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DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v7i1.5278
De la biopolítica al
espectáculo del miedo: estrategias de control en la modernidad
From biopolítics to the spectacle of fear: control
strategies in modernity
Uriel Ramiro Aragón
https://orcid.org/0009-0000-1442-2667
Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca,
México
México
Ramiro Rufino Aragón
https://orcid.org/0009-0006-5452-4469
Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca,
México
México
Jarib Abihud
Aragón
Garciadraragonurologo@hotmail.com
https://orcid.org/0009-0007-1620-2116
Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca,
México
México
Miguel Erasmo Zaldívar Carrillo
https://orcid.org/0000-0001-7216-685X
Instituto Estatal de Creación Literaria y Promoción d=
e la
Lectura en el estado de Oaxaca. Universidad Autónoma Benito
Juárez de Oaxaca, México
México
Artículo recibido: 01 de octubre de 202=
5.
Aceptado para publicación: 04 de febrero de 2026.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
Resumen
El presente ensayo explora el papel del miedo como herramienta de
dominación en los sistemas sociales contemporáneos. Se analiz=
a la
distinción entre miedo biológico y miedo cultural, mostrando
cómo este último es utilizado por las élites
políticas y económicas para consolidar mecanismos de control
social. A partir de la revisión de múltiples perspectivas
teóricas (desde Freud, Fromm y Korstanje,
hasta Bauman, Beck, Nussbaum, Foucault y Chomsky) se argumenta que el miedo=
se
ha convertido en una estrategia central de manipulación en contextos=
de
neoliberalismo, globalización y crisis recurrentes. El ensayo integra
ejemplos históricos y actuales, incluyendo dictaduras latinoamerican=
as,
la doctrina del shock, la inseguridad en México y la pandemia de
COVID-19. Finalmente, se propone que la comunicación emancipadora y
crítica constituye una vía para resistir la colonizació=
;n
de la subjetividad mediante el miedo.
Palabras clave: miedo, dominación, comunicación, neoliberalismo, con=
trol
social
Abstract
This essay explores the role of fear as a tool of domination in
contemporary social systems. It analyzes the distinction between biological=
and
cultural fear, showing how the latter is used by political and economic eli=
tes
to consolidate mechanisms of social control. Drawing on multiple theoretical
perspectives---from Freud, Fromm, and Korstanje=
, to
Bauman, Beck, Nussbaum, Foucault, and Chomsky---it argues that fear has bec=
ome
a central strategy of manipulation in the contexts of neoliberalism,
globalization, and recurrent crises. The essay integrates historical and
current examples, including Latin American dictatorships, the shock doctrin=
e,
insecurity in Mexico, and the COVID-19 pandemic. Finally, it proposes that
emancipatory and critical communication constitutes a path to resist the
colonization of subjectivity through fear.
Keywords: fear, domination, communication,
neoliberalism, social control
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Todo el contenido de LATAM Revista Latinoamerica=
na
de Ciencias Sociales y Humanidades, publicado en este sitio está
disponibles bajo Licencia Creative Commons.=
C=
ómo
citar: Aragón, U. R.,
Aragón, R. R., Aragón, J. A., & Zaldívar Carrillo,=
M.
E. (2026). De la biopolítica al espectáculo del miedo:
estrategias de control en la modernidad. LATAM Revista Latinoamericana de
Ciencias Sociales y Humanidades 7 (1), 585 – 592. https://doi.org/10.=
56712/latam.v7i1.5278
INTRODUCCIÓN
El miedo, una emoción arcaica y fundaci=
onal
para la preservación de la vida, ha mutado en las sociedades
contemporáneas para convertirse en uno de los instrumentos más
sofisticados y eficaces de control social. Lejos de limitarse a una
reacción ante peligros concretos, se ha transformado en
una herramienta política y cultural, deliberadamente cultivada y
administrada para producir sumisión, paralizar la acción
colectiva y garantizar la continuidad de órdenes sociales basados en=
la
desigualdad. Este ensayo se propone explorar esta transformación
crucial: el tránsito de una biopolítica que administra la vid=
a,
como analizó Foucault, hacia una psicopolítica del
espectáculo, donde el miedo, convertido en narrativa mediátic=
a y
en ansiedad internalizada, coloniza la subjetividad y neutraliza el potenci=
al
emancipador de los individuos.
La relevancia de esta indagación es
particularmente urgente en el contexto de la modernidad líquida
(Bauman), caracterizada por la precariedad, la incertidumbre global y la
omnipresencia de pantallas que mercantilizan la atención. Desde las
dictaduras del Cono Sur y la “doctrina del shock” (Klein) hasta=
la
guerra contra el terrorismo, la inseguridad ciudadana en México y la
reciente pandemia de COVID-19, observamos un patrón recurrente: las
crisis —reales o manufacturadas— son aprovechadas para instalar
regímenes de miedo que facilitan la aceptación de medidas
autoritarias, el despojo económico y la fractura del lazo social. El
miedo, en este sentido, deja de ser un afecto privado para erigirse en
un hecho social total, un capital político que consolida el pod=
er
de élites y corporaciones.
Para desentrañar esta compleja
dinámica, el ensayo se articula en un recorrido teórico y
crítico que parte de la distinción fundamental entre mie=
do
biológico (respuesta defensiva ante una amenaza inmediata)
y miedo cultural (construcción social e histórica q=
ue
desarma al sujeto). A partir de este eje, se movilizan aportes diversos pero
convergentes: la psicología social de Fromm y Freud; la sociolog&iac=
ute;a
del riesgo de Beck; la crítica al espectáculo de Debord; la filosofía política de Nussba=
um; y
el análisis de la autoexplotación=
en la
sociedad del rendimiento de Han. Este diálogo interdisciplinario per=
mite
iluminar cómo el miedo opera en un doble registro:
como espectáculo externo difundido por los medios de
comunicación masiva, y como mandato internalizado de autooptimización y ansiedad crónica.
La tesis central que defendemos sostiene que, =
en
el capitalismo neoliberal globalizado, el miedo ha devenido la principal
tecnología de gobierno, más eficaz que la coerción dir=
ecta
porque persuade al individuo de ser cómplice de su propia vigilancia=
y
explotación. Sin embargo, este diagnóstico no conduce a un ca=
llejón
sin salida. Frente a la colonización de la subjetividad, el ensayo
postula, en su tramo final, la comunicación emancipadora y
la educación crítica —en la línea de
Freire y Castells— como vectores esenciales para deconstruir las narr=
ativas
del miedo, transformar la ansiedad en coraje colectivo y reorientar el afec=
to
temeroso hacia una ética del cuidado y la solidaridad. Así,
más que un simple análisis, este trabajo es una invitaci&oacu=
te;n
a disputar, en el terreno simbólico y político, el sentido del
miedo, para arrebatárselo a los dispositivos de dominación y
convertirlo en energía para una praxis verdaderamente liberadora.
METODOLOGÍA
El presente análisis se desarrolla medi=
ante
un enfoque metodológico cualitativo y
crítico-interpretativo, cuyo objetivo es construir un marco
teórico y argumentativo coherente para desentrañar el papel d=
el
miedo como tecnología de poder en la modernidad. Este procedimiento =
se
articula en tres momentos fundamentales e interconectados. En primer lugar,=
se
realizó una revisión y sistematización
teórica interdisciplinaria, recurriendo a fuentes clave de la
filosofía política, la sociología y la psicologí=
;a
social —desde Foucault, Bauman y Debord h=
asta
Klein, Fromm, Han y Nussbaum— para establecer las categorías
centrales del ensayo, como la distinción entre miedo biológic=
o y cultural,
la noción de espectáculo y la doctrina del shock. En segundo
lugar, se llevó a cabo un análisis crítico de
discursos y casos paradigmáticos, donde se examinaron, desde una
lógica hermenéutica, narrativas y prácticas concretas =
de
instrumentalización del miedo, incluyendo las dictaduras
latinoamericanas, las crisis económicas neoliberales, la
construcción mediática de la inseguridad y la gestión =
de
la pandemia de COVID-19. Finalmente, en una tercera fase de integraci&=
oacute;n
argumentativa y propuesta crítica, las perspectivas teóricas y
los casos estudiados se entrelazaron para sustentar la tesis central y para
esbozar, a partir de autores como Freire y Castells, la comunicación
emancipadora y la educación crítica como vías de
resistencia. Así, la metodología aquí empleada no busca
una verificación empírica, sino una reflexión fundamen=
tada
que, asumiendo una postura crítica, interpreta el miedo como un
dispositivo central de dominación en las sociedades contemporá=
;neas.
DESARROLLO
Un hombre sin miedo es un hombre peligroso para
cualquier sistema de dominación porque está en condiciones de
exponerse con tal de defender sus ideas y derechos. La ausencia de miedo no
significa una inconsciencia suicida sino la posibilidad de decidir desde la
dignidad y la libertad. El miedo, en cambio, cuando se internaliza como
mecanismo de control social, se convierte en la herramienta más efic=
az
de los sistemas políticos y económicos para garantizar la
sumisión de las mayorías. Por esta razón resulta neces=
ario
distinguir entre el miedo biológico y el miedo cultural. El primero
surge como una respuesta natural de defensa, una reacción ante amena=
zas
reales que ponen en riesgo la vida; el segundo, por el contrario, es una
construcción social que se instala en las subjetividades, despojando=
a
los individuos de su capacidad de acción y convirtiéndolos en
cómplices involuntarios de su propia opresión. Freud (1926/20=
06)
señaló que existe un miedo real, que guarda correspondencia c=
on
la magnitud del peligro, y un miedo neurótico, que se manifiesta con
intensidad desproporcionada. Fromm (1983) diferenció entre miedo y
angustia, afirmando que mientras el miedo tiene un objeto definido, la angu=
stia
es indefinida y se vive como una espera dolorosa ante un peligro que no se
puede precisar. Korstanje (2010) mostró
cómo las dictaduras latinoamericanas emplearon tanto el miedo interno
como el miedo externo, construyendo enemigos visibles y generando tensiones
sociales que facilitaron la aceptación del autoritarismo. Naomi Klei=
n (2007)
desarrolló la noción de doctrina del shock para explicar
cómo las élites políticas y económicas se sirve=
n de
crisis reales o inducidas para imponer reformas que, en otro contexto,
serían rechazadas. El caso de Chile tras el golpe de Pinochet es
paradigmático: mientras se instalaba el terror, las políticas
neoliberales desmantelaron el Estado social. Milton Friedman lo había
anticipado al afirmar que sólo una crisis, verdadera o fabricada, es
capaz de producir un cambio real.
El miedo como instrumento de guerra imperialis=
ta
en América Latina
La instrumentalización del miedo en
América Latina no se limita a las dictaduras internas; ha sido
también un componente central de la política exterior de Esta=
dos
Unidos, que ha utilizado estratégicamente el temor para justificar i=
ntervenciones
militares, económicas y políticas en la región. Desde
finales del siglo XIX, con la Doctrina Monroe y el Corolario Roosevelt, Est=
ados
Unidos ha construido una narrativa de miedo basada en la defensa de la
“seguridad hemisférica” frente a amenazas
externas—primero las potencias europeas, luego el comunismo y, m&aacu=
te;s
recientemente, el terrorismo y el narcotráfico. Esta narrativa ha
servido para legitimar intervenciones directas e indirectas que aseguran la
hegemonía económica y política estadounidense.
Durante la Guerra Fría, el miedo al
comunismo se convirtió en la justificación principal para el
apoyo de Estados Unidos a dictaduras militares en países como Guatem=
ala
(1954), Chile (1973), Argentina (1976) y Brasil (1964). La Operación
Cóndor, coordinada por las dictaduras del Cono Sur con el respaldo d=
e la
CIA, utilizó el terror sistemático—desapariciones,
torturas, asesinatos—para instalar un miedo paralizante en la
población. Este miedo no solo elimina la oposición
política, sino que creaba un clima de sospecha y desconfianza que
fracturaba el tejido social, facilitando la implementación de
políticas económicas neoliberales favorables a los intereses =
de
las corporaciones transnacionales. Chomsky (1996) ha argumentado que los me=
dios
de comunicación estadounidenses jugaron un papel clave en la
construcción de este miedo, presentando a los gobiernos reformistas o
socialistas como “amenazas totalitarias” y ocultando los
crímenes de las dictaduras aliadas.
La invasión de Granada (1983) y la inte=
rvención
en Panamá (1989) son ejemplos claros de cómo el miedo se util=
iza
para movilizar el apoyo público a acciones militares. En ambos casos=
, el
gobierno de Estados Unidos exageró o fabricó amenazas—la
supuesta construcción de una base militar soviética en Granad=
a o
la vinculación de Manuel Noriega con el narcotráfico—pa=
ra
generar un clima de pánico que justificara la invasión. El
discurso de la “defensa de la democracia” enmascaraba intereses
geopolíticos y económicos, como el control del Canal de Panam=
á
o la prevención de modelos alternativos en el Caribe. El miedo, en e=
stos
casos, funcionó como un “shock” que desorientó a =
la
opinión pública internacional y local, permitiendo la interve=
nción
rápida y con escaso cuestionamiento.
En el contexto de la “Guerra contra las
Drogas”, declarada por Richard Nixon en 1971 y=
span>
intensificada en las décadas siguientes, el miedo al narcotrá=
fico
y a la inseguridad ha sido utilizado para justificar la militarizació=
;n
de amplias regiones de América Latina. El Plan Colombia (2000),
financiado por Estados Unidos, es un caso emblemático: bajo la
retórica de combatir a los cárteles y a las guerrillas, se
implementó una estrategia que combinaba operaciones militares con
fumigaciones con glifosato, afectando a comunidades campesinas y desplazand=
o a
millones de personas. El miedo al narcoterrorismo legitimó violacion=
es a
los derechos humanos y fortaleció a actores armados, mientras que los
flujos de drogas persistían. Esta estrategia creó un ciclo de=
violencia
y miedo que desestabilizó aún más a Colombia y
extendió el conflicto a países vecinos.
La “Guerra contra el Terrorismo”,
después del 11 de septiembre de 2001, amplió el repertorio del
miedo imperialista. Aunque inicialmente focalizada en Medio Oriente, esta
guerra tuvo repercusiones en América Latina a través de la
criminalización de movimientos sociales y la estigmatización =
de
gobiernos progresistas como “amenazas terroristas”. El golpe de
estado en Honduras (2009) y las constantes presiones contra Venezuela,
Nicaragua y Cuba han sido acompañadas por narrativas que presentan a
estos gobiernos como “estados fallidos” o “aliados del
terrorismo”, generando un miedo difuso que justifica sanciones
económicas, bloqueos y amenazas de intervención. La
retórica de la “seguridad nacional” estadounidense se ha
extendido así a la vigilancia y el control de la disidencia
política en toda la región.
El miedo también se ha proyectado a
través de mecanismos económicos. Las políticas del Fon=
do
Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial, impulsadas por Estados
Unidos, han utilizado el miedo al colapso económico para imponer
programas de ajuste estructural—privatizaciones, recortes sociales,
flexibilización laboral—que generan precariedad y desigualdad.
Este “miedo económico” paraliza la resistencia popular, =
ya
que la amenaza de la hiperinflación, el desempleo masivo o la
exclusión financiera obliga a las poblaciones a aceptar condiciones =
que
erosionan su soberanía. La crisis de la deuda en los años
ochenta, por ejemplo, fue aprovechada para imponer reformas neoliberales que
transformaron profundamente las economías latinoamericanas, consolid=
ando
un modelo dependiente y vulnerable.
La guerra híbrida—que combina
operaciones mediáticas, cibernéticas, económicas y
militares—es la forma contemporánea de este imperialismo basad=
o en
el miedo. Las campañas de desinformación, los ataques a la
moneda, la promoción de conflictos internos y la manipulación=
de
redes sociales buscan generar incertidumbre y pánico en la
población, desestabilizando gobiernos no alineados. El caso de Venez=
uela
es ilustrativo: la construcción de una imagen de “crisis
humanitaria” y “dictadura” en los medios internacionales =
ha
justificado sanciones que profundizan el sufrimiento de la población,
creando un círculo vicioso de miedo y escasez que debilita la
resistencia y legitima las presiones externas.
Frente a esta instrumentalización del
miedo, las respuestas de resistencia en América Latina han sido
diversas. Los movimientos sociales, las organizaciones de derechos humanos y
los medios comunitarios han trabajado para deconstruir las narrativas de mi=
edo,
promover la memoria histórica y fortalecer la solidaridad internacio=
nal.
La educación popular, inspirada en Freire, ha sido clave para que las
comunidades reconozcan el miedo como una herramienta de dominación y=
lo
transformen en organización y lucha. La comunicación alternat=
iva,
a través de radios comunitarias, prensa independiente y plataformas
digitales, ha desafiado el monopolio de los discursos imperiales, ofreciendo
narrativas que destacan la dignidad, la resistencia y la esperanza.
Bauman (2007) advirtió que el miedo
líquido se caracteriza por su indefinición y permanencia. A
diferencia del miedo concreto, que se disipa una vez superado el peligro, el
miedo líquido nunca desaparece. Es difuso, se desplaza de un objeto a
otro, y mantiene a las personas en un estado de alerta constante. Este mied=
o es
cultivado y reproducido por los medios de comunicación que, como
señaló Bourdieu (1997), operan bajo la lógica del merc=
ado
y la competencia por la audiencia. Las noticias alarmistas, los titulares
sensacionalistas, las imágenes de violencia se convierten en
mercancías de consumo masivo que refuerzan la percepción de
inseguridad. El ciudadano moderno vive así atrapado entre la
fascinación por el espectáculo del miedo y la parálisis
que este le provoca.
La dramatización mediática del m=
iedo
encuentra su marco teórico más lúcido en la noci&oacut=
e;n
de «espectáculo» desarrollada por Guy Debord
(1967). En su sociedad del espectáculo, la vida real es reemplazada =
por
una acumulación de representaciones, donde la experiencia directa se
pierde ante la contemplación pasiva de imágenes. El miedo, en
este contexto, deja de ser una emoción ligada a una experiencia conc=
reta
para convertirse en un producto espectacular descontextualizado y consumibl=
e.
Los medios lo empaquetan en narrativas simples y repetitivas---noticias de
crímenes, alertas sanitarias, coberturas de crisis---que simplifican=
la
complejidad social y la reducen a una dicotomía maniquea de
seguridad/amenaza. Este espectáculo del miedo enmascara las relacion=
es
sociales reales detrás de su producción---los intereses
económicos de la industria de la seguridad, las agendas polít=
icas
que buscan legitimación o la lógica mercantil de los medios q=
ue
comercializan la audiencia---, alienando a los individuos y separánd=
olos
de la comprensión de las causas estructurales que generan la
inseguridad. El ciudadano se convierte así en un espectador aislado e
impotente, cuya única relación con la realidad es mediatizada=
por
el temor.
Byung-Chul Han (2012) insistió en que la
sociedad actual ya no necesita de un gran hermano que vigile desde fuera,
porque los individuos se vigilan y se explotan a sí mismos. El miedo=
al
fracaso, al desempleo, a quedar rezagado en la competencia global, se
internaliza en forma de autoexigencia. Este nuevo régimen de control=
es
más eficaz porque elimina la figura del opresor visible y coloca al
sujeto como responsable de su propia opresión. De esta manera, el mi=
edo
se convierte en ansiedad crónica, en agotamiento, en depresió=
n.
La dominación ya no requiere de látigos ni cárceles; b=
asta
con que cada individuo tema no estar a la altura de las expectativas impues=
tas
por el sistema.
En este sentido, resulta crucial recuperar la =
propuesta
de Martha Nussbaum (2013), quien planteó que las emociones colectivas
pueden y deben orientarse hacia la justicia y la solidaridad. El miedo no t=
iene
por qué ser siempre destructivo; puede transformarse en cuidado y
responsabilidad. Temor al deterioro ambiental, temor a la exclusión =
de
los más vulnerables, temor a la injusticia: todos estos pueden
convertirse en motores de acción ética si se canalizan a
través de una educación emocional y política crí=
;tica.
La cuestión, entonces, no es eliminar el miedo sino resignificarlo,
reorientarlo hacia proyectos emancipadores.
El caso de la pandemia de COVID-19 mostr&oacut=
e;
la doble cara del miedo. Por un lado, se usó para justificar
restricciones de derechos, vigilancia digital y control social; por otro,
permitió que surgieran expresiones de solidaridad y cooperació=
;n
inéditas. Žižek (2020) sostuvo=
que
la pandemia podía ser una oportunidad para repensar la
organización social más allá del capitalismo. Sin emba=
rgo,
la tendencia dominante fue la instrumentalización del miedo por part=
e de
gobiernos y corporaciones. Las grandes plataformas tecnológicas se
beneficiaron del teletrabajo y la digitalización acelerada, mientras
millones de trabajadores enfrentan el miedo al desempleo y a la enfermedad.
Este contraste revela cómo el miedo opera en distintas direcciones:
fortalece a unos y debilita a otros.
Finalmente, la lucha contra el miedo como
dispositivo de dominación pasa por recuperar la capacidad de narrar
otras historias. Como señaló Castells (2009), el poder se dis=
puta
en el terreno de la comunicación. La emancipación requiere
construir relatos alternativos que desmonten el discurso del miedo. Paulo
Freire (1970/2005) ya advertía que la liberación comienza cua=
ndo
los oprimidos reconocen que su miedo no es natural, sino inducido. El
desafío es convertir ese miedo en coraje colectivo. La esperanza
crítica, más que un sentimiento ingenuo, se vuelve una estrat=
egia
política de resistencia. Solo así será posible romper =
el
círculo vicioso del miedo que paraliza y sustituirlo por una praxis
liberadora que dignifique la vida.
CONCLUSIONES
El miedo ha acompañado a la humanidad c=
omo
un mecanismo natural de defensa, pero en las sociedades modernas se ha
transformado en un recurso político, económico y cultural de
dominación. La distinción entre miedo biológico y miedo
cultural permite comprender que mientras el primero protege la vida, el seg=
undo
despoja al sujeto de su autonomía y lo convierte en rehén de
discursos y narrativas que lo paralizan. Las dictaduras latinoamericanas, l=
as crisis
neoliberales y la actual globalización sustentada en la precariedad
muestran cómo el miedo se convierte en capital político que
garantiza obediencia y resignación.
Las reflexiones de Freud, Fromm, Bauman, Beck,
Nussbaum, Han, Foucault y otros autores coinciden en señalar que el
miedo nunca es neutral. Puede ser real o difuso, individual o colectivo, pe=
ro
en todos los casos se halla atravesado por relaciones de poder. La
política moderna, desde Hobbes, reconoció que el miedo era
fundamento del contrato social; sin embargo, Arendt nos recuerda que el pod=
er
genuino no nace del temor sino de la acción compartida. En esa
tensión se sitúa la lucha contemporánea por liberar a =
la
comunicación de la servidumbre al miedo.
El análisis contemporáneo revela=
que
los medios masivos y digitales han multiplicado la circulación del
miedo, transformándolo en mercancía y espectáculo. La
pandemia de COVID-19, las narrativas de inseguridad, los riesgos ambientale=
s y
tecnológicos constituyen escenarios en los que el miedo se
instrumentaliza para reforzar el control social y la dependencia hacia
instituciones estatales y corporativas. Al mismo tiempo, estas crisis muest=
ran
que el miedo puede resignificarse en cuidado, solidaridad y acción
ética si se canaliza hacia la construcción de comunidades jus=
tas
y democráticas.
De todo ello se desprende que la
comunicación emancipadora y la educación crítica son l=
os
caminos más sólidos para resistir la colonización de la
subjetividad a través del miedo. Reconocer su carácter
construido, develar los intereses que lo producen y transformar la ansiedad=
en
coraje colectivo constituye un horizonte indispensable para la
emancipación. La superación del miedo cultural no significa su
desaparición, sino su transformación en fuerza vital que impu=
lse
la dignidad y la libertad. Solo así será posible quebrar el
círculo de dominación y abrir un tiempo nuevo de vida, no
gobernado por el temor, sino por la esperanza crítica y la acci&oacu=
te;n
colectiva.
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Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, publicados en e=
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nbsp; LATAM Revista
Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paragu=
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ISSN en línea: 2789-3855, febrero, 2026, Vol=
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VII, Número 1 p 584.