Abordaje no operatorio en traumatismo cerrado a nivel  
esplénico: revisión de tema  
Non-operative approach in blunt splenic trauma: a review of the topic  
Rebeca Hernández Solano  
Universidad de Ciencias Médicas  
San José Costa Rica  
Paola Cristhina Alegría De Arco  
Universidad de Ciencias Médicas  
San José Costa Rica  
Nhur Sharaf El Yasin  
Investigadora independiente  
San José Costa Rica  
Cristian Andrei Jiménez Solís  
Investigador independiente  
San José Costa Rica  
Gabriel Esteban Arroyo Chacón  
Investigador independiente  
San José Costa Rica  
Julianne Maynard Carmiol  
Investigadora independiente  
San José Costa Rica  
Artículo recibido: 31 de octubre de 2025. Aceptado para publicación: 06 de marzo de 2026.  
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.  
Resumen  
El traumatismo esplénico cerrado representa una de las lesiones más frecuentes en el trauma  
abdominal y constituye un desafío en la toma de decisiones terapéuticas. En las últimas décadas, el  
manejo no operatorio (MNO) ha ganado protagonismo como estrategia segura y eficaz en pacientes  
hemodinámicamente estables, con el objetivo de preservar la función inmunológica del bazo y reducir  
la morbimortalidad asociada a la esplenectomía. La literatura revisada incluye principalmente  
estudios  
observacionales  
en  
pacientes  
adultos  
con  
traumatismo  
esplénico  
cerrado,  
hemodinámicamente estables, en quienes la embolización de la arteria esplénica (EAE) ha  
demostrado incrementar las tasas de éxito del manejo conservador y disminuir la necesidad de  
intervención quirúrgica, especialmente en lesiones de alto grado. Esta revisión descriptiva analiza la  
evidencia actual sobre el abordaje no operatorio, enfatizando las indicaciones, resultados y  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 1 p 2564.  
limitaciones de la SAE, destacando sus implicaciones en la optimización de la toma de decisiones  
clínicas y en la consolidación del manejo conservador como estrategia terapéutica de referencia.  
Palabras clave: trauma esplénico cerrado, manejo no operatorio, embolización de la arteria  
esplénica, preservación de tejido esplénico  
Abstract  
Blunt splenic trauma represents one of the most frequent injuries in abdominal trauma and poses a  
challenge in therapeutic decision-making. In recent decades, nonoperative management (NOM) has  
gained prominence as a safe and effective strategy in hemodynamically stable patients, with the aim  
of preserving the spleen’s immunological function and reducing the morbidity and mortality associated  
with splenectomy. The reviewed literature primarily includes observational studies in adult patients  
with blunt splenic trauma who were hemodynamically stable, in whom splenic artery embolization  
(SAE) has been shown to increase the success rates of conservative management and decrease the  
need for surgical intervention, particularly in high-grade injuries. This descriptive review analyzes the  
current evidence on the nonoperative approach, emphasizing the indications, outcomes, and  
limitations of SAE, and highlighting its implications for optimizing clinical decision-making and  
consolidating conservative management as a reference therapeutic strategy.  
Keywords: blunt splenic trauma, non-operative management, splenic artery embolization, preservation  
of splenic tissue  
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Cómo citar: Hernández Solano, R., Alegría De Arco, P. C., Sharaf El Yasin, N., Jiménez Solís, C. A.,  
Arroyo Chacón, G. E., & Maynard Carmiol, J. (2026). Abordaje no operatorio en traumatismo cerrado a  
nivel esplénico: revisión de tema. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 1 p 2565.  
INTRODUCCIÓN  
El trauma mayor, es considerado a nivel mundial como la principal causa de muerte en adultos jóvenes  
menores de 35 años. Dentro de ello, el trauma intraabdominal representa del 10 al 12%, siendo el bazo  
uno de los órganos afectados con mayor frecuencia tal como describe Nann et al. (2024). Ante la  
sospecha de una lesión esplénica un diagnóstico rápido y abordaje certero es vital, dado que atenta  
contra la vida del paciente; se menciona que una lesión crítica aumenta la mortalidad del 7 al 18%, así  
como morbilidad en aquellos pacientes sometidos a una esplenectomía Barah et al. (2023).  
Tal como describe Giulio et al. (2021), el trauma esplénico cerrado se define como la lesión del bazo  
secundaria a un evento traumático contuso, producido por mecanismos de compresión, contusión o  
desaceleración, capaz de generar daño único o múltiple con compromiso tanto estructural como  
funcional del órgano. Clínicamente, el síntoma predominante suele ser un dolor intenso en el  
hipocondrio izquierdo, que puede irradiarse al hombro ipsilateral, conocido como signo de Kehr, y que  
se exacerba con la palpación. En algunos casos, puede observarse distensión abdominal secundaria a  
la acumulación de sangre en la cavidad peritoneal (Villareal et al. (2022).  
Cuando la pérdida sanguínea es significativa, el cuadro puede evolucionar hacía un choque  
hipovolémico, manifestado por: taquicardia, palidez, diaforesis y disminución del nivel de consciencia.  
La evidencia sugiere que los pacientes con sospecha de trauma esplénico, deberán abordarse siempre  
bajo una valoración primaria según las guías de Advanced Trauma Life Support (ATLS), siguiendo la  
evaluación sistemática del ABCDE, con el fin de identificar y tratar oportunamente las condiciones  
potencialmente letales (Podda et al. (2022)). Es importante destacar que las manifestaciones clínicas  
no siempre son evidentes en fases iniciales y pueden presentarse de forma tardía, lo que convierte a la  
observación clínica estrecha en un componente fundamental del manejo (Maung y Kaplan., 2025).  
Por su parte, el abordaje del sangrado posterior a un trauma esplénico ha ido evolucionando en los  
últimos 30 años, culminando en el manejo no operatorio (MNO) como el estándar de oro en pacientes  
hemodinámicamente estables. En los años noventa, el 57,3% de los casos requirieron cirugía abierta,  
sin embargo, el aumento de costo y complicaciones llevaron a la investigación de medidas no  
quirúrgicas, como la observación y la embolización arterial, que prometían una mayor tasa de éxito sin  
el aumento en la morbimortalidad. De tal manera que en el año 2015 la tasa de cirugía abierta  
disminuyó a 8,3%, llevando a la embolización arterial a un 60,6% con una tasa de éxito de 92,6%, lo que  
demostró que su utilización era menos invasiva y más efectiva (Nann et al., (2024).  
DESARROLLO  
Anatomía  
De acuerdo con Villareal et al., (2022), el bazo es un órgano intraperitoneal localizado posterolateral en  
el cuadrante superior izquierdo debajo del hemidiafragma izquierdo y lateral a la curva mayor del  
estómago. Está rodeado de una cápsula fibrosa compuesta de colágeno, elastina y músculo liso. Su  
irrigación se basa predominantemente por la arteria esplénica que es tortuosa y viaja en el margen  
superior del páncreas, cuyo origen es el tronco celíaco. El bazo cuenta con una irrigación colateral por  
parte de las arterias gástricas cortas, que a su vez reciben sangre de la arteria gástrica izquierda y  
arteria gastroepiploica izquierda.  
La arteria esplénica se ramifica para formar seis arterias mayores antes de ingresar al hilio; cada rama  
corre de forma transversal el eje del bazo. Las arterias recorren el tejido reticular terminando en la  
formación de vénulas y posteriormente seis venas que no acompañan a las arterias y desembocan en  
la vena mesentérica superior hacía la vena porta (Moore el al., (2023).  
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Fisiología y función inmune  
El bazo es el mayor órgano linfático del organismo. Su pulpa blanca actúa como un sistema de  
detección de antígenos circulantes en la sangre, donde los linfocitos T y B se activan, y generan  
respuestas inmunes, incluyendo la formación de centros germinales productores de anticuerpos.  
Asimismo, constituye un sitio clave de proliferación linfocitaria y vigilancia inmunológica. Durante la  
vida prenatal, el bazo cumple una función hematopoyética; sin embargo, después del nacimiento  
participa principalmente en la identificación, eliminación y destrucción de eritrocitos y plaquetas no  
funcionales, además de intervenir en el reciclaje del hierro y la globina. Adicionalmente, actúa como  
reservorio de eritrocitos y plaquetas (Giulio et al., (2021).  
Diagnóstico  
Como se mencionó anteriormente, el trauma cerrado esplénico se debe manejar como un paciente  
politraumatizado. Primeramente, se realiza una evaluación primaria utilizando la mnemotecnia del  
“ABCDE”. A grandes rasgos, la A (airway), se evalúa la permeabilidad y mantenimiento de la vía aérea,  
además de proteger la columna cervical; B (breathing) donde se valora la inspección, palpación,  
percusión y auscultación de la caja torácica; C (circulation) evalúa la función cardiaca, el volumen  
sanguíneo y en pocas palabras, la estabilidad hemodinámica; D (disability) se enfoca en la valoración  
neurológica y establecer el grado de conciencia con la aplicación de la escala de Glasgow, y por último  
E (exposure), donde se debe visualizar el paciente en su totalidad en busca de otras lesiones que hayan  
pasado desapercibidas. La finalidad del abordaje ABCDE es identificar y tratar de forma temprana las  
condiciones potencialmente letales (Giulio et al., (2021).  
Dentro de los estudios de imagen para la evaluación del trauma abdominal, es recomendable realizar  
inicialmente un focus assessment with sonography in trauma (FAST) y tomografía computarizada.  
Según Giulio et al. (2021), el FAST es útil debido a su bajo costo, rapidez y no ser invasivo, por ende, es  
la primera herramienta diagnóstica en pacientes hemodinámicamente inestables. Este nos permite  
identificar la presencia de líquido libre en la cavidad abdominal; sin embargo, un FAST negativo, no  
excluye completamente una lesión esplénica, principalmente intraparenquimal. Adicionamente según  
Serna et al., (2021), algunos hallazgos ultrasonográficos de lesión esplénica son: zona hipoecoica que  
rodea el borde del bazo (líquido subcapsular/líquido periesplénico intraperitoneal), o colección de  
líquido en el espacio de Morrison (la zona hepatorrenal).  
La tomografía computarizada (TAC) constituye el estándar diagnóstico para la evaluación del trauma  
esplénico en pacientes hemodinámicamente estables. Habitualmente se realiza con administración de  
contraste intravenoso, mientras que el uso de contraste oral ha caído en desuso en muchos centros  
hospitalarios, dado que no aporta información adicional relevante y puede retrasar el diagnóstico. La  
fase arterial permite una mejor detección de lesiones vasculares esplénicas contenidas, tales como  
pseudoaneurismas o extravasación activa; sin embargo, utilizada de forma aislada resulta subóptima  
para la evaluación del parénquima, debido al realce heterogéneo fisiológico del bazo en esta fase. Por  
ello, la fase venosa portal es fundamental para una adecuada valoración de las lesiones  
parenquimatosas, permitiendo una mejor delimitación de laceraciones, hematomas y áreas de infarto  
(Maung y Kaplan., (2025).  
Adicionalmente, Maung y Kaplan., (2025) destaca, la importancia de considerar que no todo líquido  
libre en la cavidad abdominal corresponde a hemoperitoneo; en este contexto, la medición de la  
atenuación mediante unidades Hounsfield resulta indispensable para diferenciar sangre de otras  
colecciones. Los principales hallazgos tomográficos asociados al trauma esplénico se resumen en la  
tabla 1.  
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Tabla 1  
Hallazgos en trauma esplénico mediante tomografía axial computarizada (Maung y Kaplan., 2025)  
Hematoma  
Alta densidad en TAC sin contraste. Baja densidad en TAC con  
contraste.  
Hematoma periesplénico  
Colecciones de líquido alrededor del bazo. Cuando tienen valores  
altos en unidades Hounsfield, sugieren lesión esplénica.  
Áreas hipodensas que representan disrupción del parénquima,  
hematoma intraparenquimatoso o subcapsular.  
Sigue el contorno del bazo y comprime el parénquima.  
Áreas lineales hipodensas; puede confundirse con  
hendiduras/lobulaciones normales que tienen bordes lisos.  
Extravasación de contraste de la arteria esplénica o ramas; indica  
sangrado en curso y necesidad de intervención.  
‘Blush’ de contraste: áreas hiperdensas que representan  
pseudoaneurisma o fístula arterio venosa.  
Hematoma  
intraparenquimatoso  
Hematoma subcapsular  
Laceración esplénica  
Sangrado activo  
Lesión vascular  
parenquimatosa  
Hemoperitoneo  
Líquido con densidad sanguínea distribuido en la cavidad abdominal  
por laceraciones con sangrado rápido.  
Infarto esplénico  
Áreas por trombosis vascular, puede aparecer tras lesión vascular o  
en pacientes hipercoagulables.  
Fuente: elaboración propia.  
Clasificación según la American Association for Surgery of Trauma  
Esta clasificación se basa en hallazgos del TAC o autopsias, según estos se dividen en 5 grados. Las  
lesiones de I y II grado tienen un riesgo de resangrado menor al 20%. Lesiones de Grado III, IV y V van  
a presentar una probabilidad de resangrado mayor al 20% alcanzando hasta el 50% en un contexto de  
extravasación del contraste y hasta un 70% cuando se asocia a un hemoperitoneo extenso (Júnior  
et al., 2021)  
Tabla 2  
Clasificación AAST de las lesiones esplénicas (Júnior et al., 2021).  
Grado  
Criterios de lesión  
I
Laceración < 1 cm.  
Hematoma subcapsular < 10%.  
II  
Laceración de 13 cm.  
Hematoma subcapsular 1050% y < 5 cm.  
Laceración > 3 cm o vasos trabeculares.  
Hematoma > 50%.  
III  
Hematoma roto o > 5 cm.  
IV  
V
Lesión vascular con desvascularización > 25%.  
Bazo destrozado.  
Desvascularización total.  
Fuente: elaboración propia.  
Índice de gravedad por TC en trauma esplénico (CSTI)  
El índice de gravedad por tomografía computarizada en trauma esplénico (CSTI) se desarrolló tras la  
introducción del concepto de MNO. De acuerdo con Barah et al.,(2023), la primera clasificación  
propuesta por la American Association for the Surgery of Trauma (AAST) en 1989 se basaba  
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fundamentalmente en criterios anatómicos, con limitada correlación clínica; aunque fue revisada en  
1994, las indicaciones para el MNO continuaron siendo restrictivas, ya que no incorporaban hallazgos  
vasculares relevantes como la extravasación de contraste, los pseudoaneurismas o las fístulas  
arteriovenosas. En 2018, se introdujo el índice de severidad de Baltimore, el cual integró las  
anormalidades vasculares detectadas por tomografía, permitiendo una mejor predicción del riesgo de  
fracaso del MNO. A grandes rasgos ambas clasificaciones permiten no solo estratificar la gravedad  
anatómica, sino también predecir el riesgo de fracaso del manejo no operatorio y orientar la indicación  
de embolización.  
Tabla 3  
Índice de gravedad por TC en trauma esplénico (CSTI) Barah et al.,(2023)  
Grado  
Características de la lesión  
Hematoma subcapsular < 1 cm de grosor.  
I
Laceración < 1 cm de profundidad.  
Hematoma parenquimatoso < 1 cm de diámetro.  
Hematoma subcapsular de 13 cm.  
Laceración de 13 cm.  
II  
Hematoma parenquimatoso de 13 cm.  
Ruptura de la cápsula esplénica.  
Hematoma subcapsular > 3 cm.  
Laceración > 3 cm.  
III  
Hematoma parenquimatoso > 3 cm.  
Sangrado activo intraesplénico.  
Lesión vascular.  
Bazo destrozado.  
Sangrado intraperitoneal activo.  
IVa  
IVb  
Fuente: elaboración propia.  
Manejo  
El abordaje inicial se puede dividir en conservador (observación o embolización) o quirúrgico; la  
decisión se basa en la condición hemodinámica del paciente principalmente, grado de lesión,  
comorbilidades y otras lesiones (Maung y Kaplan., 2025).  
Hemodinámicamente inestable  
En estos escenarios, el abordaje es obligatoriamente quirúrgico, ya que las guías de ATLS establecen  
que, tras un trauma, todo paciente hemodinámicamente inestable con un FAST positivo o con evidencia  
de hemoperitoneo en un lavado o aspiración peritoneal diagnóstica, debe ser sometido a laparotomía  
exploratoria con el objetivo de identificar y controlar la fuente de sangrado. Los detalles técnicos del  
manejo quirúrgico exceden el alcance de la presente revisión y, por lo tanto, no serán abordados en  
este artículo Maung y Kaplan., (2025).  
Tal como describe Coccolini et al. (2017), un paciente inestable se define como aquel que presenta una  
presión arterial sistólica menor a 90 mmHg y una frecuencia cardíaca mayor a 120 lpm, acompañadas  
de signos de hipoperfusión sistémica, como vasoconstricción cutánea (piel fría y húmeda, con  
disminución del llenado capilar), alteración del nivel de conciencia y/o disnea. Asimismo, deben  
considerarse inestables los pacientes con respuesta transitoria, es decir, que muestran una respuesta  
inicial a una reanimación adecuada con líquidos, seguida de signos de pérdida sanguínea continua y  
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déficit de perfusión o a pesar de responder al tratamiento inicial, no logran una estabilización suficiente  
para someterse de forma segura a procedimientos de radiología intervencionista.  
Hemodinámicamente estable, manejo no operatorio  
El abordaje difiere según el nivel de lesión del bazo. Lesiones en con grados I al III, donde no exista  
ninguna evidencia de lesión intraabdominal, una extravasación activa de contraste, o un blush en la  
TAC; la observación es lo principal. Por otro lado, lesiones donde se visualice extravasación del  
contraste, signo de rubor por medio del TAC o hallazgos de un pseudoaneurisma intraparenquimatoso,  
son indicaciones de embolización esplénica (Maung y Kaplan., 2025).  
Manejo no operatorio  
Observación  
En pacientes cuyo grado de lesión es bajo y se encuentra hemodinámicamente estable, la observación  
es sin duda el manejo más oportuno; sin embargo, en pacientes donde existen lesiones de alto grado,  
la observación es controversial. Según las guías de World Society of Emergency Surgery, todo paciente  
hemodinámicamente estable debería ser manejado de forma no operatoria y la embolización se deberá  
considerar en grado III o mayores (Maung y Kaplan., 2025).  
Ahora bien, según Maung y Kaplan. (2025) la observación se realizará siempre y cuando se seleccione  
adecuadamente el paciente y que el centro hospitalario cuente con los recursos necesarios en caso de  
que exista un fallo en el manejo conservador. El uso de la clasificación por TAC (AAST) y la Abbreviated  
Injury Scale (AIS) fueron identificados como los mejores predictores de éxito en este tipo de medida.  
Abordaje  
El manejo se deberá realizar dentro de lo posible en una unidad de cuidado intensivo, o una unidad con  
monitorización continua. El paciente deberá permanecer en reposo, sin embargo, no se ha  
documentado un beneficio para esta práctica, según un pequeño estudio retrospectivo la movilización  
temprana en paciente no operatorios de bazo fue segura. Se realizará toma de hemograma cada 6  
horas durante las primeras 24 horas. Se mantendrá nada vía oral durante el primer día, y se analizará  
el inicio de la misma una vez se estabilicen los laboratorios y se concluya que el abordaje quirúrgico  
no va a ser necesario. Por su parte, la tromboprofilaxis ha sido controversial, pequeños estudios  
retrospectivos sugieren el inicio en las primeras 48 horas, no obstante, no existen esquemas de  
dosificación claramente establecidos. Además, su indicación debe individualizarse, ya que puede estar  
contraindicada en presencia de lesiones asociadas que incrementan el riesgo de sangrado (Maung y  
Kaplan., 2025).  
El uso de imágenes ante un manejo conservador es debatible  
Existe debate en la literatura y entre los clínicos sobre la utilidad de realizar estudios de imagen de  
control durante la observación de pacientes con lesión esplénica. La World Society of Emergency  
Surgery recomienda repetir las imágenes en lesiones de grado III o superiores entre las 48 y 72 horas  
posteriores al trauma. Petrone et al., (2017) sugiere durante la práctica clínica, el seguimiento por  
imágenes cuando la evolución del paciente lo justifica, cuando existe persistencia elevada de  
marcadores inflamatorios y del dolor abdominal, sospecha de lesión intestinal, descensos repentinos  
de hemoglobina y de hematocrito, o deterioro del estado general o fiebre. En pacientes con lesiones de  
alto grado (III a V), puede ser necesaria una nueva tomografía dentro de las primeras 24 a 48 horas si  
la situación clínica es incierta, especialmente cuando existen lesiones neurológicas en evolución que  
limitan la fiabilidad del examen físico seriado (Maung y Kaplan., 2025).  
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Estancia hospitalaria  
La estancia hospitalaria de cada paciente se deberá individualizar, según la evolución, el grado de  
lesión esplénica, severidad de lesiones externas y el estado clínico. Se han establecido diversas  
prácticas para determinar la cantidad de días, algunos profesionales sugieren que los días de  
hospitalización son iguales al grado de la lesión más 1, otros sugieren 3 días. Por su parte, un estudio  
multicéntrico observó que del porcentaje de pacientes que fracasaron con MNO, lo hicieron dentro de  
las primeras 96 horas y un 61% en las primeras 24 horas. Considerando que aquellos pacientes con  
lesiones más graves deberán permanecer en el hospital durante más tiempo (Maung y Kaplan., 2025).  
Fallo en la observación  
El fracaso del manejo observacional en el trauma esplénico obliga a una intervención mediante  
embolización de la arteria esplénica o, con mayor frecuencia, tratamiento quirúrgico. Este fallo puede  
presentarse durante la hospitalización o de forma infrecuente, como ruptura esplénica tardía tras el  
alta, generalmente relacionada con la degradación progresiva de pseudoaneurismas del parénquima  
esplénico y sangrado diferido (Maung y Kaplan., 2025).  
Las indicaciones de intervención incluyen inestabilidad hemodinámica, aparición de signos de  
peritonitis difusa o descenso progresivo de la hemoglobina atribuible a hemorragia esplénica,  
manifestándose como hipotensión de forma absoluta o relativa, o bien taquicardia persistente pese a  
una adecuada reanimación. No existe consenso respecto a los umbrales de hemoglobina o los  
requerimientos transfusionales que deben motivar una intervención. La elección entre embolización y  
cirugía depende fundamentalmente de la disponibilidad de recursos institucionales y de la capacidad  
del paciente para tolerar el tiempo requerido para la preparación y ejecución del procedimiento (Maung  
y Kaplan., 2025).  
Embolización de la arteria esplénica (SAE)  
La embolización de la arteria esplénica es una técnica que nació en 1981. Su propósito es reducir el  
flujo arterial de alta presión en la zona de la lesión para facilitar la hemostasia y disminuir el riesgo de  
ruptura. El proceso se lleva a cabo mediante una angiografía, donde se visualiza el sangrado y se realiza  
la embolización con diversos materiales para generar hemostasia, de esta manera, la EAE es una  
técnica tanto diagnóstica como terapéutica (Cretcher et al., 2021).  
El procedimiento inicia estableciendo un acceso percutáneo hacia la aorta abdominal mediante la  
arteria braquial o femoral, se cánula el eje celíaco y se realiza de primera mano una arteriografía celíaca  
para confirmar aquellos hallazgos observados en el TAC. Posteriormente, mediante un microcatéter se  
alcanza la vasculatura del bazo. Dependiendo de la severidad, zona anatómica y resultado de la  
angiografía, la oclusión será proximal, distal o combinada de la arteria esplénica. Es importante  
considerar que la embolización de la arteria esplénica puede no interrumpir completamente el flujo de  
los vasos gástricos cortos debido a la circulación colateral, por lo que el sangrado persistente puede  
no evidenciarse en un angiograma selectivo de la arteria esplénica, siendo necesaria la realización de  
una arteriografía celíaca selectiva (Ruhnke et al., 2021)  
¿Embolización proximal o distal?  
La localización ideal de la embolización continúa siendo motivo de debate, ya que hasta el momento  
no se ha demostrado de forma concluyente la superioridad de una técnica sobre otra. Entre las ventajas  
de la embolización proximal se incluyen un menor tiempo de procedimiento y de fluoroscopia; sin  
embargo, esta estrategia puede limitar las opciones de acceso arterial en caso de requerirse una  
reembolización. Por su parte, la embolización distal permite una mayor preservación del tejido  
esplénico y facilita la reintervención cuando es necesaria, aunque se asocia a riesgos como sangrado  
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persistente por lesiones esplénicas no detectadas o la formación de infartos esplénicos periféricos.  
No obstante, la SAE distal ha demostrado ser eficaz en el manejo de lesiones focales (Cretcher et al.,  
2021).  
En comparación con la embolización distal, la embolización proximal se ha asociado con una menor  
tasa de complicaciones, incluyendo resangrado, infarto, formación de quistes y abscesos, así como  
una menor incidencia de nefropatía inducida por contraste. Asimismo, la combinación de embolización  
proximal y distal puede emplearse de manera efectiva para tratar el sitio primario de extravasación y,  
simultáneamente, reducir la presión global de la arteria esplénica, disminuyendo así el riesgo de ruptura  
tardía. En conclusión, no existe una técnica claramente superior, ya que todas han demostrado eficacia  
cuando se seleccionan y aplican de manera individualizada según las características del paciente, el  
tipo de lesión y el contexto clínico (Rong et al., 2017).  
Materiales  
Los materiales más utilizados para la embolización incluyen coils metálicos, dispositivos de oclusión  
vascular (plugs) y esponja de gelatina. Los agentes embólicos líquidos, como los adhesivos y las  
partículas poliméricas, se asocian a un mayor riesgo de infarto esplénico por su acción a nivel del  
parénquima, por lo que su uso se reserva para procedimientos de reducción esplénica, como en el  
manejo del hiperesplenismo. Los coils y la esponja de gelatina inyectada han demostrado tasas de  
éxito clínico similares, aunque el uso de esponja de gelatina podría asociarse a una mayor tasa de  
complicaciones (Cretcher et al., 2021).  
Ventajas de utilizarla  
Mediante el uso de SAE se preservará la mayor cantidad de tejido esplénico posible, lo que permite  
mantener su función inmunológica, dado que el retiro del bazo conlleva un aumento en el riesgo de  
infecciones severas y sepsis a corto y largo plazo por organismos encapsulados, sumando mayor  
estancia hospitalaria y costo; debido a esto, muchos cirujanos realizan la embolización en estadio IV.  
Asimismo, Cretcher et al. (2021) concluyó que la embolización en lesiones de grado IV y V aumentan  
el rango de éxito con manejo no operatorio, sin embargo, no se observó ninguna diferencia en  
mortalidad, estancia hospitalaria, en contraste con aquellos con lesiones de grado III que si presentaron  
un mayor éxito con menor tiempo hospitalario.  
Aunque la SAE es un pilar moderno del MNO, siempre pueden existir complicaciones, dentro de las más  
importantes: infarto esplénico, formación de abscesos, hipertermia y la hiperalgesia sin infarto  
esplénico asociado. Estas complicaciones pueden presentarse en un 47% de los casos (Cretcher et al.,  
2021).  
Tasa de éxito de la SAE  
La embolización de la arteria esplénica ha demostrado altas tasas de éxito, con oclusión completa del  
vaso en el 90100% de los casos, y tasas de éxito clínico (definidas como hemostasia adecuada y  
preservación esplénica) que oscilan entre el 70 y el 100%, sin diferencias significativas entre las  
técnicas de embolización proximal y distal. La evidencia es particularmente sólida en lesiones  
esplénicas de alto grado (AAST IVV), donde la inclusión de la SAE como parte del manejo no  
operatorio ha mostrado resultados claramente superiores en comparación con la observación aislada,  
con menores tasas de fracaso y necesidad de intervención quirúrgica (Adnan et al., 2020).  
En lesiones de grado IV y V, estudios multicéntricos y metaanálisis han reportado tasas de éxito clínico  
cercanas al 8387% con SAE, frente a tasas de fallo que pueden alcanzar hasta el 75% cuando se  
emplea únicamente la observación. En el caso de las lesiones de grado III, la evidencia es más  
heterogénea: mientras estudios retrospectivos iniciales sugieren una mayor tasa de éxito con SAE,  
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literatura más reciente indica tasas de fallo similares entre la embolización y la observación, lo que  
refleja la naturaleza intermedia y clínicamente variable de este grupo. En este ámbito, la toma de  
decisiones en lesiones de grado III debe individualizarse, considerando factores clínicos como el  
estado hemodinámico, niveles de hemoglobina, volumen de hemoperitoneo y requerimientos de  
resucitación, dentro de un enfoque multidisciplinario (Cretcher et al., 2021).  
Contraindicaciones del MNO  
El manejo no operatorio (MNO) del trauma esplénico está contraindicado de forma absoluta en  
pacientes hemodinámicamente inestables, en aquellos con peritonitis generalizada o cuando existen  
lesiones  
intraabdominales  
asociadas  
que  
requieren  
exploración  
quirúrgica.  
Entre  
las  
contraindicaciones relativas destaca la hipertensión portal, debido a las elevadas presiones venosas  
que dificultan la formación de coágulos y el control efectivo de la hemorragia, incluso tras una  
embolización esplénica exitosa. En este contexto, la cirrosis hepática se ha asociado con mayores  
tasas de complicaciones, fracaso del MNO y mortalidad (Maung y Kaplan., 2025).  
Maung y Kaplan., (2025) describen otras contraindicaciones relativas ya comentadas previamente  
como lo son: lesiones esplénicas de alto grado (>III), extravasación activa del medio de contraste,  
hemoperitoneo de gran volumen, traumatismo craneoencefálico, alteración del estado neurológico que  
impida una adecuada evaluación clínica seriada, y el rechazo de transfusiones sanguíneas en pacientes  
con anemia preexistente.  
Si bien todos los grados de lesión esplénica conllevan riesgo de sangrado impredecible, el riesgo de  
fracaso del MNO mediante la observación aumenta conforme se incrementa la gravedad de la lesión,  
siendo particularmente controvertido su uso en lesiones de grado IV y generalmente inapropiado en  
lesiones de grado V debido a la disrupción vascular extensa. Asimismo, la edad mayor de 55 años se  
ha considerado una contraindicación relativa, ya que el adelgazamiento progresivo de la cápsula  
esplénica se asocia a mayores tasas de fallo; no obstante, estudios retrospectivos sugieren que  
pacientes cuidadosamente seleccionados, hemodinámicamente estables y sin comorbilidades  
significativas, pueden beneficiarse de un abordaje no operatorio, con o sin embolización, (Maung y  
Kaplan., 2025).  
CONCLUSIONES  
El abordaje del traumatismo esplénico cerrado ha evolucionado de manera significativa en las últimas  
décadas. La evidencia actual respalda el manejo no operatorio como una estrategia segura y eficaz en  
pacientes hemodinámicamente estables, asociándose a mayores tasas de éxito y a beneficios  
inmunológicos derivados de la preservación del tejido esplénico. En este contexto, la embolización de  
la arteria esplénica se ha consolidado como una herramienta fundamental, especialmente en lesiones  
de alto grado, al aumentar la probabilidad de éxito del manejo conservador y reducir la necesidad de  
esplenectomía. No obstante, persisten áreas de controversia, particularmente en las lesiones grado III,  
lo que resalta la necesidad de estudios adicionales que permitan definir criterios más precisos de  
selección y manejo. Finalmente, se insta a los cirujanos a considerar el manejo no operatorio de forma  
individualizada en pacientes seleccionados, evitando la esplenectomía cuando no sea estrictamente  
necesaria.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 1 p 2573.  
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