MIME-Version: 1.0 Content-Type: multipart/related; boundary="----=_NextPart_01DC968D.EA3AA7E0" Este documento es una página web de un solo archivo, también conocido como "archivo de almacenamiento web". Si está viendo este mensaje, su explorador o editor no admite archivos de almacenamiento web. Descargue un explorador que admita este tipo de archivos. ------=_NextPart_01DC968D.EA3AA7E0 Content-Location: file:///C:/DE45648E/0043_AmayaVillagran.htm Content-Transfer-Encoding: quoted-printable Content-Type: text/html; charset="us-ascii"
DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v7i1.5283
Coccidioidomicosis
diseminada en paciente con artritis reumatoide
Disseminated coccidioidomycosis in a patient with rheumatoid arthrit=
is
Gerardo Amaya Villagrán=
i>
Gera1689@hotmail.com
https://orcid.org/=
0000-0003-3937-6323
Hospital General de zona IMSS 23
Hidalgo del Parral, Chihuahua –
México
Jorge Noe Gómez Vargas
dr.gomez@icloud.com
https://orcid.org/=
0009-0006-3298-5491
Hospital General de zona IMSS 23
Hidalgo del Parral, Chihuahua –
México
Paloma Belem Acuña Aguirre
pbelem1005@gmail.com
https://orcid.org/=
0009-0008-6453-2715
Universidad Autónoma de Chihuahua
Hidalgo del Parral, Chihuahua – México
Sergio Leonel Cere=
nil
Baca
Sergio.baca123@gmail.com<=
span
lang=3Des-419 style=3D'font-size:9.0pt;font-family:Roboto;mso-fareast-font-=
family:
Roboto;mso-bidi-font-family:Roboto'>
https://orcid.org/=
0009-0000-3302-2490
Servicio social en Hospital general de zona IM=
SS
23
Hidalgo del Parral, Chihuahua – México
Abril Itzamara
Jiménez López
abriljimenezlopez@gmail.com
https://orcid.org/0009-0004-6228-1140
Servicio social en Hospital general de zona IMSS 23
Hidalgo del Parral, Chihuahua – México
Artículo
recibido: 02 de octubre de 2025. Aceptado para publicación: 05 de
febrero de 2026.
Conflictos de Interés: Ninguno que
declarar.
Resumen
<=
span
lang=3Des-419 style=3D'font-size:10.0pt;line-height:115%;font-family:Roboto;
mso-fareast-font-family:Roboto;mso-bidi-font-family:Roboto'>La
coccidioidomicosis es una infección fúngica sistémica
causada por Coccidioides i=
mmitis
y Coccidioides posadasii=
span>.
Es endémica en regiones áridas de América y se presenta
especialmente en pacientes inmunodeprimidos o personas de determinados
orígenes étnicos. El reconocimiento y diagnóstico prec=
oz
mediante estudios específicos y pruebas de imagen son esenciales para
orientar un tratamiento antifúngico oportuno, ya que el retraso en el
diagnóstico puede predisponer a la diseminación de la enferme=
dad
y comprometer la vida del paciente. En este caso clínico se presenta=
a
una paciente femenina con antecedente de artritis reumatoide y uso de
tratamiento biológico, quien ingresó debido a la presencia de
lesiones dérmicas y perforación del tabique nasal. Durante su
hospitalización evolucionó de forma tórpida, por lo qu=
e se
realizó un estudio histopatológico en el que se reportó=
; la
presencia de estructuras micóticas (esfé=
rulas),
confirmando la presencia de Coccidioides.
Posteriormente, se realizó una tomografía de tórax en =
la
que se encontraron lesiones pulmonares, concluyendo en el diagnóstic=
o de
coccidioidomicosis diseminada. La paciente presentó posteriormente
complicaciones tromboembólicas y respiratorias. El objetivo principal de este estu=
dio es
describir los factores de riesgo, las manifestaciones clínicas y las
complicaciones que puede generar la infección por Coccidioides,
a partir del análisis clínico del caso y de la evidencia
publicada. Se realizó un estudio descriptivo tipo reporte de caso,
basado en la evaluación clínica, estudios de laboratorio y
gabinete, complementado con una revisión estructurada de la literatu=
ra.
&nb=
sp; =
Palabras
clave: coccidioidomicosis diseminada, coccidioides=
,
nódulos pulmonares, lesiones cutáneas, tromboembolia pulmonar=
Abstract
<=
span
style=3D'font-size:10.0pt;line-height:115%;font-family:Roboto;mso-fareast-f=
ont-family:
Roboto;mso-bidi-font-family:Roboto;mso-ansi-language:EN-US'>Coccidioidomyco=
sis
is a systemic fungal infection caused by Coccidioides =
immitis
and Coccidioides posadasii. It is endemic to ar=
id
regions of the Americas and occurs particularly among immunocompromised
patients or individuals from certain ethnic backgrounds. Early recognition =
and
diagnosis through specific studies and imaging techniques are essential to
guide timely antifungal treatment, as delays in diagnosis may predispose to
disease dissemination and compromise the patient’s life. This clinical
case presents a female patient with a history of rheumatoid arthritis and t=
he
use of biologic therapy, who was admitted due to the presence of cutaneous
lesions and nasal septum perforation. During hospitalization, her clinical
course was unfavorable, prompting histopathological evaluation, which revea=
led
the presence of mycotic structures (spherules), confirming infection with
Coccidioides. Subsequently, a chest computed tomography scan revealed pulmo=
nary
lesions, leading to the diagnosis of disseminated coccidioidomycosis. The
patient later developed thromboembolic and respiratory complications. The m=
ain
objective of this study is to describe the risk factors, clinical
manifestations, and complications associated with Coccidioides infection, b=
ased
on the clinical analysis of the case and published evidence. A descriptive =
case
report study was conducted, based on clinical evaluation, laboratory and
imaging studies, complemented by a structured review of the literature.
=
Keywords: disseminated
coccidioidomycosis, coccidioides, pulmonary nod=
ules,
cutaneous lesions, pulmonary thromboembolism
<=
span
style=3D'font-size:10.0pt;line-height:115%;font-family:Roboto;mso-fareast-f=
ont-family:
Roboto;mso-bidi-font-family:Roboto;mso-ansi-language:EN-US'>
<=
span
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Roboto;mso-bidi-font-family:Roboto;mso-ansi-language:EN-US'>
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Roboto;mso-bidi-font-family:Roboto;mso-ansi-language:EN-US'>
T=
odo
el contenido de LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y
Humanidades, publicado en este sitio está disponibles bajo
Licencia Creative Commons.=
<=
/span><=
o:p>
C=
ómo
citar: Amaya Villagrán=
, G.,
Gómez Vargas, J. N., Acuña Aguirre, P. B., Cerenil
Baca, S. L., & Jiménez López, A. I. (2026).
Coccidioidomicosis diseminada en paciente con artritis reumatoide. LATAM
Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 7 (1), 615 ̵=
1; 632.
https://doi.org/10.56712/latam.v7i1.5283
INTRODUCCIÓN
La coccidioidomicosis es una infección fúngica
sistémica causada por Coccidioides immitis y Coccidioides posadasii, hongos dismórficos endémicos=
del
suroeste de Estados Unidos y el norte de México. La infección=
se
contrae por inhalación de artroconidios presentes en el suelo y su
espectro clínico abarca desde afecciones respiratorias autolimitadas
hasta formas graves con diseminación hematógena. La
coccidioidomicosis diseminada ocurre en menos del 1 % de los casos y se aso=
cia
con una alta morbilidad, especialmente en personas con inmunidad celular
deteriorada.
Los pacientes con
enfermedades autoinmunes, como la artritis reumatoide, y aquellos con
exposición prolongada a inmunosupresores presentan un riesgo
considerablemente mayor de desarrollar formas extrapulmonares de la enferme=
dad.
En este grupo, las manifestaciones cutáneas pueden ser la primera o
única forma de presentación; suelen ser crónicas en su
evolución y, con frecuencia, conducen a diagnósticos
erróneos o tardíos debido a su parecido con procesos
inflamatorios o infecciosos comunes.
En este artículo, presentamos el caso de una mujer de 69
años, con antecedentes de artritis reumatoide de larga duració=
;n y
tratamiento inmunosupresor intermitente, que desarrolló lesiones
cutáneas crónicas progresivas con destrucción del teji=
do
auricular y nasal. El diagnóstico de coccidioidomicosis diseminada se
confirmó mediante un estudio histopatológico, acompaña=
do
de hallazgos tomográficos compatibles con afectación pulmonar.
Este caso ilustra los retos diagnósticos y terapéuticos asoci=
ados
a esta entidad, así como múltiples complicaciones presentadas=
en
la paciente y la importancia de mantener un alto índice de sospecha =
en
pacientes inmunodeprimidos con lesiones cutáneas persistentes en zon=
as
endémicas.
Objetivos del informe de caso
<=
span
style=3D'mso-list:Ignore'>●(Donovan et al., 2025). La cual tiend=
e a
ser autolimitada y asintomática en la mayoría de los casos,
pudiendo manifestarse en su mayoría como una enfermedad de ví=
as
respiratorias y en casos excepcionales diseminarse a otros tejidos.
Microbiología
Las especies de Coccidioides pertenecen=
a la
división Ascomycetes, Las dos especies s=
on
morfológicamente idénticas y comparten hasta un 90 % de
homología en su estructura genética.
Se encuentra en los suelos de zonas áridas, con predominio e=
n la
temporada de lluvias los micelios crecen rápidamente donde se
transforman en artroconidias, que son la forma
infectante; estas se mantienen viables durante muchos años hasta que
algún evento remueve la tierra, ya sea por índole natural (=
span>p. ej. incendios
forestales) o por motivo humano (p.ej. trabajo agrícola, construccio=
nes
o jardinería), pueden dispersarse por el aire, pudiendo provocar la
inhalación por parte del huésped. Una vez inhaladas, las espo=
ras
pueden llegar a los bronquiolos terminales y alvéolos,
transformándose en esférulas gran=
des,
que a los pocos días pueden romperse y liberar cientos de endosporas=
. Si
este proceso no es controlado por el sistema inmunitario del huésped=
, se
desarrollará la enfermedad manifiesta (Crum, 2022a; Donovan et&n=
bsp;al.,
2025). En humanos, el inóculo mínimo necesario para
desarrollar la enfermedad es desconocido, pero se estima que una sola artroconidia puede ser suficiente (Crum, 2022a)=
span>.
Epidemiología
Desde 1957, la distribución geográfica de Coccidioides se ha determinado mediante anális=
is de
suelo, pruebas cutáneas y casos clínicos (Bays & Thompson, 2021a), además de presentarse exclusivamente =
en
el hemisferio occidental (Babariya et al., 2025). Ambas especies
son endémicas de regiones áridas y semiáridas de los
continentes americanos, especialmente del Valle Central de California y en =
la
región del Desierto de Sonora. Coccidioides Immitis se encuentra principalmente en California y el
estado de Washington, mientras que Coccidioides=
Posadasii está ampliamente distribuida en regi=
ones
desérticas de Arizona, Texas, México, América Central y
América del Sur (Jackson
et al., 2024), sin embargo se han reportado casos de infecciones en zonas no
endémicas (Guo et al., 2022).
En Estados Unidos, la coccidioidomicosis es endémica del
suroeste, con más del 95% de los casos ocurriendo en California y
Arizona, y el 5% de los casos restantes en Nevada, Nuevo México, Uta=
h y
Washington (Schneide=
r, 2023a).
En México, la coccidioidomicosis es endémica en las z=
onas
costeras del Pacífico y zonas centrales; específicamente, los
estados de Sonora, Chihuahua, Baja California, Baja California Sur, Sinaloa,
Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. Estas áreas se reconocen c=
omo
territorios endémicos, ya que estudios epidemiológicos han
establecido una prevalencia entre 30 al 60% mediante pruebas cutáneas
con coccidioidina. La carga de la enfermedad en
México es desconocida a pesar de su
alta prevalencia, ya que la notificación epidemiológi=
ca
no es obligatoria desde 1995 y el acceso al diagnóstico
micológico es difícil (Rom&aacu=
te;n-Montes
et al., 2024).
Factores de Riesgo
La Coccidioidomicosis puede afectar a cualquier persona que inhale =
las
esporas fúngicas, sin embargo, ciertos grupos de personas tienen un
riesgo elevado de padecer la enfermedad manifiesta. Personas inmunocomprometidas han
demostrado mayor susceptibilidad a la enfermedad, especialmente pacientes c=
on
VIH/SIDA o aquellos que reciben alguna terapia inmunosupresora como
corticoesteroides, fármacos antitumorales o terapia biológica=
(Williams & Chiller, 2022).
Los pacientes con enfermedades reumáticas como artritis
reumatoide o lupus eritematoso sistémico se manejan en su mayor&iacu=
te;a
con medicamentos que suprimen o modifican la respuesta inmune,
haciéndolos más susceptibles a este tipo de enfermedades. Den=
tro
de este grupo de pacientes, los tratados únicamente con FARME
biológicos presentan el mayor riesgo de padecer la enfermedad, segui=
dos
de los tratados únicamente con corticosteroides, en comparació=
;n
con los tratados únicamente con FARME convencionales (Wilson et al., 2024).
El embarazo se ha establecido como un factor de riesgo, especialmen=
te
en las etapas finales del embarazo y en el periodo posparto inmediato. El
factor ocupacional también es de considerar especialmente en aquellos
trabajadores expuestos a los disturbios del suelo, como por ejemplo en la
arqueología, construcción, minería, entre otros. (Williams & Chiller, 2022)
Manifestaciones Clínicas
Aproximadamente el 60% de los casos de coccidioidomicosis es
asintomática o presentan síntomas mínimos compatibles =
con
un resfriado común(Donovan
et al., 2025). El 40% restante presenta un síndrome pulmonar agudo que se
manifiesta como un cuadro clínico similar a neumonía. Entre el
0.5-1% de los casos la infección puede diseminarse a sitios
extrapulmonares, especialmente a piel (más común), huesos y
sistema nervioso central (Wilson
et al., 2024). La transmisión de persona a persona no es una
característica de la enfermedad (Crum, 2022a)=
span>. Se divide en:
Coccidioidomicosis pulmonar (aguda o crónica) y coccidioidomicosis
diseminada.
Coccidioidomicosis Pulmonar
Coccidioidomicosis Pulmonar Aguda
En regiones de alta endemicidad, es la causa del 25% de neumon&iacu=
te;a
adquirida en la comunidad (Bays & Thompson, 2021a), iniciando
típicamente de 1 a 3 semanas después de la exposición =
al
agente (Donovan
et al., 2025). Los síntomas pulmonares son el factor común y a men=
udo
se acompañan de síntomas sistémicos (fatiga, cefalea,
sudoración nocturna y pérdida de peso), síntomas
inmunológicos (Eritema nodoso o eritema multiforme) y síntomas
reumatológicos (artralgias y mialgias) (Fayed et al., 2024) . Todo esto se
acompaña de hallazgos radiológicos, siendo los más com=
unes
las consolidaciones, nódulo pulmonar y adenopatías; rara vez =
y de
predominio en pacientes inmunocomprometidos la radiografía muestra un
patrón miliar (Crum, 2022a)=
span>.
Sin embargo, no hay manifestaciones aisladas de alta sensibilidad o
especificidad a esta infección lo que provoca un retraso en el
diagnóstico, uso inadecuado de antibióticos y procedimientos y
pruebas de laboratorios ineficaces. A pesar de la morbilidad prolongada, la
mayoría de los pacientes resuelven la enfermedad con o sin tratamien=
to
antifúngico, aunque en algunos la infección puede tornarse
crónica (Donovan
et al., 2025). En personas inmunocompetentes, una infección primaria
autolimitada por coccidioidomicosis protege contra una segunda infecci&oacu=
te;n
en la gran mayoría de los casos (Kirkland et al. 2024).
Coccidioidomicosis
Pulmonar Crónica
En aproximadamente el 4% de los pacientes con neumonía por <=
span
class=3DSpellE>coccidioides, el proceso agudo no se resuelve totalme=
nte y
este se vuelve crónico (Donovan
et al., 2025). La Coccidioidomicosis pulmonar crónica incluye nódu=
los
pulmonares que son asintomáticos que a menudo se confunden con proce=
sos
neoplásicos y enfermedad fibrocavitaria =
en la
cual predominan síntomas pulmonares acompañados de sudoracion=
es
nocturnas, hemoptisis y pérdida de peso, pudiendo tener como
complicación la formación de empiemas, fístulas
broncopleurales o ruptura
espontánea de estas cavidades pudiendo generar un hidroneumotórax
o pioneumotorax (Fayed et al., 2024).
Coccidioidomicosis Diseminada
Se define por una infección extrapulmonar a cualquier tejido=
. La
vía de diseminación es hematógena y linfática. =
La
incidencia global de diseminación es inferior al 1 % (Fayed et al., 2024)<=
/span>, los pacientes
inmunodeprimidos tienen una frecuencia de diseminación del 30 a 50% =
de
los casos (Sharifi et al., 2022).
Las localizaciones más frecuentes de diseminación son=
la
piel y los tejidos blandos, el sistema nervioso central, el peritoneo, los
huesos, las articulaciones (rodillas, muñecas y tobillos) y el tracto
genital. La zona más frecuente es la piel, pero la de mayor mortalid=
ad
ocurre en SNC donde causa meningitis
Coccidioidomicosis Cutánea. Es el lugar más frecuente=
de
diseminación y a su vez el más benigno. Se presenta de manera
predilecta en el pliegue nasolabial, pero puede
aparecer en cualquier lugar y aunque no existe una lesión
específica, en su mayoría pueden ser de característica
verrugosa, ulcerativa o abscedada, son lesiones crónicas de
difícil cicatrización y pobre respuesta tratamiento
antibiótico (Crum, 2022a)=
span>. El diagnóstico diferencial =
incluye
otras micosis sistémicas (blastomicosis, paraco=
ccidioidomicosis),
prurigo nodular, psoriasis, lupus discoide, sarcoidosis dermatitis de conta=
cto,
neoplasias cutáneas primarias y tuberculosis (Brown
et al., 2024; Obagi et al., 2025).
Existe la coccidioidomicosis cutánea primaria, que resulta d=
e la
inoculación por traumatismo directo del hongo a la piel
manifestándose con una lesión tipo chanc=
roide,
pero sin mostrar afección pulmonar (Parriego, 2022).
Coccidioidomicosis en sistema nervioso central
Es la forma más grave de enfermedad diseminada, afecta
principalmente a las meninges, aunque puede afectar también al
parénquima cerebral (Crum, 2022a)=
span>. Se manifiesta=
con
cefaleas, trastornos de la marcha, náuseas y vómitos
inexplicables, e incontinencia urinaria. La complicación más
común es la hidrocefalia (Donovan
et al., 2025), que aumenta la presión intracraneal y en ciertos casos
requerirá una derivación ventriculoperit=
oneal
acompañado de tratamiento antifúngico(Schneide=
r, 2023a).
Diagnóstico
Debido a su baja prevalencia fuera de las zonas endémicas, a=
la
dificultad para diferenciar sus síntomas comunes de los de otros
microorganismos y a la poca frecuencia con que los profesionales sanitarios
realizan las pruebas, la coccidioidomicosis suele diagnosticarse
erróneamente (Schneide=
r, 2023a).
Historia clínica y examen físico
Un aspecto fundamental consiste en indagar sobre viajes recientes o
estancias prolongadas en regiones endémicas, debido a que los
síntomas pueden presentarse de forma insidiosa y persistir durante
semanas o incluso meses antes de alcanzar un diagnóstico definitivo.
Además, deben explorarse posibles exposiciones laborales vinculadas =
a la
alteración del suelo, como actividades de construcción o trab=
ajos
agrícolas, las cuales incrementan el riesgo de infección (Babariya et al., 202=
5).
La mayoría de los pacientes suelen presentar una enfermedad
respiratoria leve, indistinguible de otras enfermedades respiratorias o
similares a la gripe (Bays & Thompson, 2021a). Aproximadamen=
te
entre el 5 y el 7 % de los pacientes desarrollarán infecciones
más complejas, que van desde enfermedad pulmonar complicada
(nódulos, cavidades o enfermedad pleural) hasta enfermedad diseminada
que afecta con mayor frecuencia la piel, los huesos, articulaciones o el
sistema nervioso central (Revisi&o=
acute;n
Del Diagnóstico Clínico y de Laboratorio Para La
Coccidioidomicosis, 2025). Por lo que en el examen físico hay que
buscar hallazgos como dificultad respiratoria, temperatura corporal elevada=
y
lesiones cutáneas, que pueden sugerir una forma diseminada de la
enfermedad.
Pruebas serológicas
Las pruebas diagnósticas serológicas disponibles
actualmente incluyen inmunoensayos enzimáticos (EIA),
inmunodifusión (ID), fijación del complemento (FC) y ensayo de
flujo lateral (LFA). Estas pruebas presentan
diferentes sensibilidades y especificidades, y desempeñan distintas
funciones en el algoritmo diagnóstico de la coccidioidomicosis (Revisión Del Diagnóstico Clínico=
y
de Laboratorio Para La Coccidioidomicosis, 2025).
Las pruebas de inmunoensayo enzimático (EIA)
suelen ser un método accesible por lo que se utiliza con frecuencia,
además de su rapidez en obtención de resultados, detectando
anticuerpos contra coccidioides en cuesti&oacut=
e;n de
horas (Schneide=
r, 2023a). La prueba EIA de=
tecta
tanto la inmunoglobulina IgG como la inmunoglobulina IgM contra coccidioides (sensibilidad del 59-88%, especificidad =
del
68-96 %).
Se prefieren los resultados de la prueba EIA=
span>
de IgG a los de IgM. Cuando en la prueba serológica se observa que I=
gM
es el único resultado positivo, la evidencia diagnóstica es m=
enos
convincente y en algunos pacientes puede tratarse de un falso positivo (Galgiani et al.,
Las pruebas de inmunodifusión (ID) miden IgG o IgM, pero los
resultados pueden tardar varios días, por esta razón su uso se
limita a confirmar la enfermedad. Los resultados cuantitativos de la prueba=
de
fijación del complemento (FC) son valiosos para evaluar la gravedad =
y la
progresión de la enfermedad; valores elevados de FC pueden indicar d=
iseminación
y se asocia con un deterioro clínico (Williams
& Chiller, 2022). Las pruebas de inmunodeficiencia y de fijación del complem=
ento
suelen ser negativas al inicio de la enfermedad hasta que se desarrolla una
respuesta inmunitaria adecuada (Schneide=
r, 2023a). Se recomienda repetir las pruebas en casos
sospechosos de coccidioidomicosis con resultados iniciales negativos cuando
persisten los síntomas.
Los resultados serológicos pueden ser falsamente negativos p=
ara
pacientes inmunocomprometidos (Herrick
et al., 2020). Por lo que es importante la realización de otros mé=
todos
para valorar el diagnóstico.
La mayoría de los pacientes con enfermedad diseminada
presentarán anticuerpos
IgG anticoccidioides detectables en sue=
ro
mediante EIA o inmunodifusión; sin embar=
go, en
ocasiones, las personas inmunodeprimidas no presentan respuestas de anticue=
rpos
detectables.
Detección de antígenos
Las pruebas de antígenos pueden informar sobre la
detección de Coccidioides en las primeras
etapas de la enfermedad, particularmente entre pacientes inmunocomprometido=
s (Williams & Chiller, 2022).
Las pruebas de antígeno de Coccidioides=
para identificar el antígeno fúngico pueden realizarse obteni=
endo
muestras de sangre, orina o LCR (Donovan et al., 2025).
Otro uso de la prueba de antígeno es la medición del
antígeno de Coccidioides en LCR como indicador del diagnóstico, así=
como
de la respuesta al tratamiento de la meningitis cripto=
cócica
(Donovan et al., 2025). La sensibilid=
ad
es moderada en poblaciones inmunocomprometidas, pero disminuye
considerablemente en pacientes inmunocompetentes, y la prueba de
antígeno en LCR es más sensible en
pacientes con meningitis coccidioidal (Williams & Chiller, 2022).
La combinación de la prueba de antígeno de Coccidioides con las pruebas de anticuerpos est&aacut=
e;ndar
para el diagnóstico de meningitis criptoc&oacut=
e;cica
ha demostrado beneficios adicionales en pacientes inmunocomprometidos (Donovan et al., 2025).
Cultivos
El diagnóstico definitivo de coccidioidomicosis, especialmen=
te
en casos de enfermedad diseminada o en pacientes inmunodeprimidos, suele
basarse en datos de cultivo e histopatología. Los cultivos pueden
obtenerse de cualquier fuente sospechosa de afectación, tales como
esputo, líquido broncoscopio, líquido pleural, líquido=
sinovial
o biopsias de piel, hueso u otros tejidos afectados (Crum, 2022a)=
span>.
La sensibilidad de este método diagnóstico depende de=
la
calidad de la muestra y el crecimiento del cultivo puede tardar hasta una
semana (Schneide=
r, 2023a).
El diagnóstico de coccidioidomicosis diseminada se basa en la
identificación histopatológica (Galgiani et al., 2016a). Los resultados
serológicos falsos negativos son frecuentes, sobre todo durante las
primeras semanas tras el inicio de los síntomas. Por lo tanto, en
pacientes con enfermedad rápidamente progresiva, el cultivo y el
análisis histopatológico del tejido afectado son especialmente
importantes (Chauhan et al., s. f.)
Métodos moleculares
El diagnóstico molecular, en particular la reacción en
cadena de la polimerasa (PCR), brinda la detección rápida y
sensible del ADN de Coccidioides en diversas mu=
estras
(sangre y tejidos), lo que hace que la PCR sea útil especialmente en
casos de enfermedad diseminada (Babariya et al., 2025).
Las pruebas PCR han demostrado ser clínicamente útiles
para la detección rápida de patógenos difíciles=
de
detectar, y los paneles respiratorios de PCR múltiple se utilizan con
frecuencia en los servicios de urgencias y en hospitales para detectar
patógenos respiratorios. Sin embargo, su uso en la coccidioidomicosi=
s ha
sido limitado (Herrick
et al., 2020).
Métodos diagnósticos complementarios
En las pruebas de laboratorio básicas, la proteína C
reactiva y la velocidad de sedimentación globular suelen estar eleva=
das.
El hemograma completo con fórmula leucocitaria muestra niveles varia=
bles
de leucocitos y, ocasionalmente, eosinofilia (Schneide=
r, 2023a). La eosinofilia periférica puede
presentarse en el 25-95% de los casos con afectación sistémic=
a.
Esto puede orientarnos a considerar la coccidioidomicosis en lugar de una
infección bacteriana o viral (Reyna-Ro=
dríguez
et al., 2020). En algunos pacientes se ha visto hipercalcemia en casos diseminad=
os
debido a la expresión de un péptido relacionado con la hormona
paratiroidea asociado a la inflamación granulomatosa (Crum, 2022a).
Los estudios de imagen constituyen un componente fundamental en la
valoración de la afectación pulmonar. La radiografía de
tórax suele representar la modalidad inicial de evaluación, d=
ado
su carácter accesible y su utilidad para identificar patrones sugest=
ivos
de compromiso parenquimatoso, cavitaciones, infiltrados o adenopatías
hiliares (Babariya et al., 2025). Los hallazgos
encontrados más frecuentemente en las radiografías suelen ser
consolidaciones segmentarias o lobares (Bays & Thompson, 2021a). La presencia =
de
opacidades nodulares y derrames pleurales (15-20% de los casos agudos)
también son hallazgos comunes (Schneide=
r, 2023a). Podemos observar adenopatía
mediastínica, lo que puede indicar un aumento de la probabilidad de
enfermedad diseminada (Crum, 2022a)=
span>.
Cualquier región que presente dolor localizado, sensibilidad
aumentada o hallazgos anómalos durante la exploración
física debe ser evaluada con mayor precisión. Para ello, las
modalidades de elección suelen ser la tomografía computarizada
(TC) o, en casos específicos, la resonancia magnética (RM), las cuales permiten caracterizar con mayor exact=
itud
la extensión y naturaleza del compromiso estructural (Crum, 2022a). En la TC se puede mostrar la prese=
ncia
de uno o más nódulos mal delimitados, así como
cavitaciones (Galgiani et al., 2016a). Se debe reali=
zar
una resonancia magnética (RM) en casos de
sospecha de meningitis coccidioidal (MC) debido=
a su
mayor sensibilidad para detectar las anomalías característica=
s de
la MC en comparación con la TC. La hidrocefalia y el realce
meníngeo son las anomalías más comunes identificadas e=
n la
MC mediante RM (Schneide=
r, 2023a).
Tratamiento
La decisión de iniciar terapia antifúngica depende de
múltiples factores, entre ellos la gravedad del cuadro clínic=
o,
la presencia de comorbilidades y el estado inmunológico del paciente=
. (Galgiani et al.,
El tratamiento antifúngico más adecuado para la
coccidioidomicosis se determina según el tipo y la extensión =
de
la infección por coccidioidomicosis, así como el estado
inmunitario del huésped. (Tamura
et al., 2024)
La inmunosupresión aumenta el riesgo de coccidioidomicosis
diseminada. La coccidioidomicosis puede recidivar durante el tratamiento
inmunosupresor tras la interrupción del tratamiento antifúngi=
co (Obagi et al., 2025)<=
/span>.
Azoles
La aparición de la terapia con azoles=
span>
influyó significativamente en el tratamiento antifúngico de la
coccidioidomicosis (Williams
& Chiller, 2022). Los cinco azoles que se utilizan
actualmente para tratar la coccidioidomicosis son fluconazol, itraconazol,
voriconazol, posaconazol e isavuconazol.
El fluconazol se utiliza habitualmente como tratamiento de primera
línea para todas las formas de coccidioidomicosis, dada su excelente
penetración en el cerebro, los pulmones, la piel y los
huesos/articulaciones (Crum, 2022b)=
span>. El fluconazol se suele elegir ante=
s que
el itraconazol, ya que es menos tóxico, presenta menos interacciones
farmacológicas y requiere menos consideraciones farmacocinéti=
cas (Donovan et al., 2025). La dosis habitual de fluconazol es=
de
400 mg por vía oral al día, pero se han utilizado dosis
más altas de 800 a 1200 mg para la enfermedad diseminada o grave (Crum, 2022). La
duración del tratamiento oscila entre 3 a 6 meses o incluso má=
;s,
esto dependiendo de la respuesta clínica =
(Galgiani et al., 2016). Los efectos
adversos del fluconazol incluyen alopecia, queilitis, sequedad cután=
ea y
prolongación del intervalo QT (Schneide=
r, 2023a).
El itraconazol es una alternativa, especialmente en los casos en qu=
e el
fluconazol es ineficaz o no se tolera, y también es eficaz para las
infecciones pulmonares crónicas que requieren tratamiento a largo pl=
azo (Babariya et al., 202=
5). La dosis habi=
tual
es de 200 mg por vía oral tres veces al día durante 3 d&iacut=
e;as,
seguido de 200 mg por vía oral dos veces al día (Crum, 2022). Entre los efe=
ctos
adversos del itraconazol podemos encontrar hipertensión, hipopotasem=
ia,
la retención de sodio y la disminución de la contractilidad
miocárdica, por lo que no se recomienda este fármaco para
pacientes con riesgo de insuficiencia cardíaca (Williams
& Chiller, 2022). Además de presentar también efectos adversos
gastrointestinales frecuentes y, debido a su biodisponibilidad variable,
requiere monitorización terapéutica del fármaco (Schneider, 2023).
El voriconazol, el posaconazol y el
El voriconazol puede administrarse por vía intravenosa u ora=
l y
se distribuye ampliamente por todo el cuerpo, incluyendo la penetraci&oacut=
e;n
en el LCR (Williams
& Chiller, 2022). La dosis es de 400 mg dos veces al día durante 1 dí=
a y
luego 200 mg dos veces al día a partir de entonces (Crum, 2022). Los efectos
adversos del voriconazol incluyen reacciones dermatológicas graves, =
como
fototoxicidad y riesgo de carcinoma de células escamosas.
El control regular durante el tratamiento es esencial, incluyendo
evaluaciones de los síntomas clínicos; pruebas de funci&oacut=
e;n
hepática, particularmente con itraconazol debido a su potencial
hepatotoxicidad; y niveles séricos del fármaco para asegurar
concentraciones terapéuticas (Babariya et al., 2025).
En los casos de coccidioidomicosis más severo, el tratamiento
inicial puede incluir anfotericina B intravenosa, seguida de fluconazol o
itraconazol oral, con una duración que a menudo oscila entre seis a =
doce
meses o incluso más (Galgiani et al., 2016b).
Los azoles se han asociado con teratogenicidad y, por lo tanto, deben evitarse duran=
te el
primer trimestre del embarazo. (Herrick
et al., 2020)
Anfotericina B
El uso de la anfotericina B se ha visto limitado por su amplio perf=
il
de toxicidad y complicaciones (Bays & Thompson, 2021b). Entre los efe=
ctos
adversos más relevantes destacan la nefrotoxicidad y la hepatotoxici=
dad,
lo que ha llevado a un replanteamiento de su papel en las estrategias
terapéuticas modernas. En la actualidad, a pesar de la disponibilida=
d de
formulaciones lipídicas con mejor tolerabilidad y la introducci&oacu=
te;n
de antifúngicos azólicos menos
tóxicos y más accesibles, la anfotericina B continúa
teniendo un lugar importante en el tratamiento de la coccidioidomicosis
principalmente para casos complicados, así como en pacientes
inmunocomprometidos con alto riesgo de diseminación.
El uso de anfotericina B liposomal (L-A=
MB) se
ha vuelto la primera opción dado a que se presentan menos eventos
adversos, especialmente en pacientes con antecedente de enfermedad
crónica (Crum, 2022b)=
span>.
Debido a la teratogenicidad de los azoles, la AmpB intraveno=
sa es el
tratamiento recomendado al inicio del embarazo (Schneide=
r, 2023b). En pacientes que reciben tratamiento con
Se recomienda el uso de anfotericina B como tratamiento inicial en
pacientes con VIH con recuento de CD4 <250
células/mm³ que presentan infección pulmonar o extrapulm=
onar
grave (Schneide=
r, 2023b).
Presentación del caso
Paciente femenina de 69 años, con antecedente de artritis
reumatoide, quien inició su padecimiento cuatro años previos =
a su
ingreso hospitalario con la aparición de una lesión ulcerada =
con
costra hemática de aspecto verrugoso en el pabellón auricular=
derecho.
Seis meses antes del ingreso, la paciente notó la aparición de
una pápula ulcerada en la región nasal, adyacente a la narina
derecha, asociada a dificultad respiratoria secundaria a la acumulaci&oacut=
e;n
de costras hemáticas y mucosas en el interior de la cavidad nasal.
Debido a las lesiones previamente descritas, recibió
múltiples esquemas de tratamiento antibiótico, tanto
sistémicos como tópicos, así como antiinflamatorios, s=
in
presentar mejoría clínica.
Dentro de sus antecedentes personales patológicos destacaban
hipertensión arterial sistémica, diagnosticada seis meses ant=
es y
tratada con losartán 50 mg cada 24 horas=
, y
artritis reumatoide diagnosticada hace 24 años. Para esta últ=
ima,
recibió tratamiento intermitente con distintos fármacos
antirreumáticos modificadores de la enfermedad (FARME). Inicialmente=
se
manejó con esteroides y metotrexato; sin embargo, debido a intoleran=
cia
a este último, se realizaron múltiples ajustes
terapéuticos, por lo que finalmente se inició infliximab,
el cual recibió de manera regular durante nueve años, hasta e=
l año
2020, cuando el tratamiento fue suspendido debido a la pandemia por COVID-1=
9.
A su ingreso hospitalario, la paciente se encontraba orientada,
consciente y cooperadora. A la exploración física se
observó una lesión en el pabellón auricular derecho, c=
on
pérdida de sustancia y ligera secreción purulenta (Figura 1).
Asimismo, se identificó otra lesión ulcerada adyacente al
orificio nasal derecho (Figura 2). Ambas lesiones eran intensamente doloros=
as a
la palpación.
Debido a la presencia de abundantes costras en la cavidad nasal que
impedían una adecuada evaluación, se realizó lavado co=
n solución
salina. Posterior al retiro de las costras, fue posible identificar una
perforación del tabique nasal, con comunicación entre ambas f=
osas
nasales (Figura 3).
Figura 1
=
Lesión
ulcerada en pabellón auricular derecho
Figura 2
Lesión
ulcerada en orificio nasal =
&nb=
sp;
Figura 3
=
Perforaci&oacut=
e;n
del tabique nasal
Los estudios de laboratorio iniciales mostraron ligera leucocitosis=
y
elevación de la proteína C reactiva. Ante estos hallazgos, se
sospechó inicialmente una vasculitis asociada a artritis reumatoide;=
no
obstante, debido a la evolución crónica del cuadro, se
decidió realizar una biopsia del pabellón auricular derecho. =
El
estudio histopatológico reportó un proceso inflamatorio agudo=
y
crónico ulcerado, con reacción granulomatosa asociada a
estructuras morfológicamente compatibles con Co=
ccidioides
sp. (Figura 4)
Figura 4
Estudio Histopatológico donde se observa esférulas
compatibles con Coccidioides
Posterior al diagnóstico histopatológico y consideran=
do
la localización de las lesiones, se realizó tomografía
computarizada de cráneo, sin evidencia de lesiones axiales o
intracraneales. Dada la posibilidad de afectación pulmonar en el
contexto de coccidioidomicosis diseminada, se solicitó tomograf&iacu=
te;a
de tórax, en la que se identificaron múltiples nódulos=
subsólidos de distribución centrolobuli=
llar
(Figura 5).
Figura 5
Nódulos subsólidos en pul=
mones
Con base en los hallazgos cutáneos y pulmonares, se
estableció el diagnóstico de coccidioidomicosis diseminada, p=
or
lo que se inició tratamiento con fluconazol 400 mg cada 24 horas por
vía intravenosa. Posteriormente, debido a la presencia de efectos
adversos gastrointestinales, el tratamiento se cambió a itraconazol =
200
mg cada 12 horas por vía oral. Tras el ajuste terapéutico, la
paciente presentó mejoría clínica y adecuada toleranci=
a a
la vía oral.
Catorce días después de su ingreso hospitalario, la
paciente presentó de forma súbita dolor pleurítico, di=
snea
y desaturación hasta 65%. Se realizó un electrocardiograma que
mostró únicamente taquicardia sinusal. Ante la sospecha de
tromboembolia pulmonar, se solicitó dímero D, el cual
reportó un valor de 1300 ng/mL, por lo q=
ue se
realizó angiotomografía pulmonar.=
Dicho
estudio confirmó tromboembolia pulmonar que involucra el lóbu=
lo
inferior derecho, asociada a derrame pleural e infarto pulmonar, así
como compromiso de arterias del segmento lingular
inferior y del lóbulo inferior izquierdo (Figura 6).
Figura 6
=
Trombo en arter=
ia
pulmonar
Se inició tratamiento anticoagulante con enoxaparina a dosis=
de
1 mg/kg cada 12 horas, además de oxígeno suplementario, con
evolución clínica favorable posterior al inicio del tratamien=
to.
Ante la mejoría clínica, se decidió el egreso
hospitalario con anticoagulación oral y seguimiento por el servicio =
de
infectología, el cual indicó cambió a voriconazol debi=
do a
su menor interacción con anticoagulantes orales directos.
Cinco días después del egreso, la paciente reingresa =
al
servicio de urgencias por deterioro respiratorio. Se realizaron estudios de
laboratorio y gabinete, concluyendo en el diagnóstico de neumon&iacu=
te;a
bacteriana sobreagregada, con rápida progresión a insuficienc=
ia
respiratoria, lo que culminó en el fallecimiento de la paciente
RESULTADOS
Paciente femenino de 69 años, con antecedente de artritis
reumatoide de 24 años de evolución e hipertensión arte=
rial
sistémica en tratamiento con losartán
50 mg cada 24 horas. Inició su padecimiento cuatro años previ=
os a
su ingreso hospitalario con la aparición de una lesión tipo
úlcera con costra hemática de aspecto verrugoso en el
pabellón auricular derecho. Seis meses antes del ingreso,
presentó una pápula ulcerada en la región nasal, adyac=
ente
a la narina derecha, acompañada de dificultad respiratoria secundari=
a a
la acumulación de costras hemáticas y mucosas en el interior =
de
la cavidad nasal. Durante este periodo recibió múltiples esqu=
emas
antibióticos sistémicos y tópicos, así como
antiinflamatorios, sin mejoría clínica.
Al ingreso hospitalario, la paciente se encontraba orientada y
cooperadora. A la exploración física se identificó una
lesión ulcerada en el pabellón auricular derecho, con
pérdida de sustancia y discreta secreción purulenta, dolorosa=
a
la manipulación (Figura 1). Asimismo, se observó una
lesión ulcerada adyacente al orificio nasal derecho, también
dolorosa (Figura 2).
Debido a la presencia de abundantes costras en la cavidad nasal que
impedían su adecuada evaluación, se realizó lavado con
solución salina. Posterior al retiro de las costras, se evidenci&oac=
ute;
una perforación del tabique nasal con comunicación entre ambas
fosas nasales (Figura 3).
Los estudios de laboratorio mostraron ligera leucocitosis y
elevación de proteína C reactiva. Ante la sospecha inicial de
vasculitis asociada a artritis reumatoide y la evolución crón=
ica
del cuadro, se realizó una biopsia del pabellón auricular
derecho, cuyo estudio histopatológico reportó un proceso
inflamatorio agudo y crónico ulcerado con reacción granulomat=
osa,
asociado a estructuras morfológicamente compatibles con Coccidioides sp. (Figura =
4).
Con base en el diagnóstico histopatológico y la
localización de las lesiones, se realizó tomografía
computarizada de cráneo, sin evidencia de lesiones axiales o
intracraneales. Posteriormente, se efectuó tomografía de
tórax, en la que se identificaron múltiples nódulos subsólidos de distribución centrolobuli=
llar
(Figura 5).
Ante estos hallazgos, se estableció el diagnóstico de
coccidioidomicosis diseminada, iniciándose tratamiento
antifúngico con fluconazol intravenoso a dosis de 400 mg cada 24 hor=
as,
el cual fue sustituido por itraconazol 200 mg cada 12 horas debido a efectos
adversos gastrointestinales. Tras el cambio de tratamiento, la paciente
presentó mejoría clínica y adecuada tolerancia a la
vía oral.
Catorce días posteriores al ingreso, la paciente present&oac=
ute;
de forma súbita dolor pleurítico, disnea y desaturación
hasta 65%. Se realizó electrocardiograma que mostró taquicard=
ia
sinusal. El dímero D fue de 1300 ng/mL, =
por lo
que se solicitó angiotomografía p=
ulmonar,
en la que se confirmó la presencia de tromboembolia pulmonar que
involucra el lóbulo inferior derecho, asociada a derrame pleural e
infarto pulmonar, así como compromiso de las arterias del segmento <=
span
class=3DSpellE>lingular inferior y lóbulo inferior izquierdo =
(Figura
6).
Se inició tratamiento anticoagulante con enoxaparina a dosis=
de
1 mg/kg cada 12 horas y oxígeno suplementario, con evolución
clínica favorable. Posteriormente, se otorgó egreso hospitala=
rio
con anticoagulación oral y seguimiento por infectología, dond=
e se
decidió el cambio de antifúngico a voriconazol debido a la
ausencia de interacción con anticoagulantes orales directos.
Cinco días después del egreso, la paciente reingresa =
al
servicio de urgencias por deterioro respiratorio. Tras la realizació=
n de
estudios de laboratorio y gabinete, se concluyó el diagnóstic=
o de
neumonía bacteriana sobreagregada, con rápida progresió=
;n a
insuficiencia respiratoria, que culminó en el fallecimiento de la
paciente
DISCUSIÓN
La coccidioidomicosis es una infección frecuente en regiones
áridas del oeste de Estados Unidos. La incidencia ha aumentado de fo=
rma
importante en los últimos años y su distribución ha ido
aumentado de forma constante en los últimos años.
La mayoría de las enfermedades tienen un curso
asintomático y solo un pequeño porcentaje de los casos ponen =
en
riesgo la vida
La mayoría de los pacientes presentan síntomas
clínicos respiratorios, los cuales son indistinguibles de una
neumonía bacteriana, la cual en estudios de imágenes se pueden
manifestar como infiltrados pulmonares difusos, los cuales pueden generar
secuelas pulmonares como nódulos o fibrocavitar=
ia.
Solo entre el 0.5 y el 2 % de los casos desarrollan enfermedad
diseminada (Crum, 2022b)=
span>
No se ha reportado tromboembolia venosa como complicación
directa reconocida de la coccidioidomicosis, sin embargo, la infecció=
;n
genera un estado trombofílico, por medio=
de la
activación de la cascada de coagulación y disminución =
de
la fibrinolisis (Prichard et al., 2020). Existen
diferentes explicaciones las cuales incluyen la inmovilidad por el estado
clínico del paciente, así como la hipercoagulabilidad, lo que
genera mayor riesgo de formar coágulos de forma sistémica, lo=
que
denota no solo factores propios de la infección si no también
dependientes del paciente. (Chauhan et al., s. f.)
CONCLUSIONES
El presente reporte evidencia un caso de coccidioidomicosis disemin=
ada
en una paciente con artritis reumatoide crónica e inmunosupresi&oacu=
te;n
previa por infliximab, lo que resalta la import=
ancia
de considerar infecciones oportunistas en pacientes inmunocomprometidos.
Las lesiones cutáneas crónicas y la perforación
del tabique nasal fueron clave para la sospecha diagnóstica, y la
biopsia histopatológica confirmó la etiología
fúngica, demostrando la relevancia de procedimientos invasivos dirig=
idos
para el diagnóstico definitivo.
La afectación pulmonar identificada por tomografía de
tórax y la eventual complicación de tromboembolia pulmonar
ilustran la complejidad clínica y el riesgo de desenlace adverso en
pacientes con infección diseminada y comorbilidades.
A pesar de la respuesta inicial al tratamiento antifúngico y
anticoagulante, el caso subraya la alta morbilidad y mortalidad asociada a
infecciones oportunistas en pacientes inmunocomprometidos y la necesidad de=
un
seguimiento estrecho y multidisciplinario.
Este reporte contribuye a la literatura al destacar la importancia =
de
la detección temprana y manejo integral de coccidioidomicosis disemi=
nada
en pacientes con artritis reumatoide y terapias inmunosupresoras previas
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Crum, N. F. (=
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Parriego, S. F.
(2022, septiembre 29). Coccidioidomicosis cutánea primaria y sus
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mexicana.
https://dermatologiarevistamexicana.org.mx/article/coccidioidomicosis-cutan=
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