MIME-Version: 1.0 Content-Type: multipart/related; boundary="----=_NextPart_01DC5A08.A5DD8A70" Este documento es una página web de un solo archivo, también conocido como "archivo de almacenamiento web". Si está viendo este mensaje, su explorador o editor no admite archivos de almacenamiento web. Descargue un explorador que admita este tipo de archivos. ------=_NextPart_01DC5A08.A5DD8A70 Content-Location: file:///C:/8EF94D1A/1438_BautistaLopez.htm Content-Transfer-Encoding: quoted-printable Content-Type: text/html; charset="us-ascii"
DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v6i5.4858
Música y salud a través de la historia de la humanid=
ad:
una breve revisión bibliográfica transdisciplinaria
Music and hea=
lth
throughout human history: a brief transdisciplinary literature review
José Luis Bautista López[1]
jose.luis.bautista@uaq.edu.mx
https://orcid.org/0000-0002-9135-2778
Universidad
Autónoma de Querétaro
Querétaro
– México
Nury Diana Contreras Espinosa
nury.contreras@uaq.mx
https://orcid.org/0009-0000-6010-9209
Universidad
Autónoma de Querétaro
Querétaro
– México
Erick David González
Hernández
erick.david.gonzalez@uaq.mx
https://orcid.org/0009-0001-5294-3786
Universidad
Autónoma de Querétaro
Querétaro
– México
Hugo Cesar Alvarez=
Balbino
hugo.alvarez@uaq.mx
https://orcid.org/0009-0006-2142-6694
Universidad
Autónoma de Querétaro
Querétaro
– México
Artículo recibido: 21 de julio de
2025. Aceptado para publicación: 20 de noviembre de 2025.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
Resumen
A lo largo de la historia de la humanidad, la música ha sido
utilizada como una herramienta de sanación física, emocional,
espiritual y social. Este artículo presenta una revisión
bibliográfica transdisciplinaria que examina el vínculo entre
música y salud desde la antigüedad hasta la actualidad, abarcan=
do
tradiciones orales, textos filosófico-médicos y desarrollos
científicos contemporáneos. Se analizan prácticas tera=
péuticas
musicales en culturas como la mesopotámica, egipcia, china, india,
griega, islámica, así como en pueblos originarios de
América, con especial atención al caso mexicano. El estudio
destaca la convergencia entre saberes ancestrales y evidencia
neurocientífica moderna, y propone la integración intercultur=
al
de modelos terapéuticos. Se concluye que la música, más
que un ornamento cultural, constituye una tecnología de cuidado con
fundamentos históricos, simbólicos y clínicos.
Palabras clave: musicoterapia,
música, salud, cultura, historia
Abstract
Throughout human history, music has been employed as a tool for
physical, emotional, spiritual, and social healing. This article presents a
transdisciplinary literature review exploring the relationship between music
and health from antiquity to the present, encompassing oral traditions,
philosophical-medical texts, and contemporary scientific developments.
Therapeutic musical practices are analyzed across cultures such as
Mesopotamian, Egyptian, Chinese, Indian, Greek, Islamic, and Indigenous
American communities, with special attention to the Mexican context. The st=
udy
highlights the convergence between ancestral knowledge and modern
neuroscientific evidence, advocating for the intercultural integration of
therapeutic models. It concludes that music, far from being a mere cultural
ornament, functions as a technology of care with historical, symbolic, and
clinical foundations.
Keywords: music therapy,
music, health, culture, history
<= o:p>
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<= o:p>
<= o:p>
<= o:p>
<= o:p>
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<= o:p>
<= o:p>
<= o:p>
Todo el contenido de LATAM Revista Latinoamerica=
na
de Ciencias Sociales y Humanidades, publicado en este sitio está
disponibles bajo Licencia Creative Commons.=
=
span><=
o:p>
C=
ómo
citar: Bautista López,=
J.
L., Contreras Espinosa, N. D., González Hernández, E. D., &am=
p; Alvarez Balbino, H. C. (2025). Música y salud a
través de la historia de la humanidad: una breve revisión
bibliográfica transdisciplinaria. LATAM
Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 6 (5), 3842 R=
11; 3851.
https://doi.org/10.56712/latam.v6i5.4858
INTRODUCCIÓN
La relación entre la música y la
salud ha acompañado al ser humano desde sus orígenes,
manifestándose como un recurso terapéutico en múltiples
culturas y épocas. Este vínculo no es marginal ni reciente, p=
or
el contrario, constituye una constante transversal en la historia de la
humanidad, en donde la música ha operado como una tecnología
simbólica, emocional y espiritual de sanación (Blacking, 2006; Spitzer, 2023).
Las primeras civilizaciones —como
Mesopotamia, Egipto, China e India— ya atribuían a la
música propiedades curativas. En Mesopotamia, se tocaban instrumento=
s en
rituales médicos vinculados a la voluntad de los dioses (Dalley, 200=
0).
En la antigua China, la teoría de los cinco elementos se asociaba co=
n escalas
musicales específicas para tratar órganos internos, como lo
detalla el Huangdi Neijing=
,
uno de los textos fundacionales de la medicina tradicional china (Liu, 2012=
).
En Grecia, Pitágoras proponía que la música tení=
;a
un poder armónico sobre el cuerpo y el alma, y Platón la
incluyó en su modelo de educación integral. En el pensamiento
médico islámico, la música se concebía como una
herramienta de armonización entre cuerpo, mente y alma, coherente co=
n la
visión holística de la medicina islámica, en la que la
salud no dependía solo del cuerpo físico, sino también=
del
bienestar espiritual y moral del individuo.
Las tradiciones orales también han
conservado una cosmovisión profundamente musical de la salud. Entre =
los
pueblos indígenas de América, África y Asia, el canto,=
la
danza y el sonido de los instrumentos están imbricados en rituales de
curación que no solo tratan al cuerpo, sino que integran el entorno
social, espiritual y ecológico del paciente (Madrid, 2016). En
México, por ejemplo, persisten prácticas chamánicas que
emplean cantos curativos —como los de los pueblos seri, huichol o
mazateco— que buscan restablecer la armonía interior y la
conexión con lo sagrado (Sandoval Falconi, 2021).
Durante la Ilustración, la ciencia médica comenzó a mi=
rar
con escepticismo estas prácticas, aunque autores como Benito
Jerónimo Feijoo (1753) defendieron su legitimidad. En una de sus car=
tas
eruditas y curiosas, Feijoo declara quesi es
admirable que la música antigua haya encendido o apagado violentas
pasiones, aun lo, es más, al parecer, que haya servido a curar varias
enfermedades, rescatando así la dimensión sanadora de la
música desde una perspectiva ilustrada.
En el presente, la neurociencia y la musicoter=
apia
clínica han retomado empíricamente muchas de estas intuicione=
s.
Estudios modernos han demostrado que la música puede activar zonas
cerebrales relacionadas con la recompensa, reducir el cortisol, mejorar la
memoria en pacientes con Alzheimer, e incluso estimular la recuperaci&oacut=
e;n
motriz tras accidentes cerebrovasculares (Shriners Children’s, s.f.).
Frente a este panorama, se impone la necesidad de articular una mirada
transdisciplinaria que integre saberes tradicionales, enfoques
históricos y hallazgos científicos contemporáneos. Esta
revisión propone abordar la música como una herramienta
terapéutica desde una perspectiva cronológica, multicultural y
crítica.
La pregunta que guía este trabajo es:
¿cómo ha evolucionado la concepción y el uso de la
música como medio terapéutico a lo largo de la historia de la=
humanidad
y en diversos contextos culturales, incluyendo el caso mexicano
contemporáneo?
METODOLOGÍA
Este estudio adopta un enfoque de revisi&oacut=
e;n
bibliográfica integradora con orientación transdisciplinaria,
centrado en documentar, analizar y contrastar las formas históricas,
culturales y científicas en que la música ha sido utilizada c=
omo
recurso terapéutico. La revisión se estructura bajo el modelo=
IMRyD y se organiza cronológicamente para rast=
rear
la evolución del vínculo entre música y salud a lo lar=
go
del tiempo y en distintas regiones del mundo.
Para este propósito se consultaron fuen=
tes
primarias (tratados médicos antiguos, crónicas, códices
precolombinos, cartas eruditas y testimonios orales) y secundarias
(artículos científicos, libros académicos y revisiones
especializadas). Las búsquedas se realizaron en bases de datos como =
Scopus, PubMed, JSTOR, Re=
dalyc,
SciELO y en repositorios como la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, la
Biblioteca Digital Mundial y la Biblioteca Nacional de México. Se
utilizaron términos como “musicoterapia”,
“curación por la música”, “música y
medicina”, “música ritual”, “práctica=
s de
sanación sonora”, “chamanismo musical” y sus
equivalentes en inglés y francés.
Además, se incorporaron registros
etnográficos sobre prácticas musicales indígenas tomad=
os
de estudios antropológicos y archivos sonoros. Una limitación=
de
esta revisión es la escasa disponibilidad de traducciones fiables de
algunos textos antiguos y la invisibilización=
span>
histórica de fuentes orales no occidentales.
La Inteligencia Artificial se empleó
exclusivamente como una herramienta de apoyo metodológico, utilizada
para organizar referencias, verificar la coherencia del formato y optimizar=
la
presentación del texto conforme a las normas académicas vigen=
tes.
Su uso se limitó a funciones de asistencia técnica y no inter=
vino
en la generación original de contenidos, análisis interpretat=
ivo
ni redacción de resultados. De esta manera, se asegura un manejo
ético y responsable de la tecnología, respetando la
autoría intelectual y la integridad científica del trabajo.
RESULTADOS
La presente revisión bibliográfi=
ca
confirma que la relación entre música y salud ha sido una
constante transversal en la historia de la humanidad. A través de
distintas épocas y civilizaciones, la música ha sido empleada
como medio de sanación física, emocional, espiritual y
comunitaria. En esta sección se presentan los resultados organizados
cronológicamente y por regiones culturales, enfatizando las
prácticas, fundamentos y transformaciones de su uso terapéuti=
co.
Civilizaciones
antiguas del Cercano Oriente
En la antigua Mesopotamia, registros en tablil=
las
cuneiformes como las de Nippur mencionan cantos rituales vinculados a
ceremonias de curación, en las que la música se consideraba u=
na
forma de mediación divina. Instrumentos como la lira o el tambor se
utilizan para invocar protección y restaurar el equilibrio interno d=
el
paciente, como parte de un sistema médico teúrgico (Dalley,
2000).
En Egipto, los sacerdotes-médicos recurrían a cánticos=
y
fórmulas melódicas que acompañaban prácticas
quirúrgicas o espirituales. La conexión entre música,
medicina y religión era fundamental para mantener la armonía
entre el cuerpo y el cosmos, según el concepto de ma’at.
Asia: medicina
musical en China e India
En China, el tratado clásico Huangdi Neijing establece correlaciones entre los cinco elementos (agua, fuego, tierra, madera y meta= l) y los tonos musicales, asociándose a órganos específicos. Así, un exceso o deficiencia de un tono podría influir en la salud del hígado, corazón o pulmones, entre otros (Liu, 2012)= . La música era empleada como tratamiento para desequilibrios energéticos, reforzando la idea de un cuerpo musicalmente sensible.<= o:p>
En la India, los ragas
del sistema musical hindú tienen propiedades emocionales y
fisiológicas determinadas. Tradicionalmente se prescriben ragas
específicas según la hora del día, el estado
anímico o el tipo de dolencia. Beck (1993) documenta cómo est=
os sistemas
eran parte de una visión holística integrada en la medicina
ayurvédica.
Grecia
clásica y mundo islámico
Pitágoras concebía la mús=
ica
como reflejo del orden cósmico, capaz de armonizar el alma y el cuer=
po.
Afirmaba que los intervalos musicales podían corregir desequilibrios
psíquicos. Platón, en La República, señalaba que
ciertos modos tonales fortalecen el carácter, mientras que otros lo
debilitaban. Aristóteles, por su parte, reconocía su efecto c=
atártico
sobre las emociones. La música era parte del tratamiento en los temp=
los
de Asclepio, espacios terapéuticos para el cuerpo y el espíri=
tu.
En la medicina islámica clásica, la música fue reconoc=
ida
como un recurso legítimo para la curación y el equilibrio
espiritual. Syed (2011) señala que, desd=
e el siglo
VIII, los médicos musulmanes aplicaban técnicas
terapéuticas basadas en el sonido, especialmente en el tratamiento de
enfermedades mentales. En ciudades como Fez, Bagdad, El Cairo, Damasco y Al=
epo
se fundaron hospitales y asilos donde, además de baños,
fármacos y cuidados benevolentes, se empleaban
la musicoterapia y la terapia ocupacional como medios para restau=
rar
la salud y el bienestar integral. Estos centros de atención incorpor=
an
coros y conjuntos musicales que ofrecían interpretaciones diarias, c=
on
la intención de aliviar el dolor, mejorar el ánimo y promover=
la
recuperación de los pacientes.
En el hospital de al-Mans=
uri,
construido en El Cairo en 1284 d. C., se designaban narradores y cantores
religiosos que entonaban melodías suaves antes de la oración
matutina, ayudando a los enfermos a sobrellevar su sufrimiento (Syed, 2011). Avicena, (citado por Toshboyeva,
2025) en su Canon de Medicina, dedicó capítulos al uso
terapéutico de la música. La recomendaba especialmente para
tratar melancolía, epilepsia y parálisis. De esta manera, la
medicina islámica concebía la música no sólo co=
mo
arte, sino como una forma de intervención terapéutica integra=
da a
su cosmovisión espiritual. El sonido, entendido como energía
armónica, servía para equilibrar cuerpo, mente y alma,
constituyéndose en un elemento esencial de la práctica
médica y del cuidado humano.
Tradiciones ora=
les
y culturas originarias
En América, las culturas
prehispánicas consideraban la música parte del equilibrio
cósmico. En Mesoamérica, los sonidos naturales y los producid=
os
por instrumentos eran puentes entre lo humano y lo divino. Los instrumentos,
vistos como “voces de los dioses”, se usaban en rituales para
invocar fuerzas naturales y mantener la armonía del universo. As&iac=
ute;,
la música no era mero arte, sino un acto sagrado que unía a la
comunidad con el cosmos (Both, 2008). Entre los
mexicas, Ixtlilton, deidad asociada a la salud, era invocado mediante canto=
s y
el uso de instrumentos rituales como el huéhuet=
l
(Sandoval Falconi, 2021). Cantos curativos también eran realizados p=
or
los mayas y otras culturas mesoamericanas. De modo similar, para los Seri d=
el
noroeste de México, según se describe en El proverbial c=
anto
curativo de los Seri (2016), el canto es una técnica ancestral de
sanación capaz de intervenir sobre el cuerpo, la mente y el
espíritu. Estos cantos —denominados =
hacáatol
cöicoos— son ejecutados única=
mente
por chamanes iniciados, en espacios liminales como la orilla del mar o el m=
onte
al amanecer o atardecer con la intención de invocar fuerzas que pued=
en
sanar.
En contextos indígenas
contemporáneos mexicanos, se siguen practicando formas de medicina
musical. Los cantos chamánicos mazatecos y huicholes tienen funciones
diagnósticas, terapéuticas y espirituales. María Sabin=
a,
curandera mazateca, utilizaba cantos para guiar ceremonias de sanació=
;n
con hongos sagrados (Madrid, 2016). Otro ejemplo se encuentra en el norte de
México, en la comunidad de Sapioriz, Dur=
ango,
donde se interpreta el canto cardenche, product=
o de
la explotación laboral en los campos de algodón a finales del
siglo XIX. Conforme a Palacios Prado (2024) los peones cantaban “para=
la
diversión de todos los días, nacida de aquellos horizontes, f=
ruto
de muchas horas pasadas debajo de algún huizache, la canción =
cardenche daba calor y alegría al cotidiano co=
nvivir
de la peonada” (p.132). Desde estos regis=
tros
se puede entender a este canto como una forma de procesar cargas emocionale=
s.
En las entrevistas con los cardencheros se
señala que la información que comparten alude a: “lugar=
es
llenos de una enorme carga emocional que propician la constitución d=
e microrrituales como el cantar en el río de las
mujeres cardencheras, o el nocturno cantar de <=
span
class=3DSpellE>Dn. Lupe y Dn. Toñ=
o al
encontrarse en la calle o la cantina” (Palacios Prado, 2005, p.242). Cardenche es el n=
ombre de
una cactácea de la región cuyas espinas producen un fuerte do=
lor
tanto al introducirse como al ser extraídas del cuerpo humano,
así como lo produce el amor.
Asimismo, la UNESCO (2003), favoreciendo las
tradiciones y culturas originarias mediante la protección del patrim=
onio
cultural inmaterial, el cual incluye prácticas, representaciones,
expresiones, conocimientos y técnicas —junto con los instrumen=
tos,
objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes.
Ilustraci&oacut=
e;n
y transiciones hacia la Modernidad
Durante el siglo XVIII, figuras como Benito
Jerónimo Feijoo reivindicaron el poder curativo de la música =
en
la época de la Ilustración. En sus Cartas eruditas y curiosas,
Feijoo (1753) afirma que es admirable que la música antigua haya
encendido o apagado violentas pasiones y que haya servido a curar varias
enfermedades. Este testimonio ilustra el reconocimiento racionalista del
impacto emocional y fisiológico de la música.
Musicoterapia e=
n la
era moderna y contemporánea
La Segunda Guerra Mundial marcó un punt=
o de
inflexión: se formalizaron programas de musicoterapia para tratar
traumas de soldados. Desde entonces, la disciplina se ha institucionalizado=
en
universidades, hospitales y centros de salud. Estudios actuales muestran
cómo la música estimula áreas cerebrales relacionadas =
con
el placer, la memoria y el lenguaje, regula el cortisol y favorece la neuroplasticidad (Chanda y Levit=
in,
2013).
En esta misma línea, en las últi=
mas
décadas, la musicoterapia se ha fortalecido con evidencia
neurocientífica y afectiva: la percepción musical involucra r=
edes
cerebrales de recompensa, memoria y regulación emocional, con efectos
replicables sobre la respuesta autónoma y el estrés. Una revi=
sión
sistemática reciente sintetiza estos hallazgos y aporta criterios
metodológicos para interpretarlos en clínica (López, <=
span
class=3DSpellE>Justel, y Diaz Abrahan, 2=
024).
Estos hallazgos permiten comprender con mayor precisión la base
biológica de los efectos terapéuticos de la música y
respaldan su aplicación en contextos clínicos diversos.
Más allá de los ámbitos
clínicos, la música también se vincula con la
dimensión cultural y social de los individuos pues brinda la oportun=
idad
de conocer distintas culturas, ya que es posible explorar diversos estilos y
géneros musicales (Zoppi, 2021). Al comp=
render
el contexto histórico de una obra, los individuos pueden establecer =
un
vínculo más profundo con la música que oyen o ejecutan=
.
Asimismo, los estudios actuales evidencian que=
la
música no solo influye en el estado emocional sino también en
procesos neurobiológicos, estimulando la neurop=
lasticidad
y facilitando la comunicación y socialización, especialmente =
en
poblaciones vulnerables como niños, ancianos o personas con
discapacidades (Miranda, et al. 2017).
Complementando estos hallazgos clínicos=
, en
el plano fisiológico, la literatura reciente en español repor=
ta
efectos analgésicos y cambios en variables autonómicas asocia=
dos
a intervenciones musicales, si bien subraya la necesidad de ensayos m&aacut=
e;s
robustos para estandarizar protocolos y magnitudes de efecto (Heyerdahl-
México
contemporáneo
En México, la musicoterapia clín=
ica
convive con prácticas tradicionales. Investigaciones como la de
García de Alba García et al. (2018) reportan mejoras en biene=
star
físico y emocional en personas adultas tras sesiones de musicoterapi=
a.
Hernández-Ruiz y Sullivan (2023) identifican la pluralidad de perfil=
es
profesionales y enfoques terapéuticos en el país. Algunas ins=
tituciones,
como la UNAM y el Hospital Psiquiátrico Infantil Dr. Juan N. Navarro,
han desarrollado programas que integran música como herramienta de
intervención.
En resumen, los resultados demuestran la
permanencia, diversidad y eficacia de la música como vehículo
terapéutico, validado tanto por la experiencia ancestral como por la
evidencia científica contemporánea.
DISCUSIÓN
Los hallazgos presentados permiten sostener qu=
e la
música ha operado históricamente como una tecnología
cultural de cuidado, dotada de sentido terapéutico más
allá de lo estrictamente clínico. Esta revisión eviden=
cia
que las prácticas musicales curativas no han sido invención
moderna, sino parte de sistemas de conocimiento ancestrales y
filosóficos. Esto muestra cómo las experiencias de la diversi=
dad
humana se procesan en música y se proyecta desde la concepción
del cuerpo como ente integrado al cosmos, la emoción y la
espiritualidad.
La diversidad de culturas analizadas muestra q=
ue
la música cumple funciones similares en contextos distantes, como la
regulación emocional, la inducción de estados alterados de
conciencia, el acompañamiento de duelos, partos o enfermedades, la
reintegración del individuo a su comunidad, las dificultades y sus
malestares sociales. Esto sugiere que su poder terapéutico no reside
únicamente en mecanismos neurológicos, sino también en=
su
dimensión simbólica y social.
La medicina moderna, al centrar su modelo en la
evidencia empírica, durante mucho tiempo desestimó estos sabe=
res.
Sin embargo, el desarrollo reciente de la neurociencia ha permitido validar
científicamente efectos que eran conocidos empíricamente por
culturas milenarias. Así, se ha demostrado que la música modu=
la
neurotransmisores, reduce el estrés, mejora la plasticidad cerebral y
fortalece vínculos sociales (Chanda y Levitin=
span>,
2013).
Esta convergencia entre conocimiento ancestral=
y
evidencia científica abre la puerta a una musicoterapia
transdisciplinaria e intercultural. En lugar de reducir las prácticas
tradicionales a un modelo biomédico, se propone una integració=
;n
respetuosa que reconozca su valor epistemológico, ritual y cultural.=
El
caso de México resulta paradigmático: en él coexisten
chamanes y musicoterapeutas clínicos, curanderas tradicionales y
profesionales universitarios, comunidades que entonan cantos de sanaci&oacu=
te;n
y hospitales que implementan intervenciones con base en datos empíri=
cos.
Tal reconocimiento exige también una descolonización en ámbitos institucionales y del pensamiento = para desarrollar estudios fuera de esquemas conservadores, superando la dicotomía entre ciencia y tradición, y aceptando que múltiples racionalidades pueden convivir en torno al cuidado de la salud. Esto implica valorar no sólo el “qué” cura, sino el “cómo” y el “para quién” cura, integrando la experiencia, el contexto y la subjetividad de los pacientes.<= o:p>
En contextos críticos se han usado
indicadores objetivos del sistema nervioso autónomo, como el
índice analgesia-nocicepción (ANI), para evaluar el impacto
inmediato de la música. Un estudio en Unidad de Cuidados Intensivos
(UCI) con pacientes ventilados mostró variaciones transitorias del A=
NI
sin diferencias estadísticas sostenidas, lo que invita a afinar dosi=
s,
tiempos y población diana antes de generalizar (Huerta Arellano et a=
l.
2023). Los resultados discutidos subrayan la pertinencia de recuperar la
música no como ornamento, sino como parte constitutiva de una salud
entendida en términos ampliados: físicos, emocionales, social=
es,
espirituales y culturales.
CONCLUSIÓN
La presente revisión bibliográfi=
ca
ha demostrado que la relación entre música y salud no es una
invención contemporánea, sino una constante histórica,
cultural y simbólica que atraviesa la experiencia humana. Desde los
rituales curativos de las civilizaciones mesopotámicas y chinas, has=
ta
los cantos de sanación de las culturas indígenas y de
resistencias ante la colonización de América, la músic=
a ha
sido comprendida como una herramienta de equilibrio, protección y
transformación.
En las tradiciones filosóficas de Grecia y el mundo islámico,=
se
le atribuyó una función ética y médica, mientras
que la ciencia moderna ha redescubierto su potencial a través de la
neurociencia y la musicoterapia clínica. Esta convergencia entre sab=
eres
antiguos y conocimientos científicos actuales pone de manifiesto la =
necesidad
de replantear los límites del conocimiento terapéutico.
El caso de México ilustra cómo es posible articular
prácticas ancestrales con enfoques institucionales
contemporáneos, construyendo puentes entre lo tradicional y lo
académico, lo simbólico y lo clínico, lo oral y lo esc=
rito.
En un país caracterizado por su diversidad cultural, este diá=
logo
resulta no sólo pertinente sino urgente para diferentes realidades e=
n un
territorio de dimensiones enormes.
Frente a los desafíos actuales de salud mental, enfermedades
crónicas, aislamiento social y deterioro del tejido comunitario, la
música se presenta como una estrategia de intervención accesi=
ble,
integradora y profundamente humana. Más que un adorno estétic=
o,
la música debe ser comprendida como una tecnología cultural de
cuidado, capaz de sanar cuerpos, restaurar vínculos, movilizar senti=
dos
colectivos de bienestar y hasta de emancipar a las sociedades y su
ciudadanía.
Por tanto, se concluye que el reconocimiento, la sistematización y la
integración de prácticas musicales terapéuticas
—ancestrales y contemporáneas— pueden enriquecer las
políticas públicas de salud, los programas educativos y los
modelos de atención desde una perspectiva más inclusiva,
intercultural y transdisciplinaria.
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5,
noviembre, 2025, Volumen VI, Número 5 p 3827.