencia tenemos para la
existencia de tales estructuras? Se debe plantear la incógnita sobre si, independientemente de la
teoría de Jung, se han descubierto y confirmado mediante las investigaciones científicas las
estructuras de este tipo u otras parecidas. A la hora de buscar una respuesta a esta pregunta y,
consecuentemente al problema si las teorías de Jung son de carácter científico, hay que
remitirse, por tanto, a campos de conocimiento contemporáneos posteriores a Jung.
CÓMO AFECTAN LOS ARQUETIPOS AL COMPORTAMIENTO: PATRONES ARQUETÍPICOS DE
REACCIONES EMOCIONALES
Tomaré como ejemplo la influencia de las estructuras arquetípicas que se puede hallar en los
mecanismos de las emociones básicas. Jung fue un pionero en el estudio experimental de las
emociones. Fue el primero en el mundo en utilizar la reacción galvánica de la piel y el índice de
tiempo de reacción para medir la intensidad de las asociaciones emocionales (Woodworth &
Schlosberg, 1963).