MIME-Version: 1.0 Content-Type: multipart/related; boundary="----=_NextPart_01DC587E.47C94A90" Este documento es una página web de un solo archivo, también conocido como "archivo de almacenamiento web". Si está viendo este mensaje, su explorador o editor no admite archivos de almacenamiento web. Descargue un explorador que admita este tipo de archivos. ------=_NextPart_01DC587E.47C94A90 Content-Location: file:///C:/3673571A/1423_SanchezCruz.htm Content-Transfer-Encoding: quoted-printable Content-Type: text/html; charset="us-ascii"

DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v6i5.4842
El Maguey Pulquero: Raíz viva de la Cooperación y la
Autogestión Comunitaria
The Pulque
Maguey: A Living Root of Cooperation and Community Self-Management
Virginia
Sánchez Cruz[1]
https://orcid.org<=
/span>/0000-0003-1940-0445
Instituto Politécnico Nacional. Universidad Autónoma
Chapingo
Ciudad de México – México
Elsa
González Paredes
https://orcid.org/0000-0002-3611-2368
Instituto Politécnico Nacional
Ciudad de México – México
Pedro
Macario García Caudillo
https://orcid.org/0000-0001-8780-552X
Benemérita Universidad de Puebla
Puebla – México
Artículo recibido: 17 de julio de
2025. Aceptado para publicación: 18 de noviembre de 2025.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
La presente investigación analiza la reincorporación =
del
maguey pulquero en las tierras de cultivo de Nopala de Villagrán,
Hidalgo, desde los principios de la Economía Social Solidaria (ESS) y la Educación Popular. A través d=
e la
metodología de Investigación-Acción Participativa (
Palabras clave: maguey pulquero,
territorio, autogestión, saberes comunitarios
Abstract
This research analyzes the reintroduction of maguey pulquero (Agave salmiana) into the farmlands of =
Nopala
de Villagrán, Hidalgo, from the perspect=
ive of
Social and Solidarity Economy (SSE) and Popular Education. Using a
Participatory Action Research (PAR) methodology, a diagnostic survey, open
interviews, and territorial walks were conducted to recover local knowledge,
agricultural practices, and community cooperation linked to maguey cultivation.Findings show =
that maguey
pulquero remains an active and multifunctional crop
within small-scale farms, used for pulque production, fodder, syrup, ixtle
fiber, and land demarcation. Traditional sowing methods, lunar calendars, a=
nd
mutual aid among families reveal the continuity of ancestral wisdom and
collective solidarity.The=
span>
study concludes that maguey pulquero acts as a cent=
ral
axis of rural life, strengthening self-management and territorial identity
while fostering a harmonious relationship between community and nature. Its
revaluation represents a concrete path toward sustainable and decolonial
development, guided by the reproduction of life rather than the accumulatio=
n of
capital.
Keywords: maguey pulquero, territory, self-management, community knowl=
edge
<= o:p>
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<= o:p>
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<= o:p>
Todo el contenido de LATAM Revista Latinoamerica=
na
de Ciencias Sociales y Humanidades, publicado en este sitio está
disponibles bajo Licencia Creative Commons.=
<=
o:p>
C=
ómo
citar: Sánchez Cruz, V=
.,
González Paredes, E., & García Caudillo, P. M. (2025). El
Maguey Pulquero: Raíz viva de la Cooperación y la
Autogestión Comunitaria: The Pulque Maguey. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 6 =
(5),
3598 – 3617. https://doi.org/10.56712/latam.v6i5=
.4842
INTRODUCCIÓN
El origen de la vida en la Tierra ha sido un
proceso gradual y complejo, estrechamente vinculado a las transformaciones
físicas y químicas del planeta. Durante millones de añ=
os,
la superficie terrestre pasó de ser una masa incandescente a convert=
irse
en un entorno con condiciones propicias para la vida. Uno de los hitos
más significativos en esta evolución fue la transición=
de
los organismos acuáticos hacia formas de vida adaptadas al medio
terrestre. De acuerdo con estudios realizados por las universidades de Bris=
tol
y Essex, las primeras plantas terrestres habrían aparecido hace
aproximadamente 470 millones de años, cuando ya existía un su=
elo
mínimo capaz de sostener formas de vida vegetal (ChileBio,
2020).
Este paso permitió el surgimiento de la
vida en tierra firme; sin embargo, la convivencia y la organización
social no ocurrieron de inmediato, sino que se desarrollaron progresivamente
cuando los seres comenzaron a sentir la necesidad de cooperar y compartir. =
Con
el paso de las generaciones, los organismos se organizaron y aprendieron a
estructurar formas de vida colectiva.
Un ejemplo de esta tendencia natural a la cooperación lo ofrece Piotr Kropotkin en= su obra La = ayuda mutua, donde en el primer capítulo —titulado “La ayuda mutua en= tre los animales”— analiza cómo especies como las abejas o l= os loros actúan de forma solidaria, mostrando comportamientos de cooperación y apoyo dentro de su grupo. La obra de Kropotkin sigue siendo fundamental, pues incluso en la actualidad se reconoce que muc= hos animales, al igual que los seres humanos, son seres sociales que viven en comunidad. En palabras de Miguel Guaglianone, prologuista de la edición de La ayuda mutua, “su descubrimiento esencial —que la ayuda mutua es un factor clave en la evolución biológica y social— mantie= ne su vigencia” (Kropotkin, 2009, p. XVII).<= o:p>
La cooperación como principio de vida
permite comprender que la organización comunitaria no es solo una
construcción social, sino una expresión natural de la existen=
cia.
En esta línea, la investigación sobre el maguey pulquero en N=
opala
de Villagrán recupera esa esencia: la vida en común, la
solidaridad y el cuidado del territorio como fundamentos para vivir en
armonía con la tierra.
METODOLOGÍA
Para comprender cómo el maguey sigue vi=
vo
en la comunidad y qué vínculos sostiene, se aplicó en
octubre de 2023 un cuestionario diagnóstico a ejidatarias y ejidatar=
ios
de Nopala de Villagrán. Los resultados mostraron que la mayorí=
;a
cuenta con superficies de cultivo pequeñas (entre media y cuatro
hectáreas), que destinan parte de ellas al maguey. Se identificaron
variedades como el manso, el chalqueño y=
la
penca larga, sembradas mayoritariamente con hijuelos, siguiendo calendarios
agrícolas tradicionales guiados por las fases de la luna, la
disponibilidad de agua y el clima.
Los usos del maguey incluyen la producci&oacut=
e;n
de pulque, forraje, aguamiel, jarabe, ixtle y delimitación de terren=
os,
lo que reafirma su multifuncionalidad en la vida rural.
Además, el cuestionario reveló un
profundo conocimiento local sobre el manejo de la planta: señales pa=
ra raspar,
detectar chinicuiles y acompañar el crecimiento. Se destaca la
dimensión familiar y comunitaria del trabajo agrícola: hijos,
esposas y vecinos colaboran en la siembra, se comparte comida en el campo y
existe un fuerte entramado de solidaridad y reciprocidad.
DESARROLLO
Los seres vivos han tendido a organizarse en
grupos. Si bien esta forma de vida comunitaria no fue inmediata, con el tie=
mpo
se comprendió que vivir en grupo ofrecía ventajas clave para =
la
supervivencia de la especie. En el caso del ser humano, existen indicios de
que, desde etapas muy tempranas de su evolución, también se
aglutinaba en grupos. Aunque estos primeros núcleos sociales no pued=
en
ser considerados aún como “familias” en el sentido moder=
no, Kropotkin señala que, desde la zoología=
y la paleoetnología, los seres humanos primitivos e=
ran
clasificados como “bandadas”. Sin embargo, también hay
evidencias que permiten sostener que, incluso en épocas remotas, el =
ser
humano ya vivía en formas organizadas de sociedad.
En palabras de Kropotkin<=
/span>:
Los
primeros indicios del hombre, que datan del período glaciar o comien=
zos
del postglacial, proporcionan pruebas inconfund=
ibles
de que incluso entonces el hombre vivía en sociedades. Los hallazgos
aislados de herramientas de piedra, incluso de la antigüedad de piedra,
son muy raros; por el contrario, cada vez que se descubre una herramienta d=
e perdenal es seguro que se encontrarán otros, e=
n la
mayoría de los casos en muy grandes cantidades.
Para la época en la que el hombre
vivía en la caverna o bajo ocasionales salientes rocosos, en
compañía de otros mamíferos hoy extintos y a duras pen=
as
lograban hacer hachas de perdenal muy toscas, ya
conocían la ventaja de la vida en sociedad” (Kropotkin,
2009, p. 103).
Esta perspectiva encuentra un eco en el
pensamiento de Federico Engels, quien también reflexiona sobre los
orígenes del ser humano desde una mirada evolutiva, destacando el pa=
pel
del trabajo manual en la transformación social y biológica. &=
iquest;Cuál
fue la primera herramienta de trabajo? Las manos. Fueron ellas las que
comenzaron a transformar los objetos naturales en instrumentos más
útiles para la supervivencia. En palabras de Federico Engels:
Como
ya hemos dicho, nuestros antepasados simiescos eran animales que viví=
;an
en manadas; evidentemente no es posible buscar el origen del hombre, el
más social de los animales, en unos antepasados inmediatos que no
vivieron congregados. Con cada nuevo progreso, el dominio sobre la naturale=
za,
que comenzara por el desarrollo de las manos con el trabajo, iba ampliando =
los
horizontes del hombre, haciéndole descubrir constantemente en los
objetos nuevas propiedades hasta entonces desconocidas (Engels, 1975, p. 21=
3).
El trabajo es la clave para la
transformación de cualquier forma de vida, tanto en sociedades anima=
les
como humanas. Representa la fuerza fundamental que se refleja en los proces=
os
de cambio dentro de las comunidades. Desde tiempos remotos, el trabajo
marcó una distinción entre el ser humano y las demás e=
species
vivas, consolidándolo como una especie pensante. Además,
fortaleció la convivencia entre los individuos humanos, contribuyend=
o a
su organización social.
Federico Engels también reflexiona sobr=
e el
origen del lenguaje como resultado del trabajo y de la necesidad de comunic=
ación
entre los primeros seres humanos. Según su planteamiento, el lenguaj=
e no
surgió de manera repentina, sino como un proceso biológico y
social en evolución. En sus palabras: "En resumen, los hombres en
formación llegaron a un punto en que tuvieron necesidad de decirse a=
lgo
los unos a los otros.
La necesidad creó el órgano: la
laringe poco desarrollada del mono se fue transformando lenta, pero firmeme=
nte,
mediante modulaciones que producen a su vez modulaciones más perfect=
as,
mientras los órganos de la boca aprendían poco a poco,
pronunciando un sonido articulado tras otro. La comparación con los
animales nos muestra que esta explicación del origen del lenguaje, y=
a
partir del trabajo y con el trabajo, es la única acertada" (Eng=
els,
1975, p. 214).
A medida que esta capacidad de organizaci&oacu=
te;n
se fortalecía, también se transformaban las relaciones social=
es.
El trabajo permitió no solo el perfeccionamiento de herramientas y
técnicas, sino también el surgimiento de nuevas actividades
económicas y formas de vida más complejas.El trabajo también provoc&oacu=
te; el
desarrollo no solamente intelectual, sino de capacidades sociales que
permitieron una mayor cohesión y cooperación entre los
individuos. A medida que se fortalecía esta organización cole=
ctiva,
los grupos humanos fueron descubriendo poco a poco la riqueza que les
ofrecía la naturaleza.
En palabras de Federico Engels: “El trab=
ajo
mismo se diversificaba y perfeccionaba de generación en
generación, extendiéndose cada vez a nuevas actividades. A la
casa y a la ganadería, vino a sumarse la agricultura, y más t=
arde
el hilado y el tejido, el trabajo de los metales, la alfarería y la
navegación” (Engels, 1975, p. 218).
El trabajo sigue siendo el motor que ha impuls=
ado
las transformaciones sociales, económicas y culturales de la humanid=
ad.
Sin embargo, con el paso del tiempo, tanto la tierra fértil como el
trabajo dejaron de ser considerados parte de una relación comunitaria
con la naturaleza, para convertirse en objetos de cambio, regulados por la
lógica del mercado.
Para comprender cómo el trabajo y la ti=
erra
llegan a convertirse en mercancías, es necesario volver a la
crítica de Carlos Marx, quien en El capital: Crítica de la
economía política analiza este proceso desde su raíz. =
En
la sección primera, dedicada a la mercancía y el dinero, Marx
define con claridad qué es una mercancía:
La
mercancía es, en primer término, un objeto externo, una cosa =
apta
para satisfacer necesidades humanas, de cualquier clase que ella sea. El
carácter de estas necesidades, el que brota por ejemplo del
estómago o de la fantasía, no interesa en lo más
mínimo para estos efectos. Ni interesa tampoco, desde este punto de
vista, cómo ese objeto satisface las necesidades humanas, si
directamente, como medio de vida, es decir como objeto de disfrute, o indir=
ectamente,
como medio de producción (Marx, 1952, p. 3).
Marx agrega: “La utilidad de un objeto lo
convierte en valor de uso” (Marx, 1952, p. 3). Es decir, lo que da
sentido práctico a una cosa no es su precio, sino su capacidad para =
satisfacer
una necesidad concreta. Los valores de uso —como objetos útiles
para satisfacer necesidades— han existido desde los orígenes d=
e la
humanidad. Herramientas, prendas para cubrirse o alimentos, por ejemplo, er=
an
considerados bienes necesarios, pero no eran concebidos como mercancí=
;as.
Lo que les daba sentido era su utilidad directa, no su posibilidad de ser
intercambiados.
Sin embargo, cuando el valor de uso se transfo=
rma
en valor de cambio, es decir, cuando un objeto comienza a intercambiarse no=
por
su utilidad inmediata, sino por su equivalencia cuantitativa con otro objet=
o,
entonces nace la mercancía. Este paso implica, además, la
existencia de excedentes: ya no se produce solo para satisfacer una necesid=
ad,
sino también para acumular, intercambiar y valorar en términos
monetarios o de proporción. Es allí donde el objeto deja de e=
star
ligado exclusivamente a la vida y entra en la lógica del mercado.
En palabras de Marx: “A primera vista, el
valor de cambio aparece como la relación cuantitativa, la proporci&o=
acute;n
en que se cambian valores de uso de una clase por valores de uso de otra=
221;
(Marx, 1952, p. 4). Y en la nota al pie número 6, el propio autor
precisa, el propio autor precisa: “El valor consiste en la
proporción en que se cambia un objeto por otro, una determinada cant=
idad
de producto por una determinada cantidad de otro” (Marx, 1952, p. 4).=
La tierra y el trabajo se convierten en insumos
más dentro de los procesos de producción capitalista. Esta
visión fragmenta y cosifica elementos que son fundamentales para la =
vida
misma: la tierra, como parte de la naturaleza; y el trabajo, como
expresión viva del ser humano.
Se pierde así su dimensión esenc=
ial:
la tierra deja de entenderse como territorio, como vínculo con la vi=
da,
y el trabajo se separa de su dueño, el trabajador, reduciéndo=
lo a
una simple fuerza productiva.
Karl Polanyi advierte con claridad que, en las
sociedades tradicionales, la tierra y el trabajo no estaban separados de la
vida social y natural:
Tradicionalmente,
la mano de obra y la tierra no estaban separadas; la mano de obra formaba p=
arte
de la vida; la tierra continuaba siendo una parte de la naturaleza; vida y
naturaleza formaban un todo articulado. La tierra estaba así ligada a
las organizaciones fundadas en la familia, el vecindario, el oficio y la
creencia —con la tribu y el templo, la villa, la guilda y la
iglesia—. El Gran Mercado único es, por otra parte, un disposi=
tivo
de la vida económica que engloba a los mercados como factores de
producción (Polanyi, 2007, p. 291)
Antes de la aparición del dinero,
existían otras formas de equivalencia utilizadas en diversas
civilizaciones. En Mesoamérica, por ejemplo, se empleaban el cacao o=
las
plumas como medios de intercambio.
Posteriormente, el dinero surge como una neces=
idad
para facilitar las equivalencias entre mercancías. Sin embargo, el
problema no radica únicamente en su aparición, sino en su
transformación: cuando el dinero deja de ser una simple unidad de me=
dida
y se convierte en capital, es decir, en un elemento central para la acumula=
ción
dentro del sistema capitalista. Esta transformación no puede explica=
rse
únicamente desde la esfera de la producción; también
interviene la esfera de la circulación.
=
El
capital, Marx lo señala con claridad:
La
circulación de mercancías es el punto de arranque del capital=
. La
producción de mercancías y su circulación desarrollada=
, o
sea, el comercio, forman las premisas históricas en que surge el
capital. La biografía moderna del capital comienza en el siglo 16 co=
n el
comercio y el mercado y el mercado mundial (Marx, 1952, p. 103).
Inicialmente, el dinero cumple su
función dentro del circuito M-D-M
(Mercancía–Dinero–Mercancía), en el cual una
mercancía se transforma en dinero para adquirir otra mercancí=
a,
manteniéndose como un medio de equivalencia. Sin embargo, con el
capitalismo aparece una lógica distinta: el ciclo D-M-D
(Dinero–Mercancía–Dinero), donde el objetivo ya no es
satisfacer una necesidad, sino aumentar el valor del dinero invertido. En
palabras de Marx:
La forma direct=
a de
la circulación de mercancías es M-D-M, o sea,
transformación de la mercancía en dinero y de esta nuevamente=
en
mercancía: vender para comprar. Pero, al lado de esa forma, nos
encontramos con otra, específicamente distinta a ella, con la forma
D-M-D, o sea, transformación del dinero en mercancía y de esta
nuevamente en dinero: comprar para vender. El dinero que gira con arreglo a
esta forma de circulación es el que se transforma en capital (Marx,
1952, p. 104).
Cuando la esfera de la circulación comi=
enza
a opacar a la esfera de la producción, se pierde de vista el origen =
real
del valor. En lugar de analizar cómo se genera el valor a partir del
trabajo humano y de la transformación de la naturaleza, lo ún=
ico
que importa es la diferencia entre el dinero invertido y el dinero recupera=
do:
cuánto se incrementó el capital al final del proceso.
Esta lógica desplaza al trabajo, oculta=
su
papel como generador del valor, y convierte tanto a la tierra como al traba=
jo
en simples insumos. El trabajo se expresa únicamente como salario, y=
la
tierra como recurso explotable.
Hasta nuestros días, el dinero ha queda=
do
reducido a su rol en la circulación, desconectado de su raíz
productiva. Se ha olvidado que el dinero es también resultado del
trabajo; que el trabajo es fuente de valor; y que la tierra es parte viva d=
e la
naturaleza. El capitalismo ha cosificado estos tres elementos fundamentales=
: la
tierra, el trabajo y el dinero, transformándolos en mercancía=
s.
En palabras de Karl Polanyi: “El punto fundamental es el siguiente: t=
rabajo,
tierra y dinero son componentes esenciales de la industria; dichos componen=
tes
deben de estar también organizados en mercados; estos mercados forma=
n en
realidad una parte absolutamente fundamental del sistema
económico” (Polanyi, 2007, p. 129).
El capitalismo ha adoptado distintas formas a =
lo
largo del tiempo; cambia de rostro, de discurso o de política, como =
una
serpiente que muda de piel, pero mantiene intactas sus reglas fundamentales=
: la
acumulación de capital y la dominación. En México, el
modelo neoliberal intensificó estas lógicas, profundizando la
explotación del trabajo, la desigualdad social y, sobre todo, el des=
pojo
de la naturaleza. Esta forma de desarrollo ignora las leyes naturales de la
Tierra, sometiéndola a procesos de saqueo y degradación
sistemática.
José Luis Coraggio=
lo expresa con contundencia al analizar la relación entre capitalism=
o y
naturaleza:
Sobre
la primera naturaleza, en cambio, la ley histórica (avalada por Marx=
) es
que la sociedad humana, la burguesía en particular, cumple el fin de
dominarla y adaptarla a sus fines a través del conocimiento
científico y la tecnología.
Este dominio a cargo de la burguesía
requiere de la mercantilización de la economía y un desarroll=
o de
las fuerzas productivas en base a los procesos de acumulación y medi=
ante
el intercambio desigual (expoliador de energía) con la naturaleza=
221;
(Coraggio, 2011, p. 238).
El capitalismo no solo ha transformado las
relaciones sociales y económicas, sino que ha dejado una profunda hu=
ella
destructiva sobre la naturaleza. Su lógica de acumulación
ilimitada ha provocado una crisis ambiental de escala global, que afecta al
conjunto del planeta.
En América Latina, los efectos se refle=
jan
en la precarización de la vida, expresada en salarios cada vez
más insuficientes para cubrir las necesidades básicas. Esta
situación ha llevado a millones de personas en México a aband=
onar
sus territorios en busca de condiciones mínimas para una vida digna.=
La
crisis no es solo económica, sino también ecológica y
humana.
René Vega describe este momento histórico como una forma brutal de reproducción del capital:<= o:p>
Lo
que hoy se está viviendo es similar, desde la lógica dominante
del capital, a lo experimentado en otras crisis cíclicas, lo que con
cierta dosis de cinismo Josep Shumpeter llam&oa=
cute;
‘destrucción creadora’, para denominar a la
aniquilación sistémica de fuerzas productivas, de
mercancías, al despido de seres humanos del proceso productivo, al
deterioro aún mayor y acelerado del nivel de vida de los sectores
populares y al arrasamiento del medio ambiente, porque los capitalistas del
mundo entero buscan crear las condiciones para la recuperación
económica que los favorezca sólo a ellos sin importar el costo
humano para las clases explotadas y oprimidas (trabajadores y campesinos) n=
i el
impacto ecológico de la catástrofe productiva (Vega, 2019, p.
167).
El neoliberalismo mexicano promovió
reformas jurídicas que permitieran la venta de la tierra, bajo la
promesa de modernizar su uso, aumentar la productividad y, en teoría,
mejorar las condiciones de vida del campesinado. Sin embargo, lejos de
dignificar la vida del ejidatario, estas reformas intensificaron un proceso=
que
ya estaba en marcha: el abandono de tierras por parte de los campesinos, la
sobreexplotación del territorio, el debilitamiento del tejido
comunitario y la mercantilización de un bien que históricamen=
te
había sido colectivo.
Este modelo se manifestó con fuerza en =
la
privatización de recursos estratégicos, incluyendo la tierra,=
que
hasta entonces había estado protegida bajo la figura de propiedad
social. Uno de los momentos más significativos de este proceso fue la
reforma al artículo 27 constitucional en 1992, que desmanteló=
la
propiedad colectiva y permitió su compraventa.
Esta reforma abrió el camino para conve=
rtir
a los ejidos y comunidades agrarias en propiedad individual, lo que
favoreció su enajenación. En palabras del autor:
En
lo tocante al campo, todo empezó con la reforma de 1992 al
artículo 27 de la Constitución, que al debilitar la
condición inalienable de los ejidos y comunidades permite pasar de la
propiedad social colectiva al pleno dominio individual y de ahí a la
venta. Reforma privatizadora favorecida por acciones jurídicas como =
el
programa de certificación llamada Procede, que entrega título=
s de
propiedad, y por políticas agrícolas proempresariales que
desalientan a la pequeña y mediana producción, expulsando del
campo a los campesinos. (Bartra, 2008, p. 18)
El ser humano, como ser analítico, ha
buscado alternativas frente al impacto de las acciones destructivas del
capitalismo. Cabe señalar que esta fractura con la naturaleza y la
comunidad no comenzó únicamente con el capitalismo: otras for=
mas
históricas de organización productiva también presenta=
ban
características similares, orientadas por la ganancia, la dominaci&o=
acute;n
y el poder.
La ESS surge como =
un
puente que puede reconstruir lo que la ambición desmedida ha fractur=
ado,
al proponer otras formas de organizar los procesos económicos.
Plantea nuevas relaciones entre producci&oacut=
e;n,
consumo y territorio, guiadas por principios de solidaridad, sostenibilidad=
y
reproducción de la vida.
En
este sentido, asumimos explícitamente el principio de
reproducción y desarrollo de la vida de todas las personas y de la
naturaleza (Producción ampliada de la vida), como principio ordenado=
r de
teorías, institucionalizaciones y prácticas económicas
públicas, colectivas o individuales.
El
sistema económico social y solidario es el sistema histórico =
de
instituciones, valores y prácticas (recurrentes, por costumbres, por
eficacia comprobada, jurídicas…) mediante el cual cada comunid=
ad,
conjunto de comunidades o sociedad organiza y coordina el proceso
económico” (Coraggio, 2020, p. 18)=
.
Dentro de ese proceso económico, Coraggio distingue seis momentos, entre ellos el cuar=
to: el
consumo.
Los modos de consumo responsable con la naturaleza y la convivencia
social, todo ello de modo de generalizar para todas las personas la liberta=
d de
tener proyectos individuales y colectivos de vida digna en convivencia
comunitaria/social y con la naturaleza (todo lo cual puede caber dentro de =
la
metáfora del Buen Vivir) (Coraggio, 2020=
, p.
19).
Esta alternativa no es solo un planteamiento
teórico. En nuestra experiencia de investigación de campo en
Nopala de Villagrán, Hidalgo, encontramos que las prácticas s=
olidarias
y comunitarias siguen vivas: los ejidatarios organizan faenas colectivas pa=
ra
sembrar magueyes y árboles de sombra, en las escuelas de campo se
elaboran compostas, se comparten saberes y alimentos al finalizar las jorna=
das.
Las personas se reconocen mutuamente, y cooper=
an
para cultivar no solo sus tierras, sino también sus vínculos.=
En palabras de Celina Valadez,
La
principal fuerza económica que debemos liberar es nuestro trabajo. P=
ero
nuestro trabajo solo puede liberarse de la lógica de explotaci&oacut=
e;n
en la que se vende en el mercado, cuando lxs
trabajadores tienen los medios para la producción, intercambio y
crédito necesarios y las condiciones necesarias para, con el uso de
estos medios, satisfacer sus propias necesidades de Buen Vivir de manera so=
stenible
(Valadez, 2019, p. 20).
Hablar de alternativas al modelo capitalista
implica también recuperar el sentido del territorio. No se trata sol=
o de
la tierra como espacio productivo, sino como un lugar lleno de significados,
historias y relaciones. En Nopala de Villagrán, el territorio no es =
una
abstracción: es el espacio donde se cultiva el maguey, donde se
comparten los alimentos, donde se transmiten saberes y se realizan las faen=
as
comunitarias.
El territorio es vivido, cuidado y defendido. =
La
Economía Social y Solidaria, en este sentido, no puede desligarse del
entorno en el que se desarrolla. Al contrario, reconoce que la
reproducción de la vida solo es posible en armonía con la
naturaleza y con el entorno comunitario.
Este enfoque exige mirar más allá=
; de
los sistemas productivos e incluso más allá de las relaciones
sociales.
Como plantea Pablo Solón desde una
visión crítica y descolonial,
transformar el modelo de desarrollo implica también transformarnos a
nosotros mismos:
Para
construir el Vivir Bien debemos descolonizar nuestros territorios y nuestro
ser. La descolonización del territorio implica la autogestión=
y
la autodeterminación a todos los niveles. La descolonización =
del
ser es aún más compleja y comprende superar muchas creencias y
valores que impiden nuestro reencuentro con la Pacha (Solón, 2016, p.
30).
Esta reflexión de Pablo Solón
expresa con claridad el horizonte ético y político de esta
investigación: transformar el modelo de vida dominante no sólo
exige cambiar las formas de producción, sino también recupera=
r el
sentido profundo del territorio y de quienes lo habitan. En ese contexto, el
maguey pulquero se revela no solo como cultivo, sino como símbolo y
práctica de descolonización
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Gráfico =
1
Distribución de hectáreas de terreno para cultivo ent=
re
ejidatarias, ejidatarios e integrantes de las escuelas de campo de Nopala de
Villagrán, Hidalgo
Fuente: elaboración propia con base en el cuestionario de
diagnóstico aplicado en octubre de 2023
Como se observa en el gráfico 1, los
resultados muestran que la mayoría de las personas encuestadas cuenta
con superficies reducidas de cultivo. En particular, el 23 % de las y los ejidatarios señal=
aron
tener tres hectáreas, seguido de un 19 % con cuatro hectáreas y un 13=
span> % que cuenta con media hectárea.=
Las respuestas se distribuyen entre valores que
van de media a nueve hectáreas, aunque se identifica un predominio de
pequeñas parcelas, lo que refleja un patrón típico de
agricultura de subsistencia o de pequeña escala.
Esta información, recolectada durante la
fase diagnóstica, permite caracterizar la estructura agraria local c=
omo
punto de partida para analizar la viabilidad de la reincorporación
productiva del maguey pulquero, vinculada a las condiciones materiales
concretas del territorio.
Gráfico =
2
Superficie de tierras de cultivo destinada a la plantación/
siembra de maguey pulquero entre ejidatarias, ejidatarios e integrantes de =
las
escuelas de campo de Nopala de Villagrán, Hidalgo
Fuente: elaboración propia con base en el cuestionario de
diagnóstico aplicado en octubre de 2023
El gráfico 2, muestra que un 30<=
span
lang=3Des-419 style=3D'font-size:10.0pt;line-height:115%;font-family:"Times=
New Roman",serif;
mso-fareast-font-family:"Times New Roman"'> % de las personas encuestadas destinan =
tres
hectáreas de sus tierras específicamente al cultivo de maguey
pulquero. Le siguen con un 22 % (20+44+3) las categorías de media hectárea, una
hectárea y cuatro hectáreas respectivamente.
El resto de las opciones representa porcentajes
menores o nulos. Esta concentración en pequeñas extensiones
cultivadas refuerza el perfil de producción a baja escala que
caracteriza a la región.
El diagnóstico sugiere, por tanto, una =
base
favorable para avanzar en acciones formativas que fortalezcan esta tendencia
desde la autogestión.
Gráfico =
3
Especies de maguey pulquero sembradas por ejidatarias, ejidatarios e
integrantes de las escuelas de campo de Nopala de Villagrán, Hidalgo=
Fuente: elaboración propia con base en el cuestionario de
diagnóstico aplicado en octubre de 2023
El gráfico 3 Muestra que las especies de
maguey más comúnmente sembradas por las y los productores en
Nopala de Villagrán son el manso (29 %) y el chalque&nt=
ilde;o
(27 %), seguidas de=
la
penca larga (23 %) y otras
variedades locales (15 %). Un pequeño porcentaje (6 %) no respondió a esta pregunta.
Esta diversidad refleja un conocimiento práctico sobre las
características agronómicas y usos diferenciados de cada tipo=
de
maguey, lo cual puede estar vinculado tanto a decisiones técnicas co=
mo a
factores culturales o históricos.
Esta información, recogida en la etapa
diagnóstica, permite establecer una relación directa con la
variable “Reincorporación productiva del maguey pulquero”=
;,
particularmente con el indicador “diversidad de variedades”. Al
identificar qué especies están actualmente en uso, se obtiene=
un
panorama sobre la resiliencia genética del cultivo en el territorio,
así como las posibles rutas para su fortalecimiento mediante estrate=
gias
de conservación, intercambio de saberes o selección comunitar=
ia.
Además, los resultados aportan insumos
relevantes para reflexionar sobre el arraigo cultural del maguey, en tanto =
que
la preferencia por ciertas especies puede estar relacionada con saberes
tradicionales, prácticas familiares o usos rituales.
Gráfico =
4
Forma de siembra
del maguey pulquero utilizado por ejidatarias, ejidatarios e integrantes de=
las
escuelas de campo de Nopala de Villagrán, Hidalgo

Fuente: elaboración propia con base en el cuestionario de
diagnóstico aplicado en octubre de 2023
Como se observa en la figura 4, el 81 % de las personas participantes indicar=
on
que siembran maguey pulquero mediante hijuelos, mientras que el 14 % lo hace mediante semillas, y un 5 % no proporcionó respuesta. Este
resultado refleja la prevalencia del conocimiento técnico-tradicional
sobre la reproducción vegetativa del maguey, práctica que ha =
sido
históricamente transmitida entre generaciones por vía oral y
experiencial.
El uso predominante de hijuelos indica una
reproducción dirigida y controlada por las y los campesinos, lo que
sugiere una práctica de bajo costo, pero también una posible
limitación en términos de diversidad genética.
Además, el método de siembra o p=
lantación
puede interpretarse como un reflejo de los saberes comunitarios, en
conexión con los principios de la educación popular, que valo=
ran
el conocimiento práctico como fuente legítima de aprendizaje
colectivo. Esta prácti=
ca
también se alinea con el principio de autogestión y
autonomía que permite a las comunidades conservar y reproducir su
cultivo sin depender de tecnologías externas.
Este diagnóstico aporta elementos valio=
sos
para comprender el punto de partida desde el cual podrían
diseñarse talleres para compartir saberes, enfocados tanto en el
fortalecimiento de prácticas tradicionales como en la integraci&oacu=
te;n
de nuevas técnicas adaptadas a las condiciones del territorio.
Gráfico =
5
Meses mencionad= os para la siembra del maguey pulquero en Nopala de Villagrán, Hidalgo<= o:p>

Fuente: elaboración propia con base en el cuestionario de
diagnóstico aplicado en octubre de 2023
El gráfico 5, muestra una
distribución relativamente amplia respecto a los meses en los que la=
s y
los productores siembran el maguey pulquero. Los meses con mayor frecuencia=
son
abril (21 %), seguido de
marzo y enero (ambos con 16 %), y febrero y mayo (13 %). El resto de los meses presentan valores menores, incluso nulos,=
lo
que sugiere que, si bien existe cierta flexibilidad, hay una clara preferen=
cia
por el primer cuatrimestre del año.
Este tipo de diagnóstico aporta insumos
concretos para el diseño de talleres que reconozcan y fortalezcan los
saberes locales, evitando la imposición de modelos externos y
promoviendo la autogestión del conocimiento.
Gráfico =
6
Elementos
considerados por ejidatarias y ejidatarios de Nopala de Villagrán pa=
ra
la siembra/plantación del maguey pulquero

Fuente: elaboración propia con base en el cuestionario de
diagnóstico aplicado en octubre de 2023
El gráfico 6, revela que el 47 % de las personas encuestadas considera=
la
fase lunar como un elemento central para la siembra del maguey pulquero,
seguido del 26 % que toma en
cuenta la disponibilidad de agua, y un 16 % que considera el clima. Un 10<=
span
lang=3Des-419 style=3D'font-size:10.0pt;line-height:115%;font-family:"Times=
New Roman",serif;
mso-fareast-font-family:"Times New Roman"'> % no contestó, y apenas un 1 % refirió otros elementos.
Estos datos diagnósticos permiten obser=
var
la vigencia de los saberes agrícolas tradicionales que articulan la
observación astronómica (la luna) con las prácticas
productivas. Tal conocimiento —frecuentemente desvalorizado por los
enfoques tecnocráticos— representa una base viva de conocimien=
tos
agroecológicos que deben ser reconocidos y fortalecidos.
Esta pregunta se vincula directamente con la
variable “saberes comunitarios”, y también fortalece el
análisis de la hipótesis general, al evidenciar cómo el
maguey pulquero se sostiene no solo como un cultivo productivo, sino como un
conocimiento encarnado en las prácticas y observaciones de quienes
trabajan la tierra.
Gráfico =
7
Usos del maguey pulquero identificados por ejidatarias, ejidatarios=
e
integrantes de las escuelas de campo de Nopala de Villagrán, Hidalgo=
Fuente: elaboración propia con base en el cuestionario de
diagnóstico aplicado en octubre de 2023
El gráfico 7, muestra una notable
diversidad de usos que las y los ejidatarios otorgan al maguey pulquero. El=
uso
más común, con un 27 %, es el pulque, seguido del forraje para el ganado (25 %), y el consumo de aguamiel (16=
%). Otras aplicaciones mencionadas incl=
uyen
el jarabe de agave (11 %), la elaboración de ixtle (10 %), el uso para colindancias (6<=
span
lang=3Des-419 style=3D'font-size:10.0pt;line-height:115%;font-family:"Times=
New Roman",serif;
mso-fareast-font-family:"Times New Roman"'> %), y en menor medida, el curado de pul=
que,
otros usos o respuestas no especificadas.
Este resultado confirma el carácter multifuncional del maguey, lo cu=
al
es central para entender su valor como recurso agroecológico,
económico y cultural.
Gráfico =
8
Señales identificadas para raspar el maguey pulquero en Nopa=
la
de Villagrán, Hidalgo
Fuente: elaboración propia con base en el cuestionario de
diagnóstico aplicado en octubre de 2023
Según el gráfico 8, la
mayoría de las personas encuestadas (48 %) indicaron que la señal para
comenzar el raspado del maguey es el color amarillo en el corazón de=
la
planta, seguido por un 31 % que menciona otras señales específicas (como el son=
ido
hueco o la aparición de ciertas plagas), y un 18 % que identifica el tamaño de las
pencas como indicador principal. Apenas un 3 % no proporcionó respuesta.
Esta información diagnóstica se
relaciona estrechamente con la variable “saberes comunitarios”,=
ya
que documenta los criterios tradicionales utilizados por las y los producto=
res
para decidir el momento adecuado del aprovechamiento. Las señales bi=
ológicas
observadas en el maguey son parte de un conocimiento empírico y
territorial que no suele ser sistematizado en manuales técnicos, pero
que forma parte fundamental del proceso de producción del aguamiel y=
del
pulque.
Gráfico =
9
Señales utilizadas por ejidatarias y ejidatarios de Nopala de
Villagrán para identificar la presencia de chinicuiles en el maguey
pulquero
Fuente: elaboración propia con base en el cuestionario de
diagnóstico aplicado en octubre de 2023
Como muestra el gráfico 9, el 48=
% de las personas encuestadas identific=
a la
presencia de chinicuiles porque la penca adquiere un color rojizo, mientras=
que
el 29 % lo asocia con=
el
secado del maguey pulquero, y el 17 % menciona el color amarillo de la penca como señal. Un 6 % proporcionó otra
información, y el resto no respondió o no identificó
señales claras.
Estos resultados son valiosos dentro del
diagnóstico porque revelan conocimientos específicos sobre los
ciclos biológicos y los cambios visibles en la planta, vinculados co=
n la
aparición de esta plaga o recurso alimenticio.
Gráfico =
10
Personas que
acompañan la siembra entre ejidatarias ejidatarios e integrantes de =
las
escuelas de campo de Nopala de Villagrán, Hidalgo

Fuente: elaboración propia con base en el cuestionario de
diagnóstico aplicado en octubre de 2023
El gráfico 10, muestra que la siembra d=
el
maguey pulquero en Nopala de Villagrán es una actividad con fuerte
componente familiar. El 45 % de los encuestados indicó que son acompañados por su
hijo, seguido por un 32 % que mencionó a su esposa. También se registraron
menciones a hijas (10 %), nietos (4 %), yernos (3 %), nietas (1 %) y otras personas. Solo un pequeño porcentaje no
respondió o proporcionó otra información.
Este patrón refleja una dimensión
colectiva y generacional del trabajo agrícola, que es central para la
variable “acción colectiva”. La participación
familiar en actividades como la siembra del maguey no solo representa una
división del trabajo, sino un espacio comunitario, donde se transmit=
en
saberes, valores y relaciones con el territorio.
Asimismo, se abren oportunidades para potenciar
estas dinámicas mediante talleres intergeneracionales que revalorice=
n el
papel de los vínculos familiares en la producción sustentable=
y
en la reproducción cultural del maguey.
Este acompañamiento también puede
ser entendido como una práctica de solidaridad cotidiana, que articu=
la
trabajo, cuidado y cultura, todo ello enmarcado en lógicas de
reciprocidad comunitaria y arraigo territorial.
Gráfico =
11

Personas que han recibido ayuda para sembrar/plantar maguey pulquer=
o en
Nopala de Villagrán, Hidalgo
Fuente: elaboración propia con base en el cuestionario de
diagnóstico aplicado en octubre de 2023
De acuerdo con la figura 11, un 72 % de las personas encuestadas
manifestó haber recibido ayuda para sembrar maguey pulquero, mientras
que un 22 % indicó=
que
no y un 6 % no
respondió. Este dato evidencia una presencia significativa de relaci=
ones
de apoyo comunitario, al menos en las prácticas vinculadas a este
cultivo tradicional.
La alta proporción de respuestas
afirmativas sugiere la existencia de dinámicas de ayuda mutua, lo cu=
al
puede interpretarse como una forma concreta de organización comunita=
ria
en torno al trabajo agrícola.
Este tipo de apoyo también refuerza el
potencial de procesos de autogestión colectiva, que pueden ser
fortalecidos mediante talleres participativos centrados no solo en
técnicas de cultivo, sino también en estrategias de
cooperación.
Además, reconocer esta ayuda mutua puede
servir como base para diseñar estrategias que fomenten el escalamien=
to
de estas prácticas hacia proyectos más estructurados de
producción comunitaria, reforzando así el arraigo territorial=
del
maguey.
Gráfico =
12

Participación de ejidatarias, ejidatarios e integrantes de l=
as
escuelas de campo de Nopala de Villagrán en la siembra de maguey
pulquero en terrenos ajenos
Fuente: elaboración propia con base en el cuestionario aplicado en
octubre de 2023.
El gráfico 12, indica que el 72<=
span
lang=3Des-419 style=3D'font-size:10.0pt;line-height:115%;font-family:"Times=
New Roman",serif;
mso-fareast-font-family:"Times New Roman"'> % de las personas encuestadas
declaró que sí apoya a otras personas ejidatarias en la siemb=
ra
del maguey pulquero, mientras que un 22 % respondió que no y un 6=
% no contestó. Este dato complem=
enta
directamente el de la pregunta anterior (sobre si han recibido apoyo),
mostrando que existe un esquema de reciprocidad activa en la comunidad
agrícola.
El dato también sugiere que en Nopala d=
e Villagrán
persisten prácticas de ayuda mutua que son clave para sostener el
cultivo del maguey en condiciones adversas, y pueden ser fortalecidas media=
nte
estrategias organizativas, talleres de planeación participativa o
creación de redes de trabajo solidario.
Gráfico =
13
Formas de cooperación entre vecinos para el trabajo
agrícola en Nopala de Villagrán, Hidalgo
Fuente: elaboración p=
ropia
con base en el cuestionario aplicado en octubre de 2023.
De acuerdo con la figura 13, el 53 % de las personas encuestadas indic&oac=
ute;
que coopera con trabajo en el terreno de sus vecinos, mientras que el 32 % coopera con dinero para pagar ayudant=
es,
y el 13 % mencion&oacut=
e;
otras formas de cooperación. Solo un 2 % no respondió.
Este dato también evidencia el potencia=
l de
estructurar redes solidarias más amplias, por ejemplo, a travé=
;s
de colectivos de siembra, bancos de trabajo, faenas organiza=
das o
esquemas de economía del cuidado, donde la siembra o
plantación del maguey =
puede
jugar un papel articulador.
CONCLUSIÓN
El maguey pulquero se revela como una ra&iacut=
e;z
viva de las prácticas agroecológicas y culturales que sostien=
en
la vida comunitaria en Nopala de Villagrán, Hidalgo. Su cultivo no s=
olo
representa una actividad productiva, sino un vínculo simbólic=
o y
espiritual con la tierra, expresión de una economía basada en=
la
reciprocidad, la cooperación y el respeto a los ciclos naturales.
Desde una mirada crítica al capitalismo=
, se
constata que la mercantilización de la tierra, el trabajo y el diner=
o ha
fracturado los lazos entre las personas y su territorio. Sin embargo, la
investigación evidencia que en las prácticas cotidianas de los
ejidatarios persisten los principios de la Economía Social Solidaria=
: la
ayuda mutua, la autogestión y el compromiso colectivo con la vida.
Los resultados del diagnóstico, las
entrevistas y las observaciones en campo confirman que existen saberes loca=
les,
calendarios agrícolas y formas de cooperación que fortalecen =
la
resiliencia comunitaria frente a los procesos de despojo. La Educació=
;n
Popular, aplicada a través de talleres y escuelas de campo, se
constituye como una herramienta fundamental para revitalizar el cultivo del
maguey y promover un modelo de vida en armonía con el territorio.
Este trabajo demuestra que vivir en armon&iacu=
te;a
con la tierra no es una utopía, sino una práctica posible cua=
ndo
se reconocen y fortalecen los saberes ancestrales, la organización
colectiva y la defensa del territorio. La revalorización del maguey
pulquero es, por tanto, una estrategia concreta de reconstrucción ec=
ológica,
cultural y económica frente a las lógicas extractivistas del
capital.
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5,
noviembre, 2025, Volumen VI, Número 5 p 3583.