MIME-Version: 1.0 Content-Type: multipart/related; boundary="----=_NextPart_01DBF0B7.7B975BC0" Este documento es una página web de un solo archivo, también conocido como "archivo de almacenamiento web". Si está viendo este mensaje, su explorador o editor no admite archivos de almacenamiento web. Descargue un explorador que admita este tipo de archivos. ------=_NextPart_01DBF0B7.7B975BC0 Content-Location: file:///C:/0F3B4D1A/0783_AquinoLopez.htm Content-Transfer-Encoding: quoted-printable Content-Type: text/html; charset="windows-1252"
DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v6i3.4152=
span>
Producción maderable en México frente al reto del manejo forestal
sustentable
Timber produc=
tion
in México faces the challenge of sustainable forest management
Rosario Aquino López
Rousaquino94@gmail.com
https://orcid.org/0000-0001-5911-9880
Tecnológico
Nacional de México, Campus Valle de Oaxaca (ITVO)
Oaxaca – México=
Ernesto Castañeda Hidalgo[1]
casta_h50@hotmail.com
https://orcid.org/0000-0001-9296-1439
Tecnológico
Nacional de México, Campus Valle de Oaxaca (ITVO)
Oaxaca – México=
Gisela Margarita Santiago Martínez
Gisela.sm@voaxaca.tecnm.mx
https://orcid.org/0000-0002-0064-7010
Tecnológico
Nacional de México, Campus Valle de Oaxaca (ITVO)
Oaxaca – México=
Salvador Lozano Trejo
Salvador.1t@voaxaca.tecnm.mx
https://orcid.org/0000-0001-6809-948X
Tecnológico
Nacional de México, Campus Valle de Oaxaca (ITVO)
Oaxaca – México=
Artículo
recibido: 16 de junio de 2025. Aceptado para publicación: 09 de julio de 20=
25.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
=
=
span>
Resumen
México cuenta con una valiosa riqueza forestal que, aunque
históricamente aprovechada, enfrenta hoy importantes desafíos en la producc=
ión
maderable a nivel internacional. Esta revisión se centra en analizar la
evolución de la producción maderable en el periodo 2010–2022. A partir de un
análisis detallado de fuentes oficiales y bases de datos, se identificó que=
la
producción osciló entre 5.6 y 8.8 millones de m3
rollo, con un promedio anual de 6.97 millones de pesos. Durante 2009–2018, =
los
estados de Durango, Chihuahua, Michoacán y Oaxaca destacaron como líderes en
producción de coníferas, concentrando el 62.6% del volumen nacional. Dentro=
de
la producción, la escuadría representó la mayor proporción, con el 72.3%,
seguida por otros productos derivados de la madera. El sector ha mostrado un
crecimiento sostenido cercano al 7.5% anual, lo que sugiere un avance const=
ante
ligado a prácticas de manejo sustentable. En 2022, este crecimiento alcanzó=
su
punto más alto, con un incremento del 8.74%. Entre 2012 y 2023, el Producto
Interno Bruto forestal se repartió principalmente entre la industria de la
madera (55.04%) y la fabricación de pulpa, papel y cartón (44%). No obstant=
e,
el aumento en la producción no ha tenido un impacto proporcional en el PIB,=
lo
que refleja problemas estructurales más allá del contexto económico o del t=
ipo
de cambio. Con respecto a los empleos en el sector forestal, los estados co=
n el
mayor número de empleos en el 2023 fueron Michoacán (26,906), Chihuahua
(24,406), Durango (20,228), México (18,275) y Puebla (17,712). La falta de
competitividad del subsector forestal en México se debe, en gran medida, a
factores internos que aún requieren atención y solución.
Palabras clave: coníferas,
empleos, madera, producción, PIB
Abstract
Mexico has a valuable forest resource that, although historically
exploited, currently faces significant challenges in timber production
internationally. This review focuses on the evolution of timber production =
from
2010 to 2022. Based on a detailed analysis of official sources and database=
s,
production ranged between 5.6 and 8.8 million cubic meters of roll, with an
annual average of 6.97 million pesos. During 2009–2018, the states of Duran=
go,
Chihuahua, Michoacán, and Oaxaca stood out as leaders in conifer production,
accounting for 62.6% of the national volume. Within production, timber
represented the largest proportion, at 72.3%, followed by other wood-derived
products. The sector has shown sustained growth of nearly 7.5% annually,
suggesting constant progress linked to sustainable management practices. In
2022, this growth peaked, with an increase of 8.74%. Between 2012 and 2023,=
the
forest-based Gross Domestic Product was primarily distributed between the w=
ood
industry (55.04%) and pulp, paper, and cardboard manufacturing (44%). Howev=
er,
the increase in production has not had a proportional impact on GDP, reflec=
ting
structural problems beyond the economic context or the exchange rate. Regar=
ding
jobs in the forestry sector, the states with the highest number of jobs in =
2023
were Michoacán (26,906), Chihuahua (24,406), Durango (20,228), Mexico City
(18,275), and Puebla (17,712). The lack of competitiveness of the forestry
subsector in Mexico is largely due to internal factors that still require
attention and resolution.
Keywords: conifers, jobs,
timber, production, PIB
<= o:p>
<= o:p>
Todo el contenido de LATAM Revista Latinoamerica=
na
de Ciencias Sociales y Humanidades, publicado en este sitio está disponibles
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C=
ómo
citar: Aquino López, R., Castañeda
Hidalgo, E., Santiago Martínez, G. M., & Lozano Trejo, S. (2025).
Producción maderable en México frente al reto del manejo forestal sustentab=
le. LATAM Revista Latinoamericana de Cienc=
ias
Sociales y Humanidades 6 (3), 2723 – 27639. https://doi.org/10.56712/latam.v6i3.4152
INTRODUCCIÓN
El uso responsable, regulado y sustentable de =
los
recursos forestales representa una actividad clave para impulsar las econom=
ías
locales, a la vez que asegura la protección de bosques, selvas y otros
ecosistemas asociados. En México, existen más de 14,000 núcleos agrarios con
autorización para el aprovechamiento forestal, ya sea con fines de producci=
ón
maderera y sus derivados, o para la obtención de productos forestales no
maderables. Los propietarios de estos recursos no solo protegen el patrimon=
io
natural, sino que también gestionan empresas que generan empleo, ingresos y=
una
producción anual valorada en 11,110.4 millones de pesos, considerando tanto=
los
productos maderables como los no maderables (SEMARNAT, 2018).
A lo largo del tiempo, la madera se ha consoli=
dado
como el recurso económico más significativo por los múltiples bienes y
servicios que proporciona a la sociedad (Caballero, 2017). Desde una visión
socioeconómica, este recurso representa una fuente directa de sustento para=
cerca
de 360,000 familias de ejidatarios y comuneros que participan en actividade=
s de
aprovechamiento forestal maderable (cálculo propio basado en el promedio de
ejidatarios/comuneros por núcleo agrario, según datos del Registro Agrario
Nacional). Asimismo, cerca de 12 millones de personas residen en regiones
forestales del país, donde los bosques juegan un papel esencial en su biene=
star
(Banco Mundial, 2018).
Sin embargo, en México, la producción nacional=
de
madera cubre únicamente cerca del 33% del consumo interno, lo que genera una
fuerte dependencia de las importaciones y un déficit significativo en la
balanza comercial de productos como la madera aserrada, siendo la de pino la
más representativa dentro de las actividades de las empresas forestales com=
unitarias
(SEMARNAT, 2017). A pesar de que el país cuenta con un alto potencial para =
el
aprovechamiento y transformación forestal, este no ha sido plenamente
aprovechado. Se estima que existen alrededor de 20.8 millones de ha con
capacidad para manejo forestal, sin embargo, solo 6.2 millones se encuentran
actualmente bajo esquemas de manejo autorizados (CONAF=
OR,
2020; SEMARNAT, 2017).
A pesar de la relevancia ecológica y social, la
industria forestal, especialmente la producción de madera, no es considerad=
a competitiva
a nivel internacional. Para el Banco Mundial (2018), esta situación se debe=
a
los elevados costos de producción, el manejo ineficiente de los recursos
forestales y la falta de infraestructura adecuada, factores que limitan el
aprovechamiento a apenas un 30% de los bosques localizados en zonas accesib=
les
(Álvarez-López y Salvador, 2014). A pesar de que en el periodo 2010 a 2022 =
se
registró un aumento en la producción forestal, este crecimiento no se ha
traducido en una contribución significativa al Producto Interno Bruto (PIB)
nacional debido al dinamismo superior de otros sectores económicos.
A esta problemática se suma la complejidad de =
los
trámites requeridos para la obtención de permisos para el aprovechamiento
forestal, especialmente en predios de pequeña escala o en ecosistemas
tropicales, donde la normatividad no se adapta a las condiciones locales. E=
sta
tramitología, poco eficiente y con una relación costo-beneficio desfavorabl=
e,
impacta negativamente a las iniciativas comunitarias y representa un fuerte
desincentivo para la incorporación de nuevas comunidades a la actividad
forestal.
Además, persisten importantes barreras
estructurales que limitan la participación de mujeres y jóvenes en el sector
forestal. Con frecuencia, enfrentan restricciones para ejercer derechos sob=
re
la tierra, y tienen un acceso limitado a recursos clave como financiamiento,
subsidios e insumos productivos. Esta exclusión no solo representa una
inequidad social, también restringe el crecimiento equitativo e inclusivo d=
el
sector forestal en el país, al desaprovechar el potencial y las capacidades=
de
actores fundamentales para su desarrollo (Barrera et al., 2021). Finalmente=
, se
identifica la necesidad de fortalecer la gobernanza comunitaria como un
elemento esencial de la forestería comunitaria y la integración de las
comunidades forestales en las cadenas de valor y los mercados.
El objetivo de esta revisión es analizar las
principales fuentes de producción maderable del 2010 al 2022 en México. La
disponibilidad de datos precisos y actualizados sobre dicha producción resu=
lta
esencial para una planificación eficiente del manejo forestal, una gestión
óptima de los recursos y el fortalecimiento de la sustentabilidad del secto=
r.
METODOLOGÍA
Esta investigación aborda una metodología
cualitativa de revisión documental en torno al Manejo Forestal Sustentable =
(MFS), específicamente de la producción maderable. Par=
a la
obtención de la información se utilizaron buscadores especializados en base=
s de
datos como: la fuente principal de datos sobre producción forestal en el pa=
ís
es el Anuario Estadístico de la Producción Forestal, publicado por la
Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT). Además, se
revisaron artículos científicos en inglés y español. Las palabras de búsque=
da
fueron: manejo forestal sustentable, sistemas de manejo, legislación forest=
al,
certificación forestal, producción forestal, PIB forestal y empleo forestal.
Para garantizar la importancia y calidad de información revisado se aplicar=
on
criterios de inclusión y exclusión para seleccionar los documentos más
relevantes. Los documentos seleccionados debían cumplir con criterios de
actualidad preferiblemente publicados en los últimos 10 años, relevancia
temática y credibilidad de las fuentes.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Manejo forestal sustentable (MFS)
Los bosques son reconocidos como el segundo
recurso natural más esencial del mundo, solo detrás del agua. Su manejo
sustentable es vital por los ingresos que generan y por los servicios
ambientales que brindan y su función en la preservación de las dinámicas
ecológicas en cada región (Secco et al., 2019).=
Estos
ecosistemas albergan más del 75% de la biodiversidad terrestre, y proporcio=
nan
alimentos, medicamentos y combustible a más de mil millones de personas, lo=
que
contribuye al desarrollo socioeconómico (FAO, 2018). Además, los bosques so=
n el
hogar del 80% de los anfibios, 75% de las aves y 68% de los mamíferos; en
particular, los bosques tropicales son refugio del 60% de todas las especie=
s de
plantas vasculares. Aunque más de 700,000,000 ha (18%) de la superficie
forestal total están protegidas, la biodiversidad está amenazada por la
deforestación y la degradación de estos ecosistemas (FAO, 2022).
En México, se dispone de 138 millones de ha de
vegetación forestal, 70% de su superficie total; con 64.9 millones de ha de
bosques y selvas (Zamora, 2016). Aunque la tasa de deforestación neta anual=
ha
disminuido, de 116,900 ha/año entre 2005 y 2010 a 91,600 ha entre 2010 y 20=
15;
el cambio en el uso del suelo es el principal impulsor de la deforestación.
Este fenómeno se manifiesta de manera diferente según el tipo de ecosistema=
y
condiciones sociales y económicas de cada región, y es particularmente grav=
e en
áreas con bosques tropicales y en lugares con altos índices de marginación,
como Chiapas, Guerrero, Yucatán y Campeche (Zamora, 2016). Además, algunas
regiones se ven afectadas por fenómenos meteorológicos extremos y otros
factores que agravan la situación, como plagas, enfermedades e incendios
forestales y cambios de uso de suelo (Caballero, 2022). Frente a estos reto=
s,
la transferencia de la gestión de los bosques naturales a las comunidades
locales es cada vez más común, al reconocerse que los núcleos agrarios son =
más
eficientes en la administración de los recursos forestales que el estado (E=
llis
et al., 2015). La participación de los dueños de estos recursos locales en =
la
gestión de los recursos forestales cobra una relevancia creciente y se
considera un enfoque eficaz para la conservación de estos ecosistemas (Sier=
ra-Huelsz, et al., 2020). A medida que se comprende mejo=
r la
importancia del capital natural, se incrementa su inclusión como investigac=
ión
y discusiones políticas. Sin embargo, el que se convierta este concepto en
práctica a través de cuentas nacionales que integran los flujos de capital
natural y financiero, es un desafío (Kit et al., 2023).
Por otro lado, el concepto de sustentabilidad =
en
el manejo forestal ha cambiado, adaptándose a las nuevas demandas de la
sociedad, inicialmente se percibía como la idea de un suministro inagotable=
de
madera, actualmente se entiende como un enfoque integral que incluye divers=
os
bienes y servicios de manera sustentable (Kit et al., 2023). El Manejo Fore=
stal
Sustentable, surge como respuesta a la clara degradación de los recursos
forestales en cantidad y calidad. En este sentido, la Conferencia de las
Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente (FAO, 1992) enfatizó que el MFS es fundamental para alcanzar el desarrollo. Es cr=
ucial
gestionar los recursos y terrenos forestales de forma sustentable para
satisfacer las necesidades sociales, económicas, ecológicas, culturales y
espirituales de las generaciones presentes y futuras (Zamora et al., 2021).=
La
vulnerabilidad de los bosques subraya la importancia de adoptar una perspec=
tiva
integral en su gestión. Por ello, muchos países han desarrollado conceptos =
como
la sustentabilidad forestal y el MFS, que abarc=
an el
uso continuo de los bosques como la preservación de su salud, productividad,
diversidad e integridad ecológica, para contribuir a la satisfacción de
necesidades presentes y futuras (Valdivia et al., 2020). Aguirre-Calderón
(2015), reportan que, desde hace varias décadas, el manejo forestal ha
integrado en su proceso de toma de decisiones aspectos económicos, sociales=
y
ecológicos. El desafío para la sociedad radica en mantener y potenciar los
servicios que ofrecen los ecosistemas forestales para alcanzar un DS y optimizar la calidad de vida. Según Castelán y B=
astida
(2024), el manejo forestal abarca la utilización de recursos maderables y no
maderables, así como recursos intangibles para mejorar las condiciones de v=
ida
de generaciones actuales y futuras, donde la participación de las comunidad=
es
rurales es la clave principal.
El objetivo principal del MFS
es administrar los bosques de manera que se logren metas específicas
relacionadas con la producción continua de bienes y servicios forestales, s=
in
comprometer su valor actual ni futuro, ni generar efectos negativos en el
entorno físico y social (Santiago-García et al., 2020). En este contexto, la
gestión de un rodal debe asegurarse de extraer únicamente lo que el bosque
puede producir en un tiempo determinado, acorde a su estructura natural (Imaña et al., 2022). Aguirre-Calderón (2015), destaca=
que
la sustentabilidad forestal requiere mantener o mejorar la contribución de =
los
bosques al bienestar humano, sin poner en riesgo su integridad multifuncion=
al.
Asimismo, señala que un adecuado manejo forestal garantiza una cobertura
constante de árboles, crucial para asegurar agua de calidad, proteger el su=
elo
contra la erosión, conservar la biodiversidad y proporcionar recursos como
plantas medicinales, frutas, hongos comestibles y facilitar las actividades
recreativas y productivas. La evidencia sobre los beneficios ecológicos, ec=
onómicos
y sociales de los nuevos modelos de manejo sugiere que no es necesario eleg=
ir
entre desarrollo y conservación; existen soluciones viables propuestas para=
las
comunidades que habitan los bosques, lo que permite alcanzar los objetivos =
de DS en las regiones forestales (Sierra-Huelsz
et al., 2020).
Actualmente, se reconoce que los ecosistemas
forestales deben gestionarse de forma integral para múltiples propósitos, d=
esde
la protección de la biodiversidad hasta la regulación del clima, el control=
del
suelo y la provisión de diversos servicios ecosistémicos. Por lo que una
planificación efectiva en la gestión forestal es crucial para alcanzar un
equilibrio entre la conservación del medio ambiente, el desarrollo económic=
o y
las necesidades sociales. Sin embargo, la complejidad de estas decisiones, a
menudo influenciadas por objetivos de gestión que pueden ser contradictorio=
s,
requiere de una sólida infraestructura de información y conocimientos
científicos, técnicos y sociales, lo que plantea un desafío significativo p=
ara
los enfoques de planificación convencionales (Zeki y Balci, 2024). Además, es fundamental destacar que cua=
lquier
problemática relacionada con los bosques está intrínsecamente ligada a la
actividad humana. Mientras exista una falta de comprensión sobre la importa=
ncia
de los recursos forestales como fuentes de empleo, ingresos y bienestar soc=
ial,
será complicado lograr un desarrollo forestal sustentable (DFS).
Asimismo, la organización de los productores en torno a principios de
aprovechamiento sostenible debe ser una de las prioridades principales
(Moctezuma y Galicia, 2018).
Escenario de la certificación forestal en el contexto del desarrollo sustentable en México<= o:p>
Las certificaciones forestales (CF) y la gesti=
ón
forestal comunitaria (GFC) son dos de las princ=
ipales
intervenciones de gobernanza forestal cuyo objetivo es revertir la degradac=
ión
forestal, al mismo tiempo que proporcionan beneficios socioeconómicos (Di et
al., 2023). La certificación de manejo forestal responsable busca resaltar =
ejemplos
de MFS que beneficien a los ecosistemas, propie=
tarios
y a la sociedad, su objetivo es establecer estos casos como modelos a seguir
para otros bosques con características y contextos similares. Además, es una
herramienta para desarrollar mejores prácticas que guían a los gestores de
recursos forestales (Aguirre-Calderón, 2015).
Actualmente México es líder mundial en superfi=
cie
certificada en manejo forestal comunitario, con 21 estados dentro de tres
esquemas de Certificación reconocidos en México: las Auditorías Técnicas
Preventivas (ATP); la certificación Bosques Sustentables (NMX)
y la certificación internacional del Forest Stwardship=
Council (FSC), con una superficie total certificada de 2,346,729 ha
distribuidas en 249 predios de manejo forestal en todo el país (gráfico 1).=
Gráfico 1
Superficie fore=
stal
bajo manejo sustentable certificado
Fuente: Elaboración propia con datos de (CONAFOR, 2023a).
Evidentemente el NMX es
el más implementado en el país (CONAFOR, 2023a). México ha explotado sus recursos silvícolas de
manera insostenible, no obstante, hay ejemplos exitosos de MFC,
con más de un millón de hectáreas certificadas, Durango, Michoacán y Oaxaca
como los más importantes. La participación activa de los propietarios de los
recursos en el manejo forestal es una realidad palpable, con un gran potenc=
ial
para lograr un manejo adecuado y sustentable (Santiago-García et al., 2022)=
.
En la actualidad, 17 predios de manejo foresta=
l se
encuentran certificados mediante el esquema ATP (59,711 ha); 107 (1,109,383=
ha)
a FSC y 125 (856,508 ha) en NMX; de las cuales =
206
predios corresponden a ejidos (69%) y comunidades (12%), que representan el=
82%
de todas las certificaciones otorgadas a nivel nacional con una superficie =
de
2,025,604 ha, situación normal considerando que prácticamente el 80% de los
bosques se encuentra bajo el régimen comunal y ejidal. Los 43 predios resta=
ntes
corresponden a aprovechamientos forestales particulares con una superficie =
de
321,124 ha. Los estados de Chihuahua y Durango cuentan con el mayor número =
de
superficie con certificaciones forestales con 915,639 y 886,372 ha (76%). El
número de certificaciones otorgadas en estos dos estados suman el 46% del t=
otal
de certificaciones a nivel nacional (gráfico 2). Sin embargo, la superficie
certificada representa solamente el 4.24% de los bosques bajo manejo.
Gráfico 2
Superficie
certificada por esquema
Fuente: Elaboración propia con datos de (CONAFOR,
2024).
Según Zubizarreta et al. (2024), el mecanismo =
de
mercado es una de las principales motivaciones para adoptar una CF al poder
impulsar la expansión de la empresa a otros mercados y ser una ventaja
competitiva. Otro factor es el mecanismo de señalización, cuya intención es
ganar legitimidad ante los clientes externos directos y las partes interesa=
das
ambientales; así como, el cumplimiento legal de regulaciones obligatorias p=
ara
demostrar la legalidad de productos Zubizarreta et al. (2024). La CF actúa =
como
un complemento a otros instrumentos y políticas nacionales e internacionales
que fomentan el MFS. Si bien representa una sol=
ución
parcial y una opción adicional para impulsar y supervisar el MFS, no es suficiente por sí sola para lograr un mane=
jo
sustentable ni aborda los problemas de degradación y deforestación. No
obstante, hasta el momento los sistemas de certificación exitosos han estado
vinculados a enfoques inclusivos y participativos en la toma de decisiones
sobre los bosques, superando el enfoque exclusivo en la mejora de las técni=
cas
de cosecha al incorporar también aspectos sociales y ambientales.
Producción forestal maderable bajo manejo forestal
Los bosques y selvas abarcan 55.3 millones de =
ha
en México, ecosistemas en los que cohabitan 46 especies del género Pinus (pino), cerca de 150 de Quercus (encino) y más =
de 62
taxones maderables tropicales de diversos géneros; en conjunto, sus taxa cubren 47.7% de la superficie forestal nacional
(Tamarit Urias et al., 2021). De las cuales, el=
80%
es propiedad ejidal y comunal, 15% privada y 5% pertenece al Estado
(Álvarez-López et al., 2015). Estos mismos autores reportan que 15 millones=
de
ha de bosques tienen potencial maderero, pero solo 7.4 millones están bajo =
un
manejo forestal orientado a la producción de madera.
Con respecto a la producción de madera en Méxi=
co,
Álvarez-López et al. (2015), reportan 8,710,00 de metros cúbicos rollo (
Gráfico 3
Producción fore=
stal
maderable 2010-2022
Fuente: Elaboración propia con datos de (SEMARNAT, 2024).
De los 8.8 millones de m3=
r
alcanzados en 2022, corresponden a la producción proveniente de las
autorizaciones de aprovechamiento forestal y plantaciones forestales
comerciales, mientras que solo un poco, provienen de terrenos diversos a los
forestales, notificaciones de riesgo, saneamiento forestal y autorizaciones=
de
cambio de uso de suelo en terrenos forestales (SEMARNAT, 2018). Las princip=
ales
especies maderables existentes en el país, tanto por las superficies que cu=
bren
como por su importancia económica, son los géneros de =
Pinus
y Quercus, de las cuales se obtuvo en términos de volumen 5,875,686 (70.5%)=
y
1,210,740 m3 (14.5%) de la producción nacional
maderable en el 2018 (SEMARNAT, 2018).
En la producción promedio de madera de conífer=
as
en el país, de 2009 a 2018 destacaron los estados de Durango (30.4%), Chihu=
ahua
(17.6%), Michoacán (7.5%) y Oaxaca (6.9%), los cuales representan el 62.6% =
de
la producción total nacional, equivalente a 4.1 millones de m3
(gráfico 4).
Gráfico 4
Contribución
porcentual a nivel nacional de los estados productores de madera
Los dos estados con mayor producción contribuy=
eron
con el 48% de la producción forestal maderable total. Caballero, (2017) señ=
ala
que los principales macizos montañosos con bosques de coníferas, especialme=
nte
en Durango y Chihuahua, han reducido significativamente su capacidad produc=
tiva
debido a años de intensa extracción de madera. En la actualidad, la mayoría=
de
estos bosques presentan una estructura de árboles jóvenes con diámetros y
alturas pequeños. Para las latifoliadas, los estados con mayor producción s=
on
Sonora, Veracruz y Michoacán, con el 83.5%. En cuanto a las especies
tropicales, los principales estados son Tabasco, Veracruz y Tamaulipas, con=
el
78.2% de la producción de estas especies.
Sin embargo, Álvarez-López et al. (2015)
reportaron que el principal producto obtenido en el periodo 1997-2012 fue la
escuadría (70%), celulosa (12%), chapa y triplay (5%) y carbón, postes,
pilotes, morillos leña y durmientes (13%). De 2009 a 2018 la escuadría
participó con el 72.31%, seguida por chapa, triplay, postes, pilotes y mori=
llos
(16.61%), leña y carbón (12.8%) y celulosa (9.9%). La inestabilidad de la
producción maderable en los últimos 28 años pudo deberse a la apertura
comercial en 1994, desencadenando factores que explican decrementos; por
ejemplo, el crecimiento de las restricciones y reglamentaciones, principalm=
ente
certificaciones, el poco financiamiento para el subsector, el desconocimien=
to
del proceso de aprovechamiento forestal por los dueños de los bosques
comunales, altos costos de producción y la pérdida de competitividad ante
productos forestales maderables provenientes de otros países. Caballero-m3r con respecto a la media anual correspondiente al =
1998 a
1994 con una tasa de variación porcentual de 4.4%. De 2000 a 2014 existió un
decremento en la producción anual, sin embargo, de 2016 a 2022 incrementó
considerablemente.
Por otro lado, datos más recientes del 2021, la
SEMARNAT reportó una emisión total de 13,021 autorizaciones para el
aprovechamiento forestal en una superficie de 6,241,565 ha y un volumen tot=
al
autorizado de 152,772,036 m³ de madera. De estos permisos, 10,510 fueron
otorgados a propiedades privadas y 2,571 a propiedades sociales (comunales y
ejidales) (Tabla 1). Sin embargo, el análisis de participación de ambos mue=
stra
que la propiedad social es responsable de casi la totalidad de la superficie
gestionada y de la producción forestal en el país (Anta, 2016).
Tabla 1
Autorizaciones =
por
tenencia de la tierra
|
Propiedad |
Autorizacione=
s No |
Superficie ha |
Volumen M3 |
Autorizacione=
s (%) |
Superficie (%) |
Volumen (%) |
|
Comunal |
438 |
896,214 |
32,431,559 |
3.36 |
14.36 |
21.23 |
|
Ejidal |
2,073 |
3,702,274 |
84,234,349 |
15.92 |
59.32 |
55.14 |
|
Particular |
10,510 |
1,643,076 |
36,106,126 |
80.72 |
26.32 |
23.63 |
|
Total |
13,021 |
6,241,565 |
152,772,036 |
100.00 |
100.00 |
100.00 |
En las últimas décadas, las políticas forestal=
es
en México, aunque han adoptado paradigmas del DS, se
han centrado en el aspecto ambiental, descuidando el productivo. Aunque es
fundamental reconocer la relevancia estratégica de los ecosistemas y su con=
tribución
a los servicios ambientales, es crucial desarrollar políticas que mejoren la
cadena productiva y de valor del sector. De no hacerlo, se perderán las
oportunidades de convertir los bosques en un recurso para el bienestar,
desarrollo y progreso del país (Caballero-Deloya,
2017).
El PIB forestal se refiere a la suma de dos
subsectores económicos según el Sistema de Clasificación Industrial de Amér=
ica
del Norte: la industria de la madera y la fabricación de pulpa, papel y car=
tón.
Para evaluar la actividad del sector forestal, se utilizó la información
proporcionada por el INEGI (2019) a través de las cuentas nacionales. En el
gráfico 5 se presentan los datos correspondientes al PIB del sector foresta=
l de
la industria de la madera. Durante el periodo 2012-2023, la participación d=
el
sector en la economía nacional se mantuvo constante, con un promedio del 0.=
3%
del valor del PIB nacional. En términos absolutos, el valor promedio del PI=
B en
ese mismo período fue de $70,493,000 (a precios de 2018).
Gráfico 5
PIB Forestal
Fuente: Elaboración propia con datos de la CONAFOR
(2023).
En el gráfico 6 se muestran las variaciones del
PIB a lo largo de los años, que reflejan crecimientos y caídas. En los años
2015 y 2017 se presentaron crecimientos considerables con un aumento del 11=
.82
y 9.36%, debido posiblemente a la recuperación económica global de años
anteriores, que pudo promover la demanda interna y externa de los derivados=
de
la madera para construcción.
Gráfico 6
Variación del P=
IB
Forestal a nivel nacional
Fuente: Elaboración propia con datos de la CONAFOR
(2023).
El crecimiento registrado del 2021 (14.4%) pudo
ser por la recuperación económica tras la crisis causada por la pandemia
COVID-19, la demanda de madera podría haber aumentado por la reactivación de
diversas industrias. El mayor aumento se dio en 2022, con un crecimiento del
18.68% en relación con 2021, lo que sugiere una consolidación del repunte
económico iniciado en 2021. La reactivación total de sectores clave, como la
construcción, el comercio exterior de productos madereros y el aumento de la
demanda local e internacional, pudieron haber sido factores clave en este
crecimiento.
Se observan dos caídas en la actividad económi=
ca
forestal en 2020 y 2023. La disminución del 2.66% en 2020 está directamente
relacionada con el impacto de la pandemia de COVID-19. La paralización de
actividades económicas y la reducción de la demanda, tanto interna como
externa, afectaron a muchas industrias, incluida la maderera. La menor dema=
nda
por productos de madera en la construcción y otros sectores clave probablem=
ente
contribuyó a esta caída. La más destacada ocurrió en 2023, con una reducción
del 5.65% en comparación con el año anterior. En 2023, el PIB forestal fue =
de
$95,016,000, lo que representó una disminución frente a los $100,704,000
registrados en 2022. El comportamiento irregular de la industria maderera
refleja la dependencia de factores internos y externos, como la evolución
económica, los costos de producción y las fluctuaciones en la demanda mundi=
al
de productos madereros (Caballero-Deloya, 2017)=
.
El sector forestal ha tenido un incremento
sostenido aproximado de 7.5% por año, que representa un ritmo saludable de
crecimiento, considerando que es un sector que depende de la gestión sosten=
ible
de los recursos. En el periodo 2022 se observa un aumento notable del 8.74%=
, el
más alto durante un solo año (gráfico 7). En el lapso de 2012 a 2023 el
promedio de participación del PIB forestal de la industria de la madera
representa el 55.04% y la industria de la fabricación de pulpa, papel y car=
tón
el 44% restante. La industria de la madera y la fabricación de pulpa, papel=
y
cartón han tenido un incremento sostenido aproximado del 4.97 y 7.86%,
respectivamente; lo que presenta un ritmo de crecimiento sostenido.
Gráfico 7
PIB Forestal
nacional
Fuente: Elaboración propia con datos de la CONAFOR (2023b).
Empleo en el sector forestal en México
La cantidad de empleos en el sector forestal
incluye a las personas que trabajan en actividades relacionadas con el
aprovechamiento de los recursos forestales y la industria maderera. Este se=
ctor
representa el 0.4% del total del empleo en la economía mexicana. A lo largo=
del
periodo de 2016 a 2023, la cantidad de empleos en el sector forestal mostró
fluctuaciones, 2023 es el año con el mayor registro de empleados (gráfico 8=
).
Gráfico 8
Empleos a nivel
nacional en el sector forestal mexicano
Fuente: Elaboración propia con datos de la CONAFOR (2023b).
En 2020 se registró una disminución en el empl=
eo
debido a la crisis ocasionada por la COVID-19, lo que representó una caída =
del
18% en comparación con 2019 (8.64%). Para el 2021 se presentó un incremento=
de
empleos que implicó un crecimiento del 11% respecto al 2020. Para el 2022 el
sector forestal presenta una recuperación de la población que realiza alguna
actividad forestal, alcanzando cifras previas a la pandemia. La CONAFOR (2023), reporta que los estados con el mayor =
número
de empleos en el 2023 fueron Michoacán (26,906), Chihuahua (24,406), Durango
(20,228), México (18,275) y Puebla (17,712).
López y Muñoz (2017), resaltan la relevancia d=
e la
industrialización de la madera por su impacto en la generación de empleo.
Burgos y Delgado (2017), indican que la industria maderera constituye un pi=
lar
esencial para las estrategias de supervivencia de los pequeños y medianos
productores. Caballero-Deloya (2022) menciona q=
ue
algunos ejidos y comunidades han alcanzado la buena organización, aprovecha=
ndo
sustentablemente sus bosques, dando valor agregado a la madera y
comercializando los productos. Desde el punto de vista de Santiago-García et
al. (2022), el manejo forestal comunitario ha involucrado el bienestar soci=
al,
la creación de empleos y el desarrollo de actividades económicas alternativ=
as.
Sin embargo, Bardomás y Blanco (2018), opinan q=
ue la
actividad forestal es considerada mundialmente una de las más riesgosas por=
las
condiciones laborales a las que se ve expuesto el trabajador, ya que las
distintas actividades exigen un gran compromiso del cuerpo y a su vez una a=
lta
exposición a condiciones físicas adversas. Según Améstica-Rivas et al. (201=
6),
las demandas de la industria forestal se centran en lograr altos estándares=
de
productividad y un desempeño socialmente responsable tanto con las comunida=
des
como con los trabajadores.
CONCLUSIÓN
La consolidación de un sector forestal competi=
tivo
y sustentable en México requiere superar los rezagos estructurales que han
limitado su desarrollo, especialmente en lo relativo al modelo predominante=
de rentismo forestal. Aunque entidades como Chihuahua, D=
urango
y Oaxaca han demostrado que las empresas forestales comunitarias pueden ope=
rar
con éxito bajo esquemas de manejo forestal sustentable, la mayoría de las
regiones forestales del país aún dependen de la venta de madera en pie a
intermediarios, lo que restringe la generación de valor agregado y fortalece
esquemas económicos poco equitativos. Promover la replicabilidad de modelos
comunitarios eficientes, el fortalecimiento de capacidades locales, así com=
o la
articulación de asociaciones regionales de pequeños productores, puede
contribuir significativamente a incrementar la autonomía económica de las
comunidades forestales y a reducir la vulnerabilidad frente a la criminalid=
ad.
Desde una perspectiva productiva y comercial,
incrementar la competitividad del sector también implica reducir los costos=
de
transformación primaria, mejorar la calidad de los productos forestales y
fomentar inversiones orientadas a la industrialización, especialmente en
procesos de segunda transformación. Esto resulta indispensable si se busca
sustituir importaciones y aprovechar el mercado interno frente a países como
Estados Unidos, Canadá, Brasil y Chile.
En conjunto, la gestión sustentable de los bos=
ques
mexicanos debe verse no solo como una estrategia de conservación ecológica,
sino también como una vía para impulsar el desarrollo económico rural, mejo=
rar
la balanza comercial forestal y fortalecer la soberanía productiva del país.
Para ello, es fundamental avanzar hacia políticas públicas integrales que
promuevan la inversión, la cooperación interinstitucional y la participación
activa de las comunidades, con una visión de largo plazo que permita aprove=
char
de manera responsable el potencial forestal de México.
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ISSN en línea: 2789-3855, julio, 2025, Volumen VI, Número 3 p =
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