MIME-Version: 1.0 Content-Type: multipart/related; boundary="----=_NextPart_01DC8F77.3D89BF30" Este documento es una página web de un solo archivo, también conocido como "archivo de almacenamiento web". Si está viendo este mensaje, su explorador o editor no admite archivos de almacenamiento web. Descargue un explorador que admita este tipo de archivos. ------=_NextPart_01DC8F77.3D89BF30 Content-Location: file:///C:/1E433253/0016_TaboadaPalacios.htm Content-Transfer-Encoding: quoted-printable Content-Type: text/html; charset="us-ascii"
DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v7i1.5244
Vilcashuam&aa=
cute;n durante el conflicto armado interno
entre Sendero Luminoso y el Estado peruano: Análisis histórico
desde la memoria y violencia
Vilcashuamán during the internal armed conflict between
Sendero Luminoso and the Peruvian State: Historical analysis from memory and
violence
Freddy Taboada
Palacios
freddyxtp@gmail.com
https://orcid.org/0000-0003-0103-5638
Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga. Colegio de Alto
Rendimiento de Ayacucho
Artículo recibido: 23 de septiem=
bre
de 2026. Aceptado para publicación: 27 de enero de 2026.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
Resumen
Este artículo examina el conflicto armado interno enfocado e=
n Vilcashuamán, una de las provincias más
afectadas durante la violencia política en Perú entre los
años 1980 y 2000. Las comunidades en Vilcashuam=
án
fueron tratadas injustamente durante mucho tiempo y no tenían los mi=
smos
derechos que otros. Esto los hizo vulnerables a las acciones del Sendero
Luminoso, también sufrieron por la dura respuesta del gobierno que f=
ue
desmedida. En estos sectores rurales, el Estado tenía escasa presenc=
ia.
Esto, combinado con el hecho de que hubo personas con mayor
concentración de tierras y otras que eran muy pobres, hizo que Sende=
ro
Luminoso se extendiera con relativa facilidad. En su respuesta el Estado no
distinguió con claridad entre los grupos armados y civiles. Las
comunidades se organizaron en rondas campesinas para defenderse de ambos gr=
upos
siendo esta una forma de resistencia por lo que el Estado incorporó =
en
su lucha contra el Sendero Luminoso. Este artículo estudia las
dinámicas de la violencia, así como las respuestas de las
comunidades y cómo recuerdan lo ocurrido luego del conflicto.
Además, destaca las maneras de la reconstrucción de la vida
social y cultural mediante rituales para recordar y crear una memoria
compartida y colectiva y de esa manera, pueden exigir justicia. Aunque se h=
an
hecho esfuerzos para reparar el daño material, las políticas
públicas no han sido suficientes para arreglar todo de manera integr=
al.
Este estudio propone una reflexión sobre la importancia de la memoria
histórica y la justicia transicional para la reconciliación
nacional.
Palabras clave: conflicto armado interno, Vilcashuamán=
,
Sendero Luminoso, memoria histórica, justicia transicional
Abstract
This article examines the internal armed conflict in Vilcashuamán,
one of the provinces most affected by the political violence in Peru between
1980 and 2000. The communities in Vilcashuamán<=
/span>
were long treated unfairly and did not have the same rights as others. This
made them vulnerable to the actions of Shining Path (SL), and they also
suffered from the government's harsh and disproportionate response. In these
rural areas, the state had a limited presence. This, combined with the fact
that some people had greater land ownership than others, allowed Shining Pa=
th
to spread with relative ease. In its response, the State did not clearly
distinguish between armed groups and civilians. Communities organized
themselves into peasant patrols to defend themselves against both groups, a
form of resistance that the State incorporated into its fight against Shini=
ng
Path. This article studies the dynamics of the violence, as well as the
communities' responses and how they remember what happened after the confli=
ct.
It also highlights the ways in which social and cultural life was reconstru=
cted
through rituals to remember and create a shared and collective memory, enab=
ling
them to demand justice. Although efforts have been made to repair material
damage, public policies have not been sufficient to address everything
comprehensively. This study proposes a reflection on the importance of
historical memory and transitional justice for national reconciliation.
Keywords: internal armed conflict, Vilcashuamán,
Shining Path, historical memory, transitional justice
<= o:p>
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Todo el contenido de LATAM Revista Latinoamerica=
na
de Ciencias Sociales y Humanidades, publicado en este sitio está
disponibles bajo Licencia Creative Commons.=
=
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C=
ómo
citar: Taboada Palacios, F. (=
2026).
Vilcashuamán durante el conflicto armado
interno entre Sendero Luminoso y el Estado peruano: Análisis
histórico desde la memoria y violencia. LATAM Revista Latinoameri=
cana
de Ciencias Sociales y Humanidades 7 (1), 212 – 221. https://doi.org/=
10.56712/latam.v7i1.5244
INTRODUCCIÓN
El Perú vivió un conflicto armado
interno muy violento desde 1980 hasta el cambio de milenio. Siendo uno de l=
os
episodios más difíciles y traumáticos en la historia
reciente del país. Vilcashuamán, =
que es
una provincia en el departamento de Ayacucho en la región andina, fue
uno de los lugares más golpeados debido a la violencia de este
conflicto. En los años de enfrentamiento, las comunidades campesinas=
de Vilcashuamán se vieron envueltas en la violenc=
ia.
Esto fue debido a las acciones del Sendero Luminoso y del Estado. La violen=
cia
no solo fue una lucha armada, sino también una guerra que cambi&oacu=
te;
la forma en que la gente se relacionaba y se veía a sí misma.
Esto afectó a las comunidades rurales de diversas maneras, cambiando
quién tenía el poder y cómo la gente interactuaba entre
sí. La identidad cultural de estas comunidades también se vio=
muy
afectada.
Vilcashuamán, al igual que
muchas otras provincias de la sierra peruana, sufrió en los
últimos siglos la exclusión en varios aspectos. Esto incluye =
la
exclusión social, la exclusión económica y la
exclusión política. Todo esto creó un escenario muy
propicio para la expansión del Sendero Luminoso. La propiedad de la
tierra estaba en manos de muy pocos dueños, lo que significaba que la
mayoría de la gente no tenía acceso a ella. Además, la
pobreza era un problema muy grande y las comunidades rurales no tení=
an
acceso a servicios básicos como la educación y la salud. Todo
esto hizo que las personas que vivían en áreas rurales tuvier=
an
que vivir en condiciones paupérrimas.
En este contexto de mucha desigualdad, el Send=
ero
Luminoso encontró aceptación y apoyo entre los sectores rural=
es
que estaban descontentos con el Estado y con las estructuras de poder que
habían existido durante mucho tiempo. La ideología radical de
Sendero Luminoso, que prometía una revolución profunda y la l=
ucha
contra el "enemigo opresor", resonó en las comunidades
campesinas que veían en el movimiento una salida a su situació=
;n
de injusticia.
Por otro lado, la respuesta del Estado peruano=
a
la creciente insurgencia fue principalmente militar. El gobierno de Fernando
Belaúnde Terry (1980-1985) y, posteriormente, el de Alan Garcí=
;a
(1985-1990) implementaron políticas de "pacificación&quo=
t;
que, lejos de proteger a la población civil, generaron una violencia
sistemática por parte de las Fuerzas Armadas y la Policía
Nacional. En Vilcashuamán, como en otras
regiones afectadas por el conflicto, las comunidades del campo sufrieron
ataques del ejército sin distinción, detenciones sin motivo y
asesinatos fuera de la ley. En vez de considerar a las personas del campo c=
omo
víctimas del conflicto, se las trataba como si fueran culpables de
ayudar a los rebeldes, lo que hizo que la violencia continuara y dejara her=
idas
muy profundas.
A pesar de la violencia del Estado y la
insurgencia, las comunidades campesinas de Vilcashuam&=
aacute;n
no se limitaron a ser víctimas pasivas. Organizaciones de autodefens=
a,
conocidas como rondas campesinas, surgieron como una respuesta
espontánea para proteger a las comunidades de ambos bandos del
conflicto. Estas rondas, que inicialmente fueron autónomas y locales=
, se
convirtieron en actores fundamentales en la lucha por la supervivencia,
desarrollando una forma de resistencia que fue vital para la protecci&oacut=
e;n
de la población civil. La participación activa de las comunid=
ades
en la resistencia no solo fue una forma de supervivencia, sino tambié=
;n
de recuperación de su dignidad, aunque las rondas también fue=
ron
absorbidas por el aparato estatal como parte de la estrategia contrainsurge=
nte.
El conflicto en Vilcashua=
mán
tuvo un impacto muy grande en la región. La gente se vio obligada a
abandonar sus hogares, las comunidades fueron destruidas y muchas personas
jóvenes y adultas desaparecieron. Esto afectó mucho el desarr=
ollo
de la provincia. Aun así, las comunidades han podido reconstruirse y=
han
mantenido vivas sus tradiciones y formas de organizarse. La memoria
histórica, construida a través de relatos orales, rituales de
conmemoración y sitios de memoria en honor a las víctimas, ha
jugado un papel central en este proceso de reconstrucción social.
En este artículo se exploran las causas
estructurales del conflicto, la dinámica de la violencia en Vilcashuamán, las respuestas de las comunidade=
s y
los procesos de memoria y reparación post-confl=
icto.
Además, se reflexiona sobre las implicaciones de la justicia
transicional y la necesidad de una reparación integral que no solo
contemple aspectos materiales, sino también simbólicos,
culturales y emocionales. A través de este análisis, se prete=
nde
entender cómo la memoria y la justicia son elementos clave para la
reconciliación nacional y la construcción de una paz duradera=
.
DESARROLLO
La provincia de Vilcashua=
mán
tuvo gran preeminencia en la época de la los incas y virreinal, debi=
do a
que fue un centro administrativo y zona estratégica tanto para los i=
ncas
así como para los españoles luego de la conquista, sin embargo
sufrió una decadencia y perdió importancia durante la
época republicana por la fundación de Ayacucho que
significó su rápida decadencia, siendo, incluso, desplazado p=
or
Cangallo a tal punto que pasó a ser distrito de la misma, quedando
postrada en el olvido en todo=
s los
mapas. Vilcashuamán había sido el
centro administrativo de un imperio primero, y luego el testimonio
melancólico de su desaparición y olvido. Gorriti (2008)
recuperando la categoría de provincia recién en la déc=
ada
de los años de 1980, Gonzáles (2004), Landa y López
(2007), Quichua (2016)
El conflicto armado interno en Perú,
particularmente en Vilcashuamán, tuvo sus
raíces en profundas desigualdades sociales, políticas y
económicas que se prolongaron durante siglos. La provincia de Vilcashuamán, al igual que muchas otras region=
es
rurales de los Andes, estaba caracterizada por una estructura agraria
profundamente desigual, donde la concentración de tierras en pocas m=
anos
y la pobreza extrema de la mayoría de la población campesina
configuraban un caldo de cultivo ideal para la insurgencia. Durante mucho
tiempo, el Estado peruano no estuvo muy presente en las zonas rurales. Esto
hizo que algunas comunidades vivieran por su cuenta y no se beneficiaran del
progreso. La vida de estas personas era difícil en muchos aspectos. =
No
tenían acceso a buena educación ni a atención
médica adecuada. Además, no tenían representantes que =
los
apoyaran en la política y les faltaba acceso a recursos básic=
os.
El Estado peruano mantuvo esta situación durante mucho tiempo, lo que
afectó la vida cotidiana de estas comunidades en todas sus dimension=
es,
incluyendo la educación y la salud, la representación
política y el acceso a recursos.
La llegada de Sendero Luminoso a la provincia =
de Vilcashuamán no ocurrió de manera repen=
tina.
Sendero Luminoso se desarrolló en un contexto de descontento y
frustración. Degregori (2010) afirma que, a fines de los años=
de
1970 y principios de 1980, Sendero Luminoso encontró apoyo en las
comunidades rurales del Perú. Estas comunidades se sintieron abandon=
adas
por el Estado y explotadas por los terratenientes. Abimael Guzmán
lideraba Sendero Luminoso. Presentó la ideología de Sendero
Luminoso como una solución a la marginación que sufrían
las comunidades. A través de su interpretación maoísta=
de
la lucha armada, Sendero abogaba por una "guerra popular prolongada&qu=
ot;,
la cual se centraba en destruir el Estado existente para crear un nuevo ord=
en
revolucionario basado en la justicia social.
El Sendero Luminoso tuvo un efecto muy grande =
en
las comunidades. No solo les hizo daño con su violencia, sino que
también cambió la forma en que la gente se relacionaba entre
sí y su cultura en las zonas rurales. En Vilcas=
huamán,
al principio, el grupo insurgente hizo actos de sabotaje y atacó
espacios que representaban el poder del gobierno, como quemar los edificios=
de
las municipalidades y matar a personas que había en el gobierno loca=
l.
La Comisión de la Verdad y Reconciliación y otras investigaci=
ones
demostraron que el ataque más notable fue el de 1982.
Aunque las incursiones en torno a esta provinc=
ia
iniciaron más temprano, así tenemos el ataque a la hacienda S=
an
Agustín de Ayzarca cuando en la madrugad=
a del
24 de diciembre terminó con el asesinato del propietario Benigno Med=
ina
Zea quien había solicitado apoyo del Estado por el peligro que
corría su vida, apoyo que no llegó (Jara, 2017). Posterior a =
este
hecho Sendero intensificó sus operaciones en todo el departamento de
Ayacucho, el 9 de marzo de 1982 hostigaron a los policías en Quinua,=
el
18 de marzo asaltaron el puesto policial de canarias. El 26 de marzo Sendero
intensificó la campaña de batir en la provincia de Vilcashuamán (Gorriti, 2008). El 30 de marzo
Grimaldo Castillo funcionario de la oficina de correos fue linchado en Conc=
epción
distrito de Vilcashuamán. El 31 de marzo=
la
guarnición policial de Vilcashuamán
presintió un ataque inminente, aquella noche se movieron luces en los
cerros, gritos y amenazas llegaron a la guarnición, respondieron con
mediante disparos nerviosos de sus ametralladoras resultando un polic&iacut=
e;a
herido (Gorriti, 2008). El 7 de agosto se produjo la incursión a
En la madrugada del 22 de agosto de 1982, un
destacamento senderista de entre sesenta y ochenta, efectivos liderados por
Martín Quispe y sus hijos ingresaron al pueblo y tomaron posiciones =
de
combate, rodeando la jefatura de línea policial, acantonada en el lo=
cal
del Concejo Provincial, en la plaza de armas, rompieron el fuego, y liquida=
ron
casi de inmediato a dos centinelas apostados en los portales. El resto de la
guarnición, despertada en medio de disparos, explosiones y gritos
exigiendo rendición, contestaron con disparos. Siete sinchis y diez
miembros del Sendero cayeron muertos. El teniente Pereyra y algunos sinchis
lograron huir. El resto, cinco policías, se rindieron. Antes de las =
ocho
de la mañana, Vilcashuamán hab&ia=
cute;a
caído. La ocupación de Vilcashuamá=
;n
fue corta. Dos tiendas fueron saqueadas y los víveres repartidos ent=
re
los pobladores. Hubo un mitin forzado en la plaza de armas, y despué=
s,
incautan dos camiones, los senderistas se retiraron con sus prisioneros. Al
bajarse, kilómetros después, liberaron a los guardias (Gorrit=
i,
2008).
Posterior a este hecho. Otro de los casos
más emblemáticos de esta violencia fue la masacre de Accomarca, ocurrida el 14 de agosto de 1985, donde 69
campesinos fueron asesinados brutalmente por el ejército en la
operación contrainsurgente. Esta masacre fue una representació=
;n
de la brutalidad de las acciones militares mostrando no solo la falta de
control en los operativos militares, sino también la actitud deshuma=
na
hacia las comunidades campesinas. Esta masacre fue una evidencia clara de la
ausencia de mecanismo de control interno dentro de las Fuerzas Armadas, lo =
que
hizo que los abusos se convirtieran en una práctica común en
estas zonas del país (CVR, 2003; Aroni 2015)
La forma en que Sendero Luminoso accionaba se
basaba en usar la violencia de manera selectiva. Quería asustar a la
gente para que apoyara lo que ellos creían. El partido comunista
implementó tácticas como matar a líderes locales y cob=
rar
impuestos. Esto hizo que la vida en las comunidades fuera muy difíci=
l. La
gente tenía que decidir si quería colaborar con el partido o
resistir.
Sin embargo, la violencia de Sendero Luminoso =
fue
solo una parte del sufrimiento que vivieron las comunidades de Vilcashuamán. La respuesta del Estado, lejos de
proteger a la población civil, exacerbó la violencia. Durante=
los
primeros años del conflicto, el gobierno de Fernando Belaúnde
Terry (1980-1985) optó por un enfoque de mano dura, lo que
implicó el despliegue de las Fuerzas Armadas en las zonas rurales ba=
jo
el pretexto de erradicar la subversión. Este enfoque, según H=
uman
(1992), hizo que el conflicto empeorara mucho. Muchas personas inocentes
resultaron heridas. La Comisión de la Verdad y Reconciliación=
, en
el año 2003, encontró casos de ejecuciones ilegales,
desapariciones forzadas y torturas hechas por el Ejército y la Guard=
ia
Civil en Vilcashuamán. Las Fuerzas Armad=
as
llevaron a cabo una política de “tierra arrasada”. Esta
política consistía en destruir las comunidades que se
consideraban sospechosas de colaborar con los insurgentes. Esto no solo
aumentó la violencia, sino que también dejó a millas de
campesinos sin un lugar donde vivir y sin poder acceder a sus tierras.
El clima de represión hizo que las
comunidades tuvieran que organizarse para defenderse. La gente creó =
las
rondas campesinas, que también se llaman Comités de Autodefen=
sa.
Esto fue porque las comunidades querían protegerse de la violencia de
Sendero Luminoso y de las Fuerzas Armadas. Las rondas campesinas no solo
luchaban para sobrevivir, sino que también mostraron una forma difer=
ente
de organizarse en la sociedad. Esto sucedió porque el Estado no esta=
ba
haciendo su trabajo en esas áreas. Como señala Fumerton (2002), las rondas campesinas fueron una for=
ma de
resistencia local que no solo permitió a las comunidades organizarse
para la defensa, sino que también desempeñaron un papel clave=
en
la recuperación del orden local. Sin embargo, el proceso de
militarización de estas rondas, al ser absorbidas por la estrategia =
del
Estado, transformó su función original, convirtiéndola=
s en
actores que, si bien aún defendían a las comunidades,
también comenzaron a estar bajo el control y la supervisión
estatal.
La violencia en Vilcashua=
mán
tuvo un efecto brutal. No solo lastimó a la gente sustancialmente, s=
ino
que también dañó su cultura. Cuando se detuvieron las
prácticas religiosas y culturales, se destruyeron las escuelas y se
perdieron muchos jóvenes, eso cambió para siempre el futuro de
las comunidades del campo.
Cuando se cerraron las escuelas y mucha gente =
se
tuvo que ir de allí, se rompió el lazo que unía a la
comunidad. Vilcashuamán ya no es el mismo
lugar que era antes de la violencia. La gente que quedó perdió
mucho de su identidad y su forma de vida. La Comisión de la Verdad y
Reconciliación (CVR, 2003) documenta que,
aunque muchos de los desplazados regresaron a sus comunidades tras el fin d=
el
conflicto, el proceso de reconstrucción fue largo y estuvo marcado p=
or
la falta de recursos, la desconfianza y el trauma colectivo.
En esta situación muy difícil, l=
as
comunidades sufrieron mucho. No solo perdieron a sus seres queridos y sus
casas, sino que también perdieron su forma de ser y su cultura. La
violencia de Sendero Luminoso y del Estado hizo que las comunidades dejaran=
de
funcionar como antes y que cambiaran sus costumbres. Esto hizo que fuera
difícil para las personas aprender y recordar sus tradiciones. Aun
así, las comunidades del campo en Vilcashuam&aa=
cute;n
han demostrado que pueden sobrevivir y seguir adelante después de to=
do
lo que pasó. La reconstrucción de la memoria colectiva, la
recuperación de las tradiciones y el fortalecimiento de las redes
comunitarias fueron procesos clave para la supervivencia y la
regeneración de las comunidades tras el conflicto.
La memoria histórica en Vilcashuamán
es muy importante para las comunidades que sufrieron durante el conflicto.
Recordar a los que murieron no solo es una forma de rendirles homenaje, sino
también una manera de luchar contra la impunidad y el olvido. Para
muchos, recordar significa no solo revivir el dolor sino también afi=
rmar
la dignidad perdida y reclamar la justicia, como sostiene Theidon
(2004) la memoria no es solo recuerdo, es también reclamo: un acto de
dignidad frente al olvido institucional. En Vilcashuam=
án,
al igual que en otras zonas afectadas, la gente recuerda su historia a
través de historias contadas de boca en boca, rituales que hace la
comunidad y la construcción de monumentos y memoriales. Esto ayuda a=
que
la gente no olvide lo que pasó. Como destaca la CVR
(2003), la memoria histórica no es solo un proceso de
rememoración, sino una forma activa de reivindicación de los
derechos de las víctimas y de exigencia de justicia. La creaci&oacut=
e;n
de espacios de memoria, como el Museo de la Memoria en Ayacucho, ha permiti=
do
que las víctimas y sus familias puedan reconstruir su historia y dar
visibilidad a las injusticias cometidas.
REFLEXIÓN
El conflicto armado en Vi=
lcashuamán,
al igual que en muchas otras zonas rurales del Perú, demuestra
cómo la violencia no solo puede arruinar vidas, sino que tambi&eacut=
e;n
puede cambiar mucho la forma en que las personas viven y se relacionan entre
sí. La violencia causada por Sendero Luminoso y por el Estado tuvo
efectos que se sintieron de inmediato, pero también dejó heri=
das
muy profundas que todavía afectan a las personas que vivieron
después. La historia de Vilcashuamán es
una historia de marginación y abandono por parte del Estado. Esto
permitió que la insurgencia y la represión crecieran sin cont=
rol.
Al estudiar este conflicto, vemos que la violencia no solo se debió a
las ideologías de los grupos armados. También fue causada por=
la
exclusión social que sufrieron las comunidades rurales. A pesar de s=
er
las más afectadas, estas comunidades tuvieron muy poca visibilidad en
las relaciones oficiales. La insurgencia y la represión se desarroll=
aron
en un contexto de pobreza y abandono. Las comunidades rurales de Vilcashuamán fueron las que más sufrier=
on,
pero sus historias no fueron contadas.
La intervención del estado en el confli=
cto
no fue suficiente ya menudo provocó más problemas. El gobiern=
o de
Fernando Belaúnde Terry y después el de Alan García,
adoptaron una política dura. Mandaron militares a las zonas rurales.
Esto hizo que la gente común sufriera más. La represión
contra todos, sin distinguir, y la falta de cuidado por los derechos humano=
s,
dejaron a las comunidades del campo en una situación muy difí=
cil.
La violencia del Estado, como lo documentó la Comisión de la
Verdad y Reconciliación (CVR, 2003), no =
solo
resultó en la muerte de miles de civiles, sino que también
provocó la pérdida de confianza en las instituciones
democráticas. La falta de justicia y de responsabilidad por parte del
Estado ha dejado una herida abierta que aún no ha sido sanada. La
memoria de lo que pasó es muy importante para las comunidades. Han
recordado estos hechos a través de historias que se han contado de b=
oca
en boca y conmemoraciones. Esto es fundamental para pedir la justicia que l=
es
corresponde.
Además, la violencia no sólo fue
física, también fue simbólica. La represión
cultural y la imposición de una moral militar en las comunidades afe=
ctan
la identidad colectiva de las comunidades. En muchos casos, las comunidades=
se
vieron obligadas a abandonar sus formas de vida tradicionales ya adaptarse a
nuevas estructuras impuestas por las dinámicas del conflicto. La
destrucción de los rituales, la interrupción de la
educación y la pérdida de generaciones enteras de jóve=
nes
alteraron profundamente la capacidad de las comunidades para transmitir su
cultura y sus saberes ancestrales. Según Fumert=
on,
(2002) la violencia provocó muchos problemas en las comunidades. Esto
hizo que perdieran a sus líderes y fuera difícil volver a la
normalidad cuando terminó el conflicto. La vida en comunidad se vio
afectada porque ya no tenían a esas personas que los guiaban. Fumerton afirma que esto sucedió porque la vio=
lencia
destruyó la estructura social de estas comunidades.
A pesar de estas dificultades, la respuesta de=
las
comunidades fue notablemente resiliente. Las rondas campesinas, aunque
inicialmente una medida de autodefensa ante la violencia, también se
convirtieron en actores clave en la reconstrucción social. La capaci=
dad
de las comunidades para organizarse y resistir fue un factor fundamental que
les permitió no solo sobrevivir, sino también reconstruir las
redes de apoyo social y las estructuras comunitarias que habían sido
desmanteladas. Degregori (2010) señala que cuando las rondas se
militarizaron y pasaron a formar parte del Estado, cambiaron su objetivo
inicial. Dejaron de ser capaces de generar cambios sociales por sí
mismos. Esto muestra un problema en la forma en que respondió el Est=
ado.
Por un lado, utilizamos las rondas para controlar a las comunidades. Por ot=
ro
lado, no valoró las formas tradicionales que las comunidades ya
habían creado para organizarse y defenderse.
La memoria histórica es una herramienta=
muy
importante para la reconstrucción social. Un ejemplo de esto es el
trabajo que hizo la Comisión de la Verdad y Reconciliación en=
el
año 2003. En Vilcashuamán, record=
ar el
pasado no es solo pensar en cosas que ya pasaron, sino que también es
una forma de resistir. Las personas que sufrieron durante el conflicto y sus
familias han seguido recordando a través de historias contadas de bo=
ca
en boca, sitios emblemáticos que conmemoran lo que sucedió y
rituales para honrar a los que murieron. La creación de estos espaci=
os
de memoria no solo sirve para recordar a los muertos, sino para reafirmar la
dignidad de las víctimas y exigir la justicia que se les ha negado. =
Como
señala Sorribas (2007), la memoria es un acto político que
permite a las comunidades recuperar su voz y su agencia frente a un pasado =
que
ha sido marcado por el sufrimiento. La memoria colectiva en Vilcashuamán
es un recordatorio constante de que la justicia y la reparación son
imprescindibles para cualquier proceso de reconciliación.
Sin embargo, la reconciliación en Vilcashuamán sigue siendo bastante lejano. La =
falta
de políticas públicas eficaces para reparar las pérdid=
as
materiales, sociales y simbólicas sigue siendo uno de los mayores
obstáculos para lograr una paz duradera. La reparación debe s=
er
integral, no solo económica, sino también cultural y emociona=
l.
La reparación simbólica, a través del reconocimiento de
las víctimas y la restauración de la memoria, debe ir
acompañada de un material de reparación que asegure el acceso=
a
los derechos básicos y la justicia para las comunidades afectadas. D=
e lo
contrario, la reconciliación será superficial y no se
podrá superar el legado de violencia que aún persiste.
CONCLUSIONES
El análisis del Conflicto armado en
Las razones por las que hubo un conflicto en e=
sa
región no se deben solo a la ideología radical del Sendero
Luminoso. Hay que entenderlo también por cómo estaba organiza=
da y
distribuida las tierras agrícolas, lo que creó mucha desigual=
dad,
y porque el Estado no actuaba correctamente en ayudar a la población=
que
vivía en el campo. La violencia insurgente y estatal en Vilcashuamán tuvo un impacto devastador, que n=
o solo
afectó las vidas humanas, sino que también destruyó las
redes sociales, económicas y culturales de la comunidad.
La respuesta del Estado no fue la adecuada. El
Estado no entendió las causas profundas del conflicto. En lugar de
solucionar las desigualdades y problemas sociales que hicieron que surgiera=
la
insurgencia, el Estado optó por una estrategia dura que aument&oacut=
e;
el sufrimiento de la población civil.
La política de
“pacificación” del gobierno no funcionó.
Además, esta política hizo que las comunidades rurales fueran
vistas como menos humanas. A estas comunidades se les trata como enemigos d=
el
Estado, sin importar si estaban o no con los insurgentes. Esto generó=
; un
ambiente de desconfianza y polarización que perdura hasta hoy.
Por otro lado, las comunidades de Vilcashuamán demostraron una extraordinaria
resiliencia frente a la violencia. La creación de las rondas campesi=
nas
y su posterior absorción por el aparato estatal es una de las
manifestaciones más claras de cómo las comunidades se organiz=
an
para sobrevivir y defenderse. Sin embargo, esta militarización
también impone límites a la autonomía de las comunidad=
es y
reduce su capacidad de actuar como agentes de cambio independientes. La fal=
ta
de reconocimiento de las formas tradicionales de organización y la
dependencia de las políticas estatales han dificultado el proceso de
reconstrucción social y la sanación de las heridas del confli=
cto.
La memoria histórica es muy importante =
para
las comunidades que han sufrido. El trabajo de la Comisión de la Ver=
dad
y Reconciliación en el año 2003 y los proyectos de memoria en=
Vilcashuamán han ayudado a que las víct=
imas
sean reconocidas como personas con derechos. La memoria no solo se trata de
recordar lo malo que pasó, sino también de pedir justicia y
luchar por el reconocimiento de las víctimas como ciudadanos con tod=
os
los derechos. La reparación tiene que ser más que solo un ges=
to.
También debe tener un impacto real. Las comunidades que han sufrido
debido al conflicto necesitan que se implementen políticas
públicas que solucionen las desigualdades profundas y que les den ac=
ceso
a cosas básicas como la salud, la educación y la justicia. Las
comunidades afectadas por el conflicto necesitan que se les garanticen estos
derechos básicos.
En última instancia, la
reconciliación en Vilcashuamán no
será posible sin un reconocimiento pleno de las víctimas, una
reparación integral que incluya tanto el material de compensaci&oacu=
te;n
como la restauración simbólica, y un compromiso por parte del
Estado para asegurar que la violencia no vuelva a ser una herramienta de
resolución de conflictos. Solo a través de la justicia
transicional, que combine la verdad, la reparación y la garant&iacut=
e;a
de no repetición, será posible avanzar hacia una verdadera pa=
z y
reconciliación en la región.
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