MIME-Version: 1.0 Content-Type: multipart/related; boundary="----=_NextPart_01DC5562.DD3E8410" Este documento es una página web de un solo archivo, también conocido como "archivo de almacenamiento web". Si está viendo este mensaje, su explorador o editor no admite archivos de almacenamiento web. Descargue un explorador que admita este tipo de archivos. ------=_NextPart_01DC5562.DD3E8410 Content-Location: file:///C:/0F76551A/1397_CastilloPerez.htm Content-Transfer-Encoding: quoted-printable Content-Type: text/html; charset="us-ascii"
DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v6i5.4815
Economía del saber: retos y conflictos del siglo XXI (Cienc=
ia,
Tecnología y Procesos de Capacitación)
Knowledge
Economy: Challenges and Conflicts of the 21st Century (Science, Technology,=
and
Training Processes)
Nydia
María Castillo Pérez
nmcp@hotmail.com
https://orcid.org/0000-0002-3535-850X
Universidad
Autónoma de Zacatecas
Artículo recibido: 15 de julio de
2025. Aceptado para publicación: 14 de noviembre de 2025.
Conflictos
de Interés: Ninguno que declarar.
Resumen
Los cambios que se realizan como consecuencia de las innovaciones
tecnológicas condicionan las ventajas competitivas de los paí=
ses
y permiten a los procesos productivos superar las limitaciones provenientes=
de
la escasez de productos naturales, demandando menor cantidad de mano de obra
con mayores niveles de calificación técnica incluida. Esos
avances tecnológicos alteran y redimensionan los modelos de
expansión económica, social, cultural y laboral existentes,
acordando al comercio internacional mayor privilegio a los rubros que exhib=
en
mayor valor agregado de conocimiento, lo que ahora sustituyen las llamadas
ventajas comparativas que antes eran otorgadas a las materias primas. Ningu=
na
economía se encuentra al margen de las pautas del desarrollo mundial=
actual,
tampoco a las exigencias del llamado progreso tecnológico. La
metodología utilizada para este trabajo constó de la
revisión de bibliografía que versa sobre el tema, a partir de
ahí se analizó y se clasificó la información en
subtemas para un abordaje crítico. Se concluye que, dentro de las
universidades, los proyectos de desarrollo y las perspectivas de
transformación de las empresas y el entorno económico, social=
y
cultural se pueden enriquecer e innovar. Se destacan los procesos de
modernización interna, el cambio en los paradigmas de trabajo y
tecnología de las organizaciones, la naturaleza de los mercados y las
transformaciones que se deben enfrentar para competir en mercados abiertos.=
En
consecuencia, los procesos culturales y de información no pueden
desligarse de los procesos económicos, ya que estos constituyen
elementos sustantivos de cambio que afectan la vida de los pueblos.
Palabras clave: economí=
a,
innovación tecnológica, educación superior
Abstract
The changes brought about by technological innovations shape countri=
es'
competitive advantages and allow production processes to overcome limitatio=
ns
stemming from the scarcity of natural products, requiring fewer laborers wi=
th
higher levels of technical qualifications. These technological advances alt=
er
and reshape existing models of economic, social, cultural, and labor expans=
ion,
granting greater privilege in international trade to sectors with greater
knowledge-based value, which now replaces the so-called comparative advanta=
ges
previously granted to raw materials. No economy is immune to the patterns of
current global development, nor to the demands of so-called technological
progress. The methodology used for this work consisted of a review of the
literature on the topic. From there, the information was analyzed and
classified into subtopics for a critical approach. The conclusion is that,
within universities, development projects and the prospects for transforming
businesses and the economic, social, and cultural environment can be enrich=
ed
and innovated. The focus is on internal modernization processes, shifts in
organizational work and technology paradigms, the nature of markets, and the
transformations that must be addressed to compete in open markets.
Consequently, cultural and information processes cannot be separated from
economic processes, as these constitute substantive elements of change that
affect the lives of people. &nbs=
p;
Keywords: economy,
technological innovation, higher education
Todo el contenido de =
;LATAM
Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, publicado en es=
te
sitio está disponibles bajo Licencia Creative Commons.
=
span>
Cómo citar: Castillo Pérez, N. M. (2025=
).
Economía del saber: retos y conflictos del siglo XXI (Ciencia,
Tecnología y Procesos de Capacitación). LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 6 =
(5),
3296 – 3306. https://doi.org/10.56712/latam.v6i5=
.4815
INTRODUCCIÓN
Las nuevas tecnologías eliminan hoy,
distancias y barreras que antes se sujetaban a las limitaciones propias al
desarrollo existente en los sistemas de comunicación. Ahora con muy
eficientes y ágiles intercambios tecnológicos la
producción de bienes y servicios se va ampliando al ritmo de la
productividad de las empresas. Las nuevas tecnologías son una respue=
sta
al sistema productivo mundial, así como al ejercicio de poder de qui=
enes
las poseen. De esta manera, ese poder constituye una clara figura que limit=
a la
capacidad negociadora de las centrales obreras en el mundo, trastoca fronte=
ras
y oficinas de aduanas del orbe.
En efecto, a fi=
nes
del siglo XX, América Latina se adapta al modelo de desarrollo
neoliberal como resultado de la incapacidad de los actores nacionales de lo=
grar
acuerdos que permitan tener cohesión social para conservar el control
hegemónico nacional sobre la economía, la política y l=
a cultura
de los países del área. De allí que haya surgido un gr=
an
malestar social general suscitado por la pérdida de capacidad de los
gobiernos de poner en vigor procesos de diálogo que permitan confron=
tar
con éxito las crisis económicas y socio-laborales que viven
amplios sectores socio-políticos. La desconexión
económica, social y política, facilitó la apertura de =
los
Estados a dar concesiones y otorgar prerrogativas al capital extranjero lo =
que
condujo a la instauración de mayores niveles de dependencia, pobreza=
y
subdesarrollo (Cardoso y Faletto 1969; Tedesco,=
2012;
Vilas, 2000). Esas tendencias siguieron su curso a pesar que las institucio=
nes
de la cultura y la educación hayan intentado asegurar la
socialización de proyectos macrosociales y micro políticos, y=
que
su visión filosófica testifique la conexión
orgánica entre la economía, la política y la cultura c=
on
el mercado del trabajo y con los objetivos de los modelos de desarrollo.
Producto de ese vínculo orgánico, surgen perfiles y demandas
técnico-profesionales que exploran los objetivos y las demandas de l=
os
mercados nacionales y de las sociedades que reconocen la función
estratégica del saber para formar profesionales e intelectuales
útiles a los modelos de desarrollo que se promueve.
Las luchas de l=
os
centros educativos de fines del siglo XX fueron impulsadas para instaurar
procesos de cambio, libertad y modernización, lo que originó
fuertes altercados filosóficos y políticos con los gobiernos,
clases y grupos sociales dominantes que tratan de cambiar la naturaleza de =
las
instituciones y los procesos de autonomía (Tünnermann, 2008;
Puiggrós, 2001; Castillo, 1999). Esos grupos sociales fueron recepto=
res
del fuerte malestar social surgido de las contradicciones sociales y pol&ia=
cute;ticas
originadas por la mala distribución de la riqueza social, injusticias
sociales y pocas o nulas oportunidades para asegurar el desarrollo de los
sectores sociales más afectados. En el siglo XXI, las ofertas promov=
idas
desde las esferas políticas no aseguraban los mejores niveles de cal=
idad
y ni las redes académicas o los grupos de intelectuales proveí=
;an
apoyo real para la fundación de programas de capacitación a la
sociedad. Faltaban grupos solidarios para apoyar el cambio. Eso sería
una forma de trabajar en función del desarrollo del saber,
pensándolo como un bien social para el desarrollo y no como
mercancía ofertada al mejor postor.
Surgen as&iacut=
e;
desacuerdos sociales, económicos y político-culturales de ord=
en
estructural por la creación de grandes problemas de desigualdad soci=
al,
exclusión, pobreza, violencia, injusticias, corrupción, caren=
cias
materiales y emocionales de todo tipo. En virtud de todo ello resulta
importante una educación para la vida. Sin embargo, los centros de
estudio pierden la brújula, cuando se crean en grupos corporativos
incapaces de interpretar el sentir de las necesidades del entorno social, al
extremo de caer en gerencialismos por la lucha y conquista del poder (Casti=
llo,
2014). Desde inicios del siglo XXI, los países registran mayor
precariedad en materia de desarrollo social, político, cientí=
fico
tecnológico y cultural, ya que la cobertura social de las
políticas públicas registra profundas limitaciones estructura=
les
y fuertes deficiencias en materia de diálogo y de cohesión
social. De esa manera, se cierran los caminos que llevan a los entendimient=
os
sociales (Vilas, 1999), y de igual forma, se pone en relieve el papel
hiperactivo del fenómeno de la globalización que hace posible=
la
emergencia de la fábrica global en un mundo que se desmaterializa y =
que
reclama mayores estándares de calidad y competitividad productiva en
materia de bienes y servicios (Ianni, 1998).
En las
últimas décadas se ha incrementado en América Latina el
surgimiento de procesos de concentración de la riqueza y la
formación de pequeños y poderosos grupos económicos y
financieros que se han unido a círculos centrales capitalistas de po=
der,
aumentando las desigualdades sociales internas de las naciones y de los
países con el exterior. La sociedad global produjo cambios
significativos en las formas de producir y distribuir la riqueza —med=
ida
en términos de Producto Nacional Bruto (PNB) y Producto per
cápita (PBI)— pero a principios de los años 90, a
través de la aplicación del Índice de Desarrollo Humano
(IDH), se certificó la falsedad del crecimiento de la riqueza indivi=
dual
medida solo a través del PBI (Beck, 2000; Ianni=
,
1998). Como corolario, se ha producido una drástica reducción=
de
oportunidades en materia de empleo y eso afectó en forma particular a
los países de América Latina. La globalización en su
conjunto aumenta la riqueza global, pero por otro
lado, retrae el desarrollo prospectivo y la capacidad competitiva productiv=
a,
industrial, educativa, laboral y profesional de forma equitativa, lo hace s=
olo
para satisfacer a los mercados.
Por ello las
desigualdades ahora son tan grandes que no pueden transmitir a los
jóvenes la capacidad de expandirse política, social y
económicamente (Del Percio, 2010). La
movilidad descendente y falta de certezas son hegemonía de unos
cuántos grupos sobre la mayor parte de clases sociales, lo que benef=
icia
solo a unas cuantas personas. En efecto, se habla de economía global=
, no
solo internacional, lo que ahora significa que la mayoría de las
personas que trabajan para los mercados locales apoyan también el
proceso de mundialización de capitales y responden mecánicame=
nte
a las exigencias científico tecnológicas requeridas por ese g=
ran
proceso de constantes permutas, las que introducen por doquier cambios en m=
ateria
de formas productivas y transforma de igual manera la esfera de la cultura,=
la
educación y de la misma organización de las sociedades. Ante =
esa
realidad cabe preguntarse ¿Cómo crear alternativas que facili=
ten
el desarrollo social y cultural en países menos favorecidos en la es=
fera
de las relaciones económicas y tecnológicas internacionales?<=
span
style=3D'mso-spacerun:yes'> En consecuencia, estamos ante el
surgimiento de un nuevo concepto de manufactura viabilizado por el valor
tecnológico que se asigna a productos provenientes de países =
que
poseen alta tecnología. Ello configura un fenómeno global
viabilizado por un proceso de internacionalización de la industria, =
la
manufactura y las tecnologías, donde una emergente economía d=
el
conocimiento hace posible su progresión y gran expansión a
través de la globalización.
Por otra parte, se crean variables inéd=
itas
en las formas del intercambio y exigencias en torno a las competencias para=
el
empleo al exigir más conocimientos, habilidades tecnológicas y
profesionales.
El auge de las TICS son una clara expresi&oacu=
te;n
de esa realidad, donde la electrónica, la informática, la
robótica y el diseño computarizado, entre otras, adquieren ma=
yor
valor en la capacitación de los nuevos profesionales y la sociedad e=
n su
conjunto. ¿Al respecto vale preguntarse cómo construir un nue=
vo
modelo de desarrollo para la academia que ofrezca transformaciones que aseg=
uren
los conocimientos y habilidades tecnológicas requeridas y por ende su
desarrollo?
De igual manera, el proceso de economía=
del
conocimiento, incluye cambios importantes que alteran la concepción y
organización de la capacidad de producción hasta hace poco
existente. Los procesos industriales y productivos hoy, imponen normas y
reglamentos de competitividad que suplen valor agregado, con insumos
tecnológicos que compiten a nivel mundial, por lo que cada paí=
;s
está obligado a conocerlo, cumplirlo y verificarlo. Ello sólo=
es
posible lograrlo a través del desarrollo de eficientes pautas de
tecnologías especializadas que actúen sobre la base de comand=
os
numéricos y puedan así asegurar el desplazamiento virtual de =
las
fábricas a través de fusiones en cadena, así siempre
podrán mantener el control y la calidad de los productos desde cualq=
uier
lugar o región del planeta. Ello sintetiza un gran problema ya que la
"brecha digital" entre los países industrializados y los
países en vías de desarrollo es más amplia que la brec=
ha
que los separa en materia de indicadores de productividad y de bienestar
socioeconómico. Con su ausencia se están aumentando las
desventajas competitivas de los países que carecen de tecnolog&iacut=
e;as
de comunicación de punta, así como de procesos educativos y
capacitación que no tengan la calidad requerida.
Es así como las formas y calidad de
producir conocimiento y las modalidades de su aplicación incrementa =
la
descentralización de empresas y fábricas y les abre una nueva
forma de irrumpir cotidianamente a un mercado local y planetario cualquiera.
Ellas pueden emerger y actuar desde distintos lugares del mundo sin afectar,
sino mejorar y ampliar sus márgenes de rentabilidad, fenómeno=
que
abre las puertas a la fábrica global, limitando la capacidad real de=
las
diferentes regiones del planeta para generar procedimientos de desarrollo
tecnológico endógeno, capaz de competir, pero sí
introducir al interior de las sociedades cambios significativos en la
naturaleza económica, social, política, cultural y educaciona=
l.
Al ingresar al siglo XXI, la gran empresa se
globalizó; existe en un espacio virtual que transforma su
hábitat, su proyección y convenciones a su accionar, ha dado
pasos gigantescos para saltar de una esfera nacional a otra multinacional y
transnacional con ello lleva el dominio y la factibilidad de la cultura
virtual. Un ejemplo típico de empresa globalizada o virtual, por tod=
os
conocida, es Windows, que comenzó en un garaje particular y hoy trab=
aja
con un valor agregado global llamado conocimiento. Windows no cuenta con
grandes fábricas sino con íconos, simples símbolos que=
en
todo el orbe tienen un fuerte valor y todos son idénticos.
También ello sucede con GAP, Mc Donald, Coca Cola, y otras empresas
más que lograron ya esa condición y hoy se comercializan en c=
asi
todo el planeta. Las formidab=
les
empresas que se expanden por el cosmos se estructuran de manera tal, que en
ellas el trabajo se hace por partes autónomas de manera integral y
utilizando de preferencia los subcontratos, desde lo más alto hasta =
lo
más bajo de cada una de las largas cadenas de módulos de
producción que las concentra.
En consecuencia, no se puede ingresar a la
Sociedad del Conocimiento o la economía del saber si no se poseen los
medios para producir conocimiento y tecnologías de punta. Ello cambi=
a la
conformación y el sentido de los sistemas educativos, las estructura=
s de
los servicios bancarios, sociales, educativos y de salud, al igual que aque=
llos
que se refieren al esparcimiento, la cultura y la organización de las
comunidades humanas.
Cuando cobra auge la globalización de la
economía, las finanzas y los mercados, se anuncian otros
fenómenos inéditos en distintos campos de la actividad humana,
incluyendo el de la cultura y la educación, abriendo un abismo entre
países y clases sociales, por lo que también es el tiempo de =
la
globalización de la pobreza y la exclusión social. Los jóvenes del mundo, desd=
e su
nacimiento, son herederos de deudas abrumadoras no adquiridas por ellos mis=
mos,
sino que fueron creadas en otros tiempos, en función de modelos de
desarrollo. Ahora los procesos tecnológicos ahondan las distancias y
dividen a los más ricos de los más pobres en el Norte y en el=
Sur
del planeta. Millones de jóvenes de diversos países de
África, Asia y América Latina conocen una realidad de guerra,
hambre, exilio y desesperación, en tanto que para los jóvenes=
de
los países industrializados ya también terminó el
período del progreso indefinido, ideología del liberalismo
lanzada siglos atrás y recogida por la Revolución Industrial
triunfante hacia fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, que adopt&oacut=
e;
para sí el positivismo y produjo nuevas y sucesivas versiones del
liberalismo. Sin embargo, para el 2024, el 8.5% de la población mund=
ial,
es decir, casi 700 millones de personas viven con menos de 2,15 dóla=
res
al día, lo que equivale a vivir en pobreza extrema. Y aproximadamente
3.500 millones de personas, el 44% de la población vive en condicion=
es
de pobreza, con el equivalente a 6,85 dólares por día (Banco
Mundial, 2024).
SOCIEDAD Y ECONOMÍA DEL CONOCIMIENTO
Se transitó de una economía de
producción que utiliza intensivamente la fuerza de trabajo, a una
economía cuyo mayor insumo es intangible, centrado en la calidad del
servicio o del producto, donde el valor agregado lo asigna el conocimiento. =
Ello
sólo puede lograrse si se cuenta con instituciones de educació=
;n
de calidad, que compitan a nivel internacional y puedan proveer una
formación de calidad en lo que respecta a la competitividad profesio=
nal
y la ética social, para trabajar por el desarrollo humano integral. =
En
ese contexto se registra una fase en la cual el conocimiento constituye el =
eje
principal para transformar la escuela o la universidad a fin de ofertar
programas coherentes a los retos de la sociedad actual. Esa reflexión
constituye el objeto central de este artículo. Ante ese escenario, el estudio de =
las
relaciones existentes entre Ciencia, Tecnología y Academia, ha pasad=
o a
identificar nuevos sujetos y enfoques epistemológicos en tanto se ex=
ige
mejor nivel de formación y calificación en procesos de
transformación complejos que tratan de dar respuesta a dinámi=
cas
de desarrollo para su inserción mundial (Casas, 2003; Escotet, 2003). Creemos que en esas tareas la academi=
a,
comunidades científicas y otros actores sociales y de la cultura tie=
nen
responsabilidades importantes para mantener activa la participación y
patrocinio de políticas en Ciencia y Tecnología pertinentes a=
las
necesidades del desarrollo y de la cultura. Se quiere tener una visió=
;n
sistémica e integral que vele por el avance científico,
tecnológico y humano. La Etnología conocida como
tecnología cultural se distingue de la Etnología General al
tratar de definir las relaciones históricas entre tecnología =
como
tal y el efecto que deja sobre los objetos o los fenómenos
socioculturales.
Lo contrario significa que las leyes del merca=
do y
los intereses económicos y políticos de los grandes consorcios
serán quienes definan el futuro de las naciones. Con ello se hace
referencia a los actores sociales – domésticos y exteriores
–, que representan y sustentan una intervención activa centrad=
a en
la visión de utilidad material y política, a veces a ultranza,
con la que se debe tener cuidado. Ese fenómeno está edificando
nuevos paradigmas regionales de competencia —no siempre pertinentes c=
on
relación al desarrollo de las naciones periféricas—, au=
nque
en la mayoría de los casos se centra en la influencia de los actores=
que
actúan desde los países centrales. En forma concomitante, ello
genera severos conflictos a lo interno de los grupos hegemónicos,
quienes tratan de implantar, controlar y obtener los beneficios que promete=
n la
aplicación de determinados tipos de tecnologías.
Cabe traer a colación teorías
analizadas ampliamente por las Ciencias Sociales en décadas anterior=
es,
en torno a la problemática del desarrollo, limitaciones que, aunque =
en
ese aspecto eran fáciles de discernir, cómo el enfoque mismo =
de
la teoría de la modernización, al fundamentarse sobre la
comparación sistemática de casos independientes,
presuponían que eran demostrables, tales como que cada Estado operab=
a de
manera autónoma y no afectado por factores más allá de=
sus
fronteras. Ello contenía además otras ventajas polític=
as
al permitir que por el hecho de extrapolar esos esquemas teóricos a
situaciones prácticas se lograran espacios para aconsejar a los
gobiernos a orientar fondos para definir y poner en vigor teorías y
políticas de “desarrollo”, que muchas veces eran inviabl=
es (Wallerstein,
2001; Amin, 2003). Tales reflexiones invitan a estudiar las preferencias
posibles en materia de desarrollo nacional para dimensionar lo que este
representa en materia de ciencia y tecnología. Significa una suerte =
de
responsabilidad histórica de naturaleza político-social, un r=
eto
a la percepción de la concepción y definición real de =
las
políticas de desarrollo científico y tecnológico con
percepción de futuro. =
Para ello se
requiere identificar a los grupos de poder que participan en la definici&oa=
cute;n
y la aplicación de las políticas
científico-tecnológicas, a fin de bosquejar el grado de
responsabilidad que tienen los actores nacionales e internacionales. En
consecuencia, muchos gobiernos están auspiciando políticas
tendientes a promover el acceso a Internet e instaurando terminales
públicas en centros comunitarios, como lo ejemplifica la Red
Científica Peruana (RCP), que viene de instalar cerca de mil centros
públicos, que proveerán servicios a casi un 40% de la red, do=
nde
se han inaugurado programas de Tele-Centros para atender las comunidades
más alejadas y de menores ingresos (Molero, 2003; Castaños, 2=
003;
Hamada, 2003).
En México, se trabaja para alcanzar niv=
eles
de excelencia con la formación de recursos humanos de alto nivel y p=
ara
ello se asignan fondos especiales a través de diversos mecanismos y =
de
concursos y competencias, a la vez que se edifican puentes tendientes a
vincular la investigación básica con el desarrollo
tecnológico del sector productivo. De igual manera, se busca la reor=
ientación
de la demanda de carreras hacia disciplinas necesarias para el desarrollo d=
el
país, principalmente en Ciencias Naturales e Ingenierías (Cas=
as,
2001). En el curso de las décadas de los años sesenta y seten=
ta
se sentaron las bases para una comunidad científica y tecnoló=
gica
importante, creando personal científico nacional cuya vinculaci&oacu=
te;n
se dejó bajo la responsabilidad de los centros de investigació=
;n
de naturaleza pública, principalmente en sectores estratégicos
como el petróleo, la electricidad y la minería.
Por otra parte, acercar hoy la academia y la
comunidad científica a la sociedad, contribuye a acabar con la
reacción de miedo y hasta el rechazo popular a la apertura internaci=
onal
que nos llega de la avalancha tecnológica de las tres últimas=
décadas,
desde el dinero electrónico y las comunicaciones digitales, entre ot=
ras,
hasta vencer las resistencias y los temores a lo nuevo o desconocido,
incluyendo la negación de incorporar aspectos positivos de las
tecnologías, en beneficio de la educación, la medicina y otras
ciencias, acceder a bibliotecas digitales, programas de telemedicina y tele-enseñanza, siempre que no sea para s&oacu=
te;lo
consumir información. Se unen así múltiples esfuerzos
colectivos de participación social para desarrollar una actitud posi=
tiva
que permita encontrar la parte luminosa de las tecnologías y la
sustitución de la negación a lo irreversible, a través=
de
diálogos razonables que conduzcan a la identificación de las
consecuencias internas que cada una de ellas representa.
En el curso de los años noventa se pusi=
eron
en vigor políticas que condujeron a la separación de las
políticas orientadas a las Ciencias y las referentes a las
tecnologías lo que produjo rupturas entre ambas actividades. En mate=
ria
de calidad se siguió el predominio de criterios impuestos en
función de normas internacionales en particular en lo referente a los
modelos y formas de evaluación en ambas actividades (Casas, 2003). La
región latinoamericana debe —entre otros trabajar por desaf&ia=
cute;os—
buscar fuentes de financiamiento para desarrollar proyectos tendientes a
disminuir el rezago tecnológico; precisar el marco jurídico de
acción en Ciencia y Tecnología; velar por las regulaciones
institucionales que aseguren el ingreso, calidad y competencia a los
proveedores de servicios de redes de transmisión. Todo enmarcado en =
las
propuestas de la CEPAL para mejorar la protección del consumidor,
afianzar la competencia y desarrollar sinergias y capacidades en el aparato
productivo. Significa por otra parte trabajar para disminuir la heterogenei=
dad
de la difusión de las tecnologías de la información y =
la
comunicación, y así lograr mayor participación social =
en
la definición de los contenidos de la información y los conoc=
imiento
que se transmiten a través de las redes digitales, a fin de
contrarrestar la concentración de poder que el auge de la
informática deja en manos de países industrializados y de
empresas transnacionales que controlan la tecnología y los sistemas =
de
cooperación internacional, definidos en función de sus propios
fines.
En consecuencia=
, se
trata con ello de orientar las presiones y las resistencias de los grupos
internos hacia una actitud de acción positiva, que puede ser extrapo=
lada
a la academia, para que ella rescate sus procesos de transformación,
construya escenarios positivos y cree colectivos de trabajo orientados a la
producción de conocimiento, con el fin de asumir los desafíos=
que
exigen el desarrollo integral de las personas y las sociedades. De ah&iacut=
e;
que se deba replantear la cuestión de cómo organizar la
planeación estratégica de la academia en materia de Ciencia y
Tecnología, que proviene del marco de los contextos nacionales y acl=
arar
el papel que deberían jugar esas instituciones, a lo que nos
preguntamos: ¿Cómo formular líneas de desarrollo
científico y tecnológico sin que ello atente o amenace la
creatividad natural y la producción individual de los investigadores=
? (Didriksson, 2002; Luna, 2003; Amador, 2003).
No se puede soslayar que en tiempos de
globalización y de la economía del conocimiento, las relacion=
es
sociales y el tejido cultural de las naciones se transfiguran con la idea d=
el
saber a gran escala. Surge la idea de que el hombre es dueño del tie=
mpo,
del espacio y así se configuran nuevos tipos de relaciones. Eso ocas=
iona
cambios primordiales en materia cultural y civilizatoria. Al influjo de esas
problemáticas y los avances gigantescos en ciencia y tecnologí=
;a,
surgen inéditas formas de concebir al espacio y al tiempo, a partir =
de
las relaciones sujeto–objeto, hombre-trabajo e igualmente, los concep=
tos
de organización política y social, el derecho y la cultura as=
umen
a través de los Estados nuevas maneras de operar. Por lo tanto, el
concepto de “desarrollo” trae consigo una nueva forma de
relacionarse con el mundo.
En lo particula=
r,
el modelo del mercado asigna un énfasis particular al valor de canje=
de
las profesiones, lo que ha generado una amplia gama de servicios
académicos edificados a través de acelerados procesos de
comercialización a lo interno de la academia y desde ella hacia la s=
ociedad
(Brunner, 1998; Kent, 1999), lo que hace que se torne más complejo el
panorama de crear consensos sobre la problemática de la
aplicación eficiente y con equidad de las tecnologías. En la
última década, en América Latina, las Instituciones de
Educación Superior han sido en cierto modo rebasadas por las exigenc=
ias
de nuevos criterios de evaluación y por los sistemas de
contratación provenientes de un voraz mercado de trabajo, así
como por los procesos de modernización de las empresas las que, en la
mayor parte de los casos, cuentan con apoyo y respaldo de los Estados
nacionales. Ello ocurre as&ia=
cute;
porque el desarrollo científico y tecnológico marcha a la par=
de
los procesos de innovación que cada día alcanzan mayores nive=
les
de complejidad, en particular en todo aquello que se refiere a la
integración de las fuentes del conocimiento con las esferas de su
aplicación.
Esa interrelación da origen a un
fenómeno dual en virtud del cual se proclama la descentralizaci&oacu=
te;n
de la actividad tecnológica a la vez que, en forma paradojal, surge =
el
control de los grupos de poder que, a través de redes y alianzas
facilitan o restringen la difusión y el acceso a la producció=
n de
la Ciencia y la Tecnología, situación que es más osten=
sible
en el área de las tecnologías de la información, las
biotecnologías y la creación de nuevos materiales.
¿Cómo resolver los desafíos que comportan el desarrollo
del conocimiento y qué hacer para que el acceso que existe en la
actualidad en el mundo sea menos restringido y menos desigual para los
países de América Latina y para la academia misma? Esas cuestiones inducen a las empr=
esas a
conquistar cierta autonomía tecnológica basada en
estándares de calidad internacional, a efectos de justificar las fue=
rtes
inversiones de capital privado o estatal que las respaldan.
Por ello, el objetivo medular en ese escenario=
es
conquistar el mercado con criterios de eficiencia, funcionalidad, habilidad=
es y
buenos resultados, a menores costos.
No obstante, ello no es posible sin la promoción del saber ci=
entífico
y la innovación tecnológica, donde la esfera de lo privado y =
lo
público marchan entrelazados. En ese proceso, los Sistemas
Científicos y Tecnológicos de la mayoría de paí=
ses
adquieren mayor relevancia, al igual que los centros de Investigació=
n y
de desarrollo, para asegurar la promoción de los cambios cualitativos
que se demandan, lo que lleva a crear complejas vías organizacionale=
s a
fin de acceder a la nueva cultura de la Tecno-Ciencia. La relación e=
ntre
los distintos actores genera procesos de colaboración que dan lugar a
diferentes formas, modelos y patrones de vinculación, incidiendo en =
la
definición y expansión de las tendencias profesionales en
desarrollo (Bueno y Santos, 2003), mismas que varían en distintas
profesiones, compañías, asociaciones y colectivos especialmen=
te,
integradas con visión interdisciplinaria y a través de Redes =
de
conocimiento.
En México, de acuerdo con cifras de la
Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, para 2017 las carreras con
mayor número de ocupación fueron Administración y
gestión de empresas, Contabilidad y fiscalización, y Derecho.
Aunque las mejor pagadas eran Minería y extracción, Farmacia y
Estadística. En las universidades existe una disminución por =
el
interés en las áreas de Educación y humanidades en la =
actualidad,
a diferencia de lo ocurrido en la década de los noventa.
En conclusión, se trata de un enjambre =
de
carreras profesionales que abren nuevas dimensiones al trabajo y a la vida =
en
general. Con ello se generan orientaciones que marchan hacia el desarrollo
cultural integral, con enfoque de utilidad mutua y que estrechan los
vínculos existentes entre la academia y las empresas, fenómeno
que ha ido ganando espacios relevantes en diversas universidades de
América Latina, para mejorar sus niveles de desarrollo y
competitividad. A tales efect=
os, se
está creando un proceso colectivo de trabajo que une a actores
disímiles que se encuentran ubicados en distintas áreas de
especialización e incluso diferentes, aunque interrelacionadas, en
búsqueda de un bien colectivo que conjunte a las empresas con otros
grupos alternativos del entorno regional.
Los proyectos de desarrollo y las perspectivas=
de
transformación de las empresas y el entorno económico, social=
y
cultural encuentran en esas experiencias escenarios ricos y novedosos. Entre
esos procesos se destacan los de modernización interna; el cambio en=
los
paradigmas de trabajo y de tecnología de las organizaciones; la
naturaleza de los mercados; y las transformaciones que, a escala nacional d=
eben
enfrentar para competir en mercados abiertos. En consecuencia, los procesos
culturales y de información no pueden desligarse de los procesos
económicos, ya que estos constituyen elementos sustantivos de cambio=
que
afectan la vida de los pueblos. De allí que la información, p=
or
sí misma, tenga un costo para los países que la producen, al
igual que para los que la consumen; en el contexto de la globalizació=
;n
asumir esos costos se justifica por el hecho de que la información e=
s un
poder al igual que el conocimiento por lo que, ambos, constituyen eslabones
esenciales para alcanzar las competencias que requiere el desarrollo
actual. La Educación
Superior por su parte debe proveer aspectos fundamentales para ello a saber=
: la
promoción y desarrollo de habilidades y aptitudes para el aprendizaj=
e de
por vida, con un enfoque centrado en aprender a aprender y pleno de valores
humanísticos.
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LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidad=
es,
Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, noviembre, 2025,
Volumen VI, Número 5 p 3295.
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Volumen VI, Número 5 p 3280.