MIME-Version: 1.0 Content-Type: multipart/related; boundary="----=_NextPart_01DC5D33.C1BDA9E0" Este documento es una página web de un solo archivo, también conocido como "archivo de almacenamiento web". Si está viendo este mensaje, su explorador o editor no admite archivos de almacenamiento web. Descargue un explorador que admita este tipo de archivos. ------=_NextPart_01DC5D33.C1BDA9E0 Content-Location: file:///C:/48695AE1/1465_Acosta.htm Content-Transfer-Encoding: quoted-printable Content-Type: text/html; charset="us-ascii"
DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v6i6.4886
El ciberacoso en la Universidad Autónoma del Estado de Hida=
lgo:
un caso desde la perspectiva del Trabajo Social
Cyberbullying=
at
the Autonomous University of the State of Hidalgo: A Case from the Perspect=
ive
of Social Work
Eva Paola Acosta Noguera
Ac434309@uaeh.edu.mx
https://orcid.org/0009-0004-7268-0399
Universidad Aut=
ónoma
del Estado de Hidalgo
México
Artículo recibido: 24 de julio de
2025. Aceptado para publicación: 24 de noviembre de 2025.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
Resumen
El objetivo de este artículo es analizar los tipos de cibera=
coso
que experimentan las mujeres universitarias de la Licenciatura en Trabajo
Social en la UAEH y sus implicaciones personale=
s y
académicas, abordado como una forma de violencia de género. La
investigación empleó un enfoque mixto con un diseño
secuencial explicativo, combinando sondeos cuantitativos aplicados a
estudiantes, con la recuperación de testimonios cualitativos. Los
principales hallazgos demuestran una alta prevalencia del fenómeno; =
el
sondeo reveló que el 92.3% de las estudiantes afirmó haber si=
do
víctima de ciberacoso, señalando en un 90% a hombres como
agresores. Los resultados también evidencian que, si bien la univers=
idad
posee un protocolo contra la violencia de género, el 100% de las
participantes de un segundo sondeo afirmó desconocerlo, revelando una
grave brecha entre la política institucional y su difusión, lo
que perpetúa la normalización de la violencia digital
Palabras clave: ciberacoso,
violencia digital, violencia de género, protocolos universitarios,
trabajo social
Abstract
The objective of this article is to analyze the types of cyberbullyi=
ng
experienced by female university students in the Social Work program at
Keywords: cyberbullying,
digital violence, gender—based violence, university protocols, social
work
<= o:p>
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<= o:p>
<= o:p>
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<= o:p>
Todo el contenido de LATAM Revista Latinoamerica=
na
de Ciencias Sociales y Humanidades, publicado en este sitio está
disponibles bajo Licencia Creative Commons.=
C=
ómo
citar: Acosta Noguera, E. P.
(2025). El ciberacoso en la Universidad Autónoma del Estado de Hidal=
go:
un caso desde la perspectiva del Trabajo Social. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 6 =
(6),
194 – 210. https://doi.org/10.56712/latam.v6i6.4=
886
INTRODUCCIÓN
El tema que se aborda en este artículo =
es
el fenómeno del ciberacoso o ciberbullying, como una de las expresio=
nes
del acoso escolar tradicional que se ha expandido a otros espacios de la vi=
da
social (Prieto, 2015), analizado desde una perspectiva de género y e=
n el
contexto específico de las mujeres universitarias de la Licenciatura=
en
Trabajo Social en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (
Las violencias contra las mujeres en el espacio
digital son más frecuentes hoy en día, dado que las redes
sociales digitales son ya de uso cotidiano y en estas se replican
dinámicas culturales del espacio físico, replicando patrones =
que
históricamente han vulnerado a las mujeres y que responden a
dinámicas patriarcales (Cruz, 2023), las redes =
sociodigitales
no son espacios neutros. Si bien el ciberacoso ha sido objeto de múl=
tiples
estudios, en el ámbito universitario emergen investigaciones que
analizan su impacto y la efectividad de los protocolos institucionales
(Frías, 2025; Silva et. al., 2023; Garay,
2023).
Desde la justificación académica
para el Trabajo Social, esta investigación responde a la necesidad de
actualizar los marcos conceptuales y metodológicos en torno al acoso
escolar y su evolución hacia el ciberacoso, mismo que ya no puede
limitarse en exclusivo al espacio educativo. Aunque se han realizado divers=
as
investigaciones sobre bullying en nivel b&aacut=
e;sico
y medio superior, el fenómeno del ciberacoso en la educación
superior —y particularmente entre mujeres— sigue teniendo un gr=
an
margen de exploración.
En cuanto a las dimensiones teóricas y
conceptuales, se retoman los aportes de Kowalski, Limber y Agatston (2010) =
sobre el
ciberacoso como una forma de agresión que puede ser persistente,
amplificada por el anonimato y viralizado en redes sociales. En consecuenci=
a,
para resumir qué entendemos por ciberacoso conviene tomar como punto=
de
partida lo que se dice en ONU Mujeres (2020): “La violencia en
línea o digital contra las mujeres es cualquier acto dañino
cometido, facilitado, agravado o amplificado mediante herramientas digitale=
s o
tecnologías de la información y comunica=
ción”.Por
lo tanto, el acoso cibernético o cyberbullying<=
/span>
es una forma de violencia que se ejerce a través de medios digitales,
como redes sociales, mensajería instantánea, plataformas en
línea, blogs, etc. El INEGI (2021, p. 2), lo define como “un a=
cto
intencionado, ya sea por parte de un individuo o un grupo, cuyo fin es
dañar o molestar a una persona mediante el uso de tecnologías=
de
la información y la comunicación (TICS), en específico=
el
internet”.
En Bullying y cyberbullying en Latinoamérica (Herrera, Romer=
a y
Ortega, 2018) se menciona el carácter del cyber=
bullying
como problema de salud pública, además de representar un grave
tema en materia de bienestar y salud mental psicológica por parte de=
los
afectados. En adición, además de la inclusión de las
características del acoso escolar tradicional, se suma el
carácter de que en el cyberbullying tien=
e la
particularidad de ser una agresión que puede presentarse 24/7, es de=
cir,
en cualquier momento del día o la noche, algo distinto al acoso esco=
lar
tradicional, además de ser exponencialmente más cruel debido =
al
anonimato y la lejanía física que se encuentran en las TICS. =
Con la popularización de las TICS, el a=
coso
escolar ha trascendido del entorno físico para encontrar en el
ciberespacio un lugar propicio para su desarrollo. Como señala Prieto
(2015), el ciberacoso no está limitado al ámbito escolar, ya =
que
puede originarse en cualquier contexto y extenderse rápidamente debi=
do a
la facilidad con que se comparten y viralizan los contenidos. Además=
, a
diferencia del acoso escolar tradicional, las víctimas de ciberacoso=
no
tienen un "refugio seguro" debido a que las agresiones pueden ocu=
rrir
en cualquier momento y lugar (Álvarez, 2015).
Considerando los aspectos desarrollados en el
apartado anterior, el ciberacoso presenta rasgos específicos que
permiten distinguirlo de otras manifestaciones de violencia:
Anonimato y
accesibilidad
Los agresores pueden ocultar su identidad, lo =
que
facilita la impunidad y reduce las inhibiciones (Torres, Robles & de Ma=
rco,
s.f.).
Las plataformas digitales permiten el acceso
constante, lo que convierte el acoso en una amenaza permanente (Kowalski et al., 2010).
Persistencia del
contenido
Los mensajes, imágenes o videos
difamatorios pueden permanecer en línea indefinidamente, exacerbando=
el
daño emocional.
Amplificaci&oac=
ute;n
del daño
El contenido puede ser compartido masivamente,
aumentando la audiencia y el impacto en la víctima, ya que las
agresiones tienden a ser más crueles porque no existe la censura en =
la
RED (Sánchez, 2018) (Kowalski et al., 20=
10).
Dificultad para
escapar
Las víctimas no pueden evitar el acoso
simplemente alejándose del entorno físico, ya que las agresio=
nes
llegan a través de dispositivos personales (Álvarez, 2015).
El problema central que aborda esta investigac=
ión
radica en reflexionar acerca de la normalización estructural de la
violencia de género en la sociedad (García y García,
2021), la cual se reproduce y amplifica en los entornos digitales. En este
contexto, la cibervíctima —como
señalan Kowalski, L=
imber
y Agatston (2010)— en ocasiones enfrenta
dificultades para identificar a su agresor, debido al anonimato que caracte=
riza
muchas de las plataformas digitales. Esta invisibilidad no solo obstaculiza=
la
denuncia, sino que refuerza dinámicas de impunidad.
Tal como advierten García y Garcí=
;a
(2021), la violencia funciona como un mecanismo de reproducción de
relaciones de dominación—sumisión, lo que permite
comprender que las prácticas de ciberacoso no son hechos aislados ni
individuales, sino manifestaciones de estructuras sociales que desvalorizan=
y
subordinan a las mujeres, incluso en espacios virtuales. De la misma forma,
Garay (2023) enfatiza que los entornos digitales no son neutrales, sino que
reflejan y perpetúan las desigualdades de género presentes en=
la
vida social.
De este modo se busca discutir en este trabajo=
la
visibilidad de estas violencias digitales en el contexto universitario, don=
de
las agresiones cibernéticas —de acuerdo con lo que observamos =
en
este trabajo—son más comunes en mujeres. Esto se coteja median=
te
resultados críticos que se analizan con mayor detalle en el apartado=
de
análisis de resultados: un sondeo preliminar reveló que el 92=
% de
las estudiantes encuestadas declaró haber sido víctima deciberacoso.
ONU Mujeres (2020) ha señalado que la
violencia digital afecta de manera desproporcionada a mujeres y niña=
s,
impidiendo el ejercicio de derechos fundamentales como la libertad de
expresión, el acceso a la información y el uso seguro del esp=
acio
digital. Esta situación se refleja también a nivel nacional. =
El MOCIBA (2023) indica que el 22% de las mujeres usuari=
as de
internet en México han sido víctimas de alguna forma de
ciberacoso, siendo la mayoría de estas agresiones de índole
sexual. Además, el hecho de que en muchos casos los agresores forman
parte de los mismos entornos académicos que las víctimas
—como compañeros de clase o personal universitario—
añade una capa de complejidad que no puede ser ignorada y necesita s=
er
visibilizada.
La relevancia de abordar este tema radica en la
necesidad de vislumbrar una expresión de la violencia de géne=
ro
que tiene un impacto psicoemocional y académico en las estudiantes
(Lucio y Gómez, 2018; López, Romera y Ortega, 2018), limitand=
o su
derecho a una vida libre de violencia, la cual incluso ya se contempla como
parte de la dimensión digital en laLey G=
eneral
de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (Congreso de la
Unión, 2025). Desde la justificación del Trabajo Social, esta
investigación busca comprender el fenómeno desde una perspect=
iva
crítica y situada, con el fin de contribuir al diseño de
estrategias de prevención e intervención.
La violencia digital referida, lejos de ser un
fenómeno aislado está documentado a nivel mundial. Segú=
;n
datos de la ONU MUJERES (2020, p. 3) se estima que el 73% de las mujeres han
sido expuestas o han vivido alguna forma de violencia digital y que el 90% =
de
las víctimas de la propagación de contenido sexual ínt=
imo
sin autorización son mujeres. Estas cifras revelan un patrón =
de
violencia de género global que afecta principalmente a mujeres
jóvenes entre 18 y 30 años, mismas que además enfrentan
formas específicas de violencia como el acoso sexual, las amenazas
físicas y el hostigamiento reiterado (ONU MUJERES, 2020, p.3). De manera complementaria, el documento previame=
nte
citado señala que el acoso cibernético de índole sexual
—el más frecuente entre las mujeres— mantiene una
prevalencia similar en distintos niveles educativos, desde la secundaria ha=
sta
la universidad, lo que evidencia su carácter estructural y persisten=
te
en la trayectoria escolar de las mujeres.
En este escenario, si bien se ha señala=
do
previamente la prevalencia del anonimato en las redes, es importante subray=
ar
que una proporción significativa de los agresores forma parte del mi=
smo
entorno académico que las víctimas, compartiendo con ellas
espacios cotidianos dentro de la universidad (Martínez y Cuevas, 202=
0).
Esta proximidad refuerza la complejidad del fenómeno, ya que la
violencia digital no solo se oculta tras perfiles anónimos, tambi&ea=
cute;n
puede provenir de personas cercanas e identificadas en plenitud. En un plano
más amplio, el Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES, 2020)
advierte que:
En general el ciberacoso se esconde en el
anonimato, ya que en 53.4% de los casos no se pudo identificar a la persona
agresora. Después de vivir ciberacoso, la medida de seguridad a la q=
ue
más se recurre es a bloquear a las personas agresoras, cuentas o
páginas (49.1% de los hombres y 69.2% de las mujeres). Sólo e=
l 8.6%
de las mujeres víctimas denuncia ante el ministerio público o
policía esta violencia (hombres 6.7%).
Las violencias contra las mujeres en el espacio
digital son más frecuentes hoy en día, dado que las redes
sociales digitales son ya de uso cotidiano y en estas se replican
dinámicas culturales del espacio físico, como el acoso,
replicando patrones que históricamente han vulnerado a las mujeres
(Fundación Atenea, 2021) (Fernández et. al 2025). El ciberaco=
so
representa una de las expresiones más frecuentes de la violencia
digital. Si bien ha sido ampliamente abordado en diversos estudios, en el
ámbito universitario ya se consolidan investigaciones que lo analizan
desde una perspectiva situada, reconociendo sus particularidades en
relación con las dinámicas institucionales, de género =
y poder
Esto resulta relevante, ya que en el ám=
bito
educativo de la UAEH existen protocolos y
políticas institucionales para fomentar un espacio seguro y libre de
cualquier tipo de violencia; sin embargo, como se podrá comprobar en=
un
primer momento con los sondeos y acercamientos a estudiantes de la carrera =
en
Trabajo Social de la UAEH, el fenómeno d=
el
ciberacoso resulta bastante común al interior de la Universidad. Como
podemos estudiar en el trabajo de Ramírez y Barajas, Estudio sobre
hostigamiento y acoso sexual como una consecuencia de la práctica
cultural: el caso de la Universidad de la Ciénega del Estado de
Michoacán de Ocampo (2017), aunque las universidades se preocupan ca=
da
día más por implementar protocolos de actuación contra=
el
ciberacoso, realmente no todas las universidades cuentan con herramientas y
protocolos para tratar de manera efectiva este tema del hostigamiento hacia=
la
población universitaria, cuestionamiento que fue clave para relacion=
ar
el ciberacoso en la UAEH y la efectividad de lo=
s protocolos
institucionales al interior de la universidad.
En el contexto particular de este trabajo se
plantea un problema, el hecho de que las alumnas son más propensas al
acoso cibernético, tanto por parte de compañeros y en ocasion=
es
por personal académico, ya que se dan en muy diversas situaciones y =
en
distintos grados. Desde el acoso y hostigamiento continuo por parte de un
compañero a través de perfiles falsos o con mensajes continuo=
s e
insistentes hasta el hostigamiento de tipo sexual; e incluso resulta releva=
nte
mencionar las experiencias de alumnas que han referido ser contactadas por
académicos para concretar salidas o “apoyarlas” en sus
calificaciones, las cuales desde una perspectiva en el que el profesor
está en una posición de poder, las alumnas afectadas han refe=
rido
no saber cómo actuar ante estas situaciones.
Aunque el tema central de este trabajo sea el
ciberacoso, en este caso en particular podemos retomarlo como una
extensión del acoso escolar tradicional o bully=
ing,
en términos de Olweus (1994), que refiere a una dinámica de p=
oder
entre un agresor y un agredido, dentro de límites físicos
establecidos, además del comportamiento agresivo no deseado que se
repite a lo largo del tiempo e implica un desequilibrio de poder o fuerza e=
ntre
víctima y victimario. Aunque para este artículo funcionan como
punto de partida estas categorías trabajadas por Olweus (2010),
también podemos recuperar los trabajos de Martínez, Garc&iacu=
te;a
y Chávez (2021) para hablar de los tipos de acoso directo o indirect=
o,
así como los de Romero y Plata que (2015) que ya nos hablan de que la
violencia a raíz del acoso escolar puede ser físico, pero
también psicológico, contando con mayores sutilezas, pero en
potencia más agravante en el tiempo.
Tabla 1
Expresiones del
acoso escolar
|
Tipo de acoso=
|
Expresiones |
Ejemplos |
|
Acoso
directo &nbs=
p; &=
nbsp; |
Acciones
abiertas y visibles. &nb=
sp; |
|
|
—Físico
|
Golpes,
empujones, patadas, robo o daño a pertenencias. |
Pegar, empuja=
r,
romper objetos personales. |
|
—Verbal
y psicológico |
Insultos,
burlas, apodos ofensivos, amenazas, comentarios discriminatorios,
manipulación. |
Poner
apodos despectivos, hacer comentarios racistas, clasistas o sexistas. |
|
Acoso
Indirecto |
Acciones suti=
les
y menos visibles, pero igualmente dañinas. |
|
|
—Exclusión
social |
Ignorar,
excluir de actividades, propagar rumores. |
No
dejar participar en juegos, difundir rumores falsos, aplicar la “ley
del hielo”, no tomar en cuenta sus propuestas. |
|
—Acoso
anónimo |
En este acoso
existe un daño, pero la víctima no logra identificar de
dónde proviene la agresión |
Esconder la
mochila, robar materiales, dejar notas ofensivas, empujar a la víc=
tima
en medio de grupos. |
|
—
Acoso relacional &=
nbsp; &nbs=
p; |
Dañar
las relaciones sociales de la víctima. |
|
|
Exclusión
y marginación |
Difundir rumo=
res
o mentiras para que otros rechazan a la víctima. |
Inventar
historias falsas para que los demás eviten a la víctima,
amenazar a personas para que eviten acercarse al agredido. |
Fuente: elaboración propia.
Por otro lado, cuando nos trasladamos directam=
ente
al tema del ciberacoso, también es necesario comprender que existen
diferentes formas de bullying en internet, cada=
una
con sus propias características. De ahí la importancia de com=
prender
las categorías con sus matices, ya que las mujeres y los hombres no
sufren el mismo tipo de ciberacoso (INEGI, 2023), encontrándonos que=
el
acoso de índole sexual es más común en mujeres que en
hombres, aunque existen muy diversas formas de ciberacoso, como la
creación de deepfakes, compartir conteni=
do
íntimo sin consentimiento, ciberchantaje=
/sextorsión,
entre otros. A continuación, se muestra una síntesis del glos=
ario
de términos para comprender qué tipo de =
cyberbullying/ciberacoso
es más común en este contexto, que en mayor medida podemos
encontrar ya en la jerga popular de internet y los medios de
comunicación, aunque trabajos como los de Aguayo Llanos nos permite
tener una base académica desde el Trabajo Social:
Tabla 2
Glosario de
términos sobre el ciberacoso
|
Término |
Definición |
|
Catfishing |
Crear una identidad falsa en redes pa=
ra
engañar y obtener información personal. |
|
Ciberbating=
span> |
Grabar o fotografiar a profesores para burla=
rse
y difundir las imágenes. |
|
Ciberbullying |
Hostigamiento en Internet con mensaje=
s,
imágenes o videos para dañar o humillar. |
|
Deepfake |
Vídeos falsos o imágenes cread=
as
con inteligencia artificial que parecen reales. |
|
Doxing=
/Doxear |
Investigar y publicar informaci&oacut=
e;n
personal para intimidar o amenazar (dirección, número de
teléfono, escuela, etc.) |
|
Fat—Shaming=
span> |
Avergonzar a alguien por su peso. |
|
Flamear |
Enviar mensajes hostiles o insultantes
para crear conflictos inmediatos. |
|
Gaslight |
Manipular a alguien para hacerle dudar de su
realidad, su memoria, su percepción y/o su cordura. |
|
Gossip=
|
Extender rumores en redes sociales,
amplificando su alcance. |
|
Grooming (Ciber—embaucamiento) |
Adulto que gana la confianza de un menor para
obtener contenido sexual y posteriormente chantajearlo. |
|
HappySlapping=
|
Grabar agresiones físicas o
verbales y difundirlas en línea. |
|
Hater y Troll |
Usuarios que critican o difaman sin raz&oacu=
te;n
en redes sociales: el hater solo tiene la intención de generar
discusión y cree tener siempre la razón, en cambio, el troll
solo busca llamar la atención. |
|
Hoax=
span> o Bulo |
Rumor falso que circula en Internet.<= o:p> |
|
Mansplaining |
Explicar algo a alguien, especialmente un ho=
mbre
a una mujer, de una manera considerada como condescendiente o paternalist=
a |
|
RevengePorn=
span> |
Publicar imágenes íntim=
as
sin consentimiento para vengarse. |
|
Sealioning |
Hostigamiento con preguntas aparentemente
inocentes. |
|
Sex—casting |
Grabar y difundir contenido sexual a
través de la webcam. |
|
Sexting |
Envío voluntario de contenido sexual,=
con
riesgos si se difunde sin control. |
|
Sextorsión |
Chantaje con amenaza de publicar mate=
rial
íntimo. |
|
Slut=
span>—shaming=
span> |
Avergonzar a una mujer por su sexualidad. |
|
Stalkear |
Monitorizar compulsivamente la activi=
dad
de alguien en redes sociales. |
Fuente: elaboración a partir del Diccionario de términos
relacionados con el ciberacoso y otros riesgos en Internet, Adrián
Aguayo Llanos (2019).
Estas situaciones evidencian que el ciberacoso=
/cyberbullying no solo es una extensión del aco=
so
escolar tradicional, sino una forma contemporánea de violencia de
género que se manifiesta con particular crudeza en los entornos
digitales, donde el anonimato, la exposición constante a las agresio=
nes
(24/7), la crueldad exponencial y la viralización de contenidos agra=
van
sus efectos. A pesar de que existen protocolos institucionales para atender
este tipo de violencia, en este artículo se encontró que el
desconocimiento generalizado entre las estudiantes contribuye a su
normalización y a la falta de denuncia.
En este contexto, la hipótesis que orie=
nta
este trabajo plantea que el ciberacoso hacia mujeres universitarias en la <=
span
class=3DSpellE>UAEH es una forma de violencia de género que se
encuentra normalizada y poco visibilizada, debido a la falta de conocimiento
sobre los protocolos institucionales y a la reproducción de
dinámicas culturales patriarcales en el entorno digital. El objetivo
general es analizar los tipos de ciberacoso que experimentan las mujeres
universitarias de la Licenciatura en Trabajo Social en la UAEH
y sus implicaciones personales y académicas, con el fin de aportar
elementos para la mejora de las estrategias institucionales de
prevención e intervención.
METODOLOGÍA
Esta investigación sobre ciberacoso se
sustenta en un enfoque de método mixto (cuantitativo—cualitati=
vo),
el cual, según Hernández Sampieri et al. (2014), permite obte=
ner
una comprensión más amplia, profunda y contextualizada de los
fenómenos sociales al integrar técnicas y procedimientos tant=
o de
carácter estadístico como interpretativo. En este marco, el e=
studio
se plantea como descriptivo y exploratorio, ya que busca caracterizar las
formas de ciberacoso que enfrentan las mujeres universitarias en la
Licenciatura en Trabajo Social de la Universidad Autónoma del Estado=
de
Hidalgo (UAEH), así como ahondar en sus
implicaciones personales y académicas.
Para ello, se adoptó un diseño
secuencial explicativo, que permite integrar datos cuantitativos y cualitat=
ivos
de manera complementaria, facilitando una comprensión más
profunda del fenómeno desde la perspectiva de las estudiantes
universitarias. Este enfoque resulta especialmente útil para abordar
problemáticas complejas como el ciberacoso, ya que combina la
posibilidad de medir, comparar y generalizar datos (propio del enfoque
cuantitativo), con el análisis profundo de significados, narrativas y
vivencias personales (propio del enfoque cualitativo). Esta combinaci&oacut=
e;n
metodológica permite identificar patrones comunes y, al mismo tiempo,
comprender los puntos de vista individuales y las implicaciones personales =
de
quienes han sido víctimas de esta forma de violencia digital.
Para las técnicas de recolección=
de
datos se utilizaron dos técnicas principales:
Sondeo
cuantitativo: Se aplicó un cuestionario estructurado a estudiantes de la
licenciatura, con preguntas cerradas sobre experiencias de ciberacoso,
percepción de los agresores, conocimiento de protocolos instituciona=
les
y consecuencias emocionales.
Testimonios
cualitativos: Se recuperaron relatos breves de 3 estudiantes mujeres que
compartieron sus experiencias de acoso digital, permitiendo identificar
patrones, matices y contextos específicos del ciberacoso en la
universidad. Se realizaron dos preguntas generadoras: ¿Puedes compar=
tir
una experiencia de ciberacoso que hayas vivido en el contexto universitario,
incluyendo cómo ocurrió y quiénes estuvieron involucra=
dos?
Y ¿Cómo te afectó esa experiencia en lo personal,
emocional o académico, y qué hiciste para enfrentarla?
En cuanto a la muestra, se aplicaron dos encue=
stas
diferenciadas por temática: una sobre experiencias de ciberacoso y o=
tra
sobre conocimiento de los protocolos institucionales. La primera encuesta f=
ue
dirigida a dos grupos independientes de estudiantes —80 mujeres y 80
hombres— de la Licenciatura en Trabajo Social de la Universidad
Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH),
seleccionados mediante un muestreo no probabilístico por convenienci=
a.
La segunda encuesta fue aplicada exclusivamente a 80 mujeres del mismo prog=
rama
académico.En conjunto, se obtuvieron 240
encuestas válidas, distribuidas en tres submues=
tras:160
participantes en la encuesta sobre experiencias de ciberacoso (80 mujeres y=
80
hombres),y 80 participantes en la encuesta sobre conocimiento y percepci&oa=
cute;n
de los protocolos institucionales.La primera en=
cuesta
exploró las experiencias de ciberacoso vividas por los participantes,
incluyendo la frecuencia y los tipos de agresiones. La segunda se enfoc&oac=
ute;
en el perfil de los agresores, así como en el nivel de conocimiento y
percepción que las estudiantes tienen sobre los mecanismos
institucionales para atender la violencia digital en la UAEH.
Ambos instrumentos fueron anónimos,
voluntarios y autoadministrados, y estuvieron compuestos por preguntas cerr=
adas
de opción múltiple, lo que permitió obtener datos
comparables, sistematizables y representativos del contexto universitario
analizado. Por último, como consideraciones éticas se
garantizó el consentimiento informado de todas las participantes,
quienes fueron notificadas sobre los objetivos del estudio, el uso de la
información y su derecho a no participar o retirarse en cualquier
momento. Se cuidó la confidencialidad de los datos y se evitó
cualquier tipo de revictimización.
RESULTADOS
Tabla 3
Encuesta sobre =
tipos
de Ciberacoso entre mujeres y hombres
|
Tipo
de ciberacoso |
Mujeres
(%) |
Hombres
(%) |
|
Identidad falsa: ¿Te han creado
una identidad falsa en redes para engañar y obtener informaci&oacu=
te;n
personal? |
<=
span
lang=3Des-419 style=3D'font-size:10.0pt;font-family:Roboto;mso-fareast-fo=
nt-family:
Roboto;mso-bidi-font-family:Roboto'>56.2% |
<=
span
lang=3Des-419 style=3D'font-size:10.0pt;font-family:Roboto;mso-fareast-fo=
nt-family:
Roboto;mso-bidi-font-family:Roboto'>18.7% |
|
Deepfake: ¿Has sido víctima de
vídeos falsos o imágenes creadas con inteligencia artificial
que parecen reales? |
28.7% |
7.5% |
|
Doxing=
: ¿Han investigado y publicado=
tu
información personal (dirección, número de
teléfono, escuela, etc.) para intimidarte o amenazarte? |
<=
span
lang=3Des-419 style=3D'font-size:10.0pt;font-family:Roboto;mso-fareast-fo=
nt-family:
Roboto;mso-bidi-font-family:Roboto'>17.5% |
<=
span
lang=3Des-419 style=3D'font-size:10.0pt;font-family:Roboto;mso-fareast-fo=
nt-family:
Roboto;mso-bidi-font-family:Roboto'>12.5% |
|
Fat—shaming=
span>:
¿Te han avergonzado por tu peso en redes sociales? |
21.2% |
28.7% |
|
Mensajes hostiles: ¿Has recibi=
do
mensajes hostiles o insultantes con la intención de generar confli=
ctos
inmediatos? |
<=
span
lang=3Des-419 style=3D'font-size:10.0pt;font-family:Roboto;mso-fareast-fo=
nt-family:
Roboto;mso-bidi-font-family:Roboto'>56.2% |
<=
span
lang=3Des-419 style=3D'font-size:10.0pt;font-family:Roboto;mso-fareast-fo=
nt-family:
Roboto;mso-bidi-font-family:Roboto'>22.5% |
|
Rumores en redes: ¿Han extendido rumo=
res
sobre ti en redes sociales? |
60.0% |
40.0% |
|
Imágenes íntimas sin co=
nsentimiento:
¿Han publicado imágenes íntimas tuyas sin tu
consentimiento? |
<=
span
lang=3Des-419 style=3D'font-size:10.0pt;font-family:Roboto;mso-fareast-fo=
nt-family:
Roboto;mso-bidi-font-family:Roboto'>8.7% |
<=
span
lang=3Des-419 style=3D'font-size:10.0pt;font-family:Roboto;mso-fareast-fo=
nt-family:
Roboto;mso-bidi-font-family:Roboto'>0.0% |
|
Sealioning: ¿Has experimentado hostigami=
ento
con preguntas aparentemente inocentes pero incómodas? |
71.2% |
6.2% |
|
Sextorsión: ¿Alguien te=
ha
amenazado con publicar material íntimo como forma de chantaje? |
<=
span
lang=3Des-419 style=3D'font-size:10.0pt;font-family:Roboto;mso-fareast-fo=
nt-family:
Roboto;mso-bidi-font-family:Roboto'>22.5% |
<=
span
lang=3Des-419 style=3D'font-size:10.0pt;font-family:Roboto;mso-fareast-fo=
nt-family:
Roboto;mso-bidi-font-family:Roboto'>0.0% |
|
Slut=
span>—shaming=
span>:
¿Has sido avergonzada en redes sociales por tu sexualidad? |
7.5% |
5.0% |
|
Stalking: ¿Sientes que alguien de la
escuela ha monitoreado compulsivamente tu actividad en redes sociales? |
<=
span
lang=3Des-419 style=3D'font-size:10.0pt;font-family:Roboto;mso-fareast-fo=
nt-family:
Roboto;mso-bidi-font-family:Roboto'>63.7% |
<=
span
lang=3Des-419 style=3D'font-size:10.0pt;font-family:Roboto;mso-fareast-fo=
nt-family:
Roboto;mso-bidi-font-family:Roboto'>52.5% |
Fuente: elaboración propia.
En la tabla anterior se sintetizan los hallazg=
os
acerca de los tipos de ciberacoso más típicos en este context=
o.
El total de encuestados para este primer instrumento fue un total de 160
personas, 80 hombres y 80 mujeres, a los cuales se les pidió que
refirieran si habían sido víctimas de algún tipo de
ciberacoso por parte de alguien de la universidad (compañeros de cla=
se,
maestros, etc.) Los resultados obtenidos preliminares revelan una alta
prevalencia del ciberacoso entre las estudiantes de la Licenciatura en Trab=
ajo
Social en la UAEH. En la primera encuesta, el 9=
2.3%
de las participantes afirmó haber sido víctima de ciberacoso.
Estos datos confirman que el fenómeno está presente de manera
significativa en el entorno universitario y que afecta de forma
desproporcionada a las mujeres, como ya lo han señalado estudios pre=
vios
(ONU Mujeres, 2020; INEGI, 2023), sobre todo aquellos ciberacosos de
índole sexual.
Como muestran los resultados, las mujeres
reportaron una mayor victimización en casi todos los tipos de
ciberacoso, destacando especialmente en formas graves como la
sextorsión, el sealioning y la
publicación de imágenes íntimas sin consentimiento. En
contraste, los hombres solo superaron a las mujeres en fat-shaming,
aunque con una diferencia menos marcada. El stalking=
span>
presentó una alta prevalencia en ambos grupos, lo que sugiere que el
monitoreo obsesivo en redes sociales es una práctica extendida
independientemente del género. Cabe destacar que la sextorsió=
n y
la difusión no autorizada de contenido íntimo fueron reportad=
as
exclusivamente por mujeres, lo que refuerza el enfoque de género en =
el
análisis de la violencia digital. La baja prevalencia de este
último tipo de agresión podría estar relacionada con la
reciente implementación de reformas legales, como la Ley Olimpia, que
sanciona con mayor severidad la divulgación de imágenes
íntimas de carácter sexual, lo cual podría estar gener=
ando
un efecto disuasorio en los agresores.
Estos primeros resultados, desde una perspecti=
va
crítica del Trabajo Social, nos permiten identificar que el ciberaco=
so
no es un fenómeno aislado, es parte de una expresión estructu=
ral
de la violencia de género que se reproduce en los entornos digitales
universitarios. El anonimato, la persistencia del contenido y la
viralización de las agresiones —elementos destacados por Kowalski et al. (2010) y ONU Mujeres (2020)— ag=
ravan
el impacto psicoemocional en las víctimas, quienes algunas de ellas
refirieron que en muchos casos no cuentan con herramientas institucionales
claras para denunciar o recibir acompañamiento.
En un segundo momento, los resultados del segu=
ndo
sondeo resaltan una fuerte desconexión entre la existencia de protoc=
olos
institucionales y su conocimiento por parte de la comunidad estudiantil. El
hecho de que el 100% de las participantes afirmaron desconocer los protocol=
os
universitarios para denunciar el ciberacoso, y que ninguna considerara que
estos son claros y accesibles, revela una falla estructural en la
comunicación institucional y en la implementación efectiva de
mecanismos de prevención. A continuación, se muestra la tabla=
con
los hallazgos:
Tabla 4
Resultados sobr=
e la
percepción de protocolos institucionales contra el ciberacoso
|
Pregunta |
Porcentaje
positivo |
Porcentaje
negativo |
|
¿La universidad cuenta con protocolos claros y accesibles?<= o:p> |
<=
span
lang=3Des-419 style=3D'font-size:10.0pt;font-family:Roboto;mso-fareast-fo=
nt-family:
Roboto;mso-bidi-font-family:Roboto'>0.0% |
<=
span
lang=3Des-419 style=3D'font-size:10.0pt;font-family:Roboto;mso-fareast-fo=
nt-family:
Roboto;mso-bidi-font-family:Roboto'>100% |
|
¿Crees que la universidad implementa
medidas efectivas para prevenir el acoso? |
8.75% |
91.25% |
|
¿Conoces protocolos universita=
rios
para combatir el ciberacoso? |
<=
span
lang=3Des-419 style=3D'font-size:10.0pt;font-family:Roboto;mso-fareast-fo=
nt-family:
Roboto;mso-bidi-font-family:Roboto'>0.0% |
<=
span
lang=3Des-419 style=3D'font-size:10.0pt;font-family:Roboto;mso-fareast-fo=
nt-family:
Roboto;mso-bidi-font-family:Roboto'>100.0% |
|
¿Te ha ciberacos=
ado
un profesor? |
12.5% |
87.5% |
|
¿Te ha ci=
beracosado
algún compañero o alumno? |
<=
span
lang=3Des-419 style=3D'font-size:10.0pt;font-family:Roboto;mso-fareast-fo=
nt-family:
Roboto;mso-bidi-font-family:Roboto'>41.25% |
<=
span
lang=3Des-419 style=3D'font-size:10.0pt;font-family:Roboto;mso-fareast-fo=
nt-family:
Roboto;mso-bidi-font-family:Roboto'>58.75% |
|
¿Te ha ciberacos=
ado
alguna compañera o alumna? |
3.75% |
96.25% |
Fuente: elaboración propia.
Como punto de partida podemos mencionar que la=
UAEH sí tiene una serie de legislaciones para =
la
protección y salvaguarda de las mujeres, en especial resulta relevan=
te
el documento Protocolo para prevenir, atender, sancionar y erradicar la
violencia de género en la Universidad Autónoma del Estado de
Hidalgo (UAEH, 2023), un documento de 31
páginas en el que existe un apartado específico contra la
violencia digital:
Artículo 5. El presente protocolo tiene
como competencia territorial cualquier espacio físico o digital que =
se
encuentre bajo el resguardo de la Universidad Autónoma del Estado de
Hidalgo. Asimismo, aquellos espacios externos donde se desarrollen activida=
des
académicas, deportivas, culturales o de convivencia universitaria.
Resulta importante considerar que la Universid=
ad
incluye dentro de su resguardo ciertos espacios digitales; sin embargo, esto
puede presentar matices y ambivalencias, dado que el ciberacoso es un
fenómeno amplio y con fronteras difusas. Esto nos lleva a reflexionar
sobre el grado de injerencia que puede tener la UAEH=
span>
en casos de ciberacoso hacia una estudiante cuando estos ocurren en
“espacios fuera del resguardo de la Universidad”. Aunque en dic=
ho
documento se especifica el derecho que tiene la comunidad universitaria de
denunciar todo tipo de violencia no queda del todo claro en dónde o a
qué departamento dirigirse, tal como pudimos ver en el sondeo.
Asimismo, como parte de esta investigaci&oacut=
e;n
se realizó una búsqueda de materiales físicos y visibl=
es
que permitieran identificar la existencia y difusión del protocolo
institucional contra la violencia digital en la Universidad Autónoma=
del
Estado de Hidalgo (UAEH). Sin embargo, en el ca=
so
específico del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades, sede de=
la
Licenciatura en Trabajo Social, no se encontraron panfletos, carteles,
infografías o algún tipo de recurso gráfico o informat=
ivo
que orientara a las estudiantes sobre cómo actuar ante situaciones de
violencia digital/ciberacoso.
Este hallazgo se vincula directamente con los
resultados del segundo sondeo, en el que el 100% de las participantes
afirmó desconocer dichos protocolos, y solo el 8.75% consideró
que la universidad implementa medidas efectivas para prevenir el ciberacoso.
Aunque la UAEH cuenta con un protocolo claro co=
ntra
la violencia de género su invisibilidad en los espacios cotidianos y=
la
falta de estrategias de difusión accesibles contribuyen a su
desconocimiento por parte de la comunidad estudiantil. Tal como advierten
Frías (2025) y Garay (2023), la existencia de políticas
institucionales no garantiza su impacto si no se acompañan de proces=
os
de sensibilización, formación y comunicación clara.
Otro hallazgo relevante es que el 41.25% de las
estudiantes reportó haber sido ciberacosada
por compañeros, y el 12.5% por profesores, lo que introduce una
dimensión compleja sobre las relaciones de poder, género y
convivencia en el entorno universitario. Estos datos no solo evidencian que=
el
ciberacoso se produce dentro de la misma comunidad estudiantil, sino que
también revelan que las agresiones pueden provenir de vínculos
cotidianos, como relaciones entre pares o jerárquicas —por
ejemplo, de profesores— lo que dificulta su denuncia y atenció=
n.
En el caso de los compañeros, el acoso puede estar normalizado como
parte de dinámicas sociales que reproducen estereotipos de
género, mientras que en el caso de los
profesores, se añade una asimetría de poder institucional que
coloca a las estudiantes en una posición de vulnerabilidad,
especialmente cuando el agresor ocupa un rol evaluador o de autoridad.
Tal como señala Garay Cruz (2023), las
relaciones jerárquicas dentro de las universidades pueden facilitar
formas de violencia digital que se ejercen desde posiciones de poder,
dificultando la denuncia y generando un clima de impunidad. De manera simil=
ar,
Gómez Cruz (2023) advierte que las estudiantes universitarias enfren=
tan
una violencia digital que no solo se manifiesta en el contenido de las
agresiones, también en la estructura institucional que muchas veces =
no
reconoce ni sanciona adecuadamente estas prácticas, perpetuando
así la desigualdad de género en los entornos académico=
s.
Esta situación refuerza la necesidad de
analizar el ciberacoso como una conducta individual y como una expresi&oacu=
te;n
estructural de violencia de género que se reproduce en espacios
académicos bajo formas sutiles o explícitas de dominaci&oacut=
e;n.
Tal como señalan Martínez y Cuevas (2020), el hecho de que los
agresores convivan en los mismos espacios que las víctimas —y =
en
algunos casos tengan poder sobre ellas— genera un clima de inseguridad
institucional, donde las estudiantes no siempre saben cómo actuar, a
quién acudir o si serán escuchadas. Desde el Trabajo Social, =
este
hallazgo exige una revisión crítica de las políticas de
convivencia, los protocolos de atención y los mecanismos de denuncia,
incorporando un enfoque de género que reconozca las relaciones de po=
der
como parte del análisis y la intervención.
Además de los sondeos cuantitativos, se
recuperaron testimonios breves de estudiantes que compartieron sus experien=
cias
de ciberacoso en el entorno universitario. Estos relatos permiten profundiz=
ar
en las vivencias personales de las víctimas, revelando aspectos
emocionales y cotidianos que complementan los datos estadísticos y
aportan una mirada más cercana a las consecuencias del fenóme=
no
aquí estudiado.
Las tres estudiantes que aportaron sus testimo=
nios
de manera anónima y voluntaria decidieron compartir sus experiencias=
de
ciberacoso en el entorno universitario, ya que representan puntos de quiebre
significativos en su trayectoria escolar. Es importante destacar que según sus relatos, la violencia no se
limitó al espacio digital, sino que traspasó las fronteras del
internet y se manifestó también en el ámbito fí=
sico
universitario, a través de miradas, comentarios, persecuciones o
actitudes intimidatorias. Esta convergencia entre lo virtual y lo fí=
sico
refuerza la decisión metodológica de abordar el ciberacoso co=
mo
una extensión moderna del acoso escolar tradicional, en el que las
dinámicas de poder, género y agresión se reproducen en
múltiples escenarios, afectando profundamente la experiencia
académica y emocional de las estudiantes.
Por dar cuenta de un ejemplo tenemos el siguie=
nte
fragmento del testimonio de una de las participantes:
Todo empezó cuando un compañero =
de
clase comenzó a escribirme mensajes insistentes por redes sociales. =
Al
principio eran comentarios sobre mis fotos o cosas que decía en clas=
e,
pero con el tiempo se volvieron cada vez más personales,
incómodos y fuera de lugar. [...] Luego compartió capturas de
pantalla de nuestras conversaciones, sacadas de contexto, tratando de dejar=
me
mal frente a otros compañeros. Incluso creó un perfil falso p=
ara
seguirme y comentar mis publicaciones de forma ofensiva. Me sentí
expuesta, vulnerable y sola. Lo peor fue que muchos no se dieron cuenta de =
la
gravedad del asunto, pensaban que era solo broma. [...] Desde entonces he
aprendido a cuidar más mi privacidad digital, pero todavía me=
da
ansiedad publicar algo.
Por otra parte, relataron que el acoso por par=
te
de compañeros —como el uso de perfiles falsos, comentarios
sexuales o monitoreo constante en redes— es visto como algo
“común” o “parte de la convivencia”, lo que
evidencia una naturalización de la violencia digital en el entorno
académico: “Un chico me escribía desde cuentas falsas, =
me
decía cosas sexuales y luego actuaba como si nada en clase. Nadie lo
toma en serio.” Los testimonios también revelan que el ciberac=
oso
tiene consecuencias directas en la salud emocional y el desempeño
académico de las estudiantes. Algunos mencionaron haber evitado clas=
es,
bloqueado redes o incluso considerado abandonar la carrera:
“Después de que compartieron una foto mía sin permiso,
dejé de ir a clases por semanas. Me sentía expuesta todo el
tiempo.”
El caso en particular de una de las entrevista=
das
refirió a la situación de ciberacoso que tuvo directamente co=
n un
académico, lo cual nos remite a la argumentación previa: en
ocasiones se hacen presente relaciones de poder con base en relaciones
jerárquicas al interior de la escuela.
El profesor me escribía por redes socia=
les
a deshoras, con comentarios que al principio eran ‘amables’, pe=
ro
luego empezaron a tener insinuaciones personales que me hacían sentir
muy incómoda. [...] Me preocupaba que si lo ignoraba podría
reprobar la materia. [...] Sentía que no tenía escapatoria, c=
omo
si estuviera atrapada en una situación sin salida. No hice nada.
Tenía mucho miedo de hablar. [...] Guardé silencio porque
sentía que si hablaba, iba a salir perdie=
ndo
yo.
Finalmente, cuando a las tres se les
preguntó de qué manera solucionaron la situación, una =
de
ellas refirió que simplemente ignoró a su acosador,
bloqueándolo de todos lados y evitando los mismos espacios que su
compañero. Sin embargo, los otros dos casos tuvieron una
situación similar al momento de enfrentar el problema: tuvieron mied=
o a
ser revictimizadas. Expresaron a su vez que tras vivir situaciones de acoso
digital —como mensajes insistentes, difusión de rumores o cont=
acto
inapropiado por parte de profesores—, no sabían a quién
acudir ni cómo denunciar, lo que generó sentimientos de confu=
sión,
miedo y aislamiento. Esta falta de orientación refuerza la
percepción de que la universidad no ofrece canales claros ni confiab=
les
de atención, lo que perpetúa la impunidad. El temor a no ser
creídas, a ser juzgadas o a enfrentar represalias por parte de
profesores o compañeros fue general en los relatos. Este mecanismo de
silenciamiento refuerza la invisibilización
del problema y la necesidad de protocolos con enfoque de género y
acompañamiento emocional.
“No dije =
nada
porque pensé que iban a decir que exageraba. Además, é=
l es
amigo de varios profesores.”
CONCLUSIONES
El ciberacoso en la UAEH<=
/span>,
y en general en contextos universitarios, no puede entenderse únicam=
ente
como una serie de agresiones digitales aisladas, sino como una expresi&oacu=
te;n
estructural de violencia de género que se reproduce en espacios
académicos, siguiendo pautas patriarcales históricas que vuln=
eran
a las mujeres. Esta investigación confirma que=
span>
en el caso de la UAEH, el fenómeno se
encuentra normalizado y poco visibilizado, no por falta de protocolos
institucionales, sino por su nula apropiación entre estudiantes, esc=
asa
difusión y limitado acercamiento a los protocolos entre las alumnas,
como pudimos comprobar a lo largo de los sondeos y las entrevistas.
Desde el Trabajo Social se reconoce que la
existencia de mecanismos formales no garantiza su eficacia si no se
acompañan de procesos pedagógicos, accesibles y empáti=
cos,
que promuevan el empoderamiento de las mujeres y generen condiciones para q=
ue
las prácticas de ciberacoso sean visibilizadas, denunciadas y atendi=
das,
en lugar de ser ignoradas o silenciadas por las propias cibervíctimas.
La ausencia de materiales visibles, canales confiables y espacios de escucha
refuerza la percepción de desprotección institucional, lo que
puede dar una perspectiva negativa de la institución.
No obstante, en este sentido se plantea una br=
echa
de oportunidad de intervenciones que contemplen el diseño de protoco=
los
y también su implementación efectiva, mediante recursos diver=
sos,
campañas visuales y espacios de diálogo que permitan a las
estudiantes conocer, confiar y utilizar los mecanismos disponibles para
enfrentar la violencia digital, además de contar con
acompañamiento, ya sea psicológico y jur=
ídico.Desde
esta perspectiva, el Trabajo Social no solo puede acompañar a las
víctimas, también puede incidir en la transformación
institucional hacia entornos digitales más justos y seguros.
Por otra parte, esta investigación abre
interrogantes que pueden ser más trabajados, por ejemplo:
¿qué medidas pedagógicas son más efectivas para=
el
combate de la violencia, no solo digitales?; ¿qué implicacion=
es
tiene el acoso por parte de profesores en la estructura institucional?;
Más allá del daño, ¿cómo enfrentan,
denuncian, bloquean o transforman estas experiencias las cibervíctimas?;
¿Qué percepción tienen los docentes y autoridades
universitarias sobre el ciberacoso? ¿Reconocen el problema?,
¿cómo lo interpretan?, ¿qué barreras enfrentan =
para
actuar? ¿qué medidas se están tomando desde la Univers=
idad
para combatir los distintos tipos de acoso y ciberacoso?
En suma, el ciberacoso en contextos universita=
rios
exige ser comprendido como una problemática tecnológica y al
mismo tiempo como una manifestación contemporánea de la viole=
ncia
de género que se inserta directamente en las instituciones educativa=
s.
Esta investigación aporta elementos para visibilizar sus
dinámicas, evidenciar sus impactos y señalar las limitaciones=
de
los marcos institucionales actuales. Desde el Trabajo Social, se plantea la
urgencia de construir estrategias integrales que respondan al fenóme=
no,
que lo transformen desde la raíz, reconociendo a las estudiantes como
agentes de cambio y no solamente como víctimas.
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LATAM Revista
Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paragu=
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ISSN en línea: 2789-3855, noviembre, 2025, Volumen VI, Número 6 p 193.