Seguridad del parto vaginal después de cesárea: revisión  
bibliográfica de riesgos maternos y neonatales  
Safety of vaginal birth after cesarean: a literature review of maternal and  
neonatal risks  
Nhur Sharaf El Yasin  
Investigadora independiente  
San José Costa Rica  
Cristian Andrei Jiménez Solís  
Investigador independiente  
San José Costa Rica  
Rebeca Hernández Solano  
Universidad de Ciencias Médicas  
San José Costa Rica  
Gabriel Esteban Arroyo Chacón  
Investigador independiente  
San José Costa Rica  
Julianne Maynard Carmiol  
Investigadora independiente  
San José Costa Rica  
Paola Cristhina Alegría De Arco  
Universidad de Ciencias Médicas  
San José Costa Rica  
Artículo recibido: 31 de octubre de 2025. Aceptado para publicación: 06 de marzo de 2026.  
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.  
Resumen  
A nivel mundial se ha documentado un incremento sostenido en la tasa de cesáreas y un consecuente  
interés creciente por el parto vaginal después de cesárea (PVDC) como alternativa obstétrica, en un  
contexto marcado por la variabilidad en los criterios de selección y la percepción del riesgo materno-  
fetal. El presente artículo sintetiza la evidencia disponible sobre los criterios de elegibilidad, los  
predictores de éxito y los desenlaces materno-fetales asociados al intento de trabajo de parto en  
gestantes con antecedente de cesárea (PPDC). Para ello, se incluyeron guías clínicas, revisiones  
sistemáticas y estudios observacionales centrados en mujeres con una o más cesáreas previas,  
evaluando factores clínicos y obstétricos relacionados con el éxito del PVDC. La literatura muestra  
que hasta el 80% de las mujeres que intentan una PPDC logran un parto vaginal exitoso, con tasas  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 1 p 2534.  
variables según características como el tipo de incisión uterina, el antecedente de parto vaginal previo,  
la indicación de la cesárea anterior y las condiciones cervicales al ingreso. Asimismo, el PVDC exitoso  
se asocia con menor morbimortalidad materna en comparación con la cesárea iterativa, mientras que  
una PPDC fallida conlleva un mayor riesgo de complicaciones materno-fetales frente a la cesárea  
electiva programada. Aunque infrecuente, la ruptura uterina constituye la complicación más temida,  
exigiendo una vigilancia intraparto continua y disponibilidad inmediata de atención quirúrgica. En  
conclusión, la evidencia respalda el PVDC como una opción segura y beneficiosa en gestantes  
cuidadosamente seleccionadas, enfatizando la necesidad de la profundización de la investigación con  
respecto a este abordaje y la concientización del personal médico.  
Palabras clave: cesárea, parto vaginal, PPDC, PVDC  
Abstract  
Globally, a sustained increase in cesarean delivery rates has been documented, accompanied by a  
growing interest in vaginal birth after cesarean (VBAC) as an obstetric alternative, within a context  
marked by variability in selection criteria and perceptions of maternalfetal risk. This article  
synthesizes the available evidence on eligibility criteria, predictors of success, and maternalfetal  
outcomes associated with a trial of labor after cesarean (TOLAC) in women with a history of cesarean  
delivery. To this end, clinical practice guidelines, systematic reviews, and observational studies  
focusing on women with one or more previous cesarean sections were included, evaluating clinical  
and obstetric factors related to VBAC success. The literature shows that up to 80% of women who  
attempt TOLAC achieve a successful vaginal birth, with rates varying according to factors such as the  
type of uterine incision, history of prior vaginal delivery, indication for the previous cesarean, and  
cervical status at admission. Furthermore, successful VBAC is associated with lower maternal  
morbidity and mortality compared with repeat cesarean delivery, whereas failed TOLAC carries a  
higher risk of maternalfetal complications than planned elective cesarean delivery. Although  
infrequent, uterine rupture represents the most feared complication, requiring continuous intrapartum  
monitoring and immediate availability of surgical care. In conclusion, the evidence supports VBAC as  
a safe and beneficial option in carefully selected women, highlighting the need for further research into  
this approach.  
Keywords: cesarean section, vaginal birth, TOLAC, VBAC  
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publicado en este sitio está disponibles bajo Licencia Creative Commons.  
Cómo citar: Sharaf El Yasin, N., Jiménez Solís, C. A., Hernández Solano, R., Arroyo Chacón, G. E.,  
Maynard Carmiol, J., & Alegría De Arco, P. C. (2026). Seguridad del parto vaginal después de cesárea:  
revisión bibliográfica de riesgos maternos y neonatales. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias  
Sociales y Humanidades 7 (1), 2534 2544. https://doi.org/10.56712/latam.v7i1.5455  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 1 p 2535.  
INTRODUCCIÓN  
A lo largo de la historia de la obstetricia, la cesárea ha evolucionado desde una intervención de último  
recurso hasta convertirse en uno de los procedimientos quirúrgicos más frecuentemente realizados.  
Durante el siglo XX, la premisa “una vez cesárea, siempre cesárea” de Edwin B. Cragin (1916) rigió el  
abordaje obstétrico a nivel mundial, eliminando la posibilidad de parto vaginal en mujeres con cesárea  
previa. Dicho paradigma empezó a cuestionarse en la década de 1970 y, posteriormente, en el 1988, el  
American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG) planteó la viabilidad del parto vaginal en  
mujeres con antecedente de cesárea en sus guías (Trojano et al., 2019).  
De acuerdo con el American College of Obstetricians and Gynecologists (2019), a raíz de lo anterior se  
observó un incremento significativo en la tasa de este abordaje, el cual pasó del 5% al 28.3% de partos  
en multíparas en un período de 11 años. Paralelamente, la frecuencia global de cesáreas disminuyó  
transitoriamente del 22.8% al 20% en el mismo lapso. Sin embargo, esta tendencia se asoció con un  
aumento en la incidencia de complicaciones maternas y neonatales, lo cual condujo al  
restablecimiento de prácticas más conservadoras a principios del siglo XXI.  
Años después, en el 2010, a raíz de las tasas persistentemente elevadas de cesáreas, los Institutos  
Nacionales de Salud decidieron reincorporar el parto vaginal como opción de manejo en mujeres  
embarazadas con historia de cesáreas previas, dando inicio a una década de investigación orientada  
a definir sus beneficios y riesgos, los criterios de inclusión adecuados y los predictores de éxito  
prenatal e intraparto (ACOG, 2019).  
En la actualidad, las cesáreas constituyen el 21% de los nacimientos a nivel global. Esta cifra excede la  
tasa recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la cual señala que un 10-15% de los  
partos anuales se realizan por vía alta (Angolile et al., 2023). Según Dodd et al. (2013), en Estados  
Unidos este porcentaje es del 32.8%, de las cuales cerca de un 28% corresponde a cesáreas electivas,  
siendo el antecedente de cesárea previa la principal indicación para su realización.  
Ahora bien, Attanasio et al. (2018) describen que en los últimos 5 años se ha observado un aumento  
en el interés por PPDC y PVDC por parte de mujeres gestantes. Sin embargo, pese a este aumento en  
la demanda, hasta un 90% de las mismas prefieren optar por una cesárea electiva sin intentar el parto  
por vía vaginal. Esta discrepancia ilustra las diversas barreras que limitan la implementación de la  
PPDC, incluyendo tanto la percepción de mayor seguridad de la cesárea como la disponibilidad de  
recursos para su vigilancia. Esta situación, junto con los potenciales beneficios materno-fetales,  
subraya la importancia de analizar de manera crítica la evidencia.  
El presente artículo propone realizar una revisión exhaustiva de la literatura disponible, con el fin de  
ofrecer una síntesis actualizada de la evidencia existente.  
DESARROLLO  
Definiciones  
La Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Buenos Aires o SOGIBA (2019) define la prueba de parto  
después de una cesárea (PPDC) o trial of labor after cesarean section (TOLAC) como el intento  
planificado de trabajo de parto en una mujer embarazada que presenta un antecedente de cesárea.  
Esto, con la finalidad de alcanzar un parto vaginal después de cesárea (PVDC), conocido en inglés  
como vaginal birth after cesarean (VBAC). Ante el fracaso de este proceso, identificado en la literatura  
como prueba de parto fallida (PPF), típicamente se opta por una cesárea de urgencia (CU).  
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Por otro lado, la cesárea iterativa (CI) se define como la programación de un nacimiento por vía alta  
previo al inicio de la labor de parto, debido a la presencia de indicaciones para la misma durante el  
embarazo. Entre estas, la más frecuente es el antecedente de cesárea previa (SOGIBA, 2019).  
Selección de candidatas y criterios de inclusión  
La realización exitosa de un parto vaginal posterior a cesárea se asocia con múltiples beneficios  
maternos y fetales, lo cual resalta la importancia de promover su práctica en pacientes  
cuidadosamente seleccionadas.  
En concordancia con las guías del ACOG (2019), el principal beneficio materno del parto vaginal  
posterior a cesárea se centra alrededor de la prevención de una cirugía abdominal mayor y de las  
complicaciones inherentes a este tipo de intervención. Por ende, el PVDC implica una movilización  
temprana y recuperación funcional posparto más rápida. En este sentido, la evidencia ha demostrado  
una reducción significativa en las tasas de infecciones puerperales (incluyendo corioamnionitis,  
infección de la herida quirúrgica y endometritis) y eventos tromboembólicos, los cuales representan  
causas relevantes de complicaciones maternas en el posoperatorio de la cesárea.  
Adicionalmente, se ha demostrado que la realización de cesáreas a repetición genera un incremento  
progresivo del riesgo de complicaciones quirúrgicas y obstétricas, entre ellas la lesión vesical o  
intestinal, la necesidad de histerectomía periparto, el requerimiento de transfusión sanguínea y una  
mayor probabilidad de embarazo ectópico (ACOG, 2019). De igual manera, Nggada (2023) postula que  
el antecedente de múltiples cesáreas se asocia con un riesgo sustancialmente mayor de trastornos de  
la placentación, tales como placenta previa y placenta accreta.  
En cuanto a la perspectiva neonatal, los beneficios del parto vaginal posterior a cesárea incluyen una  
menor incidencia de taquipnea transitoria del recién nacido y de las lesiones accidentales relacionadas  
con la incisión uterina durante la cesárea. Asimismo, el parto vaginal favorece una transición fisiológica  
más adecuada a la vida extrauterina, al asociarse a una mayor probabilidad de realizar la “hora de oro”  
(Nggada, 2023). Esto presenta implicaciones positivas para el recién nacido, como la fomentación del  
inicio temprano de la lactancia materna, fortaleciendo el vínculo madre-hijo. Similarmente, garantiza  
una estabilización cardiorrespiratoria óptima, mejor termorregulación, estabilización glicémica,  
disminución del estrés neonatal y beneficios inmunes al exponer al recién nacido a la microbiota  
materna (Sharma, 2017).  
Lo anterior resalta la importancia de la educación de las pacientes con respecto a sus opciones y el  
ofrecimiento de la PPDC y el PVDC. A continuación, se discutirán los diversos criterios de inclusión que  
se deben valorar durante la selección de candidatas para PPDC y PVDC.  
Determinantes maternos  
Ahora bien, la evidencia publicada por el ACOG (2019) indica que la mayoría de las gestantes con  
antecedente de una cesárea previa mediante incisión transversa baja son candidatas para un PVDC.  
No obstante, la probabilidad de lograr un PVDC exitoso es multifactorial.  
El índice de masa corporal (IMC) elevado ha demostrado de manera consistente el ser un factor  
predictor de fracaso del parto vaginal posterior a cesárea. Diversos estudios han evidenciado que el  
incremento progresivo del IMC se correlaciona con una disminución en las tasas de PVDC, así como  
con una mayor incidencia de distocias del trabajo de parto y necesidad de intervenciones obstétricas.  
De acuerdo con el ACOG (2019), aproximadamente el 85% de las mujeres con IMC dentro de rangos  
normales (18.524.9 kg/m2) logran un PVDC exitoso; proporción que se reduce significativamente  
hasta el 61% en gestantes con obesidad mórbida (IMC > 40 kg/m2).  
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A pesar de esta asociación, la obesidad no debe considerarse una contraindicación absoluta para el  
intento de la PPDC. La evaluación de estas pacientes debe integrar otros factores clínicos relevantes.  
Asimismo, resulta fundamental considerar que la obesidad constituye por sí misma un factor de riesgo  
en el contexto quirúrgico, asociándose a un aumento en la incidencia de complicaciones intra- y  
postoperatorias (ACOG, 2019).  
Otro elemento que considerar es la edad materna, cuyo aumento es inversamente proporcional a la  
viabilidad del PVDC. Similarmente, diversos estudios observacionales han identificado una mayor  
expectativa del éxito del PVDC en mujeres caucásicas (78%) en comparación a mujeres de raza negra  
o asiática (70%). Sin embargo, estas disparidades no deben atribuirse a un origen exclusivamente  
biológico. Es esencial considerar el papel jugado por factores estructurales y sociales, como lo son la  
violencia obstétrica y las barreras de acceso a los recursos necesarios (Trojano et al., 2019).  
Finalmente, se debe valorar cuidadosamente la seguridad del intento de una PPDC en pacientes con  
antecedentes patológicos relevantes. En este contexto, Trojano et al. (2019) recomienda la precaución  
en embarazadas diabéticas, a raíz de la asociación de esta patología a macrosomía fetal y partos  
traumáticos. De igual forma, las malformaciones müllerianas y uterinas pueden representar una  
limitación para el éxito del PVDC, ya que se han vinculado a tasas significativamente más elevadas de  
fracaso (hasta un 62.4%). Es esencial recalcar que este último aspecto ha sido insuficientemente  
profundizado en la literatura, enfatizando la necesidad de mayor investigación.  
Periodo intergenésico  
Este se define como el tiempo transcurrido entre el nacimiento del producto de la gestación y el inicio  
del próximo embarazo. Desde un punto de vista fisiopatológico, un intervalo intergenésico de longitud  
adecuada optimiza el proceso de cicatrización y de remodelación miometrial a nivel de la cicatriz  
uterina. Esto es fundamental para garantizar la indemnidad uterina durante el trabajo de parto y  
prevenir desgarros o rupturas secundarios a la intensidad o frecuencia de las contracciones.  
Tradicionalmente, se considera que un periodo intergenésico <18 meses se asocia a mayor riesgo de  
ruptura uterina (Trojano et al., 2019).  
Indicación de cesárea previa  
Un aspecto fundamental mencionado es el riesgo de recurrencia de la indicación de la cesárea previa.  
Por ejemplo, la literatura indica que eventos como la inducción fallida, prolongación de fase latente,  
labor estacionada o paro en el descenso de la cabeza fetal constituyen escenarios clínicos con  
potencial de repetición en gestaciones consecuentes, por lo que deben valorarse previo al intento del  
PVDC. Por otro lado, el distrés fetal, preeclampsia, placenta previa, desprendimiento prematuro de  
placenta o malpresentación fetal se consideran no recurrentes y no deben excluir la posibilidad de una  
PPDC (ACOG, 2019; Trojano et al., 2019).  
Número de cesáreas previas y antecedente de parto vaginal  
Contrario a la percepción general, Trojano et al. (2019) indican que aquellas mujeres con antecedente  
de dos cesáreas mediante incisión transversa baja no se excluyen automáticamente para un PVDC.  
Esto, ya que la evidencia demuestra tasas de éxito de PVDC comparables a aquellas con una sola  
cesárea. Pese a ello, es relevante destacar que un porcentaje importante de estas pacientes han tenido  
un parto vaginal exitoso previo a las cesáreas, antecedente que se reconoce como un factor predictor  
de éxito para esta modalidad.  
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Incisión uterina  
Como se mencionó previamente, la incisión uterina con el perfil de seguridad más favorable para el  
intento de una PPDC y un PVDC es la transversa baja, dado que esta presenta la menor tasa de ruptura  
uterina asociada. Similarmente, se contraindica esta práctica en pacientes con incisiones verticales  
bajas o altas, debido al riesgo significativamente elevado de dicha complicación (ACOG, 2019).  
Edad gestacional y número de fetos  
Si bien se considera que una edad gestacional >40 semanas se asocia a menor tasa de éxito en el  
PVDC, el ACOG (2019) establece que este hallazgo aislado no justifica la exclusión del PVDC como  
modalidad de manejo. Similar a múltiples criterios, la prolongación de la gestación debe interpretarse  
de manera integral y se debe evitar la toma de decisiones basadas exclusivamente en este parámetro.  
Por otro lado, diversos estudios han demostrado desenlaces similares en pacientes con gestaciones  
múltiples versus embarazos únicos. Lo previo, bajo la condición de que el feto principal, definido como  
aquel que se encuentra más cercano al orificio cervical, se encuentre en presentación cefálica.  
También se sugiere la presencia de un neonatólogo en la sala de partos, por su innegable experiencia  
en reanimación fetal (Trojano et al., 2019).  
Peso fetal estimado  
Históricamente, el peso fetal estimado ha desempeñado un papel relevante en la determinación de la  
vía del parto. En la práctica clínica tradicional, se ha considerado que un peso al nacer ≥4 kg se asocia  
con un mayor riesgo de fracaso del PVDC, debido al incremento en la probabilidad de distocia de  
hombros, desgarros perineales severos y ruptura uterina. No obstante, la literatura disponible evidencia  
que la estimación ecográfica del peso fetal en el tercer trimestre presenta un poder predictivo limitado  
para la macrosomía, por lo que no debería constituir una contraindicación absoluta para el intento de  
una PPDC (Trojano et al., 2019).  
Presentación fetal  
La evidencia postulada por Trojano et al. (2019) sugiere que las embarazadas candidatas a PVDC con  
fetos en presentación no cefálica exhiben probabilidades de éxito en el parto vaginal comparables a  
las de mujeres sin antecedente de cesárea en condiciones similares. No obstante, la consideración del  
PVDC en este contexto exige una valoración exhaustiva de los criterios de selección y la contemplación  
de factores maternos, fetales e institucionales. Adicionalmente, debe tomarse en cuenta la experiencia  
del equipo obstétrico con este tipo de partos y la disponibilidad de recursos para una intervención  
quirúrgica inmediata en caso de ser necesaria.  
Calculadoras de riesgo  
Afortunadamente, se dispone de calculadoras predictoras de riesgo destinadas a orientar la elección  
de la vía de parto. Entre ellas destaca el modelo de Flamm-Gieger (Tabla 1), el cual considera variables  
como la edad materna, historia de parto vaginal, indicación de cesárea(s) previa(s) y características  
cervicales al momento de la admisión (borramiento y dilatación). Específicamente, esta herramienta  
proporciona una estimación de la probabilidad de éxito de un PVDC a partir de los datos ingresados  
por el usuario, y puede constituir un recurso útil en la toma de decisiones clínicas (Nggada, 2023).  
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Tabla 1  
Modelo Flamm-Gieger para la valoración de seguridad del PVDC  
Variable  
Edad materna <40 años  
Parto vaginal antes y después de la(s) cesárea(s)  
Parto vaginal después de la(s) cesárea(s)  
Parto vaginal antes de la(s) cesárea(s)  
No presenta antecedente de parto vaginal previo  
Primera cesárea realizada por causas distintas a fallo de progreso  
Cérvix con borramiento >75% a la admisión  
Cérvix con borramiento de 25-75% a la admisión  
Cérvix con borramiento <25% a la admisión  
Puntuación  
2
4
2
1
0
1
2
1
0
1
Cérvix dilatado ≥ 4 cm a la admisión  
Fuente: elaboración propia.  
Con respecto a la interpretación de los resultados (Tabla 2), se observa que, a mayor puntaje alcanzado  
en el cuestionario, mayor es la probabilidad de un parto vaginal después de cesárea exitosa. Los  
resultados se expresan como el porcentaje estimado de mujeres que lograrán un PVDC exitoso en  
relación con el puntaje alcanzado, lo que permite una interpretación cuantitativa del riesgo. No  
obstante, el cuestionario no debe interpretarse como una herramienta determinante, sino como un  
instrumento de apoyo, facilitando la estratificación del riesgo y el asesoramiento individualizado de la  
paciente (Nggada, 2023).  
Tabla 2  
Interpretación de resultados del Modelo Flamm-Gieger  
Puntaje obtenido  
Porcentaje (%) proyectado de mujeres con PVDC exitoso  
0-2  
3
4
5
6
49  
60  
67  
77  
89  
93  
95  
7
8-10  
Fuente: elaboración propia.  
Contraindicaciones  
A continuación, se presentan las contraindicaciones absolutas para el PVDC (Tabla 3) de acuerdo con  
lo indicado por Nggada (2023), las cuales corresponden a escenarios en los que la evidencia disponible  
no respalda el intento de PPDC, debido al riesgo significativo asociado. A diferencia de las  
contraindicaciones relativas, las cuales permiten la realización de este abordaje bajo condiciones  
específicas y según el criterio del equipo médico, las contraindicaciones absolutas corresponden a  
circunstancias en las cuales los riesgos superan a los beneficios y no se debe optar por esta modalidad  
de manejo.  
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Tabla 3  
Contraindicaciones absolutas del parto vaginal después de la cesárea  
Antecedente de ruptura uterina previa  
Incisión uterina vertical baja o alta  
Incisión uterina horizontal alta  
Placenta previa  
Vasa previa  
Falta de voluntad materna  
Fuente: elaboración propia.  
Consideraciones durante el parto  
Si bien el parto vaginal después de cesárea representa una opción segura y beneficiosa en pacientes  
seleccionadas, este requiere una atención individualizada y minuciosa durante el trabajo de parto con  
el fin de reducir la morbimortalidad materno-fetal.  
Una vez confirmada la elegibilidad de la paciente para el PVDC, tras una revisión integral de su  
expediente clínico y embarazo en curso, este debe intentarse únicamente en centros con disponibilidad  
inmediata de quirófanos y anestesia, ante la eventual necesidad de una cesárea de emergencia.  
Similarmente, la literatura disponible sugiere obtener un acceso intravenoso y la determinación de  
grupo sanguíneo y factor RH al momento del ingreso. Lo anterior, para disponer de esta información  
en el evento de una hemorragia significativa que requiera transfusión (Nggada, 2023).  
Asimismo, el ACOG (2019) recomienda el monitoreo fetal externo continuó con la finalidad de  
garantizar el bienestar fetal. En cuanto a otras modalidades de monitorización, como el catéter de  
presión intrauterino o el electrodo de cabeza fetal, la evidencia disponible indica que no son de uso  
rutinario, dado que no se asocian con una mejoría en los desenlaces materno-fetales y pueden implicar  
un mayor riesgo al tratarse de procedimientos invasivos.  
Con respecto a la conducción o inducción del parto, diversos estudios sugieren que estas  
intervenciones incrementan el riesgo de ruptura uterina al aumentar la frecuencia e intensidad de las  
contracciones. En consecuencia, se favorece el inicio espontáneo de la mecánica uterina y se reserva  
la intervención farmacológica o mecánica para casos seleccionados de bajo riesgo donde se considere  
clínicamente necesaria. En particular, no se recomienda el uso de prostaglandinas, dado que su  
administración se asocia con un mayor riesgo de ruptura uterina en comparación con otros métodos  
(Nggada, 2023).  
En el contexto del embarazo múltiple, la evidencia publicada por Nggada (2023) sugiere que el parto  
vaginal después de cesárea puede considerarse una opción viable siempre que el feto más cercano al  
cérvix se encuentre en presentación cefálica y no existan otras contraindicaciones obstétricas. No  
obstante, diversos estudios han demostrado que el riesgo de ruptura uterina en gestantes con  
embarazo múltiple es superior al observado en mujeres con gestaciones únicas sometidas a un intento  
de trabajo de parto, lo que exige una evaluación cuidadosa del riesgo materno-fetal y un seguimiento  
intraparto estrecho.  
Por otro lado, el intento de parto vaginal después de cesárea en gestaciones con fetos pretérmino se  
ha asociado con una menor probabilidad de éxito y con un incremento en los desenlaces perinatales  
adversos, particularmente en comparación con gestaciones a término. En este escenario, la inmadurez  
fetal y la mayor frecuencia de intervenciones obstétricas pueden contribuir a resultados menos  
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favorables, por lo que la valoración individualizada y la consideración de la cesárea como vía de parto  
deben formar parte del proceso de toma de decisiones clínicas (Nggada, 2023).  
Por último, se ha postulado que la analgesia espinal o epidural constituyen un mayor riesgo de distocia  
del parto en pacientes sometidas a una PPDC. A pesar de lo anterior, un estudio retrospectivo  
postulado por Grisaru-Granovsky et al. (2018) valoró 7149 partos vaginales después de cesárea y  
encontró que las mujeres que recibieron analgesia neuroaxial asociaban una mayor probabilidad de  
alcanzar un parto vaginal, por lo que puede considerarse una herramienta segura y beneficiosa en estas  
pacientes al evitar el agotamiento materno y fomentar de esta manera la progresión de la maduración  
cervical.  
Desenlaces  
Según el ACOG (2019), aproximadamente el 60-80% de las mujeres que se someten a una PPDC  
lograrán un parto vaginal exitoso. Como se ha descrito a lo largo de esta publicación, esta probabilidad  
varía en función de diversas variables clínicas y sociodemográficas. A modo de ejemplo, se estima que  
al menos el 89 % de las gestantes cuya cesárea previa fue secundaria a una indicación no recurrente  
alcanzan un PVDC, mientras que esta proporción desciende a alrededor del 60% en aquellas con  
indicaciones recurrentes (Nggada, 2023).  
Similarmente, Nggada (2023) reitera que el antecedente de parto vaginal previo es el predictor positivo  
de mayor peso para el PVDC, con probabilidades de desenlace favorable que alcanzan el 90%. Lo  
anterior, dado que este antecedente comprueba la presencia de una relación feto-pélvica adecuada,  
una contractilidad uterina eficaz y una respuesta cervical óptima.  
Estos hallazgos, junto con los beneficios materno-fetales previamente expuestos, refuerzan la  
pertinencia de considerar el PVDC como una alternativa segura y eficaz.  
Complicaciones materno-fetales  
Pese a los múltiples beneficios del PVDC, este conlleva riesgos potenciales que exigen una adecuada  
preparación del equipo de salud encargado de la atención del parto. Entre las complicaciones descritas,  
la más temida es la ruptura uterina, cuya incidencia oscila entre 0.5-1% de los casos y varía según  
diversas características obstétricas. La literatura disponible describe que la ruptura uterina inminente  
puede manifestarse como dolor abdominal severo acompañado de un aumento en frecuencia o  
intensidad de las contracciones. Una vez establecida la ruptura, el signo de mayor sensibilidad tiende  
a ser una bradicardia fetal sostenida asociada a un cese abrupto de la actividad contráctil. Otros signos,  
como el sangrado vaginal o la pérdida de la estación fetal, pueden presentarse, aunque con menor  
frecuencia (Nggada, 2023).  
Entre los riesgos maternos adicionales asociados al intento de PVDC, Nggada (2023) describe un  
aumento en la tasa de cesárea de emergencia, estimada entre el 25 y el 28%, así como una mayor  
probabilidad de requerir intervención instrumental (39%) y de desarrollar desgarros perineales de  
cuarto grado (5%). Desde la perspectiva fetal, la evidencia disponible señala un riesgo discretamente  
superior de encefalopatía hipóxico-isquémica (0.08%) y de muerte fetal perinatal (0.04%). Estos  
hallazgos destacan algunos de los beneficios de la cesárea electiva y programada, entre los que se  
incluyen la reducción de la necesidad de cesárea urgente y una incidencia prácticamente despreciable  
de ruptura uterina (<0.02%).  
Adicionalmente, la cesárea planificada permite la realización concomitante de esterilización quirúrgica  
en mujeres con paridad satisfecha y se ha asociado con una disminución del riesgo a largo plazo de  
disfunciones del piso pélvico, como la incontinencia urinaria y el prolapso (Varlas et al., 2021). En  
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términos de desenlaces neonatales, este abordaje se vincula con menores tasas de encefalopatía  
hipóxico-isquémica y de mortalidad fetal perinatal en comparación al PVDC (Nggada, 2023).  
Sin embargo, tal como se expuso en el apartado introductorio, la cesárea (particularmente a repetición)  
implica riesgos inherentes que también deben ser cuidadosamente considerados en el proceso de  
toma de decisiones clínicas.  
CONCLUSIONES  
En conclusión, la literatura actual respalda al parto vaginal después de cesárea como una alternativa  
segura y beneficiosa en las candidatas correctas, con tasas de éxito globales que oscilan entre el 60-  
90%. Diversos factores clínicos y obstétricos, como el antecedente de parto vaginal, la indicación de la  
cesárea previa, las condiciones cervicales al ingreso y el inicio espontáneo del trabajo de parto  
desempeñan un papel importante en la probabilidad de un desenlace favorable. Específicamente, un  
PVDC exitoso implica menor morbimortalidad materno-fetal en comparación con la cesárea a  
repetición, así como con beneficios adicionales a corto y largo plazo.  
No obstante, es fundamental reconocer que una PPDC fallida se asocia con una mayor tasa de  
implicaciones negativas en comparación con la cesárea electiva programada, particularmente en  
relación con la ruptura uterina y la cesárea de emergencia.  
Finalmente, la toma de decisiones en torno al PVDC debe incluir un enfoque centrado en la paciente,  
que promueva la participación de la mujer en la elección de la vía de parto y respete su autonomía.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 1 p 2543.  
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