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DOI: https://doi.org/10.56712/
Triángulos en la familia multiespecie
Triangulation=
in
the multispecies family
Triângulos na família
multiespécie
Jos=
é
Manuel Tostado Corona
dr.manueltostado@gmail.com
https://orcid.org/0009-0005-6727-5193
Instituto
Mexicano del Seguro Social
Sinaloa &=
#8211;
México
Jon=
athan
Murillo Inzunza
drjmurillo@gmail.com<=
span
lang=3Des-419 style=3D'font-size:9.0pt'>
https://orcid.org/0009-0008-9377-4887&n=
bsp;
Instituto
Mexicano del Seguro Social
Sinaloa &=
#8211;
México
Melissa Guadalupe Romero Ojeda
mg.ro0494@gmail.com
https://orcid.org/0009-0005-3147-6276
Instituto=
Mexicano
del Seguro Social
Artículo recibido: 18 de oct=
ubre de
2025. Aceptado para publicación: 21 de febrero de 2026.
Conflicto=
s de
Interés: Ninguno que declarar.
Resumen
Palabras clave: funcionalidad familiar, triangulaciones, roles familiares, familia m= ultiespecie
Abstract
Keywords: family functionality, triangulations, family roles, multispecies fam=
ily.
Resumo
Palavras-chave: f=
uncionamento familiar, triangulações=
span>,
papéis familiares, família multiespécies
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Todo el contenido de LATAM Revista Latinoameri=
cana
de Ciencias Sociales y Humanidades, publicado en este sitio está
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class=3DSpellE>Commons.
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Cómo
citar: Tostado Corona, J. M.,
Murillo Inzunza, J., & Romero Ojeda, M. G. (2026). Triángulos en=
la
familia multiespecie. LATAM Revista
Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 7 (1), 1737 – 1745.
https://doi.org/10.56712/latam.v7i1.5379
INTRODUCCIÓN
La familia constituye el primer espacio relacional donde se aprenden normas, se interiorizan formas de interacción y se desarrollan patrones de comportamiento que acompañan a la persona a lo largo de todo el ciclo vital. No se trata únicamente de un grupo de convivencia, sino de un sistema de influen= cia continua que moldea el desarrollo emocional, social y conductual de sus integrantes, especialmente durante la infancia y la adolescencia (Baptista, Cardoso & Gomes, 2012). Desde esta perspectiva, la familia no es una estructura estática, sino un proceso relacional dinámico que enfrenta transiciones, crisis y reajustes constantes.
En las últimas déc= adas, el concepto de familia ha experimentado transformaciones profundas. Las configuraciones tradicionales han dejado de ser la única referencia, dando paso a modelos diversos como familias monoparentales, uniones consensuales, familias reconstituidas y vínculos construidos a parti= r de la crianza o la adopción. Este panorama evidencia que la familia se define cada vez más por los lazos afectivos, el cuidado mutuo y la responsabilidad compartida que por su forma jurídica o estructura clásica (Ordeña, 2023). Dichos cambios también han generado desafíos normativos, pues muchos marcos legales fueron diseñados bajo modelos rígidos que no reflejan la realidad relacional contemporánea (Ordeña, 2023).
En el ámbito de la salud, comprender esta diversidad es fundamental. Los servicios sanitarios trabajan con sistemas familiares reales, no con modelos ideales, por lo que requieren una mirada abierta, capaz de reconocer continuidades y transformaciones históricas, culturales y vinculares (Scorsolini= , 2022). Esta apertura favorece prácticas inclusivas, evita estigmatizaciones y fortalece la participación familiar en procesos = de cuidado y educación (Scorsolini, 2022).<= /span>
Dentro de este contexto emerge el concepto de familia multiespecie, entendido como aquel sistema de convivencia donde interactúan de forma estable pers= onas y animales domésticos, estableciendo vínculos de cooperación, cuidado y pertenencia (Saez= & Caravaca, 2024). Desde la perspectiva jurídica, estos animales han transitado de ser considerados objetos a reconocerse como seres sintientes,= con un papel activo de apoyo, compañía y protección dentro= del núcleo familiar (González, 2023). Asimismo, desde la mirada sistémica, los animales de compañía influyen en reglas, funciones y dinámicas, por lo que su inclusión amplía = la comprensión del sistema familiar (Díaz, 2015).
El fenómeno posee adem&aa= cute;s relevancia epidemiológica. En Estados Unidos se estima que cerca del= 71% de los hogares convive con al menos una mascota, lo que equivale a aproximadamente 95 millones de hogares, predominando perros y gatos, con un gasto económico en constante aumento (Insurance= Information Institute, 2025). En México, la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado reportó que casi siete de cada diez hogares tienen mascotas, con una cifra cercana a 80 millones de animales de compañía, principalmente perros y gatos, y un alto nivel de empatía hacia la v= ida no humana (INEGI, 2021). Estos datos muestran que la convivencia humana–animal no es marginal, sino un componente cotidiano de la vida familiar.
En este marco, la teoría
sistémica introduce el concepto de triángulos familiares,
configuraciones relacionales de tres miembros que surgen, con frecuencia, c=
omo
mecanismos de regulación de la tensión dentro del sistema (McGoldrick, 1985; Baeza, Concha & Palacios, 2020).
Tradicionalmente estudiados entre humanos, estos procesos pueden ampliarse =
al
contexto multiespecie, donde los animales parti=
cipan
como mediadores emocionales, aliados o elementos reguladores del conflicto
(Díaz & Rodríguez, 2019). El objetivo de esta revisi&oacu=
te;n
es analizar, desde un enfoque sistémico y de terapia familiar, la
función de los triángulos en familias mu=
ltiespecie,
integrando fundamentos teóricos sobre familia, funcionalidad y
triangulación, así como el papel de los animales de
compañía en la regulación de tensiones y dinámi=
cas
relacionales.
METODOLOGÍA
Se realizó una revisi&oac= ute;n narrativa de la literatura con enfoque teórico-conceptual, orientada= a integrar aportes de la terapia familiar sistémica, la psicolog&iacut= e;a de la familia, los estudios sobre vínculo humano–animal y la perspectiva jurídica sobre animales como seres sintientes.
El estudio adoptó un diseño cualitativo y analítico, centrado en la interpretación de constructos relacionales y dinámicas vinculares. Se articularon marcos clásicos, principalmente la teoría sistémica y los desarrollos de Bowen sobre triangulaci= ón, con contribuciones contemporáneas relativas a la familia multiespecie y a la inclusión de animales de compañía en la estructura y funcionamiento familiar.= p>
Se incorporaron fuentes que cump= lieran con al menos uno de los siguientes criterios: Definiciones conceptuales sob= re familia, funciones familiares o diversidad familiar, desarrollos teóricos o investigaciones sobre familia multie= specie o vínculo humano–animal, literatura sistémica referente= a triángulos familiares, diferenciación del self y patrones de interacción y documentos con aportaciones juríd= icas o sociales sobre el reconocimiento de animales como miembros del hogar.
Se incluyeron artículos académicos, capítulos de libro y documentos especializados en ciencias sociales, salud y derecho. Se excluyeron textos sin sustento teórico explícito o que abordaron la rela= ción humano–animal exclusivamente desde perspectivas biomédi= cas o etológicas sin conexión con la dinámica familiar.
El análisis se realiz&oac= ute; mediante lectura crítica y síntesis temática, organiza= ndo la información en ejes conceptuales: funciones familiares, teor&iacu= te;a de los triángulos y participación relacional de los animales = de compañía.
DESARROLLO
Familia, funciones y diversid=
ad
La familia puede comprenderse co= mo el primer entorno relacional en el que las personas aprenden a convivir, internalizan normas y desarrollan formas de interacción que influyen= en su trayectoria vital. Su función no se limita a la socializaci&oacut= e;n inicial, sino que acompaña a los individuos a lo largo de las distin= tas etapas del ciclo de vida, enfrentando ajustes y transiciones constantes (Baptista, Cardoso & Gomes, 2012). Por ello, más que una estruct= ura fija, la familia representa un sistema dinámico que se reorganiza conforme cambian las necesidades de sus miembros.
En la actualidad, el concepto de= familia se encuentra atravesado por transformaciones sociales y culturales que han ampliado sus configuraciones. Las formas tradicionales conviven con arreglos diversos basados en vínculos afectivos, cuidado y corresponsabilidad= , lo que pone de relieve que la pertenencia familiar se sostiene en la relación y no exclusivamente en la formalidad jurídica (Ordeña, 2023). Este escenario demanda una mirada inclusiva en los ámbitos de salud y educación, donde reconocer la pluralidad familiar favorece prácticas más respetuosas y ajustadas a la realidad (Scorsolini, 2022).
Las funciones familiares incluyen contención emocional, transmisión de valores, organizaci&oacu= te;n de roles y regulación de la convivencia. A lo largo de estas tareas,= la familia debe reajustarse para conservar su equilibrio interno. Desde una visión sistémica, todos los integrantes que participan en la = vida cotidiana influyen en las dinámicas, incluidas las mascotas, cuya presencia puede modificar reglas, rutinas y formas de interacción (Díaz, 2015).
Familia =
multiespecie
e integración de animales de compañía
El término familia multiespecie alude a núcleos de convivencia do= nde personas y animales domésticos comparten el espacio cotidiano y establecen vínculos de cooperación y pertenencia (Saez & Caravaca, 2024). Este enfoque amplí= a la comprensión tradicional de familia al reconocer relaciones interespecie que cumplen funciones afectivas y organizativas. Desde la dimensión jurídica, los animales han dejado de concebirse únicamente como bienes para ser reconocidos como seres sintientes, lo que refuerza su posición como integrantes del h= ogar (González, 2023).
La inclusión de la mascot= a en la vida familiar puede adoptar distintas formas. En algunos hogares se les atribuye un lugar semejante al de un hijo; en otros, se reorganizan las dinámicas como si se tratara de una “manada” con jerarquías y normas; también se les reconoce como agentes que estructuran rutinas y vínculos cotidianos (Powe= r, 2008). Esta integración depende de la convivencia cercana, la interacción frecuente y el compromiso afectivo entre humanos y anima= les.
Asimismo, la pertenencia del ani= mal al sistema familiar se relaciona con procesos simbólicos, como la atribución de características antropomórficas, aunque persiste el reconocimiento de su naturaleza propia. Esto genera una tensión entre la domesticación y los límites impuestos dentro del hogar, delimitando espacios permitidos y conductas aceptadas (Díaz & Rodríguez, 2019). Al integrarse en la vida diaria, los animales participan en la homeostasis familiar, influyendo activamente = en la organización del sistema.
Triángulos familiares y
funcionalidad
Las pautas vinculares se refiere= n a patrones de interacción que definen la calidad de las relaciones familiares, pudiendo ser cercanas, fusionadas, conflictivas o distantes. Es= tos estilos relacionales son complejos, cambian con el tiempo y pueden transmit= irse entre generaciones (McGoldrick, 1985). Cuando el sistema enfrenta tensiones, recurre a mecanismos de regulación que b= uscan preservar el equilibrio.
El triángulo constituye u= na de las configuraciones centrales descritas por la teoría sistémi= ca. Se trata de una relación de tres miembros en la que la dinámi= ca de cada par influye en el conjunto. Habitualmente, surge cuando la tensi&oa= cute;n entre dos personas se vuelve difícil de manejar y se incorpora un tercero como forma de estabilización (McGoldric= k, 1985). Desde la perspectiva de Bowen, esta unidad triádica constituy= e la base del sistema emocional. Su organización implica posiciones inter= nas y externas que varían según el nivel de tensión (Baeza, Concha & Palacios, 2020).
La flexibilidad de estas posicio= nes depende del grado de diferenciación de los integrantes. Sistemas con mayor diferenciación muestran triángulos más adaptativ= os; en cambio, cuando la diferenciación es baja, las triangulaciones tiende= n a volverse rígidas, aumentando la reactividad emocional y el riesgo de= que la tensión recaiga en un miembro vulnerable, quien puede manifestar síntomas físicos o emocionales (Baeza, Concha & Palacios, 2020). En este contexto surgen figuras como el chivo expiatorio o las triad= as desviadoras, donde el conflicto se desplaza hacia un tercero para evitar enfrentamientos directos.
Las triangulaciones perversas representan una variante patológica caracterizada por coaliciones encubiertas entre miembros de diferentes generaciones contra un tercero, con transgresión de límites jerárquicos (Cibanal, 2025). Asimismo, en las relaciones parentales, los hijos pueden ser involucrados p= ara disminuir tensiones conyugales o para canalizar enfrentamientos indirectos = (McGoldrick, 1985).
Triángulos en la famil=
ia multiespecie
En las familias humano–ani= mal, la mascota participa activamente en la dinámica sistémica. Su inclusión depende de procesos de atribución de características, antropomorfización y reglas de convivencia, manteniéndose siempre una tensión simbólica entre lo “doméstico” y lo “salvaje” (Díaz & Rodríguez, 2019).
Las mascotas pueden desempe&ntil= de;ar distintos papeles triangulares: Mediador emocional: canalizan afectos y red= ucen tensión cuando los miembros interactúan con ellas durante conflictos; Pacificador relacional: desvían la atención en situaciones de confrontación, favoreciendo la regulación emocional; Aliado afectivo: pueden convertirse en figuras de lealtad emocio= nal cuando un miembro refuerza el vínculo con el animal frente a otro; Y triangulación protectora: su cuidado compartido promueve cooperación y disminuye tensiones entre adultos (Díaz et al., 2020).
En este sentido, el animal no es= un elemento pasivo, sino un organizador de la homeostasis familia.
DISCUSIÓN
Los hallazgos revisados permiten comprender que los triángulos en la familia mul= tiespecie no constituyen un fenómeno aislado, sino una extensión de los procesos relacionales descritos por la teoría sistémica clásica. Si la familia es el escenario donde se configuran pautas de interacción, normas y formas de regulación emocional a lo lar= go del ciclo vital (Baptista, Cardoso & Gomes, 2012), resulta coherente qu= e, al ampliarse su composición hacia modelos diversos, también se transformen las dinámicas internas. En este sentido, la familia contemporánea se define más por la calidad de los vínc= ulos que por su estructura formal (Ordeña, 2023), lo que abre espacio para reconocer a los animales de compañía como participantes significativos del sistema (Díaz, 2015).
El incremento sostenido de hogar= es con mascotas, tanto a nivel internacional como en México, evidencia que = la convivencia humana–animal es una realidad cotidiana y socialmente leg= itimada. Este contexto refuerza la pertinencia clínica de considerar a los animales dentro del análisis familiar, no solo como compañía afectiva, sino como agentes que influyen en la organización emocional del hogar. Además, el reconocimiento jurídico de los animales como seres sintientes respalda esta inclusión desde una dimensión ética y social (González, 2023).
Desde la teoría de los triángulos, se entiende que cuando la tensión entre dos miemb= ros supera su capacidad de manejo, se incorpora un tercero como vía de estabilización (McGoldrick, 1985; Baeza, Concha & Palacios, 2020). Tradicionalmente este tercero ha sido otro integrante humano; sin embargo, en las familias multie= specie la mascota puede ocupar ese lugar regulador. Así, el animal funciona como mediador emocional, facilitando la descarga afectiva y reduciendo la escalada del conflicto (Díaz & Rodríguez, 2019). Este pap= el puede resultar adaptativo, ya que contribuye a mantener la homeostasis fami= liar y a suavizar interacciones cargadas de tensión.
No obstante, también se identifican riesgos semejantes a los observados en triangulaciones humanas. Cuando la mascota se convierte en el principal canal de expresión emocional o en el único vínculo de alianza para un miembro, p= uede reforzar patrones evitativos y desplazar el conflicto real, en lugar de favorecer su resolución directa. En estos casos, el animal puede ocu= par posiciones similares a las del “aliado” o incluso del foco sintomático, reproduciendo dinámicas comparables al chivo expiatorio o a las coaliciones encubiertas descritas en la literatura sistémica (Baeza, Concha & Palacios, 2020; Cibanal, 2025). De es= te modo, un recurso inicialmente regulador puede transformarse en un elemento = que cronifique la tensión.
Por otra parte, la inclusi&oacut= e;n de la mascota también puede promover triangulaciones protectoras. El cuidado compartido de la mascota puede estimular la cooperación entre adultos, generar rutinas conjuntas y fortalecer la sensación de proy= ecto común, reduciendo distancias emocionales (Díaz et al., 2020). Este efecto se asemeja al observado en algunas dinámicas parentales donde el hijo favorece la cohesión, aunque con la diferencia de que = el animal no participa desde una jerarquía generacional humana.<= /p>
En consecuencia, la discusi&oac= ute;n sugiere que la función del triángulo con mascotas no es inherentemente saludable ni patológica; su impacto depende del nivel= de diferenciación familiar, de la flexibilidad de los límites y = de la capacidad de los miembros para enfrentar directamente sus tensiones (Bae= za, Concha & Palacios, 2020). Para la práctica clínica, esto implica que omitir a la mascota en la evaluación sistémica pu= ede dejar sin explorar un nodo relevante de regulación emocional y de alianzas afectivas.
Finalmente, integrar la perspect= iva multiespecie amplía el campo de la terapia fam= iliar y de la medicina familiar, ya que permite comprender con mayor profundidad = la red de apoyos, lealtades y mecanismos de afrontamiento presentes en los hog= ares actuales. Reconocer al animal como parte del entramado relacional no signif= ica humanizarlo de manera acrítica, sino entender su función dent= ro del sistema y cómo esta influye en la salud emocional y relacional d= e la familia.
CONCLUSIÓN
La evidencia teórica revi= sada indica que la familia multiespecie constituye u= na configuración relacional vigente y socialmente significativa, en la cual los animales de compañía participan activamente en la organización vincular y en los procesos de regulación emocional del sistema famil= iar. Desde la teoría sistémica, estos miembros no humanos pueden integrarse en dinámicas triangulares que contribuyen tanto a la estabilización de tensiones como, en determinados contextos, al mantenimiento de patrones evitativos o de desplazamiento del conflicto.
El reconocimiento clínico= de estas dinámicas amplía el marco de evaluación en medic= ina familiar y terapia sistémica, al incorporar actores relacionales que influyen en la homeostasis y en la distribución de lealtades y alian= zas afectivas. No obstante, el campo presenta aún un desarrollo empírico limitado, lo que subraya la necesidad de investigaciones clínicas que examinen el papel de los animales de compañ&iacu= te;a en la regulación del estrés familiar, en contextos de enferme= dad crónica y salud mental, así como en el diseño de instrumentos de evaluación sistémica que contemplen miembros = no humanos.
Asimismo, se considera pertinente profundizar en análisis éticos y jurídicos vinculados = a la inclusión de animales en intervenciones familiares, con el fin de delimitar su papel sin incurrir en procesos de antropomorfización acrítica. Estos avances permitirán una comprensión más integral de las dinámicas familiares contemporánea= s y fortalecerán la práctica clínica centrada en el sistem= a familiar en su complejidad actual.
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ero,
2026, Volumen VII, Número 1 p 1736.