MIME-Version: 1.0 Content-Type: multipart/related; boundary="----=_NextPart_01DC6DB0.6326C870" Este documento es una página web de un solo archivo, también conocido como "archivo de almacenamiento web". Si está viendo este mensaje, su explorador o editor no admite archivos de almacenamiento web. Descargue un explorador que admita este tipo de archivos. ------=_NextPart_01DC6DB0.6326C870 Content-Location: file:///C:/8E6931E1/1575_HuancaCoila.htm Content-Transfer-Encoding: quoted-printable Content-Type: text/html; charset="us-ascii"
DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v6i6.5027
Reconstitución
Territorial y Estado Plurinacional.
¿Mito, posibilidad, realidad?
Territorial Reconstitution and the Plurinationa=
l
State. Myth, Possibility, or Reality?
Elizabeth Lourdes Huanca Coila
elyhuanca@gmail.com
https://orcid.org/=
0009-0006-6884-026X
Universidad Andina Simón Bolívar=
La Paz – Bolivia
Artículo
recibido: 13 de agosto de 2025. Aceptado para publicación: 15 de
diciembre de 2025.
Conflictos de Interés: Ninguno que decl=
arar.
Resumen
Palabras clave:=
control vertica=
l,
territorialidad, ayllu, Andes, estado plurinacional, Bolivia
Abstract
Keywords: vertical contr=
ol,
territoriality, ayllu, Andes, plurinational sta=
te,
Bolivia
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Roboto;mso-bidi-font-family:Roboto;color:#595959'>Todo el contenido
de LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades,
publicado en este sitio está disponibles bajo Licencia <=
span
lang=3Des-419 style=3D'color:black;mso-color-alt:windowtext'>Creative Commons.
Cómo citar: =
span>Huanca
Coila, E. L. (2025). Reconstitución Territorial y Estado Plurinacion=
al.
¿Mito, posibilidad, realidad? LATAM Revista Latinoamericana de
Ciencias Sociales y Humanidades 6 (6), 1954 – 1972. https://doi.org/1=
0.56712/latam.v6i6.5027
INTRODUCCIÓN
Conceptualizaciones insinuadas
Los planteamientos de la plurinacionalidad como concepto y contenido
mismo marcan la posibilidad de integrar, articular, combinar sistemas e
instituciones de las diversas naciones que hacen a un Estado y a un sistema=
de
gobierno compartido. Siendo así, esto significa también abord=
ar
la territorialidad político-administrativa de forma abierta, flexibl=
e y
adaptada a los sistemas de las naciones y pueblos. Quebrando la rigidez del
tradicional tutelaje del Estado Nación Republicano Colonial y el
integracionismo homogeneizante de las sociedades
indígenas por considerarlas “sociedades minoritarias o
étnicas” y se plantea más bien como una apuesta de
descolonización radical (Schavelzon, 201=
5, pp.
74–78). Lo que puede traducirse en una transgresión a las
concepciones normalizadas sobre territorio, territorialidad y espacio; como=
ya
se lo vislumbra en los debates constituyentes bolivianos, cuando se contrap=
onen
los enfoque multiculturalistas y descolonizadores en relación con los
planteamientos de autodeterminación indígena, originario y
campesina (Garcés, 2006).
De acuerdo con la Propuesta de Constitución Política =
de
Bolivia elaborada por el Pacto de Unidad (la alianza de organizaciones
indígenas, originarias, campesinas y de colonizadores de Bolivia,
formada en 2002), se visualiza las propuestas de reestructuración de=
la
organización político administrativa a la luz de Entidades
Territoriales autónomas indígenas e inter=
culturales
así como regionales, tal como se enuncia en la caracterización
del Estado como:
El Estado boliviano es unitario plurinacional, pluriétnico,
pluricultural, intercultural y plurilingüe, descentralizado en
autonomías territoriales indígenas originarias y campesinas, =
en
autonomías interculturales urbanas y en autonomías regionales,
con respeto a formas de vida diferenciadas en el uso del espacio y territor=
io
(Asamblea Nacional, 2006, p. 6).
En la misma propuesta, en el segundo capítulo, referido al
Ordenamiento Territorial y Autonomías, se propone el (re)ordenamiento
del territorio con el fin de plantear una configuración que permita
desarrollar relaciones de reciprocidad entre el Estado y las Entidades
Territoriales organizadas a partir de sus sistemas propios, vigentes y que
conllevan una memoria larga de concepciones, así lo expresan los
párrafos:
Se reordena territorialmente el país sobre la base de la
constitución de autonomías territoriales indígenas
originarias y campesinas. Además, se constituyen autonomías
interculturales urbanas.
A partir de estas autonomías se constituye el sujeto auton&o=
acute;mico
del nivel intermedio.
Las naciones y pueblos indígenas originarios y campesinos se
autoconstituyen en autonomías territoriales a partir de sus propios
criterios lingüísticos, históricos, culturales, de
continuidad geográfica, organizativos (Asamblea Nacional, 2006, p. 1=
0).
Para comprender la apuesta de las organizaciones indígenas,
originarias, campesinas y de colonizadores, es preciso entender la
reorganización propuesta bajo principios, entre los que resalta la
reciprocidad que da lugar a la posibilidad del diálogo intergubernativo corresponsable y en cogestión=
:
[L]a reciprocidad se refiere a la doble dirección que tiene
ésta: por un lado, las naciones y pueblos indígenas originari=
os y
campesinos contribuyen al Estado Plurinacional con trabajo y productos (que
generalmente no es monetarizado); por otro lado=
, el
Estado Plurinacional transfiere recursos a las poblaciones que no tienen
posibilidades de autosustento (Asamblea Naciona=
l,
2006, p. 10).
Bajo estos apuntes de
partida, se abre una dimensión clave para la puesta en marcha del Es=
tado
Plurinacional con instituciones nuevas, con un nuevo reordenamiento territo=
rial
y con reconstitución de derechos a la luz de las apuestas
contemporáneas de indígenas, originarios, campesinos y
colonizadores, que contemplan su convivencia y coexistencia, en pleno
relacionamiento con sociedades interculturales. Lo que se propuso responde =
a la
larga memoria de gestión de territorios, de implementación de
sistemas económicos, políticos y de relacionamiento
intercultural, así como a los desplazamientos territoriales
contemporáneos.
¿Por qué se plantearía una nueva forma de
organización territorial? En la propuesta claramente se puntualiza q=
ue
el fin es “la descolonización de nuestras naciones y pueblos,
reafirmando, recuperando y fortaleciendo nuestra autonomía territori=
al,
para alcanzar la vida plena, para vivir bien, con una visión solidar=
ia,
de esta manera ser los motores de la unidad y el bienestar social de todos =
los
bolivianos, garantizando el ejercicio pleno de todos los derechos”
(Asamblea Nacional, 2006, p. 5). En la memoria larga y corta, las matrices
civilizatorias andinas, amazónicas y chaqueñas demuestran la
posibilidad de otras formas y formatos de organización políti=
ca
territorial. Para entender mejor esta posibilidad, es necesario desmenuzar =
las
concepciones teórico conceptuales que abrazarían estas apuest=
as,
a partir de una rápida revisión de algunos marcos teór=
icos
occidentales y andinos, que da cuenta de que no son elucubraciones aisladas=
y
cuyo contenido más bien es trascendental para repensar un modo de
gestión política entre diversos sistemas, sin la subalternización de las minorías o las
sociedades étnicas.
TERRITORIO, TERRITORIALIDAD, ESPACIO
En el horizonte de la propuesta de las organizaciones indíge=
nas,
originarias, campesinas, se privilegia la conceptualización integral,
buscando explicar las coexistencias de diversas concepciones y las
preexistencias de prácticas que dan vida a los territorios y que son
parte de una agenda vital y amplia de movimientos, naciones y pueblos indio=
s.
En este andamiaje conceptual nos encontramos con la propuesta de Mi=
lton
Santos (1996) sobre el espacio que estaría “formado por un
conjunto indisoluble, solidario y también contradictorio, de sistema=
s de
objetos y sistemas de acciones no considerados aisladamente, sino como el
contexto único en el que se realiza la historia”. Para Santos =
el
espacio es dado cuando una sociedad se apropia de la naturaleza, por lo tan=
to,
un hecho social capaz de ser descrito a partir de diferentes momentos
históricos que se adaptan o resisten a las nuevas funcionalidades. E=
sta
comprensión da la posibilidad de pensar que se habla de espacio y
tiempo, como dos elementos complementarios, muy similares a la
cosmovisión andina. Santos, además apunta que este espacio ti=
ene
movilidad a partir de que hay seres vivos, cuyas intenciones y razones como=
su
factor movilizador, permite su desplazamiento vertical, horizontal, continu=
o y/o
discontinuo.
El mismo Santos nos explica que un espacio con territorio, cuenta c=
on
un sistema político normativo, con un orden establecido, conciliado y
consensuado. Es decir, se presenta como un órgano vivo políti=
co
territorial que responde a motivadores que bien pueden expresarse en
concepciones de vida de las diversas sociedades que componen el territorio.=
Un
territorio que desarrolla territorialidad (Santos, 1996, pp. 53-92), materi=
al e
inmaterial, subjetiva y objetiva, dependiendo de los movilizadores de los i=
ntereses.
Estas características parecen estar un poco alejadas de lo implement=
ado
por el Estado – Nación; pero si está más
próximo a lo que es el orden sociopolítico territorial del
Sistema Ayllu[1] donde como
principio regulador se da la posibilidad del consenso[2]=
en las decisio=
nes
y priman los intereses de los componentes del ayllu.
Cuando vemos las realidades de las naciones y pueblos
indios/indígenas de Bolivia, nos encontramos con un escenario
superpuesto de territorialidad, una territorialidad marcada y definida por =
las
directrices estatales (división político administrativa) y ot=
ra
determinada por el cotidiano pragmático sobre la base de
axiologías de vida precoloniales de las sociedades que lo habitan y
movilizan, dinamizando sus propios sistemas políticos,
económicos, sociales y vinculándose con los sistemas externos=
de
todos los ámbitos de vida, en una suerte de interculturalidad profun=
da
como lo denominaría la hermana Nina Pacari[3]=
.
Para comprender mejor la otra territorialidad que se superpone, rec=
urriremos
a los planteamientos de Simón Yampara (2=
005,
pp. 22–53), desde la perspectiva de sistemas de vida, de la
filosofía Andina, cuyos principios de dualidad, reciprocidad,
complementariedad, relacionalidad rigen a los
territorios, donde lo humano, lo no humano y la naturaleza son sujetos que
conviven bajo la filosofía y sistema del ayllu, donde el ordenamiento
territorial responde inicialmente al sistema de alimentación, por lo
tanto el espacio para la producción de alimentos cotidianos es la sayaña[4], luego, el esp=
acio
para la comercialización o el intercambio es la aynoqa[5]=
, que adem&aacu=
te;s
se da bajo una lógica de rotación de mantas de producci&oacut=
e;n
dependiendo de las condiciones de la tierra, procurando no agotar a la
Pachamama[6]. En este siste=
ma
de vida, las wakas[7]=
/deidades
también tienen su territorialidad, así como los sujetos no
humanos y de la naturaleza/Pacha (ej. salientes de agua, bosques, etc.).
Desconocer estas lógicas, paradigmas, praxis y horizontes de
vida, que culturalmente provienen de la matriz andina, es desconocer la
existencia de vidas que se desarrollan bajo sus propias condiciones de
gestión y reproducción con una memoria larga. Desde la
lógica relacional planteada por Yampara,=
para
gestionar el territorio y la producción (no necesariamente
agrícola) “depende” de la capacidad física y de la
determinación de las deidades del lugar, a veces comprendido como que
“te recibe bien” el lugar, desde la relación subjetiva e=
ntre
el sujeto humano y el sujeto no humano.
Desde una relación sujeto humano y naturaleza, la relacionalidad se expresa en el aprovechamiento alter=
nado
de la producción agrícola como respaldo y protección p=
ara
la reproducción de la vida en el territorio, esta es la lógica
del aynoqa o rotación de cultivos y mant=
as de
cultivos. Esta lógica permite prácticas de tumba y quema, como
parte de los sistemas tecnológicos de producción sobre los
territorios de producción colectiva.
Esto implica un conocimiento pleno del territorio y sus relaciones,=
un
lugar que además puede ser continuo o discontinuo, con alturas y val=
les
que permiten la articulación complementaria y recíproca de los
ecosistemas de la diversidad, primero para la autosuficiencia alimentaria,
luego para el intercambio y la complementariedad de alimentos y productos, =
para
la salud y/o sanación, para la protección de las sociedades
humanas y naturales. Esta concepción, para Yamp=
ara
viene a ser la comprensión del territorio como la Pacha
holística, integral, donde la relacionalidad
del territorio se da por la necesidad de articular producción de
ecosistemas diversos y por lo tanto el intercambio recíproco de bien=
es y
servicios entre todos los sujetos.
Esta otra forma de relacionamiento con el territorio (sujeto), desd=
e la
cosmovisión andina (es decir, en condición de sujetxs
todxs), también cobra vigencia en las
expresiones de la economía del ayllu (teoría económica
andina). Desde los estudios de Roberto Choque, la constitución del
espacio territorial base (Pacha – territorio), está relacionado
con la interacción ecológica establecida por el control de pi=
sos
ecológicos, compuesto por dos “partes” y uno más,=
es
decir por el urqusuyu[8]=
(masculina, pa=
ra
desarrollo ganadero camélido y agricultura de altura de pequeñ=
;a
escala, normalmente situada en los desiertos del Pacífico y en la pu=
na)
y umasuyu[9] (femenina,
destinada a la agricultura en general, en los tres pisos ecológicos),
cuyo centro o punto de encuentro e intersección es el taypi, donde las dos parcialidades se unen en
complementariedad ecológica (1993, pp. 23–24).
Choque observa el desarrollo de bienes y servicios en torno a la
complementariedad ecosistémica, bajo prácticas de reciprocidad
con la Pacha y lo no humano (espíritus, deidades). También
evidencia que los colonos españoles, al no entender bien esta
lógica territorial, se organizó el cobro de tributos en
función a esta dualidad territorial y el tipo de producción de
bienes y servicios (Choque, 1993, pp. 25–34).
LA TEORÍA DE LA COMPLEMENTARIEDAD VERTICAL ECO-SIMBIÓ=
TICA
Reforzando lo planteado por Yampara y C=
hoque,
en el Tawantinsuyo se observaba un doble ordena=
miento
territorial, de abajo hacia arriba, desde lo ayllus (unidad básica)
hasta las Markas, sin necesidad de tener contin=
uidad
territorial, precisamente para asegurar el acceso a diversos pisos
ecológicos. Es decir, una nación que practicaba este ordenami=
ento
podía tener ayllus en zonas de puna como de valle o costa o llanos. =
Cada
unidad tenía una locación en el marco de la dualidad, es decir
era territorio masculino o femenino (aran – urin=
),
que al complementarse o agruparse formaban niveles superiores de
territorialidad (ejemplo: doble “señorío” confede=
rado
Charka y Qhara Qhara[10] que cubr&iacut=
e;a
todo el actual Norte de Potosí, partes aledañas de Oruro y
Cochabamba). El otro plano del ordenamiento estaba dado por el acceso
territorial de arriba hacia abajo, propio del avance incaico mediante
acción militar, que al agruparse constituyeron los cuatro suyus del Tawantinsuyo. E=
n esta
dualidad de ordenamientos territoriales también se ordenaba una dual=
idad
de estructuras de gobierno, de lo macro a lo micro y de lo micro a lo macro,
encontrando Taypinaka/centros de articulaci&oac=
ute;n,
como Cuzco (Albó y Barrios, 2006, p. 9).=
Para comprender mejor este concepto de control vertical
eco-simbiótico, inicialmente identificado, estudiado y modelado por =
el
boliviano Carlos Condarco, re-estudiado y difun=
dido
ampliamente por John Murra (quien se hizo famoso con este tema)[11]; desmenuzamos =
los
hallazgos realizados por ambos de manera coordinada y complementaria. Conda=
rco
(1987, pp. 97–98) da cuenta de la simbiosis interzonal que desarrolla=
ron
pueblos diversos de la región andina, en una discontinuidad territor=
ial,
que contemplaba contar con territorios en diferentes pisos ecológicos
(de ahí lo vertical) a fin de desarrollar producción que
garantice la alimentación de la sociedad, con productos de la puna y=
de
valles, que permita el intercambio con otros pueblos y naciones para
complementar sus necesidades; esta noción condicionó el
desarrollo de distintas formas de gestión del paisaje por cada puebl=
o o
nación, soportado por un sistema de gobierno altamente territorializ=
ado
al interior y altamente diplomático en su relacionamiento con los ot=
ros
pueblos o naciones por la necesidad de transitar por territorios de tercero=
s y
por el intercambio comercial. Esta dinámica también
permitió el desarrollo de macro adaptaciones de la movilidad poblaci=
onal
como de los ecosistemas, podemos concluir que esto implicaba todo un desarr=
ollo
tecno socioeconómico.
Murra (1987, pp. 50–81) aplica esta teorización en el
análisis de tres casos que grafican la materialización del
concepto, concluyendo:
El desarrollo exitoso de una civilización en un territorio
aparentemente adverso por las zonas muy montañosas en la regió=
;n
andina, tiene correspondencia con el desarrollo tecnológico de terra=
zas
agrícolas, componiendo un núcleo de archipiélagos
productivos. A través del terraceo se aprovechan las condiciones
climáticas entre altas y bajas, entre zonas secas y más
húmedas, se maneja los micronutrientes de la tierra.
El sistema productivo por archipiélagos también
determinó la forma de distribución de la población para
que funcione en un terreno agreste. Las naciones y pueblos tenían
capacidad de producir para alimentar a toda la población que
existían en Los Andes, en condiciones difíciles de desierto en
Chincha o húmedas alrededor del Lago. Las sociedades inventaron y
crearon métodos para alimentar a toda la gente, construir terrazas,
acequias, murallas, ciudades, templos. Existe evidencia de gente fuerte y
altamente móvil, podía viajar largas distancia y desarrollar
sistemas de vida diversos.
De lo local pasaron a lo vertical, es decir al control de otros pis=
os
ecológicos, para combinar la productividad de las zonas entre 0 a 38=
00
metros sobre el nivel del mar, en territorios distribuidos como islas con
distancias cortas o largas, 2 o 3 días de camino, en
contradicción con la geografía europea y el mismo modelo
económico productivo moderno colonial.
Hay evidencia que en Los Andes el territorio de una nación o
pueblo era disperso y combinado en altitud y ecología, cada uno
tenía territorios a 2 o 3 días de camino, denominada
territorialidad discontinua. Lo cual implicaba que las varias sociedades
tenían que convivir, bajo la lógica necesaria de respeto a las
caravanas que tenían que atravesar territorios de otros o ajenos para
llegar a uno de los islotes de su territorio, he ahí la verdadera
diplomacia de los pueblos. Se sabe de la existencia de peleas pero que
tenían que ser saldadas con acuerdos de paz y cooperación por=
que
todos necesitaban sobrevivir. Todos necesitaban maíz del occidente, =
coca
o madera del oriente o yungas, pescado o yuyos de la costa, etc.
También se han identificado zonas o pueblos donde no funcion=
aba
este sistema, o sociedades en las cuáles sus islotes territoriales e=
staban
a una semana o más de caminada, lo cual no impedía que
pertenezcan a una unidad política mayor, con gobierno y sistemas
económicos propios de sus sistemas de vida y ecología.
La noción de archipiélagos contiene a los territorios
dispersos o islotes que luego formaban una unidad territorial, que a su vez
pertenecían a una unidad mayor.
Esta relación territorial solamente se puede comprender a pa=
rtir
de la interacción de los principios de la filosofía de vida
andina:
Relacionalidad: entre sujetos humanos, no humanos y
naturaleza, donde cada uno aporta con sus capacidades y potenciales.
Correspondencia: como un sistema de sujetos, donde el movimiento de=
uno
afecta o moviliza a otros; más visible en el caso de los acuerdos de
convivencia de las naciones y pueblos.
Reciprocidad: en el intercambio de bienes y servicios, con la misma
Pacha[12] y lo no humano.
Constituyéndose en uno de los principales mecanismos e instituciones=
de
relacionamiento entre pueblos (preinca) y de articulación de la
estructura de gobierno mayor en el periodo inca.
Complementariedad: entre sujetos, pueblos, naciones y sistemas
político económicos. Sin necesidad de ser iguales o con
continuidad territorial, se daba la doble complementariedad territorial (ar=
riba
– abajo y abajo – arriba).
Dualidad: con la gestión del territorio urin
– aran, uma – =
orko,
femenino – masculino, para la recreación de la complementaried=
ad y
reciprocidad de los ecosistemas.
Hasta fines de 1980, se evidenció de que existen experiencia=
s,
rastros, vestigios y ejercicio de esta forma de gestión territorial,=
lo
que también alimentó el proyecto político de las nacio=
nes
y pueblos que fue incluido en la propuesta de una nueva Constitución
Política de Estado Plurinacional en interpelación al Estado
nación republicano colonial y monocultural que solamente se piensa d=
esde
la división político administrativa de nueve departamentos, y=
no
está dispuesto a abrirse a una nueva noción considerando la
territorialidad de lxs ind=
ixs,
indígenas, campesinxs, originarixs.
Existe una memoria larga de gestión y movilidad territorial de las
sociedades andinas, que reproducen sistemas de intercambio de productos (del
territorio e industrializados), con matices modernos y contemporáneo=
s,
que siguen las viejas rutas de caravanas que conectaban partes de los antig=
uos
archipiélagos (el caso de los Cauri, los Curahu=
ara,
los Pakajaqes), y existen ferias especializadas=
en
comercialización sin la intermediación monetaria.
Estas evidencias permitieron a Condarco y Murra (1987, pp. 95–=
;98)
concluir que subsiste la complementariedad ecológica andina, y que no
pudo ser desestructurada ni por Tawantinsuyo ni=
por
el régimen colonial europeo, pero si fueron altamente afectadas por =
las
normativas republicanas y reformas agrarias que privilegiaron la propiedad
individual, y la delimitación territorial continua. La complementari=
edad
ecológica probablemente fue el mayor logro humano de las civilizacio=
nes
andinas, como sistema múltiple e integral de gestión del
territorio (relacional) en términos de alimentación,
productividad, economía, política y relaciones internaciones.
Aunque Murra y Condarco no lo mencionan explícita y ponderadamente,
estas relaciones territoriales conllevan un alto grado de relacionalidad
entre los sujetos del sistema, entre lo humano, no humano y la naturaleza, =
esto
posibilita el pensar en tecnologías y formas de agricultura que no c=
anse
a la Pacha, traslados e intercambios no sólo de productos sino
también de servicios como el de los Kallawayas<=
/span>
(médicxs tradicionales situados en Boliv=
ia) o Ch´amaqanis (curadorxs
espirituales, visionarios).
LA TERRITORIALIDAD DISCONTINUA Y EL ESTADO PREMODERNO
Y ¿cómo es que de un sistema de vida con estructuras =
de
gobierno eco-simbióticas tiende a desaparecer? Los estudios de
María Rostworowski nos dan pistas de la perspectiva temporal de
construcción de Estado–nación bajo nociones modernas y
coloniales, con un nuevo orden afincado en el control de los recursos y de
poblaciones, donde la territorialidad discontinua no cabe, tampoco la
transformación que tiene base en el avance de la colonización
Inca, que optimizó la función de la institución de la
“reciprocidad” que había sido desarrollada dentro y entre
las comunidades, para luego el incario desarrollarlo como modo de
interacción y relacionamiento con las naciones que componían =
su
Estado.
Sin embargo, para Rostworowski, es posible que la gran expansi&oacu=
te;n
del Estado Inca, haya encontrado como estorbo la reciprocidad por la dificu=
ltad
que conllevaba las acciones de relacionamiento con los curacas (que cada vez
eran más a medida que se expandía el territorio de dominio), =
como
solución a este problema se implementaron centros administrativos, d=
onde
los señores comarcanos se reunían para desarrollar los ritos y
acuerdos de reciprocidad. La experiencia desarrollada por las naciones y
pueblos andinos preincaicos de control de los pisos, luego fue asumida por =
los
señores incas en formato de mitimaes o mitmas=
span>,
que funcionaban como grupos o clanes familiares especializados en la
producción de algún bien o servicios que eran trasladados de =
un
lugar a otro, este mecanismo fue parte de la construcción del Estado
incaico. Entonces, se puede concluir que el sistema de reciprocidad fue la
basé del sistema económico y político, sin la interven=
ción
de la moneda, que permitió la redistribución de lo acumulado,=
por
las exigencias constantes de “donaciones” que la instituci&oacu=
te;n
de la reciprocidad exigía; esto también obligó al gobi=
erno
Inca al desarrollo de mayor fuerza de trabajo con yana=
s/mano
de obra (2005, pp. 16–20).
Uno de factores críticos para la gestión polít=
ica
fue la administración de los almacenes de bienes y alimentos, a
través de las colcas, en ellas se evidencia el desarrollo
tecnológico para guardar/almacenar los alimentos (maíz, coca,
papa, etc.), en tan diversas formas como diversos los pueblos. Otro factor =
fue
la planificación y la administración de estadísticas de
población y el capital para el sistema de reciprocidad. En suma, el
incario, sobre la base de los diversos pueblos y naciones andinos,
desarrolló un Estado de gobierno interdependiente posible a partir d=
e un
modo de gestión territorial vinculado a una estructura políti=
ca
tejida entre gobiernos locales propios y gobierno macro, sobre la base de u=
na
economía de reciprocidad más próximo a un Estado comun=
itario
y plural; diferente al Estado–nación moderno colonial
republicano impuesto en los siguientes años.
Cuando los españoles llegan, según estudiosos y
cronistas, no encuentran sociedades hambrientas o en malas condiciones. Tam=
poco
abandonas, todos tenían lo básico, estaban organizados, de tal
manera que la corona española rescata algunos mecanismos y que son <=
span
class=3DSpellE>funcionalizados a su sistema de colonización y
explotación. Lxs in=
dixs
aplican el sistema de reciprocidad para relacionarse con el colonizador,
implementando “ruegos”, “donaciones” y
“pedidos” a los “visitantes”, pero el colonizador
sólo impuso un sistema de violencia y esclavización que se
aprovechó de esta forma relacionamiento, la deformo e implement&oacu=
te;
la mitaya.
Esta forma de relacionamiento, al parecer no solamente era de los
andinos, pues a través de la célebre frase del abuelo Zenon (García Salazar y Walsh 2017; 43)
“nosotros éramos antes que los Estado–nación, en =
la
medida en que convivíamos con las montañas y aguas, fuimos
sembrando los derechos, por eso para reconocer los derechos ancestrales es =
muy
importante el territorial y la cultura, supera límites temporales de
Estado-nación”, corre la frontera temporal y se entra en tiempo
ancestral, también en el tiempo colonial donde se comienza a jerarqu=
izar.
Desde las memorias de los pueblos afrodescendientes, se puede intuir la
noción de gestión territorial con un tipo de control vertical=
y
un diálogo con los sujetos de la naturaleza y lo no humano; lo cual =
nos
permite divisar la posibilidad una memoria viva y la posibilidad de la
persistente existencia, solapada, de dos sistemas de vida o de varios
horizontes eco-simbióticos que fueron subaltern=
izados
por la geografía colonial.
Estas concepciones, también colocan en cuestionamiento a
nociones como migración, movilidad, nomadismo, que desde las ciencia=
s eurocentradas, son categorías indiscutibles que
reducen al sujeto como “protagonista” de una cierta movilidad
humana; invisibilizando la posibilidad de una geografía y gesti&oacu=
te;n
territorial por parcialidades, por islotes, por archipiélagos. Enton=
ces,
el Estado precolonial el control eco simbiótico de las naciones y
pueblos, también contenía un sistema político con
relaciones de poder basadas en la reciprocidad. En sí, las naciones y
pueblos, con sus gobiernos propios formaron un movimiento de conexió=
n de
relaciones, que generaba una experiencia de vida interconectada, lo que pro=
dujo
y dejó una memoria de tejido territorial más amplio. En este
marco, las divisiones político-administrativas republicanas no caben,
por ello se habla de la coexistencia de dos territorialidades, una oficial y
otra práctica.
Este desarrollo territorial estatal también muestra la
posibilidad de una geografía multiescalar a partir de la integralida=
d de
los componentes de territorios discontinuos, pero con correspondencia con t=
odos
los ámbitos de gestión económica, política,
cultural, ambiental. Si tan bien funcionaban estos sistemas, ¿por
qué siguen invisibles? Probablemente la respuesta está altame=
nte
asociada a la desterritorialización colonial e imperial para el cont=
rol
de recursos y poblaciones con el objetivo de explotarlos; este marco
predeterminó el lugar del/la sujetx indix, la razón válida y los sistemas de
gobierno estatal instaurado que los Estado–nación republicanos
perfeccionaron. Es decir, el mecanismo de subalterniza=
ción
también implicó el despojo y control territorial /
geográfico al modo colonial extractivista. Esto también dio l=
ugar
a geografías racializadas, empobrecidas por el sistema, marginales o
expulsoras de las sociedades, empero con importantes recursos naturales y
humanos.
LA TERRITORIALIDAD PREMODERNA VIVA Y SU DISPUTA CON LA TERRITORIALI=
DAD
MODERNA
En la actualidad, a pesar de la institucionalidad territorial objet=
iva
establecida por el Estado Nación, existe una especie de
yuxtaposición de la territorialidad objetiva y subjetiva de las naci=
ones
y pueblos indígenas. Todavía encontramos sociedades andinas q=
ue
aún reproducen estas formas de control vertical de pisos
ecológicos, archipiélagos territoriales, con sus matices,
adaptaciones, reducciones y domesticaciones producto del tiempo de resisten=
cia
al establecimiento de un sistema de ordenamiento territorial colonial
republicano monocultural.
Las sociedades indias con memoria colectiva de gestión de la
vida bajo esta noción de control vertical eco simbiótico,
actúan frente y a pesar del Estado monocultural y colonial, recreando
sus fuentes de poder socioeconómico y sociopolítico, de
ahí la demanda de autonomías indígena originario
campesinas (AIOC) y/o la reconstitución
territorial de ayllus, markas, suyus.
A partir de esta memoria colectiva de gestión estatal, tener
autonomía de gobierno o reconstituir los gobiernos propios no signif=
ica
implementar una sola lógica estatal sino más bien, a partir de
principios de reciprocidad, complementariedad y relaci=
onalidad,
se asume que ineludiblemente se tiene que mantener formas de
articulación vertical con sistemas políticos mayores,
horizontales con sistemas políticos y entidades territoriales
subnacionales, y diagonales con las distintas organizaciones y mecanismos q=
ue
transitan en la territorialidad india.
Bajo estos antecedentes, incluso es posible pensar en un
archipiélago institucional y de entidades autónomas
territoriales, donde es posible funcionar con relaciones paraestatales y
estatales, con lógicas multidimensionales de complementariedad entre
diversos, cada una con sus sistemas propios[13]. Se esperaba q=
ue
el Estado Plurinacional incluya la posibilidad de reconfigurar las unidades
territoriales, particularmente para dar paso a la constitución de AIOC.
Estudiosos como Carlos Condarco, John Murra, María Rostworow=
ski
entre otros, identificaron tanto en Perú como en Bolivia, a sociedad=
es
que practican esta relacionalidad territorial.
Posteriormente, a partir de la demanda de constitución de AIOC, desde la Organización No Gubernamental (=
ONG)
Instituto Social de Apoyo Legal Potosí (ISALP=
span>)
de Potosí Bolivia, generaron estudios más concretos sobre la
pervivencia de estos modos de gestión territorial. Uno de los espaci=
os
estudiados es el Norte de Potosí, región donde radican ayllus
guerreros que mantienen su articulación con otras regiones,
además de constituirse en una de las regiones con íconos
históricos de rebeliones y luchas anticoloniales como el caso de Tom=
as
Katari o Fausto Reinaga.
Los señor&iacu=
te;os aymaras, fueron unidades sociopolíticas
autónomas, con sistemas tradicionales iguales, administración=
y
normas sociales. Estas unidades se conformaron, según estudios, a
raíz del debilitamiento de Tiwanaku,
conformando regiones de autogobierno con matices cl&aa=
cute;nicos,
que mantuvieron el control vertical de los pisos ecológicos, por ell=
o se
observa en el mapa como unidades sobrepuestas o yuxtapuestas en determinados
espacios. Estas unidades responden a una estructura ambigua
socio-política, explicada a partir de su composición por vari=
as
étnicas o pueblos, que no necesariamente eran homogéneos.
Uno de los señoríos fue el de Qh=
ara
Qhara ubicado en lo que ahora es el Norte de
Potosí y parte del centro del mismo departamento (Platt, 1987, pp.
66–75). A partir de estas unidades nos permite acercarnos sobre las
construcciones de nociones de Estado y Nación sobre una noción
pluralista e inter-nación con poder diárquico, y nos permite ver la posibilidad del
desarrollo de un sistema político social ambiguo, que bien se puede
articular a la comprensión desde las naciones y pueblos precoloniale=
s y
su reconfiguración durante la Colonia, la República y ahora el
Estado Plurinacional.
Figura 1

Mapa de los
señoríos aymaras (1200 a 1438)
Fuente: (Murra, 2002).
Los Qhara Qhara y
los Charkas, señoríos aymaras ubicados en una región estratég=
ica
para Inkas y luego españoles, por encont=
rarse
en el corredor territorial de explotación mineral (Platt 1987,
101–105). Esta comprensión que encierra la posibilidad de conv=
ivir
y relacionarse con y entre diversas identidades en sistemas iguales,
administrativos y normas sociales. Esta comprensión pudo ser la base=
de
los planteamientos de plurinacionalidad desde las naciones y pueblos
bolivianos, con una ocupación de territorios de acuerdo con su
lógica de manejo territorial y al control de pisos ecológico,=
con
gobiernos locales propios articulados y complementarios en un gobierno mayo=
r.
Una unidad organizacional que en la actualidad plantea su proyecto =
de
constituirse en Entidad Autónoma Indígena, es la propuesta de=
l Suyu Charka Qhara
Qhara, en su tiempo denominado como
confederación de los Charka, conformado =
por
las naciones Qhara Qhara=
span>,
Chicha y Chui. Las crónicas y los investigadores dan cuenta que su
ubicación estaba desde el sur de Caracollo – Oruro, en la cabe=
cera
norte de Potosí, con presencia en el centro y sud (por la noci&oacut=
e;n
control vertical de pisos ecológicos) así como en parte de
Cochabamba. Con una organización territorial, que responde y est&aac=
ute;
en función a la matriz andina, ordenamiento en base a la Chakana / Jach´a Qhana, en la tetraterritorialida=
d
de la gestión integral de la vida, bajo la noción de
tiempo–espacio de la Pacha; territorialidad con parcialidades interna=
s y
complementarias, así como con taypis, co=
n dos
mitades, un orkosuyo – masculino y un
Demás esta entrar en la explicación epistemoló=
gica
de la comprensión de las dimensiones en el mundo andino (4) y los
principios en la gestión del territorio (urin=
span>
– aran, orko – uma).
Ordenamiento que se fue ajustando y acomodando con el paso de las
administraciones, procesos de colonización Inka=
,
de invasión española, de racializaci&oac=
ute;n
republicana.[14] <=
span
lang=3Des-419 style=3D'font-size:10.0pt;line-height:115%;font-family:Roboto;
mso-fareast-font-family:Roboto;mso-bidi-font-family:Roboto'>
Figura 2

Mapa de franjas
étnicas de los Qhara Qhara
y Charka
Fuente: (ISALP, 2010)
De acuerdo con los estudios del mismo Platt, Murra y de las
investigadoras de ISALP, hoy en día esta
dinámica de movilidad territorial aún pervive, de ahí =
el
planteamiento del Suyo Charka para la
reconstitución de su confederación, pero ahora en clave de
autonomía indígena como se planteó el Estado Plurinaci=
onal
con su nueva constitución. Para Gonzales y Guti=
errez
(2011), la probabilidad de la gestión territorial discontinua se man=
ifiesta
a partir de las solicitudes de titulación de propiedad colectiva de =
la
tierra, figura que fue adoptada para pedir la titulación de los ayll=
us
como Tierras Comunitarias de Origen – TCO=
/
Territorio Indígena Originario Comunitario - TI=
OC[15]. Esta propuesta
sitúa la posibilidad de impulsar el saneamiento de tierras donde se
asientan los ayllus como TCO / TIOC,
cuya “autonomización” luego daría la posibilidad =
de
la conformación de una Unidad Organizativa de modo confederado.
Figura 3

Mapa de los ayl=
lus
de Charka en la actual configuración mun=
icipal
Fuente: (ISALP, 2011).
Retomando, el caso del
Norte de Potosí, la propuesta de la confederación Charka, pone en cuestión la superposició=
;n de
naciones y pueblos actualmente, a lo que se le denomina migración, c=
on
una jerga que no explica la realidad, porque las naciones y pueblos se muev=
en
autónomamente. Por ejemplo, en el Norte de Potosí, existe una
clara diferenciación de franjas étnicas dentro de lo que son =
las
naciones Charka y Qhara Qhara, que actualmente tiene correspondencia aglomera=
da con
los municipios, sin embargo, no visibiliza la transita=
bilidad
de los pueblos entre la puna y los valles, ya sea dentro del mismo norte de
Potosí, o al sur de Potosí, o al trópico de Cochabamba=
, o
incluso un ayllu que llega hasta región amazónica beniana (con
propiedad privada)[16].
La iniciativa expuesta por Qhara Qhara no es aislada pues en el proceso de
elaboración del Estatuto Autonómico de Corque Marka,
otro territorio que pretende constituirse en AIOC,
los debates determinaron una forma de interacción e interrelacionamiento
que supera los límites política administrativos designados de=
sde
el ordenamiento republicanos colonial, como se observa en la figura abajo. =
A partir de la diagramación de las relaciones intra y extra
territoriales, la reflexión de los estatuyentes=
derivó en planteamientos estratégicos para la conformaci&oacu=
te;n
de un modelo económico productivo que potencia la presencia de corquemarkeños en diferentes lugares, proponie=
ndo
impulsar la producción e industrialización de carne de llama =
y la
comercialización/distribución a través de la
población que está en otras regiones (Huanca, 2018, pp.
240–44).
Figura 4

Diagrama de
Fuente: (Huanca, 2018, p. 245).
Sin embargo, con la reglamentación del acceso a AIOC en Estado Plurinacional, uno de los principales
requisitos es la necesidad de tener continuidad territorial (Ley Marco de
Autonomías y Descentralización, 2009). Condición que
obvia, borra la posición o el argumento fundamental de las naciones y
pueblos andinos, de reconstituir su autogobierno, lo cual implica recrear o
fortalecer el sistema de control de pisos ecológicos y el desarrollo=
de
relaciones equilibradas, control político y gestión de la
reciprocidad y complementariedad en toda su comprensión.
La posibilidad de descolonizar el Estado Republicano con su
división político-administrativa, o abrir la posibilidad de la
coexistencia de sistemas territoriales fue una discusión breve en el
proceso constituyente. Fue el antropólogo jesuita Xavier Albó, por entonces director de CIPCA[17], quien
circuló por algunas comisiones la propuesta de una reorganizaci&oacu=
te;n
del mapa de Bolivia. No obstante, la propuesta se dejó de lado frent=
e al
riesgo de motivar posiciones regionalistas. En ella se hablaba de estimular=
la
propiedad comunal de la tierra y demás recursos naturales para la
consolidación de unidades de producción comunitaria y con
territorios intercomunales, pudiendo avanzar a la reconstrucción de
territorios nacionales (Schavelzon, 2015, p. 77=
).
Esta noción de control vertical eco-simbiótico
también está presente en las dinámicas de econom&iacut=
e;a
popular que desarrollaron las poblaciones andinas dentro de Bolivia y en ot=
ros
países donde existen “migrantes” bolivianos. Uno de los
principales investigadores de la economía popular, Nico Tassi, a partir de estudios de casos concretos plante=
a que
los tejidos y capilaridad de las relaciones de producción y
comercialización permite evidenciar como las comunidades forman una
institucionalidad que es “móvil”, posibilitando formas
propias de gestión el territorio; una institucionalidad capaz de def=
inir
la gestión de espacios públicos, el aprovisionamiento de
servicios básicos en el control de las rutas económicas y
geopolíticamente estratégicas; y capaz de desarrollar articul=
ación
entre regiones y mercados, que desde las lógicas moderno capitalista=
s,
son concebidas como incompatibles (Tassi y Cane=
do,
2018, p. 258).
No es extraño ver el desplazamiento de =
tamas[18] familiares des=
de
lugares de alta elevación hacia valles, para desarrollar actividades=
de
laboreo agrícola o para el intercambio comercial, como parte de sus
estrategias de vida y sistemas económico-productivos. En sus
últimos estudios Murra describe como las familias tenían
capacidad de movilizarse como migraciones temporales familiares, intercambi=
os
entre alimentos, y se movía de lugares, sin dejar de ser del otro
territorio. Lo cual no significaba dejar la pertenencia étnica. Algo=
que
contemporáneamente se puede observar, en la facilidad de la movilida=
d de
sociedades andinas a contextos urbanos sin dejar de tener actividades en su
lugar de origen probablemente rural u otro lugar urbano. Esto se observa
también en poblaciones como Papachacras =
de
Tarija, donde la comunidad entera se desplaza por temporadas de zonas
frías y altas, a zonas de valle y cálidas, desplazando inclus=
o la
escuela, en una suerte de doble vida, doble o multires=
idencia.
Otros suyus y ayllus, poblaciones de comunidades
ubicadas en el altiplano y que tienen tierras o intercambio – de larga
data o memoria – con tierras yungueñas, vallunas, es el caso de
los comunarios de Curahuara de Carangas (situad=
a en
Oruro, frontera con Chile), cuya movilidad es multires=
idente,
pues tienen terrenos en yungas, desarrollan su vida comercial entre ciudade=
s de
Oruro y El Alto, y tienen temporadas de trabajo e intercambio comercial con
Chile.
CONCLUSIONES: DESAFÍOS PARA LA MATERIALIZACIÓN DEL ES=
TADO
PLURINACIONAL Y LA TERRITORIALIDAD COLONIAL
A partir de la relacionalidad de los
sistemas, no se puede hablar de un “modelo endógeno” por=
que
este generaría contradicciones internas, la ontología andina
(todo y todos sujetxs) de gestión de esp=
acios
y territorios amplía la posibilidad de relacionamiento
interétnico bajo la ética de la reciprocidad, complementaried=
ad y
dualidad, ética para la sobrevivencia de sociedades primordialmente =
con
alimentación, salud y sistema de gobierno, a través de la
institucionalidad básica de la comunidad/ayllu.
Se podría decir, que de alguna forma es un gobierno en busca=
de
bienes comunes, lo cual también deriva en crisis, rivalidades,
desequilibrios para retornar al crecimiento recíproco, además
porque los factores y dinámicas siempre son cambiantes (ej. crecimie=
nto
de población, necesidad de más territorio, más
alimentación, más vestido, esto da lugar a transformaci&oacut=
e;n
de la norma por circunstancias objetivas de reproducción). Ninguna n=
orma
es a posteriori, es post a la experiencia del grupo, crea acuerdo y consenso
que se vuelve norma. Norma como conciencia de la costumbre, racionalizaci&o=
acute;n
de la costumbre. Esto implica desmontar el sistema colonial republicano
instaurado en todos los ámbitos de la gestión de polít=
ica
y políticas públicas.
Si bien, existen avances jurídicos contemporáneos por=
el
reconocimiento de la propiedad colectiva de naciones y pueblos
indígenas, estos son reducidos. Entre 1990-2008, a partir de la Marc=
ha
por el Territorio y la Dignidad y con la creación de las organizacio=
nes
indígenas nacionales a partir de los años 80, se recupera el
concepto de territorio y se accede a ellos a través de la Ley INRA (1996) con el concepto de las TCO,
que institucionaliza la GTI, la legaliza. Aun
así, los territorios siguen siendo unitarios y reducidos, por lo tan=
to,
los sistemas de gobierno y estrategias de vida, oficialmente se reducen a e=
sta
territorialidad. Sin embargo, las sociedades andinas reconfiguran sus
dinámicas y siguen manteniendo las relaciones de complementariedad y
reciprocidad territorial y económica, ya sea en formato de ayllu, TCO/TIOC o comunidad
sindicalizada o barrio urbano. Con la reforma constitucional, esta
dinámica continúa y las Autonomías indígenas, c=
omo
ya lo vimos, tienen una limitación para su conformación
territorial.
El avance del paradigma de Vivir Bien, en un Estado Plurinacional, =
NO
será posible con una mayor capacidad de gestión políti=
ca,
sin adecuado ordenamiento y normativa política que rompa las cadenas=
del
sistema liberal moderno, que sea capaz de conjugar lo privado con lo
público y lo colectivo con lo individual. También requiere de=
un
giro en la comprensión de la gestión de políticas para=
la
diversidad de sociedades presentes en Bolivia, de manera que se puedan
complementar políticas públicas y condiciones de desarrollo d=
e un
sistema de seguridad alimentaria y económica para las familias de las
naciones y pueblos indígenas en complementariedad con los otros
sistemas.
En Bolivia, los territorios indígenas están atravesad=
os
por una multiplicidad de gestiones, y uno de los aspectos más lacera=
ntes
con la gestión autónoma es la vinculada a minería. La
posibilidad de reconfigurar los sistemas de reciprocidad cuando la activida=
d no
está bajo control de las estructuras de gobierno de las naciones y
pueblos. Lo cual implica, la redistribución del poder territorial.
Figura 5
Superposición de actividad minera con territorios
indígenas
Fuente: (CEDIB, 2015).
Se requiere de la “liberación” de las unidades
territoriales administrativas reconocidas, es decir, se requiere de la
transgresión del mapa de la división política administ=
rativa;
hasta el momento solo la nación Chui con un territorio en Raqaypampa (Mizque – Cochabamba) llegó a=
la
conformación de una autonomía vía territorio,
desmembrándose del municipio de Mizque, pero para su verdadera
reconstitución requiere de la conformación de otras AIOC y su posterior articulación bajo una unid=
ad
administrativa. Otro desafío será en lo más operativo,=
sin
ir lejos, la política agroalimentaria tendría que salir de su
enfoque de distribución de semillas o solamente optimización =
de
la producción en un solo lugar, tendría que plantearse la
posibilidad de analizar la formación de tejidos de producción=
e
implementación de un sistema comercial basado en la reciprocidad, al=
go
que no es tan mítico pues los andinos, adaptaron sus práctica=
s y
sistemas a las actuales condiciones globales, a través de la creativ=
idad
para garantizar la reproducción del grupo humano, de las naciones y
pueblos, con multiresidencia y la adquisici&oac=
ute;n
de terrenos ya sea pagando por ellos o haciendo prevalecer sus derechos
fiscales coloniales.
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Todo el contenido de LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades,
publicados en este sitio está disponibles bajo Licencia =
Creative Commons
.
[1]=
El Ayllu objetivamente es una territorialidad =
de
sociedades andinas donde se desarrollan sistemas políticos,
económicos, sociales, culturales y territoriales desde prácti=
cas
propias, que emanan de una matriz civilizatoria andina. Es así que, =
en Ayllu,
por ejemplo, se cultiva bajo un sistema de rotación agrícola
familiar para permitir el descanso y renovación de nutrientes de la
tierra a quien además de activo de producción se la considera=
Pacha
mama, es decir Madre Tierra, con una posición superior a lo huma=
no y
con quien se interactúa pidiendo permiso para ejecutar actividades u
obras en su seno.
[2]=
Que no es lo mismo que la unanimidad, también =
hay
discrepancias y desacuerdos, es un principio de la cosmovisión andin=
a la
disputa, la crisis, la pelea como punto de inflexión para nuevas
propuestas o procesos.
[3]=
Lideresa e intelectual kichwa
del Ecuador que alude a la interculturalidad profunda como la praxis de las
naciones y pueblos en conjugación con los sistemas occidentales
impuestos.
[4]=
Denominación en aymara,
al lugar de vivienda y cultivos de consumo familiar.
[5]=
Denominación en aymara
al lugar de cultivo familiar, no permanente porque rota cada año.
[6]=
Definición en aymara de
la Madre Tierra desde un concepto amplio donde Pacha implica espacio
– tiempo, por lo tanto, tierra no sólo se traduce como activo =
de
producción como en la literatura occidental.
[7]=
Denominado así a seres no humanos situados en
lugares sagrados.
[8]=
Denominación en quechua, de una parcialidad
territorial complementaria.
[9]=
Denominación en aymara
de la otra parcialidad territorial.
[10] Son denominaciones de Suyus,
que agrega a las Markas (unidad intermedia), que
agregan a los Ayllus (unidad menor). Potosí, Oruro y Cochabamba son =
tres
de los nueve departamentos de Bolivia, en el ordenamiento republicano moder=
no
colonial.
[11] El mismo Murra lo reconoce incluso con una conferenci=
a,
sin embargo, el aparato académico que soportaba su trabajo era mayor=
que
el trabajo individual desarrollado por Condarco, por tal motivo este recono=
cimiento
no tuvo mucha repercusión. Sin embargo, para este texto analizamos u=
na
publicación elaborada por ambos y que sintetiza lo esencial de la
conceptualización y los hallazgos desarrollados por ambos
investigadores.
[12] Noción y concepto de tiempo y espacio atribuid=
o a
la cosmovisión andina.
[13] En contraposición a los sistemas impuestos des=
de
la invasión española, con las reducciones toledanas (1571), c=
on
perfiles unidimensionales, que generan condiciones de pobreza porque reduce=
n a
los pueblos y los arrinconan geográficamente a localizaciones
únicas, pretendió cortar las formas de intercambio de bienes y
sistemas políticos relacionales.
[14] Platt (2018) en una de sus últimas publicacion=
es
habla del “pacto de reciprocidad” como mecanismo bajo el cual l=
os
indios de los ayllus, hicieron respetar su derecho propietario y con ello la
noción de control de los archipiélagos territoriales, a partir
del techo fiscal bajo el cual se amparaban y mantenían sus relacione=
s.
Esta figura se retrata claramente desde el análisis de relaciones
desarrolladas por el Curaca Agustín Carvajal, curaca de Macha, y su
persistente lucha contra los abusos de los mestizos, ante lo cual se
defendía con los documentos que evidenciaban las contribuciones fisc=
ales
del territorio, lo cual generaba la obligación de la corona
española y posteriormente del gobierno republicano a proteger a sus
contribuyentes como una relación recíproca.
[15] Denominación última que adquirió=
la TCO pasando a ser TIOC co=
n la
nueva ley de reconducción comunitaria. El fondo sigue siendo el mism=
o,
la posibilidad de la titulación de tierras en forma colectiva. Aunqu=
e es
un proceso que se quedó “casi” paralizado desde el 2012.=
[16] Santos dice, los territorios no son por
sí mismo, sino un conjunto de todo. Habitantes, procesos, sistemas,
población, tierra, relaciones, procesos que se dan (2000).
[17] Una de las ONG más importantes que apoyó=
; el
proceso constituyente desde el movimiento indígena y campesino.
[18] En Aymara significa, grup=
os o
clanes familiares.
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidad=
es,
Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, diciembre, 2025,
Volumen VI, Número 6 p 1953.
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidad=
es,
Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, diciembre, 2025,
Volumen VI, Número 6 p 1953.