MIME-Version: 1.0 Content-Type: multipart/related; boundary="----=_NextPart_01DC69C3.633AF660" Este documento es una página web de un solo archivo, también conocido como "archivo de almacenamiento web". Si está viendo este mensaje, su explorador o editor no admite archivos de almacenamiento web. Descargue un explorador que admita este tipo de archivos. ------=_NextPart_01DC69C3.633AF660 Content-Location: file:///C:/4948551A/1544_HernandezRamirez.htm Content-Transfer-Encoding: quoted-printable Content-Type: text/html; charset="us-ascii"
DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v6i6.4985
Condiciones de vulnerabilidad: acceso=
al
agua y participación de las mujeres en Suchitoto
Conditions of
Vulnerability: Access to Water and Women's Participation in Suchitoto
Mirella Guadalupe Hernández Ramí=
rez
https://orcid.org/0009-0009-4938-9241
Universidad Pedagógica de El Salvador Dr. Luis Alonso Aparic=
io
San salvador – El Salvador
Artículo recibido: 08 de agosto =
de
2025. Aceptado para publicación: 10 de diciembre de 2025.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
Resumen
El artículo analiza las condiciones de vulnerabilidad
hídrica y la participación de las mujeres en la gestión
comunitaria del agua en siete comunidades rurales de Suchitoto, El Salvador.
Desde un enfoque cualitativo y participativo, se aplicaron entrevistas y ta=
lleres
comunitarios. El análisis, basado en el modelo ecológico de
Bronfenbrenner, permitió identificar cuatro ejes temáticos:
acceso al agua, organización comunitaria, liderazgo femenino y
condiciones ambientales. Los resultados muestran que el acceso al agua en z=
onas
rurales trasciende lo técnico y se configura como un fenómeno
social marcado por desigualdades de género, limitaciones institucion=
ales
y factores culturales. Las mujeres desempeñan un papel central en la
gestión doméstica y comunitaria del recurso, aunque enfrentan=
barreras
estructurales. No obstante, emergen prácticas de autogestión y
liderazgo femenino que fortalecen la sostenibilidad social y ambiental. El
artículo resalta la necesidad de promover una gobernanza hídr=
ica
participativa y con enfoque de género que reconozca el conocimiento
comunitario como elemento clave para la gestión sostenible del agua.=
Palabras clave: seguridad hídrica, igualdad de género, zona rural,
participación social
Abstract
The article analyzes the conditions of water vulnerability and the
participation of women in community water management in seven rural communi=
ties
of Suchitoto, El Salvador. Using a qualitative =
and
participatory approach, interviews and community workshops were conducted. =
The
analysis, grounded in Bronfenbrenner’s ecological model, identified f=
our
thematic areas: water access, community organization, women’s leaders=
hip,
and environmental conditions. The findings show that water access in rural
areas goes beyond technical concerns and constitutes a social phenomenon sh=
aped
by gender inequalities, institutional limitations, and cultural factors. Wo=
men
play a central role in both household and community water management, yet t=
hey
continue to face structural barriers. Nevertheless, emerging practices of
self-management and women’s leadership contribute to strengthening so=
cial
and environmental sustainability. The article highlights the need to promote
participatory water governance with a gender perspective that recognizes
community knowledge as a key element for sustainable water management.
Keywords: water security, gender equality, rural area=
s,
social participation
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Todo el contenido de LATAM Revista Latinoamerica=
na
de Ciencias Sociales y Humanidades, publicado en este sitio está
disponibles bajo Licencia Creative Commons.=
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C=
ómo
citar: Hernández
Ramírez, M. G. (2025). Condiciones de vulnerabilidad: acceso al agua=
y
participación de las mujeres en Suchitoto. LATAM Revista
Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 6 (6), 1458 – 1471.
https://doi.org/10.56712/latam.v6i6.4985
INTRODUCCIÓN
El Salvador enfrenta una crisis hídrica=
que
compromete la disponibilidad, distribución y calidad del recurso par=
a el
abastecimiento del consumo humano. La población percibe de forma
negativa la pureza del agua, lo asocia a “riesgos constantes para la
salud y a una limitada confianza en las fuentes de abastecimiento”
(Caputo et al. 2021, p. 3). Asimismo, Martínez et al. (2023) afirman=
que
“más del 90 % de los cuerpos de agua superficiales presentan
algún grado de deterioro” (p. 27), condición que afecta
especialmente a las zonas rurales. Esta situación se agrava con los
efectos del cambio climático; como señala Hjortsberg
(2024), “la variabilidad climática está reduciendo la
disponibilidad de agua en los sistemas rurales salvadoreños,
incrementando la presión sobre las fuentes comunitarias” (p. 1=
7).
En consecuencia, la gestión del agua constituye un desafío
estructural que influye directamente en la equidad territorial y el bienest=
ar
social, tal como advierte National Geographic (2016) El Salvador tiene “su suminis=
tro de
agua en riesgo y su disponibilidad anual per cápita está
peligrosamente cerca de no cubrir la demanda” (traducción prop=
ia).
Suchitoto, es un municipio ubicado en el
departamento de Cuscatlán, su configuración social ha sido
marcada por dinámicas relacionadas con la guerra civil en El Salvado=
r,
provocando en el territorio procesos de desplazamiento y repoblación.
Estas experiencias han consolidado en la población el desarrollo de =
una
estructura social basada en la organización comunitaria y la
autogestión. Global Alliance for Green a=
nd Gender Action (2019)
señala que “En el municipio de Suchitoto, las mujeres est&aacu=
te;n
desempeñando un papel clave en la gestión del agua y en la
defensa de los derechos sobre el agua” (párr. 1, traducci&oacu=
te;n
propia), evidenciando el liderazgo y participación de las mujeres pa=
ra
solventar problemáticas sociales.
Abordar la situación hídrica en
territorios rurales como Suchitoto es fundamental porque las brechas en el
acceso al agua profundizan condiciones estructurales de vulnerabilidad. UNE=
SCO
(2020) afirma que “el agua es un factor crítico de resiliencia
social y ambiental” (p. 11). Su ausencia o irregularidad afecta la
seguridad alimentaria, la salud, las oportunidades educativas y el desarrol=
lo
económico local.
Además, la centralización histórica de las
decisiones en materia hídrica ha contribuido a invisibilizar las
problemáticas de los territorios rurales. Hjort=
sberg
(2024) menciona que “la ausencia de apoyo institucional debilita las
capacidades comunitarias para enfrentar la escasez y gestionar de forma
sostenible sus recursos” (p. 28).
En ese contexto surgió la necesidad de
profundizar en la realidad local de Suchitoto para comprender cómo l=
as
condiciones de acceso influyen en la vida comunitaria y en la
participación de las mujeres en la gestión hídrica. La
investigación se desarrolló en el marco de la práctica
académica de la asignatura Psicología Comunitaria Aplicada de=
la
Universidad Pedagógica de El Salvador. Este enfoque coincide con lo
planteado por Montero (2011), quien indica que “la investigació=
;n
comunitaria debe construirse desde la participación activa de las
personas y orientarse hacia la transformación colectiva” (p. 3=
2).
En consecuencia, el objetivo de este estudio es analizar las condiciones de
vulnerabilidad hídrica presentes en dichas comunidades y comprender =
el
aporte de las mujeres en los procesos de gestión, acceso y defensa d=
el
agua como un derecho humano fundamental.
Diversas investigaciones latinoamericanas han
demostrado que la relación entre el acceso al agua y las desigualdad=
es
de género trasciende los aspectos ambientales y se inscribe en
dinámicas institucionales, territoriales y sociales. La Comisi&oacut=
e;n
Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL, 2020a) identifica que “la ruralidad sigue prese=
ntando
los mayores rezagos en acceso seguro al agua y saneamiento, afectando de ma=
nera
desproporcionada a las mujeres” (p. 14). Caputo et al. (2021)
señalan que “los sistemas comunitarios en El Salvador operan b=
ajo
condiciones de precariedad institucional que dificultan su
sostenibilidad” (p. 5), situación que se refleja tambié=
n en
las comunidades rurales de Suchitoto.
La evidencia regional señala que el acc=
eso
al agua está atravesado por desigualdades históricas vinculad=
as a
la distribución territorial de los recursos y al desarrollo desigual=
de
infraestructura. Como los plantea (CEPAL, 2020a=
) es
en las zonas rurales donde se encuentran los mayores “rezagos en
infraestructura hídrica y saneamiento, incrementando las brechas de
bienestar entre territorios” (p. 14). En El Salvador, estudios recien=
tes
confirman niveles críticos de contaminación de aguas
superficiales y una alta vulnerabilidad de los sistemas comunitarios ante la
variabilidad climática. Martínez et al. (2023) señalan=
que
“los ríos salvadoreños presentan un deterioro sostenido
entre 2006 y 2020, asociado a descargas domésticas y
agrícolas” (p. 23), mientras que Caputo et al. (2021) destacan=
que
“la percepción de riesgo hídrico se intensifica en comu=
nidades
donde el apoyo institucional es débil o inexistente” (p. 6). E=
stos
diagnósticos evidencian que la problemática no es
únicamente técnica, sino también estructural. El Banco
Mundial (2017) advierte que “las fallas de coordinación
institucional perpetúan distribuciones injustas de los recursos̶=
1;
(p. 52) y UNESCO (2020) sostiene que “la crisis hídrica es
resultado de la interacción entre cambio climático, mala
gobernanza y presión sobre los ecosistemas” (p. 18).
En cuanto a la dimensión de géne=
ro,
estudios latinoamericanos han mostrado que el agua y el trabajo de cuidados=
se
encuentran profundamente entrelazados en los territorios rurales. La
Organización de las Naciones Unidas (ONU, 2006) señala que
“en la mayoría de los países en desarrollo, las mujeres=
y
las niñas son quienes cargan con la responsabilidad del acarreo del
agua” (p. 3), lo cual implica largas jornadas y un esfuerzo fí=
sico
cotidiano. Investigaciones etnográficas han documentado impactos
concretos en la vida de las mujeres. Francis (2003) afirma que “la
gestión diaria del agua en los hogares rurales recae casi exclusivam=
ente
sobre las mujeres, quienes enfrentan limitaciones en movilidad y salud debi=
do a
estas tareas” (p. 24). Estas condiciones reproducen desigualdades his=
tóricas
y colocan a las mujeres en una posición de mayor vulnerabilidad
hídrica.
Por otro lado, los análisis
jurídicos y de políticas públicas han demostrado que, =
pese
a su rol central en la vida comunitaria, las mujeres continúan
marginadas de la toma de decisiones sobre el acceso y la gestión del
agua. Minaverry y Martínez (2015) explic=
an que
“la participación de mujeres en los comités de agua es =
baja
y en muchos casos simbólica, lo que limita la incorporación de
sus necesidades e intereses en la gestión hídrica” (p. =
58).
De igual manera, las evaluaciones recientes de la CEPAL (2024) confirman que
“la exclusión de las mujeres en la gobernanza del agua reprodu=
ce
desigualdades históricas y debilita la eficacia de las políti=
cas
del sector” (p. 9). Esta evidencia subraya que la desigualdad de
género no solo afecta la provisión del agua, sino tambi&eacut=
e;n
la representatividad en los espacios donde se toman decisiones fundamentale=
s.
La evidencia producida en estudios aplicados s=
obre
gestión comunitaria del agua también subraya la necesidad de
fortalecer el liderazgo de las mujeres como un elemento vital para la
sostenibilidad hídrica y la adaptación climática. El
Centro Bartolomé de las Casas (2021) sostiene que “el liderazg=
o de
mujeres en la gestión del agua mejora la toma de decisiones locales y
promueve prácticas más equitativas y sostenibles” (p. 4=
4).
En la misma línea, Hjortsberg (2024)
señala que “las mujeres que integran comités de agua
tienden a priorizar la transparencia y la continuidad del servicio, lo que
fortalece la resiliencia comunitaria frente a la escasez” (p. 31). Es=
tos
hallazgos confirman que la inclusión de las mujeres en la gobernanza
hídrica no es únicamente un asunto de justicia, sino un requi=
sito
para la sostenibilidad del recurso y el bienestar comunitario.
Estos aportes ponen de manifiesto que el acces=
o al
agua constituye un fenómeno multidimensional en el que convergen
factores ambientales, institucionales y de género. Sin embargo,
aún son escasos los estudios que, en el contexto salvadoreño,
analizan de forma situada cómo estas desigualdades se expresan en la
vida cotidiana de las mujeres y en sus formas de organización para la
defensa del derecho humano al agua. Este estudio ofrece un acercamiento
empírico desde una perspectiva comunitaria que permite profundizar e=
n la
comprensión de las desigualdades hídricas y la
participación de las mujeres en la gestión del agua, aportando
nuevos elementos para el análisis de estas dinámicas en
Suchitoto.
METODOLOGÍA
La investigación se desarrolló b=
ajo
un enfoque cualitativo de tipo descriptivo y participativo. Este enfoque
permitió comprender los significados y experiencias que las comunida=
des
rurales atribuyen al acceso al agua y a la participación de las muje=
res
en su gestión. Según Hernández Sampieri, Fernán=
dez
Collado y Baptista (2014) señalan que “la investigación
cualitativa se enfoca en comprender a profundidad los fenómenos,
explorándolos desde la perspectiva de los participantes en un ambien=
te
natural” (p. 358). Esta premisa fundamentó el estudio al prior=
izar
la voz de los actores locales, reconociendo su conocimiento situado sobre su
realidad cotidiana.
El diseño metodológico se inscri=
be
en los principios de la psicología comunitaria latinoamericana, que
concibe la investigación como un proceso de construcción
colectiva del conocimiento. Montero (2003) plantea que la psicología
comunitaria “insiste en la necesidad de la participación de las
personas, en el apoyo a sus cualidades positivas y en el fomento de sus
capacidades […] para que logren por sí mismos transformaciones
positivas” (p. 56). Desde esta perspectiva, el estudio adoptó =
un
diseño de diagnóstico comunitario participativo, entendido co=
mo
un proceso colaborativo que permite identificar necesidades, recursos y
potencialidades desde la mirada de la propia comunidad, promoviendo la
reflexión crítica y la acción colectiva orientada a la
transformación social.
El estudio se desarrolló en siete
comunidades rurales del municipio de Suchitoto: Primavera, El Papaturro,
Marianela, Pepeishtenango, San Pablo El Cereto, Apolinario Serrano y El Aceituno. La
selección de estas comunidades fue intencional, considerando la
diversidad territorial, las condiciones diferenciadas de acceso al agua y l=
os
distintos niveles de organización local. Flick<=
/span>
(2007) sostiene que, en investigación cualitativa, la selecció=
;n
intencionada “se orienta a casos que sean particularmente adecuados p=
ara
explorar el fenómeno estudiado” (p. 84), por lo que este crite=
rio
resultó pertinente para el análisis.
En cada comunidad participaron entre diez y ve=
inte
personas, principalmente mujeres adultas, líderes comunitarios,
jóvenes y miembros de ADESCOS. La
participación fue voluntaria y se desarrolló en espacios
colectivos que fomentan el diálogo y la reflexión conjunta. L=
as
técnicas de recolección incluyeron entrevistas semiestructura=
das,
observación participante, talleres grupales y mapas comunitarios. En
coherencia con este enfoque, Taylor y Bogdan (1=
990)
refuerzan la utilidad de este enfoque al afirmar que “los investigado=
res
cualitativos tratan de comprender a las personas dentro del marco de refere=
ncia
de ellas mismas” (p. 20), lo que permitió en este estudio capt=
ar
los significados que las comunidades atribuyen a sus experiencias y
prácticas relacionadas con el agua.
El procedimiento se desarrolló en tres
fases: preparación y coordinación con las comunidades, trabaj=
o de
campo mediante entrevistas y actividades participativas, y
sistematización de la información. En la última fase se
realizó una revisión exhaustiva de notas de campo y registros=
de
observación para elaborar diagnósticos independientes por
comunidad. Según Flick (2007), la
triangulación “aumenta la validez de los hallazgos al combinar
múltiples técnicas y fuentes de información” (p.
81), criterio que se aplicó durante todo el proceso.
El análisis de la información se
realizó mediante codificación temática, identificando
patrones y categorías emergentes relacionadas con el acceso al agua,=
la
organización comunitaria, la participación de las mujeres y la
sostenibilidad hídrica. El modelo ecológico de Bronfenbrenner
(1987) guió el proceso interpretativo, b=
ajo la
premisa de que “el desarrollo humano se explica a partir de las
interacciones entre individuos y los múltiples sistemas que los
rodean” (p. 38), lo cual permitió analizar las dinámicas
sociales desde distintos niveles.
El trabajo respetó los principios
éticos fundamentales. La participación fue voluntaria, se
garantiza la confidencialidad y se obtuvo consentimiento informado. Montero
(2011) recuerda que “toda investigación comunitaria debe asegu=
rar
el respeto a las personas y contribuir al fortalecimiento del tejido
social” (p. 87), criterio que orientó la devolución de
resultados a las comunidades y la promoción de su apropiación=
del
conocimiento generado.
DESARROLLO
Tanto las normativas internacionales como el m=
arco
jurídico salvadoreño reconocen el agua como un derecho humano
esencial y establecen obligaciones estatales para garantizar su acceso
equitativo, seguro y suficiente. El Pacto Internacional de Derechos
Económicos, Sociales y Culturales establece que los Estados deben
asegurar “unas condiciones de vida adecuadas que incluyan agua en
cantidad y calidad suficiente para el consumo humano” (ONU, 1996, art.
11). En esta línea, la Observación General N.º 15
señala que “el derecho humano al agua es indispensable para vi=
vir
dignamente y es condición previa para la realización de otros
derechos humanos” (Comité DESC, 2002, p. 2). Asimismo, la Agen=
da
2030 destaca en su Objetivo de Desarrollo Sostenible número 6 que los
Estados deben “garantizar la disponibilidad de agua y su gestió=
;n
sostenible para todos” (ONU, 2015, p. 8). Diversas resoluciones del
Consejo de Derechos Humanos refuerzan este carácter obligatorio. La
resolución A/HRC/RES/15/9 afirma que =
220;el
acceso al agua potable y al saneamiento es un derecho humano esencial para =
el
pleno disfrute de la vida” (Consejo de Derechos Humanos, 2010, p. 1).=
En el ámbito regional, organismos como =
la
CEPAL y ONU Mujeres destacan la necesidad de incorporar la perspectiva de
género en la gestión hídrica. La CEPAL (2020a) afirma que “las mujeres enfrentan barrer=
as
adicionales para acceder al agua debido a su rol socialmente asignado en la
provisión y gestión del recurso” (p. 12). ONU Mujeres
(2021) señala que “las desigualdades de género en el ac=
ceso
al agua limitan el desarrollo, la salud y las oportunidades económic=
as
de las mujeres” (p. 5). Estas observaciones muestran la importancia de
analizar la dimensión de género como un componente esencial d=
el
derecho humano al agua.
En el contexto nacional, la Constitució=
n de
la República (1983/2014) en el art. 117 establece la obligació=
;n
del Estado de proteger los recursos naturales y el equilibrio ecológ=
ico.
La Ley General de Recursos Hídricos (Asamblea Legislativa de El Salv=
ador,
2021) reconoce explícitamente que “todas las personas tienen
derecho al agua y al saneamiento en cantidad y calidad suficiente” (a=
rt.
3) y crea la Autoridad Salvadoreña del Agua como ente regulador. No
obstante, persisten brechas significativas entre la normativa y su
cumplimiento. Como señala la Convención sobre la
Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la M=
ujer
(CEDAW, 1979), los Estados deben adoptar medida=
s para
eliminar “los obstáculos estructurales que limitan la igualdad=
de
acceso a los recursos naturales” (art. 14). Estas obligaciones a&uacu=
te;n
no se traducen plenamente en prácticas institucionales efectivas en
zonas rurales y periurbanas.
Desde un enfoque de derechos, el acceso al agua
implica disponibilidad, calidad, accesibilidad y aceptabilidad. En esta
línea, Vázquez-García (2014) afirma que “el
cumplimiento del derecho humano al agua es requisito indispensable para
alcanzar muchos otros, como el derecho a la salud y a una vida digna”=
(p.
296). Sin embargo, Saravia Matus et al. (2022) advierten que “la
adopción de la perspectiva de género en las políticas =
de
agua en América Latina y el Caribe ha evolucionado lentamente”=
(p.
4), lo que evidencia la existencia de brechas entre marcos legales y su
implementación efectiva. Estas brechas se expresan con mayor intensi=
dad
en territorios rurales donde la gobernanza hídrica enfrenta limitaci=
ones
institucionales y desigualdades históricas (ONU, 2006).
Desde una perspectiva de género, el acc=
eso
al agua no puede comprenderse únicamente como un recurso material, s=
ino
como parte de las dinámicas de poder que estructuran la vida social.=
Segato (2016) sostiene que “las relaciones de
género son […] una escena ubicua y omnipresente de toda vida
social” (p. 112), lo que permite entender que las desigualdades
hídricas reproducen jerarquías que asignan a las mujeres el r=
ol
de cuidadoras y administradoras del hogar, limitando su participació=
n en
la toma de decisiones y en el control del territorio. En esta línea,
Soares (2019) recuerda que “sin agua suficiente y salubre, las person=
as
no pueden vivir con dignidad ni ejercer plenamente sus derechos” (p. =
6),
evidenciando que las brechas en el acceso al agua profundizan las
vulnerabilidades ya existentes y afectan de forma diferenciada a las mujere=
s, quienes
dependen de este recurso para sostener la vida cotidiana.
El enfoque ecofeminista aporta una
comprensión más profunda de estas desigualdades al mostrar qu=
e la
crisis hídrica no sólo es ambiental o técnica, sino
expresión de relaciones de poder que degradan simultáneamente=
a
los ecosistemas y a los cuerpos de las mujeres. Como plantea Shiva (1995),
“la violencia contra la naturaleza se ha convertido en violencia cont=
ra
las mujeres, porque ellas dependen más directamente de los recursos =
naturales
para su supervivencia” (pp. 20–21). Desde esta perspectiva, la
defensa del agua es también una defensa de la vida y de los derechos=
de
quienes históricamente han sido excluidos del desarrollo y de las
decisiones sobre el territorio.
El vínculo entre agua y desigualdad de
género ha sido ampliamente documentado. Diversos estudios muestran q=
ue
la división sexual del trabajo asigna a las mujeres la responsabilid=
ad
principal del acarreo, almacenamiento, purificación y
administración del agua en los hogares. Según ONU (2006),
“las mujeres son quienes cargan la mayor parte del peso en la
recolección, almacenamiento y uso del agua” (p. 4), mientras q=
ue
Francis (2003) agrega que “la gestión diaria del agua recae ca=
si
exclusivamente en las mujeres, limitando su movilidad social y su acceso a
oportunidades” (p. 24). Esta carga, además de ser invisible y =
no
remunerada, restringe su participación social, educativa y
política, y las sitúa en una posición de vulnerabilidad
hídrica, pues su autonomía depende directamente de la disponi=
bilidad
y el acceso seguro al recurso.
Segato (2016) afirma que el patriarcado
constituye “la estructura política más arcaica y perman=
ente
de la humanidad” (p. 19), lo que explica que desigualdades aparenteme=
nte
técnicas, como la gestión del agua, reproduzcan jerarqu&iacut=
e;as
que subordinan a las mujeres y limitan su participación en la toma de
decisiones. En este contexto, la gestión del agua se convierte en un
territorio donde se evidencia la contradicción entre responsabilidad=
y
poder: las mujeres sostienen cotidianamente el acceso y uso del recurso, pe=
ro
no siempre pueden incidir en su gobernanza.
La justicia hídrica aporta una mirada
transformadora frente a estas desigualdades. Cáceres y Forcinito (2022) señalan que “la justicia
hídrica asume como premisas el reconocimiento del agua como un bien =
en
disputa […]; el agua es política en la medida en que las
políticas públicas o acciones privadas pueden favorecer la
justicia hídrica o reforzar los mecanismos de exclusión”
(p. 64). En esta misma línea, Gudynas (2021) sostiene que la crisis =
del
agua en América Latina se manifiesta en múltiples conflictos
territoriales, donde la gestión del recurso se
entrecruzan con modelos extractivos que profundizan las desigualdade=
s y
reproducen mecanismos de exclusión (pp. 37, 45).
Finalmente, el modelo ecológico de
Bronfenbrenner permite analizar el acceso al agua desde distintos niveles de
interacción social. En el microsistema, las mujeres asumen
desproporcionadamente las tareas vinculadas al agua, afectando su bienestar=
y
oportunidades. En el mesosistema, los comités y organizaciones local=
es
generan espacios de cooperación que pueden fortalecer su
participación. En el exosistema, instituciones públicas,
alcaldías y ONG influyen indirectamente en la disponibilidad del
recurso. Y en el macrosistema, valores culturales y estructuras patriarcales
moldean los significados y prácticas asociadas al agua. Bronfenbrenn=
er
(1987) explica que “el desarrollo humano ocurre en sistemas
interrelacionados donde los cambios en uno afectan a los demás”
(pp. 41-47)., lo que permite comprender la complejidad del fenómeno
hídrico en Suchitoto.
RESULTADOS
Los hallazgos derivados de los siete
diagnósticos comunitarios se organizaron en torno a un proceso de
codificación temática que permitió agrupar la informac=
ión
en categorías analíticas emergentes. De este análisis
surgieron cuatro categorías centrales: acceso y disponibilidad del a=
gua,
organización comunitaria y gestión del recurso,
participación de las mujeres y liderazgo comunitario, y condiciones =
ambientales
y sanitarias. Estas categorías reflejan los ejes sobre los cuales se
estructura la experiencia de las comunidades rurales frente al derecho al a=
gua
y la sostenibilidad local.
Acceso y disponibilidad del agua
La disponibilidad del agua constituye uno de l=
os
principales desafíos en todas las comunidades. En primavera y Marianela, el sumin=
istro
es irregular y puede suspenderse por períodos de hasta quince
días, lo que obliga a las familias a recurrir a fuentes alternativas
como pozos o ríos contaminados. En El Aceituno y Pepeishtenango,
el agua proviene de sistemas comunitarios o pozos artesanales, pero la cali=
dad
es deficiente debido a la contaminación por desechos humanos y
agrícolas.
En San Pablo El Cereto,
la memoria colectiva remite a la construcción del asentamiento y a l=
as
dificultades históricas para obtener el recurso. Los habitantes
recuerdan que “al llegar todo era muy verde, que solo había dos
casas y que poco a poco fueron poblando, que igual al inicio les tocaba ir a
traer agua al río” (Diagnóstico Caserío San Pabl=
o El
Cereto, 2023, p. 4). Este testimonio refleja el
vínculo entre territorio, historia y acceso al agua, así como=
la
transformación ambiental del entorno.
En contraste, Apolinario Serrano y El Papaturro
cuentan con sistemas organizados de distribución gestionados por las=
ADESCOS o Juntas de Agua. Sin embargo, el mantenimien=
to de
las tuberías, la administración de cuotas y la sostenibilidad
financiera del servicio siguen siendo retos constantes.
Organización comunitaria y gestió=
;n del
recurso
Los diagnósticos evidencian que las
comunidades mantienen estructuras organizativas activas y un fuerte sentido=
de
solidaridad. En Marianela, la población expresa orgullo por su comun=
idad
y destaca su compromiso colectivo: Los lugareños dicen sentirse
orgullosos de su comunidad, destacando aspectos positivos y que existe una
buena organización en cuanto a la hora de trabajar para el bien de la
población
En El Papaturro, la organización
comunitaria ha permitido mantener el sistema de agua mediante cuotas
simbólicas y turnos de mantenimiento. En San Pablo El Cereto y El Aceituno se evidencian procesos de
autogestión más incipientes, en los que la planificació=
;n
depende de la cooperación vecinal y de apoyos externos. La experienc=
ia
general muestra que el sostenimiento del sistema depende de la
participación voluntaria y del compromiso colectivo más que d=
e la
intervención institucional.
Participación de las mujeres y liderazgo
comunitario
Un hallazgo central del estudio es la
participación activa de las mujeres en los espacios de liderazgo y
gestión del agua. En Apolinario Serrano, por ejemplo, se reconoce que
“la mayor participación dentro de la comunidad y de las
actividades, así como de la toma de las decisiones son por parte de =
las
mujeres... Sin embargo, muchas de estas mujeres permanecen en casa, haciendo
trabajos domésticos... existe una fuerte coerción por parte d=
el
sexo opuesto, impidiendo el desarrollo y las oportunidades de las
mujeres” (Diagnóstico Comunidad Apolinario Serrano, 2023, p. 1=
2).
En comunidades como Marianela y El Papaturro, =
las
mujeres integran las directivas de las ADESCOS y
coordinan acciones de recaudación, control del servicio y mantenimie=
nto.
No obstante, en zonas como primavera y San Pablo El Ce=
reto
persiste una división sexual del trabajo que concentra las tareas
domésticas y de cuidado en las mujeres, mientras que la toma de
decisiones comunitarias sigue dominada por los hombres. Estos hallazgos
confirman la existencia de desigualdades estructurales que condicionan el l=
iderazgo
femenino, pero también muestran procesos de transformación
cultural impulsados por su participación activa.
Condiciones ambientales y sanitarias
En la mayoría de las comunidades se
observan problemáticas ambientales que afectan la calidad y
disponibilidad del agua. La deforestación, la erosión del sue=
lo y
la contaminación de ríos y quebradas se mencionan como causas
recurrentes de la escasez del recurso. En El Aceituno y Pepeishtenango,
la proximidad de letrinas a las fuentes de agua genera riesgos sanitarios,
mientras que la ausencia de recolección de desechos sólidos
agrava las condiciones de salubridad.
En primavera, la población asocia el bi=
enestar
comunitario no solo con el agua, sino también con la infraestructura
básica. Como mencionan los participantes, “lo que se
mejoraría en la comunidad sería tener una cancha propia, un
centro de recreamiento, una mejora en la
infraestructura de la escuela, un centro de salud y una casa comunal”
(Diagnóstico Comunidad Primavera, 2023, p. 6). Este tipo de aspiraci=
ones
muestra que la gestión del agua se entiende como parte de un proceso
más amplio de desarrollo local y bienestar social.
En general, los resultados evidencian que la
gestión comunitaria del agua se encuentra estrechamente vinculada co=
n la
capacidad organizativa, la participación de las mujeres y las
condiciones ambientales de cada territorio. Las experiencias locales de
Suchitoto muestran que el acceso al agua no depende únicamente de la
infraestructura o de la intervención institucional, sino del entrama=
do
de relaciones sociales, culturales y ecológicas que conforman la vida
comunitaria.
DISCUSIÓN
Los resultados del estudio evidencian que el a=
cceso
al agua en las comunidades rurales de Suchitoto no puede entenderse
únicamente como un problema técnico o de infraestructura, sino
como un fenómeno social y relacional en el que confluyen factores
ambientales, culturales, de género e institucionales. Esta mirada
coincide con la propuesta de Bronfenbrenner (1987), quien plantea que las
prácticas humanas se configuran en interacción con distintos
sistemas ecológicos interdependientes.
Desde el microsistema, las experiencias cotidi=
anas
de las mujeres muestran cómo las desigualdades en el acceso al agua =
se
materializan en la vida doméstica. En comunidades como primavera y S=
an
Pablo El Cereto, las mujeres son responsables d=
e la
recolección, el almacenamiento y la administración del agua e=
n el
hogar, lo que limita su tiempo para otras actividades y refuerza la
división sexual del trabajo. Este hallazgo se alinea con lo planteado
por ONU Mujeres (2021), que señala que las tareas de gestión
doméstica del agua recaen desproporcionadamente sobre las mujeres,
afectando su bienestar y participación social.
En el mesosistema, que comprende las interacci=
ones
entre los distintos entornos de la vida cotidiana, se observa que la
organización comunitaria constituye un espacio clave para la
construcción de vínculos solidarios y para la toma de decisio=
nes
colectivas. Los comités locales de agua, las AD=
ESCOS
y los grupos de mujeres se configuran como escenarios donde se fortalecen la
cooperación y la corresponsabilidad. En comunidades como Marianela y=
El
Papaturro, estas estructuras funcionan como mediadoras entre las familias y=
las
instituciones, promoviendo la autogestión y la participación
comunitaria. Este proceso refleja lo que Montero (2003) describe como una
praxis comunitaria orientada a la autogestión y a la transformaci&oa=
cute;n
de la realidad mediante la acción colectiva.
En el exosistema se ubican las instituciones y
políticas públicas que influyen de manera indirecta en la vid=
a de
las comunidades. Aunque la Ley General de Recursos Hídricos (Asamblea
Legislativa de El Salvador, 2021) reconoce el derecho humano al agua y prom=
ueve
la participación ciudadana, los resultados de los diagnósticos
muestran una débil presencia institucional en los territorios rurale=
s.
Las comunidades deben gestionar por sí mismas el mantenimiento de las
infraestructuras y la administración de los recursos, lo que evidenc=
ia
la persistencia de una brecha entre la normativa y la práctica. Este
hallazgo coincide con los análisis de la CEPAL (2020), que
señalan que los marcos legales latinoamericanos avanzan más
rápido que la capacidad institucional para garantizar la equidad
hídrica.
El macrosistema, conformado por los valores
culturales, las normas sociales y las estructuras históricas de pode=
r,
explica las raíces más profundas de las desigualdades observa=
das.
Las representaciones de género continúan asignando a las muje=
res
la responsabilidad principal del cuidado y de la provisión del agua,
mientras que los hombres mantienen mayor control sobre la toma de decisione=
s.
Esta lógica se reproduce simbólicamente en la vida comunitari=
a y
en los espacios públicos, donde el liderazgo femenino se enfrenta a
resistencias culturales. Tal como señala Shiva (1995), las relacione=
s de
dominación sobre la naturaleza y sobre las mujeres comparten una base
común en los sistemas patriarcales de producción y poder.
No obstante, los resultados también
muestran procesos de transformación que desafían esta estruct=
ura.
En comunidades como Apolinario Serrano y Marianela, las mujeres han asumido
roles de liderazgo en los comités de agua, fortaleciendo la
transparencia y la cohesión social. Estas experiencias demuestran qu=
e la
participación femenina no solo mejora la gestión del recurso,
sino que también promueve cambios simbólicos y práctic=
os
hacia una mayor equidad. Este hallazgo se corresponde con los estudios del
Centro Bartolomé de las Casas (2021) y de Hjort=
sberg
(2024), quienes destacan que la inclusión de las mujeres en la
gestión comunitaria del agua contribuye a la sostenibilidad y a la
adaptación frente al cambio climático.
En conjunto, el análisis desde el enfoq=
ue
ecológico permite comprender el acceso al agua como un sistema
dinámico de relaciones que opera simultáneamente en distintos
niveles. Los problemas estructurales de acceso, las limitaciones
institucionales y las desigualdades de género interactúan en =
un
entramado complejo que condiciona las posibilidades de desarrollo comunitar=
io.
Sin embargo, también emergen prácticas locales de resistencia=
y
organización que reafirman el papel de las comunidades, y especialme=
nte
de las mujeres, como agentes de cambio.
Así, la justicia hídrica y la
equidad de género no se configuran únicamente como metas
normativas, sino como procesos en construcción que requieren fortale=
cer
las capacidades locales, promover la corresponsabilidad estatal y reconocer=
el
conocimiento comunitario como fuente legítima para la gestión
sostenible del agua.
CONCLUSIONES
El estudio permitió comprender de manera
situada las condiciones de vulnerabilidad hídrica que enfrentan siete
comunidades rurales de Suchitoto, mostrando que el acceso al agua constituy=
e un
fenómeno profundamente atravesado por desigualdades ambientales,
institucionales y de género. Los resultados evidencian que la
disponibilidad irregular, la precariedad de los sistemas comunitarios y la =
ausencia
de acompañamiento estatal continúan afectando la vida cotidia=
na
de las familias, especialmente de las mujeres, quienes sostienen la mayor p=
arte
de las tareas asociadas al uso doméstico del agua. A su vez, la
investigación mostró que la organización comunitaria y=
la
participación femenina emergen como pilares fundamentales para la
sostenibilidad social y ambiental del recurso.
A partir de los hallazgos, se identifican dive=
rsas
áreas que pueden fortalecerse dentro del abordaje de la gestió=
;n
hídrica y del trabajo articulado con los actores involucrados. En el
ámbito institucional, los resultados sugieren la necesidad de contin=
uar
profundizando la presencia territorial, el apoyo técnico y los espac=
ios
de gobernanza participativa que reconozcan y valoren el papel de las mujere=
s en
la gestión del agua. A escala municipal, se abren posibilidades para
acompañar procesos formativos, organizativos y administrativos que
consoliden la capacidad de las ADESCOS y Juntas=
de
Agua en la administración local del recurso. Por su parte, las
comunidades cuentan con un potencial significativo para seguir promoviendo
mecanismos de autogestión y cohesión social que integren de f=
orma
más plena el liderazgo femenino. Finalmente, las organizaciones de la
sociedad civil pueden ampliar iniciativas orientadas a la educación
ambiental, la sostenibilidad de las fuentes y el fortalecimiento del tejido
comunitario.
Las implicaciones del estudio subrayan la
importancia de avanzar hacia modelos de gobernanza hídrica que
reconozcan el agua como un bien común. Los resultados invitan a
reflexionar sobre la necesidad de políticas públicas má=
;s
sensibles al territorio y al género, capaces de responder tanto a las
demandas materiales como a las dinámicas socioculturales que configu=
ran
el acceso al recurso. Asimismo, el estudio abre nuevas líneas para
futuras investigaciones orientadas a profundizar en cómo las
desigualdades hídricas afectan a mujeres, niñas y otros grupos
vulnerables, así como en el impacto de las iniciativas comunitarias =
y de
los programas de cooperación en la sostenibilidad del agua en los
territorios rurales.
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