INTRODUCCIÓN
La patología escrotal constituye uno de los motivos más frecuentes de consulta urológica, siendo el
cáncer testicular la entidad que mayor preocupación genera tanto en el paciente como en el profesional
de salud, debido a su potencial impacto pronóstico. No obstante, es fundamental reconocer que no
todas las lesiones escrotales se originan en el testículo, ya que existe una amplia variedad de
estructuras paratesticulares que pueden verse comprometidas.
En la práctica clínica persiste la creencia de que todas las lesiones escrotales extratesticulares son
benignas, lo cual puede conducir a una subestimación diagnóstica y a un abordaje inapropiado. Si bien
la mayoría de las patologías paratesticulares presentan un comportamiento benigno, se ha evidenciado
la posibilidad de neoplasias malignas, las cuales requieren una evaluación diagnóstica particular y
manejo específico (Rafailidis et al., 2021; Gabriel et al., 2023).
Entre las estructuras paratesticulares, el epidídimo es una de las más afectadas. Se ha descrito que
lesiones como el espermatocele y el quiste del epidídimo corresponden a las masas extratesticulares
más frecuentes; sin embargo, las lesiones sólidas de este órgano, aunque son menos comunes,
también son de relevancia clínica (Rafailidis et al., 2021; Gabriel et al., 2023). En este contexto, el
presente artículo tiene el objetivo de analizar las características clínicas y radiológicas de las lesiones
quísticas y sólidas del epidídimo. Para ello, se consultó literatura que incluyó revisiones narrativas y
sistemáticas, estudios observacionales retrospectivos y reportes de casos en población adulta con
patología epididimaria.
DESARROLLO
Anatomía y embriología
El epidídimo es un órgano tubular de 6-7 cm de largo localizado en la cara posterior del testículo y
lateral al conducto deferente (Rafailidis et al., 2021). Tiene la función de madurar los espermatozoides
formados a nivel testicular, permitiendo que, durante la eyaculación, estos se desplacen del epidídimo
hacia el conducto deferente, donde continúan su trayecto hasta ser eventualmente expulsados a través
de la uretra, como parte del semen (Wu et al., 2022).
Con base en Seevagan et al. (2019), el epidídimo está constituido por un único conducto ependimario
que se origina a partir de la unión de los conductos eferentes del testículo, inclusive se menciona que
si este conducto se desenrollara alcanzaría una longitud de aproximadamente 3 a 4 m. Este órgano es
una estructura que consta de tres partes: cabeza, cuerpo y cola. Según Rafailidis et al. (2021), la cabeza
es el segmento de mayor grosor con un diámetro de 12 mm, mientras que el cuerpo es de 4 mm.
Asimismo, de acuerdo con Seevagan et al. (2019), está revestido por un epitelio columnar ciliado y su
luz se va ensanchando progresivamente conforme se va acercando a la cola, donde el músculo
comienza a rodear el túbulo para continuarse como el conducto deferente. La irrigación arterial del
epidídimo está dada por una rama de la arteria testicular que ingresa a nivel de la cabeza del epidídimo
y recorre toda su estructura hasta que se anastomosa con la rama terminal de la arteria del conducto
deferente.
En un contexto embriológico, las células de Leydig de los testículos aún en desarrollo secretan
testosterona para mediar la diferenciación de los genitales externos masculinos, pero también
permiten el mantenimiento de los conductos embriológicos masculinos denominados conductos
mesonéfricos o de Wolff. Posteriormente, estos conductos mesonéfricos estarán encargados de dar
origen al epidídimo, conducto deferente y glándulas seminales (Wu et al., 2022).
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 1 p 2524.