MIME-Version: 1.0 Content-Type: multipart/related; boundary="----=_NextPart_01DC561F.08229010" Este documento es una página web de un solo archivo, también conocido como "archivo de almacenamiento web". Si está viendo este mensaje, su explorador o editor no admite archivos de almacenamiento web. Descargue un explorador que admita este tipo de archivos. ------=_NextPart_01DC561F.08229010 Content-Location: file:///C:/65562141/1405_MartinezNoriega.htm Content-Transfer-Encoding: quoted-printable Content-Type: text/html; charset="us-ascii"
DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v6i5.4823
La Violencia Psicológica: sutil forma de agresión
patriarcal
Psychological
violence: subtle form of patriarchal aggression
Jesús Antonio Martínez
Noriega
martinez.noriega.j.a@gmail.com
https://orcid.org/0009-0008-3760-711X
Universidad
Autónoma de Sinaloa
Culiacán
– México
Liliana
Jazmín Salcido Cibrián[1]<=
/b>
https://orcid.org/0000-0001-8847-8049
Universidad
Autónoma de Sinaloa
Culiacán=
–
México
Marisol
Elizalde Monjardin
https://orcid.org/0000-0001-5625-7233
Universidad
Autónoma de Sinaloa
Culiacán
– México
Artículo recibido: 16 de julio de
2025. Aceptado para publicación: 15 de noviembre de 2025.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
Resumen
La violencia psicológica constituye una de las formas m&aacu=
te;s
sutiles, persistentes e invisibilizadas de agresión en los
vínculos humanos, al operar mediante conductas que conllevan a la
invalidación experiencial, emocional y cognitiva. Este estudio tiene
como objetivo describir la violencia psicológica y su proceso
subyacente. La violencia psicológica no solo afecta la salud mental,
sino que también sostiene otras violencias más explíci=
tas,
lo que contribuye a su normalización dentro de un sistema patriarcal=
que
la refuerza, dado que es un tipo de violencia contextual. A diferencia de o=
tras
formas de violencia, su sutileza dificulta su reconocimiento social e
institucional, perpetuando la revictimización y el sufrimiento
psicológico.
Palabras clave: procesos
psicológicos, invisibilización,
invalidación, perspectiva de género, patriarcado
Abstract
Psychological violence constitutes one of the subtlest, persistent, =
and
invisible forms of aggression in human relationships, operating through
behaviors that lead to experiential, emotional, and cognitive invalidation.=
The
objective of this study is to describe psychological violence and its
underlying processes. Psychological violence not only affects mental health=
but
also sustains other, more explicit forms of violence, contributing to its
normalization within a patriarchal system that reinforces it, given that it=
is
a type of contextual violence. Unlike other forms of violence, its subtlety
hinders social and institutional recognition, perpetuating revictimization =
and
psychological suffering.
Keywords: psychological processes, invisibility, invalidation, gender
perspective, patriarchy
<= o:p>
<= o:p>
<= o:p>
<= o:p>
<= o:p>
<= o:p>
<= o:p>
<= o:p>
<= o:p>
<= o:p>
<= o:p>
<= o:p>
<= o:p>
<= o:p>
<= o:p>
<= o:p>
<= o:p>
<= o:p>
Todo el contenido de LATAM Revista Latinoamerica=
na
de Ciencias Sociales y Humanidades, publicado en este sitio está
disponibles bajo Licencia Creative Commons.=
=
<=
o:p>
C=
ómo
citar: Martínez Norieg=
a, J.
A., Salcido Cibrián, L. J., & Elizalde Monj=
ardin,
M. (2025). La Violencia Psicológica: sutil forma de agresión
patriarcal. LATAM Revista Latinoame=
ricana
de Ciencias Sociales y Humanidades 6 (5), 3428 – 3439. https://doi.or=
g/10.56712/latam.v6i5.4823
El sufrimiento y/o el malestar psicológ=
ico
se entiende como la vivencia ante una experiencia subjetiva que conlleva
sensaciones desagradables en los eventos privados tales como pensamientos,
recuerdos y/o emociones. Las acciones que se encaminan a causar sufrimiento
psicológico a las personas suelen ser muy variadas, desde formas
explícitas como agresiones físicas o sexuales hasta otras
más discretas y sutiles como las psicológicas. A pesar de que
“tanto mujeres como hombres pueden convertirse en víctimas y/o
agresores de actos de violencia, es la mujer la que constantemente la
padece” (Solís & Guerrero, 2020, p. 17). Al ser ellas las
principales receptoras de las múltiples expresiones de violencia por=
su
género se les ha denominado violencia de género
(Ruiz-Pérez et al., 2004). Estos actos constituyen una de las m&aacu=
te;s
graves vulneraciones de los derechos humanos que viven las mujeres.
Históricamente se ha brindado mayor
atención a algunos tipos de violencias como la física y sexua=
l,
consideradas explícitas ya que sus características y efectos =
son
innegables, mientras que aquellas violencias implícitas, tienen menor
atención por la comunidad científica, específicamente =
la
violencia psicológica (VP) (Galán & Figueroa, 2017;
Padrón Fernández et al., 2020). Usualmente se asocia la VP con
actos de agresión tales como insultos o gritos, sin embargo, este
concepto engloba una variedad de formas de presentarse. Poalacin-Iza
y Bermúdez-Santana (2023, p. 67), mencionan que “la violencia
psicológica contra la mujer es un ataque al bienestar emocional de la
misma, que se lleva a cabo como parte de un proceso de dominación pa=
ra
establecer una relación de poder sobre ella”, Pérez y
Hernández (2009, p. 4) argumenta que la VP representa “un fact=
or
de riesgo importante para la salud, el bienestar y el ejercicio de los dere=
chos
humanos”. Aunado a ello, los patrones culturales juegan un patr&oacut=
e;n
importante para que se sostenga la VP y se normalice (Noa Salvazán
et al., 2014). El modus operandi de la VP es la dominación, sometimi=
ento
a través de las emociones (Galán & Figueroa, 2017). Para
Carreño (2017), la VP se basa en la persistencia, recurrencia y la
intención de causar un impacto en la estabilidad emocional. As&iacut=
e;
la posibilidad de pasar desapercibida radica en la escasa conciencia que se
tiene ante ella. Gallegos et al. (2020), aluden al desconocimiento de las
consecuencias de la VP a corto, mediano y largo plazo. Vivas y Camaño
(2020) destacan la dificultad de definir con precisión la magnitud y
características del abuso psicológico.
Ante esta invisibilizaci&=
oacute;n
histórica, es preciso abordar la VP como una de las formas de
agresión más sutiles y difíciles de detectar en los
vínculos humanos, Safranoff (2017)
señala que el maltrato psicológico, aunque poco visible, es
altamente prevalente y genera un fuerte impacto en las víctimas y sus
familias. De tal forma que la VP se asocia a un ejercicio de poder constant=
e,
efectivo e imperceptible (Pérez & Hernández, 2009).
En este sentido, no puede analizarse la VP sin
situar dentro del entramado social más amplio en el que se produce,
siendo el patriarcado uno de sus principales reforzadores estructurales. En
concordancia, con Segato (2016) y Lagarde (2022=
) el
patriarcado, entendido como un sistema social que privilegia lo masculino y
establece relaciones jerárquicas de poder entre los géneros, =
crea
y mantiene las condiciones para que las prácticas de control,
dominación y sometimiento se normalicen y se repliquen en los distin=
tos
ámbitos de la vida cotidiana. Así, la VP se convierte en un
reforzador psicológico, social y patriarcal, que no solo opera como =
una
forma de agresión en sí misma, sino también, como un
mecanismo que perpetúa y legitima otras expresiones de violencia
más visibles.
De este modo, la VP cumple una doble
función: por un lado, debilita la autonomía, seguridad y
autoestima de las mujeres, y por otro, asegura la continuidad del orden
patriarcal al naturalizar la desigualdad y la subordinación (Bonino,
2021), a través de los mandatos de género, entendidos como
aquellos estereotipos que se perciben y son socialmente aceptados estableci=
endo
un orden de comportamiento en donde se incluyen estas normas sociales, valo=
res
y reglas (Salcido-Cibrián et al., 2024). La sutileza de las
manifestaciones de la VP facilita que la sociedad las minimice o normalice,=
invisibilizando
su gravedad y reforzando el ciclo de violencia. Esto significa que la VP no
actúa de manera aislada, sino que constituye la base silenciosa sobr=
e la
cual se erigen y sostienen otras formas de violencia, como la física=
, la
económica y la sexual en sus diferentes modalidades (De Miguel
Álvarez, 2023).
No obstante, en un intento por nombrar y
visibilizar las violencias sutiles como la psicológica se adopt&oacu=
te;
el concepto de micromachismos, el cual hace referencia a las “actitud=
es
de dominación suaves o de bajísima intensidad, formas y modos
larvados y negados de abuso e imposición en la vida cotidiana”
(Bonino, 2004, p.1). Los micromachismos se trat=
an de
hábiles comportamientos casi invisibles que se ejecutan permanenteme=
nte
para dominar. Ante la popularidad del concepto de micromachismo, De la Garz=
a y
Derbez (2021) sostienen que el principal problema de este término es=
que
se piensa que, por ser micro, prefijo que significa pequeño, se trat=
a de
conductas pequeñitas, poco importantes o que son poca cosa, por lo q=
ue
sugiere sustituir el término micromachismos por machismos cotidianos=
que
aunque estos no implican la privación de la vida o un daño
directamente en el cuerpo, pueden tener efectos muy nocivos y profundos en
quien lo vive, pues se presentan de forma reiterada, sistemática y
psicológica.
De este modo, los machismos cotidianos no deben
entenderse como expresiones menores o inofensivas, sino como práctic=
as
sutiles insertas dentro del entramado patriarcal que sostienen y normalizan=
la
violencia estructural contra las mujeres. Estas dinámicas, al ser
ejercidas con sutileza y persistencia, refuerzan los mecanismos de control y
dominación, instalando en las víctimas sentimientos de
invalidación, inseguridad y desvalorización personal. En este
sentido, la VP al ser un reforzador contextual de estas prácticas op=
era
de manera acumulativa y progresiva legitimando en sí misma un mecani=
smo
para sostener malestar psicológico producto del patriarcado cultural=
.
A pesar de que la VP se encuentra presente en
todas las etapas de la vida y estadísticamente muestra una prevalenc=
ia
alta, los estudios sobre esta son escasos (Pico et al., 2006). Tan solo en
América Latina, los datos institucionales revelan una alta incidenci=
a de
VP. Según la Comisión Económica para América La=
tina
y el Caribe, seis de cada diez mujeres víctimas de violencia en la
región identifican el maltrato psicológico como el más
frecuente (Comisión Económica para América Latina y el
Caribe [CEPAL], 2023). En Perú, la Encuesta Demográfica y de
Salud Familiar señala que el 48.9% de mujeres entre 15 y 49 añ=
;os
la han sufrido en el último semestre (Ministerio de Salud del
Perú, 2024). Por su parte, en Ecuador, más de la mitad de las
mujeres (56.9%) reportaron haber experimentado violencia psicológica=
a
lo largo de su vida (Cevallos et al., 2021). En México, la Encuesta
Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Institu=
to
Nacional de Estadística y Geografía [INEGI], 2021), reporta q=
ue
durante el periodo de 2020-2021 la VP fue el tipo de violencia más
recurrente que viven las mujeres mayores de 15 años con un 51.5 % en
comparación a la física con 34.7 %. Adicionalmente, la Red por
los Derechos de la Infancia en México (2023), declara que, durante el
periodo del 2022, el 89.5% de las mujeres de entre 1 y 17 años fueron
víctimas de VP en su hogar, siendo los principales agresores un padr=
e o
padrastro con un 15.8% y sus parejas con un 42.2%. Esto evidencia el entram=
ado
social dominado por una estructura patriarcal.
Ante las alarmantes cifras reportadas del alca=
nce
de la VP en México, la atención de esta requiere relevancia,
mayor precisión en las instancias que atienden las denuncias de
violencia de género contra las mujeres, un reconocimiento y
validación de las experiencias desagradables y la vulnerabilidad de =
las
víctimas para evitar conductas que inciden en la
reexperimentación del malestar emocional, puesto que, en su
mayoría las víctimas no identifican su experiencia como viole=
ncia
ni son conscientes de vivirla (Pérez & Hernández (2009) d=
ando
paso a la revictimizaci&oacut=
e;n
social e institucional.
Las secuelas psicológicas de la VP, sue=
len
presentarse en el trastorno por estrés postraumático (TEPT), la depresión, trastornos de ansiedad
(ansiedad generalizada, ataques de pánico, agorafobia...), trastorno=
s de
la conducta alimentaria, alteraciones del sueño, abuso y dependencia=
de
sustancias, problemas psicosomáticos, baja autoestima, problemas
crónicos de salud, inadaptación, aislamiento, problemas de
relación social/familiar/laboral, suicidio (Saf=
ranoff,
2017). Además, Almendros et al. (2009) y Blázquez et al. (201=
0),
plantean que de la VP se pueden derivar otros tipos de violencia tales como=
la
física, sexual, económica, y que, además, es el
denominador común en cada una de ellas. En este sentido, la VP, podr=
ía
ser persistente y escalar con el tiempo, causando un daño acumulativ=
o en
la salud mental, sufrimiento psicológico y/o emocional de las
víctimas.
Diversos modelos y recursos gráficos han
buscado visibilizar las manifestaciones patriarcales tanto explícitas
como sutiles de la violencia en los vínculos interpersonales, influy=
endo
en su comprensión institucional, cultural y social. Entre ellos, el
ciclo de la violencia de Walker (1979), el cual, constituye una de las
principales referencias teóricas, al describir tres fases reiterativ=
as:
1. Acumulación de tensión, caracterizada por hostilidades
verbales y no verbales que suelen confundirse con expresiones de cuidado; 2.
Estallido de violencia, en el que las conductas violentas se vuelven visibl=
es
mediante agresiones físicas, sexuales y psicológicas de mayor
intensidad; y 3. Luna de miel, etapa en la que el agresor manifiesta
arrepentimiento y conductas afectivas que propicien la permanencia de la
víctima en el vínculo. Dicho modelo ha permitido comprender l=
a progresividad
y reiteración de la violencia, así como su relación con
factores macrosociales (ideología patriarcal, educación sexis=
ta),
microsociales (familia, escuela, trabajo) e
individuales (edad, sexo, escolaridad). En concordancia con Walker el ciclo=
de
la violencia no es lineal. Si bien esta propuesta obedece a estas tres fase=
s,
tan sólo visibiliza las modalidades de la violencia en pareja y en la
familia. A pesar de la contribución de este modelo a la
sensibilización social, aún presenta limitaciones para
dimensionar con claridad el impacto y el riesgo asociado a la violencia
psicológica, cuya sutileza y normalización dificultan su
identificación temprana.
EL PROCESO SUBYACENTE DE LA VIOLENCIA PSICOLÓGICA: UNA PROPU=
ESTA
La VP puede comprenderse como parte de un
fenómeno cíclico dinámico, repetitivo y acumulativo en=
el
que intervienen factores individuales, relacionales, contingencias contextu=
ales
y estructurales de género que la sostienen y legitiman. Este ciclo no se limita a la
interacción directa entre agresor y víctima, sino que se
encuentra sostenido por reforzamientos sociales que validan o desestiman la
agresión psicológica, contribuyendo a que se normalice y se
prolongue en el tiempo en todas las modalidades de violencias.
Es por ello, que el proceso subyacente de la Violencia Psicológica, propuesto en este estudio, se fundamenta en:<= o:p>
Instalación de control. Donde se insert=
an
reglas verbales coercitivas cimentadas en los mandatos de género, que
anticipan consecuencias que limitan la autonomía de la persona. Esta
puede presentarse en las relaciones familiares, de noviazgo, laborales, y/o
comunitarias, donde las interacciones interpersonales potencian que la pers=
ona
sea una víctima, aun cuando no se percate de ello.
Reforzador patriarcal. En el plano de lo
subjetivo, la víctima comienza a reconocer la sutileza del malestar
emocional. Sin embargo, cuando lo externa ocurre la invalidación que=
es
el proceso donde el contexto patriarcal no reconoce su experiencia como un
suceso de violencia. Esta invalidación se divide en tres momentos: a)
Invalidación experiencial: la negación de experiencias
relacionadas con la violencia psicológica por ejemplo “estas
exagerando, eso lo vivimos todas”. b) Invalidación cognitiva: =
se
manifiesta a través de la minimización de los pensamientos
relacionados con la violencia psicológica por ejemplo “no me
siento cómoda, me siento vigilada, no es normal” es aquí
donde surge la ambivalencia entre su percepción de la seguridad en un
entorno de violencia. Finalmente, c) Invalidación emocional es la
desestimación del sufrimiento y/o malestar psicológico, por
ejemplo “no pasa nada, estás loca, no es para tanto, ¿p=
or
eso vas a llorar?”, aquí los recursos psicológicos y re=
des
de apoyo se ven condicionados por el contexto patriarcal. Aumentando el rie=
sgo
de revictimización institucional, social y familiar.
Cronificación/mantenimiento de la viole=
ncia
psicológica. La víctima desarrolla conductas de sumisió=
;n,
puesto que los reforzadores patriarcales han atravesado todos sus recursos
psicológicos, perpetrados por la cultura patriarcal y los machismos
cotidianos legitiman y normalizan la violencia, reforzándola social e
institucionalmente.
El modelo sistémico de la violencia
psicológica planteado se sostiene teóricamente en las terapias
contextuales, que subrayan la influencia del entorno sociocultural en la
configuración y mantenimiento de la conducta. Desde la teoría=
del
marco relacional (RFT), Hayes et al. (2001) exp=
lican
cómo las reglas verbales coercitivas instauran patrones de control
conductual que restringen la autonomía de la persona. Estos mandatos,
insertos en interacciones de poder y género, actúan como ante=
cedentes
que limitan la flexibilidad psicológica y refuerzan dinámicas=
de
sumisión y dependencia. En este sentido, la instalación de
control puede comprenderse como un proceso de regulación social y
cultural donde las reglas impuestas funcionan como contingencias verbales q=
ue
restringen la capacidad de la víctima para discriminar y actuar de
manera acorde a sus propias necesidades y valores.
Por otro lado, la invalidación descrita=
en
el modelo se articula con los planteamientos de Linehan (1993), quien desde=
la
Terapia Dialéctico-Conductual expone cómo la negación =
de
la experiencia subjetiva deteriora la regulación emocional y favorec=
e la
cronificación del malestar. Cuando esta invalidación se inscr=
ibe
en un contexto patriarcal, se refuerza mediante lo que Hayes et al. (2012)
denominan procesos de evitación experiencial y fusión cogniti=
va,
limitando la capacidad de la persona para reconocer y cuestionar el da&ntil=
de;o
sufrido. En consecuencia, la cronificación de la violencia
psicológica refleja un proceso de aprendizaje social que legitima la=
violencia
a través de la cultura y las instituciones, generando un círc=
ulo
vicioso donde la sumisión y la revictimización se convierten =
en
respuestas funcionales al contexto coercitivo.
Vivas y Camaño (2020) sostienen que es
complicado aseverar que las víctimas reconozcan que están
atravesando por un ciclo de VP. Es por ello indispensable reconocer el male=
star
psicológico que se expresa y el sufrimiento psicológico que e=
ste
conlleva, puesto que identificarla propiciaría la comprensión=
de
la VP. Dado que, cada caso presenta sus propias particularidades, tal es ca=
so
de la normalización de la violencia, en donde se justifica el acto en
sí mismo, y, por otro lado, un sistema patriarcal que predomina en l=
as
instituciones, donde permean creencias sexistas, por lo que, para su
desmantelamiento la sensibilización ante ella es fundamental.
CONCLUSIONES
En un entorno patriarcal, los estereotipos de
género siguen latentes haciendo difícil su
comprensión-identificación, debido a que la cultura es
predominante. En este sentido, cabría replantear la atención =
de
salud mental, puesto que a pesar de que son muchos los esfuerzos para preve=
nir,
estos son limitados cuando las creencias sexistas aparecen. El fenóm=
eno
de la violencia está arraigado en aquellas pautas donde está =
es
visible, ya que deconstruir la violencia, los mandatos de género y l=
as
creencias sexistas, no es tarea fácil para su entendimiento e
intervención.
Ahora bien, al centrarse en la VP la
intervención es compleja, puesto que habría que comprender co=
mo
se articulan los fenómenos psicológicos, debido a que estos no
son estáticos. La VP se presenta en una forma insidiosa de abuso
continuo e imperceptible, que subyace en los mandatos de género, a
menudo invisibilizada, sus efectos se extienden más allá del
daño inmediato, afectando la salud mental y las relaciones
interpersonales a largo plazo. La deconstrucción del estigma en torn=
o a
la VP es fundamental para fomentar un entorno sensible donde la perspectiva=
de
género esté inmersa.
Las personas que atienden violencias dentro y
fuera de las instituciones son el primer contacto de la víctima, por
ello es sumamente importante que estén sensibilizadas en la perspect=
iva
de género, con el objeto de evitar la victimización y
revictimización, ya que generan continuamente la reexperimentaci&oac=
ute;n
de la violencia a través de la invalidación de la experiencia=
de
la VP. Estas respuestas invalidantes se sustentan en la desinformació=
;n
de las características de la VP, y refuerzan que la violencia solo es
aquella que es visible.
En la atención de la VP es imperante
comprender que las víctimas podrían no reconocerla como un ti=
po
de violencia. El sesgo institucional y social reafirman que la violencia
solamente es aquella que es visible. Así que, cuando la vícti=
ma
identifica la VP, no la asume como violencia, dado que no la verbaliza cuan=
do
esta ocurre, hasta que ocurre el proceso subyacente de la Violencia
Psicológica, en donde la Instalación de control y el reforzad=
or
patriarcal contribuyen en la cronificación/mantenimiento de la misma=
. Las
consecuencias podrían ser devastadoras, dado que el contexto invalid=
ante
en el que se encuentra refuerza la creencia basada en mandatos de
género.
Ahora bien, cuando la víctima identific=
a la
VP y acude a la institución, se enfrenta a una respuesta invalidante=
por
parte del primer contacto, puesto que este no está sensibilizado ni
familiarizado con el proceso de la VP, por tanto, no se les reconoce como
víctimas de urgencia cuando solicitan la ayuda, debido a que la
violencia no es física. Es aquí donde la víctima regre=
sa a
los espacios que no son seguros, y a su vez, se refuerza que la violencia
sólo existe cuando es física, debido a que no se autopercibe como una víctima de VP.
Finalmente, la legislación, si bien la =
VP
es reconocida a nivel mundial, pero no en todos los países se
interviene. Existen leyes específicas que tipifican la VP como un
delito, reflejando su impacto dañino en la salud mental y el bienest=
ar
de las personas. Estas leyes suelen incluir definiciones claras de lo que c=
onstituye
la VP, abarcando conductas como el acoso, la manipulación emocional =
y el
control coercitivo. Asimismo, se busca proteger a las víctimas media=
nte
medidas como órdenes de protección y el acceso a recursos de
apoyo. Sin embargo, la aplicación de estas leyes enfrenta
desafíos, incluyendo la falta de sensibilización y
formación en el ámbito judicial, así como la
estigmatización de las víctimas. Es crucial que se fortalezca=
la
legislación y se promueva la capacitación adecuada para
garantizar que las víctimas de violencia psicológica reciban =
la
protección y el apoyo correspondiente a sus derechos humanos.
Los protocolos de intervención y
prevención de la VP son esenciales para abordar este problema de man=
era
efectiva, sobre todo al momento de la formación en los entornos
profesionales de atención institucional, capacitar a profesionales d=
e la
salud, educación y justicia para que comprendan la gravedad de la VP,
garantizando una atención adecuada ante las respuestas conductuales y
emocionales de las víctimas. Estos protocolos deberán enmarca=
rse
con enfoques basados en la educación y conciencia social sobre
qué es la VP, sus manifestaciones y efectos, buscando desmitificar
conceptos erróneos que la minimizan o la consideran no real en
comparación con el abuso físico aunado a una modificaci&oacut=
e;n
en el lenguaje que opte por validar las experiencias de las víctimas=
y
evite términos despectivos o que minimicen el abuso, contribuyendo a=
un
diálogo más empático y compasivo. La validación
emocional dentro del contexto de las denuncias es un aspecto crucial que pu=
ede
influir significativamente en el proceso de recuperación de la
víctima y en su disposición en la búsqueda de justicia=
.
La desnaturalización de la VP implica
cuestionar y desarticular las normas culturales e institucionales enmarcadas
por los mandatos de género, que minimizan o justifican este tipo de
abusos. Se trata de identificar y transformar las dinámicas que
normalizan la VP en los vínculos interpersonales. Requiere un esfuer=
zo
conjunto de la sociedad, desde la educación hasta la creación=
de
políticas inclusivas, para promover un cambio cultural, donde la
deconstrucción de la VP implica analizar y desmontar las creencias
sexistas, normas hegemónicas y patrones de comportamiento que permit=
en y
perpetúan este tipo de abuso.
El sesgo que aún existe en los procesos=
y
tratamientos psicológicos, es innegable. Sin embargo, es necesario c=
rear
espacios donde la salud mental sea una prioridad. El inicio de las violenci=
as
es la VP. La prevención, la intervención e incluso la
reeducación de la VP, requiere un cambio dentro de las instituciones=
y
la sociedad, y con ello, permitan visualizarla como un agente primordial de
atención. La deconstrucción no es una tarea sencilla, se enti=
ende
que, por la naturaleza de los estímulos activadores, estará
latente, sin embargo, no nos exime de reconocerla, para garantizar una
atención compasiva, empática y con perspectiva de géne=
ro
ante las violencias.
REFERENCIAS
Almendros, C., Gámez-Guadix, M., Carrobles, J. A., Rodríguez-Carballeira2,
A., & Porrúa2, C. (2009). Abuso
Psicológico en la pareja: Aportaciones Recientes, Concepto y
Medición. Psicología Conductual, 17(3), 433-451.
Blázquez, A. M., Moreno, J
.M. & García, M. E. (2010). Revisión teórica
del maltrato psicológico en la violencia conyugal. Psicología=
y
Salud, 20(1), 65-75.
Bonino, L. (2004). Los Micromachismos. Revista=
La
Cibeles No.2. https:/=
/www.mpdl.org/sites/default/files/micromachismos.pdf
Bonino, L. (2021). Micromachismos: Violencias
invisibles en la vida cotidiana. Paidós.
Carreño, J. (2017). La violencia
psicológica: un concepto aún por acabar. Alternativas cubanas=
en
Psicología, 5(15), 109-10. =
span>
Cevallos, W., Gaus=
, D.
P., Guerrero, W., Gómez, G., & Maldonado, A. (2021). Prevalence and
associated factors of intimate partner violence in Ecuador. International
Journal for Equity in Health, 20(1), 252. https://doi.org/10.1186/s12939-021-01456-9
Comisión Económica para Am&eacut=
e;rica
Latina y el Caribe (CEPAL). (2023, noviembre 27). América Latina y el
Caribe tiene el deber de prevenir y eliminar todas las formas de violencia
contra las mujeres y las niñas. SELA. =
span>https:/=
/www.sela.org/es/prensa/servicio-informativo/20231127/si/92234/cepal-americ=
a-latina-y-el-caribe-tiene-el-deber-de-prevenir-y-eliminar-todas-las-formas=
-de-violencia-contra-las-mujeres-y-las-ninas
De la Garza, C. & Derbez, H. (2021). No son
micro. Machismos cotidianos. Grijalbo.
De Miguel Álvarez, A. (2023). La
reacción contra la cuarta ola feminista. La (re)legitimación =
de
la violencia sexual en los tiempos post «Me Too<=
/span>».
Claves filosóficas para comprender lo incomprensible. Eunomía. Revista en Cultura de la Legalidad, 2=
5,
58-77. https://doi.org/10.20318/eunomia.2023.7990
Galán, J. S., & Figueroa, M. R. (20=
17).
Gaslighting. La invisible violencia
psicológica. Uaricha. Revista de
Psicología. 14, (32), 53-60.
Gallegos, V. A., Sandoval, C. A. B., Esp&iacut=
e;n,
M. M. F., & García, M. D. A. (2020). Autoestima y violencia
psicológica contra mujeres universitarias en sus relaciones de parej=
a.
Enseñanza e Investigación en Psicología, 2(1), 139-148=
.
Hayes, S. C., Barnes-Holmes, D., & Roche, =
B.
(2001). Relational frame theory: A post-Skinnerian account of human language=
and
cognition. Springer Science & Business Media.
Hayes, S. C., Strosahl=
,
K. D., & Wilson, K. G. (2012). Acceptance and commitment therapy: The
process and practice of mindful change (2.ª ed.). The Guilford Press.
Instituto Nacional de Estadística y
Geografía [INEGI]. (2021). Encuesta Nacional sobre la Dinámic=
a de
las Relaciones en los Hogares. ENDIREH 2021.
Principales resultados. https:/=
/www.inegi.org.mx/contenidos/programas/endireh/2021/doc/endireh2021_present=
acion_ejecutiva.pdf
Lagarde, M. (2022). Claves feministas para la
negociación en el amor (2nd ed). Siglo XXI Editores. =
Linehan, M. M. (1993). Cognitive-Behavioral
Treatment of Borderline Personality Disorder. The Guilford Press=
.
Ministerio de Salud del Perú. (2024,
septiembre 19). El 48.9% de mujeres entre 15 y 49 años ha sufrido
violencia psicológica por su esposo o compañero. Gobierno del
Perú. https:/=
/www.gob.pe/institucion/minsa/noticias/1024257-el-48-9-de-mujeres-entre-15-=
y-49-anos-ha-sufrido-violencia-psicologica-por-su-esposo-o-companero=
Noa Salvazán, L.,
Creagh Alminán, Y.,
& Durán Durán, Y. (2014). La violencia psicológica=
en
las relaciones de pareja. Una problemática actual. Revista
Información Científica, 88(6), 1145-1154. Padrón Fernández, L., Rojas
Valladares, A. L., Padrón Fernández, L., Pérez Reyes, =
J.
E., & Plasencia Medina, E. (2020). Violencia Psicológica en
Relaciones de Pareja de los Estudiantes de Enfermería de la Universi=
dad
Metropolitana. Ecuador, 2019. Revista Científica Hallazgos21, 5(2), 162–170.
Pérez, V., & Hernández, Y.
(2009). La violencia psicológica de género, una forma encubie=
rta
de agresión. Revista Cubana de Medicina General
Integral, 25(2), 1-7.
Pico, M. A., Garcia, M.
I., Celda, N., Blasco, R. C., Echeburúa, E., & Martinez,
M. (2006). The impact of physical, psychological, and sexual intimate male part=
ner
violence on women’s mental health: depressive symptoms, posttraumatic
stress disorder, state anxiety, and suicide. Journal of Women’s Healt=
h,
15(5), 599-611.
Poalacin=
-Iza, E. M., &a=
mp; Bermúdez-Santana, D. M. (2023). Violencia
psicológica, sus secuelas permanentes y la proporcionalidad de la pe=
na.
Revista Metropolitana de Ciencias Aplicadas, 6(2), 61-69.
Red por los Derechos de la Infancia en
México. (2023, 21 de junio). Violencia psicológica contra
niñas, niños y adolescentes en México (2019-2022).
¿Cuántas niñas, niños y adolescentes son
víctimas de violencia psicológica en México? https:/=
/blog.derechosinfancia.org.mx/2023/06/21/violencia-psicologica-contra-ninas=
-ninos-y-adolescentes-en-mexico-2019-2022/#:~:text=3DA%20pesar%20de%20estos=
%20avances,de%20la%20Secretar%C3%ADa%20de%20Salud.
Ruiz-Pérez, I., Blanco-Prieto, P., &
Vives-Cases, C. (2004). Violencia contra la mujer en la pareja: determinant=
es y
respuestas sociosanitarias. Gaceta Sanitaria, 18(2), 4-12.
Safranoff, A. (2017). Violencia psicológi=
ca
hacia la mujer: ¿cuáles son los factores que aumentan el ries=
go
de que exista esta forma de maltrato en la pareja?.
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y
Técnicas, Argentina. 13(4), 611-632. https://doi.org/10.18294/sc.2017.1145
Salcido-Cibrián, L. J.,
Valenzuela-Urrea, G., Apodaca-Armenta, R., Gómez-Rodríguez, G=
.,
& Valdez-Montero, C. (2024). Creencias erróneas reforzadas en el
personal de enfermería. Uaricha Revista =
de
Psicología, 22, 19-29. https://doi.org/10.35830/bkwvhy88=
Segato=
span>, R. L. (2023).
Coloniality and Modern Patriarchy: Expansion of the State Front, Modernizat=
ion,
and the Lives of Women. En L. De Souza Lima, E.=
Otero
Quezada & J. Roth (Eds.), Feminisms in Movement: Theories and Practices
from the Americas (pp. 59-78). Transcript Verlag.
https://doi.org/10.1515/9783839461020-003
Solís, C. E., & Guerrero, L. R. (20=
20).
Guía informativa sobre violencia de género contra las mujeres=
en
el ámbito comunitario. Universidad Nacional Autónoma de
México.
Vivas, S. G., & Camaño, O. B. (2020=
).
Características de la violencia psicológica en la relaci&oacu=
te;n
de noviazgo. Consideración de aspectos preventivos. Cátedra
Psicología Criminológica. 5(3), 121-134.
Walker, L. (1979). The Ba=
ttered
Women. Harper & Row.
Todo el contenido de LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades,
publicados en este sitio está disponibles bajo Licencia =
Creative Commons
.
FINANCIAMIENTO
El investigador con número de CVU 1266794, agradece la beca otorgada para la
realización de los estudios de Maestría en Violencias de
Género con enfoque en Derechos Humanos y Criminología por la =
Secretaria de Ciencia, Humanidades, Tecnología e
Innovación (SECIHTI).
L= ATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.<= o:p>
ISSN en línea: 2789-385=
5,
noviembre, 2025, Volumen VI, Número 5 p 3427.